-Hola.- saludó al hombre sentado frente a él. Iba ataviado con un traje azul marino y una camisa blanca, su corbata roja le hacía parecer parte de la bandera americana.

Llevaba unas lentes de montura cuadrada hecha de pasta. Era rubio platino, casi albino. Su mandíbula cuadrada y su frente llena de arrugas le conferían un aspecto severo. Parecía un decano universitario estadounidense, incluso sus cejas pobladas no impedían que los ojos azules le taladrasen.

La estancia era sumamente elegante y recargada. Muebles de pluma de Caoba y mesitas de café por todas partes, con butacas de piel y hermosos acabados refinados en oro además de bronce y plata, las molduras no se quedaban atrás y todo tipo de figuras celestiales se podían contemplar desde donde estaba situado. Por lo menos la situación de encierro no era tan acuciante gracias a la cantidad de ficus y demás plantitas que se encontraban situadas por ahí, le daban un toque más orgánico.

-Bueno Shinji, creo que antes de que te explique yo más detalladamente lo que me pides, podrías tu decirme qué te hicieron en NERV después de salir del Eva.- dijo alzando las manos con una sonrisa en gesto típicamente paternal.

-Sí... bueno, sólo estuve en observación durante cinco días, y cuando salí tuve que venir aquí para que verificasen el estado de mi injerto....-contestó mirando un jarrón que tenía detrás el hombre.

Se hacía llamar Sun.

-Ya veo... así que estuviste esos cinco días bajo la supervisión de la doctora Akagi...- consideró poniendo un dedo bajo su mentón en una posición muy dura y pensativa.

-Si bueno... yo... si estuve con ella mucho tiempo... pero le aseguro que no pudo notar en ningún momento el injerto que ustedes me pusieron.-aseguró mirando al suelo como sintiéndose bajo la mirada de su profesor.

-Estoy segurísimo de eso, no te preocupes.- "ni siquiera nosotros mismos lo encontramos", pensó con ironía.- ¿Y qué va a ser de ti ahora?

-Pretenden cambiarme de casa, mi padre quiere que mi domicilio se sitúe en otra parte de la ciudad por alguna razón que no conozco.

Ante esta declaración el hombre se levantó de su silla y paseó hasta llegar a un mapa mundi que había situado a unos cinco metros más allá. Y pudo fijarse una vez más en lo imponente que era.

Su padre era un hombre que imponía respeto, su mirada era tan gélida como un glaciar. Pero sin duda ese hombre era tan grande que hubiera podido haberle roto las costillas con un abrazo de oso allí mismo, calculaba que en su espalda cabían perfectamente dos yoes, incluso medio antiguo Shinji más. Era tan alto que con todo lo que había crecido aún le llegaba tan sólo un poco por encima del codo. Debía medir al menos 1.90.

-¿Hay algo que quieras contarme, Shinji?-preguntó tras unos segundos.

¿Qué podía contarle que le fuese útil? Tal vez la razón por la cual le separaban de Kaji y Rei... pero el no la conocía. Aunque tenía varias sospechas, claro. ¿Contarle su relación con Rei? Al fin y al cabo él no era su padre y no había peligro... además ya le habían dicho que sabían perfectamente de su relación con ella.

-Pues no. La verdad es que no.-contestó con total sinceridad.

-De acuerdo, puedes irte.- se despidió dándose la vuelta con una sonrisa en la cara.

-Adiós -saludó levantándose y yéndose con total tranquilidad.

Cuando Shinji se hubo ido el jastial dio la vuelta y apuntó a la puerta con el pequeño control remoto que había sobre su mesa, ésta se cerró con una barra metálica y las luces se apagaron, el hombre se giró y miró hacia las tres figuras que habían flotando en torno a la esfera plateada que fingía ser un adorno. A Shinji le gustaba mucho ese adorno.

-No sospecha nada.-le dijo a las sombras azules.

-BIEST no comete errores.-declaró una de las sobras ahumadas.

-¿Y qué haremos para remediar éste fallo de gramática en nuestro guión?-preguntó Sun.

-Llame a Kaji, necesitaremos de los servicios de Akagi.-dijo una voz femenina.

-Si señora.- asintió Sun mientras ellos se desvanecían y él llamaba a Kaji a su presencia.

¡Qué ironía! ¿Quién le diría que algún día tendría que secuestrar a Ritsuko?

Era casi gracioso... la vida da tantas vueltas...

Ryoji Kaji miraba su identificación de NERV con ojos soñadores y aire romántico, y no era para menos puesto que iba a raptar a una de sus viejas amigas de la facultad.

Guardó la tarjeta en el bolsillo y miró por la esquina, un segundo después Ritsuko Akagi apareció en uno de los ventanales de NERV, llevaba dos días trabajando sin parar, aunque su record eran tres días sin dormir absolutamente nada. O al menos eso creía.

Después de inspirar profundamente y mirar por un segundo más a su amiga salió con la pistola de dardos tranquilizantes en la mano y dispuesto a dormirla para llevársela. Le resultaba un poco rastrero hacerlo por la espalda, pero no podía revelar su identidad todavía.

Estaba a escasos centímetros, levantando la pistola...

-¡Ritsuko!-llamó una voz.

"¡Mierda!"

Misato estaba llegando por uno de los pasillos, buscaba a su amiga. Menos mal que no le había visto apuntándole con los tranquilizantes. Escondió rápidamente la pistola con el corazón a punto de salírsele del pecho y una gota de sudor cayéndosele por la espalda. El problema era que Ritsuko sí que se había dado cuenta de su presencia.

-¡Kaji! ¿Que haces?-preguntó palpándose la nuca.

-Iba a saludarte, te ves muy cansada.-contestó intentando disimular la situación.

"¡Una sonrisa, vamos, una sonrisa!"- Pensaba mientras se acercaba a Ritsuko y le masajeaba el trapecio y los hombros.

-Kaji, ya te dije que...-empezó ella mirando a otro lado con los ojos casi cerrados.

-Sólo intento ayudarte con tu cansancio, es lo que hacen los amigos. ¿No?-contestó aún sonriendo.

-... deberías ser más discreto.-terminó ella girándose hacia Misato, que los miraba con un rictus en la ceja y los puños apretados.

-¡Kaji, deja a Ritsuko en paz!- exclamó cuando pudo destrabar la lengua y se acercó a los dos pisando fuerte.

-Chicas, tengo una idea, ¿Qué les parece si vamos a comer algo afuera del Geo frente? Tenemos tiempo para reportarnos y avisar. Miren, las dos llevan muchas horas trabajando y salir aunque sea una hora de este lugar no va a ser pecado capital.

Le miraron durante varios segundos, cada una tomándose el tiempo según la rectitud de su postura y claro, Misato aceptó casi en el acto, pero Ritsuko estrechó la mirada durante varios segundos y frunció un gesto desaprobador para suspirar levemente. Después de varias sacudidas de Misato y un par de aspavientos por parte de la misma se convenció y salieron las dos por el pasillo rumbo a las oficinas con el objetivo de reportarse y hacer oficial su salida.

Mientras tanto él caminaba despavorido al baño para mandar un mensaje urgente a sus colaboradores.

¿Qué demonios iban a hacer ahora?

Una de las malas cosas de que te dejasen medio tirado en una calle de Tokio3 era que tenías que estar bastante situado y tener sentido de la orientación para poder volver a tu hogar sin que te violasen o robasen. O las dos cosas. Y cuando estás drogado...

Caminaba haciendo un leve zic-zac entre la gente, con curvas largas y poco pronunciadas hasta que se cansó y se apoyó en un poste de luz, con su buena suerte al poco tiempo se cayó de culo y consiguió normalizar su respiración. Pero aun así la gente que pasaba por allí le miraba raro e incluso un verdulero cercano se había salido de la tienda y le observaba con un trapo en la mano mientras se frotaba el puño, como esperando que aquel sujeto peligroso le atracase en cualquier momento.

