Disclaimer: Kuroshitsuji no es mío, por que si así lo fuera sería absolutamente todo Yaoi... XD
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Título:El aula maldita
Parejas: Sebastián X Ciel, Claude X Alois.
Género: Romance.
Clasificación: M
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Advertencias: OoC, lemmon, Mpreg.
Capítulo dos:
- En las llamas del infierno -
Sentía su espalda chocar contra la antigua pizarra de tiza con cada profunda embestida que daba el demonio sobre su cuerpo. Sus manos, atadas por los cables sin electricidad de la lampara del techo, se apretaron entre ellas, tratando de contener la lujuria que sentía en ese momento. Jadeó y apretó sus piernas contra las caderas de el demonio de ojos dorados. Echó su cabeza hacía atrás, dándose repetidas veces contra la polvorosa pizarra. Un sonoro jadeo se escurrió de entre sus labios. Cerró los ojos cuando el demonio, quién tenía sus manos en la cintura del rubio, subió las mismas hasta llegar a sus pezones, los cuales apretó y delineó en forma lenta y placentera. Chorros de sudor bajaban por sus cienes y un hilo de saliva resbalaba por su boca. Sentía un pitido en sus oídos, producto del placer. Jadeó y pidió más a gritos.
La sonrisa siniestra del demonio no se hizo esperar, mientras que el ritmo de la infernal danza aumentaba para luego disminuir al instante siguiente y, con 'magia' demoniaca, sacó más cables del techo y le sujetó las piernas al rubio, hacia arriba y hacia los lados, dejando a el rubio colgando de los fuertes cables carentes de electricidad. Perfecto. Sus ojos flamearon con llamaradas rosas y sus pupilas negras se agrandaron, mientras que sus colmillos salían reluciendo ante la escasa luz de luna.
Alois jadeó, deseoso y desesperado por sentir la verga caliente del demonio dentro de sí. Iba a hablar -quejarse- en protesta, pero algo cubrió su boca. Su desgarrada camiseta había funcionado como mordaza. El demonio quería verlo sufrir... Y a él poco le importara mientras ese sexy demonio lo azotara fuerte contra las paredes hasta sentir que su entrada se desgarraba por la fuerza de sus embestidas...
Abrió los ojos como platos. Ese... Ese no era él... Él no había pensado eso, ¿o si?
Él, el tímido rubio un poco tartamudo, el chico más religioso de su escuela, el chico que aspiraba a ser pastor de una iglesia... ¡Él no podía estar pensando esas obscenidades! ¡El no podía estar interesado sexualmente en ese sensual demonio! ¡Era un demonio por el amor a Dios! ¡Y hombre! ¡Al igual que él! ¡Eso era pecado doble!
Un mordisco en su nalga derecha lo izo reaccionar, gimiendo como poseído como podía con la boca tapada. Prácticamente lo estaba. El demonio de ojos dorados -ahora rosas/rojos- le estaba dando lamidas y mordiscos en todas partes. ¡Por Dios! Estaba en el puto infierno y se estaba quemando como un alma impura. ¡Mierda que no le importaba! ¡Ahora todo se podía ir al demonio! Soltó un gemido grutal contra la mordaza cuando el demonio insertó tres de sus dedos de golpe en su entrada, haciendo que restos del pre-semen que había derramado allí el demonio anteriormente se escurrieran de entre sus nalgas. Echó la cabeza hacia atrás, dándose con la polvorienta pizarra contra la misma.
¡Diablos, diablos! ¡Diablos! ¡Diablos y mil centellas juntas!
Arqueó la espalda, ahora por la maravillosa sensación de tener al demonio nuevamente entre sus piernas. Nuevamente dándole una y otra vez. Sus manos estaban entumecidas, y sus piernas también. Los cordones sin electricidad le hacían daño y el demonio lo notó y, al instante cortó los cables pero no las ataduras de las muñecas y tampoco le sacó la mordaza de la boca. Se lamió los labios con perversidad cuando acostó al rubio en el escritorio antiguo de algún profesor. Entonces, comenzó a embestir nuevamente sobre el cuerpo del rubio, le colocó sus pies a la altura de las orejas para tener más acceso al estrecho pasaje que el rubio le ofrecía.
