Primero que nada, quiero decir que les dejo 3 capítulos, seh, 3. No estaré durante el fin de semana, y dije que daría uno diario hasta llegar a donde había quedado, así que les dejo viernes, sábado y domingo. Estaré por aquí hasta el lunes.
Bien, había olvidado los disclaimer, así que: Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen a las Clamp que son excelentes por cierto. Aún así la historia es mía así como cualquier personaje que no sea de la serie.
Ya saben:
- Diálogos
"pienso"
Situaciones, sueños, etc.
(Mis comentarios estúpidos nn)
Ahora sí, empecemos.
Capitulo 3
Buscando respuestas, preparando partidas.
En un pequeño templo de Japón, mientras amanecía, un hombre mayor, quizá de unos cuarenta o cincuenta años, ya con canas en su cabeza pero aún de facciones fuertes, barría tranquilamente la entrada. Aún ahora existen templos, la mayoría de las personas los ven como un simple lugar para orar, pedir fortuna o atraer turistas. Lástima que hay pocos que ven más allá.
Un extraño viento sopló.
El hombre observó el cielo mientras el sol comenzaba a asomarse. Parecía concentrarse. Algo ocupaba su mente, "Veo que es hora" –se dijo el hombre – "…han vuelto"
Puso una cara seria y caviló un rato hasta que una voz lo sacó de sus cavilaciones.
- ¿Sucede algo? – un tono dulce le preguntaba.
- Sólo hablaba con el viento – respondió el hombre con una sonrisa.
- En ese caso le habrá dicho lo mismo que a mí ¿no cree? – sonaba alegre la voz.
- Siempre olvido lo mucho que has avanzado. No puedo ocultarte nada- un suspiro se escucho.
La voz pertenecía a una joven con traje de sacerdotisa; sin embargo, se encontraba agachada junto al árbol del templo, de modo que sólo su ropaje y su cabello castaño eran visibles.
Hubo una corta pausa.
- Sabe que estoy preparada.
- Lo sé. Pero eso no evitará que me preocupe, después de todo te he tomado mucho cariño. Podría decirse que te apreció como una hija.
- Y yo he aprendido a ver a un segundo padre en usted. No sabe lo mucho que le agradezco todo.
- No tanto como yo agradezco haberte conocido pequeña. - el hombre hablaba con un cariño profundo.- es por eso que temo.
- Confíe en mí. Por favor. Después de todo no existen las coincidencias- decía con un poco de nostalgia y parada a espaldas del hombre - Sé que vine aquí porque era lo mejor. Yo también estoy insegura, pero si he sido capaz de llegar hasta aquí por los que amo, llegaré a las últimas consecuencias. No dejaré que nadie salga lastimado.
- Tienes un gran corazón – sonreía tristemente el hombre - Has sufrido, pero presiento que ese dolor, ese amor que siempre guardas dentro de ti será la llave de todo.
- No entiendo muy bien. – se quejó. Se notaba que era un poco despistada. Al hombre le recordó a una niña pequeña y lo hizo reír ligeramente.
- Ni yo. En fin, será mejor entrar, ha amanecido y pronto llegarán las personas, debo aprovechar tu presencia y ayuda aquí tanto como pueda.
- Extrañaré el templo – sonaba un poco dolida.
- Pero volverás a un lugar que has extrañado por años, así que debes estar contenta. ¡Además te haré prometer que visitarás a este viejo después!
Aún de espaldas podía sentirse algo calido. Él sabía que estaba sonriendo
- Hai, así será Hayashi-san.
- Y seguimos con formalidades. nnU En fin, vamos.
Con esto, ambos avanzaron al interior del templo, sabiendo que pronto las cosas cambiarían.
Tokio, ciudad espiritual, cierto, capital de un país desarrollado, lleno de gente, automóviles, tecnología y grandes compañías. No por eso deja de ser espiritual. Para aquellos que saben apreciar lo que existe más allá de la vista incrédula, de lo vano, es también un lugar lleno de presencias, magia, poder, y si sabes buscar, esperanza.
