¡Hola! Acá llego con el capítulo 3 de MÍ amado profesor ANTES de lo que les dije ya que me estuvieron presionando, no diré quienes *cofcof Shirley, Teresa, Mel, Claudia cofcof SIGO esperando a Rob... * :3 Espero que les guste y no quieran matarme nuevamente por el final (? xD Okay, me callo. Recuerden que para leer adelantos: (www (punto) facebook (punto) com / groups / ReturningToTrust /) Sin espacios.


Capítulo Beteado por Ann'B Betas FFAD (www (punto) facebook (punto) com / groups / betasffaddiction /)


You Shouldn't Play With Fire

Capítulo 3

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La cabeza de Edward era un completo desastre. Ella no podía estar esperando un hijo suyo. Su lado menos caballeroso lo llevó a pensar que, quizás, ella estaba confundida respecto a quién era el progenitor del bebé que esperaba, pero desechó la idea enseguida al recordar que había olvidado ser responsable aquel día.

—¿Cómo…? —Comenzó a preguntar, pero se detuvo al no saber cómo continuar. Parecía haber perdido su capacidad de hablar—. ¿Estás segura?

—Me hice un test esta mañana y tengo un evidente retraso, además algunos síntomas…

—No me refería exactamente a ese tipo de seguridad —masculló caminando hacia su escritorio, dejándose caer en su silla. Pellizcó el puente de su nariz frustrado.

—¿Qué? —espetó Isabella con incredulidad—. ¿A qué te refieres?

—¿Cómo puedes estar segura de que es mío?

"Por supuesto que dudaría de ti",se dijo la joven. Su seducción parecía no dejar a dudas que era una mujer… ligera ante los ojos del profesor. Sin embargo, él no sabía que ella no era tan así. Por ese solo motivo, se abstuvo de mandarlo a la mierda.

—No tengo ni la más mínima duda. —Se limitó a decir—. Le resté importancia al hecho que no habías utilizado protección, ya que ignoraba completamente que había sido tan estúpida como para olvidar tomar mi píldora la mañana en que pasó hasta hoy.

El cobrizo resopló, pero no acotó nada reconociendo que había sido más que irresponsable en no molestarse en utilizar un maldito condón, se había arriesgado a más que un embarazo no planeado.

—No quiero sonar como un verdadero imbécil, pero… ¿no has estado con nadie más? —La castaña negó.

—Antes de ti llevaba un tiempo sin estar con alguien, si es que vas a preguntarlo también —dijo con frialdad. Edward abrió la boca para disculparse pero ella se lo impidió—. Mira, entiendo que dudes, pero te informo que no he venido aquí a reclamarte nada si lo que estás pensando es que quiero aprovecharme de ti. Mentir no es una de mis actividades favoritas y sé que con un hijo no se bromea. Si no estuviese segura no me hubiese tomado la molestia de venir hasta aquí. Solo te lo dije porque tienes derecho a saberlo y es tu decisión el querer formar parte de su vida o hacer como si no existiera.

El profesor no sabía cuál era el sentimiento que predominaba en su sistema, cada segundo que pasaba, todo parecía hacerse más complicado para comprender. Una parte en el fondo de su mente, estaba rebosante de felicidad por un motivo desconocido. Necesitaba tiempo para procesar todo, pero de algo estaba cien por ciento seguro, iba a hacerse responsable del bebé.

—Este es un asunto jodido, Isabella, ¿te das cuenta de eso? —La estudiante se encogió de hombros—. ¿Vas a tener al bebé? —inquirió, haciéndola sentir insultada.

—Por supuesto que sí —contestó tajante—. Voy a afrontar las consecuencias de mis actos como debe ser y nunca sería capaz de deshacerme de mi hijo sea cual sea la situación en que fue concebido.

Sentía un casi incontrolable anhelo de besarla. La entereza con la que estaba tomando el asunto y su forma de expresarse lo volvían loco. No solo la deseaba, sino que la admiraba. Ella era mucho más que un buen cuerpo. Era inteligente, valiente, responsable y sincera. Quiso golpearse por ponerla nuevamente en dudas y por haber estado pensando con la cabeza equivocada tanto tiempo como para no darse cuenta de los otros atributos de la joven.

—Voy a tomar mis responsabilidades —informó, mirándola directamente a los ojos para no dejar dudas de que realmente hablaba enserio.