Reanudó su marcha y cruzó la avenida, (no sin provocar que varios automóviles le tocaran la bocina en el proceso) entre la marea de gente que iba y venía. Iba y venía, y cada una de ellas era como una hormiga que conocía perfectamente su ruta, miraban sus pies y procuraban no chocarse con nadie.

Iban y venían.

Y una vez más, se mareó con aquel movimiento.

Iban y venían. ¡Dios, tenía el estómago hecho polvo!

No, es que estaba colocadísimo con las drogas que le habían dado al salir de BIEST.

Odiaba las drogas, si pudiese nunca más las tomaría. De hecho nunca más las probaría.

¿Dónde estaba? Ahora ni siquiera sabía donde eran los carteles de las farolas. Dónde demonios se encontraba… tan sólo veía los borrones que suponía eran tiendas y comercios de comida rápida y electrodomésticos. Aun así consiguió llegar a otro semáforo y respirar hondo mientras parpadeaba para intentar aclarar su visión. Y pasó lo peor que podía pasar en un momento como aquel.

Rei.

"¡Mierda, no puedo dejar que Rei me vea con éste aspecto. Voy de droga hasta las cejas!"- Pensó antes de darse la vuelta y salir corriendo en otra dirección.

Claro, que con tantos calmantes encima coordinar movimientos no era algo demasiado fácil, lo bueno era que el sentido del tacto se veía considerablemente disminuido, por lo tanto la cadena de sucesos que ocurrieron después no le dolieron tanto como debieron en condiciones normales. Tampoco era un consuelo, vaya.

"Va pensar que soy un drogadicto... dios mío... que manos más grandes que tengo..."-pensaba mientras se contemplaba las palmas sangrantes por la caída con expresión alucinada. Rei ya estaba al lado suyo con la mirada impasible preparada.

-Shinji, has atropellado a una anciana que caminaba con andador. ¿Estás bien?

-Claro, no te preocupes por la anciana, total le quedan dos días de vida...-contestó con una voz grave y extraña, no parecía la suya.

-Ella ya se ha ido, pensaba que eras un violador y se ha levantado antes que tú.-dijo ella mirándole desde arriba aún con su actitud impasible.

-Ya... es que me gustan maduritas. Rei, ¿has visto mi mano?-le dijo enseñándole la mano ensangrentada y raspada.

-Estás sangrando.-se inclinó para tomarla y un momento después el chico se reunió con ella a la misma altura, mirando la mano como si fuera un tesoro deslumbrante.

-Sí... pero aparte de eso, ¿no piensas que mi mano es enorme? Quiero decir... nunca pensé que mi mano fuese tan grande. Podría hacer lo que quisiera con ella... -le miró con ojos agrandados y expresión laxa y relajada, no parecía él.-

-¿Qué...? Tienes las pupilas dilatadas.-observó ella escrutándole los ojos azules y profundos.

-Tal vez debería usar guantes como mi padre… tal vez mi padre usa esos guantes por que tiene las manos más grandes que yo... ¡Ah, no puede ser...!-exclamó con el susto pintado en los ojos vidriosos.

-Deberíamos ir a tomar algo, ahora no eres tú por alguna razón.-dijo tomándole del antebrazo y guiándole.

-Rei espera.-le pidió mientras era semi-arrastrado por la calle para ir a tomar algo que lo despejara.- Sabes, que soy feliz por que estas muy buena... - la chica giró la cara para mirarle levemente-...te digo en serio, que tengo fantasías contigo.- Ahora abrió mucho los ojos y se sonrojó levemente. Le volvió la cara para seguir guiándole mientras él tropezaba.

Llegaron a un café con una terraza ventilada, se sentaron cara a cara, los dos apoyados en los reposabrazos de las sillas metálicas que emitían un chirrido desagradable contra el concreto y las baldosas de hormigón blanco, y siguieron en silencio hasta que un camarero vino a atenderles.

-¿Qué desean?- preguntó el camarero inclinándose levemente

-Dos cafés, por favor.-pidió Rei. Al parecer ya lo tenía pensado.

-¡No, espere por favor!- exclamó como si fuera un esclavo pidiendo su última manduca.- Traiga un helado... ¡No! Mejor traiga un helado con muchas bolas... chocolate, vainilla, menta, fresa y... ¿he dicho ya el chocolate?-preguntó con voz vaga y expresión perdida, contando las bolas con los dedos de la mano.- Pues entonces ya está.

-Sí señor...-asintió el mozo tras unos segundos de contemplar la cara de Shinji con los ojos muy abiertos.

Rei le contempló durante varios segundos mientras el aire mecía su cabello y le tapaba parcialmente el rostro. En cambio Shinji tenía la boca abierta de la impresión ante la belleza de ella, y sus ojos- que ahora parecían tan sólo un par de enormes pupilas - reflejaban todo el entorno que los rodeaba.

Una pequeña plaza en forma de triángulo escaleno, ellos estaban situados en la esquina izquierda inferior si se miraba desde arriba, donde unas cinco mesas pertenecientes al cochambroso bar alejado de toda céntrica avenida y cúmulo de gente no se amilanaba ante el gris ambiente que se presentaba en ese pequeño y recóndito agujero del suburbio de Tokio 3. Y aun así, rodeados de bloques de apartamentos blancos y desteñidos, pasados por lejía para ser bañados en amoníaco ante la inminente llegada de los ángeles, eran las dos únicas personas que existían en el mundo. Ni siquiera habían notado la existencia de las otras dos callejuelas en los otros dos vértices de la plaza.

Bueno, una estaba demasiado colocada para hacerlo, claro.

-¿Qué has hecho hoy?-preguntó Rei sin rodeos.

-¿Eh?-dijo él sin comprender.

-Me has visto, te has dado la vuelta y has atropellado a una anciana, al mismo tiempo te enredaste con su andador y caíste un metro más allá de ella raspándote las manos haciendo que sangraran. Luego has alucinado con su tamaño y propuesto llevar los mismos guantes que tu padre.-resumió ella sin alguna emoción en su voz, pero sus ojos se estrechaban levemente tras las capas de pelo que ondeaban con el viento.

-¿Sabes lo que pasa? ¿De verdad quieres saberlo?-preguntó tras unos segundos más de contemplarla anonadado. Aunque era difícil saber si tan siquiera pensaba algo dada su expresión de estupidez total.

-Sí.

-Lo que de verdad pasa es... que soy un agente secreto del gobierno japonés que pretende descubrir la verdad sobre NERV, y te estoy utilizando para llegar a mi padre, pero en realidad estoy enamorado de Misato locamente y quiero acostarme con ella a toda costa antes de que me maten por encubrimiento.-contestó todo lo seriamente que pudo.

"Dios, estoy contando la historia de Kaji... bueno, más o menos"- pensaba con una sonrisa mientras Rei levantaba - si, levantaba - una ceja en señal de incredulidad.

-¿Estás intoxicado?-preguntó ella tras unos segundos.

-Creo que sí... tal vez mi padre me ha drogado para después asesinarme.- aseguró paranoico de repente, mirando a todos lados.

-Eso es una sandez, creo que lo mejor es que tomes uno o dos cafés, he oído que la cafeína despierta los sentidos y alimenta la capacidad nerviosa.- dijo ella mirando al bar mientras Shinji seguía registrando la zona con los ojos, nervioso.

-Ya veo... tu también quieres asesinarme ¡estás metida, eh! -exclamó señalándole acusadoramente.

Pero Rei sólo le miró.

