Hola aqui les traigo el nuevo capitulo del fic, espero les guste, ya aqui vamos entrando al terreno de la historia, este cap es algo triste pero es necesario para el desarrollo de la historia, ya veremos las acciones de Sasuke. Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos, de verdad me hacen muy feliz.
Que lo disfruten!
CAPITULO 2
HABLANDO CONTIGO.
Había pasado una semana desde aquél día en la que recibí la solicitud de amistad de Sasuke Uchiha. Un muchacho que para mí no era completamente un extraño pues lo conocía desde la preparatoria pero para efecto del tiempo que había pasado y dada la situación de que él nunca se fijó en mí cuando fuimos compañeros, podía pensar que realmente era una persona completamente nueva para mí y que había entrado a mi vida de un modo inesperado.
En aquella semana no había tenido contacto con Sasuke Uchiha, y no es que me interesara, la verdad en estos momentos de mi vida tenía muchas cosas en las que pensar que el estar pensando como una tonta y durante un buen rato en un chico como Sasuke Uchiha que, por las conversaciones que escuchaba de algunas chicas que estaban dentro de la Facultad de Medicina y de otros campus, Sasuke Uchiha se las daba de mujeriego y como era la figura del equipo y a sus ojos era guapo, pues no tenía problema en eso de la compañía femenina a su alrededor.
No podía afirmar si los futbolistas de la universidad seguían el estereotipo de los jugadores profesionales de la liga japonesa, tenían fama y debían salir con chicas que estuvieran dentro del estándar del famoso 90-60-90 y que fueran actrices o chicas guapas. Ese era otro de los motivos por lo que dejé de pensar en que me casaría con un futbolista o al menos tendría de novio a uno. Yo no era una princesa de cuento ni me esforzaba por serlo, lo único que quería era ser un excelente médico y poder ayudar a las personas que lo necesitaran sin importar que no fueran de la misma clase social y todo ese tipo de cosas que la sociedad ha impuesto con el tiempo.
Si mi vida cambió desde que entré en la universidad, estaba segura de que nunca había pensado en el futbol como parte de esa nueva vida universitaria, simplemente me dediqué a lo que tenía más importancia. La escuela y a mi desarrollo profesional futuro, por lo que, apenas terminando el primer semestre de la carrera, le pedí a Tsunade que me buscara una plaza como practicante en algún hospital y lo hizo. No es uno de los grandes hospitales, llenos de lujo y de la última tecnología en medicina, en donde estaba era un hospital pequeño pero tenia lo suficiente para sostenerse gracias a la ayuda del gobierno. El hospital se encontraba en el oeste de Tokio, en la ciudad de Tachikawa en la que llegaba gracias a la estación de trenes de Tokio que hacía escala en la estación de trenes de Tachikawa, así que llevaba tres años desde que comencé a realizar mi servicio profesional y Tsunade me ayudaba con todo lo que necesitara, si salía tarde del hospital y llegaba en la noche al departamento me daba un tiempo de prórroga para llegar tarde a la primera clase de la mañana pero por más que protestaba para que no hiciera aquello, Tsunade no me escuchaba y desde el segundo semestre de la carrera, tenía esa prórroga para llegar tarde en las mañanas.
Mientras los días pasaban, recibía llamadas de mis padres que aún seguían en sus viajes y me contaban como les estaba yendo con sus conferencias y me mandaban las fotos que tomaban por correo para que las viera y la nostalgia me invadía porque me gustaría estar en esos momentos con ellos, compartir cada viaje que realizaban pero no podía porque debía seguir estudiando y si me iba con ellos perdería gran parte del año escolar y mis padres y mi tutora no querían eso para mí pues según sus palabras tenía talento para la medicina y no querían que perdiera todo aquello por irme de viaje.
Para mis padres era importante que continuara mis estudios y no me enfocara en otras cosas que no fuera el estudio y mis practicas en el hospital, era por eso que era considerada por mis compañeros de clase como una chica rara porque no me iba de fiesta en fiesta y amanecía al día siguiente con una resaca del tamaño de Japón entero, yo veía hacia el futuro, mi futuro. Claro que salía con mis amigas, sólo las más cercanas y con las que sabía que podía confiarles todo, Hinata y Sara eran completamente diferentes a las personas que me rodeaban a diario en la Facultad de Medicina y cuando se las presenté a Tsunade, le dio gusto saber que contaba con el apoyo de chicas como ellas.
Hinata Hyuga era la primera amiga que había hecho en la universidad, la conocí cuando realizaríamos los exámenes de admisión a la universidad, sólo que ella estudiaría Sociología y Antropología y yo entraría a Medicina. Hinata era una chica de cabello largo castaño oscuro, de ojos perlas, amable, tímida y tartamudeaba al hablar cuando no se sentía en confianza y cuando se sentía segura era todo lo contrario a lo que aparentaba ser, era rebelde, segura de sí misma y provocativa, me recordaba en ocasiones a Ino sólo que Hinata no utilizaba sus atributos para que se fijaran en ella, si tenias algún problema podías contárselo a Hinata pues gracias a su personalidad calmada la mayor parte del tiempo, ella te escuchaba y te daba consejos y te hacía sentirte mejor cuando estabas triste.
Sara Roran era mi amiga desde la preparatoria, me dio gusto saber que ella también estudiaría en la universidad Konoha en la misma carrera que Hinata así que nos era mucho más fácil ponernos de acuerdo las tres para salir por las tardes o los fines de semana. Sara era una chica de cabello largo de color rojo, ojos color violeta y la piel clara, era una chica obstinada pero valiente siempre luchando y protegiendo a sus seres queridos sin importar el modo. Podía decir que ellas eran las únicas a las que confiaría mis secretos y mi vida así como ellas también confiaban en mí.
Hinata y Sara me habían advertido también sobre la supuesta amistad que tenia con Ino, mi compañera de clases no les caía muy bien a mis amigas y creían que ella solo me utilizaba para obtener un beneficio ya que yo era la pupila de Tsunade, la directora de la Facultad de Medicina, se enojaban cuando hablaba de ella y de Kiba pues para ellas, esos dos no eran más que unos farsantes que se aprovechaban de la situación, además nunca les habían agradado los futbolistas y Kiba era uno de ellos.
Esa semana había pasado demasiado rápido para mi gusto y ya era sábado y habíamos quedado las chicas y yo que ese día saldríamos a comer a la barbacoa, un restaurante que estaba a cargo de la familia Akimichi y conocía al hijo de los dueños gracias a Ino pues era amigo de su infancia así que nos recibían bien en aquel lugar y no teníamos problemas para adquirir una reservación pues el restaurante siempre estaba lleno; esa vez le había tocado a Sara hacer la reservación en el restaurante y por poco y no conseguimos mesa pues según lo que le habían dicho a Sara, la mayor parte del restaurante ya estaba reservada para los miembros y directivos de un equipo de la Universidad Konoha.
Con la duda en la cabeza sobre cual equipo seria el que había reservado casi todo el restaurante decidimos vernos en el lugar a las tres de la tarde para después irnos a un centro comercial a ver las novedades en ropa. Así que me dispuse a arreglarme para la velada con mis amigas y decidí ponerme una blusa de manga larga color rojo algo ajustada con unos jeans negros y unas botas también de color negro y para el frio opté por un chaleco negro con una capucha de peluche de color negro y unos guantes a juego, miré mi cabello y decidí hacer unos rulos sencillos dejando a la vista mi gran frente.
Cuando estuve lista salí del departamento y me dirigí hacia el centro de la ciudad para llegar al restaurante, caminaba por las calles del centro observando las tiendas viendo si había algo que me gustara para comprarlo después cuando sentí como mi teléfono celular vibró y lo saqué del bolsillo del chaleco y observé la pantalla esperando que fuera un mensaje de alguna de las chicas pero no era nada de ellas. Abrí los ojos con sorpresa al ver de lo que se trataba. Era una notificación de la aplicación de Facebook donde Sasuke Uchiha me había mandado un mensaje.
No podía ser verdad, ¿Uchiha Sasuke me había mandado un mensaje a mí? Como no pude luchar contra la curiosidad que me traía ese mensaje, abrí la ventana de la aplicación de la red social y leí el mensaje de Sasuke Uchiha.
