Capítulo 3

Estaba muy atrasada, para variar un poco. Por alguna razón que ni Eistein debería saber, siempre me atrasaba para la primera clase, y eso que era una de las primeras personas en llegar a la Universidad de Storybrooke, que estaba en la calle principal y su campus estaba compuesto por cuatro enormes edificios.

Corrí con mis libros en los brazos y entré en mitad de la clase de Psicoanálisis. Me senté en el fondo, en una de las últimas filas porque ya no había más sitio, y era una lástima. Me senté al lado de Belle, la única amiga que tenía en ese sitio.

«¿Me he perdido mucho?» pregunté en un susurro y ella me sonrió, moviendo la cabeza

«El profesor solo estaba haciendo una introducción sobre la represión ¿Y? ¿Cómo fue el encuentro con la artista que conociste en la fiesta? ¡No me has contado nada!»

«Lo olvidé, llegué a casa y mamá enseguida vino a volverme loca la cabeza. Después me quedé estudiando y acabé durmiéndome…¡fue maravilloso!»

«¿Ah, sí? ¿Entonces fueron a la heladería? ¿Qué dijo?» susurrábamos en medio del aula animadamente

«Fuimos y después me llevó a ver la puesta de sol en el muelle» Belle desorbitó los ojos.

«¡No lo creo! ¡Qué romántico! ¿Se besaron?»

«¡Claro que no, Belle!» dije medio avergonzada «Apenas nos conocemos y ni sé si es lesbiana. No sé a qué viene todo tu entusiasmo»

«Por la forma en como la has descrito, apuesto a que es lesbiana sí, y que se ha quedado encantada contigo, así como tú con ella»

«¿Quién dice que estoy encantada con ella?» pregunté demasiado alto, captando la atención de otros compañeros y del profesor

«¿Acaso estoy interrumpiendo algo más importante que mi clase de Psicoanálisis, señorita Mills?» en aquel momento quise que un agujero se abriera y me tragara.

«No, profesor. Discúlpeme» dije avergonzada y él sonrió, retomando la clase y las miradas se giraron de nuevo hacia él.

«Es todo tu culpa, Belle» refunfuñé poniéndole mala cara y ella rio.


En el descanso, bajamos a tomar un café en la cafetería y mientras estábamos en la cola, yo miraba distraídamente hacia afuera, por la puerta de cristal cuando divisé a un grupo de alumnos pintando lienzos y mi corazón de aceleró, pues me acordé de Emma, entonces, sin darme cuenta salí de la fila, dejándola ahí, y cuando salí por la puerta vi a una rubia con cola de caballo usando gafas de pasta negra y constaté que a pesar de estar diferente, era Emma.

Olvidándome del café y sin pensar en nada más, fui caminando en dirección del grupo. Cada persona estaba con su lienzo trabado en un caballete y pintaban. Emma estaba más alejada que el resto y miraba concentrada para su tela. ¡Estaba graciosa usando gafas!

Ponho os meus olhos em você

Se você esta

Dona do meus olhos é você

Avião no ar

Dia para esses olhos sem te ver

É como o chão do mar

«¿Emma?» llamé, acercándome a ella y se asustó al verme, desorbitando los ojos

«¿Regina?» abrió una radiante sonrisa y dejó su paleta y pincel de lado, había algunas gotas de pintura en sus manos y antebrazos «¿Qué haces aquí?» preguntó tartamudeando un poco.

«También estudio aquí por si lo habías olvidado» dije de buen humor y nos reímos «No pensé que te fuese a encontrar aquí afuera»

«¡Pintura al aire libre!» dijo con animación y entonces miré su cuadro.

«¡Emma!» me sorprendió al ver lo que estaba pintando: varios rostros entremezclándose «¡Qué increíble…! ¡Wow!» me quedé sin palabras ante aquella potente imagen, llamativa.

«¿Te gusta? ¿De verdad? ¿Ves aquí?» señaló uno de los pares de ojos que había en el lienzo «Aquí hay un rostro y allí el otro, se están mezclando»

«¡Sí! Esto es…ni tengo palabras. Tienes mucho talento»

Noté que Emma se sonrojó con mis elogios, bajando la mirada y dándome una dulce sonrisa.

