Capítulo 3: Destino.

"El espejo se ve en el espejo".

Duncan Idaho, Casa Capitular: Dune, Frank Herbert.

Kankuro los escoltó hasta la puerta de la oficina principal, los ANBU de guardia se apartaron. Kankuro abrió la puerta, indicándoles que entraran y los siguió en silencio. El Kazekage los recibió en el amplio y ordenado recinto. La vestimenta azul-blanca resaltaba sus dos características sobresalientes: grandes ojos color aguamarina y fino cabello rojo-quemado, llamas sangrientas que acentuaban la palidez natural del delicado rostro, tonalidades aún más contrastados por el atardecer que comenzaba a despedir al día de Suna colándose por los amplios ventanales. Hizo una ligera inclinación de cabeza en reconocimiento a su presencia, los ojos apenas evidenciando un ligero desconcierto.

– Kazekage-sama –saludaron ambos haciendo una pequeña reverencia.

– Kakashi-san, Sakura-san... ¿Naruto-kun? –preguntó.

– Naruto se encuentra entrenando, Kazekage-sama. Tsunade-sama consideró que no era necesario llamarlo de regreso para esta misión –contestó Kakashi.

– Kazekage-sama, me gustaría ir ahora mismo al hospital –declaró Sakura.

– Sakura, tal vez debieras descansar un poco –intervino Kakashi.

– Puedo soportarlo –dijo ella sonriendo. Kakashi asintió.

– Kankuro, acompaña a Sakura-san al hospital. –Dijo Gaara dirigiéndose a su hermano.

Ambos salieron de la habitación y Gaara indicó a Kakashi que se sentara. Una kunoichi acercó discretamente una bandeja con un servicio de té y galletas. Kakashi carraspeó para esconder la risa que amenazaba escapársele, parecía ser que en efecto, al Kazekage de Suna le gustaban las galletas. ¿Quién habría pensado que fuera de diente dulce? Gaara esperó paciente a que el ninja-copia hablara, mordisqueando discreto una galleta.

– Kazekage-sama... –comenzó Kakashi, dominando la ansiedad que sentía por alcanzar a Sakura en el hospital.

– Nuestros medi-nin son excelentes, con la ayuda de Sakura-san, Chita-san se recuperará.

– Kaze-

– Gaara.

– ¿Perdón? –pestañeó confundido.

– Llámame Gaara.

Era curioso cómo la voz de Gaara tenía esa cualidad de mando a pesar de su edad. Le había pedido que prescindiera de las formalidades en el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido, se sintió desconcertado ante la mirada tranquila de ese joven tan circunspecto.

– ¿Chita-san es importante para ti, Kakashi-san? –preguntó Gaara a quemarropa, como si pudiera leer sus pensamientos más íntimos.

Nuevamente el desconcierto.

¿Todos los jinchūriki son tan perceptivos?

Kakashi no contestó. Gaara era considerado un genio, incluso en Kohoha; por algo había sido nombrado Kage, que no era un título que se adquiría por herencia. Esos ojos de color increíble ocultaban una aguda inteligencia. Mantenía una cuidadosa estoicidad en el rostro, que no traicionaba el hecho de haber sufrido vivencias extremas.

– La Hokage me informó que el equipo Kakashi había sido enviado en misión a Suna –comenzó Gaara, sin esperar la respuesta del hombre y cambiando el tema con rapidez– solicitó se asignara una persona al equipo para comenzar la investigación. Ya he solicitado del Raikage la gracia diplomática, en caso de que sea necesario ir a Rai no Kuni.

– ¿Has asignado al nuevo miembro del equipo?

– Iré yo.

– Kazekage-sa... Gaara-sama, no creo que sea...

– Gaara solamente. –Interrumpió.– Suna... Yo, tengo una deuda con Konoha, y es evidente, por la rapidez con que Sakura-san y tú llegaron aquí, que Chita-san es importante para… Konoha y Konoha es importante para Naruto. –Declaró con sencillez, ojos límpidos, desprovistos de la violencia que le conociera 3 años atrás.

"Para Naruto... no es cuestión de política, es personal".

No obstante, Kakashi advirtió la ligera pausa antes de que dijera 'Konoha'. La implicación era clara, estaba extendiendo su amistad al resto del equipo de Naruto.

Gaara se levantó y trajo de su escritorio una gruesa carpeta. Se la tendió a Kakashi, sentándose nuevamente.