"Uchiha Sasuke de Tanaka dice: Hola, ¿Cómo estás?".
Enarqué una ceja completamente extrañada por el mensaje que me había mandado, no pensaba que se acordara de mí o que al menos mostrara interés por saber sobre mí, había pasado mucho tiempo desde que estuvimos en el mismo grupo en la preparatoria y nunca me había hablado hasta ahora. Sin embargo, para no parecer grosera contesté el mensaje sin saber que era lo que me deparaba ese día.
"Haruno Sakura dice: ¡Hola! Estoy bien y ¿Tú?"
Guardé el celular en la bolsa del chaleco y seguí caminando rumbo a la barbacoa con pasos rápidos ya que mi estomago comenzó a rugir por el hambre, a los pocos minutos ya me encontraba frente al restaurante pintado de color rojo con grandes ventanas que dejaban ver el interior del local con sillas y mesas al estilo americano y no como otros restaurantes de Japón que tenían la típica decoración japonesa. Abrí la puerta y entré esperando si veía a alguna de las chicas pero no lograba divisarlas dentro del lugar, a lo mejor todavía no habían llegado.
Entonces un mesero vestido de blanco y negro llamó mi atención al mismo tiempo que sentía como mi celular vibraba de nueva cuenta en el bolsillo del chaleco.
-¿Mesa para una sola persona, señorita?-me dijo el mesero con amabilidad haciendo una ligera inclinación en mi dirección.
-No, de hecho estoy aquí por la reservación hecha por Roran Sara-le contesté al joven mesero con una de mis mejores sonrisas y me reí internamente mientras observaba como el mesero se ruborizaba un poco y me guió hacia la mesa que había sido apartada para nosotras.
Las mesas del restaurante eran de color marfil y de hierro forjado al igual que las sillas que tenían unos bonitos cojines del mismo color que las mesas, en cada una de las mesas se encontraban algunos folletos con sugerencias de comidas y bebidas y algunas promociones, tomé asiento en una de las sillas y me puse a observar el folleto mientras esperaba a Hinata y a Sara para comenzar con las ordenes. Mi celular volvió a vibrar y lo saqué del bolsillo del chaleco y me fijé que tenia notificaciones sobre mensajes en la aplicación de Facebook, pensando que podría ser alguna de las chicas abrí la bandeja de entrada y con sorpresa me di cuenta que el Uchiha había contestado al mensaje que le había mandado y como no le había contestado el primero, me había mandado un segundo mensaje preguntándome si seguía conectada o no.
Me mordí el labio inferior con nerviosismo, ¿Qué debía hacer? ¿Debía contestarle los mensajes a Sasuke Uchiha o dejarlo así como si nada hubiera pasado? Decidí que contestaría, al fin y al cabo, ¿No perdía nada cierto?
"Haruno Sakura dice: No me he ido sigo conectada, Sasuke."
Esperaba que con ese mensaje ya no volviera a mandarme más pero me equivoqué. A los pocos segundos de haberle contestado, había mandado un nuevo mensaje, miré el reloj del celular, aun había tiempo para que llegaran las chicas así que me divertiría un poco platicando con este nuevo amigo, si podía llamársele amigo.
"Uchiha Sasuke de Tanaka dice: ¿Qué estás haciendo?".
Ese mensaje me tomó por sorpresa. No quería decirle que estaba en el restaurante esperando a que las chicas llegaran eso sería dar demasiada información sobre mí al chico que conocía desde mucho antes pero aún así era casi un desconocido, así que opté decirle algo sencillo y que no me comprometiera tanto y que a él no le provocara pedirme una explicación.
"Haruno Sakura dice: Estoy en mi casa, viendo televisión."
"Uchiha Sasuke de Tanaka dice: Oh, ¿Y dónde vives?".
¡Que estaba diciendo! ¿Cómo iba a decirle donde vivía si apenas podía decirse que lo conocía? Su mensaje me puso nerviosa y levanté la mirada de la pantalla del celular y miré a mí alrededor para saber si había rastro de alguna de las chicas que, al parecer, se les había hecho algo tarde. Suspiré derrotada, pensaba que la presencia de ellas en el restaurante me haría desistir de contestar a la pregunta realizada por Sasuke Uchiha pero seguía sola en medio del restaurante, volví a mirar la pantalla viendo el cursor de las letras parpadear mientras pensaba en lo que contestaría, no quería darle datos sobre mí, de por sí ya se me hacia raro que me hubiera mandado la invitación no podía darle mis datos.
"Haruno Sakura dice: Cerca de la Universidad, ¿Y tú?".
De hecho ese dato no era del todo mentira, era verdad, el departamento se encontraba a solo unas cuadras de la escuela y sobre la pregunta que le realicé sobre donde vivía, era por simple cortesía, mostrarme amable con él no caía mal a nadie, además él había iniciado la conversación.
Mi celular no vibró los siguientes instantes como antes lo había hecho, así que lo dejé a un lado sobre la mesa y levantaba la vista cuando escuché las risas de Hinata y Sara que al verme sonrieron y se acercaron hacia donde estaba con los brazos abiertos para recibirme con un fuerte abrazo. Hice lo mismo, me levanté de la silla y las abracé a ambas con una gran sonrisa en el rostro olvidando todo lo que había pasado días anteriores donde no pude platicar con ellas en la escuela como era nuestra costumbre y todo gracias a la diferencia de horarios.
Las tres tomamos asiento en la mesa que nos habían asignado y Sara comenzó a platicarme sobre un proyecto que tenían que realizar sobre un autor famoso de libros de Derecho entonces recordé con quien estaba platicando antes de que ellas llegaran.
-Tengo un viejo amigo que estudia en la Facultad de Derecho, quizá él puede ayudarlas-dije con rapidez y con un ligero temblor en la voz.
-¿En serio Sakura-chan?-dijo Sara con la cara llena de emoción, por lo que me habían dicho por eso habían llegado tarde, por ponerse de acuerdo para realizar su proyecto que no podía entender de que se trataba por más explicaciones que me daban.
-¿Cómo se llama tu amigo, Sakura-chan?-me preguntó Hinata con su dulce voz amable.
-Uzumaki-dije despreocupadamente sin fijarme en las reacciones de mis dos amigas-Uzumaki Naruto.
-¿El chico rubio hiperactivo que la anterior semana estuvo diciéndote en la cafetería que fueras a ver alguno de sus juegos de fútbol?-preguntó Sara enarcando una ceja en mi dirección de forma escéptica y con una sonrisa picarona.
Me reí ante la reacción de Sara pero dejé de hacerlo cuando observé a Hinata quien se había puesto completamente roja y con la mirada perdida. Entonces recordé cómo se habían dado las cosas para que ellas conocieran a Naruto o al menos Hinata, ´pues Sara lo conocía el mismo tiempo que yo ya que los tres fuimos compañeros de la preparatoria.
Era un jueves a media mañana, el frio se estaba acabando poco a poco y había salido de la Facultad de medicina directo a la cafetería pues no había alcanzado a desayunar ese día en el departamento por haberme quedado estudiando hasta tarde y me quedé dormida. Tenía un hambre voraz y me dirigí hacia la barra para hacer el pedido de mi desayuno cuando por atrás sentí que alguien se acercaba pero no le di la menor importancia pensé que era un estudiante que también pediría algo de comer pero me equivocaba, alguien me había asustado por la espalda y solté un grito que bien pudo haberse escuchado por todo el campus.
Di media vuelta asustada para ver quien había sido el valiente que me había asustado porque si era Kiba estaba segura que podría mandarlo a la luna de una patada fuerte en el trasero pero deseché la idea cuando escuché las risas de Hinata y Sara detrás de mí, las miré con las manos en mi cintura con el entrecejo fruncido en una falsa postura de que estaba enojada, ellas me miraron asustadas pues sabían que podía explotar con facilidad si me provocaban pero relajé la postura y me reí mientras me acercaba a abrazarlas, tenia tanto que no las veía que ya las extrañaba.
Las tres juntas pedimos nuestros almuerzos y nos dirigimos a una de las mesas de la cafetería para poder hablar durante un rato antes de que comenzara el siguiente bloque de clases.
