—Con el paso del tiempo, Mimi había convencido a su pelirroja amiga para ir al gimnasio dos veces cada semana. Ella al principio se rehusó, alegando que tenía que dedicarle tiempo a sus diseños, a su modelo y demás cosas de su trabajo. Pero fue tanta la insistencia de la castaña, que ambas acordaron ir al lugar una vez cada dos semanas.
Podía decir que lo que Mimi quería, lo conseguía. Al menos con ella, esa era su situación.
—¿Cuántos llevas? —preguntó la castaña agitada.
La pelirroja miró la pantalla de la caminadora y respiró un poco. —Tres kilómetros.
—¡¿Eh?! ¡¿Tantos?! —exclamó Mimi, mirando con verdadero asombro a la pelirroja. —Yo apenas llevo uno y medio.
—Casi no corres. —Sora llevó su mano al mango izquierdo de la caminadora para poder bajar la velocidad e ir caminando. —Realmente no sé porqué insistes en venir si casi ni hacemos ejercicio.
—Corremos, eso es ejercicio. Y sí corro. —llevó su diestra al nivelador de velocidad para subirla a dos grados. Su amiga solo alzó una ceja.
Para el parecer de Sora, su amiga solo iba a ver a los hombres, según ella, observar y no tocar "no le hacía ningún daño a nadie". Casi siempre después de que terminaban del gimnasio, ambas se sentaban por un tiempo al aire libre para hablar de temas mientras tomaban calpis.
—¿Mimi? —llamó la pelirroja a su amiga castaña justamente después de darle un sorbo a su bebida no carbonatada.
—¿Sí? —la miró devuelta al mismo tiempo estiraba su mano hacia adelante para alejar la lata de su cuerpo mientras intentaba destaparla en caso de que el líquido saliese desparramado. Afortunadamente no fue así.
—Me lo encontré a Yagami en el evento.
—¿A quién? —cuestionó, colocando la lata en el banco para poder peinar su cabello y atarlo a una cola de caballo.
—El chico con el que salí la noche aquella.
La mirada de la castaña se convirtió en una pícara mientras sus labios formaban una leve sonrisa. —El chico con el que te acostaste.
La diseñadora prefirió ignorar el comentario ajena, y es que en verdad, entre más decía su amiga, más se sentía avergonzada. —En fin… ¿Puedes creer que es el director financiero de una prestigiosa empresa…?
—Tú eres prestigiosa… —añadió la contraria, dándole un poco de mérito. —Si por el dinero es, tienes una buena cantidad.
—No es eso, Mimi… —Se recostó del espaldar del banco donde ambas estaban sentadas para luego peinar sus cabellos hacia atrás. El verano estaba en sus mejores momentos calurosos. —Jamás pensé que alguien como él recurriera a esos lugares.
—¿Por qué no? Muchos hombres adinerados van a lugares como esos. —la castaña miró a su amiga y no pudo evitar darle un leve empujón para sacarla de sus pensamientos. La verdad es que de las dos, ella era la más despreocupada. —Vamos, anímate, además, tú también vas a esos lugares para ligar con los hombres.
Sora por el contrario, sintió como sus mejillas se sonrojaban de golpe ante aquel comentario, el hecho de que alguien pudiese escuchar el comentario de su amiga y hablar mal de ella, la avergonzaba de gran manera. —¡¿Q-qué dices?! ¡Eso ni siquiera cuenta! Son dos cosas totalmente diferentes. —se excusó. Miró la lata que tenía en sus manos mientras trataba de organizar sus ideas.
La sonrisa de Mimi se hizo más pícara. —Ah, Sora, vamos. —la castaña golpea el brazo de Sora un par de veces con su codo. —Hace mucho que no tienes una relación, ya es hora.
Sora en ese momento no sabe si reír o regañar a su amiga por aquel comentario. Sus labios forman una pequeña y luego lanza un suspiro. —Ese no es tu problema. —respondió en un tono algo arisco, el cual Mimi pudo captar de inmediato, pero prefirió no decir nada ante eso.
No quiere forzar el tema. Estira sus brazos hacia atrás y luego mira a su amiga. —¿Y mi vestido?
