-Hola, guapa-dijo Galbatorix-. Te he estado esperando durante mucho tiempo. Eres la pieza que faltaba.

-No soy una pieza y no pienso colaborar contigo para nada.

-Ya lo veremos- le susurró al oído, al tiempo que la tomaba por el brazo con brusquedad, como si fuera una garra de hierro. La sacó de la cama y la joven chocó contra el suelo. La levantó y la sacó de la habitación. En el pasillo, iba estrellándola contra las paredes y, cuando llegaron al vestíbulo, provocó que casi cayera rodando por las largas y empinadas escaleras. Salieron al jardín y la llevó arrojándola contra los setos.

-¡MURTAGH!- llamó- ¡VEN, TENGO ALGO PARA TI!

-¿Qué ocurre?- preguntó el joven, bajando de su magnífico dragón rojo llamado Espina.

-Aquí tienes- señaló Galbatorix, arrojándola a los pies del muchacho-. A ver si te motivas.

Luego se marchó dando fuertes golpes en el suelo. La chica se quedó allí, de rodillas, con las lágrimas rodándoles por las mejillas. Se había hecho mucho daño y tenía numerosos cortes y contusiones en todo el cuerpo, aunque eso no era todo; ¿qué quería ese diablo de ella? ¿Por qué estaba allí? Eran preguntas con respuestas sin sentido. Aún así, era otra cosa la que la preocupaba.

-Mira, siento lo que te haya podido hacer, pero yo no le he pedido que te trajera. Ni siquiera te...- se quedó parado a mitad de frase y la muchacha supo que la había descubierto. Había notado otra presencia muy extraña a su lado, aunque no sabía qué o quién era, por eso, no se había atrevido a penetrar en su mente. Se quedó callada, frotándose uno de sus brazos, donde la manga se había desgarrado casi por completo y había dejado al descubierto un profundo corte. Entonces, notó que el chico se agachaba a su lado y le arrancaba la capucha de un tirón. No hizo nada por detenerlo, pero dejó que el pelo le cubriera el rostro. El joven la miró y se lo apartó, alzándole la cabeza con suavidad- Garian... ¿Qué haces aquí? Hace tanto tiempo que no nos vemos...-murmuró el joven con voz neutra. Ella no respondió y siguió intentando recuperarse del shok. Respiraba entrecortadamente y ni siquiera intentó curarse, puesto que no estaba concentrada. De hecho, se sobresaltó al notar la suave corriente de energía que la sanaba con dulzura.

-Murtagh, ¿quién...?

-Yo.

-¿Cómo?-preguntó sorprendida.

- Puedo hacer magia. TODO tipo de magia.

-¿Cómo es posible?

-Todo es gracias a...

-Mi-respondió una voz en su mente.

-¿Q-quién eres?- preguntó con voz temblorosa.

-Mi nombre es Espina. Soy el compañero, amigo y montura de Murtagh. Su fiel dragón- la última palabra resonó con profundidad en la mente de la muchacha.

- Ha...¿Ha prendido otro huevo?

-Sí.

-Y...- el tono de voz de la chica cambió por completo para pasar al más absoluto enfado. Se levantó y se irguió, con los brazos cruzados y dijo con el tono de voz más frío que pudo- ¿Cómo es que te uniste a Galbatorix? ¿No se suponía que era la persona a la que más odiabas en el mundo? ¡Cuando te conocí me comiste la cabeza con que estabas huyendo de él y después de todo este tiempo te encuentro tan campante en su castillo y a su mando.

-Garian, escucha, nunca te he mentido. Es cierto todo lo que te dije, pero es que estoy obligado a servirle.

-¿QUÉEEEE?

-Lo dicho. Nos ha obligado a jurarle lealtad en el idioma antiguo y no podemos desobedecerlo. Créenos, no nos gusta la situación, pero no hay otro remedio.

-Comprendo y siento haberte gritado, Murtagh.

-No importa. Escucha, déjame que te compense por lo que te haya hecho ese diablo. Ahora tengo poder y soy la segunda persona más importante en el castillo después del rey. Me parece que vas a tener que quedarte mucho tiempo, así que, haré que te preparen una habitación y que te atiendan muy bien.

-Muchísimas gracias.

-No importa. Vamos -dijo tomándola del brazo-. Sé que no te agrada estar aquí, pero me aseguraré de que tu estancia en el castillo sea lo más agradable posible.

-Está bien.

-¿Ya puedo mirar?

-Sí. ¡Eres un impaciente!

Murtagh se giró y vio como la joven salía de detrás del biombo. Llevaba un vestido de seda y plata, de tonos lilas y morados. Era escotado y tipo palabra de honor, del cual salían cuatro tiras por encima de los hombros, dos en cada uno, del que salían las mangas que se ajustaban al codo y luego caían sueltas hacia abajo. El cuerpo del vestido se ajustaba en una cinturilla baja, con adornos en todo él de forma trenzada. La falda era larga y caía sin mucho volumen hasta los tobillos; unos adornos nacían en la cinturilla y se abrían a lo largo dejando ver unas enaguas también decoradas con las mismas flores labradas con hilo de plata.

-Murtagh... ¿Puedes abrocharme el vestido, por favor?- preguntó la joven con timidez, mientras se sonrojaba. Él tuvo la misma reacción, pero se acercó y empezó a abrocharle la larga hilera de botones de la espalda. La chica se sujetó el pelo y se lo pasó sobre el hombro para colocárselo sobre el pecho. Cuando iba a abrocharle el último botón, se quedó parado con las manos en el broche, observando atentamente su nuca. Terminó y bajó los brazos lentamente; entonces, algo explotó en su pecho. Se acercó más a ella y le rodeó la cintura con los brazos suavemente.

-Murtagh, ¿Qué...?- se quedó parada y dio un grito ahogado cuando empezó a besarle el cuello con cuidado, apenas rozando su cuello... con ternura... Cerró los ojos un momento, sopesando la posibilidad de dejarse llevar, pero se separó con violencia de él- No, Murtagh, no volveré a caer en tus redes. Otra vez no.

-Pero Garian...

-No. No voy a volver a sufrir... otra vez no...-murmuró con lágrimas en los ojos, mientras se sentaba en la cama con el rostro entre las manos. El joven se acercó y le paso un brazo por la cintura. le apartó con sutileza el pelo del oído y le susurró:

-Nunca te haría daño y si te provoqué algún tipo de dolor, quiero decirte que lo lamento. No lo pretendía, te lo aseguro; por favor, déjame recompensarte.

La besó en la mejilla, luego bajó un poco y al final lo hizo en sus labios. La chica se quedó sorprendida al principio, pero se dejó ir y acabó correspondiéndole. Ambos se fueron tumbando poco a poco y sus gestos cobraban cada vez más pasión.

Esa noche, sus cuerpos quedaron fundidos entre los besos y caricias de ambos, como había ocurrido hacía mucho tiempo.

-Murtagh...

-¿Sí?

-Te amo...