Hola a todos, gracias a todos los usuarios que leyeron y comentaron, me alegra que a muchos les guste este fic. Ahora les daré un aviso antes de que comiencen a leer el nuevo capítulo: Por un tiempo no podré subir nuevos capítulos por problemas de internet. Pero no se preocupen que volveré en cualquier momento.
Eso es todo, ahora disfruten del capítulo y por favor, cuando puedan comenten
Capítulo 02
"El inicio de la rivalidad. El primer desafío"
Los faroles se encontraban apilados en filas ordenadas uno al lado del otro, a determinada distancia, encendidos y alumbrando todo los alrededores de la calle con las luces blancas que sus bombillos desprendían, ya que se estaba haciendo tarde y el sol se estaba ocultando en ese momento. Las calles de ciudad Cherrygrove estaban bastante desiertas, toda la gente del pueblo ya se encontraba en el interior de sus hogares y no había ni un alma en las calles del pueblo... a excepción de dos personas. Una de ellas era una chica de clara tez, cuyos ojos y cabello (el cual era tan largo que le llegaba hasta la cintura), eran de color lila claro, el cual se encontraba adornado por un cintillo de bordados blancos, junto a una flor púrpura a un costado, una franja del mismo color en todo el medio, con algunos lunares rojizos. Iba vestida con una blusa púrpura claro, junto a unos jeans azules y unas deportivas blancas con detalles púrpuras. En su muñeca derecha llevaba un brazalete lila claro.
Esta se encontraba abrazando a su Cyndaquil el cual parecía debilitado, no era cualquier chica, sino la que fue vista anteriormente por Habieru en el centro Pokémon de dicha ciudad. Parado en frente de ella yacía un chico misterioso de tez bastante pálida, de ojos fríos e insensibles de color grisáceo, cuyo cabello era largo y de color rojo intenso (le llegaba hasta los hombros). Iba vestido con una especie de chaqueta de color azul naval realmente oscuro, (muy similar a negro pero sin serlo), con algunas franjas de color morado oscuro, llevaba un pantalón del mismo color que su chaqueta, junto a un cinturón con una hebilla cuya silueta era similar a un Crobat, completamente morada, también tenía unos guantes totalmente negros y unas botas del mismo color con tonos púrpuras. Se trataba del mismo chico cuya silueta Habieru vio en la ventana del laboratorio del prof. Elm, este se encontraba parado en frente de la chica, mirándola fijamente con sus fríos ojos grises.
Ambos parecían estar discutiendo sobre algo, recién habían acabado de tener un combate Pokémon, pero tristemente el Cyndaquil de la peli-rosa al no estar bien entrenado al parecer perdió inevitablemente, por lo que el chico de mirada fría y gris se burlaba de la pobre chica, insultándola diciendo cosas como que entrenadores débiles como ella no deberían existir ni merecer tener Pokémon. La chica peli-rosa dio un respingo, escuchando con tristeza cada palabra que el pelirrojo le decía, pero luego bajo su mirada, susurrando de forma tímida «P… pues… para un Pokémon no es solo importante el entrenamiento o las luchas, sino la diversión y unión con su entrenador». Ese comentario pareció enojar al chico pelirrojo, ya que sujeto el cuello de la blusa de ella, asustando a la chica.
— ¿Eso crees…? Bueno, ¿qué se podría esperar de una debilucha como tú? —Argumentó el chico misterioso mientras reía fría y levemente—. Eso solo hace que los Pokémon sean más débiles y actúen como niños mimados…
— ¡E… eso no es verdad! Eso ayuda a que el Pokémon refuerce su lazo con su entrenador… —Dijo desafiante pero a la vez asustada la temblorosa chica, mientras seguía intentando soltarse del firme agarre del pelirrojo, exclamando un fuerte: «¡S… suéltame!»
—Pues, ya que insistes… —una sonrisa sarcástica apareció en el pálido rostro del chico y a su vez este soltó la blusa de la chica bruscamente de un empujón.
Eso como consecuencia provocó que la pobre peli-rosa retrocediera en seco y se golpeara contra el tronco café de un árbol cercano, produciendo un fuerte golpe seco y que ella quedara muy adolorida, a su vez como soltó un chillido de dolor, abrazándose a sí misma y no pudo evitar el que una lágrima surgiera de su ojo y resbalara por su mejilla, cosa que el pelirrojo no paso por alto pero que ni le hizo sentir ningún remordimiento. La peli-rosa dio un respingo al sentir que el chico se acercaba lentamente a ella y alzando su mirada lila y llorosa, centrándola en la mirada grisácea y fría del pelirrojo, el cual se puso de cuclillas frente a ella, sujetando su mentón con algo de fuerza y viéndola con una media sonrisa burlona y sarcástica.
— ¿Por qué mejor no abandonas a ese Pokémon? —Le preguntó fríamente el oji-gris—. Ya es un caso perdido…
La chica al escucharle decir eso dio un respingo, con sus ojos abiertos de par en par y luego lo vio furiosa. Ella no supo cuándo o cómo, pero alzó su mano derecha reuniendo impulso y le propinó una fuerte bofetada al pelirrojo, dejándole la mejilla golpeada al rojo vivo. Los sucesos que vinieron luego de esa bofetada, asustó a más no poder a la chica, ya que sus ojos grises pasaron a brillar de un intenso rojo carmesí, así como su pupila comenzaba a alargarse y volverse similar a la de un reptil.
— ¡Agh…! ¿¡Cómo te atreves!? ¡Te enseñaré a respetarme! —rugió furioso el pelirrojo, a la vez en que con ambas manos sujeto fuertemente el cuello de ella, imprimiendo una presión fuerte y comenzaba a estrangularla lentamente.
— ¡k… kya…! ¡D… deten… te…! —Bufó con esfuerzo la chica, ya que era difícil articular palabra alguna mientras era estrangulada. Colocó sus manos sobre los brazos del chico y jaló de ellos, en un intento desesperado de hacer que la soltara, mientras que susurró con desesperación—. Por… favor… alguien… ayúdeme…
Una sonrisa torcida apareció en el rostro del pelirrojo y le dijo con auténtica burla: «Jeje, ¿crees que alguien vendrá a ayudarte… "fresita"?». En eso la chica entrecerró sus ojos lilas, con varias lágrimas de tristeza surgiendo de estos y resbalando pos sus mejillas. No podía soportar que ese pelirrojo que la hería se atreviera a decirle "fresita", ya que solo sus seres más queridos o allegados le decían así como muestra de cariño, pero era claro que lo que él le hacía no era ninguna muestra de afecto. Por lo que ella cerró sus ojos y grito con todas sus fuerzas «¡B… basta!», así como logró para sorpresa del chico lograr liberarse de su agarre y apartarlo de un empujón, a la vez en que se llevaba sus propias manos a su adolorido cuello, que se encontraba algo rojo por las marcas que él le dejó y tosiendo un poco.
