Pov´s Porthos
No recuerdo muy bien a qué hora de la noche de navidad regrese a mi habitación, pero creo que hasta cierto pasillo fui acompañado por Aramis que se quejaba de mi gran capacidad de ingerir licor
-Sigues fastidiándome y no volveré a pasar una navidad con ustedes - recuerdo que le dije al Padre, el cual después de esto me dejo a mi suerte luego de un "nunca cambias Porthos".
Pero sí que he cambiado pensé para mí, aunque no se lo exprese al hombre.
Mi cabeza daba tumbos y no estaba seguro de querer tener esa conversación en estas condiciones.
Llegue y me tumbe en la cama, desde la cual divise mi mesa y observe las botellas de vino, alguien había entrado a la habitación dejando el presente, no había que ser genio para saber quién estaba haciéndose pasar por "Peré Noel" a esta altura de la noche.
-Feliz Navidad D'artagnan – eleve mi mano simulando un brindis y me extendí en la cama cuán grande soy mirando el techo.
Esto no era posible ya con tantos años encima y muchas navidades encima, en la cual como habían mencionado en horas tempranas mi resaca había sido de más de cinco días.
Me encontraba en medio de estas paredes a una hora muy temprana y casi en estado de sobriedad. Odiaba pensar y eso no lo entendía ninguno de mis compañeros, el vino no solo es un placer sino que también es una evasiva.
Los fuegos artificiales habían sido todo un derroche de belleza y de alcurnia tal cual se esperaba de una celebración real, los abrazos y palabras de mis amigos y el Rey me habían llenado de alegría. Podíamos pensar en cómo se decía en estas fechas todo podría ser feliz y próspero, pero me había pasado parte de la noche extrañando el calor de una familia más en estas fechas
¿Que tenía además de mi espada, mi servicio y unas cuantas monedas? Los mosqueteros, si ¿Y además de ello? Nada.
Cerré mis ojos y prometí no pensar, era Porthos, no estaba en mi naturaleza pensar en estas cosas como algo tan relevante, así que lo mejor era dormir para poder emborracharme con las botellas del gascón a primeras horas de la mañana.
Pero las cosas no solo me darían para pensar esa madrugada, si no mucho tiempo después.
A la mañana siguiente me levante mucho más temprano de lo que podía recordar en años, observe las botellas dejadas por el mosquetero y la nota conjunta a ellas, ahora resultaba que si las quería destapar debía ser en su compañía; razón por la cual me limpie y vestí para así dirigirme a la habitación del noble hombre, le debía un abrazo corto de navidad y el agradecimiento por su cortesía.
Camine con una de las botellas por los pasillos vacíos del palacio, parecía que todos habían tenido una buena navidad; apunte mis nudos en la puerta del gascón y luego de tres toques no hubo respuesta.
Pensé por un instante que tal vez el hombre tan humano como cada uno de nosotros estaría en una estancia más real, pero sabía cómo que le conocía que D'artagnan no se permitiría dicho desliz.
Algo preocupado por el hecho de que no contestara y que la noche anterior no le había visto, aunque las botellas daban fe de que estaba bien, decidí empujar la puerta. Esta sonó un poco sobre sus goznes, la cama estaba hecha y mi compañero no se encontraba ahí.
– Gracias D'artagnan, ahora me toca estar sobrio por tu culpa.- dije dando un puntapié a la puerta bufe
Me enfile al cuartel de los mosqueteros; al entrar una hermosa moza de carnes rosáceas y cabellos algo enmarañados me hizo una pequeña inclinación de cabeza y susurro bajo
– No llego por su regalo de navidad señor Porthos
Sin recato alguno mi mano se estampo en el trasero de la muchacha mientras le guiñaba
– Aún queda año nuevo – me aleje hasta el comedor donde una parte de la guardia desayunaba e hice señas a una de las muchachas -Muero de hambre mujer, aliméntame
No se demoró en estar ante mí un buen desayuno, compuesto con presas de faisán, pan y vino el cual se derramaba un poco por mis comisuras cuando alguno de los guardas jóvenes me hacían reír con sus ocurrencias y preguntas sobre la gran vida de "el señor Porthos, el terror de las mujeres".
