Que Ginevra Weasley intentara esquivar a Draco Malfoy era más que evidente entre quienes estaban enterados de los últimos sucesos

¿Te Gusta lo que ves?

¡Al fin lo terminé! Modifiqué un montón de cosas de la historia inicial, sobre todo la intromisión de Harry. De todas formas, no juzguen sin entender, luego pasaré a explicar mejor la situación. Espero que este capítulo les guste a pesar de que da una vuelta de tuerca algo fuerte.

Cualquier cosa que no hayan entendido, crítica o comentario, dejen reviews! Y si les gustó… TAMBIEN xD.

No los retraso más, quiero agradecer a Gewila Potter Weasley, a Dramione Black, a Leila, a Sheba7, a aver, a himedakko, a Alex M, a Katy, a lucidg, a Hela Morrigan y a Floor Grint, que me dejeran reviews. De verdad, se los agradezco.

Capítulo 3: Flor corrida de corazones

Que Ginevra Weasley intentara esquivar a Draco Malfoy era más que evidente entre quienes estaban enterados de los últimos sucesos. Ginny estaba segura de que esta vez si la había embarrado: era la segunda vez que lastimaba el orgullo de Draco y estaba segura que no era algo a lo que él estuviera acostumbrado.

Por eso comía en horarios diferentes, cambiaba de rumbo si lo veía acercarse o incluso ignoraba las millones de miradas que se entrecruzaban hacia la mesa de Gryffindor si es que lograban coincidir en horarios.

Sin embargo, todo el esfuerzo por evitarlo se vieron opacados por la emoción general de la nueva noticia que se expandía como reguero de pólvora en Navidad, y que además era totalmente contagiosa.

La primera mañana cercana a las vacaciones de Navidad, un cartelito anunciando un baile apareció colgado en todas las Salas Comunes. El motivo parecía ser la destrucción de Lord Voldemort, es decir, el primer año que podrían vivir tranquilos sin temer por las vidas de los familiares.

Eso a Ginny le pareció una barrabasada. Por supuesto que estaba feliz pero no creía que un baile fuera la mejor opción. Además no tenía tanta afición a los bailes, más allá de que supiera bailar muy bien. Tenía malas experiencias para elegir parejas, para lograr que Harry la invitase o incluso para pedirle a la persona que quería que fuese su pareja.

Supuso además que todo el mundo estaría totalmente animado y feliz por el baile, pues se extendía a todos los años y edades. Las mujeres se juntaban en grupo a cotillear sobre sus parejas o sus intentos, o por como hacer para que tal o cual lo invitara. Luego estaban los hombres, que a cada rato que pasaba una mujer miraban sus piernas y determinaban si era una buena candidata. Eso a ella le asqueaba horriblemente. Por eso es que se escondió en las polleras largas de seda que su madre le hacía para disfrutar el verano y las medias largas de lana perfectas para abrigarse de la temperatura.

Christinne no fue una excepción a esa rutina. Desempolvó todas las faldas que consiguió y los pantalones ajustados para aprovecharlos, más allá de que Snape fuera arreglando atuendo por atuendo y a las mujeres las obligara a usar polleras más largas o pantalones al menos.

Al segundo día ya todas las personas más codiciadas tenían pareja. Y eso a ella no le preocupaba, después de todo, podría ir con Neville o con Colin y pasar una velada agradable escuchando música y quizás bailando un rato.

Sin embargo, saber que Blaise Zabini iría con una muchacha de sexto de Slytherin trajo muchos dolores de cabeza a la pelirroja y una frustración amorosa a su mejor amiga. Pasó varios días intentando consolarla, repitiéndole lo que ella siempre solía decirle: "Mereces a alguien mejor que él" Pero el dolor parecía abstraer de todo consejo o intento de consuelo a Christinne, que pasaba interminables horas con la mirada perdida, tirada en su cama sin un gramo de felicidad reflejada en sus ojos.

