Capítulo 3

Segundo encuentro


Se miraron fijamente a los ojos, durante un par de segundos más. Entonces, Syaoran dio un paso dentro del elevador, se dio la media vuelta, y preguntó:

-¿Subes o bajas?

-¿Qué? –la muchacha parecía no poder reaccionar. Era como si las palabras llegasen a su cerebro con demasiada lentitud, y una vez allí, perdieran el significado.

Syaoran, sin poder contener una sonrisa, la miró al tiempo que apuntaba al tablero de botones que tenía ahora delante de él.

-De planta. ¿Subes o bajas en el elevador?

Sakura, aún conmocionada, respondió en un susurro:

-Pues… Bajo.

Syaoran (con aquella sonrisa que ahora se le veía algo tonta) se apuró a presionar el botón de la planta baja.

-Qué casualidad –dijo sin darle mucha importancia, al tiempo que se guardaba las gafas en el bolsillo delantero de su saco-. Yo también.

Dejaron que el elevador cerrara las puertas, e iniciara su lento descenso hasta la planta baja. Sakura se tomó las manos, y se las retorció, nerviosa. No esperaba realmente volver a encontrarse con aquel niño. Después de todo, ni siquiera le había dado importancia a la fecha, simplemente se encontraba allí por trabajo. Miró al ahora joven, de reojo. Se preguntó si él había acudido expresamente a verla, y la duda de si no sería la primera vez, inundó su cerebro, provocándole un leve ataque de pánico.

Syaoran, por su parte, se sentía contento. No podría creer su suerte. Aquella era la primera vez que acudía a la cita, y no había tenido mucho problema en encontrar a la muchacha. Era cierto que había tenido que esperar unas cuantas horas, pero había valido la pena. Ahora que se encontraban bajando en el ascensor, se preguntó a dónde podrían ir, y qué harían.

-Entonces… -dijo el muchacho, armándose de valor. Sakura lo miró de reojo, casi conteniendo la respiración-. ¿Tienes algo planeado para hoy?

-¿Algo… planeado? –repitió ella confundida. Entonces su cerebro lo captó. Aquello era una especie de reunión "quince años después de dejar el colegio". "¿Qué ha sido de tu vida?" Se imaginó a sí misma comiendo en algún restaurante acompañada de aquel elegante y guapo muchacho, mientras conversaba sobre cómo su hermano mayor se había casado ya, y ella... Entonces recordó-. Ah, pues… Tengo una comida con mi novio…

La sonrisa de Syaoran se transformó en una mueca, la cual se apuró a corregir, fingiéndose interesado.

-Oh, parece ser que he llegado en un mal momento.

"Entre diez y catorce años tarde" pensó Sakura, volteando los ojos.

-Es solo que no esperaba que te presentaras –se sinceró ella-. Después de todo, estuve años esperando tu regreso.

El comentario casual había tenido aquel frío efecto el cual muchacho había sentido cómo le golpeaba todo el pecho. Aunado a la actitud despreocupada de la chica, aquello era más de lo que él podía soportar.

-Lo lamento mucho –dijo en un tono arrepentido, con lo que Sakura lo miró de reojo, sin estar segura de que quisiera escucharlo-. Pero muchas cosas han pasado durante este tiempo. Comprenderás que era algo difícil para un simple chico de diez, quince años, el poder simplemente salir del país para visitar a una de sus mejores amigas.

En ese momento, las puertas del elevador se abrieron, y la muchacha salió rápidamente. Había algo en aquel tipo que le hacía sentirse escasa de aire. O quizá fuera el simple ascensor. Caminó hacia la salida del edificio, con el muchacho colocándose sus gafas, y pisándole los talones.

-¿Mejores amigas? –repitió Sakura a la nada, sin poder creer que el joven tuviese el valor de utilizar aquellas palabras. Entonces, sin poderse contener, se detuvo en seco y se giró para ver a Syaoran-. ¿Conversamos durante una hora y eso me vuelve una de tus mejores amigas?

El muchacho de cabellos castaños se detuvo también, al tiempo que se encogía de hombros. La expresión de su rostro ahora denotaba que se encontraba apenado.

-No conté con demasiadas amistades durante mi infancia, y durante aquella hora que convivimos, fuiste muy amable y atenta conmigo. Eso nunca lo olvidaré, en especial ahora que la gente intenta serlo, por simple conveniencia.

