A tiny hello to you!
Espero que disfrutéis de la lectura y teneros por aquí el próximo miércoles.
Violeta y Verde
Otro día normal. Aburridamente normal. Ryan era un niño moreno, de tez pálida y ojos verdes, como los de su padre, pero estos no eran vivos como los de su progenitor. Él era más parecido a su madre. Incluso llevaban un colgante idéntico. No era un niño muy cariñoso o apegado, pero en su interior sabía que era el niño de mamá. Papá se esforzaba por estar más cerca de él, sí, pero no sentía que estuvieran en la misma onda. Ni siquiera entendía qué había visto su madre en él. A veces la escuchaba reírse de los chistes más malos que jamás había oído y no comprendía cómo podía fingir tan bien que le parecía divertido. A él le daba igual, a fin de cuentas, eran sus padres, ellos sabrían.
Ryan era distinto, porque desde muy temprana edad había sido más de leer un buen libro y más bien serio que el resto de niños de su edad. Sabía que con anterioridad había sido cariñoso y juguetón, pero con el tiempo se había definido mejor su personalidad solitaria. A pesar de ello, sus padres seguían empeñados en que hiciera amigos, y muchas veces lo llevaban al parque, a los cumpleaños de otros compañeros de clase; pero él prefería estar en casa. Solo toleraba la compañía de otra niña, una a la que conocía bien, y era porque respetaba su espacio, su silencio y sus cosas: ella era Korine, la hija de unos amigos de sus padres, y sobre todo, era su mejor amiga, aunque nunca se lo diría. Por otra parte y con el paso de los años, la única persona que sabía que Ryan solo toleraba la compañía de Korine, era su hermana Crow, que se había hecho muy amiga de Galfore, quizá por el tiempo que Ryan pasaba con Korine.
Habiendo empezado el instituto, ya con quince años, Ryan se había dado cuenta de que era un bicho raro para la gran mayoría. Lo miraban por los pasillos, le señalaban con el dedo, incluso habían intentado hacerle alguna travesura pero, sin saber cómo, solía librarse. Recordó una vez que llevando la bandeja de la comida, pudo ver que le ponían la zancadilla, y no había marcha atrás. Cerró los ojos para recibir el impacto, pero no llegó y tanto él como el resto de alumnos de la mesa, se quedaron pasmados ante aquella proeza. Él se limitó a continuar como si nada, como si nunca hubiese sabido de la broma que había esquivado, y terminó su comida en silencio, sin mirar a sus acompañantes en la mesa.
El chico había dejado de invitar a Korine a casa, y es que no le gustaba que entrasen en su habitación. Para evitar malos ratos, decidió juntarse con ella exclusivamente en la calle, y eso era poco frecuente. Aun así, y a pesar de hablar bastante menos, Korine nunca dejó de sentarse junto a él en la mesa. Con ella siempre iban sus respectivos hermanos y los mellizos Stone: Héctor y Naomi. Él era el más alto, con diferencia, y no solo porque fuese dos años mayor que el resto, sino porque su padre era el más alto de los amigos de sus padres. Tenía el cabello oscuro, ojos de un azul intenso, como Víctor, y su vida era el deporte. Tenía la tez oscura, como su hermana. Ella adoraba la música, y, a pesar de ser también morena, se teñía el cabello de rubio, el cual le quedaba mejor de lo esperado pues resaltaba mucho sus ojos, del mismo azul que su padre y su hermano. Héctor solía vestir con ropa deportiva, o por lo general muy cómodo, con vaqueros y alguna camiseta. Le gustaba mucho el verde. Ella prefería los colores como el blanco y si hacía frío se enfundaba una bonita cazadora de cuero negro, como las que le gustaban a Ryan. Se llevaba bien con ellos, pero no trataba con gente a menudo y ellos no eran la excepción. Quizá debería molestarse en conocerlos mejor, porque le parecían buena gente y solían hablar con él, pero estaba seguro de que admitían su presencia porque iba con Korine, por lo que prefirió seguir siendo distante con ellos. Era un chico complicado, y eso lo sabía desde hacía un año.
