Disclaimer: Bleach no es mío...aún xD

Nota: ¡Hola! ¿Cómo están? De nuevo, les agradezco mucho a todos los que me han dejado reviews y que han leído mi fic; me siento muy feliz de que les esté gustando ^^. Veo que, al avanzar los capítulos, más dudas les van naciendo, pero no se preocupen, que en unos capis más se revelará todo, solo confien en mí. Bueno, este capi es más corto que el anterior, pero mucho más entretenido y algo...como decirlo, ¿picante? Aquí habrá más interacción Ichigo-Rukia que en el pasado! Y este es el único capítulo donde sale mi OC Kimi, no sale mucho, pero aparece junto con mi lindo Renji ^^

Ahora, vamos con el rincón de los reviews!

Any-chan15: sobre tus preguntas, no te las puedo responder todavía, tendrás que esperar, pues en los capítulos siguientes, poco a poco,se ira aclarando todo. Y sí, como en las buenas películas, todo lo explicaré hasta el final xD

kia: pronto verán como se va a arruinar la boda IchiHime *risa malvada* Y sobre tus suposiciones, como le dije a Any-chan15, en capítulos posteriores lo revelaré.

elenita-chan: ¡gracias por tus reviews tan positivos siempre! :D Fue muy triste su primer encuentro, pero prometo que todo se irá solucionando y sobre tu pregunta, espera un poco y verás ^^

Rukia-CC: me alegra que encuentres esta historia interesante, jeje y no te preocupes, yo también me puse nerviosa mientras escribía la escena de la fiesta de Tatsuki.

Candy-chan: ¡gracias por el review! Y con tus suposiciones, lo mismo que para los demás, espera y verás jejeje.

Ahora sí, de regreso con la historia!

Capítulo 3: Una nueva vida, el mismo dolor.

Ya había pasado una semana desde que Rukia regresó a Karakura y ya había conseguido empleo en el museo; como lo sospechaba, debido a la nueva exposición permanente que habían abierto, necesitaban a más personal y nadie en Karakura estaba lo suficientemente capacitado como para hacerse cargo, bueno, nadie hasta que Rukia llegó. El director del museo estaba encantado con Rukia y la experiencia que tenía, así que no fue sorpresa que la haya contratado inmediatamente con muy buena paga. Rukia se sintió bastante feliz y realizada, esa fue la mejor noticia que le dieron desde que se mudó a Karakura.

Además, se volvió a poner en contacto con Renji y Momo; decidieron verse junto con Izuru, quien era amigo de ellos, también iban a ir la esposa de Renji, Kimi, y el prometido de Momo, Hitsugaya Toshirou. La emoción consumía a la Kuchiki por volver a ver a sus amigos, a quienes conocía desde primaria, bueno a Renji lo conocía desde los tres años. Ellos, a pesar de su huida y de las tonterías que cometió, la seguían queriendo y la iban a visitar a menudo a Tokio. Los seis habían sido mejores amigos siempre, eran así de inseparables; usualmente los comparaban con aquella serie de televisión occidental Friends TM.

En cuanto llegó al nuevo restaurante cantonés, observó que Renji y Kimi ya habían llegado; la pequeña esposa del pelirrojo llegó y le saltó encima a la Kuchiki, mientras la abrazaba y le decía lo feliz que estaba de que hubiera regresado. Poco después llegaron los amigos faltantes y todos empezaron a charlar muy amenamente de lo que habían hecho últimamente y de los planes que tenían. Pronto, como era lógico, la conversación giró en torno a cierto peli-naranja de ceño fruncido.

- Y Rukia, ¿ya lo viste? – Abarai fue el que inició la plática.

- Sí. – Rukai dijo, bajando la mirada.

- ¿Y qué pasó? – Momo y Kimi preguntaron al mismo tiempo.

- Nada, creo que no le agradó verme.

- ¿Ya hablaste con él? – Izuru esta vez habló.

- No, para nada.

- ¿Entonces cómo sabes que no le agradó verte? – Hinamori dijo.

- Lo vi en su expresión.

- Bueno, tal vez estaba muy sorprendido. ¿Pero, hay posibilidades de reconciliación? – Renji volvió a hablar.

- No, Renji. Él se va a casar. – Rukia dijo, intentando reprimir las lágrimas, mientras Kimi la abrazaba.

- ¡Ese bastardo! ¡Cuando lo vea le voy a decir unas cuantas cosas! – Renji exclamó; siempre fue muy protector de su pequeña amiga y odiaba verla en ese estado.

- ¡Tranquilo Abarai! Kurosaki debe de tener sus razones, pero ya no hay que hablar de ese idiota. – Hitsugaya dijo, mientras bebía su té.

