—Así pues… La vela que ha encendido antes era para ella… Dígame, ¿Por qué, en particular, ha escogido el día de hoy para encenderla?
—Evidentemente, porque fue el mismo día de hoy, hará un largo tiempo, cuando la vida de Yukiko y la de servidor se cruzaron. Servidor sabe que para Yukiko este día es un símbolo de haber renacido. Fue hace 13 largos años.
—13 años… Un poco antes de… De aquello. Ya sabe a qué me refiero.
—Keh keh keh… Servidor se acuerda también de eso. Fue entonces cuando se reencontró con su acólito y él le devolvió el favor salvándole la vida. A pesar de ser anciana,la memoria de servidor sigue bien.
—Sí, eso… No lo dudo. Entonces… Fue hace 13 años. Entonces conoció a Yukiko. ¿Qué pasó ese día?
—¿El acólito quiere escuchar la historia?
—Por favor. A lo mejor así aparco mis propios malos recuerdos de una vez por todas.—bufa Souta, molesto.
—Keh keh keh… Muy bien. Servidor le contará a su acólito la historia.
El cuenco tibetano resuena una vez más por toda la celda especial. Ryouken cierra los ojos, aparentemente para recordar mejor, aunque Souta sabe que recordará cada detalle a la perfección. Se coloca en una pose relajada y pensativa, y con su siniestra voz, comienza su relato sobre Yukiko.
—Si lo que el acólito quiere es olvidar el frío, ha elegido una narración errónea. Fue la noche del día 24 del último mes del año hará 13 años exactos. Un frío infernal, pocas veces visto, azotaba todo a su paso. Una noche poco adecuada para que una niña enferma diese un paseo por la nieve
—¿Yukiko paseaba sola por la nieve, de noche? ¿Qué edad tenía ella entonces?
—La misma edad que tenía el acólito cuando conoció a servidor.
—Seis años… Entonces, ahora tiene 19 años.
—Sí, eso es. A servidor todavía le sorprende que haya aguantado con vida todos estos años… Porque Yukiko padece de algún tipo de enfermedad severa.
—¿Está…Enferma? No me diga que su ceguera...—intenta deducir Souta.
—Es posible. Sufre de una enfermedad generalizada que la va destruyendo poco a poco. Eso hace que sus sentidos se alteren, le cueste moverse a largo plazo, tenga problemas para respirar… Y seguramente mucho más que a simple vista no se aprecie. Además, es muy sensible a las temperaturas. Que el acólito se la imagine tirada en la nieve, en una noche muy fría, en sus circunstancias.
—Sinceramente, ya debería estar muerta.
Tan dura opinión de Souta hace que Ryouken haga ademán de sonreír levemente.
—Sí, es cierto. Debería. En muchos sentidos debería estarlo. Quizás de la enfermedad, quizás del frío… O por otro motivo ajeno a cualquier mal corporal.
—No le sigo, señor Houinbou.
—Keh keh keh… Servidor y la muerte están relacionados de alguna manera, ¿No lo cree así el acólito?
Souta piensa un poco, y finalmente llega a una conclusión un poco desconcertante.
—Por aquel entonces… ¡Claro! ¡Usted trabajaba de asesino profesional! Esa es una relación que usted tiene con "la muerte"
—...Brillante deducción por parte del acólito. Así es, servidor recibía encargos muy particulares relacionados con la muerte del prójimo. Aunque aquello finalizó hace bastante tiempo. No por ello las víctimas se han despertado ahora, como no harán nunca más, pero el tiempo ha pasado.
—Por consiguiente…
—Servidor está convencido de que el acólito se habrá dado cuenta, o se dará cuenta en poco tiempo dada su inteligencia, pero debería saber que servidor, por aquel entonces, y aunque no tanto como actualmente, ya era bastante anciano, y el frío no le iba muy bien para la salud. Y Kuro siempre ha preferido el calor, por lo que la idea de salir a fuera por gusto no tiene mucho sentido.
—...En otras palabras, usted no se encontraba allí por casualidad, ¿Me equivoco? Era por… ¿Un encargo, quizás?
—El acólito no se equivoca, es tal y como él dice. Cierto individual contrató a servidor para poner final a una historia. A su historia. La historia de Yukiko.
