Naruto 12 años.

Voy de camino a la academia. Una vez llego me siento en el lugar de siempre. Supongo que todos me están viendo porque, por primera vez, el gran Uzumaki Naruto no está haciendo escandalo o llamando la atención.

Me mantengo pensativo, indiferente a lo que sucede fuera de mi cabeza, recapitulando todo lo pasó, y luchando por recordar en dónde perdí a Hinata.

Bien, lo admito, cometí una imprudencia, no debí traerla conmigo. ¡Pero es que no quería dejarla! Por una vez me sentí querido, pude saber cómo se siente el cariño… y no quería perderlo. Demonios, mi yo adulto debe estar furioso, me va a matar cuando me encuentre… es decir, si me encuentra.

Iruka sensei sigue hablando cuando de repente aparece esa luz que reconozco muy bien. Una vez el ambiente regresa a la normalidad y los demás nos recuperamos de lo cegadora que fue la luz puedo ver a mi yo adulto, claramente furioso, caminando hacia mí.

No puedo procesar nada hasta que me toma de mi ropa, jalándome hacia él. Yo me quedo paralizado, esperando que se lo tome tranquilo cuando le diga lo que pasó.

―¡¿En dónde está?!

―¡Oiga! ¡Usted no puede estar aquí y menos tratar a un estudiante de esa manera!

―Iruka sensei no se meta en esto. Déjeme manejarlo.

Iruka sensei se detiene. Se queda sin habla hasta que pronuncia ―¿Naruto?

―¡Pequeño mocoso, te exijo que me regreses a mi esposa!

―V-Verás ―no sé por dónde empezar. Estoy rascando mi mejilla y evito su mirada―, cr-creo q-que perdí a nuestra esposa.

Su rostro palidece por unos segundos, pero enseguida se colorea de rojo y vuelve a fruncir las cejas.

―¡¿Cómo qué la perdiste?! ¡Y no es nuestra, escuincle, es mía! Tu Hinata debe estar… aquí…

Se queda viendo a un punto. Giro mi cabeza, sin poder soltarme de su fuerte apretón, y veo a la Hinata pequeña detrás de mí. Nos mira preocupada, cubriendo delicadamente su boca con su mano, está sonrosada y… ¡Que linda es! ¿Por qué no la había notado antes? Perfecto, me quedo con ella.

Sonrío tan abiertamente que muestro los dientes y le hago un saludo con la mano. Al parecer yo soy más listo de lo que aparento porque se da cuenta de mis intenciones.

―Ah, no. Me quitaste a mi Hinata yo te quito a la tuya

―¡¿Qué estás diciendo, viejo?!

―Es justo. Te llevaste a mi esposa, yo me quedo con la versión loli.

―¡Está bien, te diré la verdad! La perdí en la línea del tiempo, no sé exactamente en donde cayó pero creo tener una idea ―mi yo anciano me suelta. Bajo la mirada y suspiro antes de continuar―. Lo siento, ¿sí? No sabía cómo se sentía la calidez de otra persona, y la de Hinata me gustó tanto que no quería dejarla. Lamento haberla robado, lamento haberla perdido… Tú más que nadie me puede entender, haré todo lo posible porque recuperes a tu esposa.

Escucho un leve grito de las chicas y el regaño de Iruka sensei.

―No te lamentes. Tú también debes entender la parte en que nosotros jamás nos damos por vencidos, encontraré a Hinata así tenga que buscarla año por año. Te lo prometo.

Levanto la mirada para verle y agradecerle, pero… ¡Tiene a mi Hinata en sus brazos, desmayada, con los ojos girando y con una sonrisa grande!

Antes de ayudarlo a buscar a la Hinata adulta tengo que quitarle a la mía de sus manos. ¡Cómo se atreve! ¡¿Qué hizo o qué le dijo para que perdiera la conciencia tan feliz?!