Mientras le ponía algo de kétchup a la hamburguesa que había pedido salió de mis labios algo de lo que no querían que se enteraran. Les conté que Uchiha Sasuke me había mandado solicitud para el Facebook, Hinata no sabía quién era la persona de la que estaba hablando pero Sara sí y puso una cara llena de confusión pues un acto así no era normal en Uchiha, en eso Sara y yo estábamos de acuerdo, pero Hinata no sabía que decir, ella era de la opinión que esperara un poco y que quizá Uchiha se decidiría a hablarme y cuando lo hiciera que tanteara el terreno un poco antes de dar una conclusión acerca de lo que estaba pasando.
Dejamos la plática sobre Uchiha y hablamos sobre nuestras carreras, veía en los rostros de ambas como les gustaba su carrera, les brillaban los ojos y sonreían de felicidad, ellas al igual que yo se dedicaban por completo al estudio aunque de vez en cuando salíamos a dar una vuelta por las calles de Tokio repletas de gente, Sara no estaba enamorada de nadie aún ni Hinata tampoco, ella nos había dicho que su padre era muy exigente en ese aspecto, pues como ella era la heredera de las acciones de la empresa de su padre debía elegir al que podría ayudarla a llevar la carga de una empresa.
De pronto una voz chillona y grave de hombre sonó por encima de las conversaciones que se llevaban a cabo en la cafetería, miré a Sara y ella sonrió con complicidad al saber de quien se trataba esa voz. Un chico rubio vestido con un traje negro y camisa blanca se acercó a nuestra mesa y me miró con cara de cachorro degollado, arrugué el ceño, cuando el rubio ponía esa cara significaba que quería algo y en su caso creo que ya sabia lo que quería.
-¡Sakura-chan, la próxima semana tenemos partido y tienes que ir!-dijo el chico rubio en un chillido.
-Naruto te he dicho que no pondré un pie de nuevo en las canchas de futbol-le contesté con los ojos cerrados tratando de aguantar las ganas de gritarle que se fuera a fastidiar a otra persona con lo de un partido de fútbol.
-¡Vamos Sakura-chan! Es inicio de la temporada, podrás ver también al equipo femenil, podrás observar sus jugadas y gritarles como antes lo hacías-replicó Naruto con emoción, cuando se ponía en ese modo no había como quitármelo de encima así que miré a Sara para que me diera algo de ayuda.
-Naruto, no insistas-dijo Sara riendo por lo que Naruto se giró hacia ella para mirarla-Ella tiene practicas en el hospital después de la escuela y sus partidos son después de clases, no podrá ir.
Di gracias a kami-sama por lo dicho por Sara, de hecho tenia razón mis prácticas en el hospital comenzaban apenas terminaran las clases y debía irme pues quedaba algo lejos de la zona donde se encontraba la universidad. Naruto llevaba diciéndome que fuera a sus partidos desde que estábamos en la preparatoria pero no quise ir nunca para no recordar cosas que me pondrían triste después, no quería recordar a Sai que formaba parte del equipo varonil de futbol de la Universidad Konoha al igual que Naruto, no quería volver a sentir aquello que algún día sentí por él. Hubo ocasiones en las que pensaba que el fútbol me gustaba tan sólo por Sai y no porque realmente fuera el deporte lo que me gustara.
Sufrí muchísimo en esos días pues fue cuando decidí tirar la toalla y no volver a jugar nunca más el deporte que amaba. Me alejé del fútbol completamente y dejé de informarme de lo que sucedía en la liga japonesa de fútbol y dejé de jugar con mis familiares y de hablar sobre el tema, entonces me centré en mis estudios y el fútbol ya no formó mas parte de mi vida. Si me preguntan si me dolió dejarlo, la respuesta sería sí, hasta ese momento me di cuenta de que el fútbol y mis sentimientos nada tenían que ver con Sai, si yo había entrado a ese mundo fue por mi misma y mi deseo de ser parte de un equipo de fútbol era mucho más fuerte que cualquier sentimiento de amor.
Gracias a ese enamoramiento adolescente que tuve mientras estudiaba la preparatoria, gracias al desprecio de Sai dejé de creer en los cuentos de hadas que me contaban de niña, dejé de creer en los dramas de amor verdadero como Romeo y Julieta ya no me emocionaban las historias de amor, tenia quince años y mi primer amor me había quitado todo eso y dejé de creer en tener una historia de amor, mi propia historia.
Naruto discutía con Sara sobre si iría o no a verlo jugar cuando la voz enérgica de Hinata se dejó escuchar callando a Sara y a Naruto que la miraron con sorpresa, Hinata cuando se exaltaba daba miedo, sus ojos perlas brillaban con furia y tenia ambas manos en puño sobre la mesa, se había levantado al momento de gritarles a Sara y Naruto pero sus mejillas se encontraban sonrosadas y trataba de no tener contacto visual con Naruto, entonces una idea se me vino a la cabeza, ¿Podría ser que Hinata sintiera algo por Naruto tan solo por haberlo visto solo una vez?
Sonreí para mis adentros, así que por eso Hinata se puso roja con tan solo mencionar a Naruto, ya pensaría en algo para que esos dos estuvieran juntos o al menos para que Naruto la notara porque con lo despistado que es creo que tendría que comprar un cartel con luces de neón para que se diera cuenta.
El mesero nos trajo una parrillada para las tres y entre bromas y pláticas comenzamos a comer hasta que mi celular vibró de nuevo y me sobresalté asustando a las muchachas que me veían confundidas.
-¿Sucede algo, Sakura-chan?-preguntó Hinata mirándome con los ojos abiertos por la sorpresa.
-¿Te han enviado un mensaje?-preguntó Sara con interés.
Asentí con la cabeza para darles a entender que si pasaba algo, algo importante y que no sabía definir porque me estaba pasando a mi.
-¿Y de quien es el mensaje, Sakura?-me preguntó Sara acusadoramente-¿Hay algo que no nos has contado?
-Chicas, estoy empezando a hablar con Uchiha Sasuke por medio del chat del Facebook-dije con miedo de su reacción, ya antes me habían dicho que tuviera cuidado.
-Sakura, creo que ya sabes lo que pensamos con respecto a eso-dijo Sara con seriedad-No te hablaba para nada en la preparatoria y ahora viene y te habla como si nada, la verdad me parece sospechoso, no te fíes de Uchiha.
¿Qué no me fiara? Eso era algo que ya sabia, además también se me hacia sospechoso que con tan solo una vez de vernos de nuevo me hubiera mandado la invitación. En mi cabeza sólo cabian dos posibilidades.
La primera era una simple apuesta entre amigos. Los que podían haberla orquestado y no quería ni siquiera creerlo eran Kiba y Naruto pues de los que conocía sólo ellos conocían al Uchiha y a mí. No quería creer que fuera una apuesta y que Naruto la haya orquestado junto con Kiba, quería pensar que él no se prestaría para algo así, pero esa idea no dejaba de dar vueltas a mi cabeza. La segunda opción era que Uchiha hubiera tenido un repentino interés en mi y quisiera conocerme por medio del chat antes de tratar de entablar una conversación cara a cara, pero vamos, era algo irreal, no podía ser posible, ¿Sasuke Uchiha futbolista y figura del equipo varonil de fútbol de la Universidad Konoha, sintiendo algo por mí, una simple alumna de medicina? Ni en mis sueños mas locos me lo creería aparte ese Uchiha era un playboy entre la comunidad estudiantil femenina, ¿Cómo iría a fijarse en mí teniendo a mejores atrás de él, chicas de mejor cuerpo que yo?
Era una tontería.
-¡Espera un momento!-escuché la voz de Sara a mi lado dirigiéndose a Hinata-Hinata, ¿Tu hermana sigue en el equipo femenil de fútbol?
Abrí los ojos por la sorpresa, no tenía idea de que la hermana menor de Hinata, Hanabi estuviera dentro del equipo de fútbol de la universidad Konoha, sonreí de medio lado, Hanabi era un poco más ruda y decidida que Hinata pues desde que la conocí supe que Hanabi era fanática de cualquier deporte donde hubiera una pelota de por medio y que se haya decantado por el fútbol para jugarlo dentro de un equipo me tenía sorprendida. Hanabi Hyuga era muy diferente a su hermana mayor, quien le tenía miedo a los balones y a recibir un balonazo, no le gustaba nada que tuviera que ver con los deportes, pero ¿Qué tenía que ver Hanabi con lo que me estaba pasando con Sasuke Uchiha?
