Golpeó repetidamente sus uñas contra la mesa, mirando atentamente al hombre sentado frente suyo. Galante y seguro de sí mismo, aún con ojeras bajo sus ojos, y la ropa mojada por la lluvia típica de la temporada.

¿Como se dejó convencer? Su mente gritaba curiosidad, pero muy en el fondo, pensaba que quizá era más que eso.

El sillón, (que había sido especialmente elegido por él) era bastante suave, así que quizá no le había importado tomarse unos momentos sentado con el peliplata.

— ¿Y bien? ¿Mi compañía es suficiente o también quieres escucharme hablar? — Mencionó el pelinegro, mientras dejaba la madera en paz, era lo primero que se le había ocurrido, y seguramente no lo que había querido decir.

— Oh no, yo... — Viktor comenzó a reír ligeramente, y Yuuri no comprendía que era lo que le causaba gracia — No esperaba que aceptaras, quiero decir, seguramente tienes algo que hacer.

— Mari puede hacerlo por mí — Dijo el menor mientras dirigía la mirada hacia su hermana, quien seguía leyendo la revista.

— Bien, entonces, no es como si fuésemos dos amigas que se encuentran para charlar — Comenzó a decir el ruso — Pero podríamos serlo.

— Podríamos.

— Entonces, Yuuri — Viktor hablo, sacando el nombre del otro de su boca, como si tuviese miedo de lastimar cada sílaba pronunciada. — Comencemos con lo básico, ¿qué edad tienes?

— 35 y medio.

— Bien, y ahora... ¿Espera que? — Los ojos del mayor, por un momento, amenazaron con salirse de su órbita y solo atinó a soltar un suspiro, a su gusto, bastante ruidoso. — Vaya, los japoneses sí que conocen los secretos de la juventud eterna. Quiero decir, eres japonés, ¿cierto?

Yuuri rió. Viktor era un crédulo, y él, un imbécil.

— No y si. — Respondió un momento después. — No tengo 35 años, pero si soy japonés. De Kyushu, exactamente. ¿Qué hay de ti?

Viktor pareció hacer una mueca parecida a un puchero, y Yuuri conocería después, que era algo que el ruso hacia cuando se molestaba.

— A cambio de ti, pequeño bandido, no me gusta engañar a las personas a la primera y sacarles infartos. — Yuuri carcajeó un poco y Viktor dudo en seguir, pero lo hizo. — En cuánto a mi, tengo 27 años, y nací aquí, en San Petersburgo.

Yuuri asintió, tomando un poco de té helado que se sirvió, después de haber tomado la decisión de sentarse con Viktor.

— Muy bien. Veintitrés.

— ¿Disculpa?

— Veintitrés. Esa es mi edad real.

— Sigues viéndote más joven. ¿Cómo se si creerte? — Preguntó el ruso, con duda clara en sus palabras.

— ¿Te muestro mi identificación?

— ¿Qué me dice que no es falsa? Ya me mentiste una vez, muchachito.

Yuuri lo miro desafiante.

Y ahí estaba también. Otro rasgo que conocería y aceptaría después, la actitud infantil de Viktor.

Y como jamás se había sentido tan bien conocer a alguien.

OoOoOoOoOo

Chris se lo había advertido.

Debía aprovechar su tiempo libre en algo más que acariciar a Makkachin, dormir, comer, o ver esa tonta serie que no podía, lo juraba, dejar de ver, por qué era tan estúpida y atrayente al mismo tiempo.

Pero ahí estaba, con un gran bote de helado sabor a pastel de queso con zarzamora (su favorito), y el trasero pegado al sofá color chocolate de su sala. La pantalla de 70 pulgadas mostraba a un gordito maldiciendo todo a su paso, y por un momento, pensó en Yuuri.

No era maldiciente, ni quizá un completo grosero con su madre, pero era gordito (aunque no tanto) y además, le pasaba exactamente lo mismo con el japonés que con el personaje animado de aquella serie. No podía explicarse que era lo que tanto le atraía de él.