—Espere, ¿Qué? ¿Su víctima esa noche...iba a ser Yukiko? —espeta Souta, con los ojos abiertos de par en par.
De repente, la típica sonrisa helada de Ryouken se metamorfosea en una incómoda seriedad.
—Eso es correcto. Por eso la afirmación del acólito no iba desencaminada. Esa misma noche, antes de cruzarse con la joven, servidor tuvo una visita a altas horas de la noche. Ahí se le encomendaba que acabase con ella.
—¿Qué clase de persona quiere ver muerta a una niña de 6 años? ¿Qué mal podría haber hecho, y más en su estado? Era demasiado joven, no me encaja, no sé…
—Servidor se sigue preguntando eso a día de hoy… A pesar de sus múltiples pecados, es incapaz de pensar en un motivo por el cual una niña tan pequeña pueda haber hecho mal a alguien. Esas, sin embargo, fueron las instrucciones.—replica.
Souta está confuso, algo que no había sentido en mucho tiempo.
—Pero… Yukiko está viva. Eso quiere decir que no la mató. ¿Qué pasó?
—Keh keh keh… Servidor siempre localiza a sus ví propias podrían decirlo… Si no estuviesen ya bajo tierra en algún lugar.—ironiza el asesino, con una sonrisa helada.— Kuro ya era muy inteligente entonces. Con su olfato, siguió el rastro de la pequeña hasta encontrarla. Al encontrar la señal de su presencia, Kuro ladró, como servidor le enseñó. Pero aquello no fue lo único que Yukiko escuchó.
No menciona directamente qué fue aquello. En su lugar, coge a tientas uno de sus cinceles, que tiene una campana idéntica a la de Kuro atada, haciéndola sonar en medio de la oscuridad del lugar.
"Ding… Ding…"
El pelirrojo siente el impulso de cerrar los ojos, para circundarse de la más completa oscuridad, al tiempo que oye el escalofriante sonido del pequeño instrumento. Envuelto en la misma oscuridad, es exactamente lo mismo que oyó Yukiko 13 años atrás.
—Al parecer, Yukiko había escuchado habladurías sobre servidor. Aunque nadie le había visto, muchos comentaban de boca en boca sobre un asesino ciego acompañado por un gran perro de caza negro, siempre acompañado por el sonido de las campanas, lo último que sus víctimas oyen jamás. Era bastante conocido… Pero por desgracia, nunca pudo firmar autógrafos, quizás porque no otorgaba tiempo para pedírselos. Firmaba sus propios autógrafos...Derramando su sangre.—explica, no sin reír con sarcasmo.
—...Trató de huir. ¿No es cierto?—inquiere Souta, todavía con los ojos cerrados.
—Keh keh keh… Es lo que cualquier alma inocente como ella hubiera hecho entonces. Kuro siguió su rastro con el olfato, en el fondo no servía de nada correr. Sin embargo, más tarde servidor quedó extrañado porque llegó bastante lejos a pesar de su ceguera.
—Quizás luchaba por su vida… Es el instinto que tenemos las personas, que protegemos nuestra vida con actos inconscientes, por estúpidos e inútiles que llegan a ser.
—...Es muy posible. Y al ser un acto tan estúpidamente instintivo, no fue demasiado bien. La chica no veía por dónde iba, y un tropezón fatal la precipitó colina abajo.
"¡Aaaaaaaaaaaah!"
—Servidor pudo escucharla gritar con su voz lastimera. Y aunque servidor no pudo verlo con sus propios ojos, el golpe que se oyó dejó claro que fue un golpe en la cabeza. Más tarde, servidor lo comprobó: Amnesia.
—¿Perdió sus recuerdos? Entonces, ¿No recuerda nada de lo que le pasó antes de conocerle?
—Absolutamente nada. Kuro ayudó a servidor a avanzar colina abajo, y la respiración cálida del animal hizo que Yukiko volviese en sí. Al escuchar a Kuro, servidor recuerda que se asustó mucho, cree que empezó a llorar, pero ya no podía hacerlo. También se espantó al revivir el sonido de las campanas de nuevo.
"Ding… Ding…"
—Aquella niña sorprendió muchísimo a servidor…
"Sniff… T-tengo miedo… N-no me haga daño… P-por favor… N-no sé d-dónde estoy… ¡T-tengo mi-miedo! Sniff"
—¿Le sorprendió en qué sentido? Eso es lo que cualquier niña asustada diría.
