3. Epílogo.

Teddy le dedicó una sonrisa a Scorpius, era de esas sonrisas que si te dabas un poco de cuenta claramente no era una sonrisa, sino más bien una mueca. Teddy apenas sonreía. Teddy había sonreido mucho en su vida, una sonrisa real, sincera e incluso inocente, pero hacía ya demasiado que sus sonrisas eran poco más que un pretexto de sonrisa, una mueca curvada en los labios que trataba de hacer ver a la gente algo que en realidad no sentía: felicidad. Algunos se daban cuenta y simplemente callaban, otros se daban cuenta, pero Teddy nunca se dejó ayudar, otros simplemente nunca se fijaron lo suficiente. Como Scorpius.

El rubio estaba demasiado ocupado dedicándole una sonrisa burlona y sardónica a Teddy. Esa sonrisa acompañada de demasiados dobles sentidos que seguramente alguien que no supiese de la infidelidad habría pillado, pero no Teddy. Teddy era demasiado idiota, demasiado estúpido e inocente y simplemente sonreía, diciendo cosas como "cuida de Dominique mientras yo no esté" o "eres un buen amigo, siempre preocupado por ella, siempre encima de ella" acompañado claro de una risa estúpida de él.

La vida de Teddy desde hacía años se podía basar, sin lugar a dudas, en un "y Teddy calló". Encontró a Dom con Scorpius y Teddy calló, Dominique pasaba más tiempo con Scorpius que con él, y Teddy calló. Scorpius hizo bromas subidas de tono en su cara con claras referencias sexuales con su esposa, y Teddy calló. Dominique le decía todos los días "te quiero" o "te amo" y Teddy calló. ¿Por qué? Porque deseaba que fuese cierto. Porque por encima de todas las cosas deseaba que Dominique siguiese amándole.

Estaba dispuesto incluso de aceptar la relación sexual de Dominique y Scorpius en público siempre que Dom siguiese a su lado. Al parecer, el amor propio y la dignidad de Teddy se marcharon el momento en el que dio el "sí" a que Scorpius fuese el padrino de Remus Jr. Decidió quitarse malas ideas de la cabeza y simplemente se despidió de Scorpius, encaminándose nuevamente hacia Hogwarts.

El domingo había terminado y al día siguiente había clase, tenía clase a primera hora. Entró al castillo y se dirigió a su despacho que hacía las veces de dormitorio siempre que no se quedara simplemente dormido sobre la mesa, empapado en sus propias lágrimas. Se sentó en la mesa y continuó con las preguntas para el examen que sería la próxima semana. Las dos primeras preguntas las copió sin mayor problema, pero en la tercera sus ojos comenzaron a emborronarse y se dio cuenta, gracias a llevar su mano hasta su mejilla, que lo que ocurría es que estaba llorando.

Había llorado tanto los últimos años que ya ni sentía las lágrimas, como quién está demasiado tiempo en un campo de margaritas, que ya ni huele el olor. Cerró los ojos y tragó saliva en un intento de controlarse un poco; sin duda la peor idea que pudo haber tenido. Al momento a su cabeza llegaron imágenes de Scorpius y Dominique en la cama. Esperó que pasasen, ya casi se había acostumbrado a que su mujer se dejase profanar por un cualquiera pero cuando acabó la escena, vino otra y después otra. Le llegó a la mente la imagen de Scorpius y Dominique desayunando una mañana tranquilos, sin tener que esconderse o arrepentirse por poco que sea.

Entonces llegó a su cerebro una pregunta, una que nunca antes se había atrevido siquiera a pensar "¿Realmente esta situación duraría para siempre?". Dominique tenía que elegir entre una persona a la que veía con suerte una vez a la semana y una a la que veía todos los días y que la complacía en todos los sentidos que ella deseaba ser complacida. ¿Realmente amaba tanto a Teddy —si es que aún le amaba— como para mantener el adulterio para siempre? ¿O realmente llegaría el día en el que le pediría el divorcio? Igual cuando Remus fuese lo suficientemente adulto como para entender que su madre no amaba a su padre, con quince o dieciséis años. O igual pasaba algo peor, ¿y si Dominique seguía con Teddy, pero sólo por pena?