Él no quería ser tierno, él quería matar al rubio, llenarlo de doloroso placer. Se lo follaría hasta la saciedad, como solo un demonio sabía hacerlo.
A lo lejos, podía escuchar los gemidos y las obscenidades tapadas con finura que Sebastián le dedicaba a su presa, haciendo que esta se excitara cada vez más, complaciendo a ambos. Mera estupidez. Él no era así. A él le gustaba que las victimas se sintieran corrompidas, violadas. Que llorasen por cada caricia impropia dada. Eso era lo que a él le agradaba, ese era su placer. Corromper. Lastimar. Desgarrar las alas de las pequeñas mariposas que se enredaban en su sutil y bien tejida telaraña. Pero, algo en las facciones dolidas, llorosas, jadeantes y en busca de más placer del rubio, le hizo estragos en la mente.
Le arrancó la mordaza de la boca y lo besó con fiereza, penetrándolo hasta el fondo y dejándolo sin aire con su lengua. Sintió el sabor de sangre en su boca. Y, algo sorprendido, se dio cuenta de que era la suya. La fina mariposa azul (refiriéndose a Alois, por sus ojos) era más fiera de lo que pensaba.
- ¡Ohu! - chilló el rubio al verse en una rara posición sobre el escritorio, de piernas abiertas, las manos atrás de la espalda amarradas ahora con una suave pero fuerte tela blanda y blanca que cubría todo a su alrededor. Como un capullo. Esa misma tela fue amarrada de su cuello y jalada hacia arriba, haciendo que mirara al frente, donde el demonio lo miraba de arriba hacia abajo, con una sonrisa que dejaba entrever unos afilados colmillos, que extrañamente, no le dieron miedo. Sino que hizo que su cuello muriera por tener esos afilados dientes enterrados en ellos. Al igual que si interior vibró, pidiendo a gritos otra vez la intromisión de ese demonio en su cuerpo. Restos de sangre y semen se escurrieron de sí. Enfriándose al salir de su caliente cuerpo y haciendo que el se sentirse pegajoso.
Volvió a intentar hablar, pero cuando abrió levemente los labios mas tela de araña le tapó la boca.
- No hables. - dijo secamente el demonio quien yacía arrodillado frente a el rubio, observándolo detenidamente. Solo quería placer, era cierto, no le importaban los humanos, esa era otra verdad. Pero había notado algo en ese rubio, un olor delicioso. Un aroma único, que le resultaba malditamente irresistible. Y que ahora, cuando había desatado el capullo donde devoraría al humano, se había incrementado. Podía oler, y ver, la excitación del chico, la cual se incrementaba cuando hacía algo sucio y prohibido. Algo macabro.
¿Él podría ser que estuviera...?
Frunció levemente el ceño. Eso no era posible, era un macho, al igual que él. Pero aún así...
¿Él podría ser que estuviera fértil? Sus colmillos se ensancharon y su miembro vibró al escuchar un sonoro jadeo amortiguado salió de la tapada boca del rubio, cuando, inconscientemente la telaraña empezó a acariciarlo por los muslos hacia arriba, hacia donde su miembro se alzaba algo rojizo e hinchado por la falta de atención. El olor se volvió más fuerte al caer las gotas de sudor del rubio.
Los ojos del demonio se volvieron aún más rojos de lo normal. La mirada del chico estaba sobre su persona. Mirándolo con las pupilas dilatas, el alma corrompida, adolorido, con el placer corriendo por sus venas, pero aún con un deje de inocencia y curiosidad lo hizo perder el juicio. ¡Joder que ese maldito crío se arrepentiría de haberlo provocado! ¡Lo desgarraría! ¡Lo partiría en dos!
