NA: A veces todo lo que nos hace falta es darle un par de vueltas a la manzana para recuperar el ánimo. Veamos cómo le va con eso a Steven.


Capítulo 2: Ciudad Playa

Steven sintió la suave brisa del océano dar contra su rostro al salir de casa. Los ocasionales graznidos de las gaviotas eran lo único que se podía escuchar en el ambiente, además del sonido de las olas rompiendo contra la bahía. El hombre avanzó despacio por la cálida arena de la playa hacia las calles de la ciudad.

El viejo paradero, aquél lugar que solía situarse enfrente de la tienda de rosquillas, la cual ya no estaba allí, por cierto. Había cerrado hace años, por lo que nuestro héroe tenía que caminar un poco más para conseguir sus preciados dulces. El letrero del paradero eventualmente había sido reemplazado por uno nuevo, al haberse oxidado demasiado. Ahora era amarillo en lugar de azul. Las veredas también habían sufrido cambios, estando ahora mejor asfaltadas.

Moviéndose por el resto de la había, Steven se encontró con un puesto de hamburguesas. Él conocía bien esta tienda, pues era parte del legado de aquél puesto de papas fritas "Beach Citywalk Fries" al que solía acudir casi a diario. El nuevo puesto estaba ahora ocupando su lugar, el cual era administrado por Pedee y su familia. Curiosamente, él había sido el primero de los hermanos Fryman en sentar cabeza y formar un hogar, mientras su hermano Ronaldo se repartía entre un negocio similar y sus investigaciones paranormales. En cuanto al negocio de Ronaldo, se trataba de otra sucursal del mismo puesto de hamburguesas en otro punto de Ciudad Playa, aunque en un local más espacioso, comedor y con algunos empleados más trabajando en él.

Sí, Steven había llegado a enterarse de tantos cambios, aunque quizá un poco después de que estos se dieron.

Subiendo por la calle, se encontró con un bazar de gran tamaño. El comerciante en ella era conocido por vender de todo tipo de artículos, desde útiles de oficina hasta envases de plástico para uso doméstico o industrial, llegándole a hacer competencia en ello a muchos otros distribuidores y hasta al propio supermercado de la ciudad. El local que ocupaba también era uno familiar para el hombre de cuarzo. En él solía funcionar el arcade, el que solía frecuentar cuando era joven con algunos amigos y-... además de aquella vez en la que había llevado a las gemas a ese lugar, solo para que Garnet y Amatista hicieran destrozos y él terminase teniendo que realizar mantenimiento gratuito por una semana. Aquél solía ser un lugar con poca iluminación ambiental, siendo las pantallas y luces de los propios videojuegos la fuente principal de luz en él; ahora blancas luces fluorescentes iluminaban cada rincón del local, exhibiendo la mercadería en venta.

- ¿Qué tal, Steven? - saludó atentamente el comerciante.

- Ah, buenas tardes, George. - respondió Steven del modo más amable que pudo, prosiguiendo su camino.

Más allá lo siguiente en reconocer fue el olor a pescado... a platillos a base de pescado y mariscos. Aquello tenía la firma de una familia en particular. Era un restaurante que de hecho ocupaba dos locales frente a la plaza. Tras un aparatoso accidente hace ya varios años debido a un inusualmente peligroso enfrentamiento en la playa, Jenny y su familia habían decido no volver a abrir "Fish Stew Pizza", sino dar un paso adelante y aperturar un restaurante más grande y de mayor alcance, además de situarlo en un lugar más céntrico. "Fish Stew Express", como ahora se llamaba, ya no servía solo pizza sino que manejaba un amplio repertorio de platillos a base de pescado y mariscos. El negocio fue un éxito, y rápidamente recuperaron lo perdido en el accidente y lo invertido en el nuevo puesto. Steven acudía al lugar de vez en cuando, especialmente cuando el tiempo no les alcanzaba para prepararse algo de almorzar.

Al principio Steven se había sentido mal por lo sucedido; pero al ver cómo se las arreglaron para convertir un incidente en éxito, se sintió de hecho agradecido con la enorme criatura que contuvieron ese día por haber tenido que caer justo sobre el puesto de pizza. Está por demás decir que tanto Jenny como sus hermanas eran ya bastante mayores ahora. Su morena amiga ya hasta tenía nietos, y un bisnieto en camino.

La plaza de la ciudad, alguna vez compuesta simplemente de una estatua del alcalde Dewey o de alguna de las Gemas de Cristal y de los jardines de flores alrededor, ahora tenía una gran fuente cuidadosamente iluminada. Alrededor de esta habían arreglos florales y varios juegos de agua con llamativas secuencias de luz y chorros de agua que bailaban al son de música relajante. Había bastante gente pasando por el lugar, las aceras estaban limpias y se mantenían así por personal de limpieza que siempre se mantenía cerca.

La ciudad había crecido bastante, ya no era de esos pueblos donde todo el mundo conocía a todo el mundo como antes.