Igual no le amaba desde hacía años pero estaba con él por pena. Igual le daba lástima el ex-metamorfomago y no quería que se suicidase o algo peor si le dejaba completamente solo en el mundo. Volvió a cerrar los ojos y los apretó con fuerza, intentando respirar de manera lenta y profunda. Estaba comenzando a hiperventilar. Sintió sus mejillas comenzar a doler y enrojecer y un fuerte nudo en la garganta que le impedía tragar. Sintió las caricias y besos que había recibido de Dominique ese día, pero lo sintió como cuchillas sin filo que arañaban su piel con una lentitud cruel y tortuosa.

Sintió su boca arder como si los besos hubiesen sido de fuego, sintiendo que de haberlos recibido de Judas o Satanás no serían tan burlescos y crueles. Tragó saliva de manera dura y pesada, casi dolorosa. Decidió cerrar nuevamente el pergamino y dejarlo para otro momento, sabía que de continuar intentando hacer el examen sólo iba a llenarlo de lágrimas, estropearlo y tener que comenzar otro día de nuevo. Se reprendió a sí mismo por llorar como un niño de 12 años cuando ya tenía 30, aunque aparentaba casi cincuenta, pero eso no hacía que dejase de lloriquear.

Se puso en pie y sacó su varita. Apenas pudo ver lo que hacía, pero estaba demasiado acostumbrado a hacerlo con los ojos cerrados de modo que tampoco le salió mal. Primero, de un movimiento de varita, hizo el escritorio del tamaño de uno de juguete y lo colocó en la estantería junto con las sillas. Entonces, de un movimiento un poco más largo, convocó una cama. Una cama pequeña y algo andrajosa, pero que era perfecta para Teddy pues no creía querer o merecer más. Se tumbó en ella, ni siquiera se desvistió o puso el pijama, no se sentía con fuerzas o ganas.

Pensó, mientras se introducía en la cama, que ir a ver a Dom era como ingresar voluntariamente en Azkaban, igual puede que incluso peor, pues Teddy salía de allí peor que como entraba. Una vez estuvo dentro y apagó la luz, al cerrar los ojos, pensó en lo que se adueñaba de sus pensamientos últimamente, lo que más le preocupaba y dolía desde que comenzó a cuestionárselo. ¿Sería Remus hijo suyo? En un primer momento podría parecer descabellado, casi ilógico, pero sería una locura que Teddy los cazó precisamente la primera vez que lo hicieron.

¿Y si Remus era hijo de Scorpius? De Scorpius o de un amante anterior a él. Cuanto más miraba a su hijo menos parecido encontraba con él. Apretó los puños al sentir su estómago rugir de dolor y ansiedad. El nudo en su garganta se volvió excesivamente grande hasta el punto de que no podía apenas respirar. Se removió intranquilo, imaginando a Remus llamando papá a Scorpius. Remus era lo único puro e inocente, lo único incorruptible que quedaba y no quería que también se escapase de sus manos como la arena de la playa.

Porque eso eran sus relaciones: arena de playa. Tú podías cerrar las manos, apretar los puños o intentar malabares, pero la arena siempre acababa yéndose. Y Remus algún día empezaría a escurrirse entre sus dedos, seguramente arañando a Teddy en el proceso, haciendo que sólo sienta más dolor y sufrimiento. Esos pensamientos se fueron agolpando en su mente mientras los polvos de hipnos iban cayendo con lentitud en sus párpados, haciéndolos más pesados. Acabó cerrando los ojos y dejándose llevar por el sueño, pidiendo a Merlin no tener alguna pesadilla relacionada con su dantesca vida. Al parecer Merlin no pudo escuchar su súplica.


Aquí debería estar todo eso de "da FAV, sígueme. Lee mis historias" pero es que el drama es real. Lloremos todos juntos o algo