Hacia plática mientras terminaba y esperaba divisar a alguien que me diera razón del gascón, mas en mi búsqueda y alimento fui interrumpido por un mosquetero de baja línea que toco mi hombro
– Señor, ha llegado una carta para usted – le estudie de arriba a abajo, asentí agradeciendo no mas haber tomado el papel.
Este no traía ningún sello, lo cual indicaba que no era nada oficial, aunque estaba debidamente sellado, lo puse contra luz y al no poder dilucidar de que se trataba o de quien era la rúbrica lo guarde entre los dobleces de mi traje. Terminado el desayuno me despedí de los guardias que se extrañaban de que aun la botella estuviese con su corcho a pesar de que ellos mismos habían solicitado les agradase con un sorbo.
Camine hacia los establos que menos cubiertos de nieve que la noche anterior se encontraban pero estaban algo húmedos, el caballo de D'artagnan se encontraba justo en su sitio
– ¿Dónde diablos te abras metido, justo ahora que quiero una charla? – dije en voz alta esperando que el hombre me respondiera pero más bien fue Aramis quien respondió
– ¿Por qué siempre tienes que andar hablando del mal? ¿No estas ebrio aun? Estas decentemente despierto ¿A que debemos eso Porthos?
Realmente el padre es un dolor en el culo, el hecho de que fuese mi amigo solo lo hacía medio soportable pero había momentos donde solo quería romperle la cara
- No preguntes tanto, más bien respóndeme ¿Has visto a D'artagnan? a él le debo mi sobriedad – le mostré la botella y el tipo se echó a reír
– Ya decía yo que tú no cambias...
Repitió lo mismo que la noche anterior y esta vez tomando aire y mirándole de frente le respondí
– Si he cambiado, pero no lo puedes admitir porque se te hace fácil verme como tu amigo el guiñapo a preguntarte que me hace ser lo que soy Aramis - le mire con algo de tristeza – en la divinidad que vives envuelto se te olvida que hasta la carne más impura viene del padre – el obispo me miraba con atención y en el movimiento de sus dedos sobre el pliegue de su capa note su incomodidad - metete en tus asuntos sino puedes con los míos – había amanecido algo irascible y el hecho de aun no haber probado un verdadero trago de licor aumentaba esto
M e aleje del hombre que se quedó con un palmo de narices, adentrándome en parte del bosque que linda con el palacio.
No tenía animo de ir a estar en la corte seguro Phillippe no necesitaría de mi por unas horas. Me acomode sobre la rama baja de un árbol y jugando con mi bigote recordé la carta que me habían entregado.
Saque el papel de mi pecho y procedí a abrirlo, al desplegar el papel la tipografía no fue conocida para mí, empecé a leerla:
"Hola querido Porthos,
Quizás no recuerde quien soy, estuviste en mi posada hace ya más de cuatro lunas llenas. La posada pequeña que queda por el camino que va Josselin, era otoño y usted viajaba sin mucho afán. Durante su estadía, comió, bebió y pasamos agradables momentos…. estoy esperando un hijo. Es suyo.
No pretendo pedirle ningún favor, ni chantajearle o dejar en entredicho su nombre, sentí que era mi deber informarle"
La carta era corta, concisa y sin mancha o alguna pizca de maldad o bondad, pero casi me caigo de culo cuando leí su final
¿Iba a ser padre? ¿Yo, el tipo que justo la noche anterior pensaba que la navidad sin una mujer que abrazar y unos hijos que educar no era realmente una navidad?
Vaya si esta era una jugarreta de la vida, me la estaba jugando con cartas marcadas. Claro recordaba a la mujer, no juvenil pero nada entrada en años, hermosos pechos en los que me perdí mientras bebía cerveza. Pase mis dedos dentro de mis cabellos y me alcance a reír un poco, vaya que necesitaba abrir una botella de vino, pero ¿Para qué sería? ¿Para celebrar o para hacerme amnésico?
Un ruido me hizo virarme cuando mi mano ya sostenía el mango de mi espada, mas al virarme ante mi estaba la moza del cuartel de mosquetero, venia ya abriendo la parte de adelante de su vestido, sabedora ya de que las carnes femeninas, los pechos son mi perdición.
Pase saliva mientras me frotaba las sienes
– Tapate mujer, ya dije que para año nuevo- la chica intento refutar algo y luego vi en sus ojos la humillación de haber sido despreciada. No podía con ese cargo así que me baje pronto de la rama del árbol y me acerque - Tapate te puedes resfriar…. enserio nos veremos en año nuevo -le sonreí y como pude apoye mi mano en su espalda de manera digamos cariñosa para que entendiera que no era un desaire – Me ocupan cosas que ni se cómo afrontar pequeña, si ves al señor D'artagnan dile que lo necesito urgentemente y que no es por el vino.
POv's D'artagnan
Luego de haber dejado a Françoise en el pilón de oro y con una jaqueca que me estaba empezando a molestar lo que sería mi día volví al palacio.
Antes de entrar al palacio pase a ver a mi caballo, mi hermoso hércules blanco, anoche con la nieve había un poco abusado de él por lo que había optado aquella mañana por llevarme otro cualquiera de la caballeriza.
-Buenos días Capitán, disculpe que lo moleste pero tengo un mensaje para usted. – dijo ella extendiéndome una carta a lo que yo le sonreí
-Buenos días – conteste a la muchacha que se acercó a mí mientras acariciaba el muslo de mi amigo cuadrúpedo – gracias – dije tomando aquel pedazo de papel entre mis manos.
Me sonreí de costado al ver que se trataba del Conde. La chica aún estaba ahí esperando por una respuesta.
-Oh disculpa, no he dormido mucho con tanta fiesta – agrego un poco avergonzado y luego de leer las líneas moví levemente la cabeza – Dile al señor de La Fere que estaré en la mesa en un momento.
-Sí, con su permiso – contestó ella antes de volver a dejarme solo.
-Hoy será un navidad algo distinta, y eso que no hemos llegado ni al almuerzo amigo – cerré los ojos y apoye mi cabeza contra lo que sería la frente del animal. – Veré que también tengas tu desayuno – deje un beso sobre la piel de mi amigo y salí del establo.
Hice todo aquello que debía hacer, pase por mi oficina para buscar los informes matutinos y dejaba un par de instrucciones, como la que debían de alimentar a Hércules, aun no sabía cuándo iba a tener que marcharme y no podía estar sin él.
Busque entre el pequeño armario que tenía dentro de mi oficina unas botas cercas y una camisa limpia, no es que tuviera mucha ropa, podría decir que me sobraran los dedos de la mano para contar mis pertenecías en cuanto a indumentaria pero tenía que aparentar que había dormido algo más de tres horas.
Estaba terminando de colocarme la casaca del uniforme cuando sentí el golpe en la puerta.
-Adelante – contesté arreglándome el cinto que llevaba mi espada.
Una de las muchachas que trabaja para el cuartel de los mosqueteros entro con una bandeja.
-Oh Dios, me olvide de avisar que ya desayune lo siento – dije acercándome a la chica con mi mejor cara para pedir disculpas - ¿El resto del cuartel ya ha desayunado?
-Descuide capitán, me llevare esto a la cocina – me contesto intentando que yo me sintiera tan apenado por el descuido – sí, la mayoría ya desayuno y otra parte lo está haciendo ahora. El señor Duque de Du-Vallon vino a desayunar aquí esperando encontrarlo. – Agrego a ella y tal habrá sido mi cara de sorpresa que la chica continuo hablando – el pidió que por le avisara, que lo necesita con urgencia.
