Los derechos de los personajes, lugares, hechizos, etc… que aparecen en esta historia pertenecen exclusivamente a J.K. Rowling.
Esta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Sé que con el primer capítulo el fic parecía un OneShot. Os puedo asegurar que desde el principio pretendía ser un miniFic. Dudé mucho en publicarlo ya que no estaba, ni estoy todavía, seguro de poder hacer un buen fic de esta historia. No obstante, espero que os guste.
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ONLY LOVE CAN HURT LIKE THIS
"Harry, te quiero. Eres mi mejor amigo, no lo olvides nunca."
Las últimas palabras que le había dicho Hermione antes de desaparecer entre sus brazos resonaban en la mente de Harry mientras salía de las brumas del sueño recurrente que tenía casi todas las noches.
Abrió los ojos, todavía con los resquicios de la sensación de haber tenido a su amiga en sus brazos, y contó: novecientos setenta y tres.
Novecientos setenta y tres días desde el dos de mayo de mil novecientos noventa y ocho; desde la Batalla de Hogwarts... casi mil días desde que había perdido a la persona más importante de su vida.
Suspirando derrotado, intentó moverse solo para darse cuenta de que tenía el brazo de alguien abrazándole desde atrás. Contuvo un gruñido.
-Joder... - bufó entre dientes al reconocer