Disclaimer:

Los personajes y el libro le pertenecen a Rick Riordan.

Solo las intervenciones y los OC son míos.

Disclaimer:

Los personajes y el libro le pertenecen a Rick Riordan.

Solo las intervenciones y los OC son míos.

Nota: Lamento muchísimo la tardanza.

No creí que hubiera pasado tantísimo tiempo.

Disfrutad del capi.

*-x-*

-Malcolm. ¿Malcolm? ¡Malcolm! ¡Despierta!

El rubio sintió como alguien le sacudía por el hombro.

-Déjame dormir Valdez o te juro que te rebanaré con mi cuchillo.

-¡Qué Valdez ni qué ocho cuartos! ¡Te has quedado dormido en el salón de los tronos mientras leíamos!

El hijo de Atenea abrió los ojos perplejo.

-¿Cómo? ¿Qué? ¿Dormido?

-Sí, la flecha que te lanzó Michael era sedante. -Explicó Percy.

-¿Flecha? ¿De qué flecha hablas? No me lanzó ninguna flecha.

-Sí que lo hice.

Michael sonreía con inocencia.

Chase se levantó de un salto y miró a su alrededor.

-¿Por qué me miras tanto? ¿Tengo algo en la cara?

Como Malcolm no contestaba, el chico dijo:

-Michael amor. ¿Tengo algo en la cara?

-para nada. Estás tan guapo como siempre.

Tommy suspiró aliviado.

-Pero tú… pero yo… Yo…

Malcolm no podía dejar de mirarle.

-¿Has tenido malos sueños Chase? -Rió Clarisse.

El consejero de la cabaña seis le lanzó una mirada asesina.

Finalmente, retrocedió y se sentó al lado de su padre aún muy confundido.

Entonces, se fijó en que una luz azul cubría la sala desvaneciéndose casi al instante.

-¿Quién será esta vez? -Inquirió Hera astiada.

-¿Qué hago aquí padre?

-¿Tritón?

-¿Quién si no?

El dios aparentaba tener unos veinte años.

Era alto, atlético, con el pelo castaño oscuro y los ojos verde mar. Llevaba puesta una túnica que se asemejaba a las olas del mar.

Apolo se levantó sonriendo ampliamente y se acercó al recién llegado.

-¿Qué haces dios pervertido? ¿Para qué te acercas?

El dios del sol sonrió aún más.

Llegó a la altura del otro dios y le acarició la frente y el pelo con dulzura.

Tritón se ruborizó, parpadeó un par de veces y miró incrédulo a su alrededor.

-¿En serio me habéis hecho venir para esto? ¿Tengo que escuchar la lectura de un hermanastro bastardo y ver cómo mi padre tontea con un semidiós?

-Tritón… Te advierto…

El mencionado miró a Lee de arriba a abajo con desprecio.

-Qué decadencia… ¿En serio? ¿Con… ése?

El hijo de Apolo no dijo nada. Tenía todas las de perder si se enfrentaba a un dios.

-Cuando madre se entere…

-¡Basta Tritón! ¡Siéntate allí y mantente en silencio!

Poseidón transformó una esfera de agua en un trono menor al que sus hermanos y él tenían e hizo que su hijo se sentara.

Lee estaba al lado de su hermano Will mirando cómo Michael y Tommy se besaban.

Poseidón le hizo señas para que se acercara pero el rubio no hizo caso.

El dios del mar apretó los dientes y se cruzó de brazos enfurruñado.

-Comienza a leer amante de Hades. -Dijo al cabo de un rato.

Ethan muy ruborizado, obedeció.

*-x-*

Capítulo 3. Tomamos el taxi del eterno tormento.

*-x-*

Percy gruñó.

-¿Buenos recuerdos? -preguntó Will.

-Oh sí. Maravillosos…

*-x-*

Malcolm nos esperaba en un callejón de la calle Church. Tiró de Tyson y de mí justo cuando pasaba aullando el camión de los bomberos en dirección a la Escuela Meriwether.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó, señalando aTyson.

*-x-*

-¿Disculpa? -Se indignó Charles.

El rubio no dijo nada.

*-x-*

En otras circunstancias me habría alegrado mucho de verle. El verano anterior habíamos acabado haciendo las paces, pese a que su madre fuese Atenea y no se llevara demasiado bien con mi padre.

*-x-*

-Eso es un eufemismo. -Resopló Tritón.

*-x-*

Y yo seguramente le había echado de menos bastante más de lo que estaba dispuesto a reconocer.

*-x-*

Percy se puso muy colorado.

-Pero qué dulce eres Sesos de alga.

-Cállate Chico listo.

Todos estaban riendo debido a la incomodidad del hijo del dios del mar.

*-x-*

Pero en aquel momento acababa de atacarme un grupo de gigantes caníbales; Tyson me había salvado la vida tres o cuatro veces, y todo lo que se le ocurría a Malcolm era mirarlo con fiereza, como si él fuese el problema.

*-x-*

Beckendorf miró mal al rubio.

*-x-*

—Es amigo mío —le dije.

—¿Es un sin techo?