Con un rápido movimiento volvió a entrar en el rubio ahora embistiendo tal cual demonio. Rasgó la telaraña que estaba a su alrededor y hundió sus colmillos en el fino cuello de Alois. Tomó su sangre como parte de un ritual.
Jadeó. Jadeó hasta el cansancio y con la telaraña cubriendo su boca. Mierda. Sentía aquel grueso aparato el lo más profundo de su ser, desgarrando sus entrañas. Si sobrevivía a esta noche, estaba seguro de que no se podría sentar en una semana... O tal vez más. Joder. Los dientes. La succión. Las garras arañando su cintura. El dulce y sensual aroma. El gran miembro entrando y saliendo de su cuerpo con gran velocidad y fuerza, haciendo esos sonidos grotescos y aguados. Todo lo que el demonio le hacía. Todo eso estaba causando estragos en su interior. ¡Maldita sea! Podía morir allí mismo y no le importaba. ¡Maldición que lo estaban follando duro! Y le gustaba.
Por primera vez se sentía... Bueno, querido no. Por que su familia lo quería y Ciel, su mejor y único amigo, también, así que la palabra que buscaba era otra. Se sentía... Deseado. Sí. Esa era la palabra correcta.
Alguien, un demonio, lo deseaba. Unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos. Estaba en el límite. Su miembro pedía atención. Pero tenía las manos atadas a la espalda y la suave mordaza no lo dejaba hablar.
El demonio notó las lágrimas y, con sus dientes, rasgó la telaraña de la boca del rubio y devoró su boca nuevamente, a la vez que tomaba el miembro ajeno y lo masturbaba al compás de las embestidas. Alois se separó para buscar aire y para también soltar un gemido muy sucio y sensual al los oídos del demonio.
Alois estaba en su límite. La sangre flamante en sus venas se lo decía, aparte que la mayoría del calor se encontraba en su zona pélvica, entonces, en unas cuantas fuertes embestidas más, en donde el demonio le dio en un punto mágico en su interior, su interiór se contrajo de manera increíble y se corrió con un grito de satisfacción que retumbo dentro del capullo.
El demonio tampoco se encontraba en mejores condiciones. A el interior de Alois contraerse y al soltar ese grito lo ayudó a ser de estímulo para llenar el interior del rubio con un gran chorro de su esencia, haciendo que el rubio volviera a abrir la boca jadeando, lo que él aprobechó para volver a besarlo y pincharle su lengua con uno de sus afilados colmillos hasta hacerla sangrar brevemente. Luego se separó del rubio quien echó la cabeza hacia un lado, cansado. Exhausto. Lamió la sangre que había en su boca, tratando de que su herida bucal sanara.
Soltó un quejido cuando la mano del demonio tocó su otra parte herida y adentró un dedo. Cerró los ojos y algunas lágrimas cayeron de ellos a la vez que un jadeo salía de sus labios. Dolor vs placer. Valla, tal vez tenía algo de masoquista.
Abrió sus azuladas orbes cuando la mano del demonio, llena de fluidos corporales y sangre, extraídos de la parte trasera del rubio, se posaron sobre su vientre y dibujaron una figura de araña, la cual desapareció casi al instante, como si su vientre se la hubiese tragado. Lo miró con extrañeza, preguntándole con la mirada que era lo que hacía. Pero el demonio no dijo nada y solo acercó la mano aún manchada a la boca del rubio, indicándole lo que quería que hiciera.
Alois, con algo de rubor en sus mejillas, comenzó a lamerlos sacando todo rastro de fluidos de ellos. El demonio, al terminar el rubio de lamerle los dedos, arrancó todas las telarañas que amarraban al rubio e hizo amago de vestirse con sus ropas de cuero, la cual no tapaban la potente erección que tenía aún, por el estúpido aroma del rubio que ahora estaba impregnado contra él. Maldita sea.