—Oh… —Sora apoya sus manos en las rodillas, encorvando ligeramente su espalda, mira a su amiga y luego sus pies. —Le estoy dando los últimos toques a la falda. —susurra en un tono audible, algo más calmado y amigable.
Es luego de unos momentos que Sora se pone de pie y se estira un poco, Mimi la sigue, intenta abrazarla, pero la pelirroja se aparta a tiempo, otro intento de molestarla. —¿Para cuándo estará listo?
—¿Es muy importante? Porque recuerda que ando trabajando. —ante su respuesta, ve como la cara de su amiga se deforma en un puchero, se acerca a ella y le palmea la cabeza como si se tratase de un perro. Mimi sabe que aquello es una especie de burla. —Lo tendré listo para el martes de la semana que viene. Lo prometo.
No es sorprendente. Tampoco inesperado. Sora siempre haría un espacio para hacer cualquier cosa por su amiga, aunque a veces le costara tiempo o energía.
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—A veces siento que soy tu esclavo. —Taichi mira hacia atrás con una lata de cerveza en su mano. Se da la vuelta encima del sofá y luego de unos segundos mirando a su amigo, se paró del mueble, haciendo que este cruja ante la falta de su peso. Camina a la cocina y vuelve, extendiéndole la mano con una cerveza. El rostro de Koushiro se deforma en una cara de leve enojo —¿Crees que dándome una cerveza compensa que tenga que venir para acá cada 15 días?
—¿No es así? —Koushiro frunce aún más su cara de enojo y Taichi solo lo mira, como si no supiera qué más hacer aparte de mirarlo. El pelirrojo suspira y sigue reparando la computadora de su amigo. Taichi en cambio se sienta en el piso junto a Koushiro. Una sonrisa de molestia adorna su rostro de improviso. —Eres como una princesa. —le dice en un tono suave, llevando su brazo a la cabeza ajena para tratar de acariciarla, pero al instante el pelirrojo toma su brazo para alejarlo. —No seas así.
—Déjame en paz. —le regaña en mala forma sin dejar de mirar el computador. Koushiro siente que su cabeza explota y se termina de recostar en el piso, con sus manos cubriendo parte de su cabeza. Mira a su amigo y le da una leve patada en la pierna. —Deberías pagarme todo lo que hago por ti, esto es un trabajo y no es barato.
Taichi ríe al escuchar lo de su amigo, así que se pone de pie y solo tarda unos segundos antes de tenderle unos cuántos billetes, haciendo que Koushiro se quitara un calcetín y se lo tirara a la cara. —Eres un idiota. —dice sentándose nuevamente en el piso al lado de su amigo. Utiliza sus manos para apoyar su cabeza mientras sus pensamientos se perdían. Oye como Koushiro dice algunas cosas, pero no le presta atención. Ve al pelirrojo sentarse para continuar arreglando su computadora; Taichi lo imita y lleva sus manos a sus tobillos. —Salí con una chica el sábado… —le comenta a su amigo, pero este solo le da una afirmación desinteresada, haciendo que el castaño lo golpeara en el brazo. —¿Podrías interesarte en lo que te digo?
—Soy técnico de tu computadora, ¿y también tengo que escuchar tus citas?
—Eres mi amigo, merezco eso.
—Además, tienes citas tres veces al mes. No es sorpresa que hayas salido el sábado a una cita.
Taichi lo miró sin alguna expresión en su rostro. Le arrebató el destornillador a Koushiro y colocó su dedo índice de su mano libre en la cara del chico. —Tu comentario me ha ofendido. —Koushiro suspiró, tratando de quitarle el instrumento, pero eso hizo que su amigo incrustara más su dedo en la cara. —Me has dicho mujeriego.
—Taichi, basta de juegos. Madura. —se quita la mano del chico de la cara y luego le arrebata el destornillador.
—Eres un aburrido.
Koushiro le vuelve a dar una afirmación desinteresada y ambos duran en silencio una vez más, pero es Koushiro que vuelve a retornar la conversación. —¿Por qué terminaste con Mochizuki?
—¿Uh? —Taichi hace una leve pausa antes de volverse a acostar en el suelo. —Pensé que su timidez sería solo al principio, pero resultó ser algo monótono. —es al final de la oración que su voz se va apagando. —Verás, no soy mucho de monotonía en cuanto a relaciones. Necesito a alguien que esté dispuesta a intentar cosas nuevas conmigo.