— ¡Vaya! ¿Así que sabes cómo defenderte…? Eso no te servirá de mucho ahora… —Dicho esto el chico se abalanzó sobre ella, logrando acorralarla en el frío y gris suelo de mármol de las calles. Claramente aterrando a la chica.
—¡K… kyaaa! ¿¡Q… qué te pasa!? —Chilló con miedo ella—. ¡Aléjate de mí, pervertido! —En eso comenzó a forcejear más, pero mucho no pudo hacer con sus manos, ya que el oji-gris le sujetó de sus muñecas con ambas manos, presionándolas contra el suelo a cada lado del cuerpo de ella.
En ese momento el chico sintió una especie de impulso incontrolable por… "probarla" a ella y fuera de sí el susurró: «sería una pena desperdiciar esta oportunidad…» Acto seguido, al aún sujetar las muñecas de ella con sus manos, tuvo que hacer uso de su boca y con ella le desgarró una pequeña parte de la zona superior de la blusa púrpura de la chica, revelando su cuello, así como un poco del tirante derecho del sujetador de la chica, el cual era blanco con bordes celestes. La pobre chica soltó un fuerte chillido de miedo, sonrojándose mucho por el hecho de que parte de su ropa superior íntima estuviera a la vista. Se estremeció cuando le sintió lamer con gula y ansiedad su cuello con su áspera lengua, ella temiendo lo peor que un pervertido pudiera hacer comenzó a agitarse con más desesperación que antes, pero el agarre del chico era muy fuerte.
—Mmm… Tu cuello es muy… sabroso… —Susurró fuera de sí el chico aun lamiendo.
Pero antes de que pudiera hacer algo más, una sombra apareció corriendo por las calles, cuya identidad no se apreciaba bien ya que la luz de los faroles no alcanzaba a alumbrarle. Esta al acercarse le encestó un golpe seco al pelirrojo y que a su vez lo alejó de su temblorosa víctima.
— ¡Agh! ¿¡Quién ha sido!? —Gruñó molesto el chico y girándose a ver quien lo golpeó.
La temblorosa chica abrió sus ojos lilas, vidriosos y húmedos, a la vez en que volvía a abrazar a su inconsciente Cyndaquil, retrocediendo un poco hasta pegarse a una pared cercana y temblando mucho, pudo apreciar que el pelirrojo que intentó "aprovecharse de ella" yacía algo lejos en el suelo, siendo observado desafiantemente por un chico de tez morena, cuyos cabellos eran azabaches y estaban levemente alborotados, sus ojos eran marrones. Era delgado y vestía una camiseta negra y de manga corta, debajo de una chaqueta azul oscuro y que poseía capucha, un pantalón largo de color beige y llevaba unas deportivas negras con franjas blancas. El chico era acompañado por una pequeña Chikorita, ambos tomaron una posición defensiva. Habieru acababa de llegar a ciudad Cherrygrove, logrando alcanzar a ver y de inmediato detener esa escena. Al ver como la chica peli-rosa que había visto en el centro de dicha ciudad tiempo antes, ser molestada e intentado ser "abusada" por el pelirrojo que vio en el ventanal del laboratorio de Elm al iniciar su viaje… no sabía porque pero sintió un fuerte sentimiento en su interior, muy extraño. ¿Se trataba a caso de rabia, impotencia? ¿No soportar el ver que ese chico trató de lastimar a esa chica? Chikorita miró igual de molesta al chico pelirrojo, cuando sintió que su entrenador apretaba los puños. Sin soportarlo más el se había armado de valor y se acerco corriendo a ellos, cuando golpeó al pelirrojo y ahora estaban en esa situación.
— ¿¡Cómo te atreves a atacar a una chica así como así!? —Gritó Habieru, realmente furioso por el suceso que había visto, con esa sensación extraña y que le incitó a defender a la chica, aun si no la conocía, añadiendo—. ¿¡Y encima tratar de abusar de ella!?
— ¿Eso no te incumbe o sí? —Preguntó fríamente el chico, a la vez en que se levantó y sacudió el polvo de su pantalón—. ¿Y quién te crees que eres para defenderla? ¿Su novio?
Tanto la peli-rosa como Habieru dieron un respingo y sus mejillas se tornaron muy levemente de un tono carmín, pero Habieru sacudió su cabeza y le dijo que no era eso, es más, tampoco conocía a la chica pero lo cierto era que no soportaba el que un abusón lastimara a una persona indefensa y lo que más le enfurecía era el que abusaran de esa persona. El pelirrojo arqueó una ceja, viendo con frialdad y curiosidad a Habieru por su respuesta. La chica por su parte dio un respingo, viendo fijamente al chico que la defendía sorprendida, sintiendo una extraña sensación en su pecho, la verdad era la misma que Habieru sentía pero ella igual la desconocía, pero entonces la chica fue sacada de sus pensamientos ya que el pelirrojo soltó una leve y burlona carcajada.
— ¡Jajaja! Ya veo… ¿Aun cuando no la conoces te importa su seguridad? Que patético eres, mocoso… —añadió lo último con soberbia, aunque la verdad Habieru solo le llevaba 2 años menos a él.
— ¡Aquí el único patético eres tú! ¡No tienes derecho a molestarla! —Gritó Habieru, molesto y a la vez desafiante.
—«¡Sí, lárgate!»—Gritó igual de molesta Chikorita, mirando con furia al chico.
El pelirrojo miro con algo de rabia al moreno, cuando se percató de algo y sorprendiéndose un poco al reconocerlo—. ¿Hum? Espera… Tú eres ese chico que recibió un Chikorita de manos del prof. Elm… y el estúpido soplón que casi me delata… ¿me equivoco? —En eso centró su grisácea y fría mirada en la Chikorita de Habieru—. Es el peor inicial de todos, ya que ni siquiera supera los dos primeros gimnasios de la región al ser tipo hierba… pero bueno… —Se alzó de hombros indiferente—. De tal entrenador, tal Pokémon.
Si las miradas fueran capaces de asesinar, sin duda el chico pelirrojo habría estado más que muerto por la fulminante mirada que Chikorita le envío. ¿Ese gótico imbécil le había dicho "la peor inicial de todo Johto"? ¿Que por ser de tipo Hierva no superaría el primer gimnasio? ¡Eso ya fue la gota que derramo el vaso! ¿¡Primero insultaba al género femenino y luego a su especie, tipo y persona!? La pequeña Pokémon de tipo hierba dejó de acribillar el rostro del pelirrojo al escuchar la voz de su entrenador gritarle a este.
