¡Hola a tod s! Acá les traigo el tercer capítulo de esta historia :3 Perdonen por haber tardado tanto en subirlo TwT. Pero es que como dije antes, estoy en mis últimas semanas de clases, y la verdad es que me están matando con los exámenes y los prácticos - . Pero encontré un espacio libre para poder escribir la parte final que me faltaba de este capítulo. Además de que hay otra razón por la que no pude subirlo antes, pero ahora no puedo decirla porque les haría algo de spoiler sobre este capítulo XD. Aunque ahora estoy feliz, porque al fin hoy pude subir esto y mi traducción del opening de Amnesia en youtube *o* (sí, también traduzco canciones, ahí hay otra razón por la que me atraso en la historia. Ya que también tengo que mantener activo mi canal XD). Bueno, mejor dejo de balbucear tonterías y les dejo leer el capítulo ¡Que lo disfruten! ^^/
Disclaimer: los personajes de Vocaloid no me pertenecen, sólo los utilizo con fines de entretenimiento.
Imprudencia
Se podía sentir la tensión en el aire. Nunca en mi vida había presenciado algo así. Dos chicos, uno a cada lado mío, se encontraban fulminándose con la mirada. Simplemente no podía comprender por qué se trataban así, si por culpa de ellos mi cena se había visto perturbada y ahora me hallaba en una situación de completa incomodidad. Traté de ignorarlos para así poder seguir comiendo tranquila, pero fue en vano.
Finalizó la cena con dificultades. Comencé a levantar las cosas de la mesa y me disponía a acompañarlos a la puerta para despedirlos cuando una pregunta me detuvo.
-¿Esta vez no hiciste postre?- preguntó el joven de ojos verdes.
-Por supuesto que no, ¿por qué lo habría? Para empezar, fueron ustedes quienes se auto invitaron a cenar. Y no pienso hacer una comida de lujo para las personas que hicieron eso, menos un postre- repliqué indignada cruzando mis brazos.
-¿A qué te refieres con "esta vez"?- inquirió Kaito dirigiéndose a Gumiya.
-¿Es que no te lo dije? Ya había venido a cenar a la casa de Gumi- dijo con aire triunfal el otro joven.
-Eso no está bien, Gumi. ¿Por qué Gumiya sí puede comer de tus postres y yo no?- expuso el ojiazul algo molesto.
-Eso no fue porque yo quisiese, simplemente tenía que cumplir un trato con él. Sino nunca lo hubiese hecho.
-Entonces sólo fue por compromiso, no por otra cosa- expuso como queriendo aclarar las cosas.
-Sí, sí. Bueno, ¿no creen que ya es hora de que se vayan? Sus padres deben estar preocupados porque no llegan todavía a sus casas, y debo imaginar que ni siquiera les mandaron un mensaje diciéndoles que se encontraban aquí, ¿no?- indiqué como si fuera una madre regañando a sus hijos
En esos momentos ambos se quedaron callados con una mirada de culpabilidad, dándome la razón con respecto a lo que había dicho antes. Suspiré.
-Vamos, los acompaño a la entrada.
-¿Y si dejamos que Gumiya se vaya solo y yo paso la noche aquí contigo, Gumi? Así no estarás sola y tendrás quien te acompañe- dijo Kaito con aire seductor mientras me abrazaba por los hombros.
-¡No digas esas cosas como si yo no me encontrase presente!- gritó furioso Gumiya.
-Ya cálmense los dos, y váyanse de una vez a su casa- aparté el brazo de Kaito de mí un poco avergonzada por lo que había dicho.
-¿Estás segura de que no quieres que duerma contigo, Gumi? Aunque lo que hagamos tal vez no sea dormir- y me dedicó una mirada insinuante.
-Tú, maldito…- acotó el ojiverde temblando de la rabia que intentaba contener.
-Sí, estoy completamente segura, ahora márchense cada quien a su casa- expuse empujando levemente a cada uno por la espalda en dirección a la salida mientras trataba de que mi sonrojo desapareciera.
Cuando finalmente se fueron me dirigí a la cocina y limpié las cosas de la cena. En el instante en que estaba secando los platos, sentí que la vista se me nublaba. Comencé a tambalearme y, para no caerme, me agarré de la mesada dejando caer el plato que tenía en mis manos, haciéndose éste añicos contra el piso. No sabía qué me había pasado en esos momentos, pero decidí ignorarlo y me limité a barrer el desorden que había ocasionado. Mientras lo hacía, no pude evitar cortarme el dedo índice. Por suerte, a mi parecer, no fue una herida muy profunda. Así que sólo la limpié con mi lengua y seguí juntando los fragmentos del plato que había roto.
Terminé de secar las cosas y miré el reloj. No era tan tarde como la otra vez, así que me dispuse a hacer mis deberes. Fui a mi habitación por mis libros y los acomodé en la mesa de la sala de estar. Estaba resolviendo algunas cuentas de aritmética, cuando una gota de sangre cayó en la hoja, tiñéndola de un rojo vivo. Miré el dedo que me había lastimado antes y pude notar que al parecer la herida no se había cerrado.