—¿Qué tiene eso que ver? Puede oírte, ¿sabes? ¿Por qué no se lo preguntas a él?

Él pareció sorprendido.

—¿Sabe hablar?

*-x-*

El hijo de Hefesto tenía los dientes apretados y un destornillador en la mano derecha.

-¿Te gusta Tyson? -Preguntó Afrodita. ¿A caso le conoces?

Charles miró brevemente a Silena.

-¡Chyson! ¡Es un nuevo shipp!

-Si ni siquiera conoces al chaval. -Gruñó Ares. -Lo mismo es solo un mortal o un monstruo…

Afrodita le lanzó una mirada fulminante y el dios de la guerra se quedó sabiamente en silencio.

*-x-*

—Hablo —reconoció Tyson—. Tú eres muy guapo.

—¡Puaj! ¡Asqueroso! —exclamó apartándose de él.

No podía creer que se comportara de un modo tan grosero.

*-x-*

-Estás siendo cruel. -Dijo Hestia.

-Lo entenderéis cuando sepáis por qué. -Murmuró el hijo de Atenea.

*-x-*

Le miré las manos a Tyson, esperando ver un montón de quemaduras a causa de aquellas bolas ardientes, pero no, las tenía en perfecto estado: mugrientas, eso sí, y con cicatrices y unas uñas sucias del tamaño de patatas fritas. Pero ése era su aspecto habitual.

*-x-*

Los dioses se miraron entre sí.

*-x-*

—Tyson —dije con incredulidad—. No tienes las manos quemadas.

—Claro que no —dijo Malcolm entre dientes—. Me sorprende que los lestrigones hayan tenido las agallas de atacarte estando con él.

*-x-*

-¿Es un cíclope? -Preguntó Hermes.

-¿Cómo va a ser un cíclope? ¿Tú eres tonto o qué? -Preguntó Atenea.

-Bueno… Perdóname por suponer que alguien que ha atrapado bolas de fuego y no se ha quemado las manos, pueda ser un cíclope.

-No dices más que tonterías.

Sin embargo, la diosa ya no estaba tan convencida de que su medio hermano hubiese dicho una estupidez.

*-x-*

Tyson parecía fascinado por el pelo rubio deMalcolm. Intentó tocarlo, pero él le apartó la mano con brusquedad.

*-x-*

-Eres muy desagradable. -Gruñó Charles.

Todos le miraron con asombro.

El chico no solía enfadarse pero ahora parecía que quería lanzarle el destornillador al pobre Malcolm.

*-x-*

—Malcolm —dije—, ¿de qué estás hablando? ¿Lestri… qué?

—Lestrigones. Esos monstruos del gimnasio. Son una raza de gigantes caníbales que vive en el extremo norte más remoto. Ulises se tropezó una vez con ellos, pero yo nunca los había visto bajar tan al sur como para llegar a NuevaYork…

—Lestri… lo que sea, no consigo decirlo. ¿No tienen algún nombre más normal?

*-x-*

-Tampoco es tan difícil de decir. Aunque claro… Teniendo el padre que tienes…

Percy y Tritón miraron a la diosa de la sabiduría con rabia.

*-x-*

Él reflexionó un momento.

—Canadienses —decidió por fin—. Y ahora, vamos. Hemos de salir de aquí.

*-x-*

-Creo que a Frank no le gustaría que te refieras a los gigantes caníbales como canadienses. -Comentó Percy.

Malcolm le sonrió un poco ruborizado.

-¿Quién es Frank? -Quiso saber Lee.

-Un semidiós que… Bueno… Cuando le conocimos… -Trató de explicar Percy.

-Lo sabréis más tarde. -Intervino Malcolm.

El ojiverde le miró agradecido.

*-x-*

—La policía debe de estar buscándome.

*-x-*

-Bueno… Ya estás acostumbrado.

Poseidón miró mal a su sobrino.

-Vamos tío P. Hermes no ha mentido. -Dijo el dios del sol.

*-x-*

—Ése es el menor de nuestros problemas —dijo—. ¿Has tenido sueños últimamente?

*-x-*

Afrodita movió las cejas.

-¿Qué tipo de sueños…?

-¡Tenía doce años! -Chilló Percy tapándose la cara.

La diosa se encogió de hombros.

*-x-*

—Sueños… ¿sobre Grover?

Su cara palideció.

—¿Grover? No. ¿Qué pasa con Grover?

Le conté mi pesadilla.

—¿Por qué me lo preguntas? ¿Sobre qué has soñado tú?

La expresión de sus ojos era sombría y turbulenta, como si tuviera la mente a cien mil kilómetros por hora.

*-x-*

-¿Y no es así como tiene siempre la mente? -Preguntó Chris.

Castor y Pólux asintieron de acuerdo con él.

*-x-*

—El campamento —dijo por fin—. Hay graves problemas en el campamento.

—¡Mi madre me ha dicho lo mismo! ¿Pero qué clase de problemas?

—No lo sé con exactitud, pero algo no va bien. Tenemos que llegar allí cuanto antes. Desde que salí de Virginia me han perseguido monstruos intentando detenerme. ¿Tú has sufrido muchos ataques?