Sakura lo miró, en silencio. Aquel detalle que comentaba él, casi lo había olvidado: Ella misma se había ofrecido a ser su amiga. Pero había una diferencia abismal entre una amistad de simples niños de diez años, a la amistad que pudiese surgir entre dos jóvenes de 25, en especial cuando hacía una eternidad que no se veían.

-Entonces… -arremetió Syaoran, interrumpiendo la marea de pensamientos que se amontonaban en la cabeza de la muchacha-. ¿Sigues rechazando mi invitación a almorzar?

-Ya te lo dije –respondió ella, sintiendo que perdía de nueva cuenta la paciencia, y comenzando de nuevo a caminar hacia la salida-. Ya tengo una cita con mi novio.

-Bueno, de haber sabido que tenías ya planes, hubiera yo traído a mi prometida, y así hubiésemos podido salir a comer los cuatro –respondió el muchacho, en un tono algo agudo.

Sakura lo miró de reojo. Una parte de su cerebro pensó que aquello era una simple mentira para compensar el hecho de que ella tenía ya ocupada el resto de la tarde y él no. O al menos, no de la manera que a él le gustaría.

-Parece ser que tú también tienes planes –contraatacó la muchacha, deteniéndose de nueva cuenta, justo frente a las puertas que la llevarían fuera de la Torre, y mirando a su acompañante de arriba abajo. Syaroran también se detuvo, y la miró hacerlo, confundido-. ¿El traje es por algún tipo de evento? ¿Eres chofer? ¿Algún funeral?

"Escasa de tacto" pensó Syaoran, pero no pudo evitar reír por dentro. Se alisó de nueva cuenta el saco, fingiendo darse importancia.

-A decir verdad… -dijo mientras reanudaba la marcha, y abría la puerta del edificio, indicando a Sakura que saliera primero. Ella así lo hizo, y él la siguió de cerca-. Tengo mi propio chofer.

La limusina del señor Li se encontraba ya esperándolo frente a la Torre de Tokio. Su chofer se encontraba de pie, junto a la puerta trasera, esperando que el muchacho se decidiera a entrar, para abrirle la puerta. Sakura miró la limusina, y un poco cohibida, sintió cómo se le encogía el estómago.

-¿Necesitas que te lleve a tu cita? –arremetió Syaoran. La muchacha lo miró mientras fruncía un poco el entrecejo. Por un momento pensó que se trataba de un tipo muy presumido. Entonces sus pensamientos aterrizaron en su pequeño auto blanco.

-Muchas gracias por el ofrecimiento –se apuró a responder, tomando su maletín con mayor firmeza-, pero ya tengo mi propio medio de transporte.

-Una lástima… -Syaoran intentó sonar decepcionado, provocando que Sakura alzara una ceja, incrédula-. De cualquier manera, si ambos tenemos planes hoy…

-No me has dicho cuáles son los tuyos.

Se miraron a los ojos, y sin parpadear, se sostuvieron la mirada durante un par de segundos, hasta que Syaoran emitió una risa por lo bajo, y miró de nueva cuenta a su chofer. La limusina se encontraba obstruyendo el tráfico, pero a quien le importaba.

-Tengo una reunión de negocios –fue su respuesta-. Pero me gustaría invitarte a cenar. O a comer mañana. Lo que te parezca más conveniente.

"Persistente" pensó Sakura, y se cruzó de brazos.

-No acostumbro tener citas con extraños.

-Pensé que ese pequeño detalle ya había quedado claro: No somos extraños –respondió Syaoran interrumpiendo a la muchacha. Y sin poderse contener, la sujetó de las manos-. Somos amigos.

Sakura contuvo la respiración. Aquel cálido contacto era el mismo de hacía quince años. Sintió una ligera sacudida en su estómago, pero se contuvo de retirar sus manos de las del joven.

-Nos conocemos desde hace ya bastantes años, aunque no hayamos tenido la oportunidad de volvernos a ver –continuó Syaoran, finalmente soltando a Sakura, guardándose las manos en los bolsillos de su pantalón, encogiéndose de hombros y adoptando una postura relajada-. Fuiste muy amable conmigo, y eso no lo voy a olvidar nunca. Además, no es una cita. Tú tienes novio, yo estoy comprometido. Será solo como amigos. Para ver qué ha sido de nosotros durante todo este tiempo…

Volvieron a mirarse fijamente. Esta vez fue Sakura quien rompió el contacto visual, emitiendo un largo suspiro.

-De acuerdo –dijo finalmente-. ¿Dónde y cuándo?