Ginny aumentó su odio hacia los Slytherins, que además eran los más detestables de todos, pues eran los que trataban a las mujeres como un objeto de adorno. Por eso aquella tarde de invierno cuando Draco Malfoy se acercó a ella, Ginny decidió enfrentarlo: quizás podría desahogarse con él.

-¿Y ahora que Malfoy?-dijo dándose vuelta.

-Pareces fastidiada con mi presencia. No deberías pelirroja-dijo atrayéndola por la cintura con ambas manos.

-Nunca me has traído satisfacción huroncito. ¿Por qué no le dices a alguna otra?

-¿Tienes pareja para el baile?-aquella pregunta la tomó de improviso. Se quedó mirándolo extrañada y detuvo sus manos, las cuales con anterioridad estaban empujándolo para lograr alejarlo.

-No te incumbe.

-Ya creo que si. No importa, dirás que no a quien te haya invitado.

La mandíbula de Ginny se desencajo totalmente. Aquella situación era totalmente extraña. Malfoy tenía en sus ojos el mismo destello de ardor que cada vez que la miraba, solo que esta vez se había intensificado y una sonrisa atrevida se hacía vislumbrar en su rostro.

-Ah si, ¿Por qué? ¿Iré contigo?-dijo con ironía volviendo a colocar sus manos enguantadas en lana sobre su pecho para empujarlo.

Pero era imposible. La fuerza de sus brazos era superior y parecía querer tomarla con una devoción tan increíble en Draco que termino desistiendo, acostumbrándose a la inusitada caricia que parecía atraer a varias personas que estaban en el jardín.

-Si-exclamó cuando ella desistió.

-No sé si es que tu cerebro tiene serios problemas para que tus neuronas hagan contacto, pero… ah, cierto que solo tienes hormonas. No sé si eres capaz de entender esto: Yo contigo no quiero tener nada que ver. Aléjate de mí, ¿Qué no entiendes Malfoy?

-Entiendo que estuviste a punto de entregarte en el pasillo mientras te tocaba. Tienes un cuerpo que no me está dejando dormir pelirroja. Y yo siempre obtengo lo que quiero. Todo tiene su precio.

-No puedes comprarme Malfoy-dijo intentando obviar lo que había dicho antes y sonrojándose por no poder encontrar excusas a aquel impulso.

-No con dinero Weasley. Si hay algo que me excita mucho de las mujeres es que se hagan las difíciles. Y aprendí algo de ti hace poco: Tu dignidad cuesta demasiado para mi cuenta bancaria.

-No aceptaría ni un solo galeon tuyo. ¿Qué es lo que no entiendes? No-Puedes-Comprarme-repitió lentamente, acentuando la frase con ahínco.

-¿Recuerdas a Zabini? El infeliz que le destrozó el corazón a tu mejor amiga. ¿Cuánto darías para devolverle la felicidad a ella?

La boca de Ginny volvió a abrirse y sintió como todos los músculos del cuerpo se tensaban. "Todo tiene su precio" y parecía que él había encontrado el suyo.

-¿Qué estás… que estás intentando decir?-dijo temiendo su respuesta.

-Eres Gryffindor Weasley. Creí que tenían suficientes agallas para dar todo por sus amigos. ¿No te gustaría ver juntos a tu amiga y al amor de su vida?

Ginny enmudeció totalmente pálida. Draco sabía cual sería su respuesta, lo sabía y sonreía con esa sonrisa de autosuficiencia, de haber logrado exactamente todo cuanto había planeado. Y lo peor de todo era que le había salido bien. Apretó los puños con odio y bajó la vista derrotada.

-No le dirás a Christinne que Zabini lo hace solo porque tú se lo pediste. ¿Qué quieres a cambio?

-Por lo que tengo entendido, Blaise irá al baile con ella, hablarán hasta que la velada termine y la acompañará a su Sala Común. Deberás convencerla de que no intente llegar a mayores, eso ya es tu responsabilidad, porque Zabini no querrá nada.

-¿Y nosotros haremos lo mismo?-preguntó ella esperanzada.