"¡Qué paciencia!"-pensaba ella mirándole.

-Aunque ahora que lo pienso no creo que quieras matarme, eres tan buena en la cama...- dijo soñadoramente mirando a los edificios.

"¿Qué se habrá tomado?"- se preguntaba mientras le observaba.- "¿Y por qué no me voy y lo dejo así?" Seguro que ya muchas lo hubieran hecho...

-Pero que digo, si no hemos hecho nada de eso...-reflexionó apoyando la cara en las manos, al estilo del pensador de Rodín, pero más drogado.

"No... además en este estado podría llegar a cualquier parte, mejor espero a que se termine los cafés. Luego lo llevo a casa."

-Sus café y su helado.-dijo el mozo dejando las tazas con el café y un plato sobre el que había posado un recipiente especial en el que habían ocho bolas de helado.

-Sí... ¿azúcar? Es que el café sólo me sabe a petróleo sin destilar.-pidió Shinji.

-Claro.-el camarero metió la mano en los bolsillos de su delantal blanco y sacó unos sobrecitos de azúcar mientras escrutaba no muy discretamente los ojos de Shinji.

"Seguro que es un drogadicto... se va a ir sin pagar nada, mejor lo tengo controlado. Malditos colgados..."-pensaba mientras se alejaba a su barra.

Y a la vez que los pocos clientes del bar especulaban sobre el extraño comportamientos de Shinji -sus repentinos aspavientos y exclamaciones ahogadas en susurros lejanos aunque perfectamente audibles- el muchacho metía prácticamente todas las bolsitas de azúcar en la taza que le acababan de traer mientras Rei todavía no había probado la suya. Ya llevaba cuatro bolsitas y parecía que iba para largo.

-Te juro que esta cosa es peor que el LCL, ¿Te acuerdas cuando vomitaba LCL? Pues te digo una cosa, esta cosa es peor... es más, preferiría beber LCL.-le decía mientras bebía el azúcar con café (la combinación original había cambiado, ahora había más azúcar)- Pero no es peor que la comida de Misato, por que me acuerdo que una vez ella cocinó y yo tuve retortijones de estómago durante tres días seguidos. Casi me muero de deshidratación, desde entonces Asuka no sé como se las arregla, tal vez le pida a Hikari que le cocine... ¿Tu crees que Hikari es lesbiana, eh? Por que yo siempre le he visto pinta de ser muy mandona y es posible que lo suyo sea dominar, aunque si lo intenta con Asuka...

Pero Rei sólo miraba y parpadeaba de vez en cuando mientras Shinji continuaba con su monólogo.

Y tal vez haya algo entre Maya y Ritsuko, ¡Já! esa chica tiene pinta de pasarse a los dos bandos cuando le de la gana, en cambio la doctora tiene un morbo enorme con esas medias negras y ese pelo rubio y esas piernas largas y esa falda corta y reluciente que parece que me incite a subírsela fácilmente con esa bata de laboratorio que usa siempre además de ese lunar que le da un toque tan sofisticado...

"¿Acaso le gustan todas o qué?" Pensaba Rei mientras seguía escuchando impasible la interminable charla sobre Ritsuko, Shinji no paraba de repetir "y" todo el tiempo, así que se hacía más cansado y repetitivo. "¿Piensa respirar algún día?"

Y era cierto, no había tomado el aire ni para tomarse su helado, con lo cual ahora tenía que tomar un alto mientras tomaba un gran sorbo de café (más bien se terminaba la taza entera de un trago) y suspiraba cansado.

-Rei, ¿te importa si me tomo también tu café?

-No.

Una vez más, cinco bolsas de azúcar. De nuevo se había convertido en azúcar con café. Y mientras tanto ya se había terminado más de la mitad del helado... las manos se le habían puesto temblorosas por el exceso de cafeína y azúcar, no había sido tan buena idea ir a tomar algo.

-Rei, quiero hablarte de nosotros.

Rei seguía callada.

-Verás, hay algo que me enfada mucho, y es que hay veces que no sé si quieres más a mi padre o a mí, por que de verdad si tuvieras que elegir entre los, ¿a quién escogerías?

Y esto me pone angustiado, así que creo que deberías elegir. ¡O me eliges a mí o te vas por esa misma puerta que entraste!-exclamó señalando a una puerta imaginaria a su derecha. Luego se quedó mirando el espacio atontado.

El camarero del bar les observaba con gesto despectivo.

Rei... ¿Ésa no es Asuka? -preguntó Shinji señalando al otro extremo de la plaza, justo al vértice donde se encontraba la callejuela que conectaba el agujero grís en que se encontraban.

Sí, en efecto, era Asuka.

Unos sesenta minutos antes Asuka caminaba por una calle perdida de Tokio 3, buscaba algo de diversión pasajera para aligerar la tarde sin necesidad de mirar la televisión como una zombi con Pen-Pen, y acabó en el distrito donde se aglomeraban la mayoría de las tiendas de máquinas recreativas. Las luces chirriantes destellaban en el pavimento oscurecido por la sombra de los altos edificios mundanos que se asomaban entre los pequeños comercios que conseguían sobrevivir gracias a la buena voluntad de los pocos valientes que osaban vivir en aquellas zonas llenas de ruido y frenesí.

La joven piloto de la unidad 02 provocaba las miradas de todos los varones que jugaban en las máquinas orientadas al exterior. No era para menos.

En lugar de llevar su clásico vestido amarillo, ésta vez había decidido jugar con algunos pobres infelices.

Un jean azul bastante ceñido que dejaba evidenciar su más que hermoso trasero, y una camiseta suelta de color amarillo, pero en realidad se ceñía bastante en torno a sus pechos. Las zapatillas deportivas de color blanco eran bajas, de suela plana y cási no se distinguían con el hormigón del suelo.

¿Ropa ceñida? Ella no necesitaba más que eso para que los hombres se girasen a mirarle.

Y así era, todos los chicos se giraron cuando ella entró como una reina en su palacio y se sentó en una moto de carreras, se agachó sobre el depósito de gasolina de mentira y empezó la carrera contrarreloj.

Tal y como había imaginado, había tres degenerados que no podían despegar la vista de su culo, y con todo descaro la miraban con las pistolas del juego "Umbrella´s Code" languideciendo en su mano. Tres partidas tuvo que jugar antes de que los imbéciles se le acercaran con una sonrisa bravucona para pretender ligársela y ella dijese casualmente "Oh, se me han acabado las monedas".

Ahí comenzó lo bueno.

Los pobres chicos no paraban de invitarla a los juegos de matar bichos repulsivos.

Incluso ya les había puesto un nombre a los tres a falta de querer aprenderse los verdaderos; Idiota A, Idiota B, Idiota C.

Y así pasaba la tarde... entre juegos, insinuaciones y refrescos saturados de cafeína, hasta que aparecieron otros tres idiotas que provocaron que los tres anteriores se alejaran de ellos y le pidieran que jugasen un poco apartados puesto que habían estado peleados y las diferencias eran notorias.

Ya no necesitaba más, sin duda iba a ser iba tarde más divertida.

Los nuevos se llamarían: Infeliz A, Infeliz B e Infeliz C.

-Puff, ¿es que acaso no son hombres ustedes?-provocó deliberadamente mirando a los otros infelices con sorna.

-Cla... claro que sí, pero tampoco vamos a pegarnos ahora....-barbotó el Idiota B, que era el más cobarde y calmado del grupo.

-¡No digas estupideces, por supuesto que vamos a pegarnos con ellos, nadie nos insulta a la cara de esa manera! Además a Asuka le gustan los hombres fuertes...-dijo el Idiota C, sin duda el más nervioso del trío. Podría pasar por Suzuhara si no fuera por que éste incluso era más feo que aquel Orangután vestido con ropa deportiva.

