Nota de autor: El drabble - realmente es un long drabble por su extensión - está basado en un fragmento de los Cantos de Maldoror, la cuál recojo al principio para servir de un pequeño prólogo a la historia. Dado que resulta un tanto violento he decidido subir un grado el rating.

Disclaimer: Como siempre, nada de pokemon me pertenece, en cuyo poder lo tiene Nintendo, ni siquiera el fragmento usado, del Conde de Lautréamont (ya sin derechos de autor).



"...Entonces, los perros, enfurecidos, rompen sus cadenas, se escapan de las lejanas granjas; corren por la campiña, aquí y allá, presas de locura. ... Comienzan de nuevo a correr por la campiña, saltando con sus patas ensangrentadas por encima de los fosos y las escarpadas piedras. ... ¡Ay, del viajero rezagado! Los amigos de los cementerios se arrojarán sobre él, le desgarrarán, le devorarán con su boca de la que chorrea sangre..."

(Conde de Lautréamont; Primer canto, sexta estrofa de los Cantos de Maldoror)

Era luna llena, el momento propicio para que los Houndoom se reunieran bajo la plateada luz y actuaran según los influjos del satélite. Poco a poco, se reunieron en un confuso círculo, que abarcaba varios metros de circunferencia, esperando, con sus ojos sanguinolentos, la señal del líder de la manada. Pronto, aquél paraje se inundó del sonido de los ladridos: la caza ha comenzado.

Todos se dispersaron en varios grupos por los alrededores de la campiña, en busca de la dulce carne de los rezagados viajeros. Aquellos animales clamaban venganza con sus guturales sonidos por el trato que les daba cuando eran capturados. Era el turno de mostrar quien era el verdadero diablo de las tinieblas.

Ocasionalmente, a medida que avanzaba la noche y el día esperaba para aparecer, se escuchaba gritos desgarradores provenientes de los alrededores del bosque, clamando auxilio; después, el lúgubre silencio. Era maravilloso para los cerberos de fuego clavar sus afilados colmillos, mientras los demás lamían la sangre caliente, que corría sobre la piel fría, y contemplaban con placer inusitado la cara de terror del difunto.

Clamaban venganza...

Con los primeros cantos de los Pidgeys, los Houndoom volvieron a sus madrigueras, satisfechos por saciar su sed de sangre y devorar cruelmente a aquellas criaturas indefensas. Era probable que no volvieran a salir durante tres semanas... o tal vez mañana.