El pecho de Koushiro se infla levemente para dejar salir un gran suspiro, en parte entiende a su amigo, Taichi tiene mucha energía y necesita a alguien que vaya a la par con él, o a alguien que lo dome un poco, es por eso que cuando supo de la existencia de la chica, esperaba dos resultados, que él se adaptara a ella o bien, que su amigo terminara. Koushiro siempre apostaba a la segunda.
—Ya está lista. —Koushiro hace presión a la tapa del CPU para atornillarlo y cerrarlo. —Espero que en esta vuelta no lo dañes.
—Gracias, Kou, sé que siempre puedo contar contigo.
—Quisiera pedirte un favor. —el pelirrojo toma el calcetín que le había tirado a su amigo hace un rato para ponérselo. —Verás, mi novia está en casa de una amiga y queda un poco alejada. Mi auto, sabes que ella lo estrelló y está en el mecánico. Le dije que el auto estaría para hoy, pero no se pudo y si no paso a buscarla, será una semana de tortura para mis oídos.
—Kou, amigo, claro, todo lo que necesites de mí me lo puedes pedir. Sabes que yo siempre te-…
—El que ligues o no con su amiga no me concierne. —interrumpe divertido con una media sonrisa.
El moreno deja escapar una pequeña risa por aquel comentario. —Está bien, está bien. Pero igual sabes que me puedes pedir cualquier cosa sin importar qué.
Taichi busca un par de tenis y se los pone dentro tan rápido está en la sala, Koushiro lo mira todo extrañado mientras recoge las herramientas con las que reparó la computadora del moreno. —¿Por qué te pones los zapatos dentro? Deberías ponértelos el genkan, para eso está ahí.
—Yo no tengo costumbres japonesas, lo sabes.
—Para serte sincero, siento algo de asco de saber que mi trasero y mis medias estaban en tu piso sucio.
Taichi se colocó frente al pelirrojo y lo acercó con su brazo. —Hermano, tu culo y tus pies han sido bendecidos por mi piso.
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Cuando Koushiro le fue dando las direcciones para llegar a la casa de la amiga de su novia, de inmediato Taichi pensó que la chica debía ser hija de un buen dueño de negocio o algo por el estilo, y cuando llegaron a la casa de la chica, sus pensamientos se volvieron en afirmaciones, aunque dentro de sí pudo sentir un pequeño malestar en su estómago, pero prefirió ignorarlo.
Ambos salieron del carro y fue en ese instante donde Taichi pudo admirar lo grande que era la casa de la chica, aunque el aspecto tradicional de esta le quitara todo el atractivo para él. —La chica debe ser una millonaria. —susurró para sí mismo antes de mirar a su derecha y ver que su compañero ya estaba tocando el timbre. —Hey, Koushiro, ¿seguro que es aquí? Esta entrada parece una fortaleza.
—Sí, pero no sé porque no contesta al timbre. —el pelirrojo se aleja de la puerta dispuesto a gritarle a la chica, pero en ese instante sonó la voz de esta por el intercom, haciendo que el chico corriera hacia este. —Ah, Takenoushi, ya pensaba que no estaban ahí.
Y es ahí que Taichi piensa para sí mismo, en alguna parte de su vaga mente, puede recordar que alguna vez ha escuchado ese apellido y esa voz. Luego de que la chica dejara de hablar, se acerca al pelirrojo. —Koushiro, esa amiga de la que hablas, ¿cómo me dices que se llama?
El pelirrojo lo miró por un momento antes de quedar completamente de frente a su amigo. —Se llama Takenouchi Sora.
—Me parece haber escuchado ese nombre antes.
Koushiro frunció su rostro mientras ladeaba su cabeza. Aunque conociera de hace años a Taichi, le sorprendía lo desentendido que era y lo fácil que olvidaba las cosas que no le interesaba. —Taichi, se supone que "la conoces".
Justo cuando el castaño pareció protestar, la gran puerta de entrada se abrió, dejando descubierto la novia del pelirrojo, la cual desde que lo vio, corrió hacia este para abrazarlo asfixiantemente. —¡Koushiro! —se separó de él luego del abrazo y fue cuando su vista se dirigió al chico que estaba detrás de su amigo. —¿Él está contigo? —preguntó la castaña mientras señalaba al castaño y miraba a su novio.
El pelirrojo miró al chico y asintió. —Ah, Mimi, no te lo había presentado. Él es Taichi Yagami; Taichi, ella es Mimi, es la chica de la que te he hablado, mi novia.
Ambos agitaron sus manos a los lejos en señal de saludo. Fue demasiado agrio hasta por Koushiro.
—¡Mimi! —se oyó cómo gritaron desde adentro, los tres miraron hacia la puerta hasta que la pelirroja salió de esta con una prenda en la mano. —Mimi, no puedes irte y dejar las cosas por mitad… —a medida que fue hablando, su tono de voz fue disminuyendo hasta casi no escucharse al ver al castaño ahí, frente a su puerta. De inmediato todo su tranquilo aspecto cambió y su rostro se frunció por completo. —¿Qué haces tú aquí? Aquí justamente frente a mi puerta. En mi casa.
Taichi sintió la hostilidad de inmediato. Al instante todos los recuerdos de ellos juntos le vinieron a la mente y no pudo evitar sentir una incomodidad indescriptible. —Ni he entrado en tu casa, ¿y ya dices que qué hago aquí? Eres una completa odiosa.
—Puedo decir lo que quiera mientras estés frente a mi casa, y como no quiero que estés frente a ella, quiero que te largues. Ahora. —dijo de una manera más arisca mientras se acercaba al chico hasta ponerse justamente frente a él.
—¿Ahora quieres que me largues? Yo te traté muy bien cuando estabas conmigo, en mi casa. Exclusivamente en mi cama.
Muy lejos de sentirse avergonzada por el comentario ajeno, su rostro se endureció más, dando a entender que se sentía más furiosa por aquello. —Se nota que no eres más que un chico inmaduro, ¿realmente crees que me harás menos por decir eso? Ahora mismo no hay algo de lo que me arrepienta más que haberme acostado contigo.
—Y se nota que no eres más que una cualquiera que-… —sus palabras fueron interrumpidas cuando la mano de la chica chocó contra su rostro en una bofetada.
En cierta parte, Sora agradeció que ellos estaban solos en la calle completa, realmente no se imaginaba las personas mirando aquella escena de ella siendo violenta contra alguien.
Para Taichi, en cambio, sintió no solo la sangre de su cara hervir, sino de su cuerpo entero. Cerró sus puños tratando de tranquilizarse. Suspiró y volteó a verla, notando cómo la chica seguía con el ceño fruncido. Pensó que sería mejor alejarse de ella para tratar de no hacer una locura contra ella de lo cual luego se arrepintiese. —Ni estás a la altura. — al final terminó dándose la vuelta para dirigirse al auto y subir para esperar a su amigo y a su novia en él.
En cambio, Mimi y Koushiro estaban asombrados por el comportamiento de ambos, pero más por el de la pelirroja.
Luego de todo eso, todo transcurrió en silencio.
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Mimi salió del baño en pijamas y con ella, una nube de vapor mientras secaba su pelo con una toalla. Vio a su novio sentado en la cama tecleando en su laptop y de inmediato sonrió, dejando la toalla alrededor de su cuello para correr hacia el pelirrojo y abrazarlo —Koushiro… —lo nombró emocionada y él llevó su mano a la cabeza de ella para acariciarla, pero al instante, al sentir la humedad del pelo, la alejó y solo se conformó con acariciarle la espalda con suavidad. Ella en cambio se quitó la toalla del cuello y se la puso a su novio en la cabeza, pero se la quitó de inmediato. —Koushiro, he estado pensando en lo que pasó esta tarde con… ya sabes…
El chico automáticamente dejó de escribir antes de suspirar y lentamente cerró su laptop para mirar a su novia. —Realmente fue un momento incómodo, pero más para nosotros porque estábamos entre ellos. —hizo una pequeña pausa antes de lanzar otro suspiro. —Quisiera no haberle pedido a Taichi que me llevara a casa de Sora.