-Soy un hombre un poco ocupado –respondió Syaoran, mientras se rebuscaba en el bolsillo interior del saco-. Pero te aseguro que estaré disponible no importa a la hora en que me marques.

Le extendió a Sakura una pequeña tarjeta de presentación, color gris oscuro, la cual la muchacha tomó de manera nerviosa. No se detuvo a leerla, y se la guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Syaoran no pudo evitar sentirse un poco decepcionado.

-¿Llamarás?

-Llamaré.

-En ese caso… -Syaoran realizó una corta reverencia, y se apuró a recorrer la corta distancia que lo separaba de su limusina. Su chofer abrió la puerta con presteza-. Estaremos en contacto.

Sakura se limitó a asentir, y ver cómo aquel alto y delgado joven subía al auto negro, el chofer cerraba la puerta, y se apuraba a colocarse detrás del volante. Unos cuantos segundos después, el automóvil ya había arrancado, y se perdía velozmente en la distancia.

Se toqueteó el cordón de la cámara que aún llevaba colgada al cuello, sin darse cuenta. Después de quince años… aquello no podía estar pasando. Se sacudió a sí misma, intentando serenarse, y emprendió la caminata hacía su auto, tratando de despejar su mente.

Llegó al vehículo y abrió la puerta del copiloto. Dejó el maletín en el asiento, e introdujo su cámara en su caja protectora. Cerró la puerta del auto, y se apuró a dar la vuelta al mismo, para abrir la otra puerta, y sentarse en el asiento del conductor. Se sacó el celular del bolsillo, y aun sintiendo que le faltaba el aire, revisó la hora. Faltaba poco para la una de la tarde. Si se daba prisa, tendría el tiempo suficiente para entregar en su oficina las fotografías que había tomado aquella mañana, antes de reunirse con Yukito, para comer.


-¿A dónde quiere que lo lleve ahora, señor? –preguntó el chofer del señor Li, mientras manejaba por una de las avenidas principales de la ciudad, alejándose de la Torre de Tokio.

El muchacho frotaba sus dedos, casi sin darse cuenta, sintiendo el contacto con sus palmas, y aquella sensación, acompañada por la electricidad estática, que le hacía sentirse lleno de energía. Las manos de la muchacha eran pequeñas y suaves. Se felicitó mentalmente por haber tenido el valor de sujetarla de nueva cuenta de las manos, y sin poder contener su sonrisa, volvió a mirar por la ventana del vehículo, apreciando las grandes y limpias calles, así como los edificios y las casas.

-Al Edificio Central de Tsukimine Corp. –fue si simple respuesta, y de nueva cuenta, su chofer asintió en silencio, y tomó su salida correspondiente.


El edificio al que habían llegado se trataba de un cuadrado edificio de paredes metálicas, cubierto en un 80% por vidrios templados. Tenía una altura de 25 pisos, y más o menos a la mitad de estos, se leía en letras rojas, de un metro de altura "Tsukimine Corp."

Syaoran lo miró, al tiempo que fruncía el entrecejo. Su chofer había ya dado la vuelta al vehículo, y se encontraba ahora abriéndole la puerta, para que pudiera bajar. El muchacho suspiró de manera cansina, y se apeó del auto.

-No tengo ni la menor idea de cuánto tiempo tome esto… Sea lo que sea –dijo a su chofer, pero aun mirando al edificio-. Yo te llamaré cuando puedas venir.

-Entendido, Señor Li –respondió el chofer, con lo que cerró la puerta del auto, subió detrás del vehículo, y se perdió de nueva cuenta en la distancia.

Syaoran, por su parte, se alisó el saco y emprendió la caminata por la explanada que lo separaba de la entrada principal del edificio, mientras se quitaba las gafas oscuras, y se las guardaba en el bolsillo interior del mismo. Abrió las puertas dobles que eran la entrada principal de aquel lugar y lo recibió un amplio vestíbulo de paredes color perla, pisos de granito claro, y muebles blancos. Se acercó al mostrador que se encontraba al otro lado, con un letrero de Tsukimine Corp. en la pared detrás de él, y habló a la secretaria que se encontraba en turno.

-Soy el señor Li Syaoran. Tengo una reunión con la señora Mizuki.