«¿Y desde cuándo usas gafas?» pregunté

«Ah, esto» Emma se quitó las gafas, y se quedó mirándolas en sus manos «Soy un poco cegata desde pequeña. Intenté usar lentillas, pero no me gustaron mucho, así que la única alternativa viable fue …» se las volvió a poner, aunque mal

«…las gafas» dije, alzando mis mano y acercándome a su rostro para ponérselas bien, cosa que dejó a Emma tensa y paralizada. Se las coloqué bien delicadamente y me quedé mirando sus ojos verdes, que aun detrás de los cristales eran igual de intensos «Listo, señora gran artista. Ahora me has dejado intrigada por conocer tus otros trabajos»

«Te los puedo enseñar después de las clases. ¿Cuál es tu última hora?»

«Solo me queda una clase, salgo a las 10:40. ¿Y tú?»

«Estaré libre a esa hora. Te veo aquí…allí» señaló toda nerviosa un banco a pocos metros de distancia «¿Bien?»

«Claro, Emma»

Estaba ansiosa por ese encuentro con Emma, tanto que ni presté atención a la clase. Belle, que desde dentro del edificio nos había visto hablando, me colmó la paciencia diciéndome lo bien que pegábamos Emma y yo, que éramos "encantadoras" juntas. Incluso insistió para que le dijera el signo de Emma para que ver si éramos compatibles…Este es el tipo de amistad que yo tenía.

Cuando la clase acabó, me despedí de Belle y de mis compañeros y salí apresurada hacia el banco que Emma había dicho. Me senté y me quedé viendo a las personas ir y venir, algunos marchándose, otros cambiando de edificio, cargando libros, comiendo, conversando. El tiempo parecía no pasar y Emma no aparecía…

De repente, una rosa roja apareció ante mis ojos y reconocí la mano blanca y delicada que la agarraba, incluso esa mano aún estaba manchada de pintura.

«Espero que te gusten las flores, no hablamos sobre botánica, pero presumí que te gustaban» dijo Emma casi susurrando en mi oído, lo que me hizo cerrar los ojos, porque su voz era aún más placentera escuchada así.

«Amo las rosas» sonreí, cogiendo aquella rosa y Emma saltó al banco como un chico en vez de dar la vuelta «¿Dónde la conseguiste? No me digas que…»

«Sí, la robé del jardín de Manoel» Manoel era el nombre del jardinero que cuidaba el hermoso jardín que habían en la entrada de la facultad «Espero que sea nuestro secreto, de lo contrario seré una gran artista muerta…» bromeó, haciéndome reír.

Vi que Emma cargaba en el regazo una carpeta de dibujo.

«¿Ahí está tu opera prima

«Algunas…»

Me entregó la carpeta, la coloqué encima de mis piernas y comencé a ojear, eran dibujos hechos a lápiz. Había animales, rostros de personas, paisajes, objetos de todo tipo. Me quedé maravillada con su delicado trazo, con la forma en como Emma se expresaba con el dibujo. Su talento era innegable.

Mi silencio dejó a Emma aprensiva, porque no paraba de mover sus piernas. Reparé que solo llevaba uno shorts vaqueros deshilados y sus piernas blanquísimas captaron mi atención, haciendo que discretamente desviase la mirada de los dibujos hacia ellas sin que Emma se diera cuenta.

«Emma, ¡tus dibujos son extraordinarios!» dije, mirándola «Nunca he visto nada parecido. No soy la mayor entendida en arte, pero he visto muchas obras de grandes pintores y vi el cuadro que estabas pintando…¡tienes mucho talento!»

«Gracias, significa mucho viniendo de ti» murmuró «Cuando quieras ver mis cuadros, solo dímelo. El sótano de casa es algo así como mi taller»

«¿Lo juras? Quiero conocerlos, voy a tomarte la palabra, ¿viste?»