-Esperen, vamos a pensar una táctica, por que son más grandes que nosotros y podrían ganarnos.-el Idiota A era el más listo de todos, pero aun así sería fácil hacer que se viese arrastrado, realmente era un hombre. Y todos los hombres son iguales.

Como su padre.

-Bueno, cuando quieran hacer algo me avisan, yo mientras tanto seguiré jugando...-con una sonrisa seductora se dio la vuelta y cogió una de las pistolas, para seguir masacrando zombis en el videojuego que tenían delante.

La reacción no se hizo esperar.

El Idiota B miró a los lados, nervioso, y suspiró mientras una gota de sudor bajaba por su cara y caía al puente de sus anteojos de pasta negra. Al siguiente momento ya miraba al Idiota C. Cuando sintió la mirada de su amigo, éste se giró e inspiró muy fuerte mientras las aletas de su nariz se ensanchaban y apretaba sus puños ruidosamente. La vena de su sien aumentó de tamaño de forma algo asquerosa y una sonrisa nerviosa salió a flote mientras miraba a Asuka, que no les prestaba atención (aunque más bien observaba el trasero de la chica). Al mismo tiempo Idiota A estrechaba sus ojos advirtiendo la inminente pelea y trazando una estrategia apresurada que podía no darles la victoria tan ansiada, tal cual estaban las cosas la chica alemana se reía por dentro de los bakas.

Y así comenzó el plan del Idiota A.

El Idiota B se acercaba solo como quien no quiere la cosa a sus enemigos, siendo la carnada de todo el operativo. Al mismo tiempo los otros dos esperarían fuera jugando con el factor sorpresa para darle de golpes a los Infelices cuando saliesen y que su cobarde compañero no tuviese que pegarse o arriesgarse demasiado. Por supuesto la estrategia dependía en gran manera de la reacción de los Infelices.

Pero claro, los Infelices eran tan tontos como los mismos Idiotas.

-¡Pero mira quién está aquí, si es Idiota B!- exclamó el Infeliz C separándose de la máquina en la que estaban los tres.

-¿Quieres otra paliza, Idiota B?-preguntó el Infeliz A.

-¿O tal vez es que tus amigos te han abandonado?-preguntó Infeliz B.

Ante esto, Idiota B sólo podía reaccionar como le había indicado el macho alfa de su grupo.

-No, i-intentaba bu-buscar alimento para mi perro, pero por aquí sólo está la carne sin procesar.-tartamudeó indeciso.

-¿Qué dices, infeliz? ¿Nos estás llamando basura?-increpó el grandullón.

A todo esto y sabiendo que el daño estaba hecho, Idiota B salió corriendo mientras los otros tres lo seguían, y fue así como llegaron a una derivación de una calle más pequeña que los condujo al lugar perfecto donde los otros dos Idiotas les tenían preparada la trampa. Habían dejado pasar a su compañero, y justo después habían pasado un hilo muy fino, como el que se usaba para hacer volar una cometa, el batacazo fue monumental.

¡Bum!

Cayeron de espaldas, alguno incluso se daría con la cabeza, se la pegaron con todo el equipo. De seguro que estaban sin respiración. Y los tres idiotas se pararon triunfantes ante ellos mientras Asuka se tomaba un helado sentada en un buzón de correos municipal. Los Infelices los miraban cegados, pues la callejuela estaba a contraluz y proyectaba sus sombras ante sus enemigos caídos, que usaban sus brazos cuales pararrayos y miraban con ojos estrechos a sus captores. Entonces uno de los Infelices reaccionó.

El más grande, ancho, basto, rubio, regordete y feo de los tres se levantó con una agilidad sorprendente y con un rugido de furia se lanzó hacia el Idiota C, mientras su oponente se ponía en guardia. Semejante a un jabalí, o más bien a un Rinoceronte con sobrepeso y la piel grasa, el muy tozudo se enganchó de nuevo en la cuerda, gruñendo mientras la sujetaba cual objeto de tortura entre las lorzas que colgaban de su cuello. Los tres Idiotas no cabían en sí ante la desfachatez de la imagen y sus amigos corrieron aprovechando que la inercia y el peso de su compañero había roto sus ataduras, se enzarzaron en una cruenta batalla cuerpo a cuerpo con sus enemigos.

La piloto pelirroja los observaba, mientras la bola de helado había caído del cono cuando aquel oso depilado se había lanzado con su "¡Arrghh!" y había caído rendido víctima del ahogamiento o esfuerzo monumental por levantar sus prominentes pechos, un abrigo de grasa de tal calibre debía pesar demasiado con aquel calor, y aquel grito de guerra parecía haberlo dejado sin aliento.

Así que las cosas estaban a tres contra dos, bueno, Idiota B era bastante cobarde así que intentaba mantenerse alejado mientras asestaba algún golpazo ocasional, todo hasta que Asuka se acercó a él por la espalda y le pegó una patada en el culo dejándolo directamente en el centro de la pelea.

Lo cual no fue muy buena idea, por que nada más entrar el Infeliz C le dio un puñetazo y lo tiró al suelo. Ahora estaban dos a dos.

Mientras la pelea continuaba Asuka se cansaba más y más, tanto que había empezado a mirar a otros lugares, y en eso vio algo que le llamó mucho la atención.

Un furgón verde pistacho se había abierto por atrás y una persona había caído, menos mal que iba lento y en principio el hecho de que fuese atada propiciaba su rodamiento por la calle, hasta que se detuvo y Asuka pudo ayudarle al darse cuenta de quién demonios era.

-¡Misato!

Esa misma mañana, Kaji había ido al baño de NERV, y había mandado un mensaje cifrado a los agentes de BIEST que tenían que recoger a Ritsuko fuera a la hora de comer, para avisarles de que Misato estaría con ellos. Era un galimatías bastante curioso.

"¿Alguien entenderá un carajo de ésto"?- pensó mirando la pantalla verdusca.- "Bueno, son el servicio de inteligencia, total que se arreglen ellos."

Y al salir se había encontrado con las dos damas dispuestas cada una con su bolso, mirándole con aquella cara típica de las féminas a las que haces esperar "¿Dónde demonios estabas?" tan sólo le quedaba poner buena cara al mal tiempo y esperar que la reacción de los chicos de inteligencia fuese discreta y amable con su integridad física. No quería que le rompiesen nada por ser agresivos o poco discretos, aunque en BIEST siempre se preocupaban de la pulcritud de sus operativos.

Aunque eso no impedía que los nervios lo carcomieran como una avanzadilla de hombrecillos verdes, cuales gotas de ácido armados con jugo gástrico invadiendo su esófago sin compasión, mientras tanto el tragaba saliva para intentar paliar de alguna forma su creciente sentimiento de que algo iba mal. O al menos de que algo iba a pasarle y de hecho seguramente algo malo ocurriría.

Salieron a la calle, por alguna de las casualidades de la vida Ritsuko había insistido en ir en taxi, aunque Misato quería conducir ella misma. Al entrar al taxi el conductor se les giró con una sonrisa socarrona y una pistola de dardos en la mano antes de exclamar "¡Chao!" y clavarles dos agujas en el cuello a Misato y Ritsuko. Luego apunto a Kaji y le miró con melancolía descreída.

-Lo siento, esto realmente va a ser algo humillante...-al momento de decir esto y sin previo aviso sintió como se le clavaba la aguja en el hombro, con tan mala suerte que tan sólo se quedó dentro de su cuerpo durante unos dos segundos.

Por supuesto el efecto del calmante se vio disminuido, y el resultado fue devastadoramente humillante, mientras se abría la puerta y caía por el barranco cercano podía ver todo, pero al mismo tiempo era incapaz de sentir nada o moverse. Cuando tocó fondo y dejó de dar vueltas se pudo percatar de la imagen mental que se le dibujaba de su posición , y era totalmente ridícula.

