Capítulo 2.

Katsura levantó sus manos y llamó a la calma una vez más, pero Kenshin parecía no escucharlo mientras caminaba de lado a lado como un tigre enjaulado.

-Le juro señor, en cuanto pille a esa niña se va arrepentir de habérmela jugado. Aun no sabe con quién se ha ido a topar.

Katsura suspiró dándose por vencido. Parecía que esa muchacha lo había herido bastante en su orgullo y eso no presagiaba nada bueno.

-Recuerda, Himura que si la "niña" sufre algún daño antes de que yo lo ordene, tu sufrirás el mismo.

Kenshin paró de manera brusca delante de él. Katsura podía ver claramente como se le hinchaban las venas del cuello por la rabia y la impotencia que sentía. Era justificada, en eso estaban de acuerdo, pero no podía permitirse el lujo de dejar que Himura terminara poniendo bajo tierra a su mejor baza.

-Himura... –se levantó y posó una callosa mano sobre el hombro del pelirrojo – cálmate. Encuéntrala, llévate a quien necesites, y da con ella. Cuando la encuentres, ponle la cara que me acabas de poner a mí y verás como empieza a obedecerte. No puedes dañarla, pero yo no te he dicho nada de no asustarla.

-Pero es que yo lo que de verdad deseo es matarla... señor.

Lo había dicho con un tono tan bajo y amenazante que a Katsura estuvo a punto de escapársele una carcajada.

-Llegado el momento te daré ese honor, Himura. Mientras tanto, encuéntrala.

Con un poco de reticencia, asintió e hizo una inclinación un tanto burlona hacia Katsura antes de salir del cuarto. No pensaba pedir ayuda a nadie, la encontraría él, y cuando lo hiciera, ese niña desearía no haberse escapado. Había sido demasiado blando con ella, y no volvería a cometer ese error.

Con ese pensamiento, se encaminó hacia el baño por donde había huido la niña. Se subió sobre la tina y dio un salto para agarrárse a la ventana. Sonrió, empezaba a saber cómo se había escapado la muy tonta. De todas maneras, tenía que ser una mujer con mucha fuerza para poder subir su cuerpo por ahí, incluso a él le costaba pasarlo por un sitio tan estrecho y contando únicamente con la fuerza de sus manos.

Se colocó sobre el tejado y observó alrededor.

-Veamos... ¿por dónde has escogido huir, ratita?

Las palabras quedaron suspendidas en el aire mientras Kenshin recorría con la mirada los alrededores. Cualquier persona lista, hubiera corrido en dirección al pueblo, y hubiera pedido ayuda allí. Claro que, la ratita había demostrado no ser muy lista al huir de él. Sonrió de medio lado mientras posaba su mirada en dirección a la arboleda que quedaba tras la posada.

-¿Qué me dices ratita? ¿Habrás sido tan estúpida de adentrarte en el bosque?

Bajó de un salto y echó a correr hacía la arboleda. El bosque era su territorio, se había criado entre árboles mientras huía de los ladrones que habían acabado con su familia. Si estaba ahí, no tendría nada que hacer para escapar de él.

Kaoru paró en un claro después de haberse pasado casi cuarenta y cinco minutos corriendo. Arrastró su espalda contra una roca y se dejó caer al suelo. ¿Cómo había sido tan burra de ponerse a huir sin zapatos? Se había clavado toda clase de cosas por el camino y sus pies presentaban un aspecto horrible y apenas los sentía ya. Pero había merecido la pena, había escapado de ese bruto y del destino que le tenían preparado. Con un suspiro cansado mientras intentaba recuperar la respiración, se rasgó un trozo de su kimono y se envolvió primero un pie, con cuidado, y luego el otro. Debería haberlo hecho antes, pero no podía permitirse el lujo de parar hasta que estuviera segura de que había escapado de ese hombre.

Miró alrededor. Parecía que estaba todo tranquilo. No escuchaba ruido de hombres buscándola. Ni siquiera se escuchaba el ruido de ningún animal. Eso sí que era extraño... Se levantó como pudo y miró alrededor. ¿Qué estaba pasando ahí? Dio un par de pasos para adentrarse de nuevo entre los árboles donde seguramente estaría menos expuesta a cualquier peligro y al dar un paso más, sintió que el suelo cedía bajo sus pies y cayó a un foso de unos tres metros de profundidad. Se golpeó el tobillo con una roca y soltó un siseo mientras se lo aferraba.

Había caído en una trampa para animales.

Genial...

