Hola! Vengo con el nuevo capítulo y Dios, les juro que me emocioné(¿) y es que bueno, la OTP nos emociona a todas.
Muchas gracias por sus comentarios, de nuevo, sepan que atesoro cada uno de ellos y me pone tan feliz que apoyen el fic. Me motiva a mejorar más solo por ustedes ;A;
Como siempre, la beta de esta historia es la bella Nolee Ramvel de mi kokoro, que la aprecio mucho y le agradezco demasiado por su ayuda ; ;
No quiero ponerme parlanchina así que ya les dejo el capi, de corazón, espero que lo disfruten! Y nos vemos más abajo!
Enjoy~
Capítulo 3
Tecleaba rápidamente mientras miraba con concentración la pantalla de su laptop. Le dolía un poco la espalda por la posición. Aquella exposición para su clase estaba casi terminada, pero haber permanecido tantas horas encorvado le estaba pasando factura.
Akaashi estaba sentado en el sofá y la computadora en la mesita de café de la sala, frente a él. Sus dedos se movían ágilmente, mientras escribía sus conclusiones casi de forma natural. Bokuto a su lado, se sorprendía de lo rápido que era el otro para generar ideas tan completas en segundos.
—A mí me convencerías de inmediato, Akaashi. Se nota que sabes lo que escribes —. Bokuto se acomodó un poco mejor a su lado, mientras hacía que su rodilla chocara levemente con la de él.
El menor lo vio de reojo antes de sonreír un poco, divertido, y le siguió el juego. Movía su rodilla contra la de él. El de cabellos desordenados lo notó y aprovechó para recostar su cabeza en el hombro del lindo chico. No tuvo ningún reclamo por eso y eso le hizo sonreír aún más.
—Gracias. Hago lo mejor que puedo.
—Pero… ¿No quisieras descansar un rato? Llevas horas así —, susurró, como un niño sugiriendo cometer una travesura.
Él le respondió negando la cabeza.
—Me falta tan poco que no quiero tenerlo como pendiente. Sería quitarme un peso más de encima.
—Oh, vamos —puchereó el mayor—, solo un ratito. Ni siquiera vas a darte cuenta de los pocos segundos que vas a descansar —. Insistió. Al ver que sus palabras no eran oídas, recurrió a besar la mejilla de su adorable compañía, luego descendió hacia la mandíbula y delineó el largo cuello con sus labios. El sabor de la piel ajena era tan adictiva que Bokuto no quería dejar ni un solo rincón sin probar.
Akaashi se estremeció ante el contacto y sus dedos pararon al instante. Intentó respirar hondo para no dejarse llevar por el calor de esos labios en su cuello.
—Bokuto-san… —empezó, en busca de alguna forma de negociación para que lo deje terminar su trabajo en paz.
—Keiji —, le interrumpió al instante. La verdad era que no estaba en su mente parar lo que estaba haciendo en ese momento. Ya había pasado un tiempo sin que hubiera podido besarlo, quería tener un poco de él.
Sonrió triunfante al ver las mejillas del menor teñirse de un sutil rosa al oír su nombre. Bokuto no solía usarlo, pero cuando lo hacía, Akaashi dejaba caer considerablemente una parte de su defensa.
El de cabellos rizados lo vio algo confundido y queriendo cubrir su leve sonrojo con el brazo. Punto para Bokuto, porque al fin había dejado de prestarle atención a su tarea en la computadora.
—¿Por qué me llamas así?
—Keiji —repitió, ignorando por completo la pregunta. Llevó una mano a su nuca y lo atrajo hacía sí. El de ojos almendrados no pudo evitar que sus labios choquen.
Quizá sería que Akaashi en realidad era muy débil ante Bokuto o que este no podía contenerse con el otro, que no hubo ninguna objeción cuando comenzaron a mover sus labios en sincronía.
Afortunadamente estaban solo ellos dos en el departamento, así que no tenían que contenerse.
—Nngh… Kuroo-san vendrá en cualquier momento… —intentó razonar el menor, pero apenas y podía pronunciar palabras en medio del beso.
Bokuto le mordió levemente el inferior, haciéndolo gemir bajito. Era una señal para que dejara de preocuparse.
—Concéntrate solo en mí —susurró en medio de un gruñido. Aprovechó para introducir su lengua y buscar la ajena, así el beso se profundizaba más. Sentía que aquel chico le hacía perder su control rápidamente y quería beberse todo de él.
Akaashi cayó finalmente ante él por completo y enrolló sus brazos en el más grande para atraerlo. Su voz grave caló hasta dentro de sí y no le dio opción alguna más que la de obedecer el mandado.
Era increíble la capacidad que tenía Bokuto para que centre completamente toda su atención en él, diciendo las palabras correctas. Dejó de pensar completamente en su trabajo mientras lo seguía besando y sentía de pronto el cojín del sofá en su espalda.