La secretaria lo miró nerviosamente. Registró de manera torpe unos datos en su computadora (también blanca) y le dijo en un tono algo apenado:

-La señora Mizuki lo espera en el piso veinticuatro. Si fuera tan amable de portar esta identificación de visi…

Pero Syaoran se había alejado ya del mostrador, y caminaba en dirección a los ascensores. Entró al primero que encontró disponible, y pulsó el botón correspondiente. Las puertas se cerraron al instante, y la caja de metal inició el ascenso.

La subida duró apenas un par de minutos. Cuando las puertas volvieron a abrirse, lo recibió un hall más pequeño. Sin embargo, esta habitación estaba adornada en un tono completamente diferente. Las paredes eran de un azul turquesa, el suelo era un mármol azul marino, y los muebles eran azul celeste. Se quedó dentro del elevador, un poco desconcertado. Sin embargo, se repuso prontamente, y salió de allí, dirigiéndose al único escritorio que se encontraba en el lugar.

-Tengo una reunión con la señora Mizuki –repitió secamente.

La secretaria lo miró de manera severa. Frunció los labios al ver que no llevaba ninguna placa de identificación. Sin embargo, dirigió su vista a su computadora, anotó unos datos, y respondió:

-¿Señor Li? -el muchacho asintió rápidamente. La secretaria volvió a fruncir el entrecejo-. Lo esperábamos hacía unas cuantas horas. La señora Mizuki se encuentra en la sala de conferencias. Si gusta seguirme…

La mujer salió detrás de su escritorio, y se dirigió a una puerta doble que se encontraba a su derecha. Syaoran la siguió de cerca. Caminaron por un pasillo también azul, y se detuvieron frente a otra puerta doble.

-Adelante –dijo la secretaria. Syaoran se apuró a abrir la puerta, y cerrar detrás de él.

Se encontraba ahora dentro de una sala de juntas, adornada simplemente por una larga mesa ovalada rodeada de veinte sillas, aproximadamente. Ésta habitación también se encontraba adornada completamente de azul. Syaoran sintió que se mareaba un poco. El lugar se encontraba completamente vacío, excepto por la silla de la cabecera contraria de donde estaba de pie, pues en ella se encontraba sentada una alta, delgada y seductora mujer, de cabello largo pelirrojo, piel rosada, enfundada en un sexy vestido rojo oscuro, que apenas y le tapaba el busto y cubría el trasero.

-Señora Mizuki… -saludó el muchacho, tratando de ignorar el atrevimiento de aquella mujer, ya mayor, aunque su rostro y su cuerpo no lo demostrasen. Ella simplemente sonrió-. Lamento la tardanza –se disculpó al tiempo que se sentaba en la otra cabecera de la mesa, desabotonándose el saco para tener un poco más de libertad de movimiento-. Tuve un asunto urgente qué atender.

-¿Asunto urgente? –preguntó ella, alzando una ceja, curiosa-. Tienes quince años sin visitar Japón y apenas llegas tiene asuntos urgentes… ¿Algo de lo que debamos informar en casa?

Syaoran frunció los labios.

-No es nada por lo que deba preocuparse –fue su simple respuesta. La señora Mizuki rio por lo bajo. El muchacho colocó sus manos sobre la mesa de cristal, y entrelazó los dedos-. Mi madre me ha comentado que tenía usted urgencia por reunirse con ella. Pero, como puede ver, ella no ha podido asistir…

-¿Se encuentra enferma? –Syaoran hizo un esfuerzo sobrenatural para no voltear los ojos.

-No, simplemente desea que me vuelva un poco más activo dentro de la empresa. Después de todo…

-La heredarás ahora que tu padre ha muerto –la señora Mizuki esbozó una breve sonrisa-. Mi más sentido pésame –agregó lentamente.

-Entonces, ¿cuál era aquella urgencia? –Syaoran se apuró a desviar el tema. No tenía por qué hablar de temas personales con aquella mujer.

La señora Mizuki tamborileó los dedos en la mesa de vidrio, y la miró como si fuera el objeto más interesante del universo, antes de recostarse en la silla, y cruzarse de piernas. Miró a Syaoran fijamente.

-Creo que ya es tiempo de que mi intervención en Dinasty Li Enterprises termine. Estoy segura de que Tsukimine Corp. no necesita más de esta afiliación.

-¿Entonces el setenta por ciento de las ganancias no es suficiente? –arremetió Syaoran, no importándole sonar grosero. La señora Mizuki se limitó a reír por lo bajo.

-En ausencia de tu madre, y como heredero de la compañía, simplemente tienes que firmar el contrato donde me cedas total posesión de Tsukimine Corp.