*-x-*

Frederic abrazó a su hijo con fuerza.

Siempre estaba preocupado por él y muchas noches no podía dormir bien.

*-x-*

Meneé la cabeza.

—Ninguno en todo el año… hasta hoy.

*-x-*

-¿Cómo es posible? Si es un hijo de los tres grandes. -Dijo Tritón.

*-x-*

—¿Ninguno? ¿Pero cómo…? —Se volvió hacia Tyson—. Ah.

—¿Qué significa «ah»?

Tyson levantó la mano, como si aún estuviera en clase.

—Los canadienses del gimnasio llamaban a Percy de un modo raro… ¿Hijo del dios del mar?

*-x-*

-¡Qué adorable!

Alejandro comenzó a llorar.

Ares miró mal a su amante.

Cuando logró calmarlo, le dejó en una cuna que Hefesto había construído.

*-x-*

Malcolm y yo nos miramos.

No sabía cómo explicárselo, pero sentí que Tyson se merecía la verdad después de haber arriesgado la vida.

—Grandullón —dije—, ¿has oído hablar de esas viejas historias sobre los dioses griegos? Zeus, Poseidón,Atenea…

*-x-*

-Me ha nombrado y a vosotros no. -Dijo el rey de los dioses con suficiencia.

Apolo se sintió muy ofendido.

-Ya está la Reina del drama… - suspiró Hades.

*-x-*

—Sí.

—Bueno, pues esos dioses siguen vivos. Es como si se desplazaran siguiendo el curso de la civilización occidental y vivieran en los países más poderosos, de modo que ahora se encuentran en Estados Unidos. Y a veces tienen hijos con los mortales, hijos que nosotros llamamos «mestizos».

*-x-*

-¿Le has revelado nuestros secretos a un mortal? -Bramó Hera.

Antes de que la discusión pudiera continuar, Poseidón levantó su tridente e hizo que el hijo de Némesis siguiera leyendo.

*-x-*

—Vale —dijo Tyson, como esperando que llegara a lo importante.

—Bueno, pues Malcolm y yo somos mestizos —dije—. Somos como… héroes en fase de entrenamiento. Y siempre que los monstruos encuentran nuestro rastro, nos atacan. Por eso aparecieron esos gigantes en el gimnasio. Monstruos.

—Vale.

Lo miré fijamente. No parecía sorprendido ni desconcertado, lo que me sorprendió y desconcertó a mí.

*-x-*

Apolo y Hermes levantaron las manos.

-A nosotros también nos sorprende. -Dijo Hefesto levantando la mano segundos después.

*-x-*

—Entonces… ¿me crees?

Tyson asintió.

—Pero ¿tú eres… el hijo del dios del mar?

—Sí —reconocí—. Mi padre es Poseidón.

El frunció el ceño. Ahora sí parecía desconcertado.

*-x-*

-Esto es extraño. -Murmuró Deméter.

*-x-*

—Pero entonces…

Se oyó el aullido de una sirena y un coche de policía pasó a toda velocidad por delante del callejón.

—No hay tiempo para esto ahora —dijo Malcolm—. Hablaremos en el taxi.

—¿Un taxi hasta el campamento? —dije—. ¿Sabes lo que nos puede costar?

—Tú confía en mí.

Titubeé.

—¿YTyson?

*-x-*

-Los mortales no pueden entrar al campamento. -Espetó Hera.

-¿A ti qué te importa? Ni siquiera tienes niños allí. -Dijo Afrodita.

-Bueno… pero los utilizo para algunas misiones.

Los semidioses la miraron mal.

Ella sonrió y se recostó en su trono.

-Qué asco me da. -Susurró Thalia.

*-x-*

Por un momento imaginé que llevaba a mi gigantesco amigo al Campamento Mestizo. Si ya se volvía loco en un territorio normal con los abusones de costumbre, ¿cómo iba a reaccionar en un campamento de semidioses? Por otro lado, la policía debía de estar buscándonos a los dos.

—No podemos dejarlo aquí —decidí—. Se vería metido en un buen aprieto.

—Ya. —Malcolm adoptó una expresión sombría—. Tenemos que llevárnoslo, no hay duda. Venga, vamos.

*-x-*

Los dioses les miraron con incredulidad.

*-x-*

No me gustó su manera de decirlo, como si Tyson fuera una enfermedad maligna que requiriera hospitalización urgente. Aún así, le seguí hasta el final del callejón. Los tres nos fuimos deslizando a hurtadillas por los callejones del centro, mientras una gran columna de humo se elevaba a nuestras espaldas desde el gimnasio de la escuela.

*-x-*

Ares sonrió. Le gustaba el caos.

Tritón vostezó con aburrimiento.

*-x-*

—Un momento. —Malcolm se detuvo en la esquina de las calles Thomas y Trimble, y rebuscó en su mochila—. Espero que aún me quede alguna.

Su aspecto era incluso peor de lo que me había parecido al principio. Tenía un corte en la barbilla y un montón de ramitas y hierbas enredadas en su pelo rizado, como si llevara varias noches durmiendo a la intemperie. Los desgarrones del dobladillo de sus vaqueros se parecían sospechosamente a las marcas de unas garras.