— ¿¡Cómo puedes decir tal cosa!? —Gritó desafiante el moreno, mientras que lo miraba con más furia aún, a causa de que insultara a su primera Pokémon y compañera— ¡Todos en algún momento somos principiantes, algunas batallas se ganan y otras no…! Eso pasa no solo con los entrenadores, también con los Pokémon… pero aun así… ¡Un Pokémon entrenado con amor y paciencia puede llegar incluso a vencer a uno cuyo tipo tenga ventaja! ¿¡Entendiste!?
—… Ya que dices eso… —Decía el pelirrojo mientras reía de manera burlona—. ¿Por qué no pones a prueba tus palabras en un combate? ¡Te enseñaré a no meterte en lo que no te importa!
Dicho esto, el pelirrojo sacó una Pokébola de su cinturón púrpura, sujetándola y arrojándola fuertemente al aire. Al caer al suelo, de la luz roja de la Pokébola surgió un Cyndaquil, de mirada desafiante, (aun con ojos cerrados). Este se posicionó frente a su entrenador, encendiendo su lomo en llamas, como su especie y sus evoluciones normalmente hacían al momento de librar un combate.
— ¡Eso ya lo veremos! — En eso Habieru señaló con su brazo hacia adelante, indicándole a su compañera que era hora de combatir—. ¡Chikorita, demuéstrale tu fuerza!
Chikorita con ánimos de tener su primer combate "oficial" dio un paso enfrente, mirando desafiante al Cyndaquil, totalmente decidida a demostrar que no iba a ser derrotada por tener desventaja de tipo, además las palabras de su entrenador le habían inspirado y no solo lucharía por su orgullo propio: sino el de su entrenador, por la chica peli-rosa en su defensa y el de todos los Pokémon de tipo hierba del planeta. Y la pequeña exclamo enérgicamente: « ¡Empecemos!». Ambos entrenadores tomaron posición firme al igual que sus Pokémon y ya estaban listos para disputar la batalla.
— ¡Ja! Ya te daré una lección. —Dijo seriamente el chico misterioso, mientras alzaba su brazo hacia adelante, preparado para mandar a atacar a su pokémon—. ¡Cyndaquil, usa Embestida!
—¡Chikorita, usa Embestida también! —Ordenó Habieru, al mismo tiempo que el oji-gris.
Siguiendo las órdenes de sus respectivos entrenadores, los Pokémon iniciales de tipo hierba y tipo fuego tomaron impulso y se arrojaron paralelamente, embistiéndose fuertemente en sus cuerpos respectivos y cada vez que lo hacían se escuchaba un ruido seco, como de dos manos chocando. Realizaron los mismos ataques una y otra vez, como por 3 minutos, recibiendo el mismo daño: algunos raspones y moretones no graves en sus cuerpos, aunque si un poco doloridos pero sin llegar a heridas sangrantes. Aun así Habieru se preocupaba por el bienestar de su compañera, al contrario del pelirrojo que solo quería que su Cyndaquil acabara con la Chikorita. Luego de varias embestidas más, siempre con el mismo resultado, ya que los 2 Pokémon iniciales tenían el mismo poder físico, el chico pelirrojo ya estaba harto.
— ¡Suficiente! ¡Cyndaquil, Embestida a todo poder! —Ordenó furioso el pelirrojo a su pokémon, esperando terminar con el combate de una vez por todas.
El Pokémon de fuego asintió, colocándose a 4 patas y tomando impulso se arrojo con todas sus fuerzas hacia Chikorita. Pero por orden de su entrenador la Pokémon de hierba logró esquivar el ataque físico de su contrincante echándose a un lado, por lo que Cyndaquil pasó por alto a su enemiga, quedándose detrás de esta. Pero en eso, para sorpresa de Habieru y Chikorita, el pelirrojo sonrió torcidamente. La chica peli-rosa se alarmó mucho y grito un fuerte «¡Cuidado!».
—¡Cayeron! ¡Acabala con Lanzallamas! —Bramó el oji-gris, satisfecho de que su bien urdido plan funcionara.
—¡Cuidado, Chikorita! —Gritó Habieru, con temor de que su compañera y amiga resultara lastimada.
Pero ya era tarde, el Cyndaquil detrás de su contrincante abrió su boca, arrojando de esta una poderosa ráfaga de llamas, que dio de lleno en toda la espalda de la pobre Chikorita, mandándola a chocar contra un poste de luz que había cerca de allí, provocando que este se torciera levemente. La pobre Pokémon de tipo hierba apenas podía mantenerse en pie, con una gran quemadura a un costado de su cuerpo, hasta que se desplomo en el suelo, aun consciente. Habieru estaba muy alarmado y preocupado por su compañera, ya que sabía que Lanzallamas era un ataque muy poderoso y que además era de tipo Fuego.
—C… Chikorita… vamos, ¡tú puedes, amiga! —Exclamó el chico, dándole ánimos a su compañera—. ¡Eres fuerte, Chikorita! ¡Más fuerte que 3 Ursarings juntos!
Chikorita estaba a punto de caer inconsciente, comenzando a cerrar sus ojos… cuando de pronto al escuchar los alientos de su entrenador… sintió una fuerza extraña surgir en su interior, que le permitió volver a ponerse en pie, sorprendiendo tanto a la chica peli-rosa como al chico pelirrojo y provocando que Habieru apretara sus puños y le siguiera dando alientos… cuando de pronto, Chikorita dejó salir un poderoso grito de guerra y su cuerpo se vio rodeado de una misteriosa aura de color verdoso, así como sus ojos brillaban intensamente del mismo color.
—¿Pero qué…? —Miró sorprendido el misterioso chico a la pequeña Pokémon de hierba caminar decididamente para posicionarse frente a su entrenador-
—É-ésta es… ¿podrá ser…? —De inmediato Habieru sacó su Pokédex señalándolo hacia su Chikorita, sorprendido al confirmar lo que pensó por lo que el aparato dijo—. ¡Es… la habilidad Espesura de Chikorita!
—«Este combate… ¡Aun no ha acabado!»—Exclamó Chikorita posicionándose muy decidida, mirando a su contrincante de tipo fuego con determinación.
— ¡Cyndaquil, usa tu Pantalla de humo! —Mandó furioso el pelirrojo, pero aún con confianza de poder ganar, ya que bien sabía que a pesar de que la habilidad de Chikorita potencia los ataques de tipo hierba también significaba que le quedaba poca energía.