Estaba cerca de sus 40 y sabía que no tenía muchas oportunidades de ser padre ya que no deseaba ser uno demasiado mayor. La idea de tener un hijo, alguien que dependiera de él, que necesitase de su cariño y protección, le agradaba cada segundo más. Hasta se podía imaginar con un bebé, un bebé de Isabella. El que ella fuese la que se lo daría, lo hacía sentirse incluso más feliz y pensar en la posibilidad de que Isabella pudiese tener un hijo con otra persona, lograba que la ira bullera en sus venas.

—No quiero que te sientas obligado a nada. Tómate un tiempo para procesar todo esto… Podré sacarlo adelante porque no estoy sola, sé que mi familia va a apoyarme y realmente prefiero que mi hijo no tenga un padre que solo responda a él económicamente.

—Bien, entonces debes saber que no me siento obligado. Lo haré porque quiero.

La convicción en sus palabras no solo sorprendió a la castaña, sino a él mismo. En ese instante se dio cuenta de cuánto realmente quería eso.

—¿Qué? —preguntó incrédula.

—Lo que oyó, señorita Swan. Quiero formar parte de la vida de ese niño. —La castaña parpadeó aún sin poder dar crédito a lo que oía—. ¿Qué pasará con tus estudios? —inquirió. Odiaba pensar que tenía parte de la culpa de que ella tuviese que atrasar su carrera.

Bella se encogió de hombros y se aclaró la garganta, rezando por recobrar su capacidad de hablar. El cambio brusco de actitud del profesor la había aturdido.

—Tengo mucho que considerar. Solo pasaron unas horas de que lo descubrí y no es como si Rose, mi mejor amiga, me hubiese dejado procesarlo…

—No pensarás en abandonar, ¿verdad?

La joven negó.

—Incluso sin tu ayuda contaría con el apoyo de mi familia…

—Me alegra oír eso. Serás una abogada excepcional.

—Gracias —susurró azorada.

—¿Has hecho cita con algún médico? —cuestionó él, volviendo al tema principal. Isabella negó.

—Arreglaré eso esta tarde.

—Me gustaría estar al tanto. Si quieres que te acompañe… —insinuó.

—Si tú quieres acompañarme vas a ser bienvenido —replicó la castaña.

—Eres tenaz —señaló. Por su parte, ella se encogió de hombros—. Lo repito, Isabella. Quiero ser parte de todo. No me lo perdonaría jamás el perderme algún momento…

Ella parpadeó incrédula. No reconocía al hombre frente a ella pero, después de todo, no conocía a Edward Masen en absoluto.

—Sé que tenemos mucho de qué hablar, pero debo irme y ambos necesitamos tiempo para pensar.

El cobrizo asintió, poniéndose de pie.

La castaña rebuscó entre las cosas de su bolso y sacó un pedazo de papel junto con un bolígrafo. Garabateó durante unos segundos y estiró su brazo hacia él.

—Aquí está mi número. Cuando estés listo para hablar, solo llama.

Caminó hacia Isabella y luego de tomar su número, le ofreció una mano para ayudarla a pararse.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó sin soltar el agarre en la mano de la joven, maravillado por la placentera corriente eléctrica que estuvo allí desde el primer toque y que pasaba entre ellos cada vez que sus pieles entraban en contacto. Para Bella, tampoco pasaron desapercibidos el gesto ni las sensaciones.

—Lo estoy. —Le ofreció una breve sonrisa tranquilizadora que el profesor le devolvió de forma involuntaria.

La acompañó a la puerta de su despacho sin romper el contacto de sus manos y abrió la puerta.

—Isabella, yo… —por primera vez en su vida, el profesor tenía dificultades para expresarse—, estoy agradecido de que me lo dijeras y de que me des esta oportunidad —concluyó honestamente.

La señorita Swan asintió, incapaz de hablar ante aquellas palabras, aturdida y desconcertada por el comportamiento de Edward,se despidió.

El profesor Masen observó marcharse a su alumna, la mujer que había puesto su mundo de cabeza, la madre de su hijo.

—¿B? —inquirió la rubia, ingresando al departamento que ambas compartían.

—¡Aquí! —gritó Bella desde la pequeña cocina.

Estaba sentada en la barra de desayuno, marcando clínicas a las que llamaría más tarde en la guía telefónica, devorando un pote de helado.