*-x-*

Frederic miró a su hijo de pies a cabeza varias veces asegurándose de que estaba bien.

*-x-*

—¿Qué estás buscando? —pregunté.

Sonaban sirenas por todas partes. Supuse que no tardarían en pasar más policías por allí delante, en busca de unos delincuentes juveniles especializados en bombardear gimnasios. Seguro que Matt Sloan ya había hecho una declaración completa, y probablemente había tergiversado tanto las cosas que ahora los caníbales sedientos de sangre éramos Tyson y yo.

*-x-*

-Aún quiero lanzarle mi martillo a ese estúpido abusón. -gruñó Beckendorf.

*-x-*

—He encontrado una, loados sean los dioses.

Malcolm sacó de la mochila una moneda de oro. Era un dracma, la moneda oficial del monte Olimpo, con un retrato de Zeus en una cara y el Empire State en la otra.

*-x-*

El dios de los cielos sonrió con suficiencia.

-No te creas tan genial. Nadie es tan fabuloso como yo.

-Cierra tu gaseoso pico Apolo.

-¡Zeus! ¡No le hables así al niño!

-Pero Hestia…

-¡Pídele disculpas!

-¡Pero él ha empezado!

-¡Zeus…!

-¡No pienso…

Ante la mirada fulminante de todos sus hermanos, el dios se aclaró la garganta y rectificó:

-Lo siento hijo mío.

-No es suficiente. Has herido mi frágil corazón, mi dignidad y mi orgullo.

-¡Serás…! ¡Tú no estás herido en ninguna parte!

Apolo miró a Hestia con lágrimas en los ojos.

-¡Zeus! ¡Trátalo bien! ¡Es solo un niño sensible!

-¿Este sensible? ¿Un niño? ¡pero si tiene más de cuatro mil años y medio!

-Se olvidó de mi cumpleaños. -Gimoteó el dios de la curación.

-¡Solo fue una vez! ¡Y fue hace cincuenta años!

-¡Pero aún me duele!

-¡Te regalé un coche de lujo!

-¡Que Ares rompió!

-¡No te hagas el dolido conmigo! Sé que te han rechazado tantas veces que ya no te afecta.

-¡Pero tú eres mi padre! ¡El único que tengo!

Los semidioses contemplaban la escena muy sorprendidos.

-Pasa cada dos décadas o así. -Explicó Hefesto sin mirar a los adolescentes.

Hermes se acercó al trono del dios del sol y le abrazó para darle más dramatismo a la escena.

-¡Zeuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuusssssssssssssssssssssssss!

-¿Lo… Siento?

-¡Al final de este capítulo, te pondremos una penitencia por tratar así a tu hijo!

El dios del rayo se alivió. Su hermana siempre le ponía castigos fáciles.

-¡Y no creas que te has librado! Hades será quien te ponga el castigo.

-¿Qué? ¿Ese sádico?

Hestia le miró muy enfadada.

-Vale… Ya me callo.

-Ethan, Cielo. Sigue leyendo.

El asiático le sonrió a la diosa del hogar.

*-x-*

—Malcolm —le dije—, ningún taxista de NuevaYork va aceptar esa moneda.

—Stéthi —gritó él en griego antiguo—. ¡Ó hárma diabolés!

*-x-*

-Ya entiendo el título del capítulo. -Gimió Poseidón.

-Esas… "mujeres" me dan escalofríos. -Dijo Apolo.

Hermes ya había vuelto a su trono y estaba trabajando.

Tecleaba sin parar en una especie de máquina mientras hablaba con sus serpientes.

*-x-*

Como siempre, en cuanto se puso a hablar en la lengua del Olimpo, yo le entendí sin dificultades.

Había dicho: «Detente, Carro de la Condenación.»

*-x-*

Clarisse se estaba aburriendo porque no había acción y le tiró una lata a Grover.

El sátiro no estaba atento, así que le dio en la nariz.

*-x-*

Fuera cual fuese su plan, aquello no me inspiraba mucho entusiasmo precisamente.

Malcolm arrojó la moneda a la calle. Pero en lugar de tintinear como es debido, el dracma se sumergió en el asfalto y desapareció.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Luego, poco a poco, en el mismo punto donde había caído la moneda, el asfalto se oscureció y se fue derritiendo, hasta convertirse en un charco del tamaño de una plaza de parking… un charco lleno de un líquido burbujeante y rojo como la sangre. De allí fue emergiendo un coche.

*-x-*

Los semidioses estaban escuchando con atención.

Ellos no habían viajado en aquel carro.

*-x-*

Era un taxi, de acuerdo, pero a diferencia de cualquier otro taxi de NuevaYork no era amarillo, si no de un gris ahumado. Quiero decir: parecía como si estuviese formado por humo, como si pudieras atravesarlo. Tenía unas palabras escritas en la puerta —algo como HREMNAS SIGRS—, pero mi dislexia me impedía descifrarlas.

*-x-*

-Hermanas grises. -Dijo Atenea.