Todo gracias al segundo alcalde en suceder a Bill Dewey. Las reformas que impuso sirvieron de mucho para impulsar el desarrollo comercial de Ciudad Playa, y de paso para atraer más visitantes. Actualmente, y si Steven no se equivocaba, estaban en el quinto régimen tras los tres periodos seguidos de gobierno por parte de Bill, conocido por la gente como el Quincenio de Dewey, "el que no sirvió de mucho pero en el que al menos vivimos tranquilos".

Dirigiéndose aun más tierra adentro, Steven llegó a la zona residencial. En este punto las calles eran sencillas y se veían pocos locales comerciales. Era el lugar con menos cambios en Ciudad Playa. Sin embargo, uno en particular era inevitable. En aquella esquina divisoria entre la zona residencial, el acceso hacia la plaza y la avenida que da hacia la playa, en donde alguna vez una pintoresca camioneta siempre estaba estacionada y un letrero luminoso con un elefante en él anunciaba el funcionamiento del autolavado "It's a Wash!"; ahora estaba una gasolinera. Aquello no era sorpresa, pues su padre había sido el primero en partir, después de todo.

El lugar era bastante simple, incluyendo algunos grifos de gas y/o energía eléctrica para motor, una estación de recarga de aire para neumáticos del cual los clientes podían dispensarse gratuitamente y una tienda en el interior. Dos personas trabajaban en él, ambos relativamente jóvenes, varón y mujer. En cierto modo le recordaban a Lars y Saddie, salvo porque en este caso el varón era el bajito y regordete, así como la chica era la alta y flacucha. Ellos parecían llevarse bien, aunque Steven nunca los llegó a conocer a fondo. Él prefirió no acercarse mucho a ese lugar tras reclamar propiedad sobre el depósito y demás pertenencias de su padre, y vender el local.

Aquél hombre de larga cabellera, gran sonrisa, cálidos abrazos e invaluables consejos ahora era solo un recuerdo, un recuerdo que lentamente iba nublándose con el pasar del tiempo.

Ahora que Steven lo pensaba, para lo único que esta salida le había servido era para darse cuenta de que, en cierta forma, él ya no pertenecía a este lugar. El pertenecía a la Ciudad Playa de hace varias décadas, aquél pequeño pueblo con las rosquillas, las papas, el arcade, el autolavado, las pizzas de pescado y los constantes esfuerzos del alcalde Bill Dewey por mantenerse en su cargo.

Si bien usualmente él había sido siempre alguien abierto, alguien que pasaba la mayor parte del tiempo fuera de casa con los demás, el único que logró hacer que las demás gemas realmente socializaran con la gente a la cual protegían cada día; todo aquello cambió un funesto viernes, aquel día que el hombre de cuarzo echó al olvido y teme que salga de allí por sobre todas las cosas. Perla le había advertido sobre la corrupción de las gemas, y sobre cómo el psique era un factor causal en ello. El hijo de Rose simplemente no podía recordar lo sucedido ese día por nada en el mundo, porque si lo llegase a recordar una vez más...

Por ello se había desconectado de Ciudad Playa, por ello se había concentrado únicamente en las misiones y en contener las gemas corruptas que quedasen por delante. Y por ello, irónicamente, se había quedado atrapado en el pasado mientras huía de éste.

Por ello, su luz se había apagado.

Él ya no estaba, ella ya no estaba, y gran parte de sus amigos tampoco. ¿Qué sentido tiene? ¿Cómo andar con la frente en alto cuando sientes que una parte de ti se está marchitando, quedándose atrás...? Las gemas son virtualmente inmortales. Steven no era una gema, simplemente. Él era en parte un humano, y al parecer el paso de los años comenzaba a afectarle. Su edad proyectada ya no se sentía la correcta. Cada año, el mundo a su alrededor perdía color. Cada día, él se levantaba de su cama con mayor cansancio.

Su humanidad se estaba muriendo, al igual que los demás ya lo habían hecho. Era su gema la que lo aferraba a la vida... o más bien, a una existencia que se iba tornando vacía.

Fue ahí cuando el hombre de cuarzo se encontró a sí mismo deseando que sus días en la Tierra estuviesen contados.

Sintiéndose abatido por la repentina maraña de hirientes pensamientos en su mente, Steven emprendió cabizbajo el regreso a casa.


NA: Y el tiro le salió por la culata, al parecer.

Dios santo... ya vi el nuevo episodio 'Catch and Release' y, para serles honesto, prefiero a la Peridot de la primera temporada. Por mucho. Ahora, de la que fuera alguna vez fuese una técnico organizada y frívola solo queda una suerte de mascota. Tanto fanservice ya comienza a cansarme.

Definitivamente esa no es la Peridot que pienso usar en ninguno de mis fics.

En fin, espero que este capítulo haya sido de su agrado. Gracias por leer.