—El acólito no la conoce. Si la conociese, como lo hace servidor, sabría que una de las pocas zonas que su enfermedad no ha afectado es la gran inteligencia de la muchacha.
"Pero… Supongo que le causaría problemas… Pidiéndole algo así… Y yo… Ni siquiera sé quién soy…"
—Aun en su situación, ¿Se preocupó por lo que le pudiera pasar? ¿A alguien que le podía hacer daño?
—Servidor, hoy en día, cree que el miedo la afectó y además se asustó porque no recordaba nada de lo que había vivido. Eso hizo que no se sintiese importante. Pero…
—Pero igualmente valoró la situación… Y para tener 6 años… Esa no es una respuesta demasiado corriente. Dedujo que le podía pasar algo malo. Eso no lo ven todos, especialmente a los 6 años…
—Keh keh keh… Precisamente. Servidor se dio cuenta de que algo en esa niña no era corriente. Supo decirle su nombre…
"Yo… Yo soy… Me llamo… Yukiko. Y… y tengo seis años… Creo."
—Al parecer, poco antes de su amnesia lo aprendió, al ser reciente lo recordó con facilidad. No obstante… No pudo recordar absolutamente nada más.
—¿Ni siquiera un apellido? Si le enseñaron el nombre, igual le dijeron el apellido.
—...Ningún apellido. Lo único que llevaba consigo era su cruel enfermedad. Pero Yukiko escuchó la voz de servidor. El tañer de las campanas no fue lo último que escuchó. Entonces, ya no podía ser una de las "víctimas", las cuales oyen la campana antes de perecer.
—Fue cuando le perdonó la vida… ¿Por qué, exactamente, lo hizo?
—…"Trata a los demás como quieras que ellos te traten a ti, y trata a los demás como te tratan a ti". Cree que así era el dicho que servidor aprendió hace mucho.
—Creo que lo entiendo… Aun en su estado tan lamentable, su manera de pensar fue a favor de quien, aparentemente, iba en su contra… Es decir, se preocupó por lo que le pudiera pasar a usted, quizás al verse tan inútil. Y usted no suele dejar esas cosas impagadas.—razona Souta.
—Keh keh keh… Servidor será muchas cosas, como siniestro, tétrico, y un poco asesino, pero no es desagradecido.
—Lo imaginaba. Así que le perdonó la vida para, de algún modo, devolverle el favor que le hizo al preocuparse por usted, incluso en la situación en la que se encontraba.
—Por eso… Y porque servidor posee, y poseía entonces, cierto sentido común. Un sentido común que le decía que algo había que no debía ser como se veía. La niña era demasiado joven para haber hecho cosas tan horribles como para desear su muerte. Y más tarde… Servidor comprobó que estaba en lo cierto. Algo en ella no era como se veía… Aunque servidor no pudiese ver nada.
—¿A qué se refiere con eso? ¿Qué pasó?
—La joven Yukiko no podía agradecer a servidor su humilde gesto, más que nada porque estaba a un minúsculo paso de una horrible hipotermia. Además, su cruel enfermedad, siempre al acecho, no le dejó ninguna tregua.
—¿Hipotermia?
Souta calla al instante. Primero la niña con seis años, luego coincidencia en el día y después peligro de muerte por bajas temperaturas, además de amnesia. Es todo demasiado parecido.
—Keh keh keh… Así es. Servidor la abrigó tan bien como logró e hizo que Kuro la ayudase a caminar… Aún sin saber de su ceguera. Como el acólito comprenderá, le era imposible saberlo. La llevó a uno de sus escondrijos, donde entró en calor con un kimono que le proporcionó, porque más vale que sobre que no que falte.
—Vamos, que le dio un kimono que le iba enorme, pero que la mantenía caliente.
—Keh keh keh…
—¿Es el mismo que lleva ahora? Aunque ahora le va corto, por eso al llegar aquí tuvo que pillar frío…
Deduciendo las intenciones de Ryouken, Souta destapa ligeramente a Yukiko y ayuda al asesino ciego a que su mano llegue a la tela que lleva puesta.
—Precisamente… Es el mismo que servidor le regaló entonces.