-Bien – asentí con la cabeza y mire la bandeja con el desayuno – Si no has desayunado hazlo por mí, nadie se enterara – agregue antes de tomar mi sombrero y desaparecer de la oficina.
Camine hacia el palacio con un paso bastante apurado, por un lado tenía a Athos que me había invitado a desayunar, cosa que iba a tener que hacer por mucho que ya había desayunado en lo de Planchet; y vaya que había desayunado, así como Porthos había cedido a la bebida yo por mi parte comía, a esta edad habían muchos militares que sus abdómenes comenzaban a agrandarse por tener demasiadas fiestas, en mi caso no era así o bueno tal vez pero me desesperaba y comenzaba a comer. Fuera como fuera el caso iba a tener que comer algo con Athos o iba a venir el interrogatorio y ya había tenido suficiente con el de madame D'artagnan.
Por otro lado estaba el duque, vaya si me había buscado temprano en la mañana estaba perdido. Si se había dado cuenta que no estaba ni en el cuartel ni en mi habitación lo más probable es que también tendría un interrogatorio.
Iba a tener que enfrentar a ambos así que opte por ir al comedor en donde seguramente ambos consejeros estarían acompañando a mi hijo. Pero primero deje mi sombrero y los informes en el escritorio de mi habitación.
Tenía bastante trabajo para hacer aquella mañana, nunca me había gustado hacer papeles y más papeles pero había optado por una carrera militar que me mantenía más apegado al rey que al campo de batalla. Extrañaba el campo de acción, vaya que lo echaba de menos pero si me iba no podía cuidar a ninguno de los que amaba en la vida.
Di un gran suspiro mientras caminaba hacia al comedor por fi para hacer frente aquel interrogatorio que no tendría fin. Solo me faltaba Aramis haciéndome la cabeza de que si era consiente de aquel riesgo que tenía en mi vida y ya podría ir a jugar al bingo con las damas de compañía.
Las puertas del comedor estaban abiertas y custodiadas a cada lado por dos suizos, en aquel momento en el que yo me disponía a entrar salían dos de los sirvientes de la cocina llevándose unas fuentes vacías. Me hice a un costado para dejarlos pasar.
-Hasta que das señales de vida – habló el conde de La Fere mientras su vista estaba puesta en un pedazo de papel, el cual suponía que era el informe matutino.
-Sé que me iría y volvería pronto pero la nieve era espesa tal como me dijiste – me excuse mientras tomaba asiento casi al frente de él.
Athos dejo lo que estaba leyendo y levanto su vista para sonreírme, casi que no sonreía mucho, se mantenía bastante serio y casi siempre estaba ocupado con trabajo. Intentaba entender su dolor pero era algo que no quería imaginarme, ni por asomo, perder a un hijo sería algo muy duro para mi tal como lo era para él. Pero ahora tenía aquella sonrisa, una jovial sonrisa. Giro su mano y me mostro su anillo.
-Me gusta, pensé que este anillo se había perdido – lo miro como quien mira algo por primera vez aunque yo estaba seguro que se lo sabía de memoria – hasta han borrado aquella herida que tenía el rubí
-Busque a los mejores para que hagan el trabajo, les llevo un tiempo pero lo vale – conteste bajando la mirada al plato con tocino que tenía frente mío. Tome el tenedor mientras reunía las fuerzas para atacar – lastimosamente no pude conseguir mis propios anillos – suspire pinchando la comida.
-Pero ahora tienes uno nuevo – comento el con aire tranquilo mientras se llevaba la taza a los labios.
Instintivamente me mire la mano bastante nervioso, no había pensando en su regalo. Yo quería ocultar algo que entre ellos era un secreto a voces. No es que sintiera vergüenza o algo por el estilo, pero era diferente, Ana de Austria no era ni Madeleine ni era Constanza.
