Y con ustedes el tercer capítulo de 'Nieve' :P. No tengo mucho que decir, más que me comprometo a subir la próxima semana 'Honor' o 'Gélido', él que me dé más inspiración primero xD. ¡Disfrute de la lectura!

Disclaimer: 'Frozen' NO me pertenece a mí, sino que a Disney y sus asociados.

Nieve

Capítulo III

Por E. Waters

Había en ocasiones que su corazón, ese helado y frío corazón, se enternecía y se temperaba todo a causa de la sonrisa de ella. Y tal vez eso no tendría nada de malo, si no fuese porque ella no era cualquier chica, sino que la mismísima Anna de Las Islas del Sur.

¡Por favor! ¿Cómo no emblandecerse ante esa inocentona mirada verde azulada, y esa ingenua sonrisa plantada en su cara? Por supuesto, tal vez nadie podría…

Tal vez nadie, exceptuando a Elsa.

—¡Al plan, Elsa, al plan! — se repetía constantemente la chica, mientras daba vueltas por su habitación, comenzando a congelar todo a su paso. Cuando comenzó a darse cuenta que el hielo estaba más que latente en la alcoba, la chica recién allí se dio cuenta de lo grave que pasaba.

Ella no había llegado a las Islas del Sur para ser consorte de Hans, ella no había llegado a las Islas del Sur para ser la feliz reina casada con un noble rey, ni mucho menos para enamorarse de una princesa inocentona.

Ella había llegado a las Islas del Sur para vengarse, para reivindicar nuevamente el reino de Arendelle, para hacer que los nietos de sus padres fuesen la máxima autoridad algún día.

Después de todo, Elsa de Arendelle era ambiciosa, una ambición teñida con el aroma a venganza.

Y nadie la detendría en esa codiciosa naturaleza, ni siquiera la misma Anna.

Renegando cualquier tipo de sentimiento que no fuese el odio, que no fuese la ira, que no fuese el dolor, la chica salió de su habitación dispuesta a llevar a cabo todo lo que tanto ansiaba hacer.

Los ojos azul hielo de la chica se toparon con los ojos verde azulados de Anna, y al hacer esa conexión las pecosas mejillas de esta última se tiñeron de un sutil color carmín.

Elsa alzó curiosa una ceja… ¿No sería que la otra muchacha, había comenzado a desarrollar sentimientos por ella?

Olvidando cualquier tipo de compasión, olvidando cualquier de ese sentimiento que le provocaba la otra joven y olvidando que era la piedad, la muchacha sonrió para sus adentros.

Había oído comentarios acerca de la princesa Anna, comentarios que decían que era una chica inocente y en cierto punto ingenua, pero sinceramente Elsa no pensaba que fuese para tanto. Y es que gracias a eso que sus planes estaban corriendo sin freno alguno.

Por supuesto, también Elsa había oído otras cosas, como que la muchacha de cabellos cobrizos necesitaba ser amada de forma urgente, en vista que sus padres siempre se preocuparon del reino y su hermano la ignoraba por completo.

Y sería ella, la muchacha de cabellos rubios platinados, la que emularía, sólo emularía, llenar aquel vacío emocional que la joven tenía en su corazón…

Un corazón el cual prontamente sería trisado y quebrado por completo.

Sin embargo, y por mucho que Anna se mostrase evidentemente interesada en ella, la chica debía de ir con cautela, y actuar de forma prudente… no quería hacer un movimiento apresurado y asustar a la otra muchacha.

Después de todo, ambas eran mujeres y tal amor sencillamente no podía existir, o no al menos en la sociedad en la cual se encontraban.

—Princesa Elsa, ¿algún problema?

La voz de su propio prometido sacó a la joven de sus cavilaciones, y cómo siempre había aprendido a hacer de pequeña, una helada sonrisa se esbozó en sus delgados y pálidos labios.

—En lo absoluto, príncipe Hans.

—Muy bien, porque la boda se acerca y realmente espero que su estancia en el reino sea de lo más agradable.

—Lo es, príncipe Hans, lo es —y cuando Elsa dijo eso, ella no mentía del todo.

Anna se había esmerado en cubrir cualquier tipo de capricho de ella, y también había procurado en el acto que la vida de la muchacha fuese lo más placentera posible.

—Pobre —pensó la futura monarca —. No sabe lo que le espera.

Y mientras la chica de ojos azul hielo no hacía más que maquinar y tramar futuras conjuras, esas mismas que tal vez llevarían a su destrucción a más de una persona, la joven de ojos azul verdosos no hacía más que suspirar.

—¿Algún día me dirás quién es ese príncipe, Anna?

—Uhm… no sé.

—Oh, vamos, Anna, nos conocemos desde pequeños… se supone que no hay secretos entre nosotros, ¿no?

—No sé si ella… —dijo sin querer Anna.

—¡Espera un momento! —los ojos del muchacho se abrieron mucho—. ¿Has dicho ella?

Las mejillas de la joven enrojecieron de forma profunda.