«Era para eso, Regina»

Nos quedamos sonriendo la una para la otra, y nuestras miradas estaban clavadas, la una en la otra, cuando un grupo de alguno chicos y chicas que yo no conocía se paró delante de nosotras y comenzaron a insultar y ofender a Emma

«¿Eh, rara? ¿Cuándo vas a pintar mi rabo?» dijo uno de ellos, y los otros rieron

«A ella no le gusta eso, Eric» respondió una de las chicas

«Me había olvidado, probablemente debe estar pintando las tetas de esa» dijo, refiriéndose a mí, cosa que me dejó estupefacta y sin reacción.

Emma se quitó sus gafas, las dejó en el banco y se levantó de un salto, tan rápido que me pilló de sorpresa.

«¿Qué es lo que dijiste, gilipollas?» gritó ella, saltándole encima, sorprendiendo a todo el mundo «Repite lo que dijiste, ya que eres tan macho»

«¡Emma!» me levanté deprisa y la agarré por los brazos, pero ella tenía tanta rabia encima que se soltó fácilmente de mí, empujando al chico con fuerza y asestándole un puñetazo, tan rápido que nadie lo vio venir «¡EMMA!»

El chico cayó al suelo y sus amigos lo socorrieron deprisa, mirando aturdidos a Emma. Las chicas también estabas asustadas.

«Vámonos de aquí» dijo uno de los amigos del tal Eric

«Eres demasiado rara…» murmuró Eric, levantándose con la mano en la boca, que sangraba «Tienes suerte de que no le pegue a mujeres, mucho menos a locos»

Por alguna razón aquel comentario peyorativo me molestó profundamente y Emma hizo mención de ir tras él, pero la agarré de nuevo mientras ellos se separaban y esta vez ella no se resistió.

«Emma, le golpeaste» dije preocupada y cuando ella giró su rostro hacia mí, la vi bien alterada

«Claro, ¿escuchaste lo que dijo? ¡Te estaba faltando el respeto! Ese tío es un gilipollas, él y sus amigos. Desde que entré en la facultad, se meten conmigo y con mi amigo Graham. Son malas personas»

«Sí, lo son, pero no tenías que haberle pegado…» dije bajito, en tono cariñoso, cogiendo su mano, con la que le había golpeado, y agarrándola con las mías «¿Duele?»

«Un poquito…» murmuró algo más calmada, pero aún con la cara refunfuñada.

«¿Quieres decir que le golpeaste porque me faltó el respeto?» pregunté intentando contener mi alegría al saber eso.

«Sí, es decir…te faltó el respeto…perdí la cabeza. Sé que la violencia no resuelve nada, es algo primitivo, pero…» se quedó avergonzada mientras nos sentábamos de nuevo «No logré contenerme»

«Está bien. Tampoco soy fan de la violencia, pero hay casos en que no podemos hacer otra cosa. ¿Puedo preguntarte algo?»

Emma se quedó mirándome medio recelosa, como si ya supiese lo que vendría. Solté su mano y tras unos largos instantes ella movió su cabeza.

«Sí»

«Sé que aquellos chicos son unos imbéciles y que solo dicen tonterías, pero…el tal Eric dijo algo sobre ti, y lo dijo con convicción. ¿Es verdad?»

«¿Que me gustan las mujeres?» preguntó a quemarropa, dejándome medio incómoda

«Eso» dije vacilante «¿Te…gustan?»

«¡Me encantan!» respondió con una enorme sonrisa, cambiando repentinamente su temperamento, actuado de modo tan extraño que me confundió «Adoro a las mujeres, son increíbles»

«Me refiero a…creo que él quiso decir en un sentido más…»

«Sexual» completó, mirándome fijamente y de nuevo me sentí avergonzada «Lo sé, y sí, me gusta. Quiero decir…Nunca me he acostado con una mujer, pero me siento atraída por ellas. Bueno, la verdad es que nunca he estado atraída por una específicamente, porque soy rara y normalmente no me siento atraída por nadie, pero…siento atracción por las mujeres en general»

La explicación rápida y efusiva de Emma me dejó extrañamente nerviosa. Saber que también le gustaban las mujeres era algo bueno, y me conmovió de una manera inexplicable. Saber también que nunca se había acostado con una sonó como música para mis oídos.

