¡Ohayo! (son las 9:13 a.m. para mí. ahora) Bueno, antes que todo, mil gracias a quienes dejaron un review: (que olvidé mencionar en el capi pasado) Guest, Riuhmy y a Kanako Mei-chan (nena, mil gracias por los ánimos) Gracias por leer y por apoyar las locas ideas que nacen de mi loca cabeza ^^U
Este capítulo... pfff! fue de hecho el primero que escribí, pensaba que sería un one-shot pero terminó en esto, por eso siento que está como en una especie de "limbo" dentro de la historia. Pero tenía que publicarlo, así que aquí está.
Otra cosita, en los capítulos pasados olvidé explicar como se compone la historia...
Escrito así es lo que pasa en el presente
Escrito así son los recuerdos de Levy
Escrito así son notas y/o la música de fondo.
Y dejando las letanías de lado, espero que les guste ^^
Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes pertenecen a Mashima-sama. La canción "Dog Days are Over" es propiedad intelectual de Florence Welch e Isabella Summers.
Bizcocho de Naranja
Apenas salía el sol. A pesar de no poder distinguirlo, lo sabía, estaba segura por la hora. Las seis de la mañana. Se levantó con cuidado de la cama, doblando sus cobijas y cambiando su pijama por unos jeans y una blusa azul turquesa. Calzó sus tenis y salió de la habitación en completo silencio, para evitar despertar a Lucy.
Faltaban dos horas para el desayuno, pero sintió la necesidad de salir de ahí corriendo. Caminó despacio por los pasillos alumbrados artificialmente, pasando las puntas de los dedos por las paredes blancas y las puertas de madera caoba. Se detuvo frente a uno de ellas que tenía un letrero pegado sobre ella. Se podía leer en sus letras negras sobre la placa plateada "ENFERMERIA". Giró el pomo con cuidado hasta abrir la puerta y vio a Erza enrollando vendas.
-Buenos días.
-¿Levy? Es muy temprano- miró el reloj en su pulsera- ¿Te sientes bien?
-Sí, estoy bien. Pero quisiera que me cambies las vendas más temprano. Ya no tenía sueño.
-¡Oh! Siendo así-dejó las vendas en una caja- siéntate en la camilla, ya te atiendo.
Subió con cuidado en la camilla y se quedó ahí balanceando sus pies. Miró sus manos. Los hematomas ya habían desaparecido casi completamente, aunque quedaban las marcas de pinchazos. También miró sus uñas. Ya no estaban comidas como antes. Se cambiaron los papeles. Ahora, su ansiedad se mostraba con pesadillas.
-Cuatro semanas ayudan bastante- Erza le quitaba las vendas de las muñecas – Ya no necesitarás llevar esto.
-Quiero llevarlas- Estaba perdida en un afiche de anatomía humana pegado en la pared del frente.
-Levy, ya no hace falta que las lleves. De hecho, no logro entender por qué te pusieron vendas en las muñecas si lo único que tenías eran las cicatrices de una fallida venoclísis.
-El resultado fue mi culpa.
-Lo leí en el expediente. Me dijeron que serías alguien difícil de tratar, pero aquí no has dado problemas. – Ahora, desenvolví a con cuidado su cuello- Eres una caja de sorpresas Levy. Sólo tenías problemas con tu ansiedad pero intentaste suicidarte. Batallas con las enfermeras en el hospital, pero aquí pasas casi desapercibida. Incluso dejaste de morderte las uñas- miró a la enfermera con sorpresa. Ella lo notó-Lo leí también.
Limpiaba el área antes vendada para hacerlo de nuevo en un santiamén.
-Listo. Puedes irte.
-Erza- La miraba molesta- Las vendas, por favor.
- Te he dicho que ya no las necesitas.
-Lo mismo dijeron las enfermeras del hospital, pero yo pedí que las pusieran aunque no fuera necesario.
-¿Por qué?
-Soy una caja de sorpresas, ¿no lo recuerdas?- Rieron
- De acuerdo, tú ganas- La peli azul le extendió los brazos.
Terminó de vendar completamente las muñecas de la chica. Se bajó de la camilla y caminó a la puerta.