-oh. Cuánta inteligencia…

-¡Cierra tu marina boca Tritón!

El dios le sacó el dedo del medio.

*-x-*

El cristal de la ventanilla del copiloto se bajó y una vieja sacó la cabeza. Unas greñas grisáceas le cubrían los ojos, hablaba raro, farfullando entre dientes, como si acabara de meterse un chute de novocaína.

*-x-*

-¿Cómo sabes eso? -Cuestionó Michael.

Percy sonrió con inocencia.

*-x-*

—¿Cuántos pasajeros?

—Tres al Campamento Mestizo —dijo Malcolm. Abrió la puerta trasera y me indicó que subiera, como si todo aquello fuese normalísimo.

*-x-*

-Todo muy normal. -Dijo Luke.

-Completamente normal. -Secundó Ethan.

-La normalidad está sobrevalorada. -Dijo Will.

Lee y Michael asintieron de acuerdo con él.

-Di Angelo.

-¿Qué quieres Solace?

El joven se acercó y le acarició la mejilla suavemente haciendo que el menor se sonrojara.

-¿Qué haces?

-Tenías algo ahí.

Will sonrió y le acarició la comisura de los labios.

-¿Solace?

-Tenías un poquito de chocolate.

-¿No os parece que hacen una pareja adorable?

-Perséfone tiene razón. -Apolló Hermes.

Apolo y Hades se miraron desafiantes.

-¡Solangelo es mi OTP! De momento. -Gritó Afrodita.

Los mencionados se ruborizaron.

*-x-*

—¡Agg! —chilló la vieja—. No llevamos a esa clase de gente. —Señalaba a Tyson con un dedo huesudo.

¿Qué demonios ocurría? ¿Sería el día delAcoso Nacional a los Chicos Feos y Grandullones?

*-x-*

-Perseus Jackson…

-Oye Charlie… ¿podrías bajar esos alicates? -pidió el ojiverde.

Con un gruñido furioso, el hijo de Hefesto le amenazó de nuevo pero bajó su arma improvisada.

*-x-*

—Ganará una buena propina —prometió Malcolm—. Tres dracmas más al llegar.

—¡Hecho! —graznó la vieja.

Subí al taxi a regañadientes. Tyson se embutió en medio y Malcolm subió el último.

El interior también era de un gris ahumado, pero parecía bastante sólido; el asiento estaba rajado y lleno de bultos, o sea que no era muy diferente de la mayoría de los taxis. No había un panel de plexiglás que nos separase de la anciana dama que conducía… Un momento… No era una dama. Eran tres las que se apretujaban en el asiento delantero, cada una con el pelo grasiento cubriéndole los ojos, con manos sarmentosas y vestidos de arpillera gris.

*-x-*

-Qué gris es todo. -Dijo Castor.

-Esas descripciones me dan grima. -Comentó Chris.

Ares bufó.

*-x-*

—¡Long Island! —dijo la que conducía—. ¡Bono por circular fuera del área metropolitana! ¡Ja!

Pisó el acelerador y yo me golpeé la cabeza con el respaldo. Por los altavoces sonó una voz grabada:

«Hola, soy Ganímedes, el copero de Zeus, y cuando salgo para comprarle vino al Señor de los Cielos, ¡siempre me abrocho el cinturón!»

*-x-*

Zeus suspiró de manera soñadora.

-¡Ni pienses que volverás a ver a ese copero! -Chilló Hera.

-¡haré lo que me dé la gana!

-¡Callaos ya! ¡Me dais dolor de cabeza! -Gritó Deméter.

*-x-*

Bajé la vista y encontré una larga cadena negra en lugar del cinturón de seguridad. Decidí que tampoco

era tan imprescindible… al menos de momento.

*-x-*

-Inocente, inocente Percy… -Suspiró Apolo.

*-x-*

El taxi aceleró mientras doblaba la esquina de West Broadway, y la dama gris que se sentaba en medio chilló:

—¡Mira por dónde vas! ¡Dobla a la izquierda!

—¡Si me dieras el ojo, Tempestad, yo también podría verlo!

A ver, un momento. ¿Qué era aquello de darle el ojo?

No tuve tiempo de preguntar porque la conductora viró bruscamente para esquivar un camión que se nos venía encima, se subió al bordillo con un traqueteo como para astillarse los dientes y voló hasta la siguiente manzana.

*-x-*

-¡Yo quiero subir allí! -Exclamó Chris.

Los demás semidioses levantaron la mano.

*-x-*

—¡Avispa! —le dijo la tercera dama a la conductora—. ¡Dame la moneda del chico! Quiero morderla.

—¡Ya la mordiste la última vez, Ira! —contestó la conductora, que debía llamarseAvispa—. ¡Esta vez me toca a mí!

—¡De eso nada! —chilló la tal Ira.

—¡Semáforo rojo! —gritó la que iba en medio,Tempestad.

—¡Frena! —aulló Ira.

En lugar de frenar, Avispa pisó a fondo, volvió a subirse al bordillo, dobló la esquina con los neumáticos chirriando y derribó un quiosco.