«Entendí» respondí algún tiempo después.

«¿Tienes algún problema con eso?» parecía preocupada y entonces me eché a reír «¿Qué pasó?»

«No hay ningún problema, Emma. No tengo prejuicios y de todas maneras, a mí también me gustan las mujeres» casi susurré la última frase.

«¿Tú qué?» dijo en un tono más alto, perpleja y tuve que reírme de nuevo, pues yo estaba muy nerviosa y actuábamos como dos locas asustadas «Disculpa, es que…no pensé…no esperaba esto, pero bien. Eso está muy bien»

Arqueé mis cejas, cada vez más sorprendida.

«¿Muy bien?»

«Es decir…ser gay te hace tener menos prejuicios, más abierta al mundo, más comprensiva para ser psicóloga, y eso. ¡Espera un momento! ¿Eres gay? ¿Lesbiana? Porque has dicho que te gustan las mujeres, pero también podrían gustarte los chicos. Disculpa mi deducción precipitada, es que estoy…»

«¿Nerviosa?» pregunté intentando controlar mi risa, porque era muy gracioso ver a Emma avergonzada, hablando sin parar.

«Sí» admitió «Un poco»

«Tuve algunas desastrosas experiencias con chicos, pero no me gustan. Es decir, me gustan, nada en contra de los chicos, pero no me siento atraída por ellos, ni física ni románticamente. No me despiertan nada»

Emma me miraba con atención, era una mirada tan atenta y profunda que me sentía más analizada por ella que por mi psicóloga, lo que era muy, muy raro. No es que no me gustara su mirada, pero Emma era tan profunda que me intimidaba, pues yo no pasaba de una torpe y tímida universitaria.

«Sé cómo es…conmigo es lo mismo. ¿Con cuántas mujeres te has acostado?»

Miré espantada a Emma y mi rostro ardió tanto que ya sabía que estaba como un tomate.

«Disculpa por preguntarte así, fue algo indelicado por mi parte. Déjame reformular la pregunta: ¿cón cuántas mujeres has tenido una relación profunda?»

«Para ser sincera, con ninguna» murmuré, avergonzada

«¿Ninguna?» estaba sorprendida, pero no me miró como si fuese una aberración a causa de eso «¿Nunca?»

«Nunca»

«¿Y con hombres? ¿Cuántos?»

Miré para los lados, muy incómoda ante todas aquellas preguntas. Tenía mucha vergüenza exponiendo mi sexualidad a las personas, porque en la época en que vivíamos era motivo de vergüenza tener poca experiencia, o ninguna como era mi caso.

«Emma…» dije avergonzada

«Está bien, puedes decírmelo, no te voy a juzgar por eso. La mayoría de las mujeres tiene experiencias heterosexuales antes de descubrir que son lesbianas, es normal»

«Nunca he salido con un hombre» dije

«Hm…¡qué pícara, eh? Entonces, ¿la doctora Mills no es de salir?» dijo con malicia, bromeando. Emma no había entendido lo que quise decir «Pero, ¿con cuántos ya…jugaste?»

«Ninguno» susurré

«¿Qué? No oí»

«Ninguno, Emma. No me he acostado con ningún hombre, ni con ninguna mujer. Con nadie. Cero» dije medio impaciente, de sopetón «Y sí, sé que eso es ridículo, que hoy en día nadie con veinte años sigue siendo virgen y…»

«Yo tengo veinte años y también soy virgen» dijo ella suavemente, interrumpiéndome, sorprendiéndome de nuevo.