– Es el reporte del equipo de interrogación. He asignado habitaciones para ustedes en el complejo de la torre, así como una guardia ANBU para cada uno –Gaara se ocupó en rellenar su taza de té y en escrutar el contenido, acunándola entre delicados dedos.

Kakashi se recordó con firmeza lo notable de la percepción del joven, así que antes de echarle un vistazo a la información enmascaró con más cuidado aún sus emociones.

Es curioso cómo, cuando estás a la expectativa de algo y esto sucede, el cuerpo reacciona con agitación y sudor frío; el tiempo parece detenerse y te encuentras en la disyuntiva de si enterarte de algo que temes conocer o apurar el cáliz hasta el fondo. Kakashi abrió el legajo que, a primera vista, estaba meticulosamente detallado. Luchó por un momento entre la necesidad de saber y la de ir al lado de Sakura para enterarse del estado de Chita.

Sabía, por las palabras anteriores de Gaara, enfocadas en definitiva a otorgarle un nivel de confianza mayor, que podía confiar en él, pero esperaría a leer el informe obtenido por los interrogadores antes de tomar una decisión al respecto. No obstante, si la 'suposición' de Tenzô era cierta, los asuntos internos de Konoha habían llegado al punto de choque con los personales y ese era un aspecto delicado que en definitiva no entraba dentro de la información que pudiera entregar a un Kage de otra nación.

'Proteger lo que es importante para ti' no era una simple afirmación, era la base que daba origen a la voluntad de fuego.

Gaara se levantó de pronto, dejando la taza sobre la bandeja, el contenido intacto.

– Me excuso, Kakashi-san, tengo algunos asuntos por atender.

La discreción del Kazekage resultó algo inesperado para Kakashi, aunque la sutil elegancia de apostura y modales eran propios de la crianza en el seno de una familia de alto nivel, e independientes del horrible pasado que el joven de la arena había vivido.

– Gaara-sa... Gaara, –se corrigió– me dirigiré al hospital.

– El equipo ANBU te escoltará –dijo Gaara levantándose, Kakashi le siguió, tomando la gruesa carpeta que contenía el informe.

– Mañana al mediodía te informaré mi decisión –dijo Kakashi, el Kazekage se limitó a asentir.

Gaara observó al hombre abandonar las instalaciones a toda velocidad, escoltado por dos ANBU. Miró ausente las tazas de té y advirtió que Kakashi no había tocado el suyo. La reprimida inquietud del hombre, hábilmente camuflada con una máscara imperturbable, asomaba apenas en mínimos detalles.

Gaara mismo era un maestro en ocultar sus emociones, 'los shinobis no demuestran sus emociones'. Era parte del código ninja.

Sin saltarse el protocolo, la Hokage había asentado en el breviario la misión de Sakura y también indicaba que, una vez que Kakashi estudiara los resultados del interrogatorio, decidiría si dirigir o no una misión de investigación, según y donde fuera conveniente, en caso afirmativo solicitaba un ninja para cubrir la ausencia del resto del equipo, manteniendo el equipo en un precario mínimo de 3.

La premura de la medi-nin en dirigirse al hospital a pesar del obvio cansancio pintado en su pálido rostro, más que otra cosa, le había hecho pensar en la posible importancia personal que pudiera tener la ANBU o para la aldea de Konoha o para la misma Tsunade. Ese pequeño tic en la parte del pómulo visible de Kakashi cuando objetó el cansancio de Sakura, y la rápida mirada de ella tratando de darle algo de tranquilidad...

Kakashi lo intrigaba. Era cierto que el hombre no era de charla inútil, aunque con su equipo parecía llevar una relación afable. La apariencia perezosa y apática eran una extensión de la máscara que cubría su verdadero ser. Sus informes indicaban las paradas ocasionales con Naruto en Ichiraku, y tan sólo dos lazos especiales, entre Sarutobi Asuma, recién fallecido, y Maito Gai.

Recordaba al último del poco tiempo que permanecieron en Suna tras su rescate; Kakashi apoyando un brazo familiarmente sobre los hombros de Gai, mientras éste le ayudaba a mantenerse de pie sosteniéndolo por la cintura. Se preguntó cómo era posible que dos personalidades tan diferentes pudieran tener una amistad semejante. Sin embargo, esos mismos informes asentaban que ambos se habían graduado a edad muy temprana en la academia, aunque en años diferentes, y ambos eran ex-ANBU. Entonces, no era de extrañarse que fueran maestros en el arte del engaño, usando máscaras, aunque diferentes.