Ryan estaba solo en casa, algo que le encantaba, y se metió al cuarto de baño para darse una ducha después de la clase de educación física en la que le habían obligado a participar. Se miró al espejo tras quitarse una de sus tantas sudaderas negras y observó el collar que reposaba contra su pecho pálido. Lo llevaba desde antes de que pudiera recordar y le habían advertido que no debía quitárselo jamás, sin embargo, pensó que no sería para tanto si un día no se duchaba con él puesto. Lo pasó por su cabeza y lo dejó sobre el lavabo para volver a mirarse a los ojos. Dio un considerable salto hacia atrás, asustado. Parpadeó, se frotó los ojos, pero no cambió el reflejo que le daba el espejo: allí estaba él, más pálido de lo normal, mirándose con miedo a sí mismo. Su cabello lacio, hasta ahora negro, se había vuelto lila, sin teñirlo, sin pintarlo, en apenas segundos. Notó que le faltaba el aire. Lo tocó con sus manos, esperando mancharse los dedos de color y descubrir que era una treta, seguramente una broma pesada de su padre, pero su cabello no manchaba de pintura. Se miró en otro espejo y seguía siendo lila. Se metió a la ducha y lo mojó, pero no soltó color. Miró el colgante con desconfianza y se lo volvió a poner, sin dejar de mirar su imagen en el espejo. En cuanto lo soltó, volvió a la normalidad, o eso creía él, y al quitarlo, volvió a ver su cabello lila. Soltó el colgante y, se alteró tanto, que pensó que veía visiones. Una especie de descarga eléctrica de color negro había salido de la punta de sus dedos. Aún notaba el cosquilleo en ellos y supo que no era una mentira ni una alucinación, había ocurrido de verdad. Se miró las manos y trató de relajarse. Aquello no le había pasado nunca, y no sabía si era bueno que le ocurriese. Se volvió a colocar el colgante antes de vestirse y salir y se miró al espejo una última vez, sin estar muy seguro de cuál era su verdadera identidad.
Nunca habló con nadie respecto al tema, pero empezaba a plantearse el hecho de que debía tomar medidas, o al menos preguntarles a sus padres si conocían las propiedades del collar. Decidido a hacer aquello, esperó a que sus padres volvieran de sus respectivos trabajos para hablar con alguno y que Crow, que estaba con él aquel día, no se enterase de nada, pero algo trastocó sus planes. Un grito ensordecedor seguido de un llanto lo alertó de que algo no iba bien. Salió corriendo hacia el lugar del que procedían los sollozos: la habitación de Crow. La niña estaba frente al espejo que tenía en un rincón de su dormitorio, junto a la cómoda, y Ryan la vio echa un ovillo, lloriqueando. De lejos ya pudo notar que era lo que no iba bien, y tuvo miedo de mirarla a la cara. Se acercó y pudo ver que la niña rubia de ojos oscuros ya no era rubia, tenía una melena de color verde, los ojos de un violeta brillante y la piel… más verde. Su hermana lloraba desconsolada y tuvo miedo de abrazarla y que fuera contagioso, pero aun así la acunó entre sus brazos.
-¿Qué ha pasado?
-Se me ha caído la pulsera y cuando he ido a cogerla tenía las manos verdes.-Explicó, entrecortada por los sollozos.-Cuando me he mirado era toda verde.-Terminó.
Ryan la observó: sus orejas eran puntiagudas, su nariz había cambiado, parecía más la de un primate que la de Crow, y sus colmillos eran más notorios a simple vista. Su imagen le era bastante familiar, ignorando unas pocas diferencias, pero descartó aquella idea sacudiendo ligeramente la cabeza.
-Soy un monstruo…-Murmuró entre sollozos.
Cuando estuvo más calmada la dejó sola en su habitación para no agobiarla y salió al pasillo, aún pensativo. No era la primera vez que sus padres le ocultaban cosas como aquella. Hacía unos años que ya evitaban algunas preguntas que Ryan se hacía, y no le parecían comprometedoras.
