Capítulo 2

—Está bien, Sakura Haruno, tu oportunidad empieza ahora. Te voy a formar un equipo con Tsunade aquí, que ha estado trabajando en esta casa tanto como yo lo he hecho. Ella te dará instrucciones y luego me informará. Tendré una respuesta al final del día. Aquí está tu prueba, Señorita Haruno, te sugiero que no lo arruines.

Asentí con la cabeza y sonreí a, la ahora de pie, Tsunade.

—Sígueme —dijo la rubia alta y delgada que parecía tener por lo menos sesenta y cinco años antes de que se volviera y saliera de la habitación.

Hice lo indicado y no realicé contacto visual con ninguno de los otros en la habitación. Tenía un trabajo que salvar.

Tsunade me llevó por un pasillo y más allá de varias puertas. Nos detuvimos, abrió, y entró. La habitación tenía estantes de libros desde el piso hasta el techo. Sillas grandes, de cuero marrón oscuro se encontraban esparcidas por la habitación. No se enfrentan entre sí o parecían ser utilizadas para cualquier tipo de visita o para socializar. La habitación era claramente una biblioteca. Un lugar donde alguien podría venir, encontrar un libro, y perderse en una de las cómodas sillas de gran tamaño.

Tsunade levantó un brazo frente a ella haciendo un gesto hacia la habitación con un poco de estilo. Me sorprendió que viniera de la señora mayor.

—Este es el lugar favorito de la Sra. Uchiha. Ha estado cerrado todo el año. Vas a desempolvar los libros y los estantes, limpiar la madera con el limpiador especial, y las ventanas con Windex. Vas a aspirar las cortinas, limpiarlas, y encerar las maderas. Esta habitación debe brillar. A la Sra. Uchiha le gustan las cosas perfectas para su santuario. Voy a venir a buscarte a la hora del almuerzo, y vamos a comer en la cocina.

Se acercó a la puerta, y la oí agradecer a alguien. Dio un paso atrás en el interior tirando de un carro lleno de artículos de limpieza. —Esto va a tener todo lo necesario. Ten cuidado con todas las obras enmarcadas y las piezas de arte. Te advierto que todo en esta casa es muy valioso y debe ser tratado con sumo cuidado. Ahora, espero que trabajes duro y no pierdas el tiempo con tonterías. —La Sra. Tsunade de rostro hermético salió de habitación.

Di vueltas, viendo la extravagancia de mi entorno. La habitación no era muy grande, sino que sólo parecía estar llena. Podía limpiarla. No se me había pedido hacer algo imposible. Fui a los suministros para quitar el polvo y me dirigí hacia la escalera que conectaba las estanterías. Bien, podría comenzar en la parte superior, ya que el polvo siempre cae.

Me las arreglé para desempolvar todo y limpiar las ventanas antes de que Tsunade volviera a buscarme para el almuerzo. Necesitaba un descanso y algo de comida. Su ceño fruncido era una vista agradable. Movió su mirada por la habitación y asintió con la cabeza antes de llevarme de vuelta por el mismo camino que había tomado esta mañana en silencio. El olor a pan recién hecho me golpeó a la vuelta de la esquina y me metí en la luminosa cocina de gran tamaño. La Sra. Chiyo estaba sobre la estufa, apuntando a una mujer más joven que llevaba el pelo recogido en un moño cubierto con una redecilla para el pelo, al igual que la Sra. Chiyo.

—Huele bien, Koyuki. Creo que lo tienes. Vamos a probar este lote con el personal hoy, y si a todo el mundo le gusta, puede hacerse cargo de la cocción del pan para las comidas de la familia. —La Sra. Chiyo se volvió, secándose las manos en el delantal—.¡Ah, aquí está nuestra nueva empleada! ¿Cómo van las cosas?

La Sra. Tsunade asintió y dijo: —Bien.

O esta señora no sonreía mucho o simplemente yo no le gustaba.

—Siéntate, siéntate, tenemos mucho que hacer antes que llegue la familia.

Me senté después de que Tsunade lo hizo, y la Sra. Chiyo dejó bandejas de comida en frente de nosotros. Debo estar haciendo algo bien ya que Tsunade dirigió sus palabras en mi dirección. —Todo el personal come en esta mesa. Todos venimos a diferentes turnos para el almuerzo. Puedes elegir lo que quieres para comer.

Asentí con la cabeza y cogí la bandeja de sándwiches y tomé uno. Saqué un poco de fruta fresca de una fuente.