-Levy ¿Tienes pesadillas?- Se detuvo en seco ¿Cómo podría saberlo?
-Sí- no giró para verla.
-Es tu ansiedad ¿Qué hacías para controlarla antes?
Un aroma dulce de recuerdos la inundó.
-Cocinaba. Hacía galletas y pasteles.
- Bueno, ya que no tienes sueño y aún falta un poco para el desayuno, podrías ir a la cocina- Le entregó una receta médica "deja que la chica cocine un poco"-Dale esto a Mirajane y distráete un poco.
-Gracias Erza- Le sonrió y salió de ahí.
Mirajane le explicaba dónde estaban todos los instrumentos e ingredientes dentro de la cocina mientras Levy acomodaba un delantal en sus ropas. Se lavó las manos mirando a la chica albina que antes la observaba al darle la nota de Erza. La revisó de arriba abajo, deteniéndose en sus vendajes limpios. Ella ignoró la curiosidad de la cocinera y con una sonrisa de satisfacción en el rostro, buscó en el refrigerador qué podía utilizar para preparar algo. Detrás de una botella de leche, encontró un par de naranjas. Las tomó en sus manos y juntando otros materiales, comenzó a preparar un bizcocho. Cuando hubo terminado, se sentía feliz en extremo.
-¡Está muy bueno Levy!-Mirajane masticaba un pedazo del pan que Levy terminó hace poco.
-Gracias Mira-san-Cortó una rebanada, se quitó el delantal y puso el pan en un plato- Me voy, le llevo este pedazo a Lucy
-Se lo llevas a la persona equivocada.
Suspiró.
-Tal vez yo pueda hacer que coma un poco más.- Miró la cuchara que estaba sobre una taza que solía tener azúcar.
-Su padre y el Dr. Makarov te lo agradecerían-Sus grandes ojos azules tenían esa adorable chispa.
-Claro. Igual y así me dejan salir antes.- Sonrió, dio las gracias, tomó la cuchara aprovechando la distracción de Mira y caminó de vuelta a la habitación.
Entró sin hacer ruido y se topó con Lucy, que terminaba de vestirse para salir. Puso el plato en la cama de la rubia.
-Queda mejor con naranjas moro, sobre todo en la apariencia.
-¿Tú lo hiciste?- se cepillaba el cabello húmedo
-Sí… Erza me dejó cocinar.
-Parece que tú le agradas. Deberías abogar por nosotras.
-No es para tanto Lucy- Una risa inocente salió de la peli azul
Lucy clavaba una mirada de desagrado sobre el pedazo que bizcocho que yacía sobre su cama.
-¿Tengo que comerlo?
-Lo tomaré como un cumplido- Se botó en su cama y metió la cuchara que traía junto a su libro en su cajón.
-¿Qué guardas tan celosamente?- Lucy se inclinaba un poco, para tratar de espiar sin beneficio.
-Nada.-azotó el cajón- Come ese bizcocho de una vez.
Tomó un pedacito del postre entre los dedos y lo comió. Saboreó un poco y levantó el pulgar en señal de aprobación, haciendo que Levy aplaudiera.
-Tienes talento Lee-chan.
-Gracias.
-¿Tu madre te enseñó a cocinar?- Se había sentado también para continuar comiendo. Alegró a Levy.
-No de hecho, fue uno de los cursos que tomé antes. Pero ese bizcocho que comes ahora lo aprendí de una receta que mamá dejó un día.
-¿Es una historia?
Asintió con cara de inocencia.
-¿Y me la contarás ahora?- Esa carita de "soy un perrito huérfano" que Levy odiaba. Aunque siempre tenía resultado.
Era el peor día hasta ahora. Hacía calor en extremo, tanto, que llegaba a pensar que los robustos troncos de los árboles se derretirían como chocolate en el sol. Sólo por ello, en lugar de estar en el caluroso salón del club de lectura, me "fugué" a la biblioteca, donde el aire acondicionado beneficiaba a unos cuantos que optamos por refugiarnos ahí. Busqué a Wendy, pero la bibliotecaria dijo que estaba de vacaciones con sus padres. Vaya, eso era tener suerte. Recordé que yo nunca fui de vacaciones con mis padres, ni siquiera antes de… Suspiré. Mi vida no era mala, para nada. Pero había partes que desearía borrar con todas mis fuerzas. Suspiré de nuevo. Seguí caminando bajo el sol abrazador del verano, sintiendo el escozor que sus rayos provocaban sobre la piel de mis brazos y piernas desnudos. Movía la cabeza negando, reprochándome el nunca acceder a comprar gafas oscuras. El atardecer era, para mí, el momento más odioso de todo el día. Pero cerraron la biblioteca y no podía seguir ahí.
Doblé la esquina de la calle donde vivo. El sol me cegó por un momento. Cubría mi rostro a medias con la mano izquierda, parpadeando bastante para acostumbrarme a los reflejos cobrizos. Caminé, sintiendo mi frente con pequeñas perlitas de sudor. Pero ya estaba frente a mi casa. Entré por la puerta de atrás, la de la cocina, donde vi en la mesa una nota de mi madre y varias naranjas, preciosas naranjas, puestas sobre la mesa. Resoplé un poco y me senté sobre la mesa, dejando mi mochila tirada en el suelo. Meneaba las piernas entre el mantel de plástico que amenazaba con adherirse a mi piel. Tomé la nota y comencé a leerla:
Levy:
Sólo pude pasar al super rápido, no tuve tiempo de cocinar hoy. Pero encontré esta maravilla de naranjas y las he traído para que hagas el panqué de la receta que me has mostrado el otro día.
Cuídate mucho mi niña, que llegaré tarde.
Te ama, Mamá.
P.D. Si quieres hablarme por teléfono, ocupa el de la cocina. El aparato de la sala sufrió un pequeño percance.
¿Pequeño percance? Me bajé de un brinco de la mesa, levanté mi mochila y fui hasta la sala .Lo que vi me hizo pensar que "pequeño percance" no era la frase correcta que mi madre debía ocupar. De alguna extraña manera, cayó un cuadro que teníamos en la pared, arrastrando con él la mesita donde estaba el teléfono, haciéndolo trizas. Vaya, tendría que limpiar ese desastre, pero ahora… recordé que la receta del bizcocho estaba puesta sobre mi escritorio y subí corriendo a prisa. Boté mis cosas sobre la cama, me cambie por una playera y unos shorts y bajé de nuevo para preparar todo.
-Veamos… cortar las naranjas en rodajas… y… ¡Oh! Qué fácil.- Me dispuse a buscar lo necesario para hacer ese bizcocho antes de que mi mamá llegara, después de todo, se tomó la molestia de recordar qué tipo de naranjas necesitaba "Moro, naranjas Moro" le repetí hasta el cansancio por quince días. Yo incluso lo había olvidado. Pero ella no. Eso me ponía más alegre aún. Me distraje tanto en mis quehaceres que no noté la oscuridad que me iba envolviendo. Fui hasta el lavabo por las naranjas y aproveché para encender la luz. Llevé de vuelta la fruta hasta la barra de la cocina, dispuesta a rebanarla. Me detuve por un momento. Música, sí, eso hacía falta.
Brinqué sobre el desastre en la sala y encendí el reproductor, sin importar el CD que estuviera puesto, solo quería tomar ritmo en la cocina. Me reí algo alegre. Comenzó algo de folk rock y bailé de manera graciosa para animarme más. Me coloqué el delantal amarillo y un gorrito del mismo color, peleando con mi indomable cabello para tratar de meterlo todo bajo mi indumentaria de cocina. Luego de un rato, estaba lista para comenzar. Tomé un filoso cuchillo en la mano derecha y sostuve con la izquierda una naranja sobre la tablilla de picado, cuando el timbre sonó. "¡No lo puedo creer! Todo mi ritual y alguien lo ha arruinado" pensaba mientras caminaba molesta hasta la puerta. La abrí de golpe y me quedé con la boca abierta. Recargado con un brazo sobre el marco de la puerta estaba Gajeel. Me miró, conteniendo una risilla y negando con la cabeza. Aspiré con fuerza, sintiendo el aire aún caliente entrar por mis fosas nasales. Me congelé.