El rubio cerró las piernas lentamente y las apoyó contra su pecho, para luego abrazarlas. Joder que le dolía todo el maldito cuerpo. Pero aún ardía en deseos por que ese fiero demonio lo hiciera nuevamente suyo, una y otra vez. Y, al ver a el oji-dorado con ropa de cuero y con otra gran erección entre sus piernas quiso tener la fuerza de poder tirar al mismo contra el piso, arrancarle la ropa y auto-penetrarse. Pero con ese pensamiento solamente logró tener otra erección entre sus piernas y ruborizarse al mismo tiempo.
- En cualquier momento sale el sol. - habló el demonio volviendo a arrodillarse frente al rubio en el escritorio, para luego sentarse sobre sus talones. - Ya eh arreglado tu ropa. Así que cuando me valla te vistes y no le dirás a nadie lo que aquí ocurrió, ¿entendido? - lo miró con frialdad y el rubio se sintió pequeño, más de lo que era, a comparación con él. Solo atinó a asentir, con un pequeño nudo en la garganta.
El demonio hizo ademán de pararse.
- Espera. - susurró el rubio, para llamar su atención antes de que se fuera. - ¿Nos volveremos a ver...?
El pelinegro se giró levemente para mirarlo de reojo.
- Sí. - contestó con monotonía en su voz. - Nos volveremos a ver cuando sea el momento. - caminó un poco y deshizo el capullo de telaraña, para luego volver a donde el rubio, el cual se encontraba con una pequeña sonrisa en su cara, mirándolo atentamente. - Y mi nombre es Claude. - contestó a la pregunta silenciosa del rubio.
Alois mostró todos sus dientes en una brillante sonrisa.
- Y el mío es... - pero no pudo terminar la frase, algunos rayos de sol se colaban por la ventanas... Haciendo que Claude se consumiera en un humo negro que viajó hacia debajo del suelo. Se había ido.
Alois frunció el ceño. Siempre decía que le encantaba el sol, que lo hacía sentir libre. Pero, en aquellos momentos, odiaba la luz. Con toda su alma.
Bien, ya su alma se podía quemar en las llamas del infierno.
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(Unos instantes antes)
- ¡S-Se-bas...ti...án! ¡Ya.. no... puedo... Ah... más! ¡Me voy... a... ah... ahhhhhhhhh! - Ciel Phantomhive se apretó más contra la fuerte espalda del mayor. Cerró el ojo derecho, el cual el demonio recién nombrado lamió (-aún cerrado-), mientras sus embestidas se hacían más fuertes. Se corrieron nuevamente a la vez. Ciel entre los dos vientres y Sebastián de nuevo en su interior, como las otras veces que lo habían echo... Menos una, el la cual Ciel había utilizado su virginal boca, la cual aún tenía el sabor de la amarga-dulzona esencia de Sebastián, lo cual no le molestaba en absoluto.
Se derrumbaron jadeantes, Ciel con una media sonrisa satisfecha y cansada y Sebastián con una bastarda sonrisa. Salió con cuidado del interior de Ciel, y llevó su mano a la entrada de este, tal cual como lo estaba haciendo Claude a Alois en ese preciso instante.
Ciel se apoyó sobre sus codos, algo curioso.
- ¿Que estas... a-asciendo? - preguntó en medio de un escalofrío, al sentir -nuevamente- los dedos de Sebastián invadir su lastimado pero acalorado interior.
El demonio no le dijo nada e hizo lo mismo que Claude. Lo único que el dibujó un cuervo, y tal como le pasó a Alois, el dibujo desapareció en el vientre, como si la piel se lo hubiera chupado.
Ciel iba a preguntar nuevamente, pero se vio sorpresivamente volteado por Sebastián, puesto en cuatro patas, a la vez que el demonio mordía un lugar en su espalda, donde una vez Edward le había pegado un hierro caliente, en forma de un circulo con un diseño dentro, que, sino se equivocaba era para traer un demonio especifico...
Según la leyenda ese demonio era el...
Unos labios se posaron en su lóbulo, chupándolo, para luego decir unas palabras.