El Pokémon de tipo fuego abrió nuevamente su boca y arrojó de esta una gran pantalla de humo oscuro, la cual cubrió completamente a Chikorita y no le permitió ver nada, por todo el humo. Habieru comenzó a apretar sus puños, ordenándole a su Chikorita que intentara usar Hojas navaja, pero al ver que toda la humera no le dejaba ver nada a su compañera, pensó un poco y de repente recordó el momento en que el viento soplaba la hoja de la cabeza de Chikorita, cuando estaban en New Bark y le llego una idea a la cabeza.
— ¡Ya sé! ¡Chikorita, trata de disipar el humo girando la hoja de tu cabeza! —Ordenó el chico, sorprendiendo mucho al pelirrojo por la acción que le mandó a hacer a su pokémon.
La Pokémon de hierba asintió y comenzó a agitar la hoja verdosa que yacía en su cabeza en movimiento circular, similar a un ventilador. A medida que la velocidad aumentaba, la nube de humo que envolvía a la Pokémon de hierba se disipaba, hasta que lo hizo completamente, permitiéndole ver nuevamente así como sorprendiendo aún más al chico pelirrojo.
—¡No es posible! —Exclamó el chico pelirrojo, incrédulo por la acción de la Chikorita.
—¡Ahora lanza tus Hojas Navaja contra él! —Gritó el chico, señalando con su brazo hacia el Cyndaquil.
—«¡Te enseñare a no jugar con el fuego!» —Exclamó decidida la pequeña pokémon de hierba, mientras agitó fuertemente la hoja de su cabeza de derecha a izquierda y de ella desprendió varias hojas más, que se arrojaron hacia Cyndaquil como navajas, cortando su pelaje, resultando críticas y más poderosas por la habilidad Espesura.
El chico pelirrojo, al ver que la llama del torso de su Pokémon comenzaba a apagarse, por lo débil que estaba, apretó sus puños, furioso y exclamó: «¡Cyndaquil, usa tu ataque de brasas!».
—C… Cynda… ¡Quiiiiiiiil! —El pequeño pokémon de fuego abrió su boca y de esta arrojó hacia Chikorita varias esferas pequeñas, que recordaban a bolas de fuego, pero las cuales la Pokémon de hierba logró esquivar por muy poco.
—Muy bien, Chikorita… ¡Usa tu embestida a toda potencia! —Exclamó Habieru, decidido y con mucha confianza en su compañera.
La Chikorita tomó impulso y se lanzó corriendo hacia Cyndaquil, logrando embestirle fuertemente, lanzándolo unos cuantos metros lejos, chocando a los pies de su entrenador. Estaba con sus ojos en forma de espiral, su llama del torso se apagó y se debilitó por completo. El chico miró con furia a Habieru, luego a su Pokémon y lo regreso de mala gana a su Pokébola, acto seguido volvió a ver a Habieru.
—¡Bah! Solo tuviste suerte… Entrenadores ineptos como tú, que defienden a otros débiles… —Mientras el oji-gris decía eso, miró con rabia a la chica, provocando que esta se estremeciera y abrazara más a su respectivo Cyndaquil—. … no deberían existir… ¡Ahora fuera de mi camino!
Dicho este el pelirrojo empujó a Habieru a un lado, con su brazo y se dispuso a alejarse caminando. Cuando de pronto sintió que se le olvidaba algo. Habieru notó curioso que había una especie de tarjeta de identidad a sus pies, se agacho y la cogió, notando que en ella estaba la foto del pelirrojo, así como sus datos y su nombre a un costado, solo logro leer el último, ya que el nombrado se regreso y le quito la tarjeta de mala gana.
—¡Dame eso! ¡Es mi tarjeta de entrenador, enclenque! —Dicho esto y con un último insulto del día, el pelirrojo finalmente se alejó de allí corriendo en dirección a la salida Este de ciudad Cherrygrove.
—« ¡Ay! ¡Menudo genio…!»—Bufó indignada Chikorita, ya con el aura de su espesura disipándose, aunque aún conservaba los raspones de su incesante "concurso de embestidas" contra el Cyndaquil.
—Uff… Que pedante es ese chico… —Habieru se alzó de hombros y se acercó a la chica, ayudándola a ponerse en pie, mirándola preocupado mientras sentía que la sensación de protección en su interior era sustituida por la extraña y desconocida de la otra vez—. Esto… ¿E… estás bien? ¿Ese chico no te hizo nada?
Aún con su debilitado Cyndaquil entre sus brazos, miró fijamente a Habieru y se acercó a él, posando su cabeza de rosados cabellos en el pecho de este, temblando levemente.
— ¡M… muchas gracias! Yo estaba jugando con mi pequeño Cyndaquil, cuando ese chico "gótico y malo" apareció y nos reto a un combate… pero… nos derrotó horriblemente y desde entonces no dejaba de molestarnos… y luego… le dije desafiante algo y… el… "sniff"… —Decía la chica con algunas lágrimas en sus ojos al imaginarse lo que le habría sucedido si no llegaba el moreno a ayudarla.
Algo sonrojado por la repentina acción de la chica, Habieru sintió que la extraña sensación en su cuerpo abandonaba su pecho y se extendió por todo su cuerpo. Pero cuando regresó a la realidad de su trance de 3 segundos, le dio un pequeño abrazo a la chica, ni con dobles intenciones ni nada, sino para tratar de calmarla; ya que sabía muy bien lo perturbado que uno podía estar cuando era molestado y humillado, sin lograr ser capaz de defenderse. Por lo que al ver el estado medio deteriorado de la blusa de esta, (intentando no fijarse en el tirante del sujetador blanqui-celeste de esta) se retiró su chaqueta azul y cubrió con ella a la chica.
—Ya… ya… Tra… Tranquila. Todo está bien; ya pasó. Pero… lo mejor será que lleves a tu Cyndaquil al Centro Pokémon de la ciudad. –Le dijo Habieru a la chica, con cierto tono de hermano mayor.
La chica peli-rosa dio un respingo, alejando su cabecita rosa del pecho de su "salvador" y asintió.
— E… es cierto… Por cierto, me llamo "Carolina Ukiyo", pero mis amigos me dicen solo "Cari" o "fresita"… ¿Cuál es tu nombre?
— ¡Pues mucho gusto, Cari! ¡Me llamo Habieru Nagatsuka! Bueno… te acompaño al Centro Pokémon, mi Chikorita igual debe descansar un poco de ese combate… —decía mientras que cogía a su agotada Chikorita en brazos.
