Eran las 8 am, Sesshomaru se dirigió a su oficina, al entrar pudo ver a Inuyasha sentado en su sillón con los pies sobre el escritorio e inmediatamente se levantó al percatarse de la presencia de Sesshomaru.

— Te esperaba. — Se excusó.

— Sí, me di cuenta. — dijo con tono sarcástico mientras se servía una copa de vino.

— Cuánto tiempo más la tendrás en el CC-3000, la pobre ni siquiera ha visto la luz del día.

— Necesitaba que le quedara claro que me pertenece.

— Matsu a estado intentando comunicarse, estan barriendo todo el país tratando de encontrarnos, tal vez quiere romper el trato.

— Si eso quiere lo mataré. — bebió el líquido de su copa.

— Tú ya cumpliste con tu parte, no se puede hechar para atras. El muy estupido creyó que le pondría las cosas fáciles

— De cualquier forma la chica es mía.

— Ja cómo pudo pensar que querías a su hija para casarte con ella, es un tonto!... solo espero que no te enamores de ella.

— ¡¿Acaso me crees tan estúpido?!

— No conoces el amor Sesshomaru, cuando se da, sólo se da y ya. — habló en tono burlón.

— . . . — se limitó a responder.

— aah, mejor me voy a coger, iré a buscar a Aome. — se dispuso a retirarse.

— Espera — el peliplata menor se detuvo. — llevala a mi mansión — se referia a Lin — ordena a los guardias que la vigilen y a la servidumbre que se encarguen de ella, después de éso puedes coger todo lo que quieras.

— Sí, yo me encargo. — se retiró de la oficina directo a ser lo que le había ordenado.

— No puedo creer que Sesshomaru haya ordenado secuestrar a una pobre niña! — decía furiosa una mujer youkai de estatura 1.70, cuerpo voluminoso, cabello negro largo hasta debajo de los hombros, ojos color chocolate, traía puesto un vestido negro que le llegaba a medio muslo pegado al cuerpo, un saco blanco y al borde de las mangas color negro que terminaban un poco arriba del codo, medias transparentes negras y tacones del mismo color.

— No te metas Aome, es un asunto de negocios, la chica es la hija de Ren Matsu — discutían mientras se dirigían a los cuartos subterráneos.

— ¿Ren Matsu? ¿El presidente de Japón? ¿Secuestraron a la hija del presidente?

— Ya para de regañarme mujer!... además no fue un secuestro, no en su totalidad. Ren Matsu se va a arrepentir del trato, espero que con esto se vea obligado a pagar pronto su deuda.

Aome puso los ojos en blanco, pronto llegaron al CC-3000 Inuyasha tecleó el código y puso su huella, mientras Aome esperaba, ambos entraron encontrando a la chica dormida.

— Sesshomaru es un idiota. — dijo en voz baja mientras se acercaba a la chica, Inuyasha encendió las luces.

Lin escuchó pláticas que la despertaron, para su alivio no era Sesshomaru sino el tipo que la había secuestrado, también vio a una mujer que nunca había visto, por cierto muy hermosa, Lin un poco asustada se sentó, pues no era hora de la comida ni del baño, ¿A qué habían venido esas personas?

Aome se puso de rodillas y cortó la cinta de las muñecas de la chica para poder cambiarla con un nuevo vestido.

— Sólo date prisa. — esperaba recargado en la pared cruzando de brazos.

— Toma, atala. — le entregó una cinta adhesiva.

— No voy a hacer éso.

— Si no lo haces cuando salgamos hará todo lo posible por huir.

¿Lin había escuchado bien? La sacarían de ese cuarto? ¿A dónde la llevarían?

Sin discutir más Aome tomó la cinta e hizo lo que Inuyasha le dijo.

— También ponle en los pies — Aome lo hizo.

— Listo. — diciendo esto Inuyasha cargó a Lin para llevarla a su auto.

Salieron del CC-3000 y las puertas se cerraron inmediatamente.

Al salir la chica al cerró un poco los ojos, pues hace mucho que no veía la luz natural y estaba sorprendida y asustada de que porfin la hayan sacado de ese lugar, pero A dónde la llevaban?

— Muy bien, a dónde la llevaremos?

— A la mansión de Sesshomaru.

— Bueno es mejor estar allá que aquí.

— Sí, Tienes razón.

Salieron del edifico, Akio los estaba esperando con las llaves del auto y éste estacionado listo para salir.

— Señora aquí esta las llaves del auto — se dirigió a Aome al ver que Inuyasha llevaba a Lin en sus brazos.