Qué humillante. Cuatro horas tirado ahí de esa manera.

Cuando se está mucho tiempo encerrado en un lugar pequeño puede sentirse el vicio del aire, la densidad y la humedad del ambiente son factores que curiosamente se hacen mucho más presentes en el paladar. Abrir la boca para sentir el rancio sabor del metal calentado al sol, de alguna forma reconfortaba la mente de Misato Katsuragi mientras pensaba "Soy yo, y estoy aquí".

La camioneta que las transportaba a ella y a Ritsuko se sentía gratinada por el calor del astro luminoso, podía sentirse como una sauna en la que la humedad había sido eliminada, tan sólo las gotas de sudor que caían sobre sus cejas le hacía sentir que allí dentro aún podía haber agua. O algún rastro del líquido elemento.

Cuando sus ojos pudieron identificar a su compañera de rapto, que apenas era una figura reflejada por la luz que dejaba entrever una rejilla del techo, se dio cuenta de que todavía estaba dormida. Se acercó a ella y la movió, intentando despertarla por todos los medios que se le ocurrieron teniendo en cuenta que estaba atada de pies y manos a la espalda con una mordaza blanca que le impedía proferir algo más que un débil chillido ahogado. Al final se alejó arrastrándose como un gusano mientras sentía como el esparadrapo y las gasas se ocupaban de erosionar su piel y convertirla en un lamento morado, una llaga azulada que cortaba la circulación de su sangre.

Cuando se apoyó en la pared metálica de la camioneta se dio cuenta que estaba ardiendo, así que aunque su chaqueta roja de NERV la protegía de quemarse, sentía una línea semejante a un radiador recorriendo su columna. Y mientras tanto intentaba respirar con normalidad, por que sus nervios le impedían tranquilizarse y acompasar las subidas y bajadas de su tórax.

Durante unos segundos en los cuales una gota de sudor bajó por su frente y se posó en la punta de su nariz, pudo concentrarse al fin en la puerta del vehículo, la cual era una cochambrosa y oxidada pieza de desguace que estaba ligeramente mal cerrada.

¿Cómo demonios habían escogido una cafetera como aquella para raptarlas? ¿Acaso era por cuestión de camuflaje?

En todo caso rodó hacia allí y empezó a empujar la susodicha como si fuera una cabra, a veces utilizaba el hombro y otras directamente la cabeza. Hasta que con un poco de suerte pudo abrirla con un chirrido y ver que circulaban a mediana velocidad por un suburbio de la ciudad, sin duda aquella reliquia que las transportaba debía pasar desapercibida.

Tras suspirar pesadamente se lanzó de lado a la calzada.

Lo primero que sintió fue un terrible dolor al escuchar como su codo derecho impactaba contra el asfalto seguido de un escozor arrasador en su rodilla, luego toda sensación fue aislada en su mente y llevada a un rincón lejano, ahora lo principal era rescatar a Ritsuko. Pero primero era desatarse de sus molestos esparadrapos y despejarse un poco, todavía le costaba respirar.

-¡Misato!

¡Asuka !¿Qué demonios hacía en aquel lugar dejado de la mano de Dios? Bueno, mejor, ahora podría ayudarle a quitarse las ataduras. Se giró como pudo y sintió un mareo al notar como la luz del sol le pegaba de lleno en la cara, de repente toda la situación se le echó encima durante un momento hasta que se puso en pie al lado de la niña pelirroja. Ella la miraba mientras, anonadada.

-No hay tiempo Asuka, Ritsuko está en esa camioneta secuestrada y hay que ir tras ella para liberarla. ¡Vamos!-le dijo todo lo rápido que pudo mientras sentía el hormigueo de la sangre corriendo por sus marcas desatadas.

-¿Qué demonios dices Misato? ¿Qué hacías atada en la calle?-preguntó la piloto mirándola como si no la hubiera visto nunca.

-¡Te lo estoy diciendo, no han secuestrado a Ritsuko y a mí, y ahora dime dónde ha ido la camioneta!-exclamó la Mayor mientras su circulación sanguínea se restablecía.

-¿Secuestrado? ¿Por quién?-preguntó anonadada la pelirroja.

-¡No lo sé, sólo sé que tienen a Ritsuko! ¿Dónde demonios ha salido la camioneta?-preguntó casi a voz en grito.

-Por allá...-Asuka señaló la calle que torcía a la derecha, otro conducto lleno de mugre y agua.

-¡Vamos!-gritó Misato mientras salía despedida hacia el callejón.

Menos mal que la camioneta iba lento, pudieron divisarla al final de la calle y tomar un atajo en una calle diagonal que cortaba transversalmente con otro pequeño reducto del suburbio. ¿Cómo demonios habían ido a parar allí?

Perseguían al vehículo por las estrechas y laberínticas calles del suburbio mientras intentaban ponerse al día, Misato no estaba tan en forma como Asuka y empezaba a sentir el flato en un costado pero se obligaba a correr desesperadamente tras el confinamiento de su amiga. Por su parte Asuka veía la situación irreal y estúpida, no podía ser que siguiesen un cochambroso cacharro que iba a veinte por hora cuando piloteaba un robot biomecánico de veinticinco metros.

No conocían muy bien ése lugar, y parecía no tener fin, torcían las calles y tenían suerte de contar con atajos que el pequeño y destartalado vehículo no podía transitar, al final llegaron a una desembocadura que presentaba una plaza en forma de triángulo.

Pero no había tiempo, debían correr, alcanzarlos sin pararse a pensar lo que la gente pudiese considerar de ellas, sentían los latidos de sus corazones galopando contra sus oídos. Lástima que había voces que ni el miedo más absoluto puede acallar.

-¡Ustedes dos, no corran, que tengo las piernas cortas!

¿Shinji?- pensó Asuka inmediatamente volviendo la vista atrás.

Un momento, ¿Piernas cortas? ¡Ése idiota era un palo con patas!

Shinji y Rei les habían alcanzado en la esquina posterior a la plaza triangular, la camioneta había seguido pero Asuka y Misato estaban muy cansadas, demasiado como para no tomarse un respiro y descansar un poco con ellos.

-Mayor, ¿qué ha ocurrido?-preguntó Rei con voz monocorde mientras las dos maratonistas respiraban.

-Mayor, ¿qué ha ocurrido?-repitió Shinji con voz monocorde.

Todas miraron a Shinji, Misato reparó un momento en su postura, totalmente relajada, incluso pareciera desparramarse sobre el suelo si no fuera por que tenía huesos que lo mantuvieran en pie. Su expresión era laxa y sus ojos estaban carentes de la melancolía de siempre, de hecho ahora tenían un brillito especial que ella conocía muy bien.

-Shinji... ¿estás borracho?-preguntó agachada con las manos apoyadas en las rodillas y respirando fuertemente.

No hubo respuesta, simplemente se le quedó mirando un momento, hasta que se le formó una sonrisilla totalmente estúpida en la cara y abrió la boca lentamente.

-Misato, ¿no estarás borracha, no? Por que correr borracha...-empezó a decir con voz cascada.

-¿Qué dices baka? ¡Cállate y síguenos!-exclamó Asuka pegándole un coscorrón en la frente como si fuera un crío y tomando dirección al callejón.

Misato fue tras ella, y Rei tomó la mano de Shinji para guiarle y que no se perdiera en la travesía.

Claro, que no era una travesía muy larga, por que la camioneta estaba estacionada en el callejón, aparentemente inofensiva e inoxidada. Se acercaron lentamente hacia ella -Shinji levantaba los pies muy lentamente, como si tuviera algodón en los pies como en los dibujos animados- y se quedaron mirando un segundo. Misato abrió la puerta de la camioneta para sacar a su amiga de dentro.