-Eh…creo que sí sigue en el equipo, entró apenas este año cuando inició la universidad-dijo Hinata con voz suave entre tartamudeos-¿Por qué…preguntas, Sara-chan?-preguntó una tímida Hinata con preocupación.
-Ella podrá decirnos cuales son las intenciones del Uchiha para con Sakura-dijo Sara con seguridad en la voz-Podrá preguntarle después de algún entrenamiento que compartan.
La idea de Sara se me hacía la más correcta pero algo dentro de mí me advertía que no saldría nada bueno si poníamos a la hermana menor de Hinata en medio de esto, no sabía que hacer eso estaba claro y las chicas querían ayudarme y se los agradecía pero no quería meter a Hanabi en problemas, además Uchiha podría sospechar si precisamente Hanabi le preguntaba sobre mí como si del clima se tratara. Las palabras que una vez me dijo Tsunade aparecieron a mi mente como si fuera lo que necesitara escuchar, "Cuando te encuentras en medio de un problema lo mejor es resolverlo por ti misma y enfrentarlo, no buscando que terceras personas te den la solución a un problema que sólo tú puedes resolver".
Esa era la respuesta, no le diríamos nada a Hanabi, debía buscar la verdad por mí misma, ya era lo bastante mayorcita para resolver esto y además el Uchiha si quería jugar se había metido en un terreno peligroso, yo no dejaría que hiciera eso conmigo, a ese juego pueden jugar dos pero tenía miedo de quemarme. Tan ensimismada me encontraba que no escuché a Hinata y Sara que me hablaban para pedirme mi opinión sobre la idea de Sara hasta que Sara me gritó asustándome como aquella vez en la cafetería.
-¡Sara, te he dicho mil veces que no hagas eso, shannaro!-le solté enojada a Sara quien me miraba con enojo y cruzó los brazos a la altura del pecho ante mi reacción.
-Tú tienes la culpa Sakura, no sé en que estés pensando que te tenga tan ida-respondió Sara en su defensa.
-Sakura-chan, queríamos saber qué tal te parecía la idea de Sara sobre preguntarle a mi hermana-dijo Hinata con aire conciliador y sonriendo levemente.
Mi mirada se puso seria y miré a mis dos amigas que estaban esperando mi respuesta, solté un suspiro y hablé con tranquilidad-No le diremos nada a Hanabi, si le pregunta a Uchiha podría sospechar y no quiero eso, supongo que esto tendré que investigarlo por mi cuenta.
-¿Estás segura? Sakura no queremos que salgas lastimada, suficiente tuviste con Sai para agregar a otro baka a la lista-dijo Sara apacible y tratando de parecer comprensiva, estaba claro que a ella era a la que menos le agradaba la situación que estaba pasando con Uchiha Sasuke.
Desvié la vista para evitar ver a las chicas, yo misma sabía lo que había pasado gracias al amor no correspondido y había sufrido las consecuencias que todo eso me había llevado a realizar. Dejé todo para no recordar y olvidé aquellos sueños de una quinceañera de encontrar al futbolista de mis sueños, dejé el equipo de fútbol de la preparatoria porque no quería encontrarme con Sai en los entrenamientos o en los juegos si no lo hubiera dejado ya estaría en el equipo de la Universidad pero nada se dio como quería. Había roto una promesa en ese tiempo y aún sentía la tristeza por haberlo hecho, ya no podía verlo a los ojos como antes, lo había decepcionado como a mí misma.
Takeshi Haruno era mi primo favorito y estaba enfermo, descubrieron su enfermedad cuando ambos teníamos quince años, él había sido uno de mis primos que me habían enseñado todo lo que ahora sé sobre fútbol. Takeshi estaba emocionado la primera vez que le dije que me enseñara a jugar futbol, la mayoría de nuestros primos eran hombres y sólo estábamos dos niñas pequeñas y yo como las únicas mujeres de la familia. Cuando se descubrió lo de la enfermedad de Takeshi le prohibieron hacer cualquier tipo de ejercicio fuerte, no podía esforzarse demasiado porque podía ser fatal para él, cuando estábamos estudiando preparatoria e hice las pruebas para entrar al equipo de fútbol femenil y quedé se lo conté a Takeshi antes de hacerlo con los demás miembros de la familia; mi padre aprobaba el que estuviera haciendo deporte al igual que mi madre pues a los dos les gustaban los deportes, mi padre estaba feliz porque se trataba de fútbol y él había jugado en sus tiempos de adolescente, ahora entendía porque tenía yo ese gusto por jugar, lo heredé de mi padre aunque casi nadie sabía esa parte de la historia más que mi propia familia, todos me creían una loca obsesionada con el fútbol pero poco me importó. Takeshi se puso contento cuando le mencioné que había entrado al equipo y me dijo que le prometiera que no sólo jugaría por mí, sino también por él que lo hiciera por ambos porque era nuestro sueño en común, pero llegó Sai a mi vida y todo cambió, me enamoré como una tonta y me habían roto el corazón en mil pedazos y rompí la promesa.
Le dije a Takeshi con los ojos llenos de lágrimas que no jugaría más, que el fútbol ya no formaba parte de mi vida y que abandonaba ese sueño, que el fútbol solo lo había utilizado para acercarme mas a Sai pero con el tiempo me di cuenta de que todo eso que había dicho era mentira, tan solo me mentía a mi misma y me lo dijo Takeshi que desde aquel día ya nada era como antes, nos separamos y él salió adelante con su enfermedad, pero nunca perdió lo que yo dejé ir solo por un encaprichamiento y hasta ahora me daba cuenta. Quizá debía enmendar ese error y hablar con Takeshi sobre lo que pasó, porque sufrí y aprendí, pero no utilizaría el futbol para llegar hasta el Uchiha y saber la verdad de su repentino interés hacia mí, sólo mostraría a la Sakura que era, me gustaba el futbol pero no lo utilizaría para acercarme a un chico y descubrir lo que tramaba, no ya no. Solo sería yo misma con o sin fútbol, pero descubriría la verdad.
Creo que había llegado la hora de hacer las paces con ese deporte que tanto me apasionaba y que me había dado grandes momentos como malos pero de todo se aprende, no sabía si volvería a jugar fútbol pero lo que tenía claro es que iría a ver los partidos de Naruto, tantos años que llevaba pidiéndomelo que por fin me decidía a acercarme a una cancha de fútbol. Y si lo de Uchiha resultaba ser una apuesta, estaría tranquila porque mi mente sabía que yo también estaba jugando para encontrar la verdad y es que aunque quisiera confiar en Uchiha no podía, algo me lo impedía, desde ese momento cuando hablara con él tendría que ser cautelosa si no quería caer en su juego, entonces que él cayera en el mío. Era peligroso, lo sabia pero no tenía otra opción, sólo debía jugar bien cada carta.
-Chicas, si solo es un juego para Uchiha, los dos jugaremos, dos pueden jugar el mismo juego-dije con seriedad mirando a mis dos amigas, ya habíamos terminado de comer y poco a poco observamos cómo estaban acomodando el restaurante para la llegada del equipo que había reservado.
-Confiamos en ti, Sakura, sólo ten mucho cuidado-dijo Sara mirándome comprensiva al igual que Hinata.
Pedimos la cuenta para retirarnos del restaurante y entre las tres pagamos lo que habíamos consumido, agarramos nuestras cosas y salimos del restaurante rumbo al centro comercial a dar un paseo. Apenas eran las cinco de la tarde, teníamos todo un día por delante.
Sentí mi celular vibrar de nuevo y lo saqué de la bolsa del chaleco ante las miradas extrañadas y preocupadas de mis dos amigas, otra vez era la notificación de un mensaje de la aplicación de Facebook, abrí el mensaje y me encontré con un nuevo mensaje de Uchiha Sasuke junto a los demás que no había visto durante la comida.
"Uchiha Sasuke de Tanaka dice: Por la escuela preparatoria, ¿Y qué estás haciendo? Sakura, ¿Sigues ahí?".
"Haruno Sakura dice: Oh, estoy con unas amigas y tú qué haces, Sasuke".