Y aquí estaba el heredero de un clan importante de China. Li Xiao-Lang había llegado a Tokio. ¿Qué mejor lugar para iniciar una investigación que en uno lleno de concentraciones mágicas?
Así que aquí está paseando en un automóvil por las calles de Tokio, tratando de percibir algo, cualquier pista. Pero tratando es la palabra clave. Por más que lo intentaba no podía terminar de concentrarse. Miraba por la ventana y su mente iba una y otra vez a lo mismo. ¡Venía a trabajar! No podía estar todo el día pensando en cosas inútiles. Debía realizar su deber.
Pero era difícil.
No pensó que le afectaría tanto, y lo peor es que pareciera que una parte de él estaba en la negación. Después de investigar los hechos, revisar archivos noticiosos y demás, había confirmado lo dicho por Mei Ling. Ella estaba… ¡No podía decirlo! Eso sería abandonar la esperanza, sellarlo como todo un hecho. ¡Pero ya era un hecho¿O no? Otra vez lo molestaba esa vocecita que le decía que no era posible, que ella tenía que estar en algún lado.
Suspiró. Una vez más estaba divagando. Si seguía así no llegaría a ningún lado.
Tomó una decisión. Debía concentrarse. Trataría de obtener un poco de información, pero en cuanto pudiera saldría de Tokio. Si quería un poco de tranquilidad debía cerrar asuntos pendientes.
Era hora de visitar Tomoeda.
Tomoeda. Lugar en el que ocurrieron sucesos legendarios en lo referente a la magia, donde las poderosas cartas Clow cambiaran de dueño y nombre. Donde la muerte invadiría un hogar amado.
El tiempo ha pasado, pero aún es un lugar pequeño y pacífico lleno de gene amable que gusta de apoyarse y vivir sin preocupaciones. Aún está ahí la primaria Tomoeda, la tienda de la señorita Maki, y el ahora no tan nuevo (pero aún divertido y muy visitado) parque de diversiones.
Parece que no ha habido cambios. O al menos casi no. A Tomoeda le faltaba una pequeña luz que siempre había sido parte de ellos. Hace 5 años que la luz se fuera. Cuando los Kinomoto fallecieron todos sufrieron, las personas los extrañaban, pero también los conocían, y sabían que vivir felizmente era lo mejor. Así, con el tiempo, pesé a que el recuerdo vivía, eran pocos los que realmente mencionaban el asunto Por ello era que aún ahora la casa que explotara por una fuga de gas, según la versión oficial, estaba tal cual había quedado. Nadie se atrevió a profanar el lugar.
No sabían el gran favor que habían realizado con ello. Al mantenerse intacto, las presencias tampoco se movían, los residuos de magia podían ser detectados. Pero las personas comunes y corrientes de Tomoeda lo ignoraban.
Justo en este momento alguien pasaba frente a esta casa. Se quedó observándola un momento. ¿Qué haría ahí una joven tan bella y delicada observando esas ruinas? Sus cabellos oscuros se movían con el viento y sus ojos amatistas tenían una extraña sombra de reconocimiento. Cómo extrañaba a su amiga. Cuando vino la tragedia se sintió devastada, personas que apreciaba demasiado se habían ido. Ella sabía que no fue un accidente. Lo sabía, él lo había confirmado. Se alegraba de haberlo encontrado. Cuando se fue a Europa a estudiar, lo que en realidad quería era hallar un poco de paz. Después de todo estaba destrozada. ¿Quién diría que encontraría a su amigo de la infancia?
¡Era cierto! Eriol la esperaba. Apenas habían vuelto a Japón. Hace unos días había puesto una de sus expresiones misteriosas, no su sonrisa agradable, era una cara más bien seria pero al mismo tiempo vio un brillo en sus ojos. A veces creía que jamás lo entendería.
- Tomoyo – la llamaba una voz de chico.