El de cabello bicolor abusó de los delgados labios ajenos. Lamió su inferior antes de morderlo de nuevo, Akaashi sabía que seguramente sus labios quedarían algo hinchados. Luego siguió dejando un rastro de besos en su quijada, su cuello de nuevo y el espacio entre este y sus hombros. En medio de los suspiros del menor, succionó un poco. La acción hizo que el chico arqueara un poco su espalda, en medio de un leve gemido, y dejó una marca para cualquiera que se atreviera a fijar sus ojos en él.
Bokuto no podía contenerse en ser territorial. Le enfermaba alguna situación donde otro osara tocar a Keiji.
Las manos grandes y rasposas de Koutaro subieron por los costados del menor, alzando con total confianza la tela de la playera, hasta descubrir los botones rosas que se veían realmente tentadores en ese instante.
La vista era exquisita. Akaashi tenía los labios hinchados y el cabello desarreglado, mientras la piel de su plano abdomen y pecho estaban expuestos. Esa piel era pálida y tersa. Quería recorrerla con su lengua.
El de lindos ojos se cubrió el rostro con su antebrazo, muy avergonzado. Los ojos grandes del mayor se lo estaban devorando con la mirada.
—Eres… hermoso… —pensó en voz alta, haciendo que el sonrojo del otro solo creciera más. Qué adorable.
Quería verlo disfrutar más, sus labios llegaron a tomar uno de los pezones con sus labios y jugueteó con ellos. Akaashi gimió más sin contenerse. Era de conocimiento de Bokuto que él era sumamente sensible en esa zona y él nunca desaprovechaba eso.
Su espalda se volvió a arquear, Koutaro la acarició con sus manos. De arriba abajo, era tan suave y delgada. Los ojos almendrados estaban cerrados con fuerza mientras el resto del cuerpo luchaba por no emitir tantos sonidos vergonzosos, pero era una batalla perdida.
Ambos nombres salían de sus bocas, brotaban varias veces de esto en medio del placer. A pesar de que no habían aclarado el tipo de relación que traían, estaban muy bien enterados del deseo mutuo que tenían. Akaashi sabía que lo que hacían no duraría mucho si seguían en ese plan, pero, al igual que Bokuto, ambos tenían miedo de que lo que compartían no fuera lo mismo para el otro.
Y así sufrir un rechazo.
Uno no podía imaginarse perder al otro y convivir sin los sentimientos que poco a poco habían comenzado a desarrollar. Por desgracia, no sabían que el temor lo tenían ambos.
Y por consecuencia, ninguno de los dos se atrevía a dar el paso definitivo.
Aquel donde por fin podían aclarar lo verdaderamente sentían por el otro. Aquel sentir que se camuflaba entre las caricias cómplices y besos que se daban.
—¡BO! ¡A que no sabes! ¡Aprobé el exa-…
Todo lo que los envolvía se desvaneció en un solo y fugaz instante cuando Kuroo abrió la puerta del departamento rápidamente. Se les quedó mirando, congelado, en el marco de la puerta mientras los otros dos hacían lo mismo desde el sofá.
—… examen…
El moreno inspeccionó la escena donde Akaashi tenía su playera levantada completamente y tanto él como Bokuto estaban despeinados. Sin mencionar que su mejor amigo estaba entre las piernas del menor. Era claro lo que estaba pasando hasta hace unos segundos.
Se quedaron en silencio un segundo más, con sus expresiones paralizadas igual que sus cuerpos, hasta que a Kuroo se le cayó la cajetilla de jugo que tenía en la mano.
—¡Ah! Vaya, qué torpe —Kuroo habló, mientras Akaashi se bajó al instante su playera de nuevo y se cubrió la cara con un cojín. El moreno sabía que el chico iba a matar a su mejor amigo luego—. Yo… limpiaré eso luego. Vamos, vamos, ustedes continúen que yo me iré a mi cuarto y les daré su privacidad de nuevo, pícaros.
Les guiñó un ojo a ambos y se dirigió directamente a su habitación. En cuanto cerró la puerta pudo oír del otro lado a Akaashi refunfuñar y regañar a su amigo. Los reclamos subieron de volumen y hasta oyó un momento a Bokuto rogar que no lo golpeara con la laptop.
Se rió entre dientes sin poder evitarlo. Sabía que era malo burlarse de Bo por su desgracia pero tampoco era que sonara como si no hubiera sido él la de la iniciativa de besuquearse en medio de la sala.
Ahora que por fin había dado un fastidioso examen, tenía algo de tiempo libre. Por inercia, se lanzó a su cama y lo primero que hizo fue sacar su teléfono para poder hablar con Tsukishima.
Habían pasado un par de semanas en los que comenzaron a hablar por chat. Kuroo había logrado conocer un poco más al chico. No eran demasiados los aspectos que conoces en tan solo dos semanas y media, pero sentía que estaba avanzando bastante.
En su amistad, claro…
Le envió un mensaje preguntándole por su día, donde él respondía que había sido totalmente tranquilo y normal. Kuroo pensó que, como siempre, él tenía que insistir para poder sacarle algunas palabras más al de gafas.
Ahora sabía que Tsukishima era uno de los mejores de su clase, en una escuela que tenía el presentimiento de haber oído antes en algún lugar. Solo tenía un hermano que se llama Akiteru.
Ah. Y su nombre era Kei.
Kei.
Sonaba tan bien, pero apostaba a que el menor no querría que lo llamara así tan pronto. Hasta se podía imaginar su mueca de reproche por tratarlo con tanta confianza. Si Kuroo quería que el chico no se enfadara con él, respetaría al menos su pedido de seguirle tratando como 'Tsukishima'.
Hizo una mueca de puchero ¿Por qué Tsukishima tardaba tanto en contestar? Aunque, en el lapso que se quedó esperando, recordó que casi se saltaba la cena. Se puso de pie de nuevo y agradeció que podía llegar a la cocina sin tener que pasar por la sala, donde su amigo y Akaashi seguramente seguían.
Se preparó un sándwich tostado y tomó una lata de cerveza. No era la mejor cena, pero esa semana habían olvidado hacer las compras en el súper mercado.
—Por un momento creí que Akaashi no me iba a querer volver a hablar, me asusté —dijo de pronto Bokuto, quien había entrado a la cocina y suspiraba aliviado—. Se enojó bastante.
Kuroo le sonrió socarrón.
—Te preocupas demasiado, veo muy improbable que él te pudiera hacer la ley del hielo. O al menos no parece que podría hacer eso mucho tiempo.
—¿Tú crees? —respondió ilusionado—, bueno, como disculpa, pienso llevarlo a cenar.
El menor lo vio como si estuviera realmente ofendido.
—Mientras tanto yo sobrevivo con pan y cerveza. Gracias, hermano —. Fingió dolor y darle la espalda totalmente dolido.
—Hermano…—susurró conmovido y fue a encararlo—, sabes que eres especial, hermano.
—No es cierto. A él hasta lo llevas a cenar…
—Pero es que, hermano, si algún día me caso con Akaashi ¡Tú serás el padrino de bodas!
Tetsurou se puso una mano en el pecho y lo vio con emoción a los ojos.
—Bo…
—Tetsu…
—Pero bueno —terminó Kuroo la conversación exageradamente emocional, riendo un poco—, primero debes pedirle ser tu novio, luego comprometerte y al final te casas.
Bokuto agachó la cabeza, en señal de derrota. Otra vez ese tema.
—Lo sé…
Se escuchó entonces a Akaashi llamar a su amigo desde la sala, parecía que su mal humor podría amenazar con volver si él tardaba. Bo se sobresaltó por la sorpresa y se dirigió rápidamente a su cuarto.
—Distráelo mientras busco mis llaves, por favor, no recuerdo dónde las dejé anoche —. Luego de eso, ingresó a su habitación. Entonces, Kuroo, como buen amigo que era, iba a ir a la sala para ayudarlo.
—Parece que he sido muy inoportuno —dijo el moreno mientras se sentaba en el sofá pequeño de la sala, junto al más grande donde estaba sentado Akaashi guardando su computadora.
El mencionado exhaló pesadamente y solo negó con la cabeza.
—Es mi culpa por seguirle la corriente aun sabiendo que tú podrías entrar en cualquier momento —, cerró su mochila y comenzó a acomodarse el cabello. Los rizos estaban desordenados —. Tú no tienes la culpa de nada aquí.
—Tan maduro como siempre —elogió el mayor, dando un sorbo a su cerveza. Se acomodó mejor en el sillón y siguió hablando—. Parece que estabas trabajando en tu computadora.
—Es el plan para la excursión de los niños mañana. Lo terminaré en mi casa, aquí no pude —siguió refunfuñando. Kuroo sonrió divertido.
—¿Estudias para ser maestro de Jardín de infantes, no?
—Así es.
—Ciertamente es una profesión muy dulce, nadie se lo esperaría de ti —, pensó por un momento—, aunque cuidas tan bien de Bo que no me sorprende que tengas un instinto paternal.
—Una cosa es cuidar a unos niños en un museo sobre dinosaurios y otra sería cuidar a Bokuto-san para que no intente subirse a algunos de los esqueletos armados y en exhibición.
—Apostaría que se montaría sobre el enorme Tiranosaurio Rex que tienen ahí —Kuroo asentía con la cabeza, convencido de eso.
Akaashi rodó los ojos.
—Por favor, ni siquiera le des la idea…
—¡Espera!
El menor lo vio confundido de pronto y Kuroo parecía que se había dado cuenta de algo sumamente importante.
—¿La excursión de esos pequeños demonios es a ese museo donde exponen sobre dinosaurios? —, Akaashi asintió a la pregunta —, entonces ¿Crees que me puedas dar un par de pases para exposición? Por favor, Akaashi ¡Sé de alguien a quien le encantaría eso!
¿Cómo no lo había pensado antes? Tsukishima no dejaba de hablar de cuánto le gustaban esas cosas. Había perdido la cuenta de las veces que había visto Jurassic Park y Jurassic World, incluso la foto de su Whatssap era la de un dinosaurio. Le encantaban.
—… Sabes que debo preguntar antes a quién piensas llevar —, respondió Akaashi con cautela.
—¡No es Bokuto! —se apresuró en responder—, es Tsukishima.
—¿Le gustan los dinosaurios? Bueno…—el menor pareció quedarse pensando por un rato. El rubio parecía alguien que tenía la compostura suficiente para cuidar que el músico no haga ninguna tontería en público—, supongo que no hay problema…
Kuroo sonrió y le agradeció al menor. Apenas estuvieran en el lugar, Akaashi le daría los pases. Mientras tanto, tenía que darle la sorpresa al rubio ya. Era algo tarde, seguramente ya habría terminado sus deberes de la escuela y podría conversar un rato con él.
—Tsukki.
—'¿Me has llamado?'
—Te tengo una sorpresa, pequeño. Sé que te va a encantar.
/ —…— /
Tsukishima mentiría si dijera que se esperaba esa invitación. Ni siquiera era fin de semana para pensar en salir a algún lado, pero bastó solo que Kuroo mencionara la palabra 'dinosaurio' para que estuviera ese día ahí, esperando en la puerta de su escuela, mientras todos los demás se iban a casa.
—Entonces hoy no regresaremos juntos ¿No? —preguntó Yamaguchi, mirando su teléfono para preguntar si podían recogerlo ese día.
Tsukishima asintió.
—¿Dijiste que irías a una exposición en un museo? ¿Cómo conseguiste las entradas?
—…La persona con la que voy las tiene.
El de pecas parpadeó con curiosidad y se acercó un poquito más para poder susurrarle.
—¿Y con quién vas? —se quedó pensando unos segundos y su mueca cambió a una de emoción—, ¡¿Es una cita?!
El rubio de inmediato le hizo un gesto para que guardara silencio y no dijera eso tan alto. Miró alrededor y por sorpresa nadie lo había oído, pero no quería arriesgarse.
—No —respondió finalmente, aunque algo por dentro no se sentía tan seguro de esa respuesta—, pero agradecería que no le dijeras a nadie de esto. Por favor, cúbreme.
—¿Y cómo quieres que haga eso? —preguntó el otro, preocupado—. Para empezar tendría que regresar solo porque sería raro si me ven aquí sin ti…
—Exacto —acordó el rubio—, a mis papás no les gustaría para nada si saben que salí con esta persona.
La intuición de Yamaguchi entonces le dio la respuesta por sí sola.
—¿Es Kuroo-san? —Tsukishima no contestó, lo cual significaba que había atinado— ¿Saldrás con él? ¿A él también le gustan los dinosaurios?
—…Sí… —dijo, aunque en realidad mentía porque no lo sabía. Sin embargo, sería menos sospechoso si decía que al moreno le gustaba el tema de la exposición. Sería como cuando dos amigos van al concierto de su artista favorito. No se oía raro…—Así que es por eso, Yamaguchi, por favor. Diles que se me agotó la batería del celular y fui a tu casa a hacer los deberes.
El castaño puso pose pensativa. El problema no era ayudar a su amigo, sino mentir. Porque aunque sonaba feo, realmente tendría que mentir para cubrirlo y él se ponía muy nervioso cuando tenía que hacerlo. Sin embargo, Tsukishima se veía extrañamente ilusionado con eso, como pocas veces lo había visto.
Era difícil decirle que no a su amigo cuando lo veía con los ojos brillando de emoción. Luego de unos minutos, aceptó.
—De acuerdo. Pero me debes un dulce de la pastelería.
—Hecho.
Tsukishima le sonrió un poco en agradecimiento y Yamaguchi lo hizo también. Se quedaron en la puerta unos segundos más, Kuroo se estaba tomando su tiempo para llegar, pensaba el más alto.
—Tsukishima-kun ¿Hoy los van a recoger en auto?
Una voz dulce y delicada llamó la atención de ambos. Los chicos bajaron un poco la cabeza para poder divisar a la linda chica de cabellera dorada y corta. Sus ojos chocolate los veían con curiosidad.
—No, tengo unos asuntos que hacer y Yamaguchi me acompaña hasta que vengan por mí —respondió en un tono neutral, regresando su vista al frente.
Yachi estaba acostumbrada al trato frío del otro, así que no le extrañaba esa forma de responderle… Vio a Yamaguchi que también estaba ahí y le sonrió como saludo.
—¿Y tú qué haces por aquí, Yachi-san? —le dijo el de pecas. Su compañía siempre era grata para él, ella actuaba de una manera tan tierna y amigable sin pensarlo siquiera.
—Pues mi amiga enfermó y solía regresar con ella a casa pero bueno… hoy no vino. Pensaba preguntarle a Tsukishima-kun si quería pero no puede.