— Gracias Akio, puedes retirarte. — recibió las llaves.

— Con su permiso — Hizo una reverencia y se retiró.

Inuyasha acomodó a Lin en los asientos de atrás, Aome se sentó junto a ella, Inuyasha subió al auto y su mujer le entregó las llaves.

El auto comenzó a andar, salieron del Cuartel Taisho para dirigirse a la mansión.

Aome iba observando a la pequeña, Lin tenía rasgos muy finos, sus pestañas eran hermosas, largas y levantandas, definitivamente no era una chica fea, pero en su mirada se reflejaba el temor.

— Tranquila, no te asustes, no te haré daño. — le tocó el hombro tratando de tranquilizarla.

Fue secuestrada, violada y la pesadilla no terminaría ahí, cómo esperaba esa mujer que no se asustara? De hecho el miedo era poco comparado con lo que sentía.

Las lágrimas surgieron de nuevo, como desde un principio quiso gritar pero le seguia siendo imposible.

— No quiero lastimarte, porfavor no intentes nada.

A Lin optó por llorar en silencio, no quería que la torturaran o algo así, suficiente tuvo con aquel que la profanó tantas veces y a decir verdad nisiquiera había visto su rostro, pero su voz no la olvidaría jamás.

Después de un rato Llegaron a la mansión que se encontraba a afueras de la ciudad situada en medio de la naturaleza, las puertas se abrieron y el auto entró.

Lin quedó sumamente impresionada, era una casa enorme de arquitectura admirable, además de ello se combinaba con el color blanco lo que aportaba una delicadeza extra, el corte minimalista se apoderaba de la casa, donde contaba con una decoración de lo más sutil. Además de las terrazas se encontraba una piscina en el patio principal la cual se encargaba de añadir el estilo de un buen acabado con mucho lujo, siguiendo también en ella el mismo corte geométrico que el resto del hogar.
Los materiales con que estaba echa la mansión eran de tonalidades muy claras, lo que le daba un toque más elegante.

El auto pasó por el angosto pasillo, a los costados de éste se contraban jardines con césped, arbustos que formaban figuras, una de ellas era una garza, había flores como orquídeas, gazanias, magnolias y rosas de diferente colores, todas ellas agrupadas de manera que daban una vista verdaderamente hermosa, el auto se detuvo frente a unas escaleras de 8 escalones dividida en dos partes por una jardinera con flores de latana de hojas asperas en forma de esferas, y a las orillas se encontraban otras jardineras con rosas blancas.

Era impresionante el magnetismo y buen gusto con el que contaba la mansión.

Por un momento Lin se olvidó de todo al quedar boquiabierta por la hermosura del lugar, fue cuando el auto se detuvo que Lin volvió a la realidad.

— Escucha pequeña, no te haremos daño, te llevaremos a una habitación, si te resistes tendremos que llevarte por la fuerza.

Aome salió del auto, Inuyasha cargó a Lin y subieron los 8 escalones, lo primero que se pudo apresiar fue la piscina que se encontraba en el patio principal, atravesaron éste, subieron un par de escalones llegando a la puerta de cristal que fue abierta por Jaken el mayordomo.

— Adelante mis señores. — hizo una reverencia, Aome gentilmente le sonrió.

Al entrar a la casa estaba la sala principal frente a ella una escalera curva de caracol ovalada, con barandilla de cristal y al borde un pasamanos de acero, Subieron las escaleras, caminaron por el pasillo y Aome abrió la puerta de una habitación, a donde pasaron los tres.

La habitación contaba con una cómoda y grande cama, de sabanas muy limpias y colores claros, en cada lado se encontraba un buró con finas lamparas y cajoneras, había un sofa, el tocador, un enorme closet y el baño.

Inuyasha acomodó a Lin en la cama.

— Quedate con ella, yo iré a dar ordenes a todos los empleados. — diciendo esto salió de la habitación.

Aome se sentó a lado de Lin, la niña parecía estar traumada y con justa razón, Aome trató de calmarla.

— soltare tus piernas y te quitaré la cinta de la boca, también voy a soltar tus manos, no tiene caso que intentes algo, toda la casa esta completamente vigilada y no quieres que Sesshomaru te castigue ¿verdad?

La chiquilla solo asintió levemente.

Llamaron la puerta.

— Adelante.

— ¿Señora se le ofrece algo?

Aome miró a Lin.

— Sí, que preparen el desayuno de Lin y lo traigan aquí.

