"Obsesión de un deseo"

Capitulo 3: Sarah Brightman

Harry había despachado a toda la gente que los rodeaba, diciendo que él se encargaba, y cuando quedaron solo ellos dos, Vane volvió a quejarse del dolor, hasta que Potter la tomo en brazos, el chico planeaba aparecerse en el hospital mágico, pero de pronto ella se curó milagrosamente.

-¿De verdad no quiere que la lleve a San Mungo? –pregunto Harry preocupado.

-No, no, no –tartamudeo nerviosa, lo último que quería era que la llevara al lugar donde trabajaba y descubrieran que no tenía nada, solo un dolor ficticio. -es algo que me pasa a veces. –añadió al ver la expresión confusa de Harry.

Él solo hizo un gesto de encogerse de hombros, lo cual le resulto complicado ya que seguía manteniéndola en brazos.

-¡¿Espera Harry a donde me llevas?! –chillo asustándolo.

-Al Caldero Chorreante.

-¿Eh?, no es necesario, ya me siento perfecta. –respondió Vane y con mucha lástima tuvo que hacer que el chico la pusiera en el suelo.

Y cuando estuvo en el suelo, ella se sentó en uno de los banco de cemento que se encontraban en la plaza, él se quedo de pie, echo un vistazo a los alrededores y noto que algunas personas que pasaban frente a las tiendas lo miraban y señalaban al reconocerlo como "Harry Potter".

-Insisto en que debería hacerse un chequeo médico, no es normal que sienta esos dolores, puedo recomendarle algún medimago.

-Oh, gracias, pero soy enfermera, y por esa razón puedo decirte que no es nada grave. –contesto ella con una sonrisa coqueta.

Harry la observo con más detenimiento, le pareció que era muy atractiva, con una melena de rizos negros que llevaba ligeramente alborotada, le daban un aire exótico, él pensó que en el físico era completamente opuesta a su mujer, de pronto tuvo un pequeño flash back.

-¡Ya te recuerdo!, -exclamo de repente el pelinegro, el corazón de Vane comenzó a latir con fuerza. -eres la chica que estaba en el estadio, la que me saludo el otro día, ¿verdad? –ella sintió como si de pronto recibiera un baño de agua helada.

-¿No me recuerdas?,-pregunto algo indignada, creyó que Harry la había ayudado porque sabía que era Romilda Vane.

- Por su puesto, eras la que estaba varias filas detrás de mí. –insistió él como si de pronto hubiese encontrado la última pieza del rompecabezas.

Romilda apretó los dientes, sabía que Potter era un hombre que en su vida debía conocer a muchas mujeres, pero olvidarse completamente de ella, era más de lo que su orgullo podía tolerar, "¿intente darle un filtro de amor, como pudo olvidar eso?"

Al recordar ese incidente ella se pregunto cómo reaccionaría Harry si le dijera quien era, ¿se alejaría?, era muy probable que si, después de todo no fue solo una vez que intento darle pociones de amor, "aun no comprendo como nunca comió una", "esa Weasley seguro metió sus garras".

-Soy Sarah. –dijo ella extendiendo su mano.

Así comenzó su primer día como la enfermera Sarah, esa noche cuando llego a su casa, su madre en realidad se había acostado a dormir sin esperarla.

Harry y ella habían hablado mientras tomaban un café, estaba un poco decepcionada, él no era una persona muy conversadora y parece que tampoco logro deslumbrado.

La chica apretó la almohada y se dijo que hallaría una forma de seducirlo y de ninguna manera le revelaría su verdadera identidad, no hasta que tuviera a su bebé en brazos.

En el "Caldero Chorreante" Harry tomaba una copa mientras hablaba con Neville sobre su viaje a Albania, y lo pesado que era manejar su enorme fama cada vez que llegaba a un sitio nuevo.

-Es como si todos quisieran un pedazo de mí. –se quejaba Harry.

La taberna estaba casi vacía, y la esposa de su amigo colocaba las sillas sobre las mesas, Potter era consciente de que Hannah Abbott, los escuchaba, y creía que a ella debía parecerle patético ver al héroe del mundo mágico quejarse como un niño.

