Advertencias: AU, age gap (ligero), Lemon (mucho, bastante, a toneladas), algo OoC, mini-fic.
Dedicado a mi bellísima esposa Natasha (slyprincess07), que le llevo prometiendo actualización quince años.
PROFESOR
Capítulo III: Pecando, pero no para siempre.
Para sorpresa de Harry, Pansy pareció relajarse en esos intentos de que volviesen a mantener relaciones sexuales, pero no porque la chica desistiese en la idea de que mandase a la mierda el código ético que tenía y se dejase llevar por el placer, sino porque la chica formaba parte de dos clubes diferentes que la mantenían ocupada durante gran parte de la tarde y que a veces la reclamaban durante el horario lectivo. Sin embargo, y a pesar de que no le gustaba admitirlo, sí que habían existido algunos momentos inmorales que le gustaría olvidar (o fingir que los ha olvidado). Como aquella vez donde la chica le hizo una felación en la sala de profesores o la ocasión donde follaron en los asientos de atrás de su coche, cuando estaban todavía en el parking del instituto.
Ron se había reído de él cuando le confesó que se había acostado otra vez con Pansy y le soltó una oración que, para su desgracia, era completamente cierto. «Esa chica es como una droga, Harry, una vez la pruebas y te gusta, necesitas más de ella». Le había costado admitirlo y esa parte de él, racional y moral, le decía que estaba yendo en contra de toda norma establecida y que se jugaba mucho por unos orgasmos. Pero la chica era el pecado personificado, la lujuria hecha carne y él era débil ante Pansy.
Débil, porque a pesar de que hubo ocasiones en las que su relación fue estrictamente profesor-alumna (como debía ser), sin insinuaciones, movimientos, gestos o cualquier cosa de índole sexual entre ellos, e incluso hubo épocas donde no ocurría nada (como diciembre y enero, que los había mantenido alejados por los exámenes y las vacaciones), ambos volvían a caer en el otro. Eran igual de culpables en aquello, quizá más él por ser el adulto, el responsable, el que más ponía en juego y que sin embargo seguía enredado con una alumna.
Débil, porque ahí estaba él, el día de los enamorados, echando su cabeza hacía atrás en el sofá mientras veía a Pansy subir y bajar encima de su regazo mientras gemía a viva voz. Débil, porque sus dedos se anclaban a sus muslos con lujuria mientras soltaba jadeos roncos productos del placer. Débil, porque había dejado que esa relación inmoral invadiese todo y no quería renunciar a ella.
—Es-estoy ce… —Las palabras de Pansy se ahogaron entre gemidos, con el sudor descendiendo por su cuerpo de una forma tan tentadora que Harry se quedó mirando el recorrido de una gota que descendía por su esternón—. Profesor —gimoteó.
«Profesor», esa palabra que antes denotaba la burla hacía su puesto por parte de la chica y que se había convertido en un añadido obsceno a sus perversiones. Harry gruñó, casi como un perro, y le dio la vuelta a la situación, tumbando a Pansy sobre el sofá, alzando sus piernas para colocarlas en su cintura y embistiendo en su interior con tanta fuerza que el sonido de sus pieles húmedas al chocar opacaba el de sus gemidos de placer. La chica le arañó los brazos y se retorció, creando una curva con su espalda al arquearse, antes de alcanzar el orgasmo gimoteando su nombre de forma caliente. Él no tardó en alcanzar su liberación, demasiado afectado por la voz de la chica y la forma en la que su cuerpo se retorcía en la nube de placer.
Salió de ella pocos segundos después, quitándose el condón y tirándolo a algún sitio sin fijarse dónde caía. Se tumbó sobre el pecho de la chica, respirando agitado y escuchando el bombeo frenético del corazón de Pansy bajo su oreja. Ella enredó sus dedos entre las hebras negras de Harry, riéndose ligeramente ante las cosquillas que le producían los dedos que acariciaban su pierna izquierda.
—Este está en el top cinco de nuestros mejores polvos —murmuró Pansy, todavía con la respiración frenética.
—¿Y cuál está en el top uno? —preguntó él, sonriendo.
—Cuando follamos en clase, después de enterarnos de que eras mi profesor de Filosofía —aseguró ella—. Me daba mucho morbo hacerlo con un profesor.
Harry se incorporó, levantándose del sofá y caminando hasta la cocina para coger dos botellas de agua. Lanzó una a la chica mientras el abría y bebía de la otra, sediento por la reciente actividad, pero satisfecho por la misma. Cuando volvió al salón la chica se había colocado su camiseta y cambiaba de canal en la televisión, buscando algún programa o película que llamase su atención.
Ese, quizá, había sido uno de los errores que habían cometido. El dar un paso en su relación que superaba los límites de los encuentros sexuales causales. La primera vez que Pansy se quedó a dormir en su casa fue en noviembre, cuando una tormenta se desató en Londres y él le ofreció ir a su casa cuando vio que sus amigos se habían ido sin ella y no tenía llaves para volver a su hogar. Para sorpresa de ambos, aquel día se limitaron a ver películas, hablar sobre lo que les gustaba y discutir sobre filosofía. Harry supo en aquel momento que algo en su relación había cambiado, y no se confundió.
A aquella vez le sucedieron muchas otras y, como su vecina Lavender le llegó a decir, su relación se tornó más romántica, rutinaria y seria que sexual y despreocupada. Algo realmente malo, si se paraba a pensar, porque no solo se acostaba con su alumna sino que tenía una especie de relación sentimental con ella. Porque sí, había sentimiento. Sin nombres, porque no estaban preparados para ponérselos, pero sentimientos.
—¿Cómo puede haber presupuesto para crear una película llamada «Pirañaconda»? —inquirió la chica cuando dejó puesto el canal SyFy al ver lo que estaban dando—. Esta debe estar, sin duda alguna, en el top de las peores películas jamás creadas.
—Seguro que hay alguien a quien le guste —terció él, aunque no estaba del todo convencido.
Se acercó hasta el sofá y se sentó en él, dejando que la chica se apoyase en su hombro de forma automática.
—¿A quién? —cuestionó ella.
—Y yo que sé —replicó—, pero alguien debe haber si tienen dinero para hacerlo.
—Pues esa persona tiene un problema muy grande. —Harry se echó a reír.
Se mantuvieron callados durante un rato, disfrutando de la compañía del otro y soltando (en algunas ocasiones) algún comentario para criticar la película. Sin embargo la atmósfera se rompió cuando el teléfono de Pansy comenzó a sonar ante la llamada entrante. La chica se levantó para ir a por él y regresó al sofá, pero en vez de ocupar el sitio de antes se sentó sobre las piernas de Harry, sonriendo al ver que el hombre se limitaba a rodearla con sus brazos.
—Dime. —Potter pudo escuchar la voz de Hermione a través del auricular, quejándose—. En casa de Harry. —Más palabras, más quejas—. Estudiando matemáticas, no te jodes, ¿qué crees que he estado haciendo? —Harry no pudo evitar sonreír cuando escuchó el jadeo impactado de la otra chica—. Hermione, me sé ese discurso de memoria así que ahórratelo y dime para qué me llamas; estaba a punto de follar otra vez con el profe.
Harry se rió, acostumbrado a esas expresiones directas por parte de la chica a pesar de que en esa ocasión no fuese verdad, pero teniendo en cuenta el hecho de que Pansy disfrutaba escandalizando a Granger, pues no le sorprendía oír eso. Recostó su cabeza contra el hombro de Pansy, suspirando con cansancio y relajándose ante las caricias de Parkinson en sus brazos. La escuchó hablar más con Hermione, replicándole a cosas de forma sarcástica y riéndose de ella en otras.
—Sí, sí, tranquila —dijo—. Que sí, pesada. Venga, adiós, que Harry me está metiendo mano y me estoy poniendo caliente. —El grito exaltado de Hermione fue lo último que escucharon antes de que Pansy colgase.
—¿Tienes que irte? —La chica hizo un mohín mientras asentía—. ¿Ahora? Porque tengo entendido que te estaba metiendo mano mientras hablabas por teléfono.
La chica se echó a reír, dándose la vuelta en su regazo para quedar a horcajadas de él antes de unir sus labios en un beso lento; la pasión propia del deseo sexual se había sustituido por una pasión propia de ese reconocimiento de los amantes, de ese toque que rozaba esa palabra de cuatro letras que no querían escuchar.
—Supongo que mis amigos podrás esperar un rato más —murmuró sobre sus labios.
Harry solo pudo sonreír antes de dejarse llevar por todo, incluso sus sentimientos.
Fue en abril, a menos de un mes de que acabase el curso, cuando Harry se dio cuenta de que estaba enamorado de Pansy Parkinson. Fue durante una clase de repaso antes del examen cuando llegó a esa conclusión y fue tan abrumador darse cuenta que tuvo que salir del aula para ir al baño a echarse agua fría en el rostro. Pansy había estado faltando varios días por culpa de una gastroenteritis y él se vio pensando en la chica más de lo debido, preguntándose cómo estaría, cuándo volvería, si también lo echaría de menos… Pensamientos que en su mente racional eran tétricos y perturbadores.
Él, un profesor de filosofía con una vida estable y tranquila, se había enamorado de una de sus alumnas. Alumna con la que se había acostado antes de verla en sus clases y con la que había estado manteniendo una relación desde entonces, una relación que desembocó de lo sexual a lo sentimental sin que ninguno de los dos lo evitase; o sin que él lo evitase. Y era una mierda, porque él era consciente de que Pansy no sentía algo por él, estaba en sus gestos, sus miradas y sus palabras; para ella simplemente se trataba de hacerlo con un profesor, ese morbo de hacer algo privado e inmoral.