No había nadie dentro.

-¿Dónde está Ritsuko?-preguntó al aire mientras todos se asomaban al interior del vehículo.

-Con nosotros.-informó una voz detrás suyo.

¡Pum!, y los cuatro cayeron al suelo.

Una luz orientada horizontalmente iluminaba tenuemente el perfil de Gendo Ikari. Gendo estaba inquieto, dos de las mayores responsables de NERV habían sido raptadas y nadie conocía su paradero. Habían encontrado a Ryoji Kaji tirado en una cuneta como un contorsionista que hubiera salido de uno de sus claustrofóbicos trucos. Ahora el hombre estaba inconsciente en una cama de hospital, recobrando el control de su cuerpo poco a poco.

Kouzo Fuyutsuki caminaba lentamente en frente a él, sopesando posibilidades y lanzando alguna que otra frase sobre los posibles secuestradores. Él escuchaba a medias y se limitaba a contestar "Mm..." o "Sí...", todavía no tenía una idea plenamente definida de que SEELE estuviera detrás de todo aquello. Por una parte tampoco conocían el paradero de los pilotos, aunque tampoco tenían indicios de lo contrario, sería mejor enviar agentes que los vigilasen de inmediato, aún más de lo normal y montasen guardia a la puerta de sus edificios.

-SEELE está detrás de esto, primero sabotean nuestro sistema eléctrico y ahora...-decía Fuyutsuki con voz calmada, pero llena de su fría cólera. Era fácil distinguirla y saber cuándo estaba enojado y cuando no, dejaba entrever muy fácilmente sus emociones, pero su voz transmitía una tranquilidad del tipo zen.

-No sabemos si ha sido SEELE, tal vez haya sido otro.-intervino por primera vez en toda la conversación.

-¿Quién más...?

-No lo sé.-contestó tajante, no lo sabía, no lo sabía y eso le carcomía poco a poco. No podía creer que hubiese alguien más en el escenario.

-¿Qué haremos?-preguntó encarando la pesada mesa con las manos en sus espalda.

-Dejemos que secuestren a la Mayor y la Doctora Akagi, tarde o temprano descubriremos un movimiento extraño, ponga a todos los hombres disponibles a trabajar en esto. Así no escaparán.

Durante un momento el anciano le miró, sopesando el rango de maldad que suponía aquella operación. Seguramente hacía eso con cada decisión que tomaba el Comandante.

-De acuerdo.-concluyó saliendo del despacho.

Ahora verían quién estaba detrás de todo esto...

No sabía dónde estaba, ni cuánto llevaba allí. Podía notar una ligera ponzoña que albergaba todo el vehículo en su interior. Así que estaba en algo que se movía, un vehículo, que al parecer era un poco viejo ¿la camioneta?

Un momento, ¿realmente era algo viejo?

Palpando la superficie con algo más de tacto, parecía una espacie de alfombra, una textura sintética que pretendía pasar por un tejido sedoso y acolchado, pero que ciertamente con el paso del tiempo y el polvo se estaba convirtiendo en el terror de cualquier alérgico a la inmundicia y la alegría de cualquier maniático de la limpieza. Ciertamente se notaba un poco rasposo y rancio, por que cuando dejan de lavarse esos tejidos artificiales se convierten en algo desagradable para el sentido del tacto.

Se arrastró poco a poco, sintiendo los pelillos plásticos moverse bajo su piel, parecía como si alguien no se lavase el cabello desde hacía mucho tiempo. Al poco de sentir la polvorienta piel de cordero derivada del petróleo retorcerse debajo de él, chocó contra otro cuerpo humano que se encontraba retorcido en posición fetal, maniatado como había estado él unos momentos antes.

Entrecerró los ojos, y alargó la mano tímidamente para palpar.

"¿Piernas, brazos, qué será esto? -se preguntaba mientras tocaba aleatoriamente de un lugar a otro. Lamentablemente se dio cuenta un poco tarde de que había llegado a un lugar sensible.

-¡Mmmm! -chilló una voz a través de su mordaza.

¡Paam! -en toda la boca. ¡Era Asuka! Vaya, era Asuka...

Se lanzó encima del cuerpo de la pelirroja, con tan mala suerte que acabó en una posición un tanto comprometida. Al segundo siguiente estaba quitándole la mordaza y recibiendo una sublime patada en los genitales de parte de su compañera piloto.

-¡Baka, idiota, pervertido! -gritó la pelirroja mientras seguía con su sarta de golpes.

-Perdoooona... es que uno no puede aclararse con el bamboleo del coche.-respondió con tono alarmado mientras ponía el brazo para cubrirse los golpes.

-Estúpido... ayúdame a desatar a los demás y quitarles las ataduras.-espetó la alemana mientras intentaba despertar a la Mayor Katsuragi.

-S-sí.- en unos instantes, los dos estaban arrimados en sendos cuerpos mientras intentaban desatar las ataduras que las mantenían maniatadas. Por desgracia habían descubierto que Rei, como Asuka y Misato, tenía las manos esposadas. Al parecer Shinji era el único al que habían considerado incapaz de llevar a cabo ninguna acción hostil.

Despertar a alguien que llevaba algún tiempo dormido era más difícil de lo que se pintaba en los dibujos animados o las películas, de hecho Asuka estaba aplicándole un severo trabajo corporal a Misato, sobretodo en la cara, y no conseguía nada en limpio más que dejarle la cara más roja a la Mayor a cada minuto que pasaba. Shinji por su parte no hacía más que sacudir a Rei violentamente para intentar sacarla de su ensoñación.

Ritsuko estaba un poco apartada, la habían dejado de lado para centrarse primero en los dos sujetos más cercanos a ellos, además que los dos le tenían cierta antipatía a la científica, para qué mentirse.

Por fin, Rei abrió los ojos lentamente, sus pupilas temblaron febrilmente mientras Shinji la depositaba completamente en el suelo a la espera de que Misato saliese de su sueño de una vez por todas. Asuka le había pegado tanto en la cara que incluso tenía marcas moradas en los cachetes que sufrieron tratamiento "de shock".

-¿Dónde estamos? preguntó Rei con la voz tomada por la falta de uso.

-Creo que es un vehículo, nos están moviendo.-contestó Shinji echándose hacia delante poco a poco.

-Niña maravilla, por fin te despertaste... ¿qué tal la siesta?ó sarcásticamente la piloto de la unidad 02.

-Me duele el cuello.-dijo Rei lacónicamente ignorando la burla de la chica y mirando a Shinji, que se estaba inclinando tanto que parecía a punto de caerse encima suyo.

-¿Qué haces, baka?-preguntó Asuka antes de pegarle una patada en la cara cuando la tenía a diez centímetros de la de Rei, mandándolo contra la pared de la camioneta. Por una parte Shinji quedó casi fuera de combate, por otra, Misato se despertó de una vez con el grito ahogado del chico.

-¡Aah, como me duele la cara!- exclamo Misato agarrándose el rostro con suavidad, palpando donde Asuka le había cacheteado.

Shinji asomó la cabeza por detrás del hombro del Rei, Asuka le miró un momento furibundamente antes de darse la vuelta con cara de circunstancias -aunque estaba un poco nerviosa- y mentirle a Misato como sólo alguien que tiene algo de práctica y seguridad en sí mismo puede hacer.

-Esos tipos... creo que te pegaron, Misato.-dijo poniendo una mano en el hombro de su Mayor.

-Auch... Asuka, ¿dónde demonios estamos?-preguntó una vez que se pudo aclarar un poco.