En el momento en que me herí, había pensado que la cortadura no era tan profunda. Tal parecía que me había equivocado. Iba a ir a buscar el botiquín de primeros auxilios, para así poder curármela de una vez por todas. Pero entonces escuché como la puerta de entrada se abría y pude ver como un cansado Gakupo entraba a la casa.
-Hola. Lo siento, me retrasé un poco y no pude avisarte porque mi celular se averió- se excusó algo avergonzado-. Seguro te sentiste muy sola cuando cenabas.
Dijo esas palabras presa de la culpabilidad, sin saber que en realidad no fue como él pensaba. Ah, sí tan sólo él hubiese sabido todo lo que había pasado esa noche antes de que llegase.
-No te preocupes, no me sentí sola en absoluto- contesté fríamente
Pareció deprimirse un poco cuando escuchó esas palabras. Pero no le di mucha importancia. Entonces, pude apreciar como Gakupo estaba mirando detenidamente mi mano derecha. Al parecer mi herida no pasó desapercibida para él, ya que ahora su cara transmitía una expresión de preocupación.
-¿Qué te pasó en el dedo?
-Ah, ¿esto? No es nada, simplemente se me rompió un plato y cuando estaba juntando los fragmentos rotos me corté. Pero no te preocupes, yo voy a pagar por uno nuevo.
-Eso no es lo importante. Lo que me preocupa es tu herida. No parece ser una cortadura superficial. Hay que curarla- dicho esto se acercó a mí y me agarró la mano para ver más detenidamente mi lesión.
Me sorprendió escuchar esas palabras de Gakupo. La primera vez que lo conocí, pensé que era ese tipo de personas que se preocupan sólo por el dinero, las cosas materiales y su posición en esta sociedad. Tal parecía que no era así. Me sonrojé un poco cuando toco mi mano y con su lengua limpió la sangre que salía de mi dedo.
-¡¿Qu…Qué estás haciendo?!- pregunté estupefacta.
-Tenías mucha sangre, y pensé que lo mejor sería limpiarla antes de que te mancharas con ella.
-N… no hacía falta que hicieras eso. Sólo tenía que lavármela con un poco de agua y luego sanarla- acto seguido retiré bruscamente mi mano de las de él.
En aquel momento mi vista se nubló y me sentí mareada nuevamente. Comencé a tambalearme de nuevo y para no caerme me afirmé con mis manos al pecho de Gakupo.
-Gu…Gumi… ¿Qué estás haciendo?- me cuestionó algo nervioso.
Ignoraba por completo el por qué me estaba pasando eso. Pero no debía darle importancia a ello. Seguramente ya se arreglaría solo. Sí, eso debía pasar. No tenía que exagerar y hacer una montaña de un grano de arena.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no le había prestado demasiada atención a las palabras de Gakupo. Fue entonces cuando, de reojo, pude ver como él levantaba sus brazos como queriendo envolverme con ellos. Probablemente él había malinterpretado lo que había pasado. Tal vez pensaba que lo quería abrazar en forma de disculpa por haberlo tratado mal cuando sólo quería ayudarme. Quería retirarme para evitar ese abrazo, pero mi cuerpo no me hacía caso y permanecía inmóvil. Sentía que todos mis músculos se habían debilitado por completo. Por lo tanto, Gakupo terminó por rodearme con sus brazos.
-Está bien, no te preocupes. Las cosas materiales no me importan en lo absoluto. Tú eres mucho más importante que ellas- manifestó susurrándome al oído.
Me asombró que soltase esas palabras así de repente. Nunca me había dicho algo como eso. Posiblemente porque siempre lo evitaba y procuraba no hablar mucho con él. Un intenso dolor interrumpió mis pensamientos. Gakupo, sin darse cuenta, al abrazarme había presionado fuertemente una de las heridas que había atrás en mi espalda. Ese hecho hizo que mis nervios volvieran a reaccionar apartándome repentinamente de él.
-Te…tengo mucho sueño. Así que mejor me voy a dormir. Buenas noches, nos vemos mañana- me excusé rápido para salir lo antes posible de ahí.
Sin embargo, Gakupo me anunció que eso no iba a ser probable.
-Lo siento, pero tengo que hacer un viaje de negocios que durará alrededor de una semana. Parto mañana temprano, antes de que tú te despiertes. Así que no será posible que nos veamos hasta dentro siete días, tal vez un poco más. No te preocupes, te dejaré dinero necesario para que lo uses durante ese tiempo- suspiró-. Bueno, cenaré y luego me iré a dormir. Buenas noches- expuso para luego darme un beso en la mejilla.
Me quedé parada en ese lugar observando como Gakupo se dirigía hacia la cocina. Era la primera vez que teníamos esa clase de cercanía. Y ahora que lo miraba mejor, él no aparentaba tener más de veintitrés años. Antes ni siquiera me había preocupado por saber qué edad tenía, porque la verdad ni me interesaba. Pero Gakupo no era para nada un hombre viejo ni entrado en edad. Era uno muy joven.