*-x-*

-Yo quiero subir. -Gimoteó Michael.

-Yo creo que vomitaré. -Susurró Tommy.

*-x-*

Mi estómago debía de haberse quedado tres calles atrás.

—Perdone —dije—. Pero… ¿usted ve algo?

—¡No! —gritó Avispa, aferrada al volante.

—¡No! —gritó Tempestad, estrujada en medio.

—¡Claro que no! —gritó Ira, junto a la ventanilla del copiloto (o del artillero, en las películas).

*-x-*

-¿Conduce ciega? jajajajajajajaja. -Rió Lee. -A Nathan le encantará escuchar esto.

Michael y Will estuvieron de acuerdo con él.

-¿Por qué le encantaría escuchar esto? ¿Y quién es Nathan? -Inquirió Atenea.

-Es un hermano nuestro y es ciego. -Aclaró Will.

-Por cierto… ¿Cómo está? -Quiso saber Michael.

-Mejor que nunca. -Rió Will. -Está saliendo con un hijo de Deméter.

-¿Hay un ciego en el campamento? -Rió Atenea. -Qué desperdicio.

-Con todo respeto Señora. Pero no tiene derecho a reírse de mi hermano.

La diosa le ignoró.

Atenea, Por despreciar a un invidente, todo el siguiente capítulo, no podrás ver nada. -Dijo Hestia.

-Pero…

-¡No repliques! -Gritó la diosa del hogar. -Estoy muy decepcionada de ti.

Con una seña, Zeus le pidió a Ethan que continuara la lectura.

*-x-*

Miré a Malcolm.

—¿Son ciegas?

—No del todo —contestó él—. Tienen un ojo.

—¿Un ojo?

*-x-*

-¿Qué haces durante las clases de historia? -Quiso saber Michael.

Percy sonrió misteriosamente.

Sally alzó una ceja de manera interrogante.

*-x-*

—Sí.

—¿Cada una?

—No. Uno para las tres.

*-x-*

Tommy tenía la cara verde.

*-x-*

Tyson soltó un gruñido a mi lado y se aferró al asiento.

—No me siento bien.

—Ay, dioses —exclamé, recordando cómo se mareaba en las excursiones del colegio y, la verdad, no era algo que te apeteciera presenciar a menos de quince metros—. Aguanta, grandullón. ¿Alguien tiene una bolsa o algo así?

Las tres damas grises iban demasiado ocupadas riñendo entre ellas como para prestarme atención. Miré a Malcolm, que se agarraba como si en ello le fuera la vida, y le eché una mirada de cómo —me —has —hecho —esto —a —mí.

—Bueno —me dijo—, el Taxi de las Hermanas Grises es la manera más rápida de llegar al campamento.

*-x-*

-Eso seguro. -Murmuró Silena. -A esa velocidad…

*-x-*

—¿Entonces por qué no lo tomaste desdeVirginia?

—Eso no cae en su área de servicio —replicó, como si fuera la cosa más evidente del mundo—. Sólo trabajan en la zona de Nueva York y alrededores.

*-x-*

-Es la clase de cosas que deberías saber. -Hironizó Michael.

-¿Cuándo vas a dejar de fastidiar? -Preguntó Malcolm.

-Tal vez… Cuando me muera.

Los semidioses le fruncieron el ceño.

-¿Qué he dicho ahora?

*-x-*

—¡Hemos llevado a gente famosa en este taxi! —exclamó Ira—. ¡A Jasón, por ejemplo! ¿Os acordáis?

—¡No me lo recuerdes! —gimió Avispa—. Y en esa época no teníamos taxi, vieja latosa. ¡Ya hace tres mil años de aquello!

—¡Dame el diente! —Ira intentó agarrarle la boca a Avispa, pero ella le apartó la mano.

—¡Sólo siTempestad me da el ojo!

—¡Ni hablar! —chillóTempestad—. ¡Tú ya lo tuviste ayer!

—¡Pero ahora estoy conduciendo, vieja bruja!

—¡Excusas! ¡Gira! ¡Tenías que girar ahí!

*-x-*

-Me recuerdan a las peleas de estos tres. -Declaró Deméter.

Hades, Poseidón y Zeus la miraron con resentimiento.

*-x-*

Avispa viró por la calle Delancey y me vi estrujado entre Tyson y la puerta. Ella siguió dando gas y salimos propulsados por el puente deWilliamsburg a ciento y pico por hora.

Las tres hermanas se peleaban ahora de verdad, o sea, a bofetada limpia. Ira trataba de agarrar a Avispa por la cara y ésta intentaba agarrársela a Tempestad. Mientras se gritaban unas a otras con los pelos alborotados y la boca abierta, me di cuenta de que ninguna de ellas tenía dientes, salvo Avispa, que lucía un incisivo entre amarillento y verdoso. En lugar de ojos, tenían los párpados cerrados y hundidos, con excepción de Ira, que sí disponía de un ojo verde inyectado en sangre que lo escrutaba todo con avidez, como si no le pareciera suficiente nada de lo que veía.

*-x-*

-¿Por qué tus descripciones son tan exactas? -Se quejó Pólux.