El suave sonido de la puerta al abrirse lo sacó de sus pensamientos, era Kankuro.

– Temari ha sido dada de alta, ahora mismo está reposando en sus aposentos. –Informó Kankuro agarrando la abandonada taza de té, ya frío, y un par de galletas– Sakura-san comenzó el tratamiento de Chita-san.

– ¿Cuál es su estado?

– Sakura-san dice que es posible que tarde toda la noche en sanar las heridas, pero mientras esperaba a Temari para traerla a casa, me informaron que ya había conseguido eliminar del todo el anticoagulante residual del cuerpo de Chita-san –respondió Kankuro entre bocados de galleta.

– Entonces todo estará bien.

– Si alguien puede sacarla adelante es ella –sonrió Kankuro, encogiendo los hombros, finalmente Sakura le había salvado a él cuando ninguno de sus médicos había conseguido encontrar el antídoto contra el veneno de Sasori.

Gaara asintió, la chica era talentosa, no sólo como médico. No tenía todos los detalles de la lucha contra Sasori, pero el hecho de que la misma Chiyo-baa hubiera aceptado pelear codo a codo con ella indicaba una habilidad superior, sin contar que derrotar a un Akatsuki era algo de lo que pocos podían vanagloriarse.

Ahogó un bostezo y su hermano lo miró, la boca ligeramente curvada en una sonrisa. Ahora que podía dormir parecía bebé, resistiéndose.

– ¿Qué? –preguntó Gaara, hostil.

– Vete a dormir hermanito –dijo Kankuro, la calidez de su voz envolviendo a Gaara como una suave cobija.

Esa muestra de afecto era algo que Kankuro hacía únicamente cuando estaban solos. Gaara hizo un gesto que equivaldría a elevar una ceja, "tal vez debería dejarlas crecer", pensó, de todos modos era tan sólo una forma de declarar su personalidad. Deseaba dormir, pero todavía no conseguía acostumbrarse.

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Luces mortecinas alumbraban los pasillos del hospital, dándoles esa cualidad amarillenta que parecía predominar en todo el ambiente de Suna. Las sombras se alargaban contra las paredes y el suelo, definiendo patrones trémulos y fantasmales que parecían poseer vida. Más adelante había una habitación bien iluminada, de donde provenían sonidos ahogados de conversaciones. Uno de sus ANBU escolta señaló la puerta corrediza de cristal y Kakashi se detuvo enfrente, era una sala de aislamiento, se podía ver el interior. A cada lado, otro par de guardias lo saludaron inclinando la cabeza en señal de reconocimiento. Se sentó en la banca, dominando la aprensión y la necesidad visceral de entrar.

El fuerte olor a desinfectante, hierbas medicinales y el ozono de la liberación del chakra asaltó sus fosas nasales. Un medi-nin limpiaba el sudor de la frente de Sakura mientras ésta se inclinaba sobre el cuerpo de Chita. Jeringas alineadas en una charola metálica eran vaciadas para ser rellenadas casi al instante. Diferentes contenedores eran llevados y traídos conforme progresaba, dando indicaciones en voz baja.

Un grupo de medi-nin en entrenamiento observaba la escena formando un semi-círculo alejado un par de metros del grupo a cargo. Kakashi observó que tomaban notas en actitud concentrada. Todos ellos jóvenes, como Sakura, en los rostros veía reflejada la misma admiración que sentía él al verla trabajar tan segura de sí misma.

Se encogió mentalmente al ver las sacudidas silenciosas que el cuerpo de Momo hacía mientras Sakura enmendaba algún hueso roto o herida profunda. Él mejor que nadie sabía el dolor que causaba esa regeneración obligada de tejidos, particularmente el óseo.

Impotencia.

"Estar aquí sin poder hacer otra cosa que esperar".

Sakura se había convertido en una medi-nin excelente por el mismo motivo que Naruto entrenaba, para recuperar algo que era precioso para ambos. Naruto, conforme a su personalidad, consideraba que ser más fuerte le permitiría traer de vuelta a Sasuke, así fuera a punta de golpes; Sakura, era probable que lo supiera, se vería obligada a curar a ambos tras ese encuentro, y Kakashi pensaba que ese era el principal motivo tras el duro entrenamiento médico a que se había sometido por voluntad propia a tan corta edad.