¿Qué iba a hacer ahora? Todo lo que podía hacer era esperar a que quien quiera que hubiera puesto la trampa viniera a ver y la sacara de ahí. Seguramente cuando vieran que no era ningún animal la dejarían ir, e incluso podría pedirles ayuda.

Con ese pensamiento, se recostó contra la fría pared del foso y se acurrucó un poco en su kimono. No tardaría en llegar la noche. Solo esperaba que para entonces la hubieran encontrado y la hubieran sacado de ahí.

Dio un respingo y parpadeó al darse cuenta de que se había quedado dormida. Estaba demasiado agotada y su cuerpo había cedido al cansancio.

Se escuchaban voces alrededor, ¿serían los cazadores? Intentó levantarse, pero el dolor del tobillo se lo impidió. Miró hacia arriba conforme las voces se acercaban.

Un hombre robusto, de unos treinta años de edad, se asomó al foso y al verla sonrió, giró un segundo su cabeza para hablarle a alguien detrás suya.

-¡Hey, Akira! Parece que hemos cazado algo mejor.

Kaoru parpadeó. ¿Se referían a ella?

"Claro, Kaoru, como que estás tan acompañada en este sitio se refieren a algún otro"

Vio asomarse a otro hombre, menor que el primero, con pelo oscuro y mirada bonachona.

-Vaya, es una chica.

Kaoru sonrió.

-Me caí aquí huyendo de un ladrón. ¿Podrían ayudarme?

El mas mayor sonrió y le dijo algo en voz baja más joven que no pudo distinguir, tras eso, le dedicó una sonrisa torcida muy autosuficiente.

-Te sacaremos de ahí enseguida, pequeña.

Kaoru se tranquilizó mientras los hombres preparaban las cosas para sacarla. En poco rato, vio descender al mayor por una cuerda que habían lanzado al interior del foso. Cuando llegó abajo, Kaoru se sorprendió de su altura. ¡Era un gigante! Llevaba una espada y tanto su gi como su hakama eran negros. ¿Sería un samurai Tokugawa? Esperaba que sí.

El hombre intentó levantarla, pero al ver que no podía se la cargó a la espalda donde Kaoru se aferró sin pensárselo dos veces. Una vez hubieron salido, la dejó sobre un carro lleno de paja y barriles de madera. Les dio las gracias mientras los hombres le dedicaban una sonrisa que ella no llegó a ver. Tras eso, echaron a andar en dirección contraria por dónde ella había venido.

Bien, al menos sabía que no eran amigos del bruto.

Kenshin rechinó los dientes mientras veía, agazapado en lo alto de un árbol como se llevaban a la niña.

No conocía la facción por sus ropas, pero estaba seguro de que no eran de los suyos. Tendría que seguirlos y recuperar a la niña en cuanto tuviera oportunidad. Pero antes quería ver a que facción pertenecían esos hombres.

Miró a su derecha y dio un salto hacía otra rama, y de ahí, se encaramó al árbol siguiente y bajo por el tronco de manera sigilosa. Tendría que seguirlos sin que lo descubrieran, de lo contrarió nunca sabría quienes eran.

Los fue siguiendo escondiéndose entre los troncos, las rocas y los arbustos hasta que llegaron a una bifurcación. Esa zona ya no la conocía él. Era bien entrada la noche y la maleza confundía los senderos. No sabía dónde estaba, pero parecía apreciarse luz en el camino hacia la derecha, que fue el que siguieron los hombres.

Tendría que quedarse un poco retrasado e intentar no perderlos de vista. Si se acercaba mucho lo descubrirían. Ralentizó el paso y agudizó su vista para poder seguirlos sin problemas.

Al final del sendero, en un claro, se alzaba una casa bastante grande. Frunció el ceño y esperó hasta que entraron para acercarse. Se pegó a la pared y se arrastró hasta que pudo distinguir por la ventana a la niña y a los hombres.

Observó.

Kaoru observó como la dejaban un momento sola y miró alrededor. Se escuchaban voces procedente de algún lugar de la casa, como si estuvieran celebrando algo. Incluso se escuchaba el ruido de la música y la algarabía de los hombres que brindaban por un tal Shikeigura.

¿De qué le sonaba a ella ese nombre?

El soshi se deslizó sacándola de sus pensamientos mientras veía entrar al joven que la había salvado junto con otro hombre de unos cincuenta años aproximadamente. Tenía el pelo canoso y le sonrió de una manera encantadora.

-¿Qué le parece señor? Ya le he dicho que era una niña de lo mas apetitosa.

El tal Shikeigura amplió su sonrisa.

-Desde luego. Es un gran regalo, amigo. Estoy seguro de que me va a ser de mucho servicio esta noche.