No tenía aquella relación tan abierta como la que tenía con Madeleine que era como un tira y empuje, algo que estaba ahí, habíamos pasado tantos viviendo juntos que aquella relación era tan conocida que todos lo sabían, su marido y mis amigas. Pero aquello no iba a ningún lado. Me había metido en aquella relación solo porque era hombre, estaba aburrido, solo y con una rabia inmensa hacia Mazarino. Lo iba a culpar a él, no a ella. Como sea, las cosas así tampoco me funcionaron.
Y Constanza, en aquel momento de mi vida era inocente y tenía más ganas de ser mosqueteros más que de ser hombre, por lo que mi amor platónico y profeso había sido riesgoso. Aquello me había dejado un hueco en el pecho, tal vez su muerte no la había superado del todo.
-Tienes las orejas rojas – me saco aquella voz del trance mental en el que me había metido.
-Este no lo perderé, ya no apuesto a las cartas, mejor dicho ustedes no me harán que lo juegue – me sonreí de costado y era tal hambre que me había dado que empecé a comer del tocino.
Me gire al escuchar unos pasos bastante apurados que se dirigían hacia aquí.
Y lo vi, si lo vi.
No pude evitar reírme al verlo entrar con las dos botellas de vino debajo de cada brazo, detrás de él venía un Aramis serio pero cabizbajo, podría jurar que algo le dolía en el interior del alma.
-Por más que mencione al diablo toda la mañana no apareció ¿Dónde demonios estabas D'artagnan? – preguntó Porthos bastante urgido dejando las botellas en la mesa.
-En el pilón de oro.- conteste mirando las botellas. – No quiero ser aguafiestas pero ¿No es muy temprano?
-Si, pero les tengo una noticia importante y van a necesitar vino – el duque miró al obispo y le hizo señas para que este se sentara – por favor, el que más preocupa eres tu siéntate –ordeno el obelix, el cura sin objetar nada se quedó callado y se sentó.
¿Qué me había perdido?
-¿Te vas a casar de nuevo? – pregunte algo extrañado, podría ser, la tercera vez quizás era la vencida.
-Cerca – contesto el quitando el corcho de la botella y entregando el vaso de vino a Aramis.- bebe
-Debe ser muy importante si estás haciendo que Aramis beba primero ¿Qué ocurre Porthos? – Preguntó Athos bastante inquieto - ¿Qué has hecho?
-Lo que has hecho tú y D'artagnan, aunque no con tanta energía como D'artagnan, bueno no se aún es pronto – se hecho reír y miró al obispo – Bueno él también lo hace aunque diga que no, yo sé que lo hace. – extendió la copa primero a Athos y después a mí. La sonrisa del duque era de alegría, no dije nada sino que bebí.
Miré a mi costado para ver qué tan afectado estaba Harbley, porque si él lo estaba era porque algo grande era el hecho pero parecía tan perdido como nosotros.
Se hizo un silencio en el que el Duque de Vallon se estiro y luego de haberse servido vino alzo su copa.
-Amigos míos, bebamos a nuestra salud porque seré padre.
El vaso de Aramis se había escabullido de sus dedos, Athos se había parado para felicitar a Porthos mientras que yo intentaba analizar que hacía.
-Vaya – dije al fin un poco tardío por la reacción. Intentaba articular palabras por lo que solo opte por hacer lo que me parecía más fácil. Me levante y también abrace a Porthos con gran entusiasmo – Felicidades.
Tenía el cuerpo de mi amigo entre mis brazos palmeado su espalda cuando se escuchó como la silla era raspada contra el piso.
-¿Quién es la madre? – preguntó Aramis y dicho eso bebió de un sorbo el vaso. Aquel hombre sentía que iba a perder a su mejor amigo
-¿No me dirás felicidades? ¿Qué importa quién es la madre? – reclamo Porthos lo que me dio pie para salir de la línea de fuego.