-Es que todos quieren un pedazo. –Contesto Longbottom con una sonrisa en sus labios, Potter arrugo la frente, -¡Vamos amigo!, -exclamo palmeando la espalda de Harry, -has vivido con toda esta fama, no me digas que ahora te resulta tan insoportable que preferirías irte a Londres muggle.

-A veces lo pienso, -reconoció con pesadez, esta vez Hannah no pudo evitar mirarlo con cara de sorpresa -pero luego recuerdo a Ginny, a mis hijos, y sé que ellos no podrían vivir sin magia, de hecho yo tampoco podría vivir sin magia.

-¿Y entonces por qué estamos hablando de esto? –pregunto Neville, Potter sonrió con pesar, debía reconocer que últimamente se la pasaba añorando su época de juventud.

-Hace un momento acabo de conocer a una mujer. –comento Harry cambiando de tema.

-¿Otra admiradora loca por ti? –pregunto en tono burlo.

-¡Dios me sabe!, ya he tenido demasiados problemas con Ginny por ese motivo, pero escúchame, esta mujer se llama Sarah, y es bastante extraña.

-¿Extraña cómo, tiene tres pies o algo?

-Estuvo contándome su vida, la gente siempre se acerca a mí para preguntarme sobre mi vida, ¿en qué pensaba cuando me enfrente a Voldermot?, ¿que sentí?, y cosas como esas,no para contarme su historia, y ella lo hizo, a mí que soy un desconocido.

-No eres un desconocido Harry.

Al día siguiente después de su jornada de trabajo Romilda paso frente a la misma plaza, donde el día anterior estuvo hablando con Harry, se detuvo a mirar el banco, hoy se encontraba especialmente sensible, le había tocado ver a una mujer llorar de manera desgarradora, al dar a luz a una niña muerta. Fue algo demasiado fuerte para alguien que desea ser madre.

-Hola. –le saludo una voz masculina, ella se volvió para encontrarse con los ojos verdes de Harry. –Nos volvemos a ver.

-¿Como estas? –Le saludo ella, lanzándole una de sus mejores sonrisas, -¿me andas siguiendo o que?-agrego en tono divertido, pero solo hizo que él se sintiera incomodo.

-Ayer no me dijiste tu apellido, te vi aquí y vine a averiguarlo. –respondió él intentando ser divertido, pero no se le daba muy bien eso, Ron era el gracioso de los tres.

Romilda se tenso, decirle su verdadero apellido estaba descartado, así que dijo el primero que se le vino a la mente, -Brightman, soy Sarah Brightman.

-Brightman –repitió él memorizándolo, haciendo que Vane rogara a Merlín porque Harry no supiera nada de música, ya que saco el nombre de una cantante muggle, la favorita de su hermana menor, que siempre estaba hablando de una tal Sarah Brightman.

-¿Y qué tal ha estado tu día? –pregunto ella.

-Aburrido, ¿y el tuyo?

-Realmente malo, quisiera tomar hasta perder la conciencia, -respondió ella, Potter levanto ambas cejitas, -ya, no pienses que soy una alcohólica, solo he tenido un día terrible.

-La taberna de mi amigo es esa de allá, -señalo el lugar y ella abrió mucho los ojos, -te acompaño a que te emborraches y veremos quien tuvo el peor día –respondió él.

-Sabes algo, nunca he entrado al Cabeza de Puerco. –se abrazo del brazo de Harry haciendo que él se ruborizara.

-Pero es un lugar muy sucio. –replico él.

-¡Te apuesto una comida a que tú te emborrachas primero que yo! –dijo ella arrastrándolo hasta el lugar.

Potter sabía que estaba mal beber con una mujer extremadamente sexy, si Ginny se enterraba lo acusaría de infiel, pero estaba decidido a no consumir ninguna bebida alcohólica.

Romilda por su parte estaba convencida de que esa noche Harry Potter estaría en su cama.


N/A: siento mucho haber tardado tanto en actualizar, lo cierto es que no he tenido mucho tiempo libre, y el que tengo lo he empleado en actualizar otro de mis fics, pero prometo que ya no volveré a dejar esta historia abandonada.

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