—¿Lo reconoce… Con solo tocar la tela?
Ryouken no menciona nada al respecto, porque sabe que el pelirrojo, por sí mismo, ya lo sabe, y la pregunta solo es un acto reflejo ante la sorpresa: al ser ciego, sus otros sentidos se intensifican para suplir el que falta. Eso le recuerda a algo…
—Un rato después, la joven Yukiko despertó. Al parecer, el kimono la ayudó a sobrevivir. Ahí, servidor le contó lo que había sucedido mientras no estaba consciente, y ella hubiera llorado… Si hubiera podido.
—Imagino que sintió que le debía un favor enorme.
—Ese parece ser el caso. Servidor cree que ese "favor enorme" del cual habla el acólito tiene algo que ver con el porqué ha vuelto la muchacha después de tantos años.
—...Pero no puede saberlo, ¿No es cierto?
—Keh keh keh… "Aunque se compartan los pensamientos, uno nunca sabrá con total exactitud lo que piensa el prójimo."
Ryouken, como ha asegurado mediante uno de los enigmas con los que habitualmente adorna sus palabras, no está seguro en su totalidad. Pero también ha dicho que posee un agudo sentido común.
—A servidor le conmovió que, desde entonces, la joven Yukiko le apreciase tanto. Inmediatamente recordó sobre aquel acólito suyo, al que sacó de un aprieto similar. Por eso, servidor sonrió como pocas veces lo ha hecho.
—Ya me he fijado…
—Keh keh keh… Lo sabe. Bueno, entonces, fue cuando servidor pudo aprender más cosas sobre aquella niña con la que se había cruzado en su camino de la vida. La invitó a tomar un poco de té para recuperarse, y le dio unas galletas, supuso que le gustarían. Pero no supuso demasiado bien.
—¿No le gustaron las galletas? ¿Qué tendrá eso que ver con la historia principal?
—Tiene que ver… Ya que, por ejemplo, no notó el calor del té. Ni siquiera servidor la escuchó protestar por el fuerte aroma a incienso del lugar. Y le costaba escuchar el viento golpear las ventanas. Luego, no supo cómo coger la taza que servidor le ofrecía, más concretamente, dónde cogerla. Y por último, las galletas y el té no fueron de su especial agrado.
—¿Qué me quiere decir con todo eso?—inquiere Souta, aunque entreleyendo un poco la respuesta entre líneas.
—Keh keh keh… Tacto. Olfato. Oído. Vista. Gusto.
—¿Eh? ¡Ah! ¡Esa chica…! ¿...Carece de sentidos?
—Hm… Servidor cree que no exactamente. Algunos sentidos, como la vista o el olfato, están completamente extintos en su persona. Pero otros como el tacto y el oído todavía funcionan, aunque se deterioran poco a poco…
—...Esa es su enfermedad. Sus sentidos se deterioran. Entre otras cosas.
—Entre otras cosas… Que deben hacerle la vida muy, muy complicada.
Ante la deducción solemne del asesino ciego, Souta calla. No hay nada que niegue eso.
—Servidor enseguida notó que algo en esa niña no iba normal. Y casi se alegró por haberle perdonado la vida. Ya que no es demasiado ético atacar a alguien en esa condición.
—Algo me dice que eso mismo le dijo a Yukiko por aquél entonces. —formula el antiguo domador, con certeza.
Definitivamente, ese es el acólito al que conoce y quiere.
—Es que… Ella aseguró que, aunque no recordaba muy bien cómo empezó aquella enfermedad, y aunque servidor la hubiese matado, hubiese acabado muriendo de todas formas. La muerte la acompañó desde el principio.
—Esa compañera de viaje tan desagradable de la que habló antes…
Meditando, Ryouken calla un instante. Su semblante refleja que está pensando muy detenidamente.
—Por qué no decirlo, la joven Yukiko le dio cierta pena. Pero… Simultáneamente… Le llamaba mucho la atención.
Aunque no especifica por qué era así, el pelirrojo tiene su propia hipótesis al respecto. Demasiadas coincidencias.
—La joven estaba dispuesta a tratar de sobrevivir lo máximo que lograse, como manera de darle las gracias a servidor por su gesta. Por otro lado, no estaba para nada convencida de que fuese a durar mucho tiempo.