—¿Antojos, huh? —acotó Rose al verla. Isabella la miró con mala cara y le enseñó su dedo medio—. ¿Qué pasó con el gran profesor? Quiero detalles —exigió sentándose a su lado, quitándole la cuchara a su amiga que la taladró con la mirada en cuanto comió de su helado.

—Fue… mucho mejor de lo que esperaba. —Comenzó, arrebatándole lo que le pertenecía. Sabiendo que su amiga no la dejaría en paz hasta que le contase todo, siguió relatándole lo sucedido—. Va a hacerse cargo —concluyó.

—El idiota sabe lo que le conviene.

—Es más que eso. No solo lo hace porque debe, él quiere formar parte de su vida.

Rosalie Hale la miraba incrédula. Jessica, una de sus amigas, estudiaba en la universidad en la que el profesor daba clases antes de su traslado y le había contado cosas. Los rumores que corrían hablaban de que él era un insensible, un tipo al que el compromiso lo repelía, no le gustaba sentirse atado a ninguna que haya estado con las piernas envueltas a su cintura y utilizaba a las mujeres como si fuesen pañuelos desechables… aunque a ellas poco les importaba aquello, darían cualquier cosa por una noche con Edward Masen. "Para mi desgracia, formo parte de su alumnado. Él no se enrolla con alumnas",le había dicho Jessica. Por eso se sorprendió cuando Isabella le contó que había tenido sexo con él y el único motivo por el que la animó a decirle sobre el embarazo, fue porque sabía que ella no se perdonaría el no habérselo dicho, aunque estaba segura de que él era un bastardo y no querría saber nada sobre el bebé.

—¿Lo dijo o lo insinuó?

—Lo dijo. Al principio dudó de mí, pero su actitud cambió de un momento a otro. Le aclaré que no iba a obligarlo a nada y él me detuvo diciéndolo.

—Wow.

—Lo sé. —Estuvo de acuerdo, Rose no había sido la única en oír cosas—. Ambos necesitamos tiempo para pensar y hay demasiado de qué hablar, va a llamarme en cuanto se sienta listo para hacerlo. Y antes de irme, me agradeció por habérselo dicho. —El que haya omitido la parte en que se tomaron de la mano no fue un olvido casual.

—Me alegro, B. ¿Cómo te sientes?

—Abrumada. Ser madre nunca estuvo en mis planes, no me creía capaz de poder cuidar de alguien, aún dudo sobre eso, pero sé que de alguna forma voy a lograrlo.

—Estoy orgullosa de cómo has tomado todo este asunto, Bella.

La aludida se encogió de hombros.

—Todavía me queda mucho que pensar, no sé qué haré con mi carrera. Estoy segura de que podré cursar hasta que el bebé decida nacer, pero luego…

—Luego tendrás a tu familia y a mí para ayudarte.

—Charlie pondrá el grito en el cielo y Emmett querrá patear a Edward.

—Que se jodan, eres una mujer adulta y las decisiones sobre qué hacer con tu vida no le pertenecen a nadie más que a ti.

—Gracias, Rose. Por todo —le dijo con ojos llorosos.

—No tienes nada que agradecer, tonta —murmuró abrazándola—. ¿Le dirás ahora a tus padres?

—No hasta que haya aclarado todo con Masen y un médico me dé la certeza de que todo está en orden.

Rosalie asintió estando de acuerdo.

—Si tu hermano te da problemas no tienes más que decirme, puedo hacerme cargo de él —insinuó con un movimiento sugerente de cejas.

Isabella rió negando con la cabeza, su amiga nunca había sido sutil a la hora de dejar saber la atracción que sentía por su hermano.

Edward manejó a su apartamento perdido en sus pensamientos, analizando las palabras que había intercambiado con la castaña.

Una vez en su departamento, se dejó caer en su cama y con la mirada perdida en el techo, continuó divagando.

Ya le había dicho a Isabella que quería ser parte de la vida de su hijo y es lo que haría, porque realmente lo deseaba. Incluso se permitió imaginar a una niña idéntica a Bella, pero con sus ojos, que lo llamara papá. Nunca pensó seriamente en convertirse en padre ni mucho menos que la idea de serlo le gustaría tanto.

Ahora su problema era ella. Se preguntaba qué sucedería con ellos, la educación que el catedrático había recibido le decía que lo correcto era que se casasen, pero estaban en el siglo XXI y tenía la certeza de que Isabella lo mandaría a volar y descartó esa opción de forma inmediata.

"Ni siquiera somos amigos",pensó. Esperaba que al menos lograran tener una relación amigable por el bien del bebé, pero no le importaría si iban más allá. No le pasó desapercibido el hecho de que el pensar en volver a involucrarse en una relación de pareja con alguien le gustaría, aunque lo asustara, solo mientras se tratara de Isabella.

"¿Qué ha hecho conmigo?",se preguntó una y otra vez mientras intentaba recordar cuándo había permitido que una casi desconocida se colara tan a fondo en su ser.

"¿Le pasará a ella lo mismo?",se permitió dudar.

El sonido del timbre de su departamento lo llevó de vuelta a la realidad y se dirigió de mala gana a su puerta. Se sorprendió al ver a su hermana menor detrás de ella y su ánimo mejoró ligeramente. Sentía que realmente iba a explotar si no hablaba con alguien y agradeció la inesperada aparición de la joven. No había estado el tiempo suficiente en la ciudad como para entablar una amistad y no es como si fuese a ir con su asunto a sus compañeros de trabajo. Sabía que su hermana sería una buena oyente, confidente y consejera.

—¡Edward! —exclamó colgándose del cuello de su hermano. Lo echaba realmente de menos, la última vez que se habían visto fue en el funeral de su madre. Alice, destrozada por la pérdida de la mujer que le dio la vida, decidió tomarse unos meses fuera del país, sintiéndose culpable por no quedarse y apoyar a su padre como lo había hecho su hermano, ya que no soportaba estar en la casa donde pasó su feliz infancia y saber que su madre ya no estaba allí—. Te ves agotado, ¿estabas durmiendo? Lamento por venir sin avisar,no quiero ser una molestia.

—Nunca serías una molestia, Allie. Te he extrañado. —Cortó la verborrea de la pelinegra devolviéndole el abrazo—. Pasa…

—Wow, es un lindo lugar. —Mintió mientras observaba distraídamente su entorno y buscaba excusas para convencerlo de hacer algunos cambios que harían al departamento más acogedor."Se ve demasiado frío", notó—. Hablé con papá hace unos días, parece estar mejor.

—Hace lo que puede. Eran muy unidos —explicó sentándose en el sofá de la sala y palmeando el lugar a su lado, invitando a Alice, que se dejó caer a su lado apoyando la cabeza en el hombro del cobrizo.

—Lo sé —susurró, luchando por no derramar las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos.

—¿Cómo estás tú? ¿Qué tal París? —Intentó cambiar de tema.

—Nada ha , lamento haber huido y dejarlos a ti y a papá solos con esto…

—No importa, Al. Lo necesitabas. Cada uno enfrenta el dolor como puede, tenías que alejarte para sobrellevarlo y estuvo bien. Papá y yo lo entendemos.

—¿Cómo has estado? —Edward se encogió de hombros—. ¿Alguna novedad, una chica? —Edward dejó escapar un profundo suspiro—. No me digas que alguien ha capturado el corazón del profesor. —Intentó bromear, pero se arrepintió cuando vio la cara abatida de su hermano—. ¿Qué es, Ed? —inquirió preocupada.

—Voy a ser padre, Allie. —Soltó, dejando caer la cabeza entre sus manos.

—¿Qué? —preguntó incrédula.

Edward soltó un gemido lastimero.

—Yo… ¿felicidades?

—Gracias, supongo.

—¿Qué es lo que está mal, Edward? —pidió abrazándolo.

—Tuve sexo con una alumna y fui descuidado. —Un "santísima mierda" se escapó de los labios de la hermana del catedrático, pero este lo ignoró y continuó contándole todo, desde el día en que él llegó a la ciudad hasta la charla que había tenido esa tarde con Isabella.

—Bueno, es complicado pero no comprendo cuál es tu verdadero problema. Le has dicho que querías formar parte de la vida del niño, hasta estás entusiasmado con la idea de ser padre y estoy muy orgullosa de ti por eso. Has decidido quedarte por ella en la ciudad, incluso antes de saber sobre el respuesta a lo que te pasa es simple. Ella te gusta.

Masen bufó.