Contesté los mensajes siendo amable y también preguntándole cosas de él como lo hacía, apreté el teléfono con fuerza, mis nervios estaban de punta, era el inicio del juego y estaba preocupada, ¿Qué pasaría si todo salía mal? ¿Qué pasaría si todo lo que pensaba era verdad? Alcé la vista hacia el cielo pidiendo que de algún modo, nada fuera cierto y que fuera un sueño del que no podía despertar.
Guardé el celular de nuevo y corrí al encuentro de las chicas que se habían adelantado y juntas comenzamos a recorrer las tiendas del centro comercial desde la tienda de música hasta donde podías hacer tus propios osos de peluche y por solo un momento me olvidé de todo lo que tenia que ver con Uchiha Sasuke.
Mientras caminábamos por los pasillos del centro comercial nos encontramos con la zona de juegos infantiles donde los padres podían dejar a los niños mientras iban a comprar algunas cosas o dar una vuelta por el centro comercial. Sara se detuvo abruptamente al ver a los niños jugar, Sara tenía una ligera debilidad por los niños, le gustaba cuidarlos, estar con ellos era como un instinto maternal que sacaba a relucir cuando se encontraba rodeada de niños. Algunos de los pequeños se acercaron a nosotras y Sara guiada por su instinto maternal se colocó a la altura de ellos y comenzó a hacerles carantoñas a los niños para que se rieran y lo estaba logrando. Sara se detuvo cuando vio como un niño que se había subido a una resbaladilla se caía desde la parte de arriba dándose un fuerte golpe en su cabeza y en algunas partes de su cuerpo.
Por un momento las tres nos quedamos en shock al ver al niño cuando se cayó, pero mi mente que se estaba preparando para reaccionar con rapidez para ser médico, me sacó del shock y entré corriendo al establecimiento de juegos infantiles alejando de mi camino a las personas o niños que me encontraba en mi camino. El niño de cabellos castaños, piel trigueña y ojos cafés brillantes por las lágrimas que derramaba no debía pasar los cuatro años al menos, me acerqué a él con cuidado no quería asustarlo ni que pensara que le haría daño.
El pequeño me miró con los ojos llenos de lágrimas y me acuclillé un poco con una sonrisa y con una de mis manos le limpiaba las lágrimas que caían de sus ojitos cafés.
-Tranquilo, estarás bien, ¿Cómo te llamas? Yo soy Haruno Sakura-le dije al pequeño con una dulce sonrisa la que el pequeño niño me devolvió con otra.
-Soy Ryoshi-dijo el pequeño con la voz entrecortada por el llanto y un gesto de dolor en su rostro y tomándose uno de sus bracitos.
-Bien Ryoshi, soy doctora, puedo ayudarte, ¿Me dejas ver tu brazo?-le pedí al pequeño con amabilidad y él asintió con la cabeza soltando su brazo.
Levanté el brazo del pequeño con lentitud no queriendo lastimarlo más de lo que ya estaba y cuanto más lo alzaba aparecía un gesto de dolor en el rostro de Ryoshi, esperaba que las chicas hubieran buscado a alguno de los encargados pues si el chico necesitaba atención médica debían dársela pues en ese momento yo no tenía lo necesario para curarlo. Observé el raspón en el brazo del niño a la altura del codo, era un ligero corte, pero me preocupaba que se hubiera lesionado el brazo con la caída pues al alzarlo pude notar que le dolía, toqué su brazo alrededor del codo y pude notar que su brazo se había zafado, recordé lo que Tsunade me había dicho y lo que me decían los doctores en casos como ese, pues era común que a los niños pequeños les sucediera cosas como esas en sus brazos cuando los jalaban con mucha fuerza o se caían y recordando cómo era la labor para acomodar el brazo de los niños, coloqué mis manos en su brazo y se lo acomodé haciendo que el pequeño gritara de dolor, pero en ese momento me dolía más a mí que a él.
Cuando terminé le coloqué el brazo doblado sobre su pecho indicándole que no lo moviera cuando escuché las voces de algunos de los encargados que se acercaban, levanté la vista del pequeño y miré a los encargados con seriedad. A mi lado el pequeño Ryoshi se levantó con algo de dificultad al no poder utilizar alguno de sus piecitos, entonces también se había lesionado algún pie con la caída, me volví hacia el pequeño y lo cargué en brazos evitando que colocara sus pies en el piso y se hiciera más daño.
-¡Muchacha, deja a ese niño! ¿Quién te crees que eres?-me dijo en voz alta y con tono déspota un joven de piel cobriza y cabello blanco que según lo que alcancé a leer en su placa que llevaba en su uniforme de trabajo, su nombre era Darui.
-Soy estudiante de tercer año de medicina en la Universidad Konoha, mi tutora es la directora Tsunade Senju, estaba revisando las heridas del niño-contesté con tranquilidad para no alterar al niño en mis brazos.
-¿Tienes alguna identificación como estudiante matriculado de la Universidad Konoha?-me preguntó el chico llamado Darui con despotismo.
Miré a los lados tratando de buscar ayuda para que sostuvieran al pequeño y que no se hiciera más daño, pero no veía a ninguna de las chicas sin embargo un chico robusto, de cabello castaño se acercó a mi y me ayudó a sostener al niño y se lo pasé con cuidado. Después revolví entre las bolsas de mi pantalón de mezclilla buscando la credencial de la escuela para mostrársela a Darui, cuando la encontré la saqué con rapidez y se la tendí al encargado de la zona infantil justo cuando Hinata y Sara se acercaban con rapidez con algunos paramédicos que habían traído de la zona de primeros auxilios del centro comercial, un aura oscura me rodeó, a veces esas dos olvidaban que estudiaba medicina.
Darui observó la credencial aun sin creerse que era estudiante de medicina, después el equipo de paramédicos se acercó al joven rechoncho que cargaba al niño y se lo quitaron de sus brazos para sentarlo en el piso comenzando a interrogarlo. Rodé los ojos con cansancio y me acerqué a los paramédicos para hacerles un resumen de lo que presentaba el niño ante la mirada escrutadora del tal Darui y mis amigas.
-Su nombre es Kyoshi, se cayó de la resbaladilla, presenta una luxación en el brazo izquierdo y tiene dificultad para pararse, creo que también se ha lastimado un tobillo, además de algunos raspones en su cara, no descarto algún golpe en su cabeza por la caída-dije con voz de marisabidilla, algo raro en mí ya que no me gustaba hablar en esos tonos pero la situación lo ameritaba sino el tal Darui no me creería.
Ante mis palabras los paramédicos revisaron al niño y se asombraron al ver que la luxación del brazo del pequeño estaba perfectamente bien curada y realizada, me dijeron que era una muy buena estudiante de medicina y que me felicitaban por mi trabajo bien hecho, a los pocos minutos descubrieron que efectivamente, el niño presentaba un esguince en su tobillo derecho y descartaron algún golpe en la cabeza, al parecer el pequeño había alcanzado a reaccionar y detuvo su caída con su brazo y su pierna lastimados.
Darui me regresó mi credencial de la escuela con una mirada de completa seriedad y yo la tomé desinteresadamente, dejé al niño con los paramédicos y me despedí de él con un gesto de la mano y él hizo lo mismo. Con una sonrisa de oreja a oreja me acerqué a mis amigas que me veían sorprendidas, nunca me habían visto en mi faceta de médico y ahora tenían la oportunidad de verlo, iba a hablarles pero la mirada que puso Sara al instante me sorprendió, ella miraba detrás de mí a alguien que había presenciado todo, me giré y observé al equipo varonil de fútbol al completo detrás de nosotras vestidos con pants de color azul oscuro y franjas blancas con el escudo de la escuela en el lado izquierdo de la chaqueta del pants y entré ellos vi a Naruto, Kiba, Sai y a Uchiha Sasuke.
¿Podía ser mi suerte tan mala para encontrarme al equipo de futbol varonil en un centro comercial justamente cuando estaba en mis labores de estudiante de medicina? El aura oscura que me rodeaba antes volvió, hace unos cuantos minutos estaba hablando con Uchiha por mensajes de Facebook y me lo encontraba en el centro comercial rodeado por todos los miembros del equipo de fútbol. Miré a las chicas y les dije que nos fuéramos de ahí no quería encuentros aún, necesitaba estar sola unos días antes de retomar mi decisión sobre volver a jugar fútbol y si me encontraba con alguien de mi pasado o mi presente no podría decidirme, sabía que todo seguiría igual y no me permitiría volver a jugar, volvería a encerrarme en una jaula con candado, levantaría los muros que me protegían de nuevo y no los dejaría caer más.