-No creo que con eso baste –interrumpió el alto muchacho. La sexy pelirroja no pudo evitar alzar una ceja, esta vez sorprendida-. Si se deslinda de nosotros, se separa por completo.

-Ah, ya veo a donde va esto… -susurró la pelirroja.

-El contrato debe incluir algunas cláusulas donde se le impida hablar de cualquier asunto relacionado con la familia Li.

-¿Estás hablando de lo que yo creo que estás hablando? –sonrió ella, de manera maliciosa. Syaoran frunció el entrecejo, y se puso de pie.

-Específicamente, de ese asunto, señora Mizuki. Creo que comprenderá mis motivos. No moleste a mi abuelo ahora que lleva bastantes años bajo tierra.

-Junto a tu padre –espetó la pelirroja. Syaoran hizo lo mejor que pudo para ignorarla. Se puso de pie, volvió a cerrarse el saco, y se dirigió con paso rápido a la puerta de la habitación. La abrió lentamente.

-Incluya dichas cláusulas en el contrato. Entonces lo firmaré.

Y sin esperar a que su anfitriona dijese nada más, el muchacho salió de la habitación, azotando la puerta tras de sí.


-Te ves distraída.

-¿Qué?

-Dije que te ves distraída.

Sakura parpadeó un par de veces, confundida. Miró a su novio, aquel alto y delgado hombre de cabello gris oscuro, que se encontraba sentado delante de ella, al otro lado de la mesa.

Se encontraban en un pequeño restaurante de mariscos, en el lado sur de la bahía, cuyas aguas brillaban por los fuertes rayos de sol que caían aquella tarde. La muchacha de ojos verdes estaba por responder al comentario de Yukito, cuando un mesero llegó a la mesa, trayendo consigo los platillos que la pareja había pedido.

-Camarones al mojo de ajo para la dama… -dijo el muchacho, mientras colocaba el plato delante de Sakura, y después el de Yukito-, y pescado empanizado para el caballero. Provecho.

El joven muchacho les dirigió una breve sonrisa, y se alejó de la mesa, en dirección a la cocina. Sakura miró su plato durante un par de segundos, e ignorando a su novio, tomó su tenedor y cuchillo y se dispuso a comer. El hombre de ojos grises la imitó, no muy convencido.

-¿Segura que te encuentras bien? –arremetió él sin poderse contener-. ¿Ha pasado algo en el trabajo? –Sakura, que se había llevado ya un camarón a la boca, se apuró a negar-. ¿Entonces?

Yukito tomó su copa de agua, y tomándose su tiempo para beber de ella, le dio la oportunidad a su novia de contestar.

-Es sólo que me encontré con una persona –dijo la chica finalmente. El hombre la miró, con una expresión de confusión en el rostro-. Es un viejo amigo. Nos encontramos hoy por casualidad.

-¿Lo conozco?

-No.

-Vaya, entonces debe ser realmente viejo, porque mira que te conozco desde que naciste…

-Algo así –respondió la muchacha, intentando no entrar en detalles-. Realmente no esperaba volver a verlo. Me ha invitado a comer mañana. Ya sabes, para ponernos al corriente…

-Si llevan años sin verse es natural que quieran saber qué ha sido del otro –sonrió su novio, un poco más tranquilo.

-¿No te incomoda? –Yukito la miró, confundido.

-¿Debería de preocuparme? ¿O me estás pidiendo permiso? –Sakura se encogió de hombros. Yukito tomó un poco de su té de limón, y agregó-. Si son solo amigos, por mí está bien.

Y con esto, el tema quedó cerrado.


Había salido con rapidez de la sala de juntas de Tsukimine Corp., y mientras estaba en el ascensor, realizó una corta llamada a su chofer, indicándole que podía pasar a recogerlo. Cuando las puertas del elevador se abrieron para dejarlo salir, atravesó el hall, e ignorando de nueva cuenta a las secretarias que se encontraban sentadas detrás del escritorio de la recepción, salió del Edificio Central.

-Señor Li–saludó el chofer, al tiempo que abría la puerta del auto, con lo que el muchacho entró en él, velozmente. El hombre cerró la puerta, y se apuró a colocarse detrás del vehículo-. ¿A dónde, señor?

-Al hotel Four Seasons. Estoy un poco cansado.