Era un día como otro cualquiera, un sábado en el que sus padres y sus amigos se habían reunido para comer en casa de los padres de Korine. Por consiguiente asistieron sus respectivos hijos: los mellizos Stone, Korine y Ryan junto a la recién nacida Crow, que dormía plácidamente en un carrito de color azul marino y blanco por dentro. Los mellizos, que por aquel entonces tenían siete años, estaban discutiendo por ver quién haría el papel de Batman durante el juego de la tarde, porque todos querían ser Batman. Ryan le restó importancia, sabía que a él siempre le tocaba ser Robin, porque era más bajo que ellos dos, y Korine prefería ser Catwoman o Batgirl, dependiendo de lo que escogiese Naomi, que por ser mayor tenía derecho a elegir primero, según sus normas. Ryan se sentó en el sofá, junto a su madre, que bebía té mientras charlaba con el resto. Sonó el timbre y uno de los adultos fue a abrir, Ryan ignoró quien, pues estaba más pendiente del cuento que se había llevado ese día para no escuchar las peleas de los hermanos Stone. Cuando el recién llegado entró por la puerta, Korine salió corriendo hacia él y gritó:
-¡Abuelo!
Ryan levantó la vista y pudo ver a un hombre alto y fuerte, que sostenía a la pequeña sin esfuerzo alguno, con una gran sonrisa en el rostro.
-¡Que alegría verte, Bruce!-Saludó Kory, mientras que Ryan pudo notar que los demás se levantaban de un salto, incluso se ponían tensos, en especial su padre.
La tarde transcurrió tranquila después de aquello. El tal Bruce había traído un regalo para Korine y un regalo para su madre y para un supuesto bebé que llegaría en unos meses. Sin embargo, algo daba vueltas en la mente de Ryan y tuvo que soltarlo cuando el invitado se fue.
-Mamá,-llamó, sacudiendo su mano, de la cual iba cogido- ¿yo tengo un abuelo?
Los rostros de los demás se quedaron de piedra unos segundos, solo parpadearon un par de veces, y no todos. Vio cómo se miraban entre sí, y su padre parecía profundamente triste por aquella pregunta.
-Verás, cariño,-su madre se agachó junto a él y fingió una sonrisa- a veces, los niños no tienen abuelos, porque se van antes de tiempo. ¿Entiendes?- Él se encogió de hombros.
-Más o menos.
No volvió a formular esa pregunta en los años siguientes, y con el tiempo comprendió que su madre se refería a que habían fallecido, pero le resultó muy curioso que de todos ellos, ninguno tuviese abuelos, a excepción de Korine, que tenía solo uno y parecía bastante joven. Sin embargo, descubrió el motivo: Bruce Wayne, un adinerado habitante de Gotham, había adoptado al padre de Korine siendo él un niño. De nuevo uno de los adultos había perdido a sus padres. ¿Todos ellos habían perdido a sus padres tan jóvenes? Le parecía demasiada casualidad. No quiso poner todas las cartas sobre la mesa, pero se acercó al teléfono fijo y marcó el número de Héctor.
-¿Sí?
-¿Puedo hablar con Héctor?
-Lo siento, estoy esperando una llamada de una amiga y no puedo darle el teléfono al memo.
-¡Naomi, por favor!
-Solo un minuto. Luego cuelgas.
-Hecho.
-¡Hermano defectuoso! ¡Te llama Logan!
-¿A mí?-Pudo escuchar como el chico se acercaba.- ¡Y la hermana defectuosa eres tú!
-De eso nada, Defhéctor.
-¡Oh, muy original! Esta vez te lo has currado.-La risa de Naomi se extinguió en la lejanía mientras el moreno tomaba el auricular.- ¿Qué puedo hacer por ti?
-¿Conservas los cómics que te presté?
-Sí, tío, pero no los he acabado. ¿Por?
-Solo necesito que me devuelvas uno de ellos. Pásate cuando vayas al entrenamiento y me lo das.
-¿Cuál necesitas?
-Teen Titans Go: Truth, Justice, Pizza.
-Me lo he terminado, te lo llevo enseguida.
-Te espero.- Dejó el teléfono y volvió a su habitación, deseando no encontrar respuestas en aquellas páginas que tanto había leído desde niño.