Me dirigí al baño y me curé la herida que había en mi dedo. Permanecí contemplándola por un rato, recordando todo lo que había pasado momentos antes. Fue tan repentino y rápido que apenas si había podido reaccionar apropiadamente ante ello. Me miré en el espejo unos minutos. Luego me lavé la cara, enjuagué los dientes y me dirigí a la sala de estar a buscar mis libros del instituto.
Al entrar pude ver que la luz de la cocina seguía prendida. Seguramente Gakupo se encontraba allí. Ahora que pensaba detenidamente, aquella persona era un completo misterio para mí. No sabía nada sobre él. Sólo que era un pariente lejano mío. Tenía ganas de ir y preguntarle algunas de las dudas que había en mi cabeza, pero me contuve. Tragué saliva y me dirigí a mi habitación. Guardé los libros que necesitaba para mañana, me puse mi pijama y posteriormente me acosté en mi cama. Donde pocos minutos después me quedé profundamente dormida.
Al día siguiente me desperté muy cansada. Sentía mi cuerpo muy pesado y apenas si podía moverme. Pensé que tal vez se debía a que no había descansado bien anoche. Así que no le di mucha importancia.
Me puse el uniforme escolar y bajé a desayunar. Tal como esperaba, Gakupo ya no se encontraba en casa. Por consiguiente, todo estaba en completo silencio. Lo único que se podía escuchar era el sonido de los objetos que movía para prepararme mi desayuno.
Miré la hora, todavía era temprano para ir al instituto. Sin embargo, como me sobraba tiempo, decidí dar un paseo por la calle. Así que salí de la casa antes de lo normal. Mientras estuve caminando, recapacité todos los hechos ocurridos durante las últimas semanas. Primero, me mudé a la casa de un pariente lejano mío, del cual no sabía absolutamente nada. Segundo, conocí a un chico algo extraño, que por alguna que otra razón que sólo él conocía, me besó de repente en el vestíbulo de mi casa. Tercero, se me acercó un muchacho mujeriego con la intención de que cayera a sus pies como hacían todas las demás chicas y, como no se cumplió su tan "perfecto" plan, ahora había decidido convertirse en mi novio. Por último, pero no por eso menos importante, Gakupo se había comportado de manera extraña anoche. Todas estas cosas parecían bromas hechas por Dios. Como si se estuviese burlando de mí. Suspiré. Definitivamente el futuro me deparaba muchas más sorpresas de las que me imaginaba.
Finalmente me dirigí al instituto, llegando algo cansada. Durante el transcurso de las clases, seguía sintiéndome muy mal. A pesar de que me había lavado la cara una y otra vez con agua bien fría, no dejaba de estar muy caliente y yo no paraba de sentirme muy acalorada. Estando en esta situación, ni siquiera pude tocar mi almuerzo. Puesto que también tenía muchas nauseas.
Terminaron las clases. Agradecí que ese día no hubiesen actividades del consejo estudiantil. Por lo que planeaba irme a mi casa a dejar mis cosas, hacer un poco de tarea y más tarde dirigirme a mis lecciones de defensa personal.
Estaba saliendo del instituto, cuando sonó mi celular. El único contacto que tenía era Gakupo, por lo tanto pensé que el mensaje que había llegado era de él. Sin embargo, cuán grande fue mi sorpresa al ver que en el remitente decía "Kaito". Acto seguido proseguí a leer el contenido, "Lo siento Gumi, pero esta vez no podré ir a verte. Sé que me extrañarás y que en estos momentos debes estar lamentando el hecho de que no podrás estar conmigo hoy. Y no te preocupes, te compensaré esta falta la próxima vez que nos veamos, espérala con ansias". Me quedé mirando hacia la nada por un momento. ¡¿Pero cómo demonios había conseguido mi número de teléfono Kaito?! No recordaba habérselo dado nunca. Entonces descubrí que el mensaje seguía, y que la respuesta a mi pregusta estaba allí, "P/D: Mientras tú cocinabas y Gumiya estaba distraído, tome tu celular, guardé tu número en mi móvil y de paso agregué el mío en el tuyo. Espero que no te moleste, pero lo vi ahí en la mesa y no pude desaprovechar la oportunidad". No podía creer que Kaito hubiese hecho eso. Esto demostraba lo impulsivo que era.
Guardé mi celular y me disponía a salir del instituto, en ese instante comenzó a llover fuerte. Ah, lo había olvidado por completo, en la tele habían dicho que iba a pasar esto. Y yo no había traído ningún paraguas, que problema. Bueno, ya en otras ocasiones me había empapado por completo con la lluvia. No hacía daño a nadie que pasara de nuevo. Sólo tenía que bañarme y cambiarme de ropa apenas llegara a la casa.