—Ya veo…
—¡Pero no se preocupen! No es como si viviera demasiado lejos, nos vemos luego —. Agitó un poco su mano en despedida y con toda la intención de marcharse del lugar.
—Yamaguchi puede acompañarte.
Ambos miraron al rubio sorprendido por su propuesta. Tsukishima no solía hablar a menos que fuera estrictamente necesario.
La rubia por inercia vio al castaño y agitó las manos rápidamente, al igual que su cabeza.
—¡De verdad! No quiero molestar, t-tranquilos…
—Él no tiene tampoco con quien regresar, es mejor que regresar solos ¿No?
El pecoso no sabía dónde esconderse, pues aunque le gustaba la idea, sentía que se iba a poner completamente sonrojado si se quedaba solo con la compañía de la chica linda. Y ella ni siquiera se daría cuenta de por qué ya que era muy inocente.
Yachi miró algo expectante a su amigo y Tsukki decidió seguir convenciéndolos.
—Yamaguchi quería compañía pero como yo no puedo, no va a negarse.
Parecía que con eso la chica pensó que no sería una mala idea. El de piel oliva aguantó la respiración para intentar calmarse. Kei estaba convencido de que ella estaría segura yendo con él, pero apostaba que el otro estaba tratando con todas sus fuerzas calmarse.
—De acuerdo —le sonrió al de pecas y luego se despidió de Tsukki de nuevo—, gracias, Tsukishima-kun.
—No hay problema.
Unos pasos más adelante, cuando ya se habían comenzado a alejar unos cuantos pasos, la rubia volteó de nuevo y habló algo fuerte para que el de gafas la oiga.
—Por cierto, uno de estos días iré a tu casa, Tsukishima-kun —dijo antes de voltear y retomar su rumbo.
Tsukishima suspiró algo cansado por eso. No era como si tuviera la mejor relación de todas con Yachi pero tenía que, gracias al acuerdo familiar de sus padres. Ella no era mala, pero se estaría engañando a sí mismo si dijera que podía imaginar pasando el resto de su vida con ella.
Era increíble, en pleno siglo XXI, que siguieran haciendo esas cosas. Tsukishima se enojó demasiado en su momento, pero al final entendió que ella sí era buena persona y no merecía ser tratada cruelmente. Aparentemente ella estaba de acuerdo con eso, respetando a sus padres. Sin embargo, la forma en que ella miraba a Yamaguchi y cómo su amigo era un manojo de nervios a su lado, le hacía mucho dudar de sus verdaderas emociones.
Tener que cuidar los intereses familiares debido al dinero era una real molestia.
—¿Es una linda escena, verdad?
Una voz grave y conocida casi le hizo saltar de la sorpresa. Kuroo había llegado justo en ese instante en su motocicleta y aún tenía el casco encima. El rubio lo examinó apenas un poco más y notó que llevaba de nuevo una chaqueta de cuero.
Echó un vistazo alrededor y afortunadamente ya todos se habían ido, pero es que de verdad se había tardado. Era el último en la entrada de la escuela.
—El amor de la escuela. Ah, qué tiempos. Solo falta que llueva y compartan la sombrilla como un par de tórtolos.
—No son novios —debatió el menor.
El moreno se mostró algo sorprendido pero finalmente rió entre dientes.
—Por la forma en que él la mira, diría que no falta mucho para que eso cambie.
Tsukishima bufó, pues él comentaba sin saber realmente la situación de todo, pero no podía culparlo. No le gustaba arrastrar a otras personas a sus propios problemas, no tenían que. Lo único que haría sería perjudicarlo.
Y por alguna razón… no quería perjudicar a Kuroo.
—Como sea, te tardaste bastante —, reclamó como un leve reproche, frunciendo el ceño. Kuroo sonrió divertido por eso y le pellizcó la nariz.
—No me mires así. —El rubio le había regalado una mirada fea por hacerle eso— Sería un poco raro que un escolar suba a la motocicleta de un extraño ¿No crees que sería mejor que no te vieran en esa situación?
Chasqueó la lengua fastidiado porque el mayor tenía razón.
—Como diría cierto lindo rubio, me veo como un vago pero voy a la universidad —decía para fastidiarlo, con una sonrisa de lado—. Soy más listo de lo que aparento.
—Cállate.
El pelinegro rió antes de pasarle el casco del copiloto e invitarlo a subirse a la moto. Le encantaba sacar de sus casillas al pequeño, sus reacciones no tenían precio.
—Me podría ir a mi casa ahora por lo que dijiste —le susurró en un intento de amenaza, a Kuroo le brillaron los ojos por el leve desafío.
—Te quedarías sin ver la genial exposición ¿Quién pierde aquí?
Aceptó a regañadientes ponerse el casco entonces y se colocó detrás, rodeando la cintura ajena con los brazos. Pronto, el motor de la Harley rugió con fuerza y enrumbaron al museo, donde Akaashi ya los aguardaba con muchos niños en fila y unos pases en la mano.