Ambos niños se dirigieron al Centro Pokémon de la ciudad, dejando a sus Pokémon al cuidado de la enfermera Joy. Habieru y Cari, mientras esperaban a que atendieran a sus amigos, se sentaron en las sillitas junto a una de las mesas del lugar y empezaron a charlar para conocerse mejor. Luego de conversar sobre el hogar del que venían, (Carolina provenía de la misma ciudad Cherrygrove, donde vivía con su madre "Haruka Ukiyo"). Habieru recordó el tema que lo tenía intrigado desde hace un tiempo.
—Y… Dime, Cari… ¿Cómo conseguiste a tu Cyndaquil? —Preguntó curioso mientras miraba fijamente a Cari.
—Pues… es una larga historia… —Dijo ella acomodándose un poco la chaqueta del chico que la cubría, ya que ciertamente era cómoda y cálida—. Pero tratare de ir al grano… la cosa es… que lo encontré vagando solo, por el bosque cercano a ciudad Cherrygrove y él quiso quedarse conmigo. Y como no tengo Pokébola alguna, lo llevo al lado mío…
—Oh… entiendo… —En ese momento le vino a la mente el recuerdo de unos pocos días antes de iniciar su viaje, en que el prof. Elm le decía que se le había escapado un Cyndaquil de su laboratorio.
— ¿Y tú como conseguiste a tu Chikorita, "Habi"? —Preguntó con interés la peli-rosa.
—Bueno, pues esta mañana mi madre me dijo que el profesor de mi pueblo quería verme y… —En ese momento se sonrojó levemente y miró atónito a la chica—. ¿Eh? ¿H… Habi?
— ¿Qué? ¿Te molesta que te llame así? — Preguntó Cari mientras lo miraba con cara apenada, pensando en que ese apodo que le puso lo había molestado—. Si… es así… discúlpame.
— ¡No, no! ¡Claro que no! —Negó él, tratando de animar a la chica, agitando levemente sus manos de derecha a izquierda—. Es solo que… no me dicen así muy seguido… mayormente mi madre y una vieja amiga… me llamaban así cuando era más pequeño.
— ¡Oh, qué bueno que no te ofendiste! Entonces… dime… ¿Cómo conseguiste a tu Chikorita? —Volvió a hacer su pregunta la chica peli-rosa, aliviada de que Habieru no se molestara.
—La verdad es que me la entregó el Prof. Elm en su laboratorio, que se ubica en mi pueblo natal… Eso me recuerda que debo volver a su laboratorio a ver lo que pasó y mostrarle esto…
Explicaba mientras que tomaba su mochila de colores plateados, sacando de ella el recipiente transparente, que en cuyo interior se apreciaba el huevo blanco, con manchas triangulares rojas y azules.
— ¡Whow! ¡Qué hermoso huevo! –. Exclamó Cari, fascinada mientras miraba el huevito con brillo en sus ojitos rosas—. ¿Cómo lo conseguiste?
Habieru miró un momento a Cari, luego al huevo para volver a mirar a la chica sonriéndole y le dijo «Ya que insistes te contaré toda la historia». Tras explicarle todo el asunto de cómo había acabado con el lindo y misterioso huevo a su cuidado y que debía llevárselo al profesor por petición del Sr. Pokémon, mientras que era escuchado atentamente por la peli-rosa, esta asintió y se ofreció a acompañarlo hasta el pueblo New Bark, para asegurarse de que el huevito llegara a salvo. Al preguntarle el por qué había tomado repentina decisión, ella le respondió que no estaba segura, quizás porque le había tomado cierto cariño al huevo… ó quizás… era que el cariño se lo había ganado Habieru. El chico meditó unos instantes, finalmente miró a la chica y le sonrió, mientras le agradecía el que se ofreciera a ayudar. En ese momento los 2 acabaron su conversación, al ver que la enfermera Joy se acercaba sujetando una bandejita, con los Pokémon de ambos sobre esta, ya totalmente recuperados.
—Bueno, chicos… sus Pokémon ya están recuperados. —Dijo la enfermera Joy mientras que les tendía la bandejita a ambos chicos, aunque sujetando esta con algo de dificultad por el peso de ambos Pokémon.
—Muy bien, muchas gracias enfermera —Dijeron ambos al mismo tiempo mientras tomaban rápidamente a sus respectivos pokémon en brazos, para que la señora no se cansara más.
Esta les agradeció internamente y se dirigió a otros lugares de su centro, para atender a los demás entrenadores que se encontraban allí. Habieru y Cari por su parte salieron del centro pokémon y de allí se dirigieron a la salida Este de pueblo Cherrygrove, la ruta 29, teniendo cuidado de no adentrarse en la hierba alta, ya que no podían perder más tiempo en un combate Pokémon por las prisas que tenían. Además que ya estaba completamente oscuro, al hacerse de noche y no habían muchos faroles que alumbraran el camino.
Finalmente llegaron a pueblo New Bark y sin perder tiempo se dirigieron al laboratorio, notando que a las afueras de este había un montón de Growlithes (Pokémon con la apariencia de perritos de pelaje naranja, con franjas negras y algunos detalles de color crema) junto a algunos guardia/policías de trajes azul oscuro, inspeccionando las afueras de este, así como la entrada estaba cubierta por unas de esas cintas amarillas con franjas negras indicando que no se entrara. Luego de burlar a los policías, lograron entrar y allí vieron al profesor de lentes hablando con una oficial de cabello verde-azulado con la parte trasera peinada de puntas hacia los lados, saliendo del sombrero azul con visera negra un largo mechón que llegaba casi hasta la nariz. En el sombrero tenía una insignia dorada de forma rectangular y con líneas verticales que lo separaba en tres rectángulos más pequeños, sus ojos eran de color marrón oscuro: usaba una chaqueta policial azul oscuro, con detalles de cualquier uniforme policial y en la parte inferior una falda corta del mismo color que el uniforme que llega hasta la mitad de los muslos, seguramente dándole su testimonio del crimen que allí se habría cometido.
Junto a ella había un oficial de cabellos negros, peinados hacia abajo; ojos profundos y celestes, gorro y uniforme azul oscuro, parecido al de la oficial: Algo que resalto en el relato fue que al parecer Mark, al que el profesor le cedió un momento para testimoniar, estaba cuidando del Cyndaquil y el Totodile del laboratorio, cuando de pronto escuchó que una ventana se rompió, por lo que fue a investigar, pero en un momento sintió un fuerte golpe en su nuca, el cual lo hizo perder el conocimiento y minutos después el profesor, (el cual había estado unos momentos afuera del lugar, para buscar unos documentos en su casa, en la parte trasera del laboratorio), regresó y encontró a su asistente en tal estado. Y para colmo, notaron que uno de los Pokémon que estaban cuidando no estaba.
