Siento haberme tardado tanto para la actualización. Con la navidad y el año nuevo, el tiempo se me escapó de las manos. Bueno, les dejo el capítulo tres. Espero tener el otro para la próxima semana.

Muchas gracias por leer. Si no es molestia, podrían dejar un review? Sería profundamente agradecido y apreciado. Gracias!


No importa lo lejos que te encuentres tú…

Desperté de golpe. El cielo que me miraba aún era oscuro, con el viento como única compañía. Miré hacía mi lado para asegurarme que mis amigos se encontraban bien; y en efecto, ellos se encontraban dormidos aún, pero bien.

Me incorporé lentamente y sacudí mi cabello con las manos. Las imágenes del sueño aún seguían vivas en mi cabeza y causaban un gran dolor dentro de mí… Pero, ¿Cómo podía estar pasando eso? Si era un simple sueño, ¿Cómo podía llenarme de miseria? Si todo había sido producto de mi mente, ¿Por qué sentía aquel vacío sobrecogedor en mi pecho?

Cerré fuertemente los ojos y apreté la mandíbula con furia, queriendo que todo desapareciera a mí alrededor… Pero nada sucedió. En aquella noche serena, solo el sonido de la madera quemándose y chasqueando llenaba mis oídos, dejando espacio para que la voz de ella me llenara…

'Hikari… Mi nombre es Hikari'.

¿Acaso ella era verdadera?

Luego de pensarlo más tranquilamente, deteniendo a ver cada detalle que podía recordar con extraña claridad, reconocí aquel claro. Habíamos estado en ese lugar en nuestra primera venida al Digimundo. Estaba muy cerca del bosque de los televisores.

Si me atrevía a creerlo, a pensar por unos momentos de que aquello era verdadero, las siluetas que dormían junto al estanque pertenecían a los niños por los cuales habían regresado. Si todo eso era verdad, los niños se encontraban bien y muy cerca de ellos, a unos tres o cuatro días de viaje si se apresuraban, y estaban siendo custodiados por ella…

Entonces, ¿Podría ser cierto?

¿Ella era real?

Inesperadamente y sin intención, mi corazón dio un vuelco inesperado. Sacudí mi cabeza frustrado. ¡Tenía que dejar de pensar tonterías! Salvar a los niños era la razón por la cual habíamos regresado al Digimundo… ¡Y eso era todo! No habíamos emprendido esa nueva aventura para enamorar-…

¿Enamorarse? ¿De qué diablos estaba hablando? Kouji Minamoto no se enamora, menos cuando tiene una misión pendiente. Debía ser causa del sueño… Sí, seguramente era eso. De pronto, la imagen de Hikari sonriendo apareció en mi mente, haciendo que mis labios se curvaran en una imitación muy parecida. No sabía cómo, ni por qué, pero ella me llenaba de calidez y de felicidad… aunque sólo conociera su nombre…

Me recosté sobre la grama de nuevo y no pude evitar dejar a mi imaginación volar con una sonrisa en el rostro, inclusive logrando ignorar la voz en mi cabeza que me gritaba que despertara, que dejara de soñar despierto con una perfecta extraña, que no tenía tiempo para esas tonterías.

"Hikari…" Suspiré sin querer, cerrando los ojos mientras el sueño me vencía lentamente. "¿Te llegaré a conocer algún día?"

Era un hecho que al encontrarnos con esos niños nos encontraríamos con la verdadera historia del caos que envolvía al Digimundo en aquella ocasión. Me estremecí al pensar que aquella dulce criatura tuviera que ver al respecto, a pesar de que no encajaba en lo absoluto con la descripción de 'malévolo'. Lo más seguro era de que ella estuviera conectada a la causa de la sombra que se había apoderado del Digimundo pero, ¿De qué manera?

También estaba la situación de Kouichi. Todo coincidía: la sombra en el corazón de mi hermano, la sombra que se apoderaba del Digimundo y las desapariciones de los niños en el mundo de los humanos. Todos estos acontecimientos, las desapariciones de los niños y la felicidad siendo arrebatada de los corazones de los digimons y sustituida con odio en muchos casos, sucedieron todos al mismo tiempo según los cálculos y relatos de Bokomon.

A pesar de que me llenaba de tristeza, también sabía que estos acontecimientos coincidían con la aparición de la miseria en el corazón de Kouichi. Aunque al principio quise evitarlo e ignorar el hecho, pronto se volvió imposible negar que todo coincidiera y que, al final, todo pareciera tener el mismo origen. ¿Sería la sombra que envolvía al Digimundo la misma que envolvía el alma de mi hermano?

Apreté mis manos en puños tan fuertemente que mis nudillos se tornaron blancos. ¿Por qué siempre tenía que ser mi hermano el que recibía la peor parte?

Y luego estaba ella, tan llena de luz y paz, que con su mera ilusión llenaba de un congojo desconocido mi pecho.

¿Qué estaba pasando? ¿Quién estaba atrás de todo esto? ¿Quién había envuelto en sombras el Digimundo y a mi hermano? La respuesta estaba cerca, podía sentirlo en mi pecho. Lo que no sabía era si preocuparme o no del hecho de que ella estaba obviamente vinculada a esta de una u otra manera.

Tenía que encontrarla. Y pronto.