Con una carcajada Draco volvió a tomarla por la cintura con más fuerza y deslizó su lengua por su cuello, bajando con su pera la campera de ella y recorriendo un largo camino cruel que hizo suspirar a Ginny resignada de placer.

-Tengo frío por las noches pelirroja-exclamó sensualmente en su oído haciendo que ella temblara bajo sus brazos-Y quiero que llenes ese hueco que hay dentro mío con tu calor Weasley. Hasta ahora no he probado labios más sabrosos que los tuyos-dijo acercando su rostro al de ella.

Sin embargo, Ginny se sorprendió cuando ella misma se adelantó un poco más para acortar la distancia que había entre ellos dos. Apretó los labios fuertemente contra los de Draco haciendo una suave presión e introdujo su lengua con una delicadeza casi escalofriante, comenzando a investigar los oscuros rincones de su boca, aspirando su aroma, saboreando su saliva. Se entrelazó lentamente con la de Draco y ambas lenguas comenzaron a juguetear entrelazadas, acariciándose con una sensualidad que les pareció exquisita e irreconocible.

Draco lamentó terminar con aquel beso, pero no sabía porque el aire no le entraba en los pulmones, y cuando se separó de la boca de Ginny respiraba entrecortadamente.

-Es que tengo asma-dijo para sí pero Ginny lo escuchó y rió como pudo. Sabía a lo que se refería pues ella también respiraba entrecortadamente.

Draco apoyó su frente con la de ella y la miró con la boca roja y abierta, intentando hacer que entrara el aire por sus pulmones. Se veía hermosa, completamente celestial. Había en él una contradicción tan inmensa que cerró los ojos y antes de soltarla murmuró:

-Deja de hechizarme con tus sortilegios pequeña bruja.

Y antes que Ginny pudiera terminar de entender esas pocas palabras, Draco ya se había marchado.

Aquel beso no la dejó dormir nuevamente, y los sueños en donde él aparecía se hacían cada vez más evidentes. Chris por suerte no se había enterado del último acontecimiento, feliz porque Zabini la había abordado en uno de los pasillos y con una elegancia propia de él le había pedido ir al baile. Así que Ginny intentó evitar traspasarle los dolores de cabeza a ella y no contarle que había vuelto a soñar con Draco nuevamente. Sin embargo, algo cambiaba en esos sueños. Ella llegaba a una habitación oscura y se tiraba sobre él, besándolo con fiereza, hasta que en un momento el beso se volvía suave y delicado, y las sensaciones eran casi las mismas que aquella vez en el jardín. Luego él la acorralaba y susurrándole cosas que ella nunca entendía al oído, la penetraba moviéndose con precaución en cada centímetro, haciéndole el amor con cuidado, besándola en todas partes, marcando su territorio con la lengua, deslizándola cuidadosamente por donde ella no sabía siquiera que se podía a deslizar. Luego él salía dejándole en el alma un vacío muy profundo que la hería en el corazón, solo hasta que veía que él se volvía para besarla y la estrechaba entre sus brazos hasta dormirse.

Y en ese momento ella se despertaba, jadeando con una felicidad que le duraba un par de horas, hasta que la razón la sacaba de sus recuerdos, diciéndole que era imposible que Draco se comportara tan caballerosamente, que pudiese tratarla así.

Poco a poco, pasaron los días y Ginny fue asimilando la idea de que tarde o temprano iba a ocurrir. El problema era que ahora existía algo más, algo que la torturaba cada vez que una muchacha se acercaba a él o que su mirada se posaba en ella de manera posesiva. Había en ella una espantosa sensación de vacío, pero lo terrible era que no sabía por qué.