Era propio de los Hokage entrenar a genins con potencial extraordinario. Sandaime había entrenado a 'los tres': Jiraiya, Orochimaru y Tsunade. Ahora el destino había jugado chueco una vez más y sus tres primeros genin habían sido tutorados por cada uno de ellos: Jiraiya a Naruto, Orochimaru a Sasuke y Tsunade a Sakura. Y esos tres niños eran la reencarnación de 'los tres', Naruto poseía la misma vena boba que Jiraiya, Sasuke la ambiciosa maldad de Orochimaru y Sakura la peligrosa mezcla entre violencia y ternura mal conciliada que poseía Tsunade. Sí, el destino era bastante burlón.

Desde cualquier punto de vista, el paso natural a seguir era declarar a Sasuke como renegado e incluirlo en el libro Bingo como objetivo de eliminación. ¿Cuál era el motivo verdadero tras la renuencia de Tsunade en tomar esa decisión?, ¿tal vez la esperanza de que, esta vez, las cosas resultaran diferentes?, no podía pensar que la Hokage se dejara llevar por el sentimentalismo, debía haber algo más, tal vez tratar de enmendar un error cometido hacia los Uchiha, tal vez un interés médico en conservar unos genes maldecidos, quizá mantener una promesa a alguien que ya había muerto, tal vez recuperar a Sasuke para control de daños... o quizá se debía al innegable amor que la líder de la Hoja sentía por Naruto.

"Hay demasiados 'tal vez' para alcanzar una conclusión".

La anciana Chiyo había dicho que los viejos habían conformado un mundo violento, que era tiempo que las nuevas generaciones se hicieran cargo de cambiarlo. Sin embargo, a toda acción corresponde una reacción igual en sentido opuesto. Era evidente que el agitar de las alas de la mariposa, varias generaciones atrás, había comenzado a generar el huracán que asolaría Konoha.

Los pecados del pasado se convierten en las expiaciones del presente. El mundo estaba tan lleno de pecados...

"¿Cuál es mi papel en este gran drama?, ¿por qué cree Tenzô que me he convertido, una vez más, en blanco?"

Se extrajo de sus pensamientos para abrir la pesada carpeta, el pragmatismo consiguiendo abrirse paso en su cerebro.

Chita.

Tímidas gotas de lluvia se evaporaban antes de alcanzar el suelo. El aire se sentía cargado de electricidad y los cuerpos reaccionaban con aprensión, con una especie de animosidad que provocaba gestos irascibles y ademanes poco hospitalarios entre la gente que se apresuraba a regresar a casa.

Chita avanzó por las calles de la pequeña aldea. Al estar vestida con ropajes característicos del lugar no llamaba particularmente la atención. Ubicó la calle y el nombre de la taberna donde haría contacto: "El Colmillo", el astroso grabado de colmillos sobre la placa de vieja madera, que pendía oscilando en la suave brisa, indicaba que había vivido tiempos mejores.

Los olores de tabaco, opio y alcohol, entremezclados con el de humanidad, asaltaron sus fosas nasales. Recorrió por instinto el lugar, ubicando las posibles rutas de escape si la situación resultaba ser una trampa. Uno de los clientes le acarició el trasero y ella respondió con un manotazo distraído, provocando las groseras risas de los acompañantes del hombre.

Un hombre alto y atractivo se acercó a ella, invitándole un trago. Chita sonrió con coquetería y lo siguió a una de las mesas situadas en uno de los lugares más reservados y oscuros de la taberna. El hombre se presentó en voz baja:

– Llámame Tôshiro. –Dijo sin mayor ceremonia sentándose, ella le imitó. Él hizo una seña y una señora de edad avanzada se acercó con una botella de sake y varios servicios.

Una pareja, aparentemente flirteando, se acercó a ellos, saludaron y se sentaron. Chita había recibido de la Hokage los archivos de quienes serían sus contactos, reconoció a los 3 presentes, los dos hombres y la kunoichi espía a quien debía reemplazar. El grupo comenzó a charlar animadamente para hacerse notar ante el resto de la clientela. Transcurridos un par de horas Tôshiro se levantó y la tomó de la mano; fueron seguidos por la otra pareja, se encaminaron a las habitaciones posteriores bajo una ola de silbidos y groseros gritos de ánimo.

Entraron en un cuarto, Tôshiro aseguró la puerta y selló el interior con una barrera anti-sonido, el otro hombre revisó disimuladamente los alrededores y corrió las cortinas de la única ventana.