¿Pero que ganaba con irme de ahí? Estaba claro que algún día debía enfrentar a Sai, aclarar las cosas con él y conmigo misma. Llevaba años sin hablar con él desde que dejamos la preparatoria y no supe que estudiaría en la Universidad Konoha hasta que Naruto me lo dijo porque eran compañeros en el equipo de fútbol y si Sai se salía de la Universidad para estudiar en otra ya no formaría parte del equipo como ahora y siempre lo fue. Detuve la marcha ante la mirada atónita de las chicas, si ese era el momento de enfrentar al pasado lo haría, no huiría, me haría cargo del problema de una buena vez, me giré hacia el grupo de futbolista que se había arremolinado enfrente de una tienda de deportes y caminé a pasos rápidos hacia ellos cuando un chico de cabello negro y tez pálida se dio la vuelta para encontrarse cara a cara conmigo. El chico sonrió, pero no era una sonrisa autentica, era una sonrisa falsa.
-¡Hola feíta! ¡Cuánto tiempo sin verte!-me dijo con la voz carente de sentimiento alertando a sus compañeros de mi presencia y el equipo al completo se giró para verme, unos cuantos silbaron y otros me miraron ladinamente, cosa que pasé por alto, tenía algo más importante sobre qué preocuparme que por una bola de muchachos con las hormonas alborotadas, claro a excepción de Naruto y Kiba pues Naruto era mi mejor amigo y Kiba era novio de Ino, estaba bien que antes me hubiera gustado y todo pero Ino se lo había quedado y fin de la historia, además ya no sentía nada más que amistad por Kiba.
-¡Vaya Sai, no nos habías dicho que ya tenias novia!-dijo un chico de cabello rojo largo hasta los hombros completamente revuelto.
-Ella no es novia de Sai-escuché la voz seria y calmada de Naruto que trataba de tranquilizar a la bola de hormonales que tenia por compañeros de equipo.
-¿Estás celoso Naruto?-dijo un chico de cabello castaño largo recogido en una coleta baja y de ojos perla iguales a los de Hinata, pensé que podría ser el primo del que Hinata siempre habla, Neji Hyuga.
-¡Claro que no datte'bayo!-exclamó Naruto con su característica afabilidad-¡Sólo somos amigos!
-Sai-dije con voz fuerte y seria haciéndome escuchar por todo el equipo de fútbol, el muchacho que había llamado me miró con curiosidad y lo miré a los ojos tratando de mantener una calma que no tenía, por un instante me perdí en el color negro de sus ojos hasta que cerré los míos por instinto, no era un momento para dudar, era ahora o nunca.
-¿Pasa algo, Sakura?-me preguntó Sai dando un paso al frente mientras el equipo nos miraba a uno y a otro alternativamente.
-¿Podemos hablar en privado?-le pregunté de tajo, él asintió y le indiqué que me siguiera, miré a mis amigas que me observaban preocupadas y alteradas, no sabían nada de lo que estaba pensando hacer y no era el momento para que lo supieran, le dije a Sara que se fueran con Naruto y el equipo, que las alcanzaría después. Sara accedió aún extrañada ante mi actitud pero no comentó nada, se llevó a Hinata con ella y mientras Sai y yo subíamos por unas escaleras eléctricas rumbo al segundo piso donde estaban unas sillas color naranja rodeadas de varios restaurantes, observé como ellas de vez en cuando desviaban la vista hacia la escalera que estábamos subiendo pero Naruto llamaba su atención para que no se alejaran del grupo, sonreí ese rubio hiperactivo podía ser responsable cuando quería, no era el tonto impulsivo que muchos creían que era, al parecer había madurado un poco aunque no dejaba de ser en ocasiones, tal como el chico que conocí en la preparatoria.
Sai y yo nos dirigimos hacia una de las mesas con sillas naranjas y nos sentamos frente al otro. Mis manos comenzaron a temblar por los nervios, no sabía cómo comenzar la conversación que desde hace mucho tiempo tenía pendiente con él.
Sai miraba alrededor con tranquilidad sin preocuparse de que fuera yo la que tenía enfrente, los segundos pasaban y yo no hablaba y él lo notó. Sai me miró con una sonrisa falsa, creo que le incomodaba estar junto a mí después de todo al igual que a mi me incomodaba también el tener que hablar con él en ese instante.
-¿Y bien, vas a hablar o nos quedaremos sentados aquí todo el rato?-me dijo inexpresivamente y mirándome como si fuera lo más raro que había visto en el mundo.
"Valor, Sakura, valor" me decía a mi misma mientras trataba de organizar mis ideas para decirle a Sai lo que tenía que decirle desde hace años, suspiré y lo miré con tristeza con esa plática terminaba todo y cerraba un ciclo que nunca debió de ser abierto. Lo sabía.
-Creo que debemos aclarar lo que pasó hace algunos años-dije con voz seca, de repente me había dado algo de sed y se me había secado la garganta.
-¿Aclarar que, Sakura? Te lo dije, yo no sentía nada por ti y ni lo siento, no sé por qué quieres hablar de eso ahora, fue hace años, ¿Sabes? Hace años-dijo Sai con enojo apretando los puños y recalcando las palabras hace años.
-¡Quiero aclararlo porque fui una tonta, dejé todo por ti, dejé mi sueño por un estúpido enamoramiento que no me trajo nada más que desgracias!-dije con la voz llena de dolor, enojo y tristeza, estaba realmente alterada.
-¡Fuiste tú la tonta que se enamoró no yo, nunca te dije que te enamoraras!-me gritó Sai de vuelta levantándose de su asiento tomándome desprevenida, no esperaba esa reacción de su parte.
-¡Yo no venía a reclamarte nada de eso! Sólo quería aclarar las cosas con un viejo amigo, acepté todo porque te quería y, ¿Así me pagas? Creí que al menos me tendrías como tu amiga, pero veo que no es así, ¿Sabes? Ya me cansé de ser usada por las personas, tratando de aparentar ser una chica que no soy, siempre traté de ser la que todos querían que fuera pero me olvidé de mi misma, olvidé que lo más importante siempre he sido yo-le grité a Sai mientras las lágrimas salían de mis ojos sin control, sentía que otra vez podía ver la luz, que ya no estaba cegada ni mis ojos cubiertos por una venda que me impedía ver más allá. Cada palabra que le gritaba salía de lo más profundo de mi alma, aquella alma que se había guardado todo el dolor y que vivía tratando de negárselo a ella misma. Por fin todo mi dolor, todo lo que había guardado con el paso de los años, salía de mi y rompía esa coraza que había formado a mi alrededor dejando que las personas vieran de mí sólo lo que yo querían que viera.
La verdadera Sakura se apoderó de mí, gritó cada una de esas palabras que tenía guardadas, dejó que todo el dolor saliera. Desde que era una niña actuaba con timidez con el miedo de decir todo lo que pensaba y lo que sentía, desde que era una niña tal como aquel chico que había curado, me la había pasado sola siendo cuidada por niñeras o en ocasiones por mis tíos o mis abuelos cuando aún vivían, cada acción que realizaba desde ese entonces era para lograr la aceptación y el amor de mis padres que no tuve pues desde ese entonces se la pasaban de viaje y tuve que aprender a valerme por mi misma y como no tenía la atención de mis padres, buscaba complacer a la gente para ganarme su aceptación y sentirme útil.
Tenía las mejores calificaciones de mi clase, pero no servía de nada, unos simples números no definen tu inteligencia, así como la madurez no depende de los años que has vivido sino de las experiencias buenas o malas que hayas vivido y lo que hayas aprendido con ellas. Quería sacar las mejores calificaciones para que mis padres se sintieran orgullosos de mí, pero eran las pocas veces que los veía, mis notas le agradaban a Tsunade pues era mi tutora y quería que diera lo mejor de mí, pero no estaba viviendo mi vida, estaba viviendo la vida que otros querían que tuviera no la que yo quería.