El auto se puso en marcha al instante. La limusina dio una vuelta en U, y se apuró a dirigirse rumbo a la bahía, sin embargo, antes de llegar a la costa, el chofer dio una vuelta a la izquierda, serpenteó entre unas cuantas calles, y finalmente salió a una avenida principal, donde pasados unos minutos, se detuvo frente al hotel cinco estrellas. Bajó del auto y ayudó a su jefe a hacer lo mismo.

-Puedes tomarte el resto del día libre –anunció el muchacho-. No creo necesitar más de tus servicios por hoy.

El chofer dirigió una corta y rápida reverencia, y volvió a alejarse en el auto, mientras el señor Li entraba al edificio, donde se dirigió con paso tranquilo a la recepción del hotel (una habitación decorada en tonos chocolate que ofrecían un ambiente relajado) y se detuvo frente a una de las muchachas, vestida con una blusa blanca, y falda y saco color azul marino.

-Buenas tardes, bienvenido al Four Seasons –dijo ella en un tono amable y respetuoso, al tiempo que ofrecía una sonrisa y una corta reverencia. Syaoran contestó con un simple asentimiento de cabeza.

-Tengo reservada una suite. A nombre de Li Syaoran.

La muchacha corroboró los datos en su computadora, y después de volver a sonreírle, sacó de debajo del mostrador, la tarjeta electromagnética correspondiente. Se apuró a activarla con un pequeño aparato que tenía en su estación de trabajo, y la extendió para que el muchacho la tomase.

-Nos da mucho gusto tenerlo en nuestro hotel, señor Li. Esperamos que su estancia sea satisfactoria, y no dude en pedirnos cualquier cosa que necesite. Esta tarjeta la servirá para acceder a su habitación, diversas áreas del hotel, y como método de pago para adquirir diversos servicios, con cargo a su cuenta. Su habitación es la suite número 5, ubicada en el piso seis. Los elevadores están a su lado derecho.

Syaoran tomó la tarjeta, volvió a asentir, esta vez en señal de entendimiento, y emprendió el camino a la zona de elevadores. Apenas un par de minutos después, se encontraba ya en el piso seis, el cual tenía apenas dos puertas, marcadas con una placa dorada que indicaban a las suites cinco y seis. Se dirigió a la puerta indicada con el número cinco, ubicada del lado derecho del pasillo, introdujo la tarjeta en el lector, y entró a la suite.

Lo recibió una espaciosa habitación en concepto abierto. Los pisos eran de madera oscura, mientras que las paredes eran color chocolate. La pared de fondo era completamente de cristal, ofreciendo una bonita vista al centro de la ciudad, llena de rascacielos, y había una puerta doble en cada una de las dos paredes laterales.

La habitación en la que se encontraba, estaba dividida en tres grandes zonas: del lado izquierdo había una acogedora sala compuesta por muebles color perla, orientados hacia un televisor de pantalla plana color plata, empotrado en la pared. Había también una enorme mesa de marfil, y varias lámparas de piso en color blanco, todo colocado sobre una gruesa alfombra color arena. Al fondo de la habitación, ocupando todo el espacio de la pared de cristal, en una plataforma y colocado sobre otra alfombra un poco más oscura, había un elegante comedor para cuatro personas. Las sillas eran oscuras, mientras que la mesa era completamente de cristal, adornada con un enorme arreglo floral, en su centro. Detrás de la mesa, al lado izquierdo, había un pequeño mini bar. Finalmente, al lado derecho de la puerta de acceso, se encontraba la amplia cocina de granito oscuro, completamente equipada.

Syaoran se quitó el saco, y lo dejó caer en el sillón más cercano. Para tener algo que escuchar, encendió la televisión, que se encontraba en el canal de las noticias. Con paso lento, se aflojó la corbata, al tiempo que con la otra mano, rebuscaba en el bolsillo de su pantalón, su teléfono celular.

Desbloqueó la pantalla, accedió al registro de llamadas, y marcó su número frecuente número dos. Se llevó el teléfono al oído, y mientras esperaba a que se conectara la llamada, aun jugueteando con la corbata, bordeó la mesa del comedor, y se acercó a la pared de cristal, para mirar el paisaje de la ciudad.

-Li Mei-Lin –dijo una voz femenina al otro lado de la línea, casi al instante.

-¿Qué tal van las cosas en casa, Mei? –preguntó Syaoran, con un tono relajado. La mujer no pudo evitar reír.