—Y ese es el problema, pudimos haber sido compatibles físicamente, pero no sabemos nada el uno del otro y temo que no podamos tener una relación al menos cordial por el bien del bebé. Apenas la conozco, lo que siento por ella es lujuria, deseo, me atrae demasiado pero no es más que eso.

—Suenas como si quisieras convencerte a ti mismo.

Así sonaba también para él, pero jamás lo admitiría. No quería profundizar en el tema, no por el momento.

—Suena a que es lo que pienso, Alice —resaltó—. Isabella y yo tenemos mucho que hablar, pero no quiero atosigarte con mis asuntos. Cuéntame qué tal con Jasper…

Sabía que poner a su cuñado como tema de conversación distraería a su hermana de seguir indagando sobre sus sentimientos hacia Isabella.

Isabella había pasado el fin de semana perdida en sus pensamientos, esperando una llamada del profesor Masen que nunca llegó.

"Dale algo de tiempo",se repitió como un mantra una y otra vez. Temía que Edward se hubiese arrepentido y ahora sentía más pánico de salir de su casa. Pero sabía que debía hacerlo, necesitaba volver a sus clases y dejar de esconderse como si fuera la autora de un crimen y temiera ser descubierta.

Mientras Bella respiraba hondo una vez más antes de salir de su departamento hacia la vida real, Masen estaba en el aeropuerto despidiéndose de su hermana.

—Deja de pensar tanto en el asunto, Edward —le regañó cariñosamente—. Un hijo es algo maravilloso, disfruta de ello y has lo que sientas, lo que quieras hacer y no lo que creas que es correcto.

—Lo haré, Al —respondió ofreciéndole una sonrisa—. Gracias por ser una gran consejera.

—Cuando quieras —ofreció antes de abrazarlo por milésima vez—. Te llamaré para que me cuentes cómo va todo. —Él asintió—. Espero conocer a la famosa Isabella pronto —añadió, guiñándole un ojo juguetonamente antes de dirigirse a la puerta de embarque dejando a Edward exasperado y feliz de ver que poco a poco, iba superando el dolor de la pérdida.

Conociendo a su hermana, sabía que se había estado conteniendo de ponerse a saltar mientras aplaudía y obligarlo a que le presentase a Isabella. Podía decir con certeza que la idea de convertirse en tía la entusiasmaba aunque intentara esconderlo… lo sabía porque ella había olvidado cerrar una página de artículos de bebé en la computadora personal de él.

Rumbo al estacionamiento del aeropuerto, el cobrizo tomó su teléfono y marcó el número al que no había tenido el valor de marcar durante los días anteriores. Así como Bella temía que él decidiera cambiar de opinión, el catedrático sentía lo mismo.

—¿Hola? —respondió al primer tono. Ella, con la excusa de que necesitaba comunicarse con el profesor por meros asuntos profesionales, había conseguido sin ningún problema el número de este y estaba a punto de llamarlo cuando su celular comenzó a sonar.

—¿Señorita Swan? —preguntó,a pesar de que había reconocido su voz casi al instante—. Soy Masen. Me preguntaba si podríamos vernos… para hablar. —Su voz se oía nerviosa y Edward se pegó mentalmente en la frente por estar a punto de tartamudear como un jodido adolescente. Observó la hora en el reloj de su muñeca—. Tal vez podríamos almorzar juntos, si puedes… digo… si quieres.

Isabella parpadeó sorprendida por la llamada que creyó que nunca llegaría y por el tono nervioso del profesor.

Cla-Cla-Claro —tartamudeó.

—¿Estás en el campus? —Ella murmuró una afirmación—. Espérame en mi despacho en una hora. —"Mandón", pensó la castaña—. Lo siento, quiero decir, ¿te parece bien?

Perfecto. —Edward oyó que alguien gritaba el nombre de la estudiante—. Tengo que colgar. Nos vemos entonces.

"No se arrepintió",pensaron ambos al colgar.

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Miles de gracias por el apoyo que le dan a la historia, cada Follow, RR y Fav es como fasnfiuasfguasfgas para mí (? Realmente, los lindos comentarios que dejan, son un gran incentivo para seguir. :*

Y sobre un RR donde se quejaban que había puesto la historia como "completa" cuando no lo estaba, voy a decir que lo había cambiado antes de subir el capítulo anterior y no sé porqué motivo el cambio no se realizó.

Nos leemos pronto!

SharinPattinson ~