Y en esa vida se encontraba el fútbol, ese deporte que tanto me apasionaba, volvería a las canchas, eso estaba claro. Dejaría de ser la chica que siempre estaba a las espaldas de los demás, la que no sobresalía en nada y se sentía tan inútil, quería sentirme útil por una vez en mi vida, ser una chica que sobresaliera por ser ella misma y no por aparentar ser quien no era, dejaría de ver la espalda de Ino que iba kilómetros más delante de mí, pero sin embargo, era yo la pupila de Tsunade y era yo la que tenía una plaza segura dentro de un hospital y no Ino. Ahora vería por mí, sería lo que yo esperaba de mi misma y no me quedaría parada sin esperar, no me quedaría sentada esperando a que todo se me diera, no, lo haría como siempre lo había hecho, lucharía por ganarme un lugar, viviría para dejar huella no para ser recordada como una persona normal, sino algo mejor.
Ya no más. Ya no sería utilizada por Ino para que consiguiera lograr lo que ella quería, no me dejaría pisotear más por ella y por Kiba, no eran las personas que pensé que eran, no me importaba que descubrieran a la verdadera Sakura, la que se encontraba detrás de esa mascara que había creado y que tan solo conocían unos cuantos. Mostraría lo que era en verdad y ya no me dejaría pisotear por nadie porque lo que más orgullo me daba y que había heredado de los Haruno fue mi dignidad.
No me importaba nada más, sería yo misma, le gustase a quien le gustase, si no podían darse la vuelta e irse, ya no me importaba estar sola si con eso podía estar bien conmigo misma y con la vida que llevaba.
-¡Sakura, supéralo ya! ¡Todo es pasado ya, olvídalo!
-¿Quieres callarte de una vez?-dije llena de rabia, a nuestro alrededor se estaba arremolinando la gente y no me había dado cuenta, una cabeza rubia se dejo ver entre el gentío y pude ver que era Naruto con el equipo al completo, chasqueé la lengua con coraje, pero ya no importaba-Dime Sai, si alguna vez me consideraste tu amiga, ¿Sabes que es lo que quiero para mi vida? ¿Sabes que es lo que me gusta, lo que no me gusta? No, no lo sabes, y, ¿Sabes por qué? Porque te jactabas de conocerme y nunca lo hiciste, tu y muchos otros me han visto la cara pero créeme, puedo ser todo menos tonta, deja de decir de una vez que me conoces, porque, ¡La verdad es que nunca lo hiciste!
No supe de donde saqué el valor para decirle todo aquello a la cara pero su expresión llena de incredulidad mezclada con coraje me dio fuerza para encararle y no bajar en ningún momento la mirada. Podía observar como el equipo de fútbol se había quedado quieto detrás de nosotros, sin hacer ningún ruido; miré a Naruto que su cara de sorpresa decía más que mil palabras, él sabía cómo era mi carácter de fuerte y difícil y había explotado contra Sai Shimura desde hace mucho tiempo que había guardado todos mis sentimientos.
Tanto tiempo estuve esperando por él, había llorado porque cada día mantenía la esperanza de que todo volviera a estar como antes, que fuera mi amigo pero sus palabras me hicieron ver que él ya no era el mismo que había conocido. Ambos habíamos cambiado, pero no sabía quién para bien y quien para mal, quería mantenerlo como mi amigo aunque no pudiera estar con él como quisiera, pero nunca imaginé que las cosas terminarían de ese modo.
Tanto tiempo mantuve la esperanza que nadie, ningún muchacho había logrado quitar lo que sentía por él, nunca pudieron hacerme sentir como él lo hacía, comenzaba a pensar que el primer amor era el único que nunca olvidarás pero el amor verdadero era aquél que te aceptaba tal y como eres, con tus defectos y virtudes, pero me parecía mentira ahora, que me pasaba parte de mi vida esperando a que llegara el momento, pero la esperanza siempre me decía que quizá sí. Pero no era así, buscaba al príncipe azul, aquel que me salvara de la torre donde estaba encerrada, creía en los cuentos de hadas, llegué a pensar que era una princesa de cuento pero me equivoqué, no existían los príncipes ni las princesas, sólo eran libros de historias para ilusionar a los niños y hacerles su infancia más feliz.
Pero Sai Shimura no era mi príncipe azul y nunca lo fue, lo tenía falsamente idealizado, lo creía sin defectos, que me quería del mismo modo que yo a él pero me equivoqué. Di media vuelta y me alejé del equipo de fútbol y de Sai sin mirar atrás.
Sabía que con lo que había pasado y lo que había dicho a Sai una etapa de mi vida se cerraba para abrir una nueva. Todo se quedaba atrás, cada uno de mis recuerdos junto a él y con un balón en mis manos se borraban de mi mente y sólo quedaba un balón sostenido en mis manos. A eso se resumía todo, el fútbol era parte de mí pero ya no había Sai, ya no había esa persona que me impidiera seguir mi sueño de ser una futbolista y, ¿Por qué no? Les enseñaría a todos que aunque tuviera la mitad de la carrera de medicina, un trabajo en un hospital y viviera sola la mayor parte del año, una chica como yo podía jugar fútbol.
Salí del centro comercial sin fijarme que las chicas me seguían de cerca, caminé unas cuantas cuadras por el centro de la ciudad hasta llegar a un parque recreativo donde los niños y adolescentes podían jugar a sus anchas, había canchas de fútbol y basquetbol, yo sin pensarlo, me dirigí a la cancha de futbol donde estaban unos niños jugando, me detuve abruptamente cuando una idea se pasó por mi cabeza, ¿Por qué estaba en un parque y me dirigía a la cancha de fútbol? ¿Qué ganaba? Ya había dicho lo que tenia que decir, quizá fueron tan solo mis impulsos los que me hicieron dirigirme hacía aquel parque donde había jugado fútbol con mis primos y algunos amigos en la preparatoria.
Miraba a los chicos que estaban jugando con sonrisas en sus caras y otra vez sentí como los recuerdos se adueñaban de mi mente, solté un suspiro y sentí como mis amigas posaban una mano en mis hombros, las miré con cierta vergüenza a lo que ellas sonrieron con comprensión. Ese día que pintaba para ser uno de los mejores junto a mis amigas había cambiado y fue el peor día. Y sin poder evitarlo las lágrimas que retenía en mis ojos rodaron por mis mejillas.
La esperanza que había guardado desde hace mucho tiempo se había roto de golpe, se había olvidado de mí y yo como tonta seguía esperando, malgastando ilusiones y falsas promesas que como una tonta me las creía. Por fin me daba cuenta de que verlo a la cara ya no me provocaba nada, no me movía ni me afectaba como antes lo hacía, me sentía una idiota, hace años había dado todo de mí para que él se fijara en mí pero nunca imaginé que me encontraría con esto. Sai sin saberlo había cambiado mi suerte y me había hecho más fuerte, sólo por ese día lloraría pero nunca más lloraría por alguien como él, me daba cuenta algo tarde, que él como otros que decían ser mis amigos sólo estaban conmigo por conveniencia y nunca fueron mis amigos de verdad como decían serlo.
Sara me lo había dicho muchas veces, pero nunca la quise escuchar, me mantenía cegada pero al fin sentía como la venda de mis ojos caía y veía las cosas de una manera distinta. Sara siempre me preguntaba qué era lo que le había visto a Sai, para ella siempre fue un farsante y un hipócrita, un experto en dar sonrisas falsas y me decía que no me convenía pero aún así me enamoré como una tonta y había albergado falsas esperanzas de que aún después de tanto tiempo me querría, pero que equivocada estaba.
Estaba enojada con él, conmigo misma, por creer en falsas fantasías, por haber construido castillos en el aire que poco a poco iban cayendo ante mis ojos así como cayó mi sueño de seguir jugando fútbol pero lo dejé caer porque quise, porque sentí que sin Sai Shimura mi vida no tendría sentido, que tonta había sido. ¡Estaba dispuesta a dar todo por él, dejaría todo por estar con él! Pero todo era un espejismo, todo fue una farsa y me culpaba por ello, por haberle creído, y por haber roto esa promesa que le hice a Takeshi, a mi primo que desde siempre había confiado en mí y yo lo había dejado atrás solo por un tonto amor adolescente.