La castaña lo miró por unos segundos con ojos de tristeza antes de tomar la toalla de hace unos segundos y colocarla cobra su cabeza para enrollarla y apoyarla en el hombro de su novio. Tomó la mano con la que el pelirrojo le acariciaba la espalda para entrelazar sus dedos y admirar aquella imagen, él y ella juntos, con sus manos entrelazadas. El abanico de techo giraba armoniosamente haciendo que el ambiente de la habitación estuviese fresco.
Automáticamente el rostro de la chica se iluminó y se separó abruptamente del chico, haciendo que este la mirara sorprendido. —Lo tengo. —la mirada de Koushiro se mantenía serena, pero Mimi sabía que quería que completara la oración. —Deberíamos enseñarles a estar juntos.
El rostro sereno de Koushiro se descompuso levemente al fruncir el ceño. —Estoy pensando en algo y quisiera que no sea lo que estoy pensando, ¿"enseñarles a estar juntos"?
—No pueden odiarse por siempre.
—Viste cómo se trataron de solo verse, ¿y quieres "enseñarles a estar juntos"? Creo que el agua estaba muy caliente.
—No, Koushiro… —la chica le tomó el brazo mientras se sentaba a su lado. —Tuvieron un mal entendido, pero ya verás que cuando lo arreglen, serán muy felices juntos.
—Yo no estoy de acuerdo, son muy diferentes. Yo conozco a Taichi-…
—Y yo conozco a Sora. —interrumpió tomándole ambas manos con delicadeza. —Ella no es tan seria, tiene un lado salvaje.
—Para mí sigue siendo una mala idea eso que dices. —en ese momento ella se puso de pie y él solo la miró. —Escucha, eres muy apreciada para mí, no por el hecho de que seas mi novia, pero realmente no quisiera que te buscaras un problema por aquello. Mejor dejemos las cosas como están y olvidemos esto de hoy.
Ella solo sonrió y salió de la habitación. Koushiro en cambió se dejó caer en la cama mientras sus pies rozaban levemente el piso de madera.
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Aquella noche, Mimi llegó a la casa de Sora. Tocó la puerta varias veces antes de escuchar la voz de su amiga por el intercom y luego de unos segundos la puerta se abrió dejando ver a Sora con pantalón y camiseta holgada. Le dio un abrazo para después entrar a la casa.
Se quitó los zapatos en el genkan y se puso de inmediato las pantuflas para invitados que Sora tenía disponible en el pequeño armario de la entrada. Pasaron a sentarse en la sala al rededor del kotatsu. Mimi miró el mueble y sonrió mientras colocaba sus codos sobre la mesa. —¿Aún tienes el kotatsu? Ya casi se va marzo.
—Sabes que me da mucho frío. —habló antes de tomar la taza de té que tenía frente a ella y beber un sorbo con delicadeza. —¿Té? —Mimi negó. —¿Qué te trae por aquí? A estas horas. ¿Viniste en taxi? No vi a Koushiro.
Mimi sonrió para luego aclara su garganta y mitrar a su amiga seriamente sin borrar su sonrisa. —Te propongo algo…
—¿Una propuesta? —bebió un poco más de té y después miró directo a los ojos a la contraria. —¿Quieres otro vestido? Tienes que esperar después de otoño.
—No. Eso no. —la pelirroja la miró extrañada. —Quiero que vayamos a un lugar…
…
…
…
Cuando Sora y Mimi llegaron al restaurante, la castaña se puso delante de la pelirroja con una gran cara feliz; Sora solo se sorprendió por el gesto de su amiga, aunque sabía que Mimi vivía la vida muchísimo más despreocupada de lo que podía pensar.
—Bien, Sora, espero disfrutes esta hermosa velada…
—¿De qué hablas?
—Ya lo verás. —y sin esperar, Mimi le toma la mano a Sora para llevarla a la mesa y sentarla a su lado en una mesa redonda. Mimi mira su reloj de muñeca y luego de unos segundos, su mirada se va hacia su amiga, la cual toma el menú, pero luego de sentir la mirada de la castaña, deja de ojearlo. —¿Qué tal?
—Se ve bien. —dice volteando el menú un par de veces antes de dejarlo descansar sobre la mesa. Examina el lugar con un vistazo rápido y vuelve a ver a Mimi. —¿A qué se debe que me hayas traído?
—¿No puedo traerte sin razón? —Mimi frunce el ceño levemente, pero lo borra rápidamente para darle una sonrisa. —Tranquila, todo saldrá bien.
