¡HOLA A TODOS!
Bueno; aquí otro capitulillo. Espero que lo disfrutéis.
3º Inexperiencia y Burlas
Aquella tarde, Sherlock pululaba por el salón pegando papeles con datos sobre un caso nuevo que no parecía estar costándole demasiado. Imprimía mapas y documentos oficiales, los miraba un momento, y los colocaba en el espejo. Yo lo observaba desde mi asiento en el sillón, tranquilamente. Cuando fue a tapar el último trozo visible de este, miró mi reflejo y vio que lo estaba observando. Yo sonreí y él apartó la mirada, algo confuso. No supe cómo interpretar el gesto exactamente, pero me pareció tremendamente divertido, y él se quedo quieto un momento, para después seguir con su labor de empapelar, ahora ya la pared.
Tuvimos que salir un par de veces a hablar con familiares de la victima y luego fuimos a Scotland Yard, para explicarle nuestras... o mejor dicho, sus conclusiones a Lestrade. Según Shelock el asesino era el hermano menor, pues eran dueños en común de una casa en la playa obtenida por herencia que este no quería compartir porque su hermano mayor era muy de organizar grandes fiestas con alcohol y drogas, lo cual dejaba la casa hecha una pena.
- Así que ya está resuelto. - Sentenció mi compañero, se dió la vuelta y empezó a caminar hacia la salida. Yo me apresuré a seguirle, no sin antes despedirme de Lestrad como es debido.
Era otoño, así que, aunque eran las siete de la tarde, la espalda de Sherlock se volvía azul con la luz del ocaso, y las hojas crujían bajo nuestro pies al son de nuestros pasos.
Iba rápido, como de costumbre, así que para poder ir a su altura tenía que ir al trote. Pronto llegamos al piso, y me senté en el sofá, algo acalorado por la carrera.
-Ah... estoy muerto. - Me quejé, dejando caer la cabeza a un lado. Me quité el jersey que llevaba puesto, quedando con una camisa a la que empecé a desabrochar los primeros dos botones para airearme un poco.
Sherlock estaba de pie al lado mío, todavía con el abrigo puesto. Tardé un par de segundo en darme cuenta de que me estaba mirando. Tenía las pupilas dilatadas.
Me vino a la cabeza la imagen una estatua griega, una belleza equilibrada y estática. Con esos ojos ahora oscuros, y ese pelo negro cayendo sobre ellos. Con los tendones del cuello marcados por la fuerza que ejercían sus mandíbulas apretadas.
Su respiración algo acelerada y sus puños cerrados con fuerza. Estaba tenso y algo nervioso.
La imagen me pareció divertida, así que me desabroché un botón más a la altura del pecho, dejándolo al descubierto. Solo quería ver qué podía ocurrir. Solo quería experimentar.
Me pasé la lengua por el labio inferior, era tan embriagador ver a Sherlock incómodo, y dejé caer las manos sobre el reposabrazos.
Miró mi cuello y deslizó la mirada hasta mi pecho, ahora al aire, y tragó saliva. Creo que sonreí, o quizás no. Porque la imagen que Sherlock me ofrecía, probablemente sin ser consciente, me estaba atrapando.
-Sherlock... - Lo llamé. Aunque tampoco sé exactamente que esperaba, de todas formas él simplemente dio un paso hacia atrás y, después de dudar un momento, giró sobre sus pies y se metió en su cuarto. Estaba nervioso y eso me hacía gracia.
Yo me quedé sentado en aquel sofá y fue como si despertara de un sueño. ¿Qué acababa de pasar exactamente?
Sherlock era una persona normalmente fría pero, ¿se ponía nervioso cuando dejaba mi piel al aire? Quizá el sexo si lo alteraba después de todo. Esa idea me hizo sonreír. Pero mis pensamientos cambiaron de dirección rápidamente:
¿Quién era yo para entretenerme alterando a Sherlock? Y más aún sin un objetivo concreto más que el de divertirme por su desconcierto. Ciertamente, era divertido. Como ver a un chico de 15 años, habría dicho. Un muchacho inexperto que no sabe cómo reaccionar exactamente ante ciertos estímulos.
¿Pero solo quería eso? Era curioso ver sus reacciones: que se tensara al verme desabrocharme la camisa me hizo querer saber qué vendría después... simplemente eso, curiosidad. ¿No?
Estuve a punto de simplemente aceptar esa explicación como el evangelio, pero la realidad era aplastante; tenía la cara ardiendo.
Me pasé la mano por las mejillas para notar el calor, ¿también estaría él así? Anduve hasta la puerta de su dormitorio y acerqué la cabeza para escuchar lo que hacía, pero no hubo más que un silencio roto por el sonido de los latidos de mi corazón, fuertes y rítmicos, como si fueran una melodía, y cerré los ojos.
Sí... había algo más. Claro que lo había. Hasta yo podía deducirlo: me gustaba ver a Sherlock así. Dudar ante el deseo, deshacerse en él. Y quería más, mucho más.