Ambas mujeres se sentaron en la cama. La chica comenzó:

– Tu nombre será Yamazaki Eiko. Tienes dos semanas para completar la misión, que es cuando termina mi contrato de trabajo. El objetivo cambia la servidumbre cada mes, a fin de evitar que se familiaricen con el lugar. El señor de la casa se precia de escoger gente estúpida y débil, –encogió los hombros– estos son los planos de la mansión. –Extendió los documentos sobre la cama.

– ¿Carácter?

– Eiko es sumisa, tímida, reservada, habla poco y normalmente mantiene la vista baja.

– ¿Turnos?

– 18/6, a la servidumbre, un total de 6 más el mayordomo, se les permite 24 horas libres a la semana, el resto del tiempo nadie puede entrar o salir de la mansión. Los roles cambian cada semana. Tu turno comienza a las 6 de la mañana.

– ¿Relaciones?

– Makoto es el novio oficial de Eiko, se reúnen los viernes aquí en "El Colmillo", ocasionalmente se encuentran con otras parejas. Eiko no mantiene relaciones amistosas con nadie de la servidumbre, pero las fichas del resto están aquí también. Hay cinco jounin protegiendo al pergamino, aquí están sus cédulas –liberó del sello un nuevo papiro y extendió el contenido– dos de ellos se mantienen de guardia, tres en el interior, incluye un análisis posible de sus jutsus. Cuatro shinobis más, posiblemente de grado chuunin completan las rotaciones de guardia de la mansión.

El otro shinobi, que se había presentado como Makoto, se retiró de la ventana y se sentó en cuclillas, iniciando una larga secuencia de sellos desconocida, mientras ella memorizaba el mapa de la mansión y Eiko le indicaba los puntos donde podría moverse sin despertar sospechas. Señaló con un dedo la localización de las habitaciones principales y el lugar donde estaba protegido el pergamino.

– Cambian la ubicación al mismo tiempo que la servidumbre –anotó Eiko.

Con cada una de las fichas del objetivo y sus secuaces, así como del resto de la servidumbre, Eiko hacía una anotación, indicando tal o cual característica. Chita no pudo menos que asombrarse de la extraordinaria habilidad y profesionalismo de la kunoichi, sin duda un ANBU del Rayo o incluso uno de los guardianes del señor feudal.

Chita, ahora Eiko, recorrió con eficacia la rutina de cambio de voz y los escasos ajustes del henge requeridos para doblar a la perfección a la original. Sus complexiones físicas eran casi idénticas, así como el color de los ojos, el cabello hubo de recortarlo un poco y teñirlo, ambas decidieron hacer este paso manualmente para ahorrar chakra. Tras varios ensayos de postura, voz y actitudes, Tôshiro, que según su información de contacto era el capitán, quedó satisfecho.

Unas cuantas horas después, los cuatro se dispusieron a abandonar la habitación. Eiko y ella intercambiaron ropas, henge y parejas, desaliñando un poco ropajes y apariencias. Tôshiro revolvió las camas y se dedicó a dejar evidencias regadas por aquí y por allá, al final sacó de sus holgados pantalones un pequeño atomizador, salpicó el aire y la cama, para luego rociarlos a ellos. Chita arrugó la nariz.

– Se supone que tuvimos sexo –afirmó Eiko casualmente.

– Uh...

– Makoto arregló los 'efectos especiales' –agregó Tôshiro con una sonrisa lobuna que hizo enrojecer a ambas kunoichi.

– Hay que dar espectáculo –sonrió Makoto de oreja a oreja, autosatisfecho de su trabajo.

Salieron por la puerta trasera del establecimiento, perdiéndose entre las sombras. Eiko se despidió acompañada de Tôshiro y Makoto la escoltó hacia la mansión tomándola de la cintura. El alba comenzaba a despuntar cuando alcanzaron la esquina de la calle. Makoto se inclinó a darle un apasionado beso en los labios y le deseó suerte al oído, recordándole, en voz alta, encontrarse la semana entrante.

– Hey Eiko –dijo uno de los ninjas a cargo de la puerta– ¿larga noche no?

– Disculpe, Noriko-san –contestó ella, bajando la cabeza.

– ¡Puff, ve a bañarte! –exclamó el ninja abriendo el portón y arrugando la nariz. Momo enrojeció hasta la raíz del cabello.

– Cualquiera diría con lo tímida que eres... –dijo el otro guardia, burlón. Chita se apresuró a entrar, manteniendo el rubor en su rostro.

– Lo mismo de siempre –dijo Noriko encogiendo los hombros.

Tras una semana, ya totalmente familiarizada con el movimiento interno de la residencia, se dispuso a llevar a cabo la misión. Hitsunogi Mizuki era un criminal de alto nivel, había visto su registro en algunos libros Bingo, aunque Konoha nunca había recibido la misión de darle caza; por lo que pudo averiguar, al día siguiente se llevaría a cabo la entrega del pergamino a uno de los miembros de Akatsuki. La larga estancia parecía congruente con la estricta 'agenda de trabajo' de Akatsuki, el dos y el cuatro colas habían desaparecido de la existencia. Reclutar miembros nuevos no parecía ser una prioridad de la organización.

Aunque Eiko le había informado que el equipo de Mizuky se dirigiría como primer paso a Amegakure, sabía que debía eliminar al objetivo y tomar el pergamino antes que cayera en manos equivocadas. El tiempo se había reducido en una semana.

Dispuso un kage bunshin de Eiko y lo envió a reunirse con Makoto, que la esperaba en la esquina. Escondida en la penumbra del pequeño almacén de pertrechos, tardó un poco en acostumbrarse a la doble percepción del clon de sombra y su yo real. Liberó el pequeño pergamino que guardaba su uniforme. El atavío de ANBU, sin distintivos ostensibles, fue completado por una túnica con capucha negra que la cubría totalmente, máscara incluida. Se dirigió a los aposentos de Mizuky. Esperó oculta entre las sombras, regulando su respiración y latido cardiaco al mínimo y encubriendo su chakra. En silencio activó la barrera de aislamiento que había colocado previamente, antes de entrar en la amplia habitación. Propio de un shinobi en fuga, se dijo, espacio suficiente para maniobrar y rutas de escape por todos lados.

El hombre parecía dormir. Chita esperó a que el sonido de su respiración se hiciera estable y desenvainó la katana y el ninjatō.

– Sé que estás ahí, pequeña rata –dijo el hombre sin volverse.

Ella ahogó la sorpresa y salió de entre las sombras. Lanzando un kunai que impactó con un simple sustituto.

– Así que han enviado uno de sus sicarios. ¿Quién?, ¿Konoha, Suna, Kumo? No importa, no servirá de nada, estás muerto. –El hombre escudado tras la cama lanzó varios kunai que ella desvió sin dificultad con el ninjatō. "Veneno" pensó al ver el extraño tinte de las hojas.

– ¿No hablas? Ya veo.

Hablar mientras se peleaba a muerte le parecía innecesario, aunque algunos lo hacían para amedrentar o desconcentrar al enemigo. Chita se movió a tiempo para evitar el jutsu de agua que Mizuky lanzó sobre ella, una ola que se esparció en miles de pequeños alfileres. Como no estaba dispuesta a emitir un solo sonido, desvió los residuos con ambas armas a gran velocidad, enfocándose en ubicar al objetivo que se había desplazado al centro de la habitación. Los ataques del hombre la contenían, pero ella seguía avanzando lenta e inexorable, midiendo los niveles de chakra de él tras cada jutsu que le enviaba. Parecía tener un repertorio bastante amplio, agua y fuego, una combinación elemental poco afortunada, pero que usaba con generosidad y habilidad.

"Demonios Eiko, necesito ese chakra, ¿qué pasa?"

Mizuky se abalanzó sobre ella esgrimiendo una katana, aprovechando esa ligera distracción en que Chita hizo el chequeo de su clon y de la barrera aislante. Nada en el cuerpo de la asesina delató el alivio que sintió cuando él prescindió de ninjutsus para enfrentarla físicamente.

El choque del metal resonó en la habitación. Mizuky daba rápidas estocadas y tajos que ella bloqueaba o desviaba a ambas manos. El brillo en la hoja del hombre le llamó la atención, su cuerpo se tensó automáticamente para evitar el ataque.

"¡Una hoja de chakra!"

Mizuky saltó alejándose de ella un par de metros y descargó la hoja contra el tatami, encendiendo un camino de fuego que ella evadió saltando en el aire. Por un rato siguió manteniéndola a raya, lo que sólo indicaba que en cualquier momento aparecerían refuerzos. Las llamas comenzaron a esparcirse alrededor, en poco tiempo llamarían la atención de manera indeseada. Chita tomó la decisión y cargó hacia él, dejando atrás las llamaradas.