Ah, Yuuri.

Bastaron apenas 25 minutos para convencer al joven de darle su número telefónico. Pero lo logró.

Habían pasado 3 semanas desde aquella conversación nocturna en su cafetería. Y ahora no podía evitar que aquel joven ocupará gran parte de sus pensamientos durante el día.

Y era casi imposible evitarlo. Se veían los miércoles en el gimnasio (por qué era el día en que coincidían), y Viktor, por lo menos, visitaba la cafetería 3 días por semana si tenía tiempo. Además, los mensajes entre ellos, eran bastante frecuentes.

No podía decir que Yuuri era el ser más elocuente del mundo, pero solo parecía contestar sus mensajes con demasía simpleza, y a veces, tardaba más de un día en contestarlos. Lo comprendía, a veces él tampoco tenía tiempo por el trabajo, pero no podía evitar sentirse un poco, solo un poco, ¿triste?

No sabría describir esa sensación con exactitud, pero aquello era lo que más se acercaba. O eso al menos, creía él.

Un sonido parecido a un arpa llego hasta sus oídos, y lo reconoció instantáneamente. Un mensaje.

Se paró con algo de desgano de su cómodo sofá, y camino hasta la isla de la cocina donde usualmente dejaba su celular, para desbloquearlo.

De: Secretario Pervertido.

-Viktor, los chicos y yo planeamos salir. Sabemos perfectamente que estás en tu apartamento. No es que tengas algo más interesante que hacer ¿o sí? A las 10:00 en el bar de siempre.

Frunció el ceño inmediatamente. ¿Quién se creía ese hombre?

Procedió a ignorar el mensaje, suficiente tenía con aguantar sus locuras todos los días, todo el día, como para también tener que cuidar de ese hombre borracho por las noches.

Miró su lista de mensajes.

Posiblemente se veía como el hombre que tiene la bandeja llena de mujeres, y hasta hombres, buscándolo incesantemente. Deja su ego volar por un momento y luego piensa que oh, si los tiene.

Su madre, su padre, y su secretario.

Por el momento, no es el caso de Yuuri. Y el sentimiento parecido a la tristeza lo ataca de nuevo.

Su último mensaje había sido cerca de las 12:00 de la tarde, cuando el japonés se había tomado un momento para beber algo. Incluía una imagen de un frappé de fresa y más atrás, algo como un hombre moreno sonriendo, haciendo el signo de "paz"

Viktor le había contestado, entusiasmado un "Deberías darme un poco" y un guiño que pretendía darle un doble sentido. Sin embargo, la doble palomita azul indicaba que quizá, no fue una buena respuesta.

No perdió la fe. El japonés solía dejarlo en visto y contestarle en cuanto podía, pero ya eran las 8 de la noche y la respuesta no llegaba.

Como si le hubiese invocado, Yuuri (quien tenía deshabilitado el "última vez a tal hora") apareció en línea, y posteriormente, el "escribiendo" saltó hacia sus ojos. Medio milisegundo tardó el ruso en salir de su chat. Desde luego, no quería que el menor viese que estaba mirando su conversación. Vaya vergüenza.

De: Chico Mentiroso

-Viktor, he tenido un día muy atareado. No te imaginas, pero ¡mucha gente visitó la cafetería hoy! Phichit me invitó a un bar más tarde, así que le pediré a Mari que me cubra por hoy.

-¿Tú que estás haciendo?

Ni bien había llegado el segundo mensaje, sus dedos parecieron moverse a la velocidad de la luz, escribiendo una respuesta.

-Nada en especial, estaba viendo una serie y cenando o algo así, helado en realidad.

-Lo del bar suena interesante, si necesitas recomendaciones de alguno en especial, podría dártelas.

Estaba a un solo momento de aceptar la invitación de Chris. Si el universo así lo deseaba, solo un poco más.

De: Chico Mentiroso

- Suena mucho mejor que ser arrastrado a un bar. En fin, gracias, pero no es necesario.