Aquella mañana, cuando Draco se despertó, miró por el vidrio corriendo las cortinas e incorporándose, antes de darse cuenta que estaba desnudo. Miró entre las sábanas y vio que no llevaba nada debajo. Se sorprendió recordando que la noche anterior se había puesto pijama, hasta que se dio cuenta que había alguien más en su cama. Destapó un poco de ella y vio que la muchacha que lo acompañaba estaba desnuda también y despierta. Y lo más desesperante de todo era que era pelirroja y tenía las mismas pecas, los mismos ojos y la misma piel. Lo único que había cambiado era su expresión. Ella se incorporó asustándolo y se colocó entre sus piernas, mirándolo con una ternura inusitada, pero sin sonreír. Luego se acercó a su rostro y tomándolo por la barbilla sacó la lengua y acarició sus labios lentamente, derritiéndolo y excitándolo. Cuando terminó aprisionó sus labios con un calor posesivo y un rayo desprendió de aquella unión, haciendo que todo el cuerpo de Draco temblara de placer. Hasta que ella se alejó y allí abrió los ojos, dándose cuenta que estaba dormido y todo eso había sido un sueño.

Se desperezó viendo que llevaba puesto el pijama, pero se dio cuenta que la parte de abajo estaba húmeda. Se sonrojó de frustración de tan solo pensar lo que había ocurrido: había tenido un orgasmo con tan solo un beso de ella. Así que se levantó maldiciendo a aquella muchacha pelirroja que le robaba los pensamientos y se había encrustado de forma peligrosa en su mente.

- o.O.O.O.o -

-No es tan fea-dijo Blaise tirando una de las cartas que tenían en su mano.

Draco se encogió de hombros dando a entender que no le interesaba su atractivo.

-Es sencilla y tiene una alegría desbordante. Pero parece ser como todas las mujeres de este castillo.

-¿Qué tienen de malo las mujeres de este castillo?-preguntó tomando la carta que Blaise había descartado.

-Falta de carácter.

-Oh, yo conozco a una que tiene un carácter potente-exclamó sonriéndose.

-Tu enamorada no cuenta. Es… bueno, es Gryffindor y es Weasley. Si no tuviese carácter no sería de esos traidores.

-¿De que hablas? Ella no es mi enamorada.

-Eso no decías ayer cuando gemías su nombre en sueños-espetó Blaise descaradamente-Oh, ven aquí pelirroja, déjame hacerte mía-dijo intentando imitar a su amigo con una sonrisa socarrona.

Draco adoptó un tono sonrosado en sus mejillas. Pero no se dispuso a mostrar debilidad y lo miró con odio.

-Solo tendré sexo con ella. La llevaré al baile, la incitaré y terminará rogándome que me acueste con ella.

-¿Para eso la llevas al baile? ¿Para salvar tu orgullo?

-¿Por qué otra razón lo haría?-dijo Draco tomando unas cartas del maso.

-Te encantará ver la cara de su hermano y de Potter. Han rumoreado que él se está fijando nuevamente en ella.

La mirada de Draco ensombreció. Se sentía tranquilo porque sabía que ese día se acostaría con ella. Pero luego… luego no había nada más. Luego ella se iría y aquel juego que lo entretenía se acabaría. Y quizás Potter sería el dueño de sus besos, el dueño de su piel suave y aterciopelada. Ella sería de él, no suya.

-Oh, Harry, ¡Bésame!-dijo con una dulzura empalagosa y enferma, intentando imitar la voz de Ginny, a lo cual Draco saltó del susto al escuchar esa frase interrumpiendo sus pensamientos.

Y allí estaba Blaise riendo a carcajadas al ver la mirada de desesperación de Draco.

-Deberías consultar con tu mente tus sentimientos Draco. Ahora déjame ver lo que tienes.

Draco arrojó las cartas con ira frustrada.

-Estas cartas podrían ser premoniciones-dijo admirando la flor corrida de corazones.

-Por ahora págame que has perdido Zabini. Luego romperé tus piernas por hacer esas insinuaciones-replicó mirándolo con odio. Él no tenía nada que meditar. Weasley era tan solo un cuerpo bonito, un alma excitante, una mezcla entre el paraíso y las llamas del infierno. Él jamás se enamoraba. Y menos de una comadreja traidora de la sangre.