Mizuky sonrió, "el asesino tiene que estar desesperado para atacar de frente".

Lanzó la katana hacia él apuntando al corazón y, en el momento en que él la desvió, aceleró; Chita observó la trayectoria que la hoja del hombre hizo al regresar y justo en ese momento sintió la recarga del chakra del clon regresando a su cuerpo. El ninjatō atravesó la garganta del hombre que la miró sin comprender, el filo de su propia hoja había sido detenido a escasos milímetros del cuello del asesino por esa misma katana que él había desviado. "Una katana de sombra" elaboró antes de que el mundo se volviera oscuro.

Chita extrajo el ninjatō y devolvió en arco la hoja de la katana decapitando al ninja en un fluido movimiento inverso. El cuerpo cayó haciendo un ruido sordo y ella deshizo el sello de aislamiento. La habitación crujió y comenzó a derrumbarse y Chita apenas tuvo el tiempo suficiente para salir al exterior. Dos de los guardias, atraídos por el incendio, se abalanzaron contra ella, sin mucho esfuerzo los puso fuera de combate, eran dos de los chuunin, uno de ellos Noriko, el que la había recibido cuando llegó.

Se dirigió a toda la velocidad de que era capaz hacia la sección habitacional donde se custodiaba el pergamino, separada de la residencia principal por un amplio jardín. Gritos de alarma ante el incendio y gente corriendo con baldes de agua ayudaron a que su presencia pasara desapercibida. Había un shinobi afuera de cada una de las dos puertas, en extremos opuestos. Haciendo gala de su habilidad decapitó a uno de ellos en un ágil movimiento. Se desplazó hacia el otro extremo y noqueó al otro guardia antes de enterrarle el ninjatō en el corazón.

Examinó el exterior del lugar. Habían colocado una barrera de protección que se activaba desde dentro. Maldijo en su interior. Habría querido ahorrar chakra y mantener su sigilo. Comenzó la secuencia de sellos y se enterró, ubicando conscientemente el punto donde terminaba la barrera bajo tierra, era demasiado profundo. El flujo de su chakra comenzaba a disminuir cuando por fin pudo empezar a ascender. Consiguió romper el tatami que cubría la habitación.

Los tres jounin la miraron sorprendidos, uno de ellos cayó, la garganta atravesada por un kunai. Los otros dos se movieron evadiendo las afiladas armas y flanqueando el pergamino, kunai en mano. Chita era mucho mejor cuerpo a cuerpo que a larga distancia, evaluó su chakra y volvió a maldecir.

Un sexto sentido la alarmó al instante, tenía que terminar con esto de una vez, no había opción, no había tiempo para detenerse a evaluar esa extraña sensación que la estaba llenando de una aprensión absurda. Relajó el cuerpo y concentró el chakra. Pronunció en voz baja "Durgā, seguido por "Uzu".

Ojos estupefactos se centraron en la figura del asesino parado frente a ellos. Las manos enguantadas prácticamente volaron formando los sellos de invocación, un león negro apareció al mismo tiempo que un tinte rojizo cambiaba las negras vestimentas a un color rojo-sangre. La invocación saltó de inmediato sobre el de la izquierda, derrumbándolo. El ninja acuchillaba enloquecido a la bestia, forcejeando con toda la fuerza de que era capaz. El león le clavó los afilados colmillos en el cuello y sacudió la cabeza.

El otro ninja vio, desesperado, la rojiza aparición ante él, desvió el primer ataque de ambas hojas con agilidad, dejando espacios abiertos que fueron aprovechados por una sobrehumana ráfaga de golpes que resultó imposible parar. Unos segundos después caía sin vida. Chita sintió su propio jutsu desaparecer casi simultáneo al sello de protección. Demasiado agotada para hacer algo más, extendió la mano para coger el pergamino.

Un murmullo comenzó a aumentar de intensidad en el momento en que lo tocó, convirtiéndose gradualmente en una opresión casi física que la puso de rodillas, sintió el suave morro de la invocación deslizarse entre sus piernas montándola sobre musculosas espaldas, en tanto el corazón se le aceleraba y un sudor frío le recorría el cuerpo. La bestia saltó en el aire, atravesando la pared casi en el mismo segundo en que el lugar hacía implosión con un sofocado silbido.

Kurotsuya se alejó internándose en el bosque, se detuvo dejando a Chita deslizarse de sus lomos. Al borde de la inconsciencia, la mujer acarició el morro del animal.