-Secuestrados... creo que en un vehículo, no sé dónde. -informó la chica mirando a las oscuras esquinas del tambaleante medio de transporte.

Seguían moviéndose. Derecha e izquierda, izquierda y derecha, mirando una y otra vez, palpando el suelo y los lugares que aún no habían revisado bien, el problema era que no sabían qué lugares y cuáles no habían remirado. Dando vueltas una, y otra, y otra vez mientras la oscuridad y humedad consumía sus círculos.

Para el piloto de la unidad 01 esto era algo sumamente mareante y molesto, ya que los narcóticos afectaban su sentido del equilibrio y precisamente no podía hacer mucho más que dar vueltas y observar enrarecido la actividad de sus compañeras. Hasta que un viraje brusco lo tiró de lado cayó encima de Rei.

-Rei...cómo te quiero. ¿Sabes? Si algún día nos casamos, te amaré tanto que mi monogamia será como la de una ardilla. Sólo tendré sexo contigo y conmigo, conmigo y contigo seremos como un par de cervatillos. Rei, cásate conmigo... en un árbol en medio del bosque de menta y chocolate.

La cara que Asuka tenía era tan indescriptible, tan inenarrable, que no tenía suficientes piernas como para pegarle en la cara y satisfacer su impulso de matarlo y destrozar su calavera. Rei por su parte había entendido la mitad de lo que había dicho su novio, y Misato estaba en un seudo shock contemplativo, sin terminar de creerse lo que había oído.

-Eerr...ugh...-consiguió barbotar la Mayor.

-I-idiiota...

No le dió tiempo a la pelirroja para pegarle su patada voladora, por que de repente un viraje brusco provocó que todos rodaran violentamente en dirección a la pared metálica de la camioneta. Eran un lío de piernas y brazos que no sabían como desanudarse, sobretodo Shinji, que estaba en medio de Asuka y Rei un tanto desorientado, no sabía adónde apuntar.

-Eeh... Rei, ayuda.-pidió apoyando la mano en algún lado, no sabía muy bien dónde.

-¡Pervertido, degenerado, maldito!

En medio del lío de extremidades, surgió un puño vengador a una velocidad de sesenta km. /h, golpeando el estómago de Shinji y hundiéndolo como si de gelatina se tratase, dejando la respiración del ya de por sí débil muchacho como un flan. Asuka peleaba y se revolvía debajo de Rei y encima de Misato, justo en medio del espacio que ocupaba Shinji.

Claro, el piloto de la unidad 01 había buscado ayuda por debajo... Escapar de allí iba a ser terriblemente complicado con Shinji en ése estado. Y con la camioneta moviéndose de ésa manera.

Veinte minutos antes, Gendo Ikari había tomado la decisión de cazar el objetivo una vez que estaba localizado gracias al satélite espía AERIS. La segunda sección de inteligencia se había movilizado y efectuaba la persecución del vehículo a una velocidad media de 110 km. /h por el centro de la ciudad, mientras podían observar cómo el cerco se cerraba y prontamente se verían obligados a liberar a los raptados o dejarse atrapar.

-¿Por qué ha cambiado de decisión?-preguntó rompiendo el silencio el ViceComandante Fuyutsuki.

-Han despilfarrado el tiempo, no podemos dejar que sigan con ésta pantomima, es demasiado evidente.-contestó Ikari mirando la persecución por el monitor LCD de su mesa.

-¿No quería esperar un poco más?-cuestionó de nuevo.

-Si los dejamos más, será evidente incluso para ellos.-zanjó el superior con tono restrictivo.

Negro, todo él. Todo aquello era negro, negro y sin fin. Todo en Gendo Ikari se mostraba negro y oscuro, circular, con trazas voluminosas de azul y rojo oscuro. Miraba el monitor con concentración mientras la imagen parpadeaba ligeramente, ocultaba su boca de cualquier observador frontal y arqueaba su espalda para acercarse más a la imagen. La habitación era como él, deprimente.

El cielo estaba arriba, la tierra debajo, Gendo Ikari en medio. El cielo era negro en su despacho, y la tierra también. Lo único de distinto color era el símbolo de SEELE, que se mostraba regidor e incandescente entre la opacidad del azabache, el queroseno. Gendo Ikari estaba empapado en queroseno, a punto de prenderse fuego.

-Lo hemos despilfarrado todo. Ahora tenemos algún nuevo enemigo...

Empapado en queroseno, hablando sólo, a la nada, entre el cielo y la tierra negros, el hombre sin color divagaba sobre sus decisiones.

Todo él, negro. Arriba y abajo.

Dos autos circulaban a una velocidad trepidante por las calles de Tokio-3, un todoterreno de color negro y un turismo de color azul marino que se manchaba más de tierra a cada esquina que pasaba. Los policías los seguían a una distancia ridícula, y las sirenas eran el único vestigio de su rastro en la persecución, mientras tanto el otro turismo de color negro intentaba acortar distancia en una calle paralela, sin éxito y esquivando los obstáculos -es decir, autos estacionados- que se encontraba por el camino.

Llegaron al final de la calle, los tres, y tomaron la misma dirección por la avenida principal que tenía tres carriles. Los dos turismos rodearon al todo terreno, cada uno en un flanco, chocaban contra él arrancándole chispas y desconchando su pintura negra cromada. No podían ver el interior del todo terreno por que los cristales estaban ahumados, pero los conductores de los otros dos coches abrieron los cristales y sacaron armas, mientras arremetían contra los laterales del 4x4 y disparaban furiosamente en sus cristales, los cuales estaba blindados. Rebotaron las balas o se clavaron con un ruido sordo haciendo una muesca inofensiva en el vidrio.

La calle estaba rodeada por una arboleda, naranjos de fruta ácida se cultivaban en la vereda, y podía verse cómo los vehículos se acercaban peligrosamente hacia ellos arrastrados por su propia inercia. Arrancaban chispas de sus puertas y las gomas en sus ruedas se deshacían las unas contra las otras, libraban una cruenta batalla para ver qué marca aguantaba más los embates de su adversario.

En el interior del todo terreno, Asuka, Misato, Shinji, Rei y Ritsuko intentaban mantener el equilibrio de la forma más digna posible, aunque se les hacía difícil con las manos esposadas. Claro que Shinji no las tenía esposadas, era un tanto inútil cayéndose cada dos por tres. La pelirroja estaba como una leona enjaulada, intentando levantarse para pegarle patadas a todo lo que encontrase a su paso.

-¡Asuka, siéntate!-exclamó Misato antes de que un par de disparos resonaran huecos en el viciado aire del todo terreno.

-¡Deben estar persiguiéndonos, y están intentando derribarnos!-apuntó Asuka mirando la marca de los disparos en los cristales.

-Hay que despertar a la doctora Akagi antes de que le ocurra algo grave, puede ser peligroso si no es dueña de su cuerpo.-intervino Rei.

-¡Yo me encargo!-declaró Shinji antes de que nadie pudiese decir lo contrario.

Con un movimiento lánguido el piloto de la unidad 01 se levantó hasta la mitad de su estatura, cuan delgado y alto era, se prestó a levantar a la doctora rubia para enderezar su posición, pero acabó tropezando con sus propios pies y cayendo de cabeza entre las piernas de la madura y atractiva mujer. La cara de las otras tres féminas era un mapa, exceptuando la de Rei, que no mudaba su expresión en lo más mínimo, sino que giró la cabeza ligeramente como si de un búho se tratase. Misato y Asuka tenían los ojos como platos y la alemana corría para apartar la cara de las partes íntimas de su encargada científica, una sonora cachetada reverberó en el auto y la cara de Shinji se deformó mientras los ojos de Ritsuko se abrían de par en par ante la visión que era obligada a presenciar.

No era capaz de pronunciar palabra, la científica encargada del proyecto "E" miraba absorta como Shinji caía al suelo, como su cara hacía de soporte de todo su cuerpo y quedaba medio inconsciente.

-¡Ritsuko! ¿Te encuentras bien?-se apresuró a preguntar Misato obviando el espectáculo de Shinji y Asuka.

-S-si...-contestó como pudo la rubia doctora. Luego se fijó en la cara de su compañera, que estaba morada en algunas zonas.- ¿qué te ha ocurrido en la cara?

-Nos han secuestrado y creo que me han pegado...

-¡Son unos animales!-se apresuró a intervenir Asuka.

-Ooh. Estamos moviéndonos...-no le dio tiempo a seguir, por que el todo terreno dio un viraje muy brusco y se escuchó un crujido terrible, como si estuvieran arrancando un árbol de su raíz.

De nuevo todos miraron expectantes hacia la parte delantera del vehículo, por que se habían detenido. Todo había ocurrido en un segundo, o menos. Unos pasos resonaron fuera, pesados, la lentitud con la que se movían hacía parecer que disfrutaban de su trabajo. De un momento a otro abrirían la puerta y una figura aparecería, sacaría una pistola y los mataría a todos.

Shinji se levantó en cuanto la puerta empezó a abrirse, y antes de que estuviera del todo corrida y Misato terminase su advertencia, él ya había saltado al exterior con un grito de "¡Nooo!". Un disparo se escuchó en la lejanía y después las puertas se volvieron a cerrar.

Desde su oficina, Gendo podía verlo todo, como un semi-Dios al cual nada puédase negársele. Un helicóptero seguía los movimientos de los turismos y el todo terreno a vista de pájaro.

Primero se habían internado en la avenida principal, los autos de cuatro puertas habían rodeado al todo terreno e intentado dispararle desde el interior. Como eso no les había funcionado probaron intentando empujarle a la derecha, donde estaban los árboles de decoración. Luego de que uno de los turismos Toyota fuese a estrellarse contra uno de los árboles, el otro siguió al 4x4 a un callejón donde se habían metido y era imposible que el helicóptero metiese su cámara.

Ahora esperaban expectantes, para ver el final del espectáculo.

El idiota de Shinji se había tirado fuera de la camioneta justo cuando el tipo de NERV le disparaba a Jet, así que el grandote rubio tuvo que cerrar las puertas y tirarse encima de Shinji para protegerlo, a la vez que le devolvía la ráfaga de tiros al hombre de la sección dos.

Al mismo tiempo, el agente de NERV no se atrevía a disparar ahora que uno de los pilotos estaba en el campo de batalla, las órdenes eran salvaguardar la vida de los niños al precio que fuera e intentar capturar a los secuestradores, por ése orden. Así que estaba agazapado detrás de la puerta azul tiroteada y raspada que correspondía a su coche. Jet se dio cuenta de esto, y a riesgo de parecer despreciable levantó a Shinji delante suyo como un escudo poniéndole la pistola en la sien.

-¡Si disparas, lo mato, te lo aviso!-declaró mintiendo manifiestamente.

-Eeh... yo te conozco...-dijo Shinji tan oportuno como siempre, drogado hasta las cejas.

-¡Cállate!-le instó el grandullón pinchándole con su arma- Nos vas a descubrir, talado.-susurró más bajito.

-Ooh...

Juntos pasaron por el frontal izquierdo del todo terreno, Jet puso al chico cara al agente de NERV, que había adelantado su posición para así tener una mejor disposición de los enemigos.

-¿Qué hacemos ahora?-preguntó a Fitt.

-Salgamos como podamos, dejemos al crío de cebo y corramos.-indicó el moreno por señas.

-Ok.-Asintió efusivamente mirando a la hacia donde estaba su contrincante.

Fitt salió lentamente del todo terreno, cerró la puerta apuntando al trajeado de NERV, que en ése momento se manchaba las rodillas del tejido foráneo de sus vestimentas. Antes de que le diera tiempo a nadie de hacer ningún movimiento, el ruido de las astas del helicóptero hizo que todos miraran hacia arriba. Jet o Fitt, nadie vio quién, tiró una granada de humo y le pegó un par de tiros al todo terreno, al mismo tiempo que el otro se los lanzaba al enviado por Gendo Ikari para capturarles. Los dos desaparecieron entre la niebla de color violeta mientras Shinji caía de boca al suelo y sentía el sabor metálico de su propia sangre. Luego se desmayó.

Horas después, sus ojos se abrieron entre dos focos de luz, uno era la lámpara de noche que tenía al lado y que emitía un destello blanquecino y nuclear. El otro era el techo, que reflejaba como una pantalla de solarium todo lo que la potencia de la bombilla de 60w daba en potencia.

Por lo menos, ya no era un techo desconocido.

Miró al otro lado de la cama y Rei estaba allí, dormida sobre su pierna izquierda con las manos cruzadas sobre su libro. Retiró su pierna procurando no hacer un gran desnivel y no se despertase, y puso la almohada que él usaba para que se apoyase, se puso las zapatillas de noche y procuró salir sin hacer ruido.

-Shinji...-llamó desde el interior con su voz calmada y suave.

-Hola, te has despertado.-comentó inútilmente.

-Sí. Y tú también, llevas dormido desde ésta tarde.-le contestó levantándose de la silla.

-¿Sí? ¿Qué pasó?¿Cómo están Misato, Asuka y la doctora Akagi? -preguntó atolondradamente recordando lo que podía.

-Bien. La Mayor Katsuragi está durmiendo igual que tú hasta hace poco. La doctora despertó hace unas horas y Asuka está al cuidado del inspector Kaji.

-Ahh... ¿Y tú?-preguntó mirando sus ojos rojos, finos e intensos.

-Bien, no tuve daños físicos.-contestó monocorde.

-Me alegro.- respondió en un suspiro- Oye... siento lo que te dije antes de que nos secuestraran, no sé que me pasaba...

-No te preocupes, han dado por hecho que tu comportamiento se ha debido a los narcóticos que han empleado para raptarte. No he dicho nada.-se adelantó, cosa rara en ella.

-Gra... gracias. De verdad.

Tendría razones para no decirlo, pero Rei no las contaba. Sin duda las desapariciones de Shinji con su desliz de hoy en el uso de drogas, aparte del secuestro no era algo casual, y ella al parecer era la única que se había dado cuenta de que el tercer elegido estaba implicado también en la trama de la organización secreta. Aunque el asunto de hoy había gritado como nunca y desde luego Gendo Ikari no lo había pasado por alto, ni muchísimo menos. Estaba en su despacho, con su mano derecha mientras repasaban el reporte de daños.

-Escaparon.-declaró secamente el Comandante mirando a la negrura.

-¿Era SEELE o hay otros?-preguntó Fuyutsuki considerando inútil señalar de nuevo la anterior obviedad.

-Habrá que esperar, ellos han estado mucho tiempo escondidos.

-¿Y ahora?

-La unidad con el motor S2 tendrá su activación mañana, si hacen su jugada veremos. A SEELE no le interesa un Eva con energía eterna. No quieren un Dios de nuevo.

-¿Por qué retrasamos la activación del S2?

-¿Por qué tenemos un Eva con motor S2 congelado? Por la misma razón que desarrollamos el Dummy.

-Son una molestia.-comentó hastiado el anciano.

-Sí, pero son necesarios.-respondió Ikari levantándose de su silla y contemplando la vista del GeoFrente.

SEELE controlaba el destino del hombre. Gendo Ikari la vida de Adam, del clon de Lilith, y de su mujer. Shinji el Eva 01, y en parte también el clon de Lilith.

Al final, todo se reducía al control de una niña de catorce años.