Estaba parada en la entrada del instituto cuando pasó. Mi vista volvió a nublarse, y mis músculos se desfallecieron por completo. Sólo que esta vez, mi cuerpo no reaccionó como antes. Mis piernas flaquearon y no pude evitar caerme al piso. Por más que intenté levantarme, mis brazos y demás extremidades del cuerpo no me hacían caso. Lo único que podía sentir, era como mi vista se iba apagando poco a poco. Fue en ese momento cuando escuché como alguien venía corriendo hacia mí, gritando mi nombre a todo pulmón. Lo último que vi fue la figura de esa persona acercándoseme y diciéndome "¡Oye, Gumi! ¿Estás bien?…"-tocó mi rostro con una de sus manos- "¡Resiste!".
Cuando desperté, sentí algo húmedo en mi frente. Abrí mis ojos. Al principio veía algo borroso, pero al instante se aclaró. Entonces pude apreciar como el rostro de Gumiya se encontraba a unos pocos centímetros del mío. Se percató de que yo ya estaba consciente, por lo que apartó rápida y nerviosamente su cara y se explicó.
-N…no es lo que piensas. Sólo estaba tratando de ver si tenías fiebre, ya que el termómetro está tardando algo en sonar.
-¿Dónde estoy?- pregunté confundida.
-Nos encontramos en tu casa. Estaba caminando por la calle cuando vi que te habías desmayado. Por lo que decidí que lo mejor sería traerte aquí.
Sonó el medidor de temperatura y el joven que se encontraba al lado mío me pidió que se lo diera.
-Cuarenta punto tres grados. Por Dios, no puedo creer que hayas dejado que tu fiebre subiera tanto ¿Es que no te diste cuenta al despertar esta mañana que estabas enferma?
-Me sentía cansada, pero no creí que fuese por eso.
-Sí que eres despistada.
-En cualquier caso, tengo que ir a mis lecciones de defensa personal- estaba por levantarme cuando Gumiya me lo impidió.
-¡¿Pero qué crees que estás haciendo?! ¡¿Tienes una fiebre tan alta y pretendes ir a hacer eso?!
-Es que… es muy importante. Tengo que ir.
-Lo siento, pero mientras yo esté aquí no lo harás.
-…- me quedé pensando un momento- Supongo que no tengo opción, me quedaré por hoy.
-Eres muy terca, te pasa algo así y no le das importancia. No tienes remedio.
Me senté en la cama y miré a Gumiya más detenidamente. Estaba sentado en una silla que, al parecer, había traído de la sala de estar y acomodado al lado de mi cama. Entones me percaté de algo. En esos momentos no sabía si mi sonrojo se debía a mi gripe o a lo que acababa de ver. Aquel muchacho, tenía descubierta la parte superior de su cuerpo. Lo único que poseía eran sus pantalones, ya que al parecer se había sacado la otra pieza de su uniforme. Nerviosa por esa escena, me tapé velozmente la cara con la sábana.
-¿Eh? ¿Qué te pasa, Gumi? ¿Te sientes peor?
-No, no es eso. Tú… em… ¿Por qué te encuentras así?
-¿Cómo así?
-O sea, no tienes la parte de arriba de tu uniforme.
-Ah, eso es porque terminé todo empapado por culpa de la lluvia. Aunque tú…
Al escuchar esas palabras salí de debajo de las sábanas y miré mi atuendo. Lo único que tenía puesto era mi ropa interior y una de mis camisas, que me quedaba algo grande. Por consiguiente, a pesar de que ya estaba sonrojada por mi resfriado, mi rostro se tornó aún más rojo y grité a más no poder.
-¡Ah! ¡¿Pe…pero que crees que hiciste, pervertido?!- le espeté sorprendida y malhumorada.
-Te cambié de ropa. ¿Qué otra cosa querías que hiciera? Tu uniforme estaba completamente mojado. Si no te lo quitaba y te ponía otra cosa, tu fiebre iba a terminar por aumentar.
-¡Hubiese preferido que me dejases así y mi resfriado empeorase! ¡Pervertido!
-Deja de llamarme así ¿No crees que es algo molesto que digas eso cada vez que nos vemos?
-Lo diré todas las veces que sean necesarias porque es verdad… ¡Pervertido! ¡Pervertido! ¡Pervertido!
-Realmente eres muy testaruda. Creo que eres de las personas que nunca cambian de opinión con respecto a algo. O que si lo haces, cuesta mucho lograr que eso pase.
Fue en ese instante en el que me percaté de qué era lo que realmente debería haberme preocupado. Si Gumiya me había cambiado de ropa, eso quería decir que me había visto semidesnuda. Lo que significaba que también había podido darse cuenta de las marcas que tenía. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Mis músculos se tensaron y me quedé callada sin saber qué decir en esos momentos.
Permanecimos en silencio durante unos minutos, que para mí fueron una eternidad. Hasta que Gumiya movió sus labios dirigiendo sus palabras hacia mí.