-Te fuiste hace menos de doce horas, aún no he tenido tiempo de dejarnos en bancarrota, pero lo estoy intentando –esta vez fue el turno del muchacho de reír-. Oh, ya sabes, lo usual –continuó la mujer-. Todo sigue siendo tan monótono que me sigo preguntando por qué no fui contigo a Japón.

-¿Monótono? Estoy seguro de que en casa ya ha de estar todo de cabeza.

-Nos aprovechamos de cada segundo que su majestad está ausente –no necesitaba verla para saber que se estaba riendo de él. Se contuvo de voltear los ojos.

-Estaré de vuelta en una semana. Para que organices con tiempo la limpieza de todas esas fiestas que seguro ya has planeado. Además, estás todo el tiempo conmigo, que creo que necesitabas ya un descanso de mí.

-¿Un descanso? –bufó Mei-Lin-. Ten cuidado con lo que deseas, que se te puede cumplir. Oh, espera… Debo colgarte. Tengo que acudir a una reunión. ¿Te marco cuando termine?

-Descuida –respondió el joven-. Que te diviertas en tu junta.

-Diviértete tú en Japón. Y por cierto… Te amo –Syaoran sonrió en silencio.

-Yo también –respondió antes de colgar.

El joven dejó su celular en la mesa de la sala, y después de finalmente quitarse la corbata y aventarla al sillón, junto al saco, con paso ligero se dirigió a la puerta doble que se encontraba junto a la cocina. La habitación que se reveló ante sus ojos al abrir la puerta, era una recámara espaciosa, adornada en tonos cafés. También tenía una pared completamente de cristal, mientras que las otras tres paredes eran de un tono color barro seco. Una de ellas, la que se encontraba del otro lado de la habitación, era completamente corrediza, y llevaba a un walk-in closet. El suelo era laminado de caoba, cubierto también por una alfombra color chocolate, mientras que la cama, así como las mesillas de noche que se encontraban a ambos lados de ésta, eran color capuchino. La habitación también contaba con varias lámparas de mesa, en color plata.

Al lado derecho, de donde Syaoran se encontraba de pie, había otra puerta doble, la cual el muchacho se apuró a abrir. Se encontraba ahora en un elegante baño azulado, de muebles plateados. Las paredes eran del color del cielo, mientras que el piso era un poco más oscuro.

Tomándose su tiempo, el muchacho se acercó a la bañera de cristal, y abrió los grifos. Vació una botellita de gel de baño dentro de ésta, y dejó que el dulce aroma de violetas inundara todo el espacio, mientras él se desvestía tranquilamente.

Una vez que la tina estuvo lo suficientemente llena, cerró los grifos, y se introdujo en ella. El agua estaba a la temperatura perfecta, no tan caliente, no tan fría, y gracias al gel de baño, era imposible no sentirse relajado en aquel lugar. Ignorando por un momento su personalidad activa (característica que compartía con su prometida Mei-Lin), Syaoran cerró los ojos, y se dejó arrastrar a aquel plano de paz y tranquilidad.


Mientras Yukito era llamado de emergencia en el hospital, Sakura se había dirigido de vuelta a su departamento, esperando poder darse un baño relajante, para después revisar su agenda para el día siguiente. Dejó su pequeño auto blanco estacionado en el sótano, y subió por el ascensor hasta la última planta del edificio.

Dejó su bolso en la mesita del recibidor, y después de guardar la chamarra en el armario de abrigos, caminó por el corto pasillo que llevaba a la sala, de forma circular, con la mitad de las paredes de vidrio templado. Al otro lado de la sala, se creaba otro corto pasillo, que llevaba a la cocina y al comedor, sin embargo, Sakura giró a la izquierda, donde se encontraba la escalera semi-circular que la llevaría al segundo piso de su elegante departamento.

La escalera llegaba a una pequeña estancia que tenía dos puertas, ubicadas a ambos lados, en extremos opuestos. Una llevaba al elegante estudio donde ella o su novio solían trabajar de vez en cuando, y la otra (ubicada a su derecha), a la enorme habitación que Sakura y Yukito compartían.

Entró a la habitación, y pulsó un botón en el teléfono inalámbrico que se encontraba posado en su mesilla de noche. Al instante, una voz femenina se escuchó en el altavoz.

-Usted tiene un nuevo mensaje de voz –dijo la voz automatizada, mientras Sakura se quitaba los zapatos y los dejaba rodar hasta detenerse junto a la cama-. Mensaje recibido a las tres de la tarde con catorce minutos-. En ese momento, se escuchó un breve "bip" y la voz automatizada cambió a una masculina.

