Las 12 horas de vuelo entre Tokio - Los Ángeles pasaron rápidamente para los enamorados. Aprovecharon la comodidad del espacio, para acurrucarse lo más que podían, hablaban de todo y de todos y Kyoko le hizo prometer que irían a comprar los presentes para los amigos primero, ella ya tenía su lista.
— Además, allí nadie nos conoce, vamos a hacer turismo sin escondernos— dijo emocionada.
Cuando llegaron, lo primero que notó fue lo brillante del sol. Entraron en la limosina y se dirigieron al mejor Hotel de la ciudad. Antes de subir a sus habitaciones (separadas por supuesto) para dormir unas horas y compensar el jet lag, Kuon la llevó de compras, un cambio de ropa para hoy, otro para mañana y el pijama. Él compró la misma cantidad de piezas y todo combinaba.
La cena fue invitada por Kyoko.
— Déjame tener un detalle contigo — murmuró con cara de puchero.
Así que Kuon no pudo decirle que no. Durante la velada, le pidieron al mesero que les tomara unas fotos y así Kyoko aumentó la cantidad de recuerdos que tenía de ellos. Luego fueron al cine, pero la actriz se quedó dormida en el hombro de su novio a mitad de película. Al final, este la acompañó a su habitación y se despidieron tiernamente.
El segundo día inició haciendo turismo, compraron todos los recuerdos y comieron comida local, aunque a los ojos de Kyoko era bastante internacional. Sin embargo, ella sabía que Kuon estaba ansioso. Así que a eso de las 3:00 p.m. ella le pidió que se sentaran en un café y con toda sinceridad le dijo:
— Voy a llamar a Otou-san.
Kuon palideció. Ella tomó su mano y continúo:
— Amor, ellos han estado esperando este momento hace 10 años y tú también.
Y mientras llevaba la enorme mano de Kuon hasta su boca para besarla cariñosamente y darle ánimos, con la otra mano marcaba el celular.
Esos segundos se les hicieron eternos a los dos, al final casi cuando Kyoko pensó que Otou-san no iba a poder contestarle, se oyó la voz de Kuu decir emocionado:
— ¡Hijo mío!
Ella sonrío y lo saludó afectuosamente. Al terminar el protocolo le dijo sin más:
— ¡Estamos aquí!
El silencio era ensordecedor aunque no duró más de 3 segundos. De pronto Kuu respondió:
— Julie y yo estamos encantados, queremos verlos ya, pero no estamos en los Ángeles, regresamos tarde esta noche. Por favor, vayan a casa, quédense allá y espérenos, haremos lo posible por llegar antes de lo estimado.
Antes de responderle, Kyoko miró a Kuon quien había escuchado todo con atención y este le dijo que sí con la cabeza. Ella le confirmó a Otou-san y se despidieron.
A pesar de ir en contra de su educación, Kyoko, que había aprendido de Kuon que no está mal expresar el afecto con caricias, se levantó y lo abrazó quedando el rostro de su novio en todo su estómago, comenzó a pasar su mano por su cabeza (gesto que ella sabía que lo tranquilizaba) hasta que este no pudo más y comenzó a llorar escondiendo su rostro en ella.
Kyoko lo dejó descargarse, ese hombre enorme, alto, fuerte, talentoso, amable e increíble, no dejaba de ser un hombre con un doloroso pasado. Esporádicamente ella le daba besos en la cabeza. Sabía que desde que llegaron, la ciudad que para ella era nueva e interesante, a él le estaba oprimiendo el alma.
Aunque a la actriz no dejaba de sorpréndele que nadie se inmutara por ese contacto tan íntimo en un espacio público, se enfocó en confortar a Kuon. Al cabo de un rato, cuando sintió que este dejó de temblar y llorar, se agachó quedando frente a frente. Sacó un pañuelo de su bolso y lo limpió, como cuando una madre limpia la cara triste de a su hijo. Él pasó los brazos alrededor del cuello de Kyoko y le dijo al oído:
—Te amo— mientras escondía su rostro en su clavícula para terminar de reponerse, ella le susurró: —Yo también te amo— y lo dejó descansar.
A pesar de estar tan vulnerable, Kuon se sentía cómodo porque confiaba en ella más que de lo que confiaba en sí mismo.
Del café salieron pasadas las 4 de la tarde. Kuon iba mucho más tranquilo, la ansiedad que tenía ahora era por el anhelo de ver a sus papás.
— ¿Estás seguro que quieres que te acompañe? — Dijo Kyoko casualmente mientras iban de la mano por la calle.
Kuon frenó en seco:
— Sin ti esto no estaría pasando. Además, debes superar la prueba y conocer a mi mamá. ¿Quieres que te diga algo?— sonreía divertido mientras decía esto — A ella nunca le han gustado mis novias, aunque era cordial con ellas, papá y yo sabíamos que no las sopor...—
No pudo terminar la palabra porque Kyoko tiró de su mano violentamente y comenzó a alejarse.
— Kyoko— clamó asustado —Kyoko.
Había cometido un error enorme: mencionó a sus ex.