— Como ordene. — Se retiró.

Aome suavemente retiró a Lin la cinta de las muñecas, de la boca y también de los pies.

— Porfavor, no intentes nada, porque si lo haces volveran a atarte.

Al quedar libre Lin quería gritar y salir corriendo pero por alguna razón la voz de esa mujer sonaba sincera y compasiva, de cualquier forma no saldría de ahí, por lo que decidió quedarse quieta.

Hubo un momento largo de silencio, hasta que llamaron de nuevo la puerta.

— Adelante.

Entró una mujer algo avanzada de edad, cabello blanco de estarura 1.60 su nombre era Takumi.

— He traído el desayuno. — con cuidado colocó la mesilla del desayuno sobre Lin.

— Gracias Takumi, puedes retirarte. — Takumi asintió y se retiró. — Adelante, come. — Dijo con una sonrisa.

Lin dudosa tomó los cubiertos y comenzó a comer, era la primera vez que no la obligaban a comer, lo hizo por su cuenta y la comida realmente estaba buena, o tal vez sólo tenía hambre.

— Mi nombre es Aome, mi marido, el hombre que vino con nosotras se llama Inuyasha. — Platicaba a Lin mientras comía.

Hubo silencio, hasta que Aome lo rompió.

— Dime Lin, tenías novio antes de.. antes de que estuvieras aquí?

Lin de manera tímida negó con la cabeza, aún seguía comiendo.

Aome se quedó callada, la pregunta había estado fuera de lugar.

— Dónde estamos? — A duras penas se oyó su voz, la mayor se alegró de que por fin haya hablado.

— En la mansión de Sesshomaru. — Le sonrió.

— Me refiero a la ciudad.

— oh mmm... solo te diré que no estamos en Japón.

Lin se preocupó, si no estaban en Japón entonces dónde estaban? Esperaba ser rescatada pronto y estando fuera del país sería mas difícil.

— Mira, aquí te dejó los medicamentos que te recetó Emi, vendré a verte todos los días sí?... Trata de portarte bien. — Lin asintió.

Después del desayuno Lin durmió un poco e Inuyasha y Aome se marcharon de la mansión.

La noche cayó, durante el día, Lin se levantó de la cama solo para ducharse e ir al baño, el resto del día permaneció acostada.

La chiquilla estaba dormida cuando escuchó ruidos y se despertó, ya era de noche, según el reloj con luz del buró eran las 10:30 pm, la habitación estaba oscura, la puerta se abrió y Lin pudo ver una figura alta de un cuerpo varonil con cabello largo, al momento Lin se sobresaltó, el terror la invadió, se hizo un ovillo en la cama cubriendose con las sábanas que fueron retiradas bruscamente por el peliplata, Sesshomaru la tomó de un pie y la jaló a la orilla de la cama, retiró brutalmente el vestido de la chica destrozandolo y tirandolo al piso, se quitó completamente la ropa, Lin comenzó a llorar tratando de no ser escuchada, el peliplata besó el cuello de Lin, mientras que con sus manos tocaba y jugaba sus senos desnudos, abandonó el cuello para lamer y chupar el pezón derecho de Lin, un gemido se escapó de la boca de la chica, el peliplata se detuvo, había escuchado bien? Había escuchado un gemido de placer? Una sonrisa se dibujó en su rostro, ese sonido le había gustado, siguió lamiendo el pezón izquierdo y con su mano jugaba el derecho, él comenzó a sentir como la respiración de la chica aumentaba, Sesshomaru continuó lamiendo su cuerpo, bajando cada vez más, al llegar al vientre la chica sujeto las sabanas con sus manos y apretó los muslos para impedirle el paso, Sesshomaru regresó a su boca y la besó introduciendo su lengua, la chica está vez sí respondió, inexperta, pero lo hizo, movió su lengua como pudo ya que el peliplata no se detuvo a enseñarle, el beso era rápido e impaciente, Sesshomaru le abrió las piernas e introdujo su miembro dentro de ella, la chica gritó, pues aún no se acostumbraba al tamaño, era muy grande para ella, el peliplata comenzó a embestirla de manera violenta, Lin con lagrimas en los ojos se quejaba por el dolor en su entrepierna.

Sesshomaru hizo todo lo que quiso con ella durante la noche, ella no aguantó mucho, pues sus piernas perdieron toda la fuerza, al punto de no sentirlas por un largo rato, su interior le ardía como fuego, pero el cansancio fue mas fuerte y la chica quedó dormida, al terminar el peliplata también lo hizo.