Se hizo un silencio, en el que el gran obelix parecía que le iba a meter una trompada a nuestro amigo pero nada de aquello paso sino todo lo contrario.
Aramis dio un paso hacia él y lo abrazo con tanta fuerza que podría jurar que Porthos se estaba poniendo azul.
-Lo siento – murmuro casi para que solo ellos lo escucharan – felicidades amigo mío, se lo mucho que querías esto y que lo has buscado por años. Es que…
-Ya, ya no importa – contesto el obelix y los pasos que se empezaban a escuchar anunciaba que venía el sequito real. – No quiero que nadie más que nosotros lo sepáis, aun no sé qué hare.
Los tres asentimos con la cabeza, íbamos a seguir los deseos de Porthos por lo que cada uno tomo su lugar en la mesa mientras Aramis se maldecía por aquel enchastre que había provocado en su lugar.
-Buenos días mis…- Phillippe se cortó al ver el suelo teñido de rojo. Me mordí el bigote intentando no reírme y Porthos por su parte miraba al rey muy divertido.
-Es que Aramis se está recuperando de todo lo que bebió anoche – hablo el obelix haciendo una reverencia para que el rey siguiera – pero por favor sintiese con nosotros mientras yo mando por a buscar a alguno del servicio.
Ahora el que tenía las orejas rojas era el cura
El desayuno siguió con bastante tranquilidad, la noche anterior había sido tan intensa para todos que a esta hora de la mañana, tan así que ninguno realmente estaba interesado aquella mañana en el juego.
La primera en retirarse había sido la reina junto al duque de Orlands. Como cada mañana ella iría a rezar por lo que Aramis también se retiraba para aquel lugar. La capilla era un lugar muy concurrido en aquel momento de la mañana.
Espere a que se marchara la mayoría para que quedáramos solamente Athos, Porthos y Phillippe, lo que le tenía que pedir a mi hijo era algo más privado.
-Yo quería pedir unos días de permiso majestad – las puertas del comedor aún estaba abiertas por lo que tenía que ser cuidadoso. – Tengo que viajar a Gascuña por temas familiares.
-Claro pero me gustaría que fuera después de año nuevo, necesito que este mi capitán de los mosqueteros cuidándome en la fiesta – sabía que Phillippe tenía aquella necesidad que todo hijo tiene de su padre, no había crecido junto a mí por lo que intentaba entender aquello.
-Si claro, puede esperar una semana el viaje – sabía que aquello no haría mucha gracia a Françoise pero tendría que esperarse el castillo seguiría en el mismo lugar aunque llegáramos una semana más tarde.
-¿Ha ocurrido algo? – pregunto seriamente Athos.
-Asuntos familiares, me llevaran unos días pero me necesitan allá. – suspire pesadamente.
-Tampoco te puedes ir mucho tiempo, es que necesito preguntarte algo y….
Andre apareció en la puerta lo que hizo que me levantara de la silla. Seguramente ya me había demorado de más en el papeleo.
-Lo siento Andre – dije dejando la servilleta en la mesa – ahora voy…
-No es eso capitán – el hombre me miró como no sabiendo por dónde empezar.
-¿Entonces?
-Hay una dama que le urge hablar con usted. –Hizo una pausa en el que observe como se mordía el bigote – Dijo que se llama Françoise D'artagnan, madame D'artagnan.
Volviendo al tema del juego de las miradas ahí tenía cuatro sobre mi persona, madame y D'artagnan juntos no sonaba perfectamente, no cuando podía apostar a Hércules que todos pensaban que podía ser o una esposa o una prometida o una amante o una hija ¿Por qué no? Después de todo nadie realmente sabía como estaba compuesta mi familia en Gascuña.
-Dile que la espero mi oficina del palacio, llévala allá – Andre junto los talones haciéndolos sonar y se retiró, me gire para ver a los hombres, Porthos ya tenía aquella sonrisa socarrona en los labios – Es mi hermana.
N/A: Parte de Porthos escrita por mi amiga Karen.