– ¿No crees que exageraste un poco Chita-chan? –gruñó la bestia enseñando un colmillo burlón.

– Mal presentimiento Kurotsuya-chan –contestó ella en el mismo tono.

– De no ser por nuestro contrato, ya estarías convertida en hilachas –contestó la invocación enseñando las afiladas garras.

– También te quiero.

– Si te desmayas podría cambiar de opinión –dijo la bestia plantando una pesada pata sobre el cuerpo.

– Estoy en riesgo si no retiras tus patas –gruñó Chita a medio sentir, luchando por permanecer consciente un poco más.

– ¿Qué demonios fue eso?

– Supongo que un jutsu prohibido de tipo gravitación, aunque no estoy segura.

– Sí, el lugar entero pareció absorberse sobre sí mismo.

Chita tragó una píldora de soldado, esperando que al menos la adrenalina la mantuviera despierta, ya que su chakra estaba casi totalmente agotado. Tenía suerte de que Kurotsuya siguiera a su lado, pero se abstuvo de comentarlo, ese león era voluntarioso como él solo.

Lo había sentido, esa ligera vibración en el ambiente que indicaba la llegada de algo desconocido, de algo capaz de arrancar el alma de cualquier ser vivo que estuviera dentro del rango de esa barrera. No había evaluado bien la situación. Nunca advirtió la presencia de la segunda barrera sobre el pergamino. Se sintió irritada por el absurdo error que la había obligado a usar una de sus técnicas límite contra dos jounin.

La píldora surtió el efecto esperado, sintió el corazón acelerar el latido y exigirle al cuerpo un rendimiento anormal. La descarga de adrenalina la hizo sentir ansiosa y se levantó, había recibido unos cuantos cortes sin importancia, más producto de la extraña implosión que de los guardias. A lo lejos pudo observar el incendio de la mansión, esperando de manera interna que los estragos no incluyeran víctimas colaterales.

**********************

El resto de la información contenida era tan solo un rutinario, aunque meticuloso, registro de las aldeas que Chita había recorrido hasta encontrarse con los ninjas de Suna. De ahí en adelante el recuento era igual en todos los detalles narrados por Tenzô.

Cerró finalmente la carpeta. Se restregó su ojo y fue entonces que advirtió el peso de la cabeza de Sakura sobre su hombro, durmiendo plácidamente. Sonrió con afecto, debía estar agotada, casi se reprochó por no obligarla a descansar, pero sabía de sobra que Tsunade le había dado órdenes estrictas. El ANBU de guardia respondió a la silenciosa mirada que le dirigió.

– Sakura-san no quiso interrumpirlo, dijo que esperaría a que terminara de leer el reporte.

Kakashi asintió en reconocimiento y reclinó el cuerpo de Sakura sobre la banca, acomodando la mochila de la niña bajo su cabeza. Entró a la sala privada que albergaba a una, todavía inconsciente, mujer.

El pecho de Chita ascendía y descendía de manera estable. Las vendas cubrían casi toda la superficie de su cuerpo dejando pocas partes descubiertas. Kakashi se sentó a un lado de la cama de hospital y entrelazó uno de los dedos de la kunoichi entre los suyos, no queriendo perturbar su descanso. El dedo se enganchó a los suyos por voluntad propia y él alzó la vista, esperando ver algún destello de consciencia, pero solamente encontró párpados cerrados sobre profundas ojeras, labios resecos y el ceño contraído en un gesto de agotamiento.

– Chita-san ya está fuera de peligro, Kakashi-san –informó una de las medi-nin presentes, echando un ojazo curioso a los dedos de él– la extrajimos del coma inducido, pero Sakura-san le inyectó un somnífero para evitar que se moviera demasiado.

– ¿Podría administrarle algún relajante muscular a Sakura? –inquirió, la medi-nin le miró interrogante.– Tuvimos una agotadora jornada –explicó Kakashi sonriendo.

– Por supuesto –replicó la joven, dirigiéndose a donde se encontraba Sakura.

Kakashi elevó la mano de la mujer, besándola con suavidad y la depositó sobre las sábanas. Dándole un último vistazo se retiró, cerrando con cuidado la puerta. Se acercó a Sakura que se restregaba los ojos mientras la medi-nin retiraba la aguja de uno de sus brazos, parecía una muñeca de trapo.

Kakashi agradeció a la joven y tomó a Sakura en brazos. Flanqueado por su escolta ANBU se dirigió al complejo de la Torre Kazekage.