«¿Cómo? ¿Tú eres…virgen?» casi tartamudeé, perpleja

«Lo soy» me sonreía serenamente «No eres la única, y sinceramente, no veo que sea algo ridículo, ni motivo para sentirse avergonzada. El sexo es algo natural que cualquier idiota puede practicar en cualquier momento, en cualquier lugar, con cualquier persona. No hay nada grandioso en follar, pero eso veo ridículo esa competición para ver quién folla más»

«Yo…estoy de acuerdo. Pienso igual que tú, Emma. Pero siempre siento recelo de exponer estos pensamientos porque ya he sido bastante juzgada» expliqué «Pienso que como es algo que envuelve a mi cuerpo, tengo el derecho de escoger hacerlo cuando quiera, cuando me sienta segura para ello, con alguien de mi confianza, que sepa que me va a respetar»

Ella me miraba con fascinación y yo ni me daba cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que habíamos empezado aquella íntima y reveladora conversación.

«Para mí, el sexo es como el arte. Son idénticos. Sinónimos, diría. No el sexo mecánico, el instintivo, el animalesco. Me refiero a hacer el amor. Hacer el amor es sinónimo de arte. Cuando cojo el lápiz o el pincel en la mano…cuando miro las hojas y lienzos en blanco…no es solo la técnica lo que aprendí, no son solo los colores y los trazos. Cuando dibujo, cuando pinto, lo doy todo de mí. Es mi alma la expresada en aquellos dibujos y pinturas. No es solo un paisaje, yo estoy ahí. Son mis sentimientos, mi corazón, mi alma» hablaba como una verdadera poeta romántica salida del siglo diecinueve «Para mí, hacer el amor es lo mismo. Un acto íntimo de entrega con otra persona, donde yo voy a dar todo de mí, donde voy a expresar todos mis sentimientos, por eso no hay ninguna posibilidad de que haga el amor con cualquier persona, sin más ni menos. La otra persona tiene que sentir lo mismo que yo, tiene que querer expresarse, querer darlo todo de ella misma para mí»

Boquiabierta, miraba a Emma Swan con una admiración y fascinación inexplicables. No conseguía pensar en alguien a quien admirase tanto como a ella en ese momento. Incluso los personajes más intelectuales e importantes de la historia no me causaban la misma fascinación, quizás porque no los conocía personalmente, o porque tenía la sensación de que Emma Swan era igual a ellos: un genio incomprendido que marcaría el mundo.

«¿He dicho demasiadas tonterías?» preguntó avergonzada tras notar mi cara de boba.

«¡No! Lo contrario. Nunca había escuchado nada así. Tu idea del sexo, la forma en que has defendido esa idea…Te he imaginado defendiendo una tesis doctoral en Oxford» dije bromeando, provocándole una carcajada.

Entonces cambiamos de asunto y volvimos a hablar de diferentes cosas. Emma era socialista, detestaba el capitalismo y se preocupaba por cuestiones sociales, incluso más que mi hermana, que estudiaba Ciencias Sociales. Me quedé impresionada con sus ideas y teorías y me imaginé viviendo en el mundo ideal de Emma Swan. Un mundo sin miseria, sin personas matándose, todos amándose y ayudándose.


Después de mucha insistencia, acabé cediendo y aceptando la invitación para almorzar en casa de Emma. Llegamos inesperadamente y me sorprendí. A pesar de vivir en un suburbio, en un barrio bien diferente al mío, su casa era grande y muy acogedora. Me quedé encantada con las fotografías de Emma y de sus hermanos cuando eran pequeños diseminas por la sala y también con algunos cuadros colgados por la casa, todos de la mano de Emma Swan.

Sus padres, Mary Margaret y David, eran personas excéntricas y muy divertidas. Su madre era un amor y un pozo de amabilidad, llenaba mi plato de comida todo el rato y David era un señor extrovertido que le gustaba contar historias de su juventud cuando comenzó a trabajar como policía, y se sentía muy orgulloso de su familia. En el tiempo que hablamos, fue notorio que tenía cierta dificultad en entender el don de su hija con la pintura. David me pareció un hombre un poco rudo, que no daba importancia a las artes, aquel tipo de persona que piensa que es una gran pérdida de tiempo, pero Emma, siempre sonriente, no dejó transparentar que eso le molstaba.