- Tienes razón, Shiro-chan. – Momo dijo, haciendo que a Toshirou le saliera una venita en su frente.

- ¡Qué no me digas así! ¿Cuántas veces te lo tengo que decir, Momo moja camas?

- Mou, Shiro-chan eres muy malo. – Hinamori dijo, haciendo un puchero, y todos rieron; no había pareja más graciosa que ellos dos.

Después de despedirse de sus amigos, la pelinegra se dirigió a al supermercado; ayer la pequeña Kyouko había pescado un resfriado y Yoruichi y Urahara, siendo unos padres bastante sobreprotectores, no se quisieron separar de su hija; notando esta situación, Rukia se ofreció a comprar los víveres necesarios para la semana. Sus primos estaban bastante agradecidos y ella estaba bastante feliz de serles de utilidad, pues sentía que se aprovechaba de la generosidad de aquella familia.

Con calma, llegó a al supermercado y empezó a caminar por los pasillos, buscando los productos que su prima le había indicado que comprara. Mientras caminaba, sentía que alguien la observaba, pero pensó que esa sensación era producto de su imaginación, así que no le dio importancia y siguió haciendo sus compras. Sin embargo, la sensación se volvió cada vez más fuerte y decidió voltearse a ver quién la veía. Descubrió a una joven de veintitantos años, de cabello castaño claro y con cara infantil viéndola; por alguna razón, Rukia sintió que había visto ese rostro en alguna parte.

- ¿Rukia-chan? ¿Eres Rukia-chan? – La voz femenina dijo, observando a la Kuchiki.

- ¿Yuzu eres tú? – Preguntó, observando de cerca a la chica.

- ¡Rukia-chan! – La joven gritó y abrazó a la pelinegra, llorando un poco.

- ¡Yuzu! ¿Cuánto has crecido? – Rukia dijo, recordando que la dejó de ver cuando apenas empezaba la universidad.

- Rukia-chan, ¿por qué te fuiste? – La jovencita le dijo, aun llorando un poco y todavía abrazada de la mujer mayor.

- Porque… - Explicar la razón de su ida aún era muy dolorosa, así que empezó a llorar, sorprendiendo a Yuzu.

- No tienes por qué explicarme, Rukia-chan. – La chica de 24 años le dijo.

- Arigatou, Yuzu. – La pelinegra dijo, secando sus lágrimas.

- Karin-chan, papá y yo te hemos extrañado mucho. – La castaña mencionó, limpiando sus lágrimas, mientras Rukia caminaba eligiendo productos.

- Lo sé, yo también los he extrañado. – Era la verdad, Rukia adoraba a la familia Kurosaki, eran muy especiales para ella, aun cuando lo de Ichigo y ella hubiera acabado.

- ¿Te gustaría venir a cenar con nosotros pasado mañana? – Yuzu la invitó sonriente; al ver la expresión de angustia de Rukia agregó. – No te preocupes, sólo seremos nosotros tres, onii-chan ya no viene a cenar a la casa. – Yuzu mencionó, con aire nostálgico; antes, aunque vivía en su propio departamento, iba a cenar con ellos dos veces por semana, acompañado de Rukia, pero desde que la Kuchiki se fue, no había ido a cenar con ellos tan seguido, solo en ciertas ocasiones.

- Me encantaría cenar con ustedes. Dime, ¿qué les llevo?

- Nada, no te preocupes Rukia-chan. – Yuzu dijo sonriendo.

- Bueno ¿siguen viviendo en el mismo lugar?

- Claro, ¿si sabes cómo llegar? – Yuzu le preguntó.

- Por supuesto, nunca se me podría olvidar esa casa. – Rukia se sabía el camino a casa de los Kurosaki de memoria, hasta vivió un tiempo ahí.

- Bueno, debo irme Rukia-chan, ¡nos vemos mañana! – Yuzu le dijo y ambas chicas se despidieron.

Rukia regresó al Urahara Shoten, sumida en sus pensamientos ¿Por qué Yuzu se mostraba tan amable con ella a pesar de lo que le hizo a su hermano? ¿Por qué la invitaba a cenar? Dios, esto se estaba volviendo complicado; desde que entró a trabajar no había pensado en Ichigo ni una sola vez, ocasionalmente el recuerdo le llegaba, pero lo hacía a un lado; temía que ahora, que pondría los pies donde alguna vez él vivió y donde compartieron muchos momentos, el dolor desgarrador regresaría. Suspiró, no podía rechazar esa invitación por mucho que quisiera, extrañaba a los Kurosaki y deseaba verlos, aunque el recuerdo fuera doloroso.

Entró a la casa y lo que vio le sorprendió mucho: Nel y Rangiku estaban en la sala, sonriéndole. No supo que hacer, así que solo se quedó parada observando a sus amigas, mientras ellas corrían hacia ella y la abrazaban con fuerza. Se dejó llevar por sus emociones y empezó a llorar en los brazos de sus amigas. Kisuke, que pasaba por ahí, tomó las bolsas con los víveres y se los llevó para acomodarlos, dejando asolas al trío.

- ¿Qué hacen aquí, chicas? – Rukia les preguntó, secándose las lágrimas por segunda vez en el día.

- Kimi y Hinamori nos hablaron. – Nel contestó. Después de muchas visitas de sus seis amigos a Tokio, era normal que se hubieran hecho amigos de Nel y Rangiku.

- ¿En serio?

- Sí, nos contaron lo que sucedió. ¡Rukia, debiste habernos hablado! – Rangiku la regañó.

- Lo sé, lo siento, es solo que no quería agobiarlas con mis problemas.

- Rukia, ¿Cuántas veces te tenemos que decir que tus problemas son nuestros problemas? – Nel le dijo, abrazándola.

- Sí, querida, por eso hoy te vamos a sacar a pasear. – Rangiku le dijo, dándole unas palmaditas en la espalda.

- ¿A dónde?

- Por supuesto que a un bar. – Rangiku exclamó y Rukia y Nel solo suspiraron; su amiga de pechos grandes tenía un ligero problema con el alcohol.

Así pues, fueron a un bar que estaba cerca de la tienda de Urahara y bebieron como locas. Pedían sake tras sake, es más, hasta hacían combinaciones con bebidas occidentales, como el Vodka y el Tequila. No fue sorpresa que agarraran una borrachera hermosa y que empezaran a decir tonterías; el barman estaba bastante preocupado y les dejó de servir bebidas, aunque ya era demasiado tarde. En este ambiente, Rangiku se paró encima de una mesa y empezó a gritar.

- ¡Escushen todosss! ¡Esta noshe tenebos a una chica solbera! – Gritó Matsumoto.

- ¡Es sorutera! – Nel le gritó, mientras reía un poco.

- ¡Ah shi, como shea! El punto esss, ¿Quién quiere ser el afortunao que se la lleve a casha y le dé una noshe de pashion? – Dijo, mientras jalaba a Rukia, quien reía y reía, y muchos hombres, ya también borrachos empezaron a decir "¡Yo! ¡Yo!", como locos, mientras el barman se preguntaba por qué mierda tenía que trabajar en un lugar así.

Curiosamente, Ichigo eligió ese día en cuestión para salir a beber con Chad, Keigo y Mizuiro. Cuando entraron los cuatro hombres, encontraron a varios tipos parados en mesas emocionados y gritando que ellos querían ser los elegidos; Ichigo se les quedó viendo raro y en eso pudo ver a una chica rubia de enorme delantera parada en una mesa gritando y jalando a la que parecía otra chica, que no podía ver porque estaba muy chaparra. Como la situación le estaba hartando, fue con el barman y le preguntó que rayos sucedía, él le dijo que esa chica rubia se paró en la mesa jalando a una amiga suya, las dos bastante borrachas, diciendo que quién quería llevársela a su casa y varios hombres empezaron a decir que ellos querían. En eso, un hombre alto y de mala pinta se paró y jalo a la muchacha que Ichigo no alcanzaba a ver y se la quiso llevar.

- ¡Hey! ¡Shueltala! - Rangiku le gritó al tipo, lanzándole una botella de sake que nunca le pegó.

En ese momento, Ichigo pudo ver que la chica a la que jalaban era Rukia y que su rostro reflejaba miedo y el tipo ese tenía ojos lujuriosos. Por alguna razón, una enorme furia lo invadió y se dirigió a la multitud, apartando a la gente con brusquedad, en búsqueda del tipo que tenía a Rukia apretada a una pared. No le hizo caso a los gritos de Mizuiro y Chad, quienes le decían que no se acercara a la pelea y poco a poco se acercó a donde estaban.

- Realmente eres hermosa. – El tipo le decía a Rukia, mientras le lamía el cuello.

- ¡Suéltame! – Rukia le gritó, recobrando la sobriedad e intentando zafarse del tipo, quien aplico más fuerza a su agarre y la hizo gemir de dolor.

- ¿No que querías una noche de pasión? ¡Yo te daré esa noche! – El tipo dijo, colocando su pierna derecha alrededor del cuerpo de la pelinegra.

- ¡Oye tú, bastardo! ¡Suéltala! – Ichigo le gritó y le dio un puñetazo en la cara.

- ¡Idiota! ¡¿Qué crees que haces? – El tipo le dijo, bastante enojado. - ¿Acaso tú también quieres un poco de esta ramera? – El pervertido dijo, aventando a Rukia directamente a los brazos de Ichigo, quien la atrapó para que no se cayera.