*-x-*

Finalmente fue ella, Ira, que llevaba ventaja con su ojo, la que logró arrancarle el diente de un tirón a su hermana Avispa. Esta se puso tan furiosa que rozó el borde del puente de Williamsburg, mientras chillaba:

—¡Devuélvemelo! ¡Devuélvemelo!

Tyson gimió y se agarró el estómago.

*-x-*

-El chico va a vomitar. -Dijo Dioniso.

-¿Pero estás prestando atención? -Se sorprendió Afrodita.

-Te repites.

*-x-*

—Por si alguien quiere saberlo —dije—, ¡vamos a morir!

*-x-*

Poseidón miró perplejo a su hijo.

-No digas ese tipo de cosas. A tu padre podría darle un infarto. -Regañó Apolo.

-Pero si sois inmortales. -Dijo Luke.

-Pero puede tener infartos. No le mataría, pero es bastante doloroso.

*-x-*

—No te preocupes —dijoMalcolm, aunque sonaba superpreocupado—. Las Hermanas Grises saben lo que hacen. Son muy sabias, en realidad.

Aún viniendo del hijo de Atenea, aquel comentario no logró tranquilizarme. Corríamos a toda velocidad por el borde mismo del puente, a cuarenta metros del East River.

—¡Sí, muy sabias! —Ira nos lanzó una ancha sonrisa a través del retrovisor y aprovechó para lucir el diente que acababa de apropiarse—. ¡Sabemos cosas!

*-x-*

-Un sabio sabe cosas. -Dijo Hermes fingiendo sorpresa.

Atenea le lanzó dagas con la mirada.

*-x-*

—¡Todas las calles de Manhattan! —dijo Avispa fanfarroneando, sin dejar de abofetear a su hermana—. ¡La capital de Nepal!

—¡La posición que andas buscando! —añadió Tempestad.

*-x-*

-Para ser muy sabias… No tienen muchas luces… -Murmuró la diosa de la sabiduría.

*-x-*

Sus hermanas se pusieron a aporrearla desde ambos lados, mientras le gritaban:

—¡Cierra el pico! ¡Ni siquiera lo ha preguntado!

—¿Cómo? —dije—. ¿Qué posición?Yo no estoy buscando…

*-x-*

-Hijo del barba molusco tenía que ser. -Murmuró Atenea.

Tritón la empapó con agua helada.

*-x-*

—¡Nada! —dijo Tempestad—. Tienes razón, chico. ¡No es nada!

—Dímelo.

—¡No! —chillaron las tres.

—¡La última vez que lo dijimos fue terrible! —dijo Tempestad.

—¡El ojo arrojado a un lago! —asintió Ira.

—¡Años para recuperarlo! —gimióAvispa—. Y hablando de eso, ¡devuélvemelo!

—¡No! —aulló Ira.

—¡El ojo! —se desgañitóAvispa—. ¡Dámelo!

*-x-*

Alejandro se reía sin parar desde su cunita.

*-x-*

Le dio un mamporro a Ira en la coronilla. Se oyó un ruido repulsivo —¡plop!— y algo le saltó de la cara. Ira lo buscó a tientas, intentó atraparlo, pero lo único que logró fue golpearlo con el dorso de la mano. El viscoso globo verde salió volando por encima de su hombro y fue a caer directamente en mi regazo.

*-x-*

-¡Qué ascoooooooooooooo! -Exclamó Ethan.

-Podrían habértelo regalado.

-¡Malcolm! ¡Eso ha estado de más! -Regañó Quirón.

El rubio agachó la cabeza.

*-x-*

Yo di un salto tan brutal que me golpeé la cabeza con el techo y el globo ocular cayó rodando.

—¡No veo nada! —berrearon las tres hermanas.

—¡Dame el ojo! —aulló Avispa.

—¡Dale el ojo! —gritóMalcolm.

—¡Yo no lo tengo! —dije.

—Ahí, lo tienes al lado del pie —dijo Malcolm—. ¡No lo pises! ¡Recógelo!

—¡No pienso recogerlo!

*-x-*

-Si no lo recoges, será peligroso para vuestra seguridad. -Dijo Hermes.

-¿Desde cuándo te importa la seguridad? -Quiso saber Dioniso.

-Desde que a ti no te importa.

Ambos hermanos se sonrieron y se echaron a reír como si no hubiesen estado discutiendo.

*-x-*

El taxi golpeó la barandilla y continuó derrapando, pegado a aquella barra de metal, con un espantoso chirrido de afilar cuchillos. El coche temblaba y soltaba una columna de humo gris, como a punto de disolverse por pura fricción.

—¡Me voy a marear! —avisó Tyson.

—Malcolm —grité—, ¡déjale tu mochila aTyson!

—¿Estás loco? ¡Recoge el ojo!

Avispa dio un golpe brusco al volante y el taxi se separó de la barandilla. Nos lanzamos hacia Brooklyn a una velocidad muy superior a la de cualquier taxi humano. Las Hermanas Grises chillaban, se daban mamporros unas a otras y reclamaban a gritos el ojo.