—Las bebidas están allá en la barra. Puede ir a escoger lo que está allí o arreglar algo por ti misma.

Me acerqué y vertí un poco de limonada. Comí en silencio, mientras escuchaba a la Sra. Chiyo dirigir a la dama a la que llamó Koyuki. Parecían estar haciendo pan para la comida de esta noche. Ni Tsunade, ni yo hicimos algún intento de conversación.

Después de que terminamos, seguí a Tsunade a la pileta donde se enjuagan los platos y los cargamos en el lavavajilla nosotras mismas. Al igual, en silencio, volvimos a la biblioteca. Me hallaba un poco menos nerviosa ahora y más interesada en lo que me rodeaba. Noté los retratos a medida que caminaba por el pasillo. Había de dos niños muy lindos. Cuanto más caminaba, más mayores se volvían. Hacia la gran abertura llevaba a la biblioteca, un rostro extrañamente familiar me sonrió desde una pintura de tamaño natural. Un rostro que había visto muchas veces en la televisión y en revistas. Anoche durante la cena, había estado en la televisión. Mebuki veía los canales de entretenimiento diario durante nuestra comida. El rockero adolescente y galán Sasuke Uchiha era uno de sus temas favoritos. Ayer por la noche había estado del brazo de una chica que se rumoreaba estaría en su nuevo video musical. Tsunade se detuvo detrás de mí. Me volví hacia ella, que parecía centrada en el retrato.

—Esta es su casa de verano. Él va a llegar con sus padres y su hermano en cualquier momento. ¿Puedes manejar esto?

Simplemente asentí con la cabeza, incapaz de formar palabras a partir de la conmoción de ver la cara de Sasuke Uchiha en la pared.

Tsunade caminó de nuevo, y yo la seguí a la biblioteca. —Él es la razón por la que no contratamos adolescentes. Este es un escape privado para él. Cuando era más joven, sus padres insistieron en que tomara un descanso cada verano y pasara tiempo con ellos lejos de las brillantes luces de Hollywood. Ahora es mayor y todavía viene aquí para el verano. Se va de vez en cuando para ir a diferentes eventos, pero en su mayor parte, esta es su escapada. Trae a su familia con él, ya que no se ven mucho durante el año. Si no puedes manejarlo, se te despedirá de inmediato. Su privacidad es de suma importancia. Es por eso que este es un trabajo bien pagado. Me enderecé y agarré el cubo que había estado usando.

—Puedo manejar cualquier cosa. Este trabajo es más importante para mí que una estrella adolescente de rock.

Tsunade asintió con la cabeza, pero a partir de su ceño, pude ver que no me creyó.

Me concentré con más energía en mi trabajo. Al final de un largo día, escuchaba mientras que la silenciosa y ceñuda Tsunade informó a la Sra. Chiyo. Ella creía que iba a ser una buena trabajadora, y que se me diera una oportunidad. Le di las gracias a ella y a la Sra. Chiyo. Debería ser capaz de ahorrar el dinero suficiente para el otoño, cuando mi mamá tendría al bebé, sin trabajo, y estando de vuelta en la escuela. Podría hacer esto.

Sí, Sasuke Uchiha era famoso, y sus increíbles ojos negros oscuros hacían que me palpitara el corazón. Me obligué a admitir eso. Sin embargo, no era sólo porque pasó a ser una de las más bellas creaciones conocidas por el hombre. Todo el mundo sabía que la belleza es superficial. Supuse que lo superficial escapando de sus venas sería tan repugnante, que no le importaría si yo limpiaba su casa y paseaba en los pasillos. Además, los chicos eran una especie de la cual yo no sabía nada.

Nunca tuve tiempo para hablar con uno, incluso cuando hicieron todo lo posible para hablar conmigo. Siempre he tenido grandes problemas en la vida, como asegurarme de que comiéramos y que mi madre se acordara de pagar nuestras cuentas.

Cuando pienso en todo el dinero que había gastado, en los condones que metí en sus manos y carteras antes de que saliera con los innumerables hombres que acudían a ella, realmente tuve un momento difícil para no enojarme con ella. Incluso en ropa de tienda de segunda mano, parecía magnífica. Uno de sus muchos hombres repugnantes me dijo que heredé el maldito aspecto. Desde su pelo rubio (aunque el mío es rosado) y lacio a sus claros ojos verdes y pestañas negras, me las arreglé para conseguir todo.