Crow abrió la puerta cuando llamaron al timbre, era el hijo de Víctor.
-Hola, Crow. ¿Está tu hermano?
-¡Estoy aquí! Gracias, Crow.-Ryan salió y entornó la puerta tras de sí, dejando a la pequeña dentro de la casa.-Gracias, tío. Te debo una.
-No sabía que le tenías tanto cariño.-Se burló el otro.
-Es solo que… Ya sabes, los tengo mucho tiempo…
-Eh, es normal. Fueron los héroes más admirados por aquí, y ojalá no se hubiesen retirado. Aunque ya no parece que hagan mucha falta. Entiéndeme, hicieron bien su trabajo, pero me moriría si pudiese conocerlos.-Suspiró, admirando el ejemplar que tenía el chico en la mano.-Te devolveré los demás en cuanto los acabe.
-Sí, por favor. Son muy valiosos para mí.
-¡Nos vemos!-El chico se marchó con su mochila al hombro, o llegaría tarde al entrenamiento de baloncesto. Ryan volvió a entrar en la casa.
Crow lo miró desde la cocina y él se limitó a mostrarle el cómic que tenía en la mano. Se encerró en su cuarto: su santuario pintado de morado y negro. Se echó sobre la cama y respiró profundamente antes de abrir el tomo.
Encontró pistas, ciertas similitudes en algunos aspectos, pero no era suficiente, así que creyó que todo había sido producto de su imaginación. Sin embargo, algo dentro de él le decía que tenía que seguir, como una voz en su interior, en su cabeza.
Después de un año sin dejar de sentir esa necesidad de investigar más y sabiendo lo raro que era para todos, salió del instituto y llamó por teléfono, esta vez a Korine.
-¿Diga?
-Korine, soy yo, Ryan.
-¡Q-qué sorpresa! ¿Necesitas algo?-Se apresuró a preguntar.
-No, no. Bueno, sí.- Cogió aire.- Tu tenías unos DVD's de superhéroes, ¿verdad?
-Sí, ya sabes que no soy tan apasionada de la lectura cómo tú.-Rio.
-Ya, verás. -Ni siquiera él creía que estuviese tan desesperado como para hacer aquello- ¿Querrías que fuese a tu casa y verlos conmigo?
El grito de Korine se escuchó a pesar de que Ryan se había despegado del teléfono, pues Crow había escupido un montón de leche de soja que había bebido de un trago. Ryan la miró, y su sonrojo era evidente, estaba avergonzado. La chica se limitó a ignorarlo de nuevo, pues bastante susto había tenido antes como para insistir, después de que su único apoyo había sido su hermano mayor.
-¡Claro! Te espero.-El pitido del corte de la llamada no se hizo esperar y Ryan no tenía ganas de seguir escuchándolo, así que colgó el auricular en su sitio y se encaminó a su dormitorio.
Aquí ya aparecen todos los personajes, o casi todos.
Como ya dije en su día, los personajes que cada autor meta en sus historias ficticias son decisión del autor, eso nadie lo puede cambiar. Al que le guste podrá disfrutar de sus creaciones y a quien no, siempre tiene más opciones de fanfics para leer. Solo espero que seáis respetuosos con todos los autores que se toman la libertad de crear conforme a lo que sienten, imaginan y quieren.
Crow es el nombre que he elegido para la hija de Chico Bestia y Raven. La idea me la dio NobodyXVIII hace años y la he mantenido, ya que Crow es un sinónimo de Raven y empieza con C, como Chico Bestia, mientras que Ryan con R, como Raven.
Héctor es parecido a Víctor, y me pareció gracioso usarlo como nombre. Naomi es un nombre más complejo. Si vamos a su significado hebreo veremos que resalta muy bien la personalidad que he elegido para Naomi, muy parecida a su madre. Sin embargo, le elegí en principio por su significado en japonés: rectitud y belleza; porque la imagino como la más hermosa del grupo y más cosas que iréis viendo :)
Disfrutad de ellos tanto como lo hago yo.
Bye, bye!