—¡Y-Yo me confundí! —y rápidamente la muchacha tapó la boca de Kristoff con su mano derecho —. Es él, obviamente él, Kristoff… ¿No que te había dicho que era un príncipe? —añadió Anna rápidamente.

—Mmm… —el joven miró con los ojos entrecerrados a la chica—. Estás muy rara y nerviosa, Anna.

Pero Anna ya no escuchaba a su amigo, puesto que ahora en escena aparecía Elsa la cual parecía estar más bella y esplendorosa que nunca.

—¿Anna…? —repitió Kristoff, moviendo su mano al frente de la cara de su amiga —. ¿Estás ahí?

—S-Sí —tartamudeó un poco la chica, tratando de mirar al chico a la cara e ignorar el simple hecho de ver a Elsa acercarse.

—Buenos días, joven Bjorman —la voz de la princesa de Arendelle era fría y helada, pero al mismo tiempo cuidadosa, como si analizara cada cosa antes de pronunciar una palabra —. Buenos días, princesa Anna.

Como era esperable, las mejillas de la menor de las dos muchachas otra vez enrojecieron, cosa que Kristoff no pudo evitar no pasar por alto.

—¿Y si…? —pensó el chico, mirando como Anna observaba a Elsa —. No… imposible —finalizó para sí mismo, más que nada queriendo creerle a su amiga.

Además, ¿cómo Anna sería capaz de algo tan aberrante, cómo lo era precisamente enamorarse de una mujer?

Elsa y Anna, siendo así, comenzaron a frecuentarse cada vez más y más, al punto de ser algo extraño no verlas juntas. Pero obviamente, nada veía malo en esa relación, ni siquiera el propio Kristoff el cual hubo sospechado alguna vez.

Al revés, Hans veía en la amistad entre su futura esposa y su hermana algo sumamente provechoso, como que Elsa echara raíces en el reino debido a esa amistad.

Sin embargo, nadie pero nadie sabía lo que la muchacha de ojos azul hielo estaba ya desde hace rato maquinando.

—¿En serio haremos un muñeco? —preguntó Anna, abriendo mucho los ojos, cuando ambas jóvenes estaban en los patios del palacio.

—Por supuesto, Anna —dijo Elsa, ya cuando ambas chicas se acostumbraron a llamarse por su nombre de pila —. ¿No qué dije que lo haríamos, cuando hubiese suficiente nieve cómo para hacerlo?

La chica de cabellos cobrizos poco menos que saltó de alegría, y sin poder aguantarse besó de forma efusiva la mejilla derecha de Elsa. Aún así, Anna después de haberle besado la mejilla salió poco menos que corriendo hacia los patios del palacete, tal y como una niña lo haría.

La muchacha de Arendelle tocó la mejilla que fue besada por Anna, y casi por poco su corazón dio un brinco.

Pero no lo hizo, puesto que parecía que el gélido y frío corazón de la princesa no derretía y no se derretiría por nada… tal vez, ni siquiera por el cálido amor de Anna.

De esta forma, la muchacha siguió a la otra princesa, y una vez que ambas estuvieron en le jardín comenzaron a montar el muñeco de nieve.

—¡Hey! —exclamó Elsa, cuando Anna le lanzó sin previo aviso alguno una bola de nieve, cuando esta estaba colocándole la zanahoria al muñeco de nieve —. ¿Sabes que eso es trampa, no?

—¡Pues pon atención! —dijo la chica de cabellos cobrizos, lanzándole otra bola de nieve a la muchacha.

De aquella manera, ambas chicas comenzaron una guerra de nieve, y fue entonces cuando de pronto Anna, tratando de esquivar una bola por parte de la otra muchacha, retrocedió y se tropezó cayendo de forma pesada al suelo.

Elsa, como era de esperarse le tendió una mano a la chica a modo de ayudarla a levantarse, pero esta vez de erguirse nuevamente tomo con fuerza la muñeca ofrecida, atrayendo a Elsa hacia el suelo, casi chocando ambos cuerpos.

—¡Eso es…! —dijo la chica de Arendelle, pero tal cercanía con el rostro de Anna, sencillamente no pudo terminar su frase.

Las miradas de las dos chicas chocaron, y cuando todo parecía indicar que la helada mirada de Elsa comenzaría a templarse, los ojos de esta se volvieron más helados y congelados que nunca.

Pero lejos de saber lo que pasaba en la cabeza de Elsa, Anna simplemente pudo mirar una cosa en el rostro de la otra chica, y esa cosa era los labios de esta, los tentadores pero a la vez distantes labios de Elsa.

Sin poder evitarlo, y en un movimiento rápido e instintivo la chica colocó su mano sobre los cabellos platinados de la princesa de Arendelle, y comenzó a acercarse hacia donde se encontraba la boca de ella.

Y Elsa entonces, se vio entre dos opciones.

O respetaba a Anna, o quería a Anna, o realmente le importaba Anna y rechazaba de forma gentil beso…

O bien, lo aceptaba y con ello comenzaba a dar partida a la perdición de la muchacha.

Por unos breves fracciones de segundo, una sonrisa llena de malicia se dibujó en los labios de la chica, sólo para después inclinarse un poco, sólo un poco y chocar sus labios con los de la otra joven.

En apariencia, el beso dado por las dos chicas fue tierno y dulce, mas todo era un montaje todo era una vil mentira.

Y aunque también era el primer beso que Elsa daba, ella antes de embriagarse por el aroma de Anna, antes de dar rienda a esa extraña sensación que comenzaba en su vientre, la chica tomó suavemente a Anna de los hombros y las dos se separaron.

Cuando las miradas de las dos chicas se encontraron, la princesa de Arandelle se encontró con el sonrojado rostro de Anna, la cual además estaba ligeramente agitada.

—Yo… — comenzó a tartamudear la más joven de ambas.

—Tranquila —y Elsa deslizó con su dedo índice un mechón del rostro de Anna —. Será nuestro secreto, un beso entre hermanas, ¿de acuerdo?

La otra chica asintió con la cabeza, al borde de llorar.

Sin embargo, aquel beso podía ser muchas cosas, menos un beso entre hermanas.

Aunque tal vez aquel incidente podría haber alejado a las dos muchachas, estas se volvieron más inseparables como si el hecho de compartir un secreto, aquel beso dado, las hicieran cómplices o algo así.

O bueno, eso al menos Anna de forma ferviente creía.

—Muy bien, ya está lista nuestra fecha para casarnos, princesa Elsa — dijo Hans, casi a una semana entre el beso de Elsa y Anna.

Mientras que la princesa de Arendelle se limitó a fijar su mirada, más dura que nunca, en él que sería su futuro esposo, la otra muchacha casi escupió el té que estaba viviendo. ¿Qué era eso que Elsa, su Elsa, estaba por casarse?

De acuerdo, ella estaba consciente que algún día ella se casaría con Hans, pero jamás pensó que todo llegaría tan rápido, tan de frente, tan de golpe… sobre todo después de ese beso que la hacía cómplices.

—¿Cuándo es la fecha, príncipe Hans?

—En tres semanas —el muchacho parecía estar más dichoso que nunca —. Ya hemos enviado las invitaciones y…

—Espere un momento —la voz de Elsa sonaba algo molesta —. ¿Cuándo hizo eso, sin mi consentimiento?

—Vamos, princesa, eso no es trabajo para usted —hablaba Hans como si estuviese diciendo lo más obvio del mundo —. Los hombres nacimos para gobernar, las mujeres para apoyarlos, ¿entiende?

Y no, Elsa no entendía.

Aún así, la prudencia y sobriedad de la muchacha pudo más que sus impulsos, y se limitó a seguir bebiendo su té.

Pero no importaba, en serio que no… y es que el sufrimiento que le provocaría a Anna pagaría y zanjaría cualquier cosa que tuviese pendiente con Hans, o incluso con el reino de Las Islas del Sur.

—Como sea —y Hans dio como respuesta de Elsa su silencio —. Hoy vendrá al palacio Hilde, la modista de la corte la cual diseñará su vestido de bodas, a eso de las cinco… así que esté lista a esa hora.

—Paciencia, Elsa, paciencia —se dijo la chica a sí misma, como si fuese un suplicio aguantar los caprichos o decisiones de Hans, cosa que en la práctica así lo era.

Ya cuando fue la hora indicada, Elsa estaba junto a Anna en la alcoba de la futura reina, esperaron pacientes a al modista la cual llegó algunos minutos retrasada.

—¿Podría usted desvestirse, princesa? —preguntó la mujer, la cual debía estar entre sus cuarenta o cincuenta años.

—Claro —y cuando Elsa respondió, fijó de forma intensa sus ojos azul hielo en el rostro de Anna, la cual al darse cuenta que era observada por ella, al mismo tiempo que se desvestía, se sonrojó por completo.

Pero prontamente la mirada de Anna se desprendió de los ojos de Elsa, y sin poder evitarlo comenzó a recorrer la silueta de la que sería prontamente su cuñada. Sin quererlo, su corazón comenzó a latir con mucha fuerza y tuvo que tragar con dificultad.

Y es que ver a Elsa desnudarse frente suyo, era por lejos una de las cosas más excitantes que había experimentado en su corta vida.

Cuando todos estuvieron sentados en la mesa, a la hora de cenar, Anna sencillamente no podría mirar a la cara a Elsa, más que nada porque cada vez que lo hacía a su mente llegaba de forma automática la imagen de la otra chica desnudarse.

—¿Y cómo encontraste el vestido de la princesa Elsa, Anna? —habló Hans, sacando a su hermana de sus pensamientos en lo absoluto inocentes.

—¿Su… vestido?

—Sí, él que hoy Hilde diseñó para la princesa Elsa, ¿no qué también estuviste ahí?

—Oh sí —la chica otra vez tragó con dificultad, en ese día —. Estaba muy… hermoso.

Y Elsa, sintiéndose triunfal, bebió algo de vino.

El espectáculo estaba por comenzar.

¡Sería genial si dejaran algún review! Ustedes saben lo bien que me hacen (:

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