—Fue entonces cuando los caminos de ambos se separaron, ¿Me equivoco?
—Sin embargo, antes de que la niña partiese, servidor le hizo un último regalo. La campanita que lleva en el cinturón. Es cosa suya.
—¿Le dio esa campanita usted?
—Efectivamente. No es idéntica a las campanas genuinas símbolos de servidor, esos dos símbolos que aterrorizaron tanto a la gente en su momento. Las genuinas están en el cuchillo de servidor, aunque ahora esté en un cincel, y la segunda en Kuro. La campana de Yukiko no es igual a las otras, es ligeramente diferente. Pero servidor puede reconocerla perfectamente por el timbre que hace al tañer.
Souta no le interrumpe. Sabe de sobras que todavía no ha terminado. Falta decir el motivo por el cuál le dio esa campana a la joven a la que salvó.
—Servidor estaba deseando volver a escuchar esa campana. Eso es símbolo de que sigue viva, y que ambos, servidor y ella, se han reencontrado después de tanto tiempo. Por eso, al oír esa campana de nuevo, cuando Yukiko cayó al suelo, la reconoció al instante. La campana de la muerte.
—¿La campana de la muerte? Bonito apodo.
—La muerte no es ninguna broma, en realidad. Así la bautizó Yukiko. Cuando servidor se la dio, le dio las gracias aunque no pudo evitar compararla con ello.
"Ahora que va conmigo, lleva la muerte con ella, esta campana. Justo como yo. Es la campana de la muerte."
—Ya veo…
—Y con esto, llegan al día de hoy. El día en el que Yukiko asegura que "renació". Ha aguantado 13 años más desde su "renacimiento".
—Déjeme preguntarle algo, ¿Sabe si ha recordado algo de antes de ese "renacimiento" suyo?
—….No es demasiado probable que sea así. Lo único que sabe de antes, cree recordar servidor, es su nombre, su edad, alguna cosa sobre su enfermedad, y que su cumpleaños es cerca de la fecha en la que se encuentran.
—Espere, ¿Cómo sabe eso?
—Servidor cree recordar que Yukiko le comentó que recordaba algo decirle que ya había cumplido los 6, reciente a la fecha donde perdió su memoria. Igual no es cierto. Es algo que recordó. Pero servidor cree que no ha recordado nada más. Al menos, nada relevante.
—Entonces… Si ella tenía 6 años… Ja, qué coincidencia. Nació más o menos cuando yo me morí.—espeta Souta, con frialdad.
Si ese recuerdo de Yukiko es cierto y nació a finales de diciembre, eso supondría que el día de su verdadero cumpleaños fue cercano al día en que Souta perdió todo lo que tenía. Lo que desencadenó su posterior venganza. La destrucción de todo cuanto conocía. Su muerte metafórica.
Y aunque Ryouken podría darle alguna clase de ánimo, aunque disfrazado de adivinanza, lo único que le dice es algo que le desconcierta todavía más.
—Keh keh keh… ¿Acaso el acólito cree en las coincidencias?
—¿Eh?
El acólito pelirrojo abre bien los ojos, refugiados por una gran seriedad bajo la cual se intuye su incredulidad. ¿Qué le quiere decir el señor Houinbou con eso?
La pregunta no es sencilla de responder, ya que su significado, al menos el que quiere darle Ryouken, es más profundo de lo que parece. Por el momento, Souta permanece callado como una tumba. Se ha quedado sin habla.
—¿Ha entendido el acólito la historia de la joven Yukiko?
Ese cambio de tema ha sido rápido. De ahí, el antiguo domador deduce que esa era una pregunta retórica, con el mero objeto de una reflexión profunda, en lugar de una simple respuesta.
—Sí, señor Houinbou, creo haberlo entendido. Así pues, supongo que el vestido que hay junto a la vela es suyo… De Yukiko, quiero decir.
—Oh, ciertamente. Es el vestido que vestía la pequeña niña antes de que servidor la abrigase con el kimono.
—No parece un vestido de invierno, si es de tirantes… Me pregunto de dónde lo sacaría. Aunque supongo que estar preguntándome de dónde viene el vestido roto de una cría no va a solucionarme nada.