-Enana- Dijo por fin- Espero no molestarte en…-me miró de nuevo de arriba abajo- lo que sea que estés haciendo, pero me he quedado afuera de la casa y quisiera saber si pudieras prestarme tu teléfono para llamar a mi tío.
-¿Perdón?-sacudí la cabeza para volver en mí. No entendí ni una sola palabra.
Ahora me miraba sorprendido. Suspiró.
-Te decía que me quedé fuera de casa y…
-¡Claro, claro!-sonreí nerviosa- ¡El teléfono!- me incliné hacia atrás para mirar el desastre de mi madre. Me hice a un lado, para dejarlo pasar- ¡Por aquí! ¡Pasa, pasa!
Entró a la casa, examinando todo con lo que su mirada tenía contacto. Soltó un pequeño silbido de burla al mirar el teléfono destrozado.
-¿Segura que tienes teléfono?
-Segura- Giré para poder verlo. Se encogió de hombros y me siguió hasta la cocina.
-Ahí está- señalé un artefacto blanco empotrado a la pared- Puedes marcar.
-Gracias.
Emití un "ujum" como respuesta. La verdad, las piernas me estaban temblando. Le di la espalda para continuar con aquello de rebanar las naranjas.
-Sí, yo lo sé… lo lamento… anda Igneel, no te enciendas… no, para nada hombre, solo que… ¿de dónde? De casa de… sí, sí, ¿de dónde más sería?- Estaba más interesada en escuchar su conversación que en ocuparme realmente.- ¿dónde? ah sí, ya sé donde dices tú. Gracias tío y saludos a la tía, los espero con ansías… ¡Que lo digo en serio! ¡Gehe!
Su risa… y puse esa cara de idiota que solía poner cuando los protagonistas de algún libro se besaban.
Escuché que colgó el teléfono y fingí estar muy ocupada aún cuando lo tenía frente a mí, mirándome.
-Hey enana- Levanté un poco la vista pero casi de inmediato volví a lo mío-Tengo algo para ti.
Happiness hit her like a train on a track…
Seguí sin levantar la mirada.
-¿Es que acaso no te importa?
She hid around corners and she hid under beds…
-Perdón- Clavé mis ojos en los suyos y le sonreí ampliamente.- ¿Qué decías?
-Tch- Sacó de entre una maleta que no había notado que llevaba, un libro delgado-Para ti. Esto sí te dejaría que lo leas.
Observé el libro extendido frente a mí, mientras limpiaba mis manos en el delantal.
-¿20 poemas de amor y una canción desesperada?- Arqueé una ceja.
-No subestimes la poesía. Se necesita mucho más de lo que crees para poder comprenderla correctamente .Es un regalo.
Tomé el libro entre mis manos y sus dedos rozaron los míos ¡Por Dios! Sentía que todo mi universo se derrumbaba.
Leave all your loving, your loving behind, You cant carry it with you if you want to survive …
-Gracias.
Y continué cortando mis naranjas, despacio. Sentía aún como me miraba, podía saber que sus ojos de fuego recorrían mi piel y un ardor mayor al que el sol causaba me atormentaba. Pero quería seguir sintiéndolo. La música en el fondo tomaba más fuerza, rapidez, al igual que mi cuchillo. Más rodajas, más, más rápido… el cuchillo rozó mi dedo índice, seguido en un quejido y el rojo jugo característico de las naranjas sicilianas mezclarse con lo escarlata de mi sangre. Sentí como mi mano izquierda era atraída con tal fuerza que no pude negarme. Lo siguiente, fue ver mi dedo entre sus labios. Imaginé el sabor ferroso de mi sangre junto al ácido de la naranja en su boca. Mi corazón se detuvo un instante y mi pecho subía y bajaba pesadamente.
And I never wanted anything from you except everything you had and what was left after that too…
Me miró con sorpresa, como maldiciendo por lo que acababa de hacer. Soltó mi mano, agradeció una vez más y salió velozmente por la puerta. Yo me quedé ahí, envolviendo mi dedo herido con la otra mano, soñando despierta, embelesada…
-Gajeel
Happiness hit her like a bullet in the head struck from a great height by someone who should know better than that…
Todos sus comentarios y sugerencias serán bien recibidos ^^
Besitos ¡Abur!