Ahora entendía porque había dejado de creer en las historias de amor que me daban arcadas con tan sólo escucharlas, ahora sabía porque escuchaba música que no hablara de amor, había dejado de creer en que de verdad alguien me quisiera y alejé al amor de mi vida, no volvería a enamorarme, no volvería a caer en la misma situación otra vez.
-¿Sakura, estás bien?-escuché la tímida y suave voz de Hinata que estaba preocupada por mí.
-¡Ya sabía yo que ese Sai solo era un farsante!-escuché como gritaba Sara a los cuatro vientos haciendo que las miradas de los que se encontraban en el parque se giraran hacia nosotras mirándonos con confusión.
-¡Sara, basta! Sakura no se encuentra bien, debemos llevarla de vuelta a casa-dijo Hinata alzando la voz para que Sara la escuchara y dejara de gritar.
Entre las dos me agarraron de los brazos y comenzamos a caminar hacia la salida de ese parque en dirección a mi departamento. No quería ir a encerrarme entre las cuatro paredes de mi casa porque sabía que una vez estando sola me derrumbaría y lloraría sin cesar, pero debía ser fuerte, por mí, por mis amigas y por todos aquellos sueños que aún no lograba y quería lograr. Saqué mi celular de la bolsa de mi chaleco y lo abrí mientras trataba de buscar un número importante, cuando lo encontré, le pasé el teléfono a Sara para que ella hablara no sin antes dedicarme una mirada llena de confusión.
Escuché levemente la conversación que sostenía Sara por medio de mi celular con la persona que quería ver en ese instante, sabía que si iba donde él, podría ayudarme con este dolor que sentía.
Sara terminó la conversación y me regresó el teléfono con una expresión triste y seria y negó con la cabeza dándome a entender que se había negado a recibirme en su casa, bajé la mirada con tristeza y no tuve de otra más que aceptar que me llevaran de vuelta al departamento, sólo le pedía a kami-sama que me ayudara con esto y aguantar la soledad del departamento pues ninguna de las chicas podría quedarse a hacerme compañía un rato, sus padres las regañaban si llegaban tarde a casa.
El camino hacia mi departamento fue rápido y en medio de un silencio sepulcral lo cual era raro en mis dos amigas que gozaban de parlotear durante horas, suponía que tenía que ver conmigo y mi estado de ánimo ya que no abrí la boca para nada.
Las tres nos detuvimos en la puerta de acceso al edificio donde se encontraba mi departamento y nos despedimos con un fuerte abrazo silencioso en donde ninguna habló, hasta que yo lo hice evitando mirarlas.
-Chicas, lamento que nuestra salida tuviera que terminar así-dije con la voz áspera, carraspeé un poco para que mi voz sonara lo más normal posible pero cuando volví a hablar me di cuenta de que no había servido de nada-Tenía otros planes, no esperaba encontrar a Sai en el centro comercial, yo…
-Tranquila, Sakura, lo entendemos-dijo Sara con tranquilidad-Tenias que desahogarte después de tanto tiempo.
-Sakura, no sé mucho acerca de la relación que hubo entre Sai y tu hace años-dijo Hinata con su dulce voz tranquila y apacible-Pero recuerda, un clavo saca a otro clavo, estoy segura de que encontrarás a alguien que valga la pena para ti.
Suspiré y dí media vuelta para colocar las llaves en la cerradura de la puerta principal y entrar al edificio, me despedí de mis amigas cuando traspasé la puerta de hierro forjado y cerré la puerta detrás de mí.
Sin poder aguantar más, comencé a llorar y salí corriendo hacia las escaleras con rumbo a mi piso y llegar a mi oscura habitación y llorar desconsoladamente, cerré la puerta del departamento de un golpe y entré corriendo a mi habitación y me tiré a mi cama donde las lágrimas comenzaban a salir con más fuerza.
No podía parar de pensar en él y en sus palabras, una a una golpeaban mi mente provocando que los sollozos salieran sin cesar, me levanté de la cama y me quité el chaleco dejándolo caer al piso donde también se escuchó el golpe que dio mi celular al caer al piso fuera de las bolsas del chaleco, miré mi reflejo en el espejo del tocador y veía mi rostro pálido, con restos de lágrimas que no dejaban de caer, mis ojos verde jade habían perdido su brillo, a través del espejo podía ver cada matiz de mi depresión y desvié la mirada del espejo y caminé con torpeza hacia la ventana de mi habitación y retiré con una mano temblorosa la tela que cubría la ventana y observé la calle vacía, de seguro si paseara por la calle parecería un fantasma por el modo en el que me encontraba y la soledad no me ayudaba para dejar de pensar en lo que había pasado y en cómo había reaccionado.
Entonces mi mente comenzó a divagar, ¿Por qué lloraba? ¿Por qué me habían afectado tanto las palabras de Sai? Miedo, tengo miedo me contesté en un susurro apenas audible, tenia miedo, Sai había sido mi vida y toda ella giraba en torno a él, no quería comenzar a olvidarlo porque tenía miedo de sentirme vacía, de no encontrar algo nuevo, un nuevo incentivo a mi vida, sin embargo, ese incentivo ya lo tenía, tenía el camino trazado para ser una excelente médico, toda mi vida, todo ese tiempo que había gastado estudiando debía ver sus frutos y yo quería verlos también. Limpié los restos de lágrimas de mi rostro y traté de tranquilizar la maraña de pensamientos que tenía en la cabeza.
Recogí del suelo mi chaleco y mi celular y los puse sobre la cama y algo quitó el velo en el que se encontraba sumida mi mente y pude ver con claridad porque tenía miedo. Había aferrado tanto el recuerdo de Sai para sentirme segura, para evitar descubrir que detrás de ese sentimiento fantasma encontraba debilidad y fragilidad, había dado el último adiós y su recuerdo dejó de servirme.
Ahora solo estaba yo y las metas que quería seguir, ese era mi incentivo y debía lucha por lograrlo.
Mi celular comenzó a sonar insistentemente y aclaré mi garganta para evitar que supieran que había estado llorando sea quien fuera. Observé el número que estaba en la pantalla, era un número que no conocía y se me hizo extraño que alguien me llamara a menos que fueran mis padres…
Aún con la duda contesté el teléfono y me sorprendí al escuchar la voz por el auricular.
-¿Diga?
-¿Haruno Sakura? ¿Eres Sakura?
Era Uchiha Sasuke el que me llamaba, pero, ¿De dónde había sacado mi número de teléfono? ¿Quién pudo habérselo dado? Una cabeza rubia y unos ojos azules algo vivarachos aparecieron en mi cabeza dándome la respuesta.
-¿Uchiha? ¿Quién te ha dado mi número?-le interrogué tratando de que me dijera quien le había dado mi teléfono, juraba que si fue Naruto como lo pensaba, ese rubio hiperactivo lo pasaría lo doble de mal.
-Eso no importa ahora, dime, ¿Estás bien?
Muy bien, esto no me gustaba nada, ¿De cuándo acá Uchiha Sasuke se preocupa por una completa desconocida? Porque eso éramos, unos completos desconocidos.
-¿Por qué quieres saberlo? No me vengas con el cuento de que te preocupas porque técnicamente ni nos conocemos, Uchiha-dije con altanería, por el otro lado de la línea escuché como el Uchiha bufaba por lo que le había dicho.
-Molestia…sólo responde.
¿Quién se cree que es el muy cretino? Todavía me ordena que le conteste como si fuera la gran cosa, aparte me dice molestia. No soy una molestia, es una molestia contestarle a él que dice preocuparse por mí y mucho más cuando me habla en ese tono, Uchiha debía ser de esos chicos que sólo se preocupaban por ellos mismos y no por las personas a su alrededor, un niño mimado en toda la extensión de la palabra, mujeriego y con el ego hasta por los cielos porque todos lo trataban como la figura del equipo de fútbol varonil, menuda estupidez.
Me abstuve de gritarle por el celular unas cuantas cosas pero estaba que echaba humo por la actitud egocéntrica de Sasuke Uchiha. No contesté y apreté el botón de colgar y la llamada terminó. No sé a que clase de chicas estuviera acostumbrado pero conmigo no le funcionaria su truquito de ser la figura y el galán de la escuela, comenzaba a odiar a los futbolistas y todo por culpa de Sasuke Uchiha y lo peor de todo era que yo amaba el fútbol, ¿Qué podía ser peor?