—Ah, ahora que el acólito hace mención de ello… El vestido ya estaba roto cuando servidor se cruzó con la cría. El jirón que falta fue lo que olfateó Kuro para seguir su rastro…
—Hum… Supongo que eso tiene sentido…
—A todo esto, ¿Dónde se encuentra Kuro ahora?
Souta se da la vuelta, buscando en la celda un rastro del animal para responder a la pregunta. Sorprendentemente, se encuentra con que Kuro se ha acurrucado cerca de la durmiente Yukiko, y se ha quedado traspuesto. Parece agradarle la compañía de la muchacha. Algo totalmente impropio en un perro como él.
—Está… ¿Durmiendo al lado de esa chica? Increíble…
—Cierto. Kuro siempre ha mostrado simpatía por la joven Yukiko. Hace 13 años también era así. Incluso la ha reconocido. Servidor no recordaba a nadie, exceptuando a él mismo y a su acólito, al que Kuro se hubiese acercado con confianza.
Se hace el silencio en la celda especial. El joven pelirrojo no puede apartar la vista de la chica que yace agotada en el futón, durmiendo a pierna suelta.
—¿Algún pensamiento circula errante por la mente del acólito?
—No es nada, señor Houinbou. Es solo que… Esa chica… Yukiko…
—¿..."Tiene algo especial"? Sí, servidor tiene la misma idea de ella. Precisamente por eso, a día de hoy, servidor no se arrepiente ni un ápice de haberle perdonado la vida.
Las palabras de Ryouken se graban en su cabeza, como lo hace el resto de palabras pronunciadas por el anciano asesino. ¿"Especial"? Es posible que tenga razón, sin embargo, ¿Qué significa ser especial? ¿Significa que un perro testarudo con malas pulgas se acerca a ti sin ladrar? ¿Quizás sea que un asesino profesional te haya perdonado la vida que se supone que tendría que haberte arrebatado? O a lo mejor… ¿Tenga que ver con ciertas similitudes entre las historias de dos humanos distintos?
—Quizás lo mejor sea que el acólito medite un poco abrigado por su manta. Servidor cree que tantos malos recuerdos rematados por una aparición tan inusual son objeto de descanso. ...El sol traerá consigo más palabras.
Igual no quiera admitirlo, pero Ryouken lleva parte de razón. Está soberanamente harto de recordar cosas que no deberían ser nunca recordadas, y además la llegada de esa chica misteriosa le ha desconcertado todavía más. Necesita una buena siesta. Igual así esté más lúcido, ahora que puede dormir sin despertarse a medianoche aterrorizado.
Por lo tanto, Souta no le da ni una vuelta más. Se acomoda en su futón, y se tapa con la manta, desafiando al molesto frío con ella y con su mirada más intimidatoria.
—Que el acólito pase unas buenas noches.
—...Gracias, señor Houinbou. Igualmente.
Y aunque su objetivo al meterse en el futón es, evidentemente, dormir, no lo consigue inmediatamente. Desde su posición, puede ver parte de la cara de Yukiko, cómo al dormir cierra sus ojos ciegos y su melena oscura y larga le baja desordenada al lado de la cara. Siente algo extraño al contemplar su rostro. Algo… Que ni siquiera él es capaz de describir.
Se da la vuelta para evitar pensar en el tema, y después de un rato más en vela con sus cavilaciones, Souta termina profundamente dormido. Ahora que está bajo la protección de Ryouken, siente la seguridad que un padre nunca le proporcionó. Ahora, puede dormir sin nada que temer. Ahora que su "padre" le vigila.
Ciertamente, su padre le vigila. Aunque con ojos ciegos, Ryouken sigue despierto bastante rato más. En ese instante, toda vida a su alrededor está profundamente dormida, por lo que puede hablar sin ser escuchado.
—Keh heh heh… Servidor también se ha dado cuenta de los múltiples puntos que la recién llegada y el acólito tienen en común. El acólito ahora tiene una buena oportunidad para rehacer su vida rota, por mucho que el propio acólito asegure que está menos destrozada que una de las víctimas de servidor antaño. ...Servidor espera que así sea… Y la llegada de Yukiko le traiga algo más que pensamientos confusos.
Cuando el monje budista adopta este estilo de habla, nadie sabe si lo que dice es una plegaria, una adivinanza… O una premonición basada en un presentimiento.