Descubrir con certeza lo que sentía por Pansy lo hundió en una crisis existencial. Se encerró en casa de Ron durante lo que quedaba de semana e ignoró las llamadas y mensajes de Parkinson, aunque en más de una ocasión estuvo a punto de cogerlo porque ella no se merecía ser dejada de lado simplemente por su lío sentimental. Sin embargo, ella era la principal causa de que estuviese así y sabía que sí contestaba al teléfono y escuchaba su voz sus reflexiones y pensamientos acerca de esa complicada situación se irían a la mierda.
—Buenos días, clase —saludó el lunes siguiente—. ¿Habéis tenido un buen fin de semana?
Recibió algunas respuestas a su pregunta, otros simplemente correspondieron a su saludo y otros lo ignoraron; ella, entre ese grupo. La clase transcurrió con tranquilidad, resolviendo dudas y afianzando los conocimientos que había estado dando a lo largo del curso. El timbre sonó indicando el fin de la clase y los alumnos comenzaron a salir con rapidez, empujándose los unos a los otros como las bestias que podían llegar a ser.
—Profesor, ¿puedo hablar con usted? —El tono frío de Pansy lo hizo tragar saliva mientras asentía.
Esperaron a que todos saliesen del aula para poder hablar, sabiendo de sobra que esa conversación nada tenía que ver con la lección de ese día. Los ojos verdes de Pansy se clavaron en él como puñales, el enfado de la chica bordeándose por cada parte de su cuerpo: desde sus ojos llameantes a su mandíbula apretaba y sus brazos cruzados.
—¿Ha ocurrido algo para que me hayas ignorado toda la semana? —inquirió, con un tono más calmado del que Harry se esperaba—. Porque si estás enfadado conmigo por alguna razón me gustaría saberlo.
—No estoy cabreado contigo —dijo, eligiendo con cautela sus palabras—. Simplemente he estado pensando acerca de… esto. Y no quería que nada me pudiese distraer.
—¿Y qué es lo que has pensado acerca de esto? —Harry pudo sentir el tono mordaz de la chica al pronunciar esas últimas letras.
—Creo que deberíamos terminar —murmuró tras unos segundos, pero las palabras se sintieron pesadas en su boca. Clavó sus ojos en Pansy, encontrándose una mirada fría.
—¿Terminar? —Él asintió—. ¿Por qué?
A Harry le sentó mal esas palabras, fue como si le punzaran en el pecho y algo dentro de él se molestase por la forma de ser de la chica. Y era consciente de que realmente ella no era la culpable de que se hubiese enamorado de Pansy, porque ella había sido la que había dejado claro que nada de sentimientos, pero el hecho de que se cabrease con él por querer terminar con su juego morboso le dolía y le cabreaba.
—Creo que la razón está clara, Pansy —suspiró él—. Hemos llevado esto demasiado lejos, tendríamos que haberle puesto un punto y final desde el primer momento.
—¿Juego? ¿Acaso crees que todos estos meses han sido un juego para mí? —No le dio tiempo a responder nada antes de que ella siguiese, aunque tampoco hubiera sabido qué decir, no era esa la reacción ni las palabras que se esperaba—. ¿Crees que esto ha sido algún tipo de broma para mí? ¿Que he estado contigo todo este tiempo simplemente por el morbo de hacerlo con un profesor?
—Pansy, esto estaba condenado al fracaso desde el comienzo —replicó, ignorando sus palabras, algo dentro de él quería creer que la chica sentía lo mismo, pero su otra parte (esa que siempre estuvo en contra de su relación) le gritaba que era la forma que tenía Pansy de manipularlo para seguir juntos—. Hemos alargado esto demasiado tiempo, creyendo que podríamos seguir jugando todo el rato sin consecuencias. Eres una alumna y yo soy tu profesor, las cosas entre nosotros tendría que mantenerse así. He ignorado demasiado tiempo mi propia moral y mi propia ética, he fingido que puedo…
—Harry —lo interrumpió, con voz feroz.
—Esto ha sido un error, señorita Parkinson —pronunció, sin dejarle decir algo más—. Y me gustaría que el tema quedase zanjado en este momen…
No pudo terminar su frase; la palma de Pansy había chocado contra su mejilla enviando una corriente de dolor por su cuerpo mientras la atmósfera de tensión llegaba a su punto máximo. Sus ojos verdes se enfocaron en la chica frente a él y no supo si le dolía más el golpe o ver la decepción en los ojos de Pansy.
—No se preocupe, profesor. —Escupió la palabra con odio—. No volveré a molestarle con nada, nuestra relación se limitará a la de alumno-tutor. Espero que tenga un buen día.
Mientras la chica se largaba con pasos rápidos, dando un portazo al salir, Harry se dejó caer sobre la silla. Se apretó la mejilla que había recibido el impacto mientras cerraba los ojos y se maldecía; había sido un cabrón, pero era lo mejor para los dos.
Era la única solución para esos sentimientos conflictivos, aunque no pudo evitar sentir que era ahí, en ese momento, cuando había cometido el mayor error de su vida.
N/A: ¿Me merezco un review?
Besos, Ali~