Al voltearse vio a su amigo. Al parecer se había cansado de esperar o estaba preocupado. Cualquiera que fuera la razón, había ido a buscarla. Con el paso del tiempo se habían vuelto muy cercanos. El tenía las mismas facciones, solo más alto, un poco más fornido y claro, manteniendo su expresión tranquila y sus ojos misteriosos tras esos lentes.
- Lo siento, Eriol. Estaba pensando.
A ella también le había afectado el tiempo. Ahora más alta y desarrollada, la pequeña Tomoyo era diferente. Pero sus rasgos también se mantenían: piel clara, voz talentosa, y su don de la observación.
Hace tiempo que habían dejado el "joven Hiragizawa" y el "señorita Daidouji". La convivencia en Europa los había acercado hasta un punto que no pensaron. Después de todo, cuando se conocieron a los 10 años en la primaria, siempre se trataron con respeto y formalidad, nunca se llevaron tan bien entre ellos como con Sakura o Syaoran, aún teniendo el objetivo común de juntar a esos despistados.
- Lo sé, pero tenemos que terminar de desempacar, apenas llegamos. Además no quisiera enfrentarme solo a tu madre. Cuando le comentaste por teléfono que un amigo vendría a quedarse no parecía muy contenta.
Tomoyo tuvo que contener una risita. Su madre podía ser tan sobre protectora. Pero sabía que cuando viera la famosa amabilidad inglesa de Eriol se sorprendería mucho. ¡Debía grabar esa cara!... como hay cosas que no cambian.
- Vayamos pues.
Así, los dos partieron a la mansión Daidouji. Eriol con un presentimiento.
El lugar lo hacía ponerse serio y a pesar de eso tenía un buen presentimiento. Eso era raro hasta para él.
"Pronto algo sucederá. Lo sé. Y creo que te veré pronto… mi querido descendiente" – pensó con una sonrisa en su rostro.
Syaoran caminaba rumbo a otro de los templos que pudieran tener información cuando estornudó. No creía estar enfermándose, seguramente alguien hablaba de él. "Más vale que no sea nada malo" recriminaba a cualquiera que osara mencionarlo.
Decidió que este sería el último lugar que visitaría hoy, entre pensamientos, preguntas y distracciones el tiempo había pasado. Era tarde y mañana planeaba ir a Tomoeda. No estaría tranquilo hasta no hacerlo, hasta acallar a esa parte de él que insistía en que sin importar la lógica de las cosas algo no estaba del todo bien en esta situación.
En fin, mientras antes terminará de hacer preguntas al encargado, antes seria libre de irse. Sólo esperaba que este no fuera como el anterior. Un tonto que sólo quería venderle amuletos -.-U
Más vale que este tuviera magia, poderes espirituales o al menos sentido común como para evitar vender chatarra a un hechicero oriental.
En la entrada del templo se leía el nombre del mismo, y por tanto el de la familia que se encargaba de él. "Templo Hayashi" se leía.
En cuanto entró, en el instante en el que posó el primer pie dentro del templo, un agradable escalofrío le recorrió la espalda. Tenía un presentimiento, uno muy fuerte. Aquí había algo.
Se dirigió a la pequeña tienda a pedir informes.
- Disculpe, quisiera hablar con el encargado del templo, por favor.
- Está en la parte de adentro. Si desea puedo llamarle.
- Gracias.
Esperó mientras llamaban a quien manejaba el lugar. Mientras agudizó sus sentidos. No percibía nada fuera de lo normal, poder espiritual y un poco de magia. Alguno de los empleados o la persona a la que llamaran debía tener magia. Pero aún no había nada que llamara su atención. Aún.
Dos personas hablaban en un cuarto cuando una puerta en el templo se abrió, para ser exactos, la puerta del cuarto en el que hablaran.
- ¡Hayashi-sama! Alguien lo busca.
- ¿Quién es?
- Un joven que parece extranjero. Estaba muy serio, puede que sea algo realmente importante.
Hubo un silencio corto.
- Está bien. Dile que en un momento iré. Puedes retirarte.
- Hai, Hayashi-sama.
Con esto la puerta se cerró.
- ¿Segura que deseas irte hoy? – preguntaba el hombre hacia las sombras. De ahí resurgió la joven con la que hablara esta mañana. Aún su rostro entre las sombras.
- Mientras antes mejor.
- Deberías quedarte esta noche. Se hace tarde y mañana iniciarás un largo camino. Además quisiera que celebráramos algo como una fiesta de despedida.
- Hayashi-san, no creo que sea necesario.
- Ya te lo he dicho, quiero hacerlo.
Sus ojos mostraban un gran aprecio, era la vista de un padre amoroso. Quizá él no había podido tener hijos, pero conocer a esta joven seguro le había dado la oportunidad de sentir ese lazo que sólo a quienes llamas familia pueden crear.
No podía decirle que no. Sabía que esto haría más difícil la despedida pero deseaba quedarse un poco más. Después de todo el templo se había convertido en un lugar digno de llamarse hogar.
- Está bien – soltó con un suspiro -.-U
No podía negarse, ella también deseaba despedirse, pero también moría de ganas de volver a ver lo que fue su pasado, lo que era su vida. En fin, temprano partiría.
- Sólo será esta noche, mañana me iré, así que voy a comprar unas cosas para la cena y regreso. n.n – la chica otra vez sonreía. A él le encantaba poder percibirlo aún si verla directamente, realmente se sentía como un padre.
- Pero no es justo que cocines – respondió cuando razonó sus palabras – después de todo vamos a celebrarte a ti.
- Si no voy a cocinar, compraré los ingredientes para que cocine. Además disfruto de hacer las compras.
- Bien. Yo iré a atender al invitado. Te veré en la cena.
Con eso dicho, cada uno tomo diferente camino.
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Syaoran estaba esperando, comenzaba a impacientarse. ¿No sabían que los Li no eran precisamente famosos por su paciencia? Uf. Era desesperante. Comenzaba a pensar en entrar a buscar al hombre cuando lo divisó. Al fin.
- ¿Usted preguntaba por mi? – inició el hombre.
- Asumo que usted es Hayashi-sama.
- Efectivamente. ¿Y usted es?
- Li Syaoran – estaba en Japón, así que debía usar su nombre japonés aún a su pesar.
- ¿En qué puedo ayudarle?
- Quisiera informarme sobre algunos acontecimientos del lugar.
- ¿Qué clase de acontecimientos? "¿Qué sabe este joven?" – comenzaba a tener sospechas, el chico no era del todo ordinario, sentía una gran fuerza preveniente del mismo.
- Deseo saber si ha notado algo extraño. Alguna presencia anormal. – aquí era donde los charlatanes empezaban a hablar de nubes de desgracia y la falta que le hacen sus amuletos.
Hubo una pausa.
- Por lo que veo usted no es un joven cualquiera buscando fortuna¿o me equivoco? - dijo cuidadosamente.
Al fin, alguien que sabía de lo que hablaba. "Hasta que aparece uno" se dijo el castaño.
- Bien, me alegro que sepa de que trata el asunto. Necesito informes.
Hayashi lo analizó. "Su presencia no es maligna, al contrario. Tiene fuerza, tranquilidad. Algo negativo pero definitivamente no peligroso, es algo fuerte, como tristeza profunda, como cuando ella llegó."
Decidió que no era peligroso, y el viento le decía que este joven era importante. Muy importante. Aún así dada su condición como sacerdote no podía darse el lujo de dar explicaciones concretas y detalladas. Sólo le diría lo básico.
- Hay alguien que lleva años buscando algo, esperando. Y al parecer aquello está por reaparecer, así que está preparándose.
- ¿Quién y qué busca?
- El quién lo ignoro. El qué, aún no estoy completamente seguro.
- Dudo que eso sea todo lo que sabe.
"Perceptivo el muchacho"
- Así es, pero no puedo dar mucha información. Sólo puedo decirte que las respuestas que buscas las encontrarás, y seguramente donde menos lo esperas.
Syaoran solo frunció el ceño. "Así que es de los sacerdotes enigmáticos. Como odio que no sean directos, me recuerdan a Hiragizawa" Su viejo compañero…¡Cómo lograba exasperarlo! Se preguntaba si aún tenía esa manía de decirlo todo en acertijos. En fin, al parecer había dado con alguien un tanto similar, pero sabía que a estas personas no podía sacarles mucho, se dedicaban a probar la fortaleza y sabiduría de las personas. Había que respetarlos.
- En ese caso me retiro. Agradezco la ayuda "pequeña, pero al menos no me intento vender nada"
- Fue un placer joven Li – y con una sonrisa divertida agregó - No olvide pasar a nuestra pequeña tienda. Hay buenos amuletos. – con eso último se retiró.
- Hablé muy pronto – murmuró para sí el lobo. (jejeje)
En fin, lo mejor sería ir al hotel a descansar, mañana iría a Tomoeda. "¿Qué habrá sido de todos?" Realmente deseaba saber. Sobretodo, deseaba encontrar algo que lo guiara a ella. "Entiéndelo, no la encontrarás" se decía, pero no estaba convencido, no importaba lo mucho que la lógica se lo gritara, su corazón lo tomaba como una mentira.
Se dirigía a la entrada del templo, hacia su auto cuando un destello castaño llamo su atención. Se giró para ver a una joven caminando hacia uno de los edificios del templo.
Su boca se abrió ligeramente y sus ojos estaban desorbitados. ¿Acababa de ver unos ojos color esmeralda? Parpadeó pero ya nadie estaba ahí. Bien, ahora se preocupaba por su salud mental. Estaba comenzando a alucinar.
Aún en cierto shock bajo la escalinata del lugar.
"Definitivamente necesito un descanso antes de mañana."
Mientras, en el templo una joven respiraba agitada.
Tenía que ser una broma. Él no podía estar ahí.
Debía estar en China.
Debería estar en cualquier lado.
No ahí.
Pero quizá lo había imaginado.
"Pero su presencia, su presencia era idéntica"
Quizá su corazón comenzaba a darle visiones. Años de extrañar a alguien no podían ser sanos y dejarla intacta.
Entro al lugar para dejar las provisiones. Debía hablar con Hayashi-san. Lo haría después de cenar. Debía alimentarse, mañana se iría.
- Mañana volveré – se dijo. "Mañana volveré a ver Tomoeda"
Unos ojos jade observaban el cielo de Tokio, ignorando que unos ámbares hacían lo mismo. Ignorando que al día siguiente se dirigirían al mismo destino.
Me gusto el final de este capitulo¿a ustedes?
Acerca de Hayashi-san, el apellido lo busque en una página, pero no lo puse por nada en especial, necesitaba un personaje para esto, no será la última vez que sepan de él pero no será todo un protagónico.
Agradezco a:
Esmeraldy No me gusta que llores… aunque yo también sufro. Lo que me consuela es que sé que todo tendrá su recompensa, aunque no te aseguro que pronto. Gracias por el review.
Gracias Celina Sosa porqueaún sigues esto, creo que te alegrará saber que ya esto estará avanzando más fácil. Tu apoyo me da mucho ánimo Ja ne
Karenhuitron No te creas, no tengo tantos reviews, pero si te digo que así me llega uno o 10 me hacen muy feliz (claro que si son más... no me quejo XD) Gracias por tu apoyo y no llores :P
Undine Pues lo de que ya la habías leído no se si sea de la vez anterior, que inició a mediados de este año. Tuve que interrumpirlo hace unos meses pero estoy más que segura que tú había ya leído y enviado review. Quizá por eso ubicas la historia. Y ahora ya verás más capítulos no te preocupes
Dollisapi Do Tao Me alegra que te encante y umm, si quieres leer… pues lee nnU
Bien hasta aquí dejo este capitulo.
