Big bob era un jumento, un hombretón de mediana edad que si no era por el físico que ostentaba, te amedrentaba su actitud agresiva. Desde muy joven trabajó muy duro para salir de la pobreza que su padre, Hank Pataki, había sumido a su familia. Era torpe con las mujeres pues siempre salían de sus labios los comentarios menos oportunos y no entendía nada de la mentalidad femenina. Todo mundo se preguntaba qué vió Miriam en él. La verdad es que Bob era el empleado de confianza de su padre y en gran parte la relación fue arreglada y alcahueteada por éste.
Siendo joven e inexperta en el amor, Miriam se dejó impresionar por el joven prometedor que su padre invitó a cenar una noche. Sin embargo, su madre jamás terminó de aceptar a ese "energúmeno" cómo solía decirle aún años después de su matrimonio. La abuela de Helga no tenía reparos en mostrar su desaprobación hacia Bob Pataki aún enfrente de sus propias nietas.
"Mantente fuerte, Geraldine…. Nunca dejes que tu padre ni nadie te diga quién debes ser"
Si, la abuela Katherine era la única que le decía "Geraldine" a Helga y la niña objetaba menos si la dejaba ir al ático a leer algunos de los libros que había en la ciudadela llena de cajas. Con el tiempo, la anciana empezó a soltar la lengua y a hablar con su propio pasado. La última visita a casa de su abuela, Miriam estaba durmiendo a pierna suelta en plena tarde. Helga leía un libro de poesía que había bajado del ático cuándo Katherine empezó a delirar.
-Hija, ay hija….. ¿Por qué tuviste que salir con Bob?
Helga rodó los ojos y la dejó ser, ya se estaba acostumbrando a sus devaríos
-Ay hija…. Él te dejó en la carretera porque discutieron por una tontería y por eso te pasó esto ¿Qué vamos a hacer ahora, mi niña?
La menor de los Pataki levantó la mirada del libro polvoriento y ladeó la cabeza.
-¿A qué te refieres?
-¿Cómo que a qué? Al bebé que llevas dentro, de alguno de los malditos que te violaron esa noche….- La pobre anciana empezó a sollozar.- Tu padre va a ofrecerle el negocio a cambio de que se case contigo para mantener tu honra intacta…
-Por todos los cielos….-Murmuró Helga, boquiabierta. En ese momento le pareció una excelente carta para humillar a Olga en cuánto se diera la oportunidad. No sabría sino hasta más adelante, que la importancia de ese secreto cambiaría semanas después.