—Así es, oficiales Jenny y Jorney… —declaró el profesor para acabar su testimonio—. Luego de hacer que Mark recuperara el conocimiento, notamos que el Pokémon que se habían robado fue un Cyndaquil… —relataba con un cierto aire de culpa y desconcierto, teniendo que subir sus lentes con su dedo índice para que no resbalara por su nariz—. Todo pasó tan repentinamente…
—Entiendo, ¿qué opinas de esto Jorney? —le pregunto la oficial Jenny, con semblante serio a su compañero policía que la acompañaba para pedirle su opinión.
—Que esto no nos sirve mucho para encontrar al criminal… ¡eso opino! —Fue la respuesta del oficial Jorney, mientras que se cruzaba de brazos y muy irritado por no tener muchas pistas.
—¡Profesor, Sr. Mark, ya hemos vuelto! —exclamó Habieru acercándose con su Chikorita sobre su hombro y acompañado por Cari, preocupado por lo que estuvo o estaba ocurriendo-
El oficial Jorney al oír la voz de Habieru se volteó a verlo y gritó: «¡Ey, ey! ¡Estamos en medio de una investigación! ¡No molesten y váyanse…!». En ese momento vió a Cari, fijándose en que esta sostenía a un Cyndaquil, curiosamente el Pokémon de la misma especie que fue robada.
—¡Ey… ese Cyndaquil!… Entonces… ¿tú eres la ladrona? –preguntó el oficial, mirando a la chica peli-rosa severa y sospechosamente.
—¿¡Q… qué!? ¡No…! ¡Y… yo no he robado nada! —negó Cari, mientras que retrocedía levemente y muy asustada.
—¡Jorney! ¡No debes apresurarte en juzgar a alguien! —Regañó la oficial Jenny a su compañero, pero luego se acercó a una asustada y temblorosa Cari, preguntándole de forma más serena pero igual sospechosa: «Dime jovencita, ¿tu robaste ese Pokémon si o no?»
La pequeña y temblorosa Cari volvió a negar, a la vez en que insistía en que decía la verdad, con sus ojos lilas comenzando a humedecerse un poco por el miedo de que la arrestaran o algo peor. La oficial «Jenny Junsa» parecía apenada por la pequeña, pero el oficial «Jackson Jorney» era todo lo contrario. Seguramente eran el "dúo dinámico", que normalmente hacían de "policía bueno y malo".
—¿En serio? La norma dice que el criminal siempre vuelve a la escena del crimen… —Decía el oficial, con tono de sarcasmo, mientras que sacaba unas esposas del bolsillo derecho de su uniforme.
Cari miró las esposas con miedo y retrocedió más, y antes de que la oficial Jenny dijera o hiciera algo para detener a su compañero por su apresurada decisión, Habieru se posicionó en medio de ella y del oficial, mirándolo desafiante pero sin intención de ser falta de respeto, ya que eso era una situación delicada, por lo que tomo aire y le explicó con tono firme, pero respetuoso a la vez.
—¡Oiga! Espere un momento. Cari no tiene nada que ver… —afirmó el moreno, muy decidido, aun protegiéndola—. Pero creo que se quien podría ser el ladrón. Ya que horas antes lo vi espiando en una de las ventanas del piso superior de aquí, en pueblo Cherrygrove luché con él y además tenía un Cyndaquil.
Chikorita encima del hombro de su entrenador asintió seriamente en apoyo de la declaración del chico y diciendo: «¡Es verdad oficiales! ¡Era un chico paliducho como la leche, vestido como todo un gótico y además raro y maleducado!"», claro que nadie a parte del Cyndaquil de Cari y el Totodile del laboratorio la entendían, estos se rieron levemente por los chistosos histéricos gritos de la Pokémon de hierba. Esta al notarlo los fulminó con su mirada a lo que estos pararon de reírse en seco. El oficial Jorney observó pensativo a Habieru, arqueando una ceja, luego a Cari y a Habieru de nuevo.
—Oh, entiendo… perdona por sospechar de esta chica. —Se disculpó algo apenado el oficial.
Mientras la oficial Jenny se acercó a Habieru con su libreta lista para anotar el testimonio de él en mano y un bolígrafo plateado en la otra—. Entonces… ¿dices que luchaste con él? ¿Podrías por favor decirme cuál era su apariencia y si es posible su nombre? —Preguntó mientras se preparaba para anotar todo.
—Sí, oficial. Se trataba de un chico pelirrojo, de ojos… bueno, sus ojos no puedo distinguirlos con claridad… —explicó Habieru, ya que estaba confundido porque juró haberlos vistos primero de un intenso color carmesí y luego de un gris frío, y así siguió dando su testimonio de la descripción del chico que se enfrentó anteriormente, cosa que no le fue muy difícil ya que sus ropas al ser tan oscuras y siniestras lo hacían verse "gótico". Hasta que finalmente concluyo diciendo: «Y se llama "Sebastián" a secas, lo sé porque vi, por accidente, su tarjeta de entrenador.»
La oficial Jenny anotó todo en su libreta, una vez que acabó la guardó junto al bolígrafo en su bolsillo derecho de su azulado uniforme policial. Mientras el oficial Jorney se fijo en Cari, para disculparse una vez más por sospechar apresuradamente de ella, y luego ambos se despidieron de todos, saliendo del laboratorio y subiéndose a su patrulla policial, junto a los otros policías y los Growlithes, dispuestos a seguir el rastro del ladrón. La pobre Cari, por su parte dejo salir un largo suspiro de alivio y se desplomó de rodillas en el plateado suelo del laboratorio, aliviada por no haber sido arrestada, pero en parte algo asustada por el temor de haber sido inculpada. Habieru se acercó a ella, arrodillándose para estar a su altura y le posó sus manos en sus hombros con cuidado, para tratar de calmarla.
—Tranquila, amiga. Ya todo pasó… Ya no sospechan de ti… Cálmate… -susurró Habieru, con voz tranquila mientras acariciaba su cabeza de cabellos rosados.
Cari al sentir las manos del joven acariciar de forma tan dulce su cabellera, sus mejillas adquirieron lentamente un leve tono carmesí, aunque para su suerte parece que Habieru no lo notó—. G-gracias, Habieru… por defenderme y… por ser tan amable —susurró levemente Cari, al mismo tiempo que giró la vista hacia el chico, sonriéndole.