-Oye, Gumi. Me gustaría hacerte una pregunta- soltó de repente.
-…- pasaron unos segundos hasta que pude responderle- ¿Qu… qué es lo que quieres preguntarme?- expuse nerviosa.
-Esto no es fácil. No sé cómo decírtelo sin parecer demasiado brusco- suspiró-. Parece ser un tema muy delicado, pero me veo forzado a entrometerme. Aunque luego me respondas que no es de mi incumbencia… ¿Qué son esas marcas que tienes en tu cuerpo?- acotó mirándome seriamente.
Finalmente llegaron las palabras que menos quería oír en esos momentos. Me puse aún más nerviosa. Mi cuerpo ya no estaba tenso, sino que ahora se encontraba temblando. A pesar de que trataba de relajarme, no podía hacerlo en absoluto. Aquella frase resonaba en mi cabeza. Abrí mi boca en un intento vano por hablar, pero no salía palabra alguna de ella. Posteriormente pude decir algo.
-¿Es eso? No son nada en especial. No tienes que darle importancia alguna- y comencé a reírme nerviosa.
-Lo estoy diciendo en serio, Gumi. No creo que esto sea motivo de risa. Sé que tal vez no me quieras decir nada, que trates de evadir el tema, pero es importante que me lo cuentes. No puedes guardártelo sólo para ti misma. Soy un completo extraño para ti, recién nos conocemos y esta es la tercera vez que nos vemos. Sin embargo, no puedo evitar preocuparme por ti. Esas marcas parecen haber sido muy fuertes, e incluso me atrevo a decir que seguramente la persona que te lo hizo es un verdadero monstruo… ¿Acaso fue tu novio?
-¡Te equivocas, no fue mi novio!- le espeté repentinamente.
-¡¿Entonces quién te hizo eso?!
-Es mejor que no lo sepas... no quiero involucrarte en algo como esto.
-Me involucré yo mismo en el momento en el que vi esas marcas por mi propia cuenta. Tú no hiciste nada.
-Sin embargo… no puedo decírtelo. No quiero pensar en eso. No me siento lista para hablar sobre ello. Como dijiste antes, es un tema muy delicado y doloroso para mí. No es algo de lo que se pueda hablar fácilmente. Por eso… por favor…
En aquel momento creía que iba explotar. Lo único que quería era desaparecer de la faz de la tierra. Pude sentir como mis ojos se estaban volviendo cristalinos. Entonces me dije que no debía llorar, que eso era de niñas pequeñas. Además, Gumiya se encontraba presente y no quería causarle más molestias de las que ya le había dado. Así que reprimí aquellas lágrimas que se asomaban por mis ojos, y disolví ese sentimiento de tristeza. Miré al joven de ojos verdes que estaba en frente de mí. Su mirada era muy seria. No se podía detectar ni un deje de burla en ella. Suspiró.
-Está bien. No pienso obligarte a que me cuentes la razón de todo eso. Pero quiero que sepas que nada de lo que dije es mentira. Cada una de esas palabras que escuchaste salir de mi boca eran verdad. Cuando te sientas lista, y quieras hablar de ello con alguien, llámame. No lo dudes ni pienses que serás una molestia o algo por el estilo, ¿entendido?
-S…sí, entiendo.
-Muy bien. Ahora descansa. Creo que todo esto te dejó aún más agotada de lo que ya estabas- pareció dudar con respecto a lo próximo que iba a decir, pero luego lo pronunció un poco avergonzado-. N…no te preocupes por… la cena. Veré si te puedo hacer una sopa caliente para que te mejores- dicho esto hizo ademán de querer salir cuanto antes del cuarto.
-¡Espera!- lo llamé antes de que se fuese.
-¿Qué sucede?- cuestionó extrañado.
-Es que… No puedes estar así todo el tiempo- y lo miré un poco avergonzada-. Te puedes enfermar aunque estemos en mi casa. Además, tus pantalones siguen estando mojados. Tienes que ponerte otra cosa.
-¿Otra cosa?
-Sí. Aunque no lo parezca, porque casi siempre está afuera, en esta casa vive un hombre. No sé qué edad tendrás porque nunca me la has dicho, pero no creo que tú y él se lleven demasiados años. Además parece ser que no hay mucha diferencia entre su contextura física y la tuya. O sea, él es un poco más grande que tú, pero creo que su ropa te entrará sin ningún problema.
-¿Un hombre que no me lleva muchos años dices?… ¿Acaso es tu hermano?
-Su habitación es la que está casi al fondo del pasillo. La cuarta puerta doblando hacia la izquierda. Puedes entrar y buscar ropa que te parezca cómoda si quieres- dije queriendo regresar al tema de conversación anterior.
-Mmm… no me parece correcto estar esculcando en una habitación ajena. Por más que tú me des permiso, me resultaría un poco incómodo. Ya me había sentido un poco culpable mientras revisaba cajones en busca del termómetro y un paño para tu frente, además de ropa para que te cambies.
-Supongo que tienes razón. En ese caso, deja que yo sea quien vaya a buscarla- alegué mientras me levantaba de la cama.
-¡Espera un minuto! Todavía estás enferma, no puedes levantarte así de repente- indicó corriendo hacia mí para ayudarme a pararme.
-Tampoco soy una inválida para que me trates así- expuse algo ofendida.
-No es eso lo que quise decir. Es sólo que estás muy delicada en estos momentos. Acepto que vayas tú a buscar la ropa, ya que me resulta más cómodo. Pero no puedes ir por tu cuenta.
-¿Qué quieres decir con eso?
Y antes de que me diera cuenta pude sentir como me levantó y sostuvo entre sus brazos. Sin dudarlo un segundo.
-¡¿Qu…qué estás haciendo?!
-Te estoy llevando al cuarto que mencionaste- y comenzó a dirigirse al lugar en cuestión.
-Puedo ir yo sola, no hace falta que tú me cargues ¡Ahora bájame!- me quejé mientras me sacudía en un intento vano por soltarme de sus brazos.
-Si sigues moviéndote tanto vas a terminar por caerte.
-¡Eso no va a pasar! ¡Quiero que me bajes en estos instantes!
Sin embargo, él tenía razón. Al estar zarandeándome tanto entre sus brazos, hubo un momento en el cual casi me estuve por caer. Y para que eso no sucediese me afirmé con mis brazos al cuello de Gumiya. Su rostro estaba a unos pocos centímetros del mío, y para que no notase la vergüenza que sentía en esos instantes, desvié mi mirada hacia otra dirección.
-¿Ves? Te dije que te ibas a caer si te sacudías tanto.
Me quedé callada sin saber qué decir, dándole la razón con respecto a lo que había dicho antes. Ya que no se me venía ningún argumento válido para contradecirlo.
Estando tan cerca de Gumiya, podía sentir su aroma. Esa fragancia resultaba muy agradable, podía seguir disfrutando de ella durante horas. Ah, ¿Pero qué rayos era lo que estaba pensando? ¡Eso era imposible! Jamás haría tal cosa. Además, ya me había decidido a alejarme de él. Tenía que mantener una cierta distancia. Si comenzaba a ilusionarme de nuevo, creyendo que había conseguido un amigo por fin, iba a terminar lastimada. Sí, debía apartar a Gumiya de mí. Porque si no era él quien me lastimase, entonces iba a ser yo la que lo iba a lastimar a él. Después de todo, yo estaba destinada a estar sola en esta vida. Entonces una voz me sacó de mis pensamientos y me trajo a la realidad.
-¿Sabes? Eres más liviana de lo que creí. A simple vista ya se notaba que lo eras, pero no creí que fuese para tanto. Eres tan ligera como una pluma.
-No te aproveches de que te permití que me llevaras para decir eso. Sólo un pervertido haría tal cosa.
-Sólo era un cumplido, no tienes por qué enojarte por nada- respondió algo molesto.
Llegamos a la habitación de Gakupo y Gumiya me bajó para que pudiese buscar la ropa. Me costó un poco encontrar algo descendente en el armario, puesto que Gakupo casi siempre iba vestido de traje. Pero entonces descubrí una parte en la que había ropa casual. Al parecer, él había divido su ropero de tal forma en la que tuviese separada sus trajes de un lado y su ropa normal del otro.
Agarré una sudadera y unos pantalones. Los miré y comparé con la contextura física de Gumiya. Sí, parecía que no iba a haber problema en que le quedase.
-Toma, creo que esto te irá bien- dije entregándole la ropa.
-Gracias. Bueno, entonces te llevaré a tu cuarto y luego me cambiaré.
Estaba por levantarme con sus brazos hasta que lo detuve.
-¡Espera!
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas?
-Antes de que me lleves a mi habitación, quiero que te quites la ropa.
Pronuncié esas palabras con completa naturalidad, sin segundas intenciones. Pero al parecer, Gumiya había malinterpretado lo que yo había dicho. Ya que su cara demostraba lo sorprendido que estaba, y sus mejillas se sonrojaron a más no poder.
-¿Qu…que me quite la ropa?
-¡No pienses en cosas raras!- le reprendí muy avergonzada- Me refiero a que te quites lo que tienes puesto ahora y te pongas la ropa que te di. Sólo te lo digo porque me siento un poco incómoda cuando estoy en tus brazos y no tienes casi nada puesto.
Ahora yo también estaba sonrojada. El que Gumiya hubiese pensado algo así, me había puesto un poco nerviosa. Pero realmente yo no tenía esas intenciones con él. Es decir, apenas nos conocíamos. Era imposible que pasase algo entre aquel joven y yo, ¿no es cierto? O sea, él era impetuoso, pervertido y siempre decía lo que pensaba sin vergüenza alguna. En pocas palabras, todo lo contrario a mí. Siendo así no había nada que nos conectase. Por lo que nunca podría pasar nada entre nosotros, ni en un millón de años, ¿o no?
-Está bien, entiendo. Pero no me culpes por pensar ese tipo de cosas. Cualquiera reaccionaría igual que yo si una persona le dice algo así- alegó excusándose.
-Pervertido- susurré tan despacio que Gumiya no llegó a escucharme-. Bueno, entonces yo me daré la vuelta y cerraré los ojos. Así puedes cambiarte tranquilo.
-¡¿Quieres que lo haga aquí?!
-Por supuesto. Debo imaginarme que todavía no sabes dónde se encuentra el baño, ¿cierto? Y por más que te diga dónde está, seguramente no lo encontrarías.
Se quedó callado, confirmando lo que yo había dicho antes. Después se sacó el cinturón y comenzó a desabrocharse los pantalones. Hasta que se detuvo y me miró.
-¿Quieres verme cómo me cambio, Gumi? Vaya, no sabía que eras ese tipo de chicas.
-¡Por supuesto que no quería hacer eso, tonto! ¡Es normal que te esté mirando si te comienzas a desvestir así de repente sin siquiera avisarme!- acto seguido me senté en la cama y le di la espalda.
Entonces escuché como Gumiya se comenzó a reír de mi reacción. Quería darme la vuelta e ir a golpearlo. Pero si hacía eso, lo más probable era que me encontrase con una escena que no quería ver.
Permanecí allí esperando hasta que él me dijese que ya estaba listo. Sin embargo, por más que pasó el tiempo no llegó ninguna señal que me lo confirmara. Miré hacia la dirección en la que se debía encontrar Gumiya y me sorprendí al descubrir que no estaba allí. Por lo tanto, como todavía no tenía fuerzas suficientes para ir a buscarlo, sólo me limité a llamarlo.
-¿Gumiya? ¡¿Dónde estás?! ¡Gumiya!
Grité esperando escuchar su voz, o algo que me indicara dónde se encontraba. Pero la única respuesta que tuve fue un largo silencio. Seguí insistiendo unas cuantas veces, pero no había caso.
Estaba por levantarme e intentar ir a buscarlo, hasta que sentí como algo me agarraba de los tobillos. Asustada grité con todas mis fuerzas. Entonces escuché como alguien se reía como si su vida se fuese en ello. Miré mis pies y puede ver que ese algo que sostenía la parte inferior de mis piernas eran nada más ni nada menos que unas manos que provenían de debajo de la cama. Éstas me soltaron y al poco tiempo salió Gumiya de su escondite, aún riéndose por lo que había pasado.
-¡No puedo creer que te hayas asustado con algo como eso! Es un truco tan viejo que pensé que no te lo tragarías. Sin embargo, al parecer me equivoqué- y continuó burlándose.
-¡Eres un tonto! ¿Cómo se te ocurre hacer una broma así en una situación como esta?
-Está bien. Lo siento, en cierta forma me he pasado un poco. Pero tienes que reconocer que fue muy bueno.
Como respuesta giré mi cabeza hacia otra dirección mientras cruzaba mis brazos, aún molesta por la broma que me había hecho.
-Llévame a mi cuarto, por favor- le pedí de mala gana.
-Sí, sí. Como usted desee, mi querida princesa- contestó con un tono algo burlón.
Me levantó con sus brazos y nos dirigimos hacia el lugar en cuestión. A pesar de que él se había disculpado conmigo, aún seguía enojada con él. Es que, ¿cómo se le ocurría hacer ese tipo de bromas? Por Dios, sí que me ponía de los nervios a veces. Entonces escuché como una voz me sacó de mis pensamientos.
-Dieciséis.
-¿Eh?
-Tengo dieciséis años- expresó aclarando lo que había dicho.
-Entonces tenemos la misma edad.
-Así es. Aunque por lo menos yo no aparento ser una niña de doce años- indicó mientras se echaba a reír.
-Cállate- y le pegué un codazo en el estómago.
En aquel momento su cara cambió de expresión. Ahora tenía una que demostraba que le había dolido ese golpe. Por lo que dejó de reírse y se quedó callado, al parecer algo molesto por cómo había reaccionado yo.
Llegamos a mi habitación y Gumiya me acomodó en la cama. Me tapé con las sábanas y me lo quedé mirando por un buen tiempo. Realmente me sorprendía cada vez más aquel muchacho que tenía ante mis ojos. Por más que intentara apartarlo de mí y que lo tratase mal, él no se alejaba de mí.
-Espero que te sientas mejor- comenzó a decir-. Y no me refiero sólo a lo de tu gripe, sino también a lo anterior. Verás, no quería sonar muy entrometido preguntándote por eso. Pero de verdad me preocupó mucho cuando vi…eso. Seguro te debe molestar que alguien que apenas conoces sepa de algo que tú querías esconder. Me gustaría que no me trates de una manera diferente sólo porque lo descubrí. No quiero que estés mal por eso.
Entonces me percaté de algo. La broma que me había hecho Gumiya momentos atrás, no era para su propia satisfacción. Seguramente su propósito era animarme por lo que había pasado antes, para que no me sintiese mal ni estuviera deprimida. Quizás se sentía culpable por haber tocado un tema tan sensible así de la nada, y haberme lastimado. Pero que tonta había sido yo al enojarme. Él solamente se había preocupado por mí, y yo lo había tratado mal. Tal vez me había equivocado con respecto a él, tal vez no era cómo yo pensaba que era ¿Y si en realidad no era una mala persona? Debía disculparme de alguna manera por mi comportamiento egoísta. Pero… ¿cómo hacerlo? En ese momento una idea cruzó mi mente.
-Está bien, no te preocupes. Por cierto, creo que lo mejor será que pases la noche aquí. Vi en la televisión que iba a estar lloviendo muy fuerte hasta mañana por la mañana. Seguramente no habrá taxis disponibles a esta hora, deben de estar todos ocupados. Y no querrás llegar todo empapado de nuevo a tu casa, ¿no es así?
Me miró sorprendido por lo que había dicho. Probablemente no esperaba que cambiase de tema tan bruscamente. Y la verdad es que yo tampoco esperaba hacerlo. Sólo fue algo espontaneo, algo que se dio en el momento. Quería agradecerle de alguna manera todo lo que había hecho por mí.
-¿Estás segura? Digo, ¿no te molestará dormir bajo el mismo techo que un pervertido?- dijo en tono burlón.
-Correré el riesgo… Tenemos una habitación para huéspedes. Puedes dormir tranquilamente ahí. En realidad, nunca nadie usó ese cuarto hasta el momento, pero al menos va a ser útil hoy.
-Está bien. Entonces iré a cocinar antes de que se haga más tarde. Tú sólo descansa, debes estar muy cansada.
Vi como se dirigía hacia la puerta para irse. Pero yo sentía que todavía no le había dado las gracias adecuadamente. No sólo debía demostrarlo con acciones, sino también con palabras. Debía decírselo claramente, no con indirectas. Porque tal vez, él no había captado el mensaje de gratitud que le intentaba comunicar. Por lo que me arme de valor y lo llamé nuevamente.
-Gumiya.
-¿Eh? ¿Qué pasa?- pronunció mientras frenaba y se daba la vuelta para mirarme.
-Mu…muchas gracias… por todo lo que has hecho por mí… De verdad muchas gracias.
Posó su vista fijamente en mí, y me dedicó una dulce sonrisa.
-No hay de qué. Siempre que tengas un problema, no dudes en decírmelo. Cuando lo hagas, vendré volando- acto seguido salió de la habitación.
Me quedé mirando aquella puerta que él había cruzado. Por alguna razón, que ni yo misma sabía, esas palabras no parecían ser ninguna mentira. No eran como esas frases que dice la gente para consolarte y que después no cumplen. Se sentían muy reales cuando las escuché. Y una parte de mí se puso feliz y se sintió muy cálida al recibirlas. Sí, tenía que admitirlo. La presencia de Gumiya resultaba muy agradable en ocasiones. Seguramente era su actitud tan optimista que tenía.
Sin embargo, lo que yo no sabía en esos momentos, es que el destino me estaba preparando grandes cosas, y que había puesto en marcha muchos sucesos que nadie nunca había podido imaginar.
¡Y llegamos al final de este gran capítulo! (?) Espero que les haya gustado y no haya sido algo muy monótono y/o repetitivo XD. Ahora, la otra razón por la que no había podido subir esto antes es porque, bueno... al parecer Gumi no es la única enferma TwT. Hace poco yo también pesqué un resfriado. Y cuando estaba escribiendo me sentía tan mal que no pude seguir haciéndolo. Terminé la historia con un gran esfuerzo (?), pero mi internet no funcionaba ¬¬. Así que tuve que esperar un día más para subirla. Tal parece que el destino no quiere que siga con esta maravillosa historia TwT (?)
Alice0623:*La ata a una silla*Ahora sí, decime a quién se parece Gumi, y esta vez no te me escapás ¬¬. Como habrás visto en este capítulo, durante la historia va a haber algo de GakupoxGumi, ¡pero no te preocupes! Que el fic siempre ha sido y será GumixGumiya! :D. A Kaito decidí ponerlo como el chico engreído que se cree demasiado, ya sabés, el típico Narciso que aparece en varias historias XD. Y como habrás visto, hasta se las ingenió para conseguir el número de Gumi :o. En cualquier caso, espero que te haya gustado este capítulo ^^.
Shun: Jaja, por su puesto que las conversaciones van a ser algo serias. Puesto que Gumi es la que narra la historia, y ella se volvió muy seria y fría después de todo lo que le pasó XD.
Rin Marie 10:Sí, las peleas de Gumya y Kaito son muy graciosas, mi hermana me dijo lo mismo. Espero que la discusión de este capítulo también sea de tu agrado :3. En realidad, espero que todo el capítulo te haya gustado^^.