- ¡Nunca le vuelves a decir esa clase de palabras a Rukia! – Ichigo le gritó, mientras colocaba a la enana en una silla, para después abalanzarse contra el tipo.

Los golpes empezaron, ambos hombres se daban con todo lo que tenían; la furia ya los había dominado y daban golpes a diestra y siniestra, espantando a todos los que en el bar se encontraban. Rangiku y Nel aprovecharon que todos se habían hecho a un lado y fueron donde estaba Rukia, quien temblaba mucho. Keigo también se dirigió hacia donde estaba la pelinegra en un intento por calmarla; los tres se encontraron en frente de Rukia e intentaron que les hablara, pero parecía estar en shock. Mientras tanto, la situación entre el Kurosaki y el otro tipo se había salido de control, ¡ya hasta estaban rompiendo sillas! Viendo esto, Chad decidió intervenir, junto con otro tipo llamado Kyouraku Shunsui, cliente regular de ese bar, y separaron a ambos hombres antes de que se mataran.

- ¡Ichigo! ¡Ya cálmate! – Chad le gritó a su amigo, quien todavía se intentaba zafar del agarre de Sado para matar al tipo.

- ¡No me voy a calmar! ¡Le voy a partir la cara!

- ¡Ya lo hiciste, ahora siéntate! ¡¿Qué no ves que estás asustando a Rukia?

Chad le gritó eso para que se calmara, cosa que consiguió inmediatamente; aunque el mestizo no estaba exagerando, en verdad Rukia estaba asustada y Keigo le hacía varias preguntas, mientras sus amigas la abrazaban. Ichigo palideció, nunca había visto a Rukia con una expresión así; sintiéndose culpable del estado actual de la Kuchiki, se acercó a ella e hizo que la viera.

- ¿Rukia, te encuentras bien? – Le preguntó, levantándole el rostro, pero ella se apartó de él con brusquedad.

- Tranquila, ya pedí un taxi que nos llevara a casa. – Nel le decía, quien no había tomado tanto y ya estaba algo sobria.

- No te preocupes Kuchiki-san, ya se llevaron al tipo ese; ya no te hará daño. – Keigo le decía amablemente, mientras le acariciaba la cabeza.

Mizuiro veía con aprehensión la mirada que Ichigo le daba a Rukia; ya conocía esa mirada, era la clase de expresión que el Kurosaki mostraba cuando algo malo le pasaba a Rukia; esa mirada expresaba impotencia, dolor y enojo. Todos pensaban que Ichigo ya había olvidado a Rukia, pero Mizuiro sabía que no era verdad y ver esa expresión en el rostro de Ichigo le confirmaba sus sospechas; lo mejor para ambos sería estar apartados…

Pronto el taxi llegó y las tres amigas se fueron rumbo a la casa de la familia Urahara. El peli-naranja las vio marcharse, preguntándose si Rukia estaría bien. Suspiró, ¿por qué demonios aun le importaba tanto Rukia? No conocía la respuesta y eso le confundía, además, se preguntaba por qué se había enojado tanto cuando vio al tipo besar el cuello blanco de la Kuchiki, a parte, estuvo a punto de decirle "¡Suéltala, ella me pertenece así que no la vuelvas a tocar!" ¿Por qué diría algo como eso si la pelinegra no era suya desde hace cinco años? Todo esto lo confundía más y más, ¿cuándo sus penares se acabarían? No tenía idea, lo mejor sería que se olvidara de Rukia y pensara más en su prometida, quien lo esperaba en casa.

Mientras tanto, ya en la comodidad de la casa de sus primos, las tres amigas estaban en el cuarto de Rukia, intentando calmarla y consolarla. Ya la pelinegra estaba recuperada de su enfrentamiento con el pervertido, no era la primera vez que le ocurría algo así y, de haber estado sobria, le hubiera propinado unas patadas en donde más duele y el tipo la hubiera soltado. Lo que le molestaba era su encuentro con Kurosaki Ichigo; ¡demonios! ¿Por qué siempre aparecía en el momento más inoportuno? Aunque, estaba bastante agradecida, ¿Quién sabe que le pudo haber pasado si Ichigo no hubiera llegado? Se estremeció de tan solo pensar eso. Bueno, al menos pudo confirmar que, hasta cierto punto, le seguía importando al Kurosaki; no sabía si alegrarse o no, por una parte el hecho de seguir importándole le daba cierta esperanza de que él la perdonara, pero por otra, eso hacía que se volviera a enamorar de su idiota peli-naranja. Suspiró, ya nada podía hacer al respecto, solo podía esperar a ver que le deparaba el tiempo.