Para Sora, los minutos pasaron lentamente, en cambio para Mimi, se le notaba un poco el desespere en su mirada, miraba el reloj constantemente. De repente, la mirada de la chica se iluminó y al ver tal alegría por parte de su amiga, Sora se volteó levemente para mirar hacia atrás, pero de inmediato su cara se descompuso al ver el chico que acompañaba a Koushiro. —¿Qué hace él aquí?
—Koushiro lo invitó.
—Pues yo me voy. —automáticamente sintió la mano de Mimi tomar su brazo aplicándole algo de fuerza.
—No hay que apresurarse. —fue lo único que dijo en una tono completamente serio al igual que su cara. —Ni siquiera tiene sentido tu comportamiento hacia él. No lo conozco, pero no se ve mal hombre.
—Lo odio. ¿Olvidas que me dijo cualquiera?
Justo cuando Mimi pensaba decirle algo a su amiga, sintió como unas manos tomaron sus hombros y rápidamente levantó su mirada para encontrarse con los de su novio, el cual tomó rápido asiento frente a su novia, quedando al final Taichi frente a Sora, la cual dio una mirada fulminante a su amiga.
—Bien, chicos, Koushiro y yo tenemos que irnos. —tomó su bolsa, ignorando la mirada asesina que le daba Sora. —Vámonos, Koushiro.
Tanto Taichi como Sora le dieron una mirada al pelirrojo antes de agachar su cabeza por la vergüenza que sentía. —Lo lamento, mucho. —se levantó de la mesa y se fue.
Ambos lo siguieron con la mirada hasta que este se sentó en otra mesa con la castaña. Sora suspiró pesadamente y Taichi le dio una mirada al mismo tiempo que su codo se colocaba en la mesa y rascaba su nuca con cuidado. —Para que quede claro, yo no ayudé con esto.
—Claro —murmuró sin ganas antes de resignarse a tal suceso en el que Mimi la había metido.
El ambiente del restaurante era tan acogedor, calmado, lo que hacía que fuera un punto de reunión popular. Mimi miraba atenta a que los chicos interactuaran, en cambio Koushiro miraba de vez en cuando, sintiendo más vergüenza por todo.
Pasó una hora en total. Ninguno habló. Ninguno dio el primer paso. Ninguno quiso arreglar las cosas. Sora se levantó y salió del lugar. Taichi suspiró antes de dejar un billete en la mesa por la botella de agua que había pedido.
Mimi se dejó caer desanimada al sentirse derrotada, el saber que su plan no funcionó la hacía sentir que muy probablemente ambos no estaban destinados ni hacer amigos. Koushiro la miró por un momento y solo le acarició la mano. —¿Por qué no funcionó?
—Fue una mala idea, te lo dije. Mucho duraron para no soportarse. Deberíamos irnos también. —se levantó de la silla y se acomodó la ropa que llevaba.
Mimi le siguió y con lentitud, se paró y justo cuando su mirada se levantó, pudo ver cómo Taichi se recargaba en la puerta del conductor del auto de Sora, y fue en ese momento en el que sus labios mostraron una sonrisa. Quizás sí había esperanzas para algo.
…
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Hi. Ah, la verdad es que me he tardado un montón para esto, pero es que pasé por problemas, pero ya estoy de vuelta para darles más de esta historia y con un capítulo largo para que no me quemen en la hoguera. Agradecimientos a mis niñas hermosas: Tessy y mi Anormal favorita.
Ahora viene el pequeño glosario:
El calpis es una soda descarbonatada muy famosa de Japón, está hecha de leche desnatada y otras cuestiones.
El Kotatsu es esa mesita pequeña que está en la sala y que posee un futón, esto es para calentarse.
El genkan es esa parte de las casas y edificios donde vemos que los japoneses se ponen y quitan sus zapatos antes de entrar en la casa en sí.
La verdad no sé si pueda subir nuevo capítulo rápido, pero saben que siempre estoy trabajando en esta historia, nunca me olvidaría de ella. Lo de Life Full Of Hope fue un regalo para alguien.
Creo que esto es todo por aquí, espero realmente les haya gustado este capítulo, nos leemos en una próxima. Arrivederci, mio caro lettore.