Mary parecía más sensible y se sentía muy orgullosa de Emma. David habló más de su hijo mayor, August y cuando mencionó a Neal fue para quejarse de él, definiendo como "payasada" la forma en que él llevaba su vida. Habló poco de Emma, y como he dicho, parece no entender su elección de estudiar arte, en cambio la madre era una clara entusiasta del mundo artístico y le gustaba exaltar el talento de Emma, que sonreía avergonzada con los elogios exagerados que solo una madre es capaz de hacer.

Después del almuerzo, Emma me enseñó su cuarto. Me maravillé, porque el sitio era exactamente lo que me esperaba: una continuación de ella. Sus paredes estaban pintadas en tonos de azul y gris, su escritorio repleto de papeles esparcidos con sus dibujos, sus lápices y minas derramos por la mesa. Había un estante con libros, y con una rápida mirada, vi desde novelas policiacas hasta historias de terror, pasando de Shakespeare, Oscar Wilde, Jane Austen, Stephen King, Charles Bukowski, Kafka, y tantos otros autores fantásticos. Tenía en las paredes colgadas algunas fotos de grandes obras, y Emma tenía un gran panel en la pared izquierda con retratos de figuras históricas importantes, como Platón, Eistein, Gahndi. También había posters de bandas y cantantes de rock, The Beathles, Kiss, Elvis Presley. La cama de Emma era grande y espaciosa, a pesar de ser una cama individual, y cerca de ella había dos pufs rojos frente a una televisión equipada con una consola de última generación.

«Hasta los artistas necesitan una distracción» fue lo que me dijo al ver mi expresión de sorpresa cuando vi la consola

Emma me enseñó su colección de discos y CD'S, sus libros, su colección de DVD's, películas y series, y descubrí que teníamos aún más cosas en común. Nuestros gustos eran muy parecidos, nos gustaban las mismas películas, los mismos grupos, pero a la hora de analizar las cosas, teníamos visiones totalmente diferentes.

«Titanic es una buena película, buena producción y la historia acaba emocionándonos, pero aquel tipo de amor no existe» defendía yo mi tesis cuando aleatoriamente habíamos escogido ese film para analizar.

«¿Cómo puedes decir eso?» su incredulidad era tanta que parecía ofendida con mi opinión «¡Claro que existe, Regina! Aquella relación es la expresión más clara del amor»

«Boberías. Es lindo, sí, pero no es real. Los ejemplos de la vida real son completamente diferentes, Emma. Mira las parejas de nuestro alrededor…Incluso aquellas que se dicen profundamente enamoradas. Las relaciones no son duraderas, nadie tiene valor y paciencia suficientes para volcarse en una relación a largo plazo, y aquellos que lo hacen…bueno, mis padres están casados hace más de veinte años y no veo ese tipo de amor en ellos»

«No voy a decir que estás completamente equivocada» comenzó a argumentar con aquella mirada analítica «Ni voy a juzgar esa forma equivocada de pensar»

«¿Equivocada?» fruncí el ceño

«Tus padres pueden que no tengan ese tipo de amor, cierto. Y sí, hoy en día todo es una locura. La gente habla tanto de la falta de amor, hablan tanto que desean vivir un gran amor, igual al de Jack y Rose, pero nadie tiene el valor para eso. El hecho de que las personas sean cobardes y no se vuelquen en el amor no significa que no exista»

«Pero yo no he dicho que el amor no exista…solo que no es tan intenso, arrebatador e indestructible como el retratado en esas películas»

«¿Cómo lo puedes saber? ¿Ya has amado a alguien?» en ese momento su mirada puesta en mí fue tan profunda que me sentía intimidada y apenas podía pensar.

«No» dije por fin «Debe ser por eso que no creo» sonreí cínicamente y Emma rio, estábamos sentadas sobre su cama

«¿Qué hago contigo, eh?» preguntó contrariada y nos echamos a reír de nuevo

No respondí a su pregunta, pero dentro de mí algunas ideas sobre lo que Emma podía hacer conmigo me martilleaban, y estaba claro que esos pensamientos me avergonzaban hasta el punto de ruborizarme delante de ella. No sabía lo que estaba pasando, pero siempre que estaba delante de Emma Swan tenía pensamientos poco comunes.