- o.O.O.O.o -

Aquella mañana se había despertado sin ganas de vivir. Se levantó apresuradamente y ni siquiera se bañó. Le dolía la cabeza terriblemente, como si un tractor hubiera arrollado su cuerpo varias veces. Intentó rememorar el sueño que había tenido y se sorprendió al no recordarlo. Se engominó el cabello y bajó a desayunar. La primera clase sería dentro de quince minutos, así que apresuró a terminar las salchichas tostadas y cuando se levantó dirigió su mirada a la mesa de Gryffindor. Abrió los ojos tortuosamente a pesar del cansancio al darse cuenta que Ginny se estaba escabullendo con Potter por un pasillo y él la llevaba agarrada de la mano.

Sin dudar un segundo se encaminó hacia allí, no sin antes revisar que en la mesa nadie estuviera prestando atención a sus movimientos.

-Irás a molestar, ¿verdad?-dijo Blaise incorporándose a su lado, con mucha suavidad para que nadie escuchara-No te gusta nada que tu enamorada esté con Potter. Yo creo que estás celoso-exclamó sonriendo.

Draco lo ignoró. Repitiéndose a si mismo que este sería un buen momento para fastidiar a Potter, salió del comedor y sigilosamente caminó por los pasillos hasta escuchar la voz de Ginny. Se escondió en la intersección con otro pasillo escuchando atentamente lo que ella le decía.

-… No puedo Harry. De verdad me gustaría, pero ya tengo pareja.

-Vamos Ginny, ven al baile conmigo por favor-dijo a una distancia que a Draco le pareció muy reducida.-Por favor pequeña, al menos por los viejos tiempos. ¿No recuerdas aquella noche hace mucho? Fue mágica Ginny. Y quiero repetirla muchas veces más-dijo acariciando su cuello sensualmente.

La pelirroja enrojeció como una amapola. Draco también, pero de ira. Tenía los puños apretados y los músculos tensos. Los dientes permanecían apretados en una mueca de ira que realmente daba miedo. Sacó su varita del bolsillo de la túnica y cuando vio que Harry se estaba acercando a la boca de la pelirroja, se aclaró la garganta con fuerza saliendo de su escondite. Ambos se dieron vuelta y pudo ver una mueca de susto en la cara de Ginny, y en la de Harry solo molestia y frustración.

-¿Qué crees que haces Potter? Quita tus manos sucias de ella.

-¿Y quien eres tú para decirme que tengo o no tengo que hacer?-dijo agarrándola por la cintura y atrayéndola hacia sí.

-Harry…-murmuró la pelirroja algo cohibida.

Draco apretó aún más los puños y levantó su varita amenazante. Lo único que tenía claro era que quería hacerle daño, quería dañarlos a los dos con sus palabras, con golpes si era necesario. Quería romperle el orgullo a Ginny en mil pedazos. Y de paso, que Potter ligara el golpe.

-Ella es mía Potter. Aléjate porque te mato-gruñó.

-No digas estupideces Malfoy.

-No son estupideces. ¿No te contó como gemía la otra noche gritando mi nombre? ¿No le has contado que estás conmigo y que soy yo tu pareja para ir al baile?

Los ojos de Ginny se trasportaron hacia Harry, quien la miraba atónito y desconfiado, con los ojos posados en ella y con la mirada dura y cruel.

-¿Vas al baile con él?

-Si Harry, pero no…-y antes que Ginny pudiera seguir Harry la soltó y desvió su cuerpo hacia Draco.

-No hace falta que me lo comentes Malfoy. La oí gemir con mis propios oi…-pero las palabras de Harry se ahogaron en la cachetada que Ginny le dio.

Segundos después él la miró con dolor y odio, mientras ella abría la boca horrorizada por lo que había hecho.

-Tu… tu te lo buscaste-dijo intentando contener las lágrimas y justificarse-No… no soy un trofeo de exhibición. Harry, yo no me acosté…

-No necesito tus explicaciones-exclamó cortándola-Ahora entiendo la clase de persona que eres.