Habieru al ver la tierna sonrisa que se dibujo en el rostro de la chica, no pudo evitar pensar que se veía hermosa, además de sentir que la sensación extraña de antes volvía a él y para colmo… ahora las mejillas suyas eran las que comenzaban a tornarse de un tono carmesí, algo más fuerte que el de Cari. El profesor Elm por su parte, observó extrañado a ambos jóvenes, con una sonrisa leve en su rostro, cuando de pronto se dio cuenta de la presencia del pequeño y regordete Cyndaquil que yacía al lado de la chica de cabellos rosados, no solo porque era el profesor de Johto y que entregaba uno de esos Pokémon de fuego a cada entrenador que lo escogiera, sintió una extraña sensación de que ya lo había visto, por lo que pensó un rato mirándolo fijamente. El asistente del profesor miro con extrañeza a su jefe, luego al Cyndaquil y no tardo demasiado en sentir el mismo sentimiento de nostalgia que Elm, por lo que se acercó al pequeño Pokémon, sujetándolo con delicadeza y alzándolo, (sobresaltando un poco a este), para mirarlo más detenidamente. Dio un respingo, se giro hacia Elm y asintió, quizás dándole una confirmación de lo que ambos pensaban.
—Mmm… ¿Sabe, profesor? —Dijo Mark mientras miraba al profesor—. Este Cyndaquil… se parece al que se salió accidentalmente del laboratorio hace unos días… —luego de cesar de ver al Pokémon de fuego, alzó la mirada en dirección a Cari—. Dime, muchacha… ¿dónde conseguiste este Cyndaquil?
—Pues unas semanas antes, lo encontré vagando en el bosque muy solo… por lo que me acerqué a él, lo lleve a mi casa en pueblo Cherrygrove y cuide de él. Entonces se quiso quedar conmigo… —explicó la chica, al mismo tiempo en que el nombrado equidna de fuego saltaba de los brazos de Mark al suelo, acercándose a ella y a su vez, ella lo cargaba en brazos—. Pero… como no tengo Pokébola alguna, lo llevo en mis brazos ó a mi lado a todo momento.
Tanto el prof. Elm como Mark escucharon atentamente el relato de la chica. Una vez este acabo ambos hombres se quedaron mirándo el uno al otro muy pensativos. Al final asintieron aun viéndose, se giraron hacia la chica y el profesor de lentes se le acerco, metiendo una mano en uno de los bolsillos de su bata de laboratorio.
—Oh, entiendo… Bien, al ver su sano aspecto y escuchar que cuidaste tan bien de él, Mark y yo estamos aliviados de que aunque se haya escapado, este pequeño haya sido tan bien cuidado… por lo que… aquí tienes la Pokébola de Cyndaquil. —Concluyó el profesor, con una dulce sonrisa, mientras que sacaba la mano de su bolsillo y sostenía en esta una Pokébola, la cual entregó a Cari.
—Eso quiere decir…. ¿Qué me puedo quedar con él? —Preguntó Cari con incredulidad, al mismo tiempo en que otra emocionada y más grande sonrisa apareció en su rostro, con mucha felicidad reflejada en ella.
—Así es. Él parece muy unido a ti… así que cuídalo tan bien como lo has hecho hasta ahora, ya que es todo tuyo y por tanto responsabilidad tuya —terminó de decir el profesor mientras miraba al equidna, feliz de que tuviera una buena chica por entrenadora.
—¡Sí, profesor! —Exclamó la peli-rosa muy emocionada, al mismo tiempo en que abrazaba con algo más de fuerza al equidna—. ¡Así lo haré!
El pequeño Cyndaquil también parecía feliz por la decisión de ambos hombres, ya que exclamaba muchos «¡Cynda-cynda!» con gran júbilo, así como correspondía el abrazo de la peli-rosa, feliz de poder quedarse con ella ahora y para siempre, siendo esta su entrenadora de ahora en adelante.
—Por cierto, Habieru… —pregunto Mark con interés, luego de acercarse al chico—. ¿Qué era lo que quería mostrarnos el Sr. Pokémon?
Habieru dio un leve respingo al volver en sí, (ya que miraba enternecido el abrazo de Carolina y el Cyndaquil), por lo que busco con cuidado en su mochila, tras abrir el cierre, sacando de esta el contenedor transparente que poseía el misterioso huevo blanco con triangulitos roji-azules, entregándoselo con extremo cuidado al hombre de bata que le hablo. Mark y el profesor comenzaron a examinar el huevo, con mucho detenimiento, mientras que Habieru y Cari por su parte se miraban y luego a los hombres con curiosidad, así como Cyndaquil y Chikorita charlaban alegremente con el Totodile (que milagrosamente) estaba en el laboratorio. Una vez acabo junto a su asistente de examinar el misterioso huevito, el profesor Elm comenzó a musitar cosas para sí.
—Mmm…. Vaya… la verdad que nunca he visto un huevo con estas características: su color, tamaño, todo… es tan distinto… creo que deberías conservarlo, Habieru —dijo el profesor luego de acabar de examinar el huevo.
—Estoy de acuerdo. Ya que un huevo en pleno desarrollo como este necesita crecer y formarse cerca de Pokémon fuertes y sanos. Cuando nazca… si no es molestia, me gustaría que vinieras de nuevo a New Bark a mostrárnoslo —pidió Mark, mientras volvía a entregarle el huevo al joven, a su vez este aceptó gustoso de cuidar el huevo, mientras lo depositaba nuevamente en el contenedor de aspecto transparente y luego lo guardaba nuevamente en su bolso plateado.
En eso Mark se dirigió a uno de los estantes del laboratorio, sacando de éste 10 pequeñas esferas, de color rojo en la parte superior y blanco en la inferior, con una franja negra en la zona de unión de ambos colores: unas Pokébolas.
—Bien, tomen esto. Con estas Pokébolas podrán capturar a los Pokémon salvajes que encuentren en su viaje… —Dijo Mark mientras les daba 5 a cada uno, recibiendo agradecimientos por parte de ellos.
A su vez el prof. Elm observo uno de los bolsillos del pantalón de Habieru, notando con asombro el aparato roji-negro que yacía allí: la PokéDex. Al preguntar por eso, el joven de negros cabellos le explico que se la había otorgado el prof. Oak, así como que se encontró con él en la casa del Sr. Pokémon, Elm sonrió levemente y dijo que no le sorprendía eso, ya que el profesor Oak tenía una gran habilidad para reconocer a un futuro gran entrenador en potencia, tan solo con verlo a los ojos. A su vez Habieru le pregunto al prof. Elm con curiosidad el hecho de que si de verdad había sido un estudiante del prof. Oak. Este asintió sonriendo y le explico que había tenido estudios con el profesor Samuel Oak en Kanto, pero que al final cuando se graduó decidió continuar sus investigaciones en Johto. En un momento a Mark se le ocurrió una idea, por lo que busco en un estante distinto y saca de este una PokéDex de colores blancos y púrpuras, con un punto azulado en medio, se acerco a Cari y se la entrego sonriente.
