Capítulo Tres

VEGETA

Abrió el frigo bar. Su vista viajó por las botellas que se encontraban ahí y se fijó en una que contenía un líquido color anaranjado, no supo descifrar que era, probablemente se trataba de algún tipo de bebida para deportistas o tal vez, simplemente, zumo de naranja; sin darle mayor importancia, la tomó y salió de la calurosa habitación.

El viento refresco su cuerpo, provocando cierta tranquilidad. Dirigió su vista hacia el lujoso camastro que se encontraba en aquel amplio balcón y decidió recostarse.

El día había pasado sin contratiempos. Arribaron a la propiedad que la familia de Bulma tenía en la playa y fueron recibidos por el personal que se encargaba del mantenimiento de aquel extenso lugar, con un "exquisito" almuerzo, como lo había definido la anfitriona.

Al terminar la sobremesa, cada pareja se instaló en su habitación. Sin más tiempo que perder, los saiyajin decidieron comenzar a entrenar, mientras que la peliazul, al observar el "anticuado" traje de baño de Milk, decidió que lo mejor sería ir de compras y porqué no, pasar a rejuvenecerse, o algo así había dicho.

Cuando regresaron de las compras, las chicas encontraron a sus esposos descansando en los camastros que estaban colocados debajo de una sombrilla en la playa. Mientras los cuatro disfrutaban del clima, Bulma comentó que cerca de ahí existía un poblado en el que se celebraba una especie de carnaval por esos días, entusiasmada con aquella idea, Milk sugirió ir. Bulma acepto de inmediato y a ellos, no les quedo más opción que estar de acuerdo.

Culminaron aquel día con una abundante cena y un servicio de masaje que Bulma había solicitado para los cuatro.

Y finalmente, ahí se encontraba él, con su cuerpo totalmente relajado y destapando la botella que había tomado del frigo bar.

Ingirió la bebida y su rostro apresuradamente formó una mueca de desagrado. Aquel líquido había resultado bastante dulce para su paladar, sin embargo, no hizo esfuerzo alguno por cambiarlo.

Llevó su mano izquierda detrás de la nuca y cerró los ojos. De inmediato, percibió la imagen de un orgulloso hombrecito de cabello azul y un aura de preocupación se alojó en él.

- Trunks… -pensó en su hijo, y un mar de preguntas llegaron- ¿Habrá comido bien? ¿Gohan lo estará cuidando como es debido? ¿Tendrán algún problema?...

Pero así como apareció su preocupación, se esfumó; y en su lugar dejó un singular gesto, a forma de media sonrisa, en su rostro.

Era seguro que aquel chiquillo se encontraba bien, de otra manera, ya hubiera llamado a su madre; o en el peor de los casos, él ya hubiera percibido no sólo la elevación del ki de su hijo, sino también la de los otros dos saiyajin con quienes se encontraba.

Bebió nuevamente de aquel jugo dulzón, se removió sobre el camastro hasta adoptar una posición lo suficientemente cómoda y dirigió su mirada al cielo, peculiarmente estrellado.

- ¿Alguna vez te preocupaste por mí? – cuestionó, ahogando un repugnante suspiro que intentó salir. - Probablemente no... Finalmente, nuestra raza: "es una raza de guerreros sin cabida a debilidades", te escuché decir alguna vez.

Hinchó los pulmones con aire salino, exhaló lentamente y continuó.

- Nappa siempre hacía hincapié en que nuestra raza fue creada únicamente para sentir: la pasión por el fragor de las batallas, el orgullo de ser superiores a los demás, el honor de ser guerreros tan fuertes como para conquistar planetas… el privilegio de haber nacido Saiyajin.

- Por supuesto yo estaba de acuerdo con eso. Después de todo, no éramos consientes de otro tipo de emociones. Pero todo aquello cambio cuando tuve mi primer encuentro con esta roca azul, y en especial con el inútil de Kakaroto y compañía…

Cerró los ojos.

- Por primera vez sentí aquello que llaman humillación, al saber que mis poderes habían sido superados por un simple guerrero de clase baja; sentí vergüenza y despreció hacia mí, cuando me encontré huyendo lo más pronto posible del campo de batalla para evitar ser aniquilado… -frunció el entrecejo ante aquel recuerdo.

- Después viaje al planeta de los namekianos, solo para descubrí lo que significaba sentirse frustrado. Ese maldito sentimiento se apoderó de mí, no solo al darme cuenta que el inútil de Kakaroto, una vez más, me había superando al convertirse en el legendario saiyajin; sino también cuando no pude vengar la aniquilación de nuestro pueblo… cuando no pude vengar tu muerte…

Dejó escapar un largo suspiro.

- ¿De qué sirve mi linaje?... -recuerdo haber reprochado, y por primera vez creí odiarte. Porque algo de cierto había en las palabras de esa maldita sabandija de Freezer... ser Príncipe de nuestra raza, no significaba precisamente ser el saiyajin más fuerte, o ser el saiyajin legendario, como me lo habías hecho creer...

Sacudió su cabeza queriendo liberar la tención de su cuello.

- Debes saber que perecí en aquella batalla. Pero con ayuda de las esferas del dragón, los estúpidos humanos me revivieron… En aquel momento concebí una felicidad que solamente se equiparaba con aquella que sentía al matar a mis adversarios…

- Y regrese nuevamente a este planeta. Por supuesto que pensé en irme, la idea de estar con los detestables y débiles terrícolas, resultaba asfixiante. Pero no tenía a dónde. Nuestro planeta ya no existía y los otros planetas que conocía eran tan precarios que la única opción razonable, si es que quería entrenar hasta superar los poderes de Kakaroto; era quedarme en este lugar… ¿Sabes? Nunca antes había extrañado tanto nuestro planeta, nunca antes me había sentido nostálgico.

Dio un sorbo a su bebida.

- Me quedé en casa de esa terrícola ruidosa que acompañaba al hijo de Kakarto y al otro inútil… Bulma. En parte, accedí porque contaba con la tecnología que me permitiría entrenar con gravedad aumentada como lo había hecho Kakaroto; en parte porque me ahorraría el tener que buscar un lugar para dormir y comer.

- Esa mujer era un verdadero dolor de cabeza; todo el tiempo se la pasaba gritando y dándome órdenes, y cuando tenía problemas con el insecto débil e idiota, al que llamaba novio, era peor. En varias ocasiones me llegué a preguntar si acaso era tan estúpida como para no darse cuenta que, si se me daba la gana, podía terminar con su patética vida; o si por lo menos tenía un ápice de miedo hacía mi… Pero más de una vez, esa muchacha altanera e insolente, me dejó claro que no.

Estiró su cuerpo y volvió a tomar una posición cómoda, cerrando sus ojos. De inmediato recordó el incidente que tuvo en la cámara de gravedad.

- A pesar de no ser la primera vez que alguien cuidaba mis heridas, nunca antes había experimentado genuina preocupación de un tercero hacia mí. Nuestras lesiones derivadas de las batallas, siempre eran curadas con aquellas maquinas, y lo más que alcanzabas a percibir en los insectos que nos "cuidaban", era la urgencia de que sanarás lo más pronto posible para poder informar al imbécil de Freezer que estabas listo para una nueva misión.

- Pero en ella lo pude notar, no solo en su rostro, también en su insignificante ki… genuina y completa preocupación. No entendía el por qué. A pesar de mis múltiples humillaciones hacía ella, las incontables groserías, los desmesurados arrebatos… esa mujer estuvo al pendiente de mí.

- No solo me suministro de su medicamento arcaico, también limpió mis heridas, cambió los vendajes, bajó mis fiebres -aunque eso le implicara no dormir-, me llevó la comida hasta la habitación en la que me encontraba y en ocasiones me ayudo a alimentarme.

- ¿Por qué todas esas atenciones hacia mí? Era claro que no me temía, tampoco era el tipo de mujer que tuviera ese tipo de acciones, entonces, ¿por qué?... Definitivamente no lo entendía, y mucho menos podía entender porque toda esa atención me hacía sentir tan bien.

- En ese momento no lo acepté, pero me gustaba despertar y verla descansar sobre la mesa que estaba al lado de la cama. Me gustaba sentir los roces que su piel tenia con la mía cuando limpiaba las heridas o cambiaba los vendajes. Me gustaba ver su sonrojo cuando su mirada hacía contacto conmigo.

Un ligero rubor se hizo presente en sus mejillas.

- Después de eso, comencé a buscarla, a pensarla... Me descubrí admirando su determinación, su tenacidad, su inteligencia, su carácter fuerte y aplastante... Todo eso combinaba perfecto con su aspecto físico. Seguro que de haber nacido Saiyajin, sería una de nuestras mejores científicas, y con ese carácter, quizás hasta una de nuestras mejores guerreras. -Una sonrisa se enmarcó en su rostro ante tal pensamiento. Dio un trago más a la bebida.- Procreamos un hijo, su nombre es Trunks…

- Raditz y Nappa solían decir que los saiyajin mestizos eran superiores en poder a comparación de uno sangre pura, pero tenían un defecto, su instinto de pelea era menor o casi nulo. Por supuesto no creí aquella estupidez, ni siquiera concebía la idea de que un saiyajin deseara tener descendencia con alguna raza inferior... Pero cuando vi al hijo de Kakaroto y más aún, cuando vi a Trunks transformarse a su corta edad en el legendario saiyajin, lo creí.

- Ahora recuerdo que alguna vez me dijiste que los saiyajin no solo teníamos el instinto de lucha, también teníamos arraigado el instinto de perpetuar nuestra especie. Que llegaría el momento en que se elegiría a la fémina indicada para que pudiera continuar con nuestro linaje. –Rió por lo bajo.- Ella no es de nuestra raza, padre. Pero definitivamente, es una terrícola digna de ser nombrada como mi esposa y madre de mi hijo.

Observó su bebida y sorbió otro trago.

- En ese entonces no era consciente de lo que ellos significaban para mí. Realmente no me importaba lo que pudiera pasarles, mi único objetivo era superar los poderes de Kakaroto y así seguir proclamándome como el saiyajin más poderoso del universo, y con ello engrandecer mi orgullo…

- Pero aquello cambio. Durante la batalla con el insecto de Cell, presencie la muerte de mi hijo que venía del futuro. -Respiro profundamente.- Fue un momento muy doloroso para mí... Siendo saiyajin ese tipo de cosas no tendrían que afectarme. Sabía que luchar en una pelea podía significar: perecer en la misma.–Agudizó el agarre de la botella.- Pero lo hizo, me afecto. Y me llene de una ira incontrolable... quería aniquilar, más que nunca, a esa sabandija.

- Después de aquella batalla, comencé a sentirme abrumado. No paraba de pensar en aquella reacción que tuve, en cuestionarme porqué mi necesidad de buscar y de tener cerca a Bulma; en dónde había quedado toda esa maldad que alguna vez existió en mí, en dónde habían quedado las ganas de matar solo por diversión, cuándo había dejado de ser despiadado…

Las facciones de su rostro se endurecieron.

- Una nueva amenaza llegó a la tierra. Cuando apareció este nuevo oponente, creí tener la oportunidad perfecta de volver hacer el saiyajin frívolo y calculador que era… pero inesperadamente, mi mente se aclaro...