Y se marchó dejándole el corazón compungido a Ginny, que gritó su nombre hasta que él desapareció por el pasillo. Luego giró su rostro para ver al culpable de ello. Sin embargo se sorprendió al ver una mueca de enfado, como si una ira colérica poseyera el cuerpo de Draco, en vez de una sonrisa de satisfacción.

-¿Qué se supone que haces?-gritó dejando que las lágrimas fluyeran sin poder contenerlas mucho más.

-¿Te acostaste con él?-preguntó Draco mirándola a los ojos. No entendía que planteos eran aquellos, pero no le importaba. No le importaba porque el uso de razón se nubló cuando escuchó retumbar las palabras de Harry en su mente.

Ginny se sonrojó ante su pregunta, respondiendo sin siquiera poder balbucear una mentira.

-No te incumbe-dijo esquivando su mirada. Él se acercó un poco más a ella y la tomó de los hombros.

-Respóndeme. ¿Te acostaste con Potter?-Ginny seguía esquivando su mirada-¡Por supuesto que lo hiciste! ¡Eres una puta, eso es lo que eres!

-Cállate.

-No, no lo haré. Creí que tenías dignidad, pero eres igual que todas las demás. Solo te importa una buena noche de sexo.

-Vete al infierno. Y no vuelvas a decirme eso, ¿entendiste?-gritó ella amenazándolo con la varita-Tu no eres quien para juzgarme.

-Vamos Weasley no pierdas el tiempo, quítate la ropa-dijo sonriendo ante la mirada atónita de ella-Te daré lo que quieres ahora mismo. ¡Quítate la ropa!-gritó con violencia.

Ginny retrocedió asustada, odiando que no hubiese nadie cerca de allí.

-Te haré gritar más que Potter, vamos, déjame poseerte Weasley-murmuró acorralándola contra la pared.

Pero Ginny esquivó su boca y se deslizó por un costado. Salió corriendo de allí, sin darse vuelta, sin mirar a Draco ni un solo momento. La había herido en más de una manera. Solo cuando llegó a su habitación y echó cerrojo a la puerta, comenzó a llorar desconsoladamente, derramando lágrimas amargas hasta que en la noche se quedó dormida mucho antes que su amiga llegara.

Cuando el sol se elevó por la ventana y escuchó a Christinne abriendo la puerta para recibir un paquete, Ginny se despertó un poco mejor. Se había recuperado y había liberado toda la angustia que dolía en el corazón. Procedió a contarle todo antes que Chris le entregara una caja bastante grande, envuelta en papel madera.

-Lo trajeron. Dijeron que era para tí.

Ginny desenvolvió el papel y abrió la caja, en donde una hermosa tela negra reposaba. Levantó el vestido y se dio cuenta que estaba cortajeado en la parte inferior intencionalmente. No entendió de que se trataba hasta que su amiga llamó su atención y le entregó una tarjeta algo temblorosa, que se le había caído al vestido cuando la pelirroja lo había levantado.

"Para una puta como tú, un vestido que te irá muy bien. Quizás así atraigas a más hombres"

Eso era más que suficiente. Abolló la tarjeta con una de sus manos, intentando no romper las cosas que había allí del enojo que invadía su cuerpo.

-Tranquila Ginn. Recuerda que tu sabrás devolvérsela mucho mejor. Usa tu cerebro.

Chris tenía razón. Debía ser calculadora y no dejarse vencer por los ataques del hurón, debía demostrarle que ella no era todo lo que él pensaba, y que sería él quien más sufriera por lo que estaba haciendo. Si Draco quería guerra, guerra tendría.

Quedo larguito, nadie puede quejarse xD. (del largo, claro está)

Próximo capítulo: Veremos un pequeño acercamiento entre Christinne y Blaise, medidas de Ginny y algo más con Harry. Y al finalizar, el inicio del baile.

Espero que les haya gustado

Saludos!