Los dos hombres rieron y Kaoru frunció el ceño. ¿De qué estaban hablando?

Shikeigura se acercó y le paso un frío dedo por la mejilla. Su sonrisa ya no resultaba encantadora ni mucho menos, empezaba a asustarla, y mucho. Por un momento se maldijo por haber pensado que alguien podía ayudarle. Había escapado de las garras del diablo para meterse directamente en el infierno.

¡Ella y su maldita confianza!

-Déjanos solos. –le ordenó al otro hombre.

El hombre sonrió, se inclinó y tras eso se marchó.

Kenshin se acercó más a la ventana, y aguantó un poco antes de entrar. ¿Qué hacía ese hombre y quien era?

Vio como la niña forcejeaba un poco mientras el hombre la agarraba de las muñecas y se mofaba. Sin poderlo remediar, en su mente empezaron a formarse imágenes.

Recuerdos de cuando era un niño indefenso y era una de sus hermanas las que estaba en la situación en la que estaba en esos momentos la niña. Sintió como una ira fría e irracional se apoderaba de él y entró por la ventana como el mismísimo diablo entraría en el infierno.

Kaoru se encogió y cerró los ojos con fuerza esperando lo peor, pero de pronto, sintió que el hombre se alejaba y un estruendo fuerte sonaba en la estancia. Abrió los ojos solo para encontrarse con el mismo hombre del que había escapado.

Shikeigura soltó un grito de guerra y se abalanzó contra el pelirrojo, que esquivó su golpe y se agazapó dando un salto hacia el costado con la mano en la empuñadura de su katana pero sin sacarla aún de su vaina. Shikeigura atacó de nuevo y se encontró con que el pelirrojo lo esquivaba de nuevo. Parecían un gato jugando con un ratón antes de zampárselo de un simple bocadito. De golpe el soshi se abrió y entraron los dos hombres que la habían sacado del foso. Rodearon al pelirrojo pero ni eso consiguió que el hombre se acobardara. Desvió todas y cada una de las estocadas que le dirigieron y apoyó su pie derecho con fuerza en el suelo mientras desenvainaba su katana haciendo un circulo que hizo que se retiraran un instante antes de ser cortados en dos.

Envainó de nuevo y se irguió.

El hombre que Kaoru reconocía como el gigante que la había sacado del foso se abalanzó con su katana en alto y el pequeño pelirrojo se sacó su espada envainada del cinto y desvió la estocada con la empuñadura, golpeó con la vaina al gigante en el ojo y desenvainó cortándolo en dos.

Horrorizada, Kaoru no pudo apartar la vista mientras veía al hombre caer al suelo. Vio como el más joven, el tal Akira se acercaba de nuevo al pelirrojo pero el hombre mayor lo apartó de un empujón.

-¡Tú no debes morir aún!

Se giró para enfrentarse con su captor, pero no le dio tiempo de moverse siquiera que el pelirrojo ya le había atravesado con la katana por debajo del mentón. Estiró con fuerza cortándole hueso y carne hasta que liberó de nuevo su espada y se giró a mirar a Akira que lo miraba atónito desde el suelo.

Arremetió contra Akira pero este pudo esquivarlo y la katana del pelirrojo cortó la madera de la pared. Se giró y miró a Akira con los ojos relampagueantes de furia. Le mantuvo la mirada hasta que Akira decidió atacar. El pelirrojo desvió la estocada con la hoja y bajo el cuerpo para asestarle un corte en diagonal en el estómago a su oponente.

Akira trastrabilló y se irguió de nuevo ayudándose con su espada antes de volver a arremeter. El pelirrojo dio un paso hacia él e hizo un medio circulo con su katana haciéndole otro profundo corte que lo hizo caer al suelo.

Kenshin se tocó la mejilla y deslizó la palma notando como esta se mojaba. Se la miró y frunció mas el ceño. Lo había herido. Ese hombre había conseguido herirlo... Lo escuchó pronunciar un nombre antes de clavarle la espada en la nuca, haciendo que muriera al instante.

Kaoru se tapó la boca, asustada por lo que acababa de presenciar. Los había matado sin esfuerzo alguno. Era horrible. Claro que lo que le pensaban hacer a ella también lo era. Al fin y al cavo ese bruto la había salvado. No sabía si sentirse agradecida o por el contrario huir, porque de seguro ese hombre tenía preparado el mismo tratamiento para ella.

El pelirrojo clavó su mirada en ella, fría y carente de compasión y Kaoru sintió que la oscuridad la engullía hasta que no pudo sentir nada más.

CONTINUARÁ

AGRADECIMIENTOS

setsuna17, frikireader y Lica