-Dios... - Casi fue un suspiro. Todavía con los ojos cerrados en frente del dormitorio del causante de mis delirios. Coloqué la mano en el pomo y estuve tentado a abrir sin llamar y tirarme sobre él. Pero esa idea carecía de sentido común y la deseché inmediatamente.
Cuando recuerdo aquel día pienso en lo estúpido que fui, probablemente podía haber entrado y haber gritado algo como:
"Sherlock Holmes, te quiero." Pero no lo hice, y Sherlock no lo iba a hacer. Él podía rendirse ante los sentimientos de afecto como la amistad, pero era demasiado pedir que aceptara aquello sin luchar antes.
A la mañana siguiente todo parecía decir que sería un día normal, o al menos todo lo normal que podía ser un día en aquella casa.
Sherlock hizo un par de experimentos en la cocina, como solía hacer. Pero uno de ellos dejó un hedor insoportable y tuvimos que abandonar el piso durante unas cuantas horas, así que tuvimos tiempo de hablar:
- Sherlock. - Lo llamé, y el giró un poco la cabeza para mirarme.
- ¿Qué?
- ¿Alguna vez has salido con alguien? - Sherlock frunció el ceño, no entendía mi pregunta. Debían ser ya las seis, pues empezaba a anochecer. El cuello de su abrigo lo llevaba subido, dándole un aspecto de detective de película.- De forma amorosa, digo.
- No. - Respondió secamente, y giró la cabeza para dejar de mirarme. Incluso aceleró el paso, y eso me dejó un poco preocupado. Así que intenté alcanzarlo.
- ¿Vamos al parque de enfrente del banco? Allí podremos sentarnos hasta que el olor se valla del piso. - Propuse cuando lo tenía a mi misma altura. Y eso hicimos, fuimos al parque y nos sentamos en un banco. Estuvimos en silencio un rato, hasta que él lo rompió.
- Nunca he tenido interés en ese tipo de cosas. Nunca he sentido la necesidad, y nunca hubo... nadie especial. - Parecía nostálgico, parecía triste y confuso.
- ¿Y ahora? - Fue algo que dije sin pensar demasiado... quizás fue la tensión del momento, o el horrible lio que los acontecimientos recientes habían armado en mi cabeza. O quizás porque el mismo viento que hacía bailar su rizos me traía el olor de su champo. Pero cerré los ojos un instante, para pensarlo un momento. Quizás solo quería dejar las cosas claras.
Él me miró, algo sorprendido. Pero enseguida su expresión se relajó, y se giró para míiarme mejor. Y yo abrí los ojos lentamente, y lo encontré serio.
- No sé qué me pasa ahora... - Admitió, y sonreí con suavidad. Era su inteligencia innata la que me acercó a él, pero era su humanidad escondida y ese ligero toque de incredulidad la que me hizo enamorarme.
El viento le despeinaba, y sus ojos miraban directamente a los míos. Tan claros, tan duros. Y sus labios estaban húmedos. Le pasé la mano por mejilla. Su piel era tensa y la barba que empezaba a asomar la hacía áspera. Él no se movió, pero estaba dudoso. Sus ojos parecían tristes.
Estaba asustado ante la idea de experimentar algo nuevo, como en su día lo estuvo con Victor cuando empezaron a acercarse, o cuando lo invitó a sus casa o cuando se fue y siguió escribiéndole.
Asustado por la posibilidad de salir herido, o de no hacerlo bien. Asustado por cambiar, o por seguir solo.
Llevé mis dedos hasta donde empezaba su mandíbula, debajo de su oreja, y ejercí una ligera presión con la yema de mis dedos para que se acercara a mí, lentamente. Y se dejó llevar.
Fui acercándome a él, despacio, y giré la cabeza para que encajáramos mejor. Y nuestros labios se juntaron. Un beso castro y ligero, algo sencillo para empezar. Duró unos segundos, y ninguno de los dos cerró los ojos. Nos mirábamos fijamente.
Quizá hipnotizados. Quizá confusos.
Nos alejamos el uno del otro y bajé la mano lentamente.
Quise decir algo, pero no supe qué. ¿Cómo me podía justificar? Pero él fue más rápido, para bien o para mal, y se levantó de un salto del banco.
-Ya debe haberse ido el olor, al menos lo suficiente. - Sus mejillas se teñían de rojo y sonreía nervioso. Empezó a caminar, dejandome allí sentado.
Yo también sonreía, un poco, confuso y extasiado a partes iguales. Realmente era divertido ponerlo nervioso.
Lo miré alejarse un rato antes de seguirlo. Viendo como el viento hacía ondular su abrigo. Y viendo como, a causa del frío, dejaba un rastro de vaho tras él. Un vaho que subía hasta perderse. Y creí ver mis dudas alejarse con este, haciendo eses en el aire y desapareciendo en aquella luz añil que el acaso cede al mundo.
Y hasta aquí hemos llegado.
En fin, podéis estar tranquilos, mi próximo capítulo será más largo, creo (es que hay sexo) XDD
Como siempre, nos vemos la semana que viene.
¡Muchas gracias por leer!