- En esa batalla contra Majin Boo, mi hijo no dudo en abalanzarse contra él para ayudarme. Escuché lo orgulloso que estaba de mí, y lo observe... en ese momento recordé su nacimiento, los momentos que Bulma me hacía pasar con él, su transformación en Super Saiyajin… y me remonte a ese instante en el que desee tener un planeta al cual llegar, al cual llamar hogar, al cual pertenecer…

- Si, todo era claro. Entendí que, inconscientemente, mi objetivo había cambiado. Ya no quería superar a Kakaroto, ahora mi objetivo era luchar; debía pelear para proteger este planeta, no importando si llegaba a morir. Porque solo de esa manera Trunks jamás sentiría aquello que yo sentí… Porque solo de esa manera Bulma, él y yo… seguiríamos teniendo un hogar.

Giro su vista nuevamente al firmamento.

- Finalmente, aquello también me ayudó a comprender a Kakaroto. Entendí su necesidad de defender a la raza humana y de proteger este planeta sin importar si moría. Comprendí que su poder provenía del sentido de pertenencia y del amor que tiene por sus seres queridos, eso es lo que le lleva a superar sus propios límites.

- Como te dije, padre, desde mi primer encuentro con este planeta las cosas cambiaron para mí: cree lazos afectivos, descubrí nuevas emociones, seguí incrementado mis poderes y forme una familia.

Su cavilación terminó al sentir unos delgados brazos colarse por su cuello, y un suave aroma inundar su nariz.

- Vamos a la cama. Mañana tenemos que levantarnos temprano para aprovechar nuestro último día aquí.- Escuchó decir a su esposa sobre su oído.

Tomó uno de los brazos de la fémina y la atrajo hacia él. Una vez que la peliazul se acomodó sobre su regazo, Vegeta la abrazo. Aunque nunca lo admitiría abiertamente, le gustaba tenerla así, entre sus brazos; así como tampoco admitiría que la amaba tanto como a su hijo.

- ¿Extrañas vagar por el espacio?

Directa, cómo sólo ella podía ser. El saiyajin sonrió de medio lado. - ¿Por qué debería?

- No lo sé. Sólo preguntaba… - el príncipe sabía que vendría otra pregunta. - ¿En qué pensabas?

- Nada. - La mujer bufó irritada, él rió internamente. Sabía que a su esposa le molestaba recibir ese tipo de respuestas por parte de él.

- A veces eres insoportable, saiyajin. - Sentenció mientras intentaba soltarse del abrazo de Vegeta para poder entrar a la habitación. Por supuesto, él no se lo permitió.

- Suéltame. Te dije que mañana tenem… - Vegeta colocó su dedo índice sobre los labios de ella, haciéndola callar. Tomó su barbilla, levantó su rostro y fijó sus ojos en los de ella. Bulma se sonrojo al instante.

Porque no importaba cuántos años llevará con él, ese tipo de actos aún lograban ruborizarla.

Vegeta la contempló, invariablemente: sus ojos mantenían ese brillo que lo enganchaban, sus labios le incitaban a besarla y su cuerpo… su cuerpo sabía perfectamente amoldarse al de él. Si, su esposa era hermosa, pero no sólo por su físico. También por su personalidad, por ese carácter fuerte que tanto amaba en ella.

Le sonrió.

- Quieres saber qué pensaba, ¿no? - dijo con voz grave y estrechó el abrazo. Acercó sus labios al oído femenino y puntualizó- Es buen momento para tener otro heredero y seguir con el linaje saiyajin.

Bulma levantó una ceja y rió traviesamente. - Entonces, acompáñeme Príncipe Saiyajin, la cama nos espera. – Pronunció, dejando un pequeño beso sobre sus en los labios.

Ambos se levantaron del camastro. Vegeta dejó su botella vacía sobre una mesita, echó una última mirada al cielo, y finalmente lo posó en el candente caminar de su esposa.


Nota de la autora: Vaya, Vegeta si que tenía mucho que reflexionar, ¿no?... jajaja.

Pues nada, espero no tardar tanto en subir las reflexiones del inútil de Kakaroto... jajajaja, y también espero no lo hayan odiado y si es así, pues ya que :P

Bye!