-Sakura, habla Eriol. Muchas gracias por las fotografías de hoy. Acabamos de enviarlas a la revista, así que estamos esperando que confirmen que ahora sí son de su gusto, por lo que ahora solo tenemos que esperar. Aunque confío en que esta vez has hecho un trabajo igual de impecable. No olvides la sesión fotográfica del hotel, programada para el jueves. Si pasas mañana a la oficina, puedo darte todos los detalles.

Se escuchó un nuevo "bip" y de nueva cuenta, la voz femenina automatizada.

-No hay más mensajes.

Sakura se quitó la blusa verde, y antes de quitarse los pantalones, se revisó los bolsillos, para asegurarse de que no se le quedaba nada, antes de echarlos en el cesto de la ropa sucia. Se sacó un par de monedas, varios recibos arrugados, el celular y una bonita y elegante tarjeta de presentación.

La tarjeta de aquel muchacho. "Li Syaoran, Vicepresidente de Dinasty Li Enterprises". Casi se había olvidado de ella.

La miró fijamente, sin decir nada. Había prometido que llamaría, y de cierto modo tenía el permiso de su novio, además de que prácticamente el día siguiente lo tenía libre. Se apuró a negar con la cabeza.

-Somos amigos. ¿Qué hay de malo en salir a comer? –se dijo a sí misma, al tiempo que tomaba su celular, y marcaba el número. Una parte de sí pedía que no contestara, pero para su mala suerte, la llamada se conectó al instante, y la recibió una voz masculina, de tono autoritario:

-Li Syaoran.

-Hola –dijo nerviosa-. Habla Sakura Kinomoto.

-Señorita Kinomoto –la voz cambió al instante, volviéndose ahora más relajada y en cierto modo, juvenil-. ¿Ha pasado buena tarde?

-Ha sido perfecta, gracias por preocuparse –respondió ella, volviéndose recelosa de aquel tono tan amistoso-. Espero y sus asuntos también hayan ido de maravilla.

Al instante sintió que había tocado un punto peligroso. Se había creado un tenso silencio (tan corto que apenas y había sido perceptible), pero cuando el joven de cabello castaño había vuelto a hablar, lo había hecho con un tono algo frío.

-Dígame, ¿qué puedo hacer por usted? –Sakura se preguntó si sería bueno continuar, y se sorprendió a sí misma al escucharse decir:

-Hablo para confirmar la comida de mañana.

-Ah, ya veo. La "no-cita". ¿Le parece si la veo en el Edificio Central de Tsukimine Corp., a la una de la tarde? Le enviaré la dirección a su teléfono.

Y antes de que Sakura pudiera aceptar o negarse, la llamada se cortó.


Hola a todas. Primeramente les pido una disculpa por hacer la up apenas hoy. El domingo en la noche me iba a sentar a dar la última editada, cuando me di cuenta que la versión "final" estaba guardada en mi pc de la oficina e.e. Obviamente me tuve que esperar a hoy para poder llegar al trabajo y recuperar esa versión (si, de vez en cuando edito los fics cuando estoy en el trabajo. No, no soy funcionaria de gobierno e.e).

Así que de nueva cuenta, una disculpa por hacer la up tan tarde. ¿La espera valió la pena? Confío y sí, en especial cuando el capi me ha quedado un poco largo. Tenía pensado dejarlos con la duda de sí Syaoran estaba comprometido o no, pero me pareció que sería más interesante que vieran que efectivamente, él planea casarse XD!

Sobre Kaho Mizuki... Bueno, el negocio que tiene con Syaoran es importante (después de todo, por ella es que él está en Japón), aunque aún no sé si hacer relevante para la trama eso que pasó con el "abuelo". Ya lo definiré después ^^

¿Les va cayendo bien Yukito? Me es imposible hacerlo malo, es un amor de persona :v ¿Y eso de que Touya ya está casado? Oh lindos detalles. Espero y los hayan captado todos. Como dato final, el depa de Sakura y Yukito está basado en la casa de Blair Waldorf, en Gossip Girl XD! No sé, me pareció un concepto muy nice ;) La habitación de hotel de Syaoran está basada en el depa de Touya y Yukito de mi fic anterior XD! (digo, por si las tenía con el pendiente).

Como este comment ya está quedando kilométrico, aquí me despido. Les mando abrazos y besos, espero sus lindos reviews, y nos seguimos leyendo (ahora sí) el próximo domingo. Sigan bellos!