—Ten, muchachita. Ahora esta PokéDex es propiedad tuya —le dijo Mark a Cari, mientras le sonreía.
—¿Eh? —Cari sujetó la Pokédex, mirándola fijamente y luego alzó su vista hacia el hombre—. G… gracias, pero… ¿por qué me la entrega?
—Jeje… es que si tienes el talento de cuidar a un Pokémon por tus propios medios… —decía Mark mientras que miraba fijamente el pequeño Cyndaquil que reposaba en los brazos de la peli-rosa—. También tienes derecho a saber los distintos datos que envuelven a los Pokémon, para aprender más sobre ellos.
—¡W… whow! Muchas gracias, Mark. A usted también profesor —Exclamó con una sonrisa de alegría en su rostro y procedía a estrenar su PokéDex señalándolo hacia su Cyndaquil.
El aparatito rojo de repente se abrió y la imagen de un Cyndaquil apareció en su pantallita, comenzando a decir con voz electrónica: «Cyndaquil: el Ratón fuego. De tipo fuego. Cuando se asusta, enoja o está a punto de luchar, las manchas de su lomo se encienden en llamas, las cuales indican su salud. Cuanto mayor sea la flama, más sano estará, mientras que más pequeña sea la flama más débil estará Cyndaquil»
En ese momento la chica dio un leve salto de emoción, al ver que no solo podría conservar a su pequeño amigo de fuego, sino que ahora podría saber más sobre él a través de la PokéDex que le habían otorgado. En ese Habieru decidió pasarse por su hogar para saludar a su madre, así como presentarle a su nueva amiga. El prof. Elm y Mark por su parte, se quedaron a continuar con sus investigaciones, pero fue en ese momento en que Elm comenzó a observar unas muestras en su microscopio, Mark llamo su atención preguntándole: «Oiga, profesor… ¿Cree usted que Habieru sienta algo por esa muchacha… y viceversa?»
El profesor dejó de observar en su microscopio y se quedó pensativo, arreglando sus lentes con sus dedos índice y anular.
—… La verdad… creo que Habieru siente algo muy especial hacia esa chica, por la forma en que la defendió… y… la forma en que esa chica le sonrío a él… –al decir eso el profesor, una sonrisa risueña se dibujo en su rostro .Mark sonrió igual que su jefe y asintió.
—Jeje… tiene razón, me pregunto si algún día… esa linda amistad que tienen llegara a algo más… —se preguntó Mark mientras alimentaba al Totodile del laboratorio.
—¿Quién sabe?, amigo mío… ¿quién sabe…? —Terminó de decir el profesor, mientras volvía a observar la muestra que tenía en su microscopio.
Mientras tanto en la residencia Nagatsuka, hubo un hermoso re-encuentro de madre e hijo; no hubo otra expresión en el rostro de Hana Nagatsuka más que de alegría al volver a ver a su hijo, aunque solo se haya marchado por 1 día y medio… le pareció que se fue por varias semanas. Habieru también se alegro de verla de nuevo y una vez se abrazaron, le presentó a su nueva amiga, Cari.
—H… hola, señora Nagatsuka… —saludó Cari con una amigable sonrisa a la madre del joven—. Es un placer conocerla. Soy Carolina Ukiyo, y él es mi amigo Cyndaquil… —presentó a su pequeño compañero, el cual saludo con un animado «¡Cynda!» a la señora Nagatsuka.
—Jeje, igualmente, jovencita y awwww, un Cyndaquil… —La madre de Habieru sonrío mientras que le devolvía el gesto a Cari, a la vez en que acariciaba la pequeña cabeza del equidna de fuego—. Y descuida, puedes decirme solo Hana.
—Jejeje está bien, como guste. —Dijo Cari, mientras reía levemente.
—Y por cierto, hijo… —Hana llamó la atención a su hijo mientras se volteaba a verlo, y él la miró curioso—. Ya que tú y Cari se llevan tan bien… dime, ¿no han pensado en viajar juntos?
Ambos niños se sorprendieron de la pregunta de la mujer, viéndose respectivamente y luego a la mayor, tras pensarlo un rato… no les pareció una mala idea, por lo que Habieru al preguntarle a Cari si le gustaría que viajaran juntos, ella asintió muy emocionada. A lo que la madre de Habieru pregunto: «jeje, entiendo… entonces prométeme que cuidaras bien de mi niño, asegurándote que se comporte, lave los dientes y todo eso, ¿sí?». La peli-rosa río levemente y asintió, a lo que el joven algo ofendido replicó con un «¡Oigan! », a lo que todos rieron muy divertidos y a la final Habieru se unió a las risas. Luego de eso y al notar lo tarde que era, Hana preparó una deliciosa cena, que constaba en un par de tortillas de queso y jamón, junto a un par de vasos de jugos y para Chikorita y Cyndaquil, les sirvió alimento Pokémon en sus respectivos platos. Una vez todos acabaron de comer, les sugirió a ambos que pasaran la noche en la casa y volvieran a su viaje a la mañana siguiente, a lo que ambos aceptaron, felices de poder dormir bajo un techo cálido, al igual que sus Pokémon. Habieru y su Chikorita se fueron a dormir al respectivo cuarto del primero, la señora Hana en su cuarto, mientras que Cari y Cyndaquil se fueron a dormir al cuarto de huéspedes.
A la mañana siguiente, ambos niños al levantarse, lavarse y arreglarse (ahora Cari iba con su blusa púrpura y le devolvió su chaqueta a Habieru, ya que sorprendentemente la madre de este había arreglado la zona dañada y dejándola como nueva), desayunaron la delicia que Hana les preparo. Luego de eso Hana se despidió de los pequeños en la puerta de su hogar, deseándoles que tuvieran buena suerte en su viaje. Los pequeños asintieron, despidiéndose de la mujer con sonrisas en sus rostros, a la vez en que salían por las puertas de pueblo New bark, despidiéndose con sus manos, seguidos de Chikorita y Cyndaquil… en dirección a una emocionante aventura que los esperaba en la región Johto… ¿Qué les deparará el futuro a ellos dos? Descúbranlo en el próximo capítulo.
Esta historia continuará…
Eso es todo por ahora, hasta luego queridos lectores. Espero sigan leyendo mi fic aun cuando no esté, adios.