- ... Yo soy el cuervo de ojos rojos... Nos volveremos a ver... My little lord. - con eso desapareció, a la vez que unos rallos de sol inundaban el aula.
... cuervo de ojos rojos.
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Alois se vistió lentamente, haciendo muecas por las punzadas de dolor que tenía muy latentes en el trasero. Cuando se hubo vestido se dio cuenta de que los únicos rastros que quedaban de que la noche no había sino un candente sueño fueron su punzante dolor en el trasero, y un ardor en el vientre y en la lengua. Nada más, ni rastros de sudor, semen, o cualquier otra cosa en la esquina donde Claude lo había poseído rudamente.
Parpadeó con una sonrisa en sus labios y luego buscó con la vista a su mejor amigo, algo asustado por lo que podía haberle pasado, ya que él había corrido con suerte, pero no sabía si el otro demonio lo había devorado de un solo bocado, y no de la manera pervertida.
Pero entonces lo vio.
Estaba en la otra esquina del aula, vestido, con el ojo derecho cerrado, cruzado de piernas de manera elegante y con una sonrisa siniestra en los labios. Fue hasta donde se encontraba Ciel, cojeando.
- ¿Estás bien Ciel? ¿Que te hizo ese demonio a ti? - preguntó sentándose a su lado con cuidado.
Ciel lo miró y le dedicó una sonrisa sincera. Ok, al parecer le había gustado lo que había pasado hacía unas horas. El pelinegro le iba a contestar pero entonces oyeron muchos pasos correr hasta donde se encontraban, junto con eso se escucharon varios comentarios, tales como; ''Ya quiero ver los cadáveres'', ''¿Los habrán desangrado?'', ''¡No puedo esperar más!'', entre otros.
Alois y Ciel se miraron cómplices.
- Te cuento después - le susurró Ciel a Alois antes de que se abriera la puerta del aula. Se tomaron de las manos, en apoyo mutuo, esperando que los hermanos Middleford cumplieran su promesa.
N/A: ¡Gomen por la tardanza de un año! (Bueno, desde el año pasado que no actualizo xD) Bueno, quiero decirles que tengo excusa. Yo soy muy propensa a enfermedades, y por eso estuve todo este tiempo enferma y con una terrible depresión, la cual todavía sufro, pero con la cual estoy trabajando con ella... Bueno, no hablemos de eso. Hablemos sobre el fin.
No lo leí antes de ponerlo (flojera total) pero espero que les haya gustado, por que hoy me puse en huelga con los trabajos en mi casa (como la mayoría de las veces -_-U) y lo hice con mucho cariño para ustedes. Y espero que el lemmon no sea tan fuerte... Oh lo que sea. Pero si lo es, es por que quería recompensar mi ausencia de alguna forma. =3
Ok, algunas cosas importantes y algunas dudas sobre el fic.
¿Porqué Sebas-chan y Claude-san (tan sexy's *¬*) le hacen eso en el vientre de Ciel-chan y Alois-chan (tan kawaii mente ukes *o*)?
Eso se los responderé en el siguiente capítulo. :D Muchas gracias por los review's, los cuales son mi meta para escribir TOT. ¡Los/Las amo!
Otra cosilla casi sin importancia(?).
¡Bueno, vengo este año cargada de fics!
¡Ahora tengo otra pareja favorita Yaoi de Kuro! =3
¡Diederich X Vicent! ¡Es que son tan askadaskasdks! *¬* Lastima que solo hay un fanfic de ellos en español D= ... Si es que no han puesto más. ... ...
Bueno, me despido por que sino mi padre me da una patada por el trasero por que no me eh ido a bañar todavía... Pero les estaba haciendo/terminando la conti, así que bueno... ¡me voy! ¡Chaw!
¡Felices fiestas atrasadas! ¡Navidad! ¡Año Nuevo! ¡Y! ¡Reyes!( Si lo celebran en tu país) =D
Ojalá les hayan traído doujinshis +18 traducidos al español, SebaCiel y ClaudeAlois *¬*
. Mis mejores deseos .
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