-Phichit solo ha estado ha estado hablando de un bar llamado "Griboyédov" o algo así. La verdad, solo iré para complacerlo, jajá.

Bingo.

-Está bien, que te diviertas, Yuuri. ¡Asegúrate de usar una identificación que parezca creíble!

Segundos más tarde, respondía a otra conversación con el mismo entusiasmo.

Para: Secretario Pervertido.

-¿A las 10:00 donde siempre, verdad?

OoOoOoOoOo

La música underground del bar no retumbaba demasiado fuerte, quizá por eso, era el único club que podía visitar sin sentirse harto.

Eso sí, había demasiada gente para su gusto, y su búsqueda se haría más complicada de lo que pensaba que sería.

— Viktor, tenemos una mesa reservada, ¿vamos? Los chicos deben estar ahí ya. — Le mencionó el rubio, abriéndose paso entre la gente.

— Claro, te alcanzo en momento, tengo que ir por algo. — Le respondió, tratando de no sentirse intimidado por la mirada pícara que le lanzó el suizo después de contestarle.

Se alejó hacia la barra para tener una vista más periférica del lugar, y prefirió por el momento, no tomar nada. No quería emborracharse en vano, quería estar en sus 5 sentidos por si encontraba al japonés y aunque tenía un buen aguante, prefería no tomar nada por si decidía irse.

15 minutos y varias invitaciones de mujeres a tomar algo con pasaron antes de que prefiriera regresar a la mesa con sus amigos al no encontrar a quien buscaba.

No tardó mucho en encontrar la mesa de Chris y los demás, en serio que destacaban. Se veían animados y decidió unírseles. No siempre tenían tiempo para algo así.

— ¡Viktor! Qué bueno que llegas, ya estamos pensando en que te habías ido. — Habló JJ, tan efusivo, como siempre.

Pasó de él y decidió mejor, saludar a los otros. Seung y Otabek seguían siendo tan impasibles como los recordaba, pero nunca se negaban una buena salida entre amigos.

— Exacto, tardaste tanto que te perdiste de observar una belleza en la mesa de enfrente. — Intervino Chris — Estos japoneses si saben que es dar un buen espectáculo.

— ¿Japoneses? — Preguntó el ruso rápidamente.

— ¡Así es! Habían dos chicos sentados en la mesa de allá, un japonés y otro ni de... ni idea, pero de un momento a otro llegó otra chica japonesa, y empezó a discutir con el otro japonés — JJ interrumpió mientras reía, ya un poco afectado por el alcohol — Lastimosamente, llevaron su pelea a otra parte, y que desperdicio, por qué esa mujer era una verdadera belleza visual. Quizá el chico no la supo valorar y por eso fue la pelea, ¡Deberías de haberlo visto!

— El otro chico, el japonés, ¿cómo era? — Preguntó con curiosidad, intentando sonar lo más casual posible.

— Bueno, tenía el cabello negro, rellenito y de tez blanca, no una belleza pero tenía lo suyo, básicamente como cualquier japonés Viktor, ¡todos son iguales! — Esta vez, había respondido Chris y solo había logrado asustado más. Ya se comenzaba a imaginar quien era.

— ¿Y el chico que venía con él? — Preguntó de nuevo, con mayor ímpetu.

— ¿Para qué quieres saber eso? Vinimos a divertirnos, no a meternos en las peleas de pareja de los demás.

— Era singular — Respondió otra voz, calmada y bastante seria. Claramente, perteneciente a Seung. — Pelinegro y de tez morena, claramente no afectado por la situación, pues no dejaba de tomar fotos, ¿puedes creerlo?

No, no podía.

No perdió más el tiempo, por inercia, quizá, sacó su celular, buscando la última foto que había recibido de Yuuri.

— ¡Oh, mira, creo que es él! — Chris habló, mientras se acercaba peligrosamente a Viktor, señalando con su dedo, justo donde se encontraba el chico detrás del frappé.