Al final, me armé de valor. Rasgué un trozo de mi camiseta de colores, que ya estaba hecha jirones de tan chamuscada, y recogí el globo ocular.

*-x-*

Tommy se estremeció.

*-x-*

—¡Buen chico! —gritó Ira, como si supiera de algún modo que su preciado ojo se hallaba en mi poder —. ¡Devuélvemelo!

—No lo haré hasta que me digas a qué te referías. ¿Qué era eso de la posición que estoy buscando?

*-x-*

-Chico listo. -Felicitó Poseidón.

Tritón bufó.

Su padre le lanzó una mirada de advertencia.

*-x-*

—¡No hay tiempo! —chilló Tempestad—. ¡Acelerando!

Miré por la ventanilla. No había duda: árboles, coches y barrios enteros pasaban zumbando por nuestro lado, convertidos en un borrón gris. Ya habíamos salido de Brooklyn y estábamos atravesando Long Island.

—Percy —me advirtió Malcolm—, sin el ojo no podrán encontrar nuestro destino. Seguiremos acelerando hasta estallar en mil pedazos.

—Primero han de decírmelo —contesté—. O abriré la ventanilla y tiraré el ojo entre las ruedas de los coches.

—¡No! —berrearon las Hermanas Grises—. ¡Demasiado peligroso!

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Grover baló asustado.

-Tranquilo niño cabra. Percy está aquí. -Dijo Castor.

-No ha explotado en trocitos… Aún…

-¡Clarisse!

-¿Asustado Principito?

Malcolm la miró mal.

Sally y Poseidón estaban mirando a su hijo como si fuera a estallar en mil pedazos.

*-x-*

—Estoy bajando la ventanilla.

—¡Espera! —gritaron las hermanas—. ¡Treinta, treinta y uno, setenta y cinco, doce!

—¿Y eso qué es? ¡No tiene ningún sentido!

—¡Treinta, treinta y uno, setenta y cinco, doce! —aulló Ira—. No podemos decirte más. ¡Y ahora devuélvenos el ojo! ¡Ya casi llegamos al campamento!

*-x-*

-Coordenadas. -Murmuraron Tritón y su padre.

*-x-*

Habíamos salido de la autopista y cruzábamos zumbando los campos del norte de Long Island. Ya veía al fondo la colina Mestiza, con su pino gigantesco en la cima: el árbol de Thalia, que contenía la energía vital de una semidiosa heroica.

*-x-*

Thalia sonrió con suficiencia.

*-x-*

—¡Percy! —dijo Malcolm con tono apremiante—. ¡Dales el ojo ahora mismo!

Decidí no discutir. Solté el ojo en el regazo deAvispa.

La vieja dama lo agarró rápidamente, se lo colocó en la órbita como quien se pone una lentilla y parpadeó.

—¡Uau!

Frenó a fondo. El taxi derrapó cuatro o cinco veces entre una nube de polvo y se detuvo chirriando en mitad del camino de tierra que había al pie de la colina Mestiza.

Tyson soltó un eructo monumental.

—Ahora mucho mejor.

*-x-*

-Menos mal que ya ha acabado el viajecito. -Gimoteó Tommy.

Michael le dio un suave beso en los labios.

*-x-*

—Está bien —les dije a las Hermanas Grises—. Decidme qué significan esos números.

—¡No hay tiempo! —Malcolm abrió la puerta—. Tenemos que bajar ahora mismo.

Iba a preguntar por qué, cuando levanté la vista hacia la colina Mestiza y lo comprendí.

En la cima había un grupo de campistas. Y los estaban atacando.

*-x-*

-¿Cómo que atacando? ¿En el campamento? -Se sorprendió Apolo.

Algunos asintieron.

-Ya ha acabado el capítulo. -Anunció Ethan.

-Yo leeré el siguiente. -Dijo Chris.

El hijo de Némesis le lanzó el libro que estuvo a punto de darle en la cara.

Clarisse lo atrapó con una mano y se lo dio a su novio.

-¿vienes Lee?

El rubio negó.

-¿Por favor?

-Mejor será que me quede aquí. -Murmuró.

-Oye chico. No me preocupa que te acuestes con mi padre.

-Tritón mejor cierra la boca. -Dijo Apolo al ver que a su tío le latía una vena en la sien.

Lee se encogió de hombros y se dio la vuelta para preguntarle algo a Will.

Hestia chasqueó los dedos y la visión de Atenea se oscureció.

La diosa se quedó muy quieta.

-¿Y cuál será mi castigo? -Preguntó Zeus burlonamente.

Hades sonrió con maldad.

En ese momento, una luz amarilla cubrió la sala.

Hera bufó pero no abrió la boca.

*-x-*

Nota:

¿Qué castigo sería el ideal para Zeus?

Pongamos a trabajar nuestras mentes para obtener una idea genial y divertida.

Lo lamento si he ofendido a alguien por lo del joven ciego.

No era mi intención.

Yo soy ciega como Nathan que por cierto, es un OC.

¿Qué os parece el castigo de Atenea?

¿Quién queréis que aparezca en el cap siguiente?