Sería difícil describir la emoción en los ojos de Tsukishima cuando ingresaron al lugar, cientos de estatuas, cuadros y restos arqueológicos que todo fanático de ese tema soñaría con ver. Kuroo sonreía al ver al más joven tan emocionado, le tomaba foto a todo lo que estuviera permitido, mientras que cuando llegaron a la tienda de recuerdos del lugar, parecía como un niño en una juguetería.
El más alto compró tantas cosas entre llaveros, pósters, gorros, etc, que cuando se le acabó el dinero y vio un peluche exclusivo del lugar, en forma de Tiranosaurio, no sabía qué hacer para conseguirlo.
Por lo que el mayor amablemente ofreció regalárselo. Tsukishima aseguró que le devolvería el dinero en cuanto lo tuviera pero el moreno negó con la cabeza y le dijo que lo tomara como un gesto de su parte.
Así tratara de no pensarlo, Tetsurou se quedaba viendo de reojo el rostro feliz de Tsukishima mientras abrazaba su peluche y seguían caminando por el lugar. Se había oscurecido ya y decidieron darse una vuelta por los jardines del museo. Había algunos faroles y las flores olían delicioso. El clima fresco del inicio del otoño era propicio para que el ambiente fuera agradable.
Se dieron unas cuantas vueltas, ya que el lugar no era demasiado grande, antes de sentarse en una de las tantas bancas. Al centro de todo el lugar tenían una laguna pequeña donde se podía ver algunos anfibios que cuidaban en el museo.
—Se ve que la estás pasando bien ¿Te gusta el peluche, no?
Tsukishima no podía negarle eso, pero tampoco quería verse patético por lo emocionado que lo ponía haber podido comprar tantas cosas y también llevarse ese enorme muñeco de felpa.
—Tomaré tu silencio como un sí —Kuroo sonrió complacido por el leve sonrojo del rubio, parecía que le había leído el pensamiento y eso lo avergonzaba.
—¿Cómo conseguiste los pases de Akaashi-san? ¿Cómo supiste de esta exposición? —inició, pues había algunos aspectos que le daban curiosidad de todo aquello.
—Akaashi iba a traer a unos niños de excursión y casualmente le sobraron unos pases. Me dijo que era de dinosaurios y de inmediato pensé en ti.
…
Ah, bueno, esa última frase sonó un poco comprometedora. Tetsurou esperaba que la vergüenza no tiñera sus mejillas ni de forma sutil. Sin embargo, en el otro sí lo hizo y, Dios, seguía pensando que eso era adorable.
—Digo… me acordé de que cierto chico de la escuela es un fanático de eso. Y te ofrecí venir.
—No tiene de malo que esté en último año y me gusten los dinosaurios —refunfuñó aún algo avergonzado.
Kuroo rió entre dientes, pero prefirió no contestar a eso. Era un poco infantil, pero eso lo hacía tierno, al menos eso creía. Pero a Tsukishima le podría hacer enojar por lo que prefirió no decir nada.
—Por cierto, tu escuela es de alta sociedad… ¿O me parece?
Tsukishima se mostró un poco preocupado por la pregunta. No le gustaba hablar del dinero de su familia, de verdad, lo detestaba. Quería que las personas lo conociera por cómo era y, por desgracia, cuando se enteraban de que eran de alta clase mucha gente se volvía ambiciosa y falsa.
Y él detestaba a esa escoria de gente.
—Tengo una beca —mintió. Como muchas veces, como con muchas personas…
—No me sorprende, luces como un chico listo —. El mayor le guiñó un ojo, lo que hizo que el otro rodara los ojos.
—No me gustan los estereotipos.
No tenía ni la menor idea de por qué le contaba tantas cosas al pelinegro, no solo ahora, sino por las conversaciones en el celular. Un par de veces se habían llamado para hablar y todas esas la charla se había extendido hasta en un par de horas.
Se sorprendía de la capacidad que tenía el otro de hacerle conversación. Hasta ahora solo había pasado con su amigo de la infancia, Yamaguchi, y en su familia, pero nadie más…
Vieron a algunas parejas pasar, como en todo lugar público. Andaba de la mano o conversaban con el otro, sonriendo, abrazándose.
—Así se verán tus amigos con solo el tiempo…—murmuró Tetsurou como una idea al aire, mirando de forma desinteresada a unos novios caminar de la mano frente a ellos.
—¿Yamaguchi? No lo sé, parece que primero tartamudearía antes de poder decirle algo. No sabe lo que se siente tener pareja.
Kuroo lo vio con una ceja alzada.
—¿Y tú sí, Tsukki?
—No, nunca he hecho esas cosas…
El ambiente se tornó un poco extraño entonces, Kuroo se volvió un poco más callado, igual que Tsukishima. El mayor tragaba con algo de dificultad y lo miraba de reojo al otro. Este se refugiaba en su peluche, con el que se ocultaba la mitad del rostro.
La pareja frente a ellos se comenzó a dar algunos besos. Eran castos, pero varios. En los labios, el chico le besaba las mejillas y mantenían sus manos entrelazadas.
—¿Se siente bien? —Preguntó entonces el rubio, captando la atención del moreno con curiosidad—. El besar. Siempre lo hacen las parejas, como si fuera tan genial para no dejar de repetirlo. Aunque sea una molestia para los demás y de todas maneras lo hacen en público.
—Es difícil de explicar si nunca has besado a alguien… solo cuando lo sientas por ti mismo, lo entenderás.
—Parece que tú sí lo has hecho mucho.
El mayor volvió a sonreír divertido e hizo una pose de que estaba sumamente ofendido. Una mano en el pecho y negando con la cabeza lentamente.
—Tsukki… —el rubio lo miró con una clara incredulidad si es que él trataba de decir lo contrario. El chico tenía buena intuición, lo admitía—. Está bien, camas en muchas he dormido, pero relaciones serias… solo dos.
—¿De veras?
—No miento con cosas serias —respondió. Suspiró ante los recuerdos y pasó su brazo detrás de Tsukki de forma inconsciente—. Pero no funcionaron. Supongo que no eran las personas para mí… no era el sentimiento que creía tener.
Tsukishima lo vio algo confundido. Evidentemente, al no tener a alguien en su historial le haría más complicado entender esos temas, pensó el mayor. Le despeinó un poco los cabellos, como si fuera un niño.
—Ah, míralos de nuevo —dijo Tsukishima, refiriéndose a la misma pareja de antes—. Ahí lo repiten ¿Es un beso tan grandioso? Qué molestia.
—Como digo… si no lo sientes tú, no lo entenderás…
Otro silencio los envolvió entonces y Tsukishima se abrazó más fuerte al peluche, pensando. Una idea se le había cruzado por la mente y por más que quisiera, no podía alejarla. Sabía que si no lo decía, iba a ser una verdadera molestia porque no iba a dejarlo tranquilo hasta que lo diga.
—Entonces enséñame.
Kuroo lo miró con una sonrisa de confusión ¿A qué se refería?
—Tsukki ¿Qué dices?
—Bésame.
Era difícil describir el rostro de Kuroo en ese momento. Casi se le cae la mandíbula y no supo qué contestar por varios segundos. Tsukishima se arrepintió casi al instante de haber dicho eso porque ahora se moría de vergüenza. Sin embargo, se esforzaba en no demostrarlo y su rostro permanecía lo más sereno y determinado posible.
Seguramente la idea de esa petición se había desencadenado de los pensamientos que lo atormentaron luego del concierto y que lo siguieron durante todas esas semanas. En su mente, se hacía mil y una ideas con Kuroo y no entendía las razones de estas. Esperaba que con el tiempo se le pasara, pero luego se dio tiempo que no podría.
Y es que no podía aceptar que se sentía atraído por el mayor. Era extraño, él era siete años mayor que él y apenas lo conocía unas semanas, pero… era difícil mentirle a su cuerpo. La atracción era genuina, quizá no sentía que le gustara, pero lo otro era difícil de negar.
—No en la boca —decidió entonces corregir, quizá pedía mucho desde el principio—… ¿En la mejilla?
—Tsukki, yo…
Kuroo sabía que eso estaba mal ¿Y si alguien los veía? Era injusto que el rubio le pidiera algo como eso. Él no lo sabía, pero era débil ante una petición así. Los labios del otro le habían parecido tentadores desde el momento en que lo conoció, pero aún si solo fuera un beso en la mejilla, era como cruzar una especie de línea…
—No sé si sea-
—Hazlo —interrumpió al mayor, viéndolo a los ojos esta vez—. Está bien.
Algo le decía a Tsukishima que el leve temblor en la boca de Kuroo era una señal de que él también estaba deseando algo como eso. Miró de reojo y la pareja se había ido, el resto de personas estaba lejos de ellos, mirando a la laguna y algunas flores en el otro extremo. Sintió que no pasaría nada, nadie los vería.
—¿Seguro? —Aun así, Kuroo dudaba y era precavido. El leve peligro de la situación de alguna forma le emocionaba, pero ya estaba lo bastante grande para dejarse llevar sabiendo que todo puede traer consecuencias.
O eso creía.
Todo el autocontrol que creía tener era vulnerado por aquel chico.
Es por eso que sus manos se guiaron por sí mismas, tomando el angelical rostro de Tsukishima. Delineó con cuidado los pómulos de su fino rostro, las mejillas que ahora estaban sutilmente teñidas también y delineó el labio inferior con su pulgar.
Sus labios se sentían suaves.
Se acercó a él, vio como Tsukishima cerraba los ojos de forma inconsciente y mantenía la boca entreabierta. Kuroo se moría de ganas de besarlo, realmente, pero lo poco que le quedaba de su razón le decía que las cosas se tornarían muy peligrosas si lo hacía.
Así que sus labios terminaron en su mejilla. La piel tersa en su boca le invitaba a hacer un recorrido hasta la boca del menor pero se limitó a dar un par de besos más en esa mejilla y luego uno en la punta de su respingada nariz.
No soltó el rostro del otro y se fijó cómo los hermosos ojos color miel volvían a abrirse, evidentemente tenían una pizca de confusión ¿Estaría decepcionado también?
—Dijiste en la mejilla, bonito. Trato de ser un hombre controlado por ti.
Tsukishima bajó la mirada. Entendía lo que había querido decir y no podía reclamarle. Quizá no había pensado en lo que hubiera implicado que realmente lo besara, porque con los labios en su mejilla sintió un escalofrío leve y extraño en todo el cuerpo.
No se imaginaba lo que un beso en los labios podía ocasionarle, así que no reprochó su decisión.
Una vez más, y aunque él mismo no quisiera, Kuroo demostraba ser más listo que él…
—Vamos, Tsukki —Kuroo le sonrió de nuevo y besó su frente esta vez—-, es tarde ya y tus padres pueden preocuparse; o tu hermano.
El pelinegro se puso de pie y se arreglaba la chaqueta cuando su mano fue aprisionada por la mano del más joven. Lo vio con sorpresa de nuevo.
—Vamos de la mano. Si no, no me moveré de aquí.
Tsukishima ni siquiera entendía por qué le estaba pidiendo todo eso, pero si de algo estaba seguro era que su mente estaba obligándolo a decir todo aquello que se imaginó por varias semanas.
Kuroo vio en el otro un brillo de determinación. El chico hablaba muy en serio. Se engañaría si dijera que no le sorprendía, pero tampoco podía negarse ahora. No luego de tocar aquella suave piel con sus labios. No cuando su autocontrol estaba debilitado por haber tocado más de lo que esperaba al rubio.
Sus manos se mantuvieron sostenidas una con la otra en el camino al estacionamiento. El calor era compartido y tanto Tetsurou como Kei sentían que algo extraño aparecía en su pecho. La sensación de compañía, de estar en ese instante uno con el otro.
Incluso cuando Tsukishima tuvo que abrazar al mayor en el camino a casa de Yamaguchi fue distinto. El rubio se inundó del perfume del mayor, impregnado en su cabello y en su chaqueta de cuero. Kuroo sentía que unas pequeñas cosquillas en los costados de su cuerpo, donde las manos del menor se sujetaban. De alguna forma, no quería que ese recorrido terminara, pues la cercanía uno del otro resultaba bastante acogedora.
Una vez ahí, Kuroo se sacó el casco luego de estacionar la moto. Se colocaron en un lugar algo alejado, por si las dudas, pensó el mayor. Además, cualquiera sospecharía de un motociclista… ¿No?
Hablando de los estereotipos que Tsukki le había dicho que odiaba…
—¿Tu casa?
—La de un amigo —Bien, al menos en eso no estaba mintiendo, pensó Kei.
—Ah, ya veo. Pagas una habitación.
Tsukishima no respondió, tenía miedo de que al ocultarle tantas cosas al otro, se terminara metiendo en contradicciones y luego en un lío muy grande. Definitivamente tenía contarle de su situación luego… de alguna forma, tenía el presentimiento de que Kuroo podría ser alguien de confianza…
—Entonces, nos vemos —dijo con una sonrisa y le guiñó un ojo, igual que la última vez que se habían visto.
Se acercó al menor y lo acercó de la cintura para dejarle un beso en la frente. Con cuidado, un beso casto y cariñoso. Sin segundos intenciones.
Kei, sin poder evitarlo realmente, sonrió por los mimos y se despidió con la mano cuando el músico comenzó a caminar de regreso a su Harley.
—Salgamos de nuevo, Kuroo.
El mencionado se quedó de espaldas al escucharlo, pensando en qué responder. Su corazón latió con fuerza y solo atinó a subirse a su motocicleta y encender su motor.
Ah, su mente era un caos. Pero sus emociones le hicieron responder sin una gota de duda.
—Dalo por hecho. Te veré luego, bonito.
Le sonrió inevitablemente de medio lado antes de arrancar y alejarse para regresar a su departamento.
'Siento que nos hemos metido en algo sin vuelta atrás…' fue su último pensamiento.
Espero que les haya gustado, chicas. Siento que la historia ya comienza a avanzar un poco más ¿Qué creen ustedes? Si el ritmo les parece muy lento o si es muy rápido, me encantaría que me lo dejaran saber en los comentarios, ayuda muchísimo! x3
Y bueno, que no me contuve en hacer un poquito de BokuAka porque jfjdskfjsd son amor puro y bello. Su relación de ellos irá avanzando de a pocos también en la historia.
¿Y les gustó la presentación de Yachi? *inserte emoji de monito avergonzado*
Creo que eso es todo, espero que lo hayan disfrutado y ya saben ¡Nos vemos el domingo! Aunque mañana empiezo la universidad, les diré en la próxima actualización si el ritmo de publicar variará, pero me esforzaré en que no ¡De veras!
Se cuidan, hermosas.
Annlu Namikaze