Sin embargo, me faltaba la única cosa que yo sabía que me salvaba de un desastre seguro, en realidad, yo me veía más bien aburrida. Algo que a mi madre le encantaba recordarme, sin embargo, en lugar de estar molesta, me aferraba a ello por la vida. Lo que ella pensaba sería una caída de mi carácter, a mí me gustaba verlo como un salvavidas. No quería ser como ella. Si tener una personalidad aburrida me impediría seguir sus pasos, entonces lo abrazaba.

El apartamento en el que vivíamos, por casi quinientos al mes, se hallaba debajo de una casa enorme, vieja. Entré para darme cuenta de que Mebuki no se encontraba en el interior. Con sólo cuatro habitaciones, no podía haber ido muy lejos.

—¿Mamá? —No recibí respuesta.

El sol se ponía, así que salí a lo que Mebuki nombraba como patio. Si me preguntan eso era realmente más como un pequeño trozo de losa. Estaba de pie en el patio, con su estómago cada vez mayor, a la vista de todos, en un bikini que había comprado en una tienda de segunda mano, hace unas semanas. Se volvió y sonrió. La fachada de enferma de esta mañana ya no aparecía en su rostro. En cambio, parecía estar radiante.

—Sakura, ¿cómo te fue? ¿La Sra. Chiyo te hizo pasar un mal rato? Si lo hizo, espero que hayas sido agradable. Necesitamos este trabajo, y tú puedes ser tan grosera y poco sociable.

La escuché hablar de mi falta de habilidades sociales y esperé hasta que terminó antes de hablar. —Me dieron el trabajo para el verano si lo deseo.

Mebuki suspiró dramáticamente. —Maravilloso, realmente tengo que descansar estos próximos meses. El bebé está tomando tanto de mí. Simplemente no entiendes lo difícil que es estar embarazada.

Quería recordarle que traté de evita su embarazo mediante el sacrificio de dinero para la comida comprándole unos estúpidos condones, ¡Que no ayudaron en absoluto! Sin embargo, asentí con la cabeza y entré con ella.

—Me muero de hambre, Sakura. ¿Hay algo que puedas hacer muy rápido? Estoy comiendo por dos estos días.

Ya había previsto lo que comeríamos para la cena antes de llegar a casa. Sabía que mamá no podía hacer nada en la cocina. De alguna manera, sobreviví los primeros ocho años de mi vida con mantequilla de maní y mermelada. Alrededor de la época en que cumplí ocho años, me di cuenta de que mi madre necesitaba ayuda, y empecé a crecer más rápido que los niños normales. Cuanto más ofrecía para hacer, más me daba ella. En el momento en que había cumplido once años, lo hacía todo.

Con los fideos cociéndose y la salsa de carne a fuego lento, fui a mi habitación. Me saqué la ropa de trabajo y me puse un par de pantalones vaqueros de tienda de segunda mano, que resultaban ser el núcleo de mi armario, y una camiseta. Mi guardarropa era simple.

La cacerola, en la cocina, con los fideos, silbaba para hacerme saber que necesitaba revisar los alimentos. Mebuki no iba a levantarse y comprobar las cosas. Corrí de nuevo a la pequeña cocina, saqué un espagueti con un tenedor, y lo colgué en la pared detrás de la estufa. Se quedó pegado. Estaba listo.

—De verdad, Sakura, el por qué tiras los fideos en la pared están más allá de mí. ¿De dónde sacaste esa idea loca?

Levanté mi mirada hacia Mebuki. Golpeó el sofá de colores pastel, que venía con el apartamento, con el bikini.

—Lo vi en la televisión una vez cuando era más joven. Se ha quedado conmigo desde entonces. Además de que funciona.

—Es repugnante, eso es lo que es. —murmuró Mebuki, desde su lugar en el sofá.

Ella no podía hervir agua aunque quisiera, pero decidí morderme la lengua y terminar con la cena.

—Está listo, mamá—dije, mientras ponía un montón de espaguetis en un plato, sabiendo que me pediría le llevara uno.

—Tráeme un plato, ¿Quieres, cariño?

Sonreí. Siempre un paso por delante de ella. Rara vez se levantaba en estos días, a menos que fuera absolutamente necesario. Puse un tenedor y una cuchara en el plato y se lo llevé. Ni siquiera se sentó. En su lugar, lo colocó en el estante de vientre que había desarrollado, y comió.

Puse un vaso de té helado a su lado y volví a buscar uno para mí. Había trabajado mi apetito hoy. Necesitaba comida.1

1Bueno hasta aquí el segundo capítulo de esta hermosa historia c: