La Venganza de Ozai

Resumen: Doce años después de la batalla final, Zuko llama a Katara para que cure las víctimas de una epidemia que se esparce por toda la Nación del Fuego. [Katara/Zuko]

Rating: T por AdolescenTe.

Disclaimer: ALLDA es propiedad de Nickelodeon, no mía. No hay beneficios con esta historia.

A la mañana siguiente, un guardia lo despertó temprano para decirle que Iroh había enfermado durante la noche.

-Un caso de indigestión nada más -aseguró Iroh, desde la cama.

-Los cocineros responderán por eso -replicó Zuko.

Iroh sacudió la mano.

-No, no. Es culpa mí. Debí haber sabido no mexclar comida tan pesada con tanto alcohol. Pero la sola idea de subirme a un barco... -sus ojos se voltearon dramáticamente, y se hundió en las almohadas-. Sobrino, me temo que no estoy lo suficientemente bien para hacer el viaje con Lady Katara -abrió un ojo-. Tendrás que hacerlo en mi lugar.

Zuko se recostó en su silla, toda preocupación por su tío había desaparecido bajo una ola de fastidio y recelo.

-Tal vez debamps dejar que Lady Katara le eche un vistazo a tu estómago, viejo. Oigo decir que puede hacer maravillas con los fluidos digestivos.

Iroh se agarró la panza.

-¡No! -parpadeó-. Digo, eso no será necesario.

Zuko ladeó la cabeza.

-No estás para nada enfermo.

-Conozco mi propio estómago, Zuko, y en el momento en que ponga un pie en ese bote, Lady Katara se enfrentará a una demostración de sus contenidos -- lo poco que queda de ellos.

-Y naturalmente, crees que debería ir con ella en tu lugar. Yo, el Señor del Fuego, arriesgarme a un contagio en Tetsushi.

Iroh arqueó una espesa ceja.

-¿Estás insinuando que Lady Katara, tu amiga, es prescindible? ¿O que yo soy prescindible? ¿Eres un Señor del Fuego tan grande que no puedes arriesgarte por el bien de tu nación?

Se le enfrío la piel ante la réplica de su tío. Zuko suspiró.

-Sabes que no quise decir eso.

Iroh esperó un momento antes de hablar.

-Sí, lo sé. Pero tú peleaste junto a Katara por la libertad de esta nación, y ahora la has elegido para que te ayude a protegerla de nuevo. Lo menos que puedes hacer es aligerar su carga, como lo hiciste en el pasado.

-Mis asuntos no están en orden.

-Estoy seguro que me puedes convencer de hacerme cargo de tus deberes por un tiempito -repuso Iroh-. Este virus mío se irá en cosa de un día.

-Que conveniente de parte de tu virus, que tome en cuenta mi agenda -retrucó Zuko-. Uno creería que se deleita con la idea de que escolte a Katara a Tetsushi.

-Uno creería.

-Uno también creería que tu virusito sea el que ha estado rumoreando sobre mis presuntos planes de casarme con ella.

Iroh tomó una taza de té entre los dedos y bebió delicadamente.

-Tu gente ve lo que desea ver, Señor Zuko.

Zuko se inclinó hacia delante.

-Tío, fueran cuales fueran mis sentimientos en el pasado, en el pasado es donde deberían quedarse. Rumores como ese solo confundirán a Katara y nos distraerán a ambos de la misión.

Iroh arqueó las cejas.

-¿Oh? ¿Eso significa que has accedido a escoltarla?

Demasiado tarde, Zuko vio la trampa cerrándose a su alrededor. Suspiró, y asintió.

-Lo haré.

Iroh sonrió.

-Ya me estoy sintiendo mejor.


El buque zarpó adentrándose en el helado aire matutino, con el doble de la escolta normal.

-El porque lo necesitamos está más allá de mi entendimiento -indicó Katara. Juntó algo de agua y la tiró contra el casco-. Soy una maestra de agua control, después de todo.

-Están aquí en caso de que nuestra escolta se enferme en Tetsushi -respondió Zuko, mirando fijamente el mar. Se volvió hacia ella, agarrándose de la baranda-. Nunca te agradecí por tomar este riesgo.

-Yo todavía tengo que agradecerte por compartirlo conmigo -repuso Katara, y Zuko supo que su tío había tenido razón. Era mejor aceptar este peligro con ella que esperar que ella y Iroh fueran solos. La observó estirar los brazos sobre la barandilla para hacer nutrias-koala del agua. Saltaban al lado del bote, haciendo espiral con un movimiento de la muñeca de Katara. Destellando, se disiparon como gotas y cayeron al mar. Ella rió-. He extrañado esto.

-¿El humo del carbón? ¿Las raciones? ¿El humor marinero?

Ella hizo un mohín.

-El agua control, Zuko. He extrañado el agua control.

Él frunció el ceño.

-Haces agua control en el Templo Aire del Sur, ¿no?

Ella puso los ojos en blanco.

-Por supuesto que si. Pero siempre son barriles de lluvia o rodillas raspadas, no esto -hizo un ademan, y dos olas gemelas de agua se levantaron a lo largo del barco y chocaron sin problemas hacia atrás-. Es como pintar una taza de té cuando en realidad quieres un mural.

Zuko lo consideró. Como elemento, el fuego estaba siempre presente. No tenía necesidad de esperarlo para disponer de él. Para Aang, el aire era lo mismo. Pero los maestros agua y tierra necesitaban su elemento, y en las montañas Katara estaba rodeada de piedras y viento. Por primera vez, se preguntó como sería negar una parte tan inmensa de uno mismo.

-He extrañado el mar -contó él-. Solía pensar que no podía esperar para dejarlo. Pero aquí, tomaba mis propias decisiones.

-¿Y ahora no?

-Tú estás rodeada de niños, yo estoy rodeado de políticos. Nuestras situaciones no pueden ser tan diferentes.

-Los niños son un poquitos más honestos con su egoísmo -retrucó Katara, sonriendo.

-Lamento los dichos del ministro de Interior -se disculpó Zuko. Dobló los codos y apoyó sus antebrazos en la baranda, descansándose en ellos-. ¿Como están tus cargas, en serio?

-La mayoría bien -contestó-. Siempre quieren ver el mundo exterior y tener aventuras.

-La aventura está sobrevalorada.

-Eso es lo que les digo -enlazó los dedos-. Tus donaciones han sido de ayuda. Es agradable poder comprar carbón extra durante esos inviernos de montaña.

Él se giró.

-¿Necesitas más dinero?

Ella meneó la cabeza.

-No, no. Siempre se aprecia más, por supuesto, pero estamos tratando de auto-bastecernos tanto como podemos. Entreno maestros agua para que puedan ser curanderos, todos reciben lecciones de artesanías -- carpinteros y tejedores y herreros donan su tiempo para ayudar a los niños a aprender. Cuanto más podamos producir solo, más podremos vender para sacar beneficio y menos dependeremos en los demás. El orfanato no debería ser nunca una carga.

-No lo es -aseveró Zuko-. Es un servicio. Los servicios requieren apoyo público -abrió la boca para hablar una vez más sobre el asunto, cuando notó a un sonriente oficial parado detrás de ellos. Se viró-. ¿Tiene algo que decirme, oficial?

Los ojos del oficial fueron de uno a otro.

-Solo que el resto de la tripulación estaba bastante impresionada con la habilidad de Lady Katara, mi Señor -respondiño, rápidamente acomodando su postura en una pose más militar.

-Eso es encantador. Ahora déjanos.

El oficial sonrió ampliamente, y se marchó. Zuko puso los ojos en blanco y se volvió hacia el mar.

-Honestamente, si mis hombres te van a mirar lascivamente, deberías considerar pasar el resto del viaje debajo de la cubierta.

-No me estaban mirando así, Zuko. Los hombres ya no me miran así -sonrió-. Probablemente él es parte de ese contingente que cree que estamos negociando un compromiso marital.

Zuko se ahogó con su propia saliva. Tosió violentamente, sintiendo el calor poner su oreja sana de un rojo brillante.

-Es un contingente, ¿verdad? -tragó-. Claramente, el contingente no me conoce muy bien. Si tú fueras mi... -rodeó la baranda con los dedos para calmarse-. Si estuviéramos casados, no te permitiría ni acercarte a Tetsushi.

-¿No me permitirías? Oh, por favor -se estiró-. Yo no haría lo que tú me dijeras incluso si fueras mi esposo. Y tienes razón, ese contingente no te conoce muy bien -se giró hacia él-. Para casarte conmigo, tendrías que responder mis cartas una vez por lo menos.

Y con eso, se dirigió bajo cubierta.


Zuko despertó de una siesta vespertina inducida por la lectura con un dolor punzante en la parte izquierda de su cara. Sin mirar afuera, supo que había una tormenta en el horizonte. La cicatriz despertaba con mal tiempo, un efecto secundario del castigo de Ozai que solo empeoraba a medida que Zuko crecía. Suspirando y levantándose para lavarse la cara, escuchó los crujidos y chirridos de su barco. El aire solo se había puesto más frío. La humedad endémica de viajar por el mar había llegado para cubrir su ropa y rizar su cabello. Hizo lo mejor que pudo por alisarlo, y se echó una segunda capa sobre la ropa.

En cubierta, Katara estaba parada en una pose de agua control. Un látigo de agua circulaba entre sus manos.

-Toda la cubierta estará empapada en unas horas -observó, volviendo el látigo una orbe sobre su cabeza, luego un penta-pus-. Supusé que podía practicar un poco.

-Y aquí yo pensando que podías desviar la lluvia de nosotros -replicó, rodeándola.

-Lluvia control es tediosa y aburrida, y tú lo sabes -contradijo-. ¿Por qué no evaporas la tormenta y ya?

-Oh, claro -respondió Zuko, quitándose la capa y sin dejar de rodearla-. Cocinaré mi propio barco y ya. Es una gran idea.

Destelló luz brevemente en la distancia, nube berenjena. Un momento después, hubo un trueno sobre el mar. Katara sonrió.

-¿Cómo está tu relámpago-control, Señor del Fuego?

-Mejor de lo que recuerdas.

Su sonrisa se ensanchó.

-¿Lo prometes? -dirigió un látigo de agua derechito a él, y él se apartó con un salto mortal antes de partir el látigo con una flecha de fuego. Rapidamente el látigo se dividió en un azotador, cada una de sus nueve colas terminaba en una escarcha brillante. Circuló por encima de su cabeza-. Ven y atrapame antes de que te azote delante de tus propios marineros, Zuko.

-Será un placer -respondió, pateando una bola de fuego directo a su cabeza. Ella se evadió fácilmente. Él siguió su ataque con una rápida ronda de puñetazos y patadas llameantes. Ellas las bateó con un rápido giro del penta-pus.

-No veo brillar -se mofó, su voz una burla cantarina.

Zuko hizo que una cinta de fuega los rodeara y la acercara.

-¿Eres así de mezquina con tus estudiantes, o solo estabas hambrienta de conversación adulta?

Ella lanzó una serie de descargas de hielo en su dirección. Él se movió entre ellas mientras ella contestaba.

-Pelea conmigo, Chispitas, o les diré a los hombres el sobrenombre que te puso Toph.

Hizo un movimiento de ceñimiento con ambas manos, como ajustando una bolsa de cuerdas, y el anillo de fuego se hizo mucho más pequeño. Obligó a Katara a tambalear hacia delante. Ahora estaban tan cerca que ella no podía mover los brazos para manipular el agua que había a sus pies. Se inclinó hacia delante para hablarle al oído.

-Deja de provocarme, o les diré que solías entrenar en ropa interar.

Ella se giró como para susurrar algo, pero la oyó quedarse con el aliento en la garganta.

-¡Zuko!

Y él alzó la vista justo a tiempo para ver el relámpago dirigiéndose a ellos. Levantó un puño en el aire con la intención de atraparlo y desviarlo, pero dos acuosas manos salieron desde el mar a su alrededor y encerraron al relámpago en una pelota. La pelota se endureció hasta hacerse de hielo, y detrás de su superficie veteada Zuko vio la luz danzarina. Se giró hacia Katara cuyo rostro húmedo y de acero traicionaba el esfuerzo de contener el relámpago en su jarrito de hielo.

-¿Qué estabas pensando? ¡Pude haberlo desviado!

-Tendrás tu oportunidad -le prometió entre dientes. Se sacó un mechón de pelo mojado de la cara con un sacudón-. No puedo retenerlo.

-¡Entonces suéltalo!

Ella pateó el agua a sus pies.

-Estamos en el mismo charco, Zuko. No importa que tan fuerte eres, este relámpago va a ir por ti y nos va a matar a los dos -hizo una mueca-. Y ahora que tengo mis manos ocupadas, no puedo deshacerme del agua.

-Mujer increíblemente temeraria -exclamóédate quieta. Puede que esto duela -y con eso, evaporó el agua-. ¿Feliz?

-¿Por qué no pensé en eso? -preguntó, apartando la mirada por un segundo para examinar la cubierta limpia bajo sus pies. Al hacerlo, la burbuja de hielo se fracturó. Se rajó y disparó fragmentos de hielo en todas las direcciones. Zuko se estiró hacia arriba para capturar el relámmpago. Dejó que trazara un sendero a través de él -- abajo, a través, y luego afuera -- y lo disparó por sus dedos hormigueantes hacia las crestas a babor. No satisfecho hasta que lo vio tocar el agua y desaparecer siseando, se giró hacia Katara.

Ella estaba parada examinando su mano derecha. Un fragmento como un cuchillo de hielo estaba clavado dentro de ella. El pedazo se había clavado limpiamente atravesando la palma. Goteaba agua sangriente. Debe haber levantado las manos para protegerse los ojos. No podía ver para hacer agua control. Katara forzó una sonrisa lánguida.

-Tengo mucho frío -dijo, con las rodillas aflojándosele.

Zuko se estiró para atraparla. Aletargó su choque mutuo y la acunó en su regazo. Sintió ganas de vomitar

-¡Ayúdenme! -gritó-. ¡Alguien ayúdeme!

El cielo se partió y la lluvia cayó sobre ellos. Cada gota rápida parecía imposiblemente fuerte. El fragmento de hielo brillante comenzaba a disolverse. Zuko balanceó a Katara suavemente. Ella tiritó.

-Creo que puedo arreglarlo -instó. Le castañeteaban los dientes-. Si solo pudiera concentrarme... -sus ojos quedaron en blanco y se desvaneció.


-Bueno, eso fue embarazoso -aseguró Katara, con una mano en un balde. El agua dentro brillaba débilmente-. Digo, lo de desmayarme. Que cosa más femenina -se rió ligeramente.

-Sonaste como Toph -le señaló Zuko-. Tu cuerpo estaba en shock. Es normal.

Estaban sentados en su camarote. Iba a ser de Iroh, y se notaba. La habitación estaba llena con todo tipo de tapices y las almohadas parecían florecer de toda superficie. Katara estaba sentada en unas cuantas de ellas ahora, con una copa de vino de arroz alcanzable. Zuko se pasaba los temblorosos dedos por el cabello, e inquirió:

-¿Qué te agarró?

Ella suspiró.

-Te lo dije. Pensé que nos iba a lastimar.

-Pude habernos protegido.

-Estabas distraído.

-Porque tú insistían en esa estúpida batallita de...

-¡Apenas me tocaste!

-¿Por qué debería arriesgarme a lastimarte sin razón? Solo porque no tienes a nadie con quien practicar ahí arriba... -la boca de Zuko se cerró de una. Miró a Katara a la cara fijamente, y ella agachó la mirada, parpadeando rápidamente-. Eso fue inapropiado -apuntó-. Perdón.

Su respiración era ligera y estremecida.

-Solo porque Aang no esté no significa que soy menos que una maestra agua -apuró.

-Sé que no es así.

-Trato de practicar cuando puedo. Pero hay mucho que hacer -su rostro se endureció-. Creí que podría manejar el relámpago, y no pude. Ahora lo estoy pagando. ¿Estás feliz?

Retrocedió en el lugar donde estaba sentado en el piso, estirando la columna.

-Por supuesto que no -le contestó. Se impulsó sobre sus pies-. ¿Cómo te atreves a decirme eso?

-¿Qué, no fui lo suficientemente contrita? ¿Tengo que ponerme de rodillas y rogar por tu perdón por tratar de salvar tu vida?

Zuko se alejó de ella antes de hacer algo estúpido, como agarrarla de los hombros y sacudirla hasta que entrara en razón.

-No -dijo. Respiró hondo y exhaló, ignorando la manera en que las velas habían llameado brillantemente cuando lo hizo-. No estoy haciendo nada para ayudarte a sanar. Debería irme.

Sus pies se movieron.

-Esto es justo como aquella vez con la serpiente-comadreja -recordó Katara-. Estabas así de enojado entonces.

Él casi se había olvidado.

-Eso fue hace años -le respondió, sin volverse. Estaban en el Pantano Nebuloso, dirigiéndose a la Nación del Feugo, y Katara estaba tratando de controlar el agua en las ramas a su alrededor, pensando en balancearse más eficientemente de rama en rama. Después de unos intentos exitosos, había confundido una serpiente-comadreja con una rama, y la había mordido. Los efectos del veneno, había dicho su tío, solo podían ser curados por una rara medicina.

-Y aún no has cambiado -continuó-. Todavía estás enojado conmigo por algo que no es mi culpa.

Él se volvió.

-Estabamos intentando derrocar a Ozai, ¡y tú estabas jugando con las ramas! ¡Y ahora tenemos que salvar un pueblo, y tú crees que puedes contener un relámpago en una bola de nieve!

El balde que contenía la mano de Katara se congeló.

-Ya veo -clamó-. Lo siento. Pensé que me había pedido ayuda esta vez como una amiga confiable. Pero en realidad es por lo útil que soy.

-No te atrevas -le cortó-. Si pensara de esa manera -- de la manera de Azula -- te hubiera dejado atrás aquella vez, en lugar de ... -su cerebro atrapó a su boca, y se calló-. Olvídalo. Me voy.

-¿En lugar de qué? -insistió Katara.

-No importa -porfió-. Estás decidida. Siempre lo has estado.

De nuevo, su voz lo detuvo. Sonaba mucho más finita, ahora.

-Pensé que éramos amigos, Zuko. Eso es todo.

Su mano encontró la puerta.

-Y tú dijiste que éramos una familia -replicó-. Con las cosas que ahs dicho, encajarías muy bien en la mía.

Dejó la habitación. Estaba a mitad del pasillo cuando escuchó al balde golpear la puerta.


Espero tanto como puedo antes de necesitar dormir. Katara no había dejado su cuarto, así que se metió en el de ella. En cualquier caso era más cómodo, lleno de flores frescas y suaves pieles. Se quedó dormido en un cobertor de piel blanca, pero solo después de lo que parecieron horas de auto-interrogación. Mentalmente, se pateó a sí mismo por dejar que Iroh lo cogiera en una trampa allí. El viejo probablemente se estaba riendo, pensando que pasando tiempo suficiente en la presencia de Katara, los viejos sentimientos de Zuko por ella resurgirían y se harían conocer. Zuko estaba seguro que Iroh encontraba todo aquello muy divertido solo de imaginarlo. Después de todo, ¿cómo era que el viejo sabía que no solo no iba a dejar lastimarse a Katara, sino que después la iba a alienar rigurosamente?

Y anoche, estabas pensando en casarte con ella. Haciendo una mueca, trató de dormir.


Despertó luego mientras el alba se filtraba en su cuarto. Un sonido chirriante sobre el piso lo despertó completamente en segundos y se sentó. Katara estaba allí, con su mano en su bolso.

-Solo vine por mi ropa -susurró.

Zuko hizo una pequeña bola de fuego en su palma.

-¿Cómo está tu mano?

Ella la levantó, y él le indicó que se acercara. Cuando lo hizo, él la tomó con cuidado de la muñeca. Piel suave y sin marca encontró su mirada. La tocó con cuidado con el pulgar, y ella no se quejó.

-Milagroso -anunció.

-Soy buena en lo que hago.

-Temía que dejar cicatriz -confesó, dándose cuenta al pronunciar las palabras que eran completamente ciertas.

Su mano se movió y tocó su oreja arruinada ligeramente.

-Las cicatrices no son tan malas.

Esto, sabía, era su manera de disculparse entre sí. Hizo su mejor esfuerzo para no leer nada más en su tono, o en su roce.

-¿Te gustaría tener tu cuarto de regreso?

-Como que me gustan los almohadones afelpados.

Él asintió, y colgó sus piernas en el borde de la cama. Se apretó el puente de la nariz.

-El cocinero ya debe de estar levantado. ¿Qué quieres para desayunar? Haré que lo traigan.

-Oh, no, no tienes que hacer eso.

Por dios, deja que te cuiden por una vez.

-Sé que no. Quiero hacerlo -se paró y buscó la camisa que había dejado colgada en una silla-. ¿Ahora qué quieres?

Katara se lamió los labios mientras él se ataba el cierre. Su mirada hacia que su mano se resfalara, y tuvo que re hacer el nudo dos veces.

-Eh...

-¿Un mango, dices? Buena elección -se dirigió a la puerta.

-¡Aguarda! -Katara chocó con él por atrás. Él se volvió, y ella se alisó el vestido-. Creo que me gustaría dormir un poco más -indicó. Miró el piso-. Es un lujo poder dormir hasta tarde, y creo que el descanso me podría servir.

Zuko se encogió de hombros.

-Si eso es lo que quieres.

-Yo... -algo sin decir temblaba en la punta de la lengua de Katara. Suspiró y su cuerpo pareció desinflarse, sus hombros cayeron-. Supongo que los maestros fuego todavía se levantan con el sol, ¿eh?

-Sí -frunció el entrecejo-. Tu cabeza está saltando como un cangunejo en primavera. Vuelve a dormir.

Y antes de que pudiera discutir, se fue a la cochina. Al menos allí, sabía como dar una orden.


Gracias mavi (y disculpa! espero que ahora puedas leer este cáp genial! ^^) por avisarme que había subido mal los capítulos, eso fue cuando los edité.. Ahora está editado de vuelta.:s

En fin, no me tomo mas de una hora, así que no me quejo mucho. Gracias por leer!