-Qué... -
Ese hombre era un sinvergüenza; sus manos se movían de acuerdo a lo que el cuerpo de Kagome demandaba, y éste lo que pedía era algo más de contacto.
-Te dije que iba a castigarte - le murmuró al oído
La voz seductora y ronca comenzaba a hacer efecto en ella, no sólo se quedaba estática, sino que le permitía hacer lo que quisiera con su voluntad.
Sentía frío, la ropa se aflojaba y los alientos se confundían; podía verlo, esa saciedad de deseo, esa inmaculada represión a sus instintos lo estaban domando y sus ojos eran reflejo de ello, dilatados y profundos. Inuyasha lo estaba consiguiendo, estaba logrando su cometido, por fin sucumbía a sus encantos.
-Zetsumyō... -
Sus extremidades parecían rompecabezas, echas unas para el otro. Quizá eso era lo que buscaba desde hace mucho tiempo y prefería ignorar su corazonada: sentirse completa.
Ansiaba probarlos ya, los labios se atraían como imanes y su cabeza se fulminaba de locura por no ser capaz siquiera de robarle un beso, pero era su oportunidad y nadie se la iba a arrebatar.
-Kōgō heika -
No. Aún no.
-Kōgō heika - llamó ella
Impactó su puño tan fiero y sin medida que sus nudillos se enrojecieron, provocando un grito ahogado de su acompañante.
-Inu -
Cómo estuvo esperando el momento en que le nombrara, y se había ido. No, tenía que soportar las ganas de escuchar su voz en otro timbre. Posó su mano tiernamente sobre la boca de Kagome y pegó su frente con la de ella.
-Te salvaron - dijo desganado - pero te prometo que ésta será la última vez que nos interrumpan - declaró sonriente
Depositó un suave beso en la mano, como si le besara a ella. Tímido y prófugo.
Se levantó para acomodarse sus ropas y le ayudó a su mujer por igual. No quería que se dieran cuenta del delicioso momento a solas que disfrutaban.
-¿Se te ofrece algo, No-Akusei? -
La fémina entró sin hacer caso a la pordiosera que se creía esposa del príncipe y se sentó por el borde de un ventanal, mirando con escrutinio cada movimiento que él hacía.
-Prefiero que me llames por mi nombre - sugirió ofendida
Suspiró y vio el rostro de incertidumbre que mostraba Kagome. De repente, un mal presentimiento afloró en su consciente. Kagome la observaba detenidamente, la piel blanca como la nieve y ojos oscuros, melena lacia y facciones finas, era una modelo, sin lugar a dudas se trataba de una modelo. Su vestimenta no era exactamente como la del personal del palacio ni como la de ellos. Traía puesto un qipao de corte fino hasta las rodillas y la tela presumía ser seda de color negro. Llevaba dibujado cerca del corazón un emblema de color lapislázuli en forma de tortuga con signos chinos en el caparazón. Y ese símbolo le resultaba conocido.
-¿Se te ofrece algo, Kikyo? - preguntó al tiempo que tomaba de la mano a Kagome
-Vaya, no recuerdo que fueras tan indiferente -
-Es más que claro que no esperaba visitas -
-¿Y por qué no habrías de? - interpeló - no encontraba mejor tiempo que éste para dar mis felicitaciones a ti y a tu - detuvo sus palabras e inspeccionó a la mendiga - esposa -
Notó el cambio en su voz y eso no le gustó.
-Un mensaje en mi bufete hubiera sido más fácil -
-Pero no apropiado - le atajó - y dime, ¿no vas a presentarme? -
-Kagome, ella es No-Akusei Kikyo - mencionó - primogénita del teniente general -
-Un placer, Ka - hizo una pausa - ¿Ka... qué? -
-Kag -
-Higurashi Kagome - habló - huérfana -
El ojidorado se sorprendió cuando le interrumpió, y al mismo tiempo, una puñalada lo obligó a entrecerrar los ojos.
Debía de ser una broma, ¿una arrastrada?, ¿cómo es que Inuyasha se atrevía a tener a ese trapo como esposa en lugar de una influyente y poderosa No-Akusei? Era insultante e inaceptable.
Kikyo no pudo evitar reír ante la divagación de sus pensamientos y recobró la compostura.
-Eres impredecible Kōgō heika -
-Te agradecería que guardaras tus comentarios imprudentes -
-¿He dicho algo que no debía? - se excusó - sólo pienso que cualquiera podría tenerte si se lo propone - señaló - hasta una muerta de hambre -
-¡Cómo te atre -
-Perdona mi intromisión - pidió disculpas - si no mal recuerdo, a principios de la Era Meiji, la familia No-Akusei trabajaba el cobre -
-¿Y qué con eso? -
-Con el paso del tiempo su fuerte se volvió la creación de artillería –
-Parece que alguien aprobó historia antigua -
-Bueno, ese apellido es muy bien recibido en Mongolia –
Esa chiquilla...
-¿¡Quién te crees para hablar mal de mis ancestros!? -
-Sí, yo también reaccionaría así - aclaró - cuando Japón se enteró de que su aliado lo había traicionado, éste no dudó en agotar todos los medios para volver a ganarse su confianza - explicó con recato - a decir verdad, me gustaba más su apellido antes de que se lo cambiaran, ¿no piensas lo mismo, Dài Kikyo? -
A unos metros estaba de voltearle la cara, y el ojidorado leyó muy bien sus intenciones. Antes de que se decidiera, jaló a Kagome de la cintura, pegándola hacia él.
-Creo que mi okusama y yo regresaremos al palacio -
Sin más, abandonaron a la mujer de mirada calculadora quien desesperada tiró la mesa de té, derramando los líquidos y afortunadamente sin romper la vasija de porcelana. Pasó una mano por rostro, fatigada y harta.
-Te subestimé Higurashi - reconoció - goza mientras puedas... porque nos veremos más seguido -
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-¡Eres fabulosa! -
-Por favor, para -
-¿Piensas que un príncipe miente? - le preguntó humillado
-Está bien, tú ganas - suspiró pesadamente
Le acorraló en la pared, divertido y osado. Acercó su nariz a su cuello, llenando sus pulmones con aquel dulce perfume que impregnaba la piel de su adorada esposa. Cada segundo, cada minuto que pasaba con ella era tiempo precioso para él.
-Saiai -
¿Hasta cuándo pensaba seguir hablándole en ese idioma arcaico?
-¿Por qué insistes en conversar con japonés antiguo? - cuestionó intrigada, pero levemente sonrojada
-¿No me entiendes? -
-¿Apenas te estás dando cuenta? -
-Lo siento, creo que tendré que practicar más mi propia lengua -
-No es eso - resaltó - es sólo que casi nadie habla el mismo japonés que tú -
-¿Y hay una razón por ello? –
-Sí, se llama modernización –
Estar contra ella era como intentar derrumbar la Gran Muralla: imposible. Le sonrió abiertamente, mostrándole su blanca dentadura y la jocosidad que ésta desbordaba; ella se quedó anonadada y sin saber por qué, se escondió en el pecho masculino.
-¿Kagome? – se movió un poco para querer verla, pero ella no se lo permitía – Kagome… -
-No me mires –
-¿A qué le tienes miedo? –
-A ti no –
-No me refería a mí – dijo encerrándola protectoramente - ¿aún no comprendes? –
-No lo digas –
-Deja de engañarte –
-Basta –
-Sabes que no puedes –
-Por favor… Inuyasha – suplicó como si su vida dependiera de ello, aferrándose a él, escuchando su corazón contraerse y el calor que emanaba su cuerpo eran agradables y únicos
El dolor de cabeza regresaba, había decidido olvidarlo momentáneamente e incluso así, los aguijones la aturdían al grado de sentirse completamente débil. Sintió cómo se desvanecía y aun así, unos fuertes brazos no la dejaron caer.
¿Por qué alguien tan noble como él la eligió a ella? Rechazó todo sentido del juicio y con la poca fuerza que le quedaba, se colgó de las ropas del ojidorado y lo besó. Confundida e inexperta no sabía en qué orden debía hacer bailar sus labios, pero él no dudo en guiarla, presionando suavemente y degustándola.
Tras separarse por un breve santiamén, el príncipe no se resistió y posó su boca en su sien, percibiendo como ésta latía rápidamente.
-Jamás te dejaré sola – juró fervientemente – ni en sueños –
La oscuridad nublaba su vista y la respiración se cortaba, nunca había experimentado algo parecido; con temor y rendición, se dejó llevar por la tortura que corría por su ser hasta caer en el desmayo.
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¡Konbawa niñas! No desesperen, quizá suene confuso pero prometo que se llevarán una sorpresa con este fic, ya he decidido el rumbo que va a tomar y espero no defraudarlas.
También, quiero que tomen en cuenta que todo es FICCIÓN Y DRAMA, la trama es 1000% inventada así como el contexto espacial y temporal.
Por cierto, Kikyo es de origen chino, no en cuanto a su nombre, sino a su raza por decirlo así, ya que aquí manejo en que China y Japón "eran" aliados pero como el primero le vendió armas a Mongolia y éste al parecer es enemigo de Japón, pues no le gustó mucho esa acción por parte de China, en especial de la familia Dài, es decir, los No-Akusei, es decir, los antecedentes de Kikyo, y la gran incógnita, ¿qué hace ella en el palacio? NI YO LO SÉ… EEEH MENTIRA, muy pronto lo sabrán O
Aunque a decir verdad, sí existió una Era Taisho =P. En fin, aquí está la palabra que agregué:
Zetsumyō = exquisita
Críticas, pedradas, tomatazos y lindos comentarios son bien recibidos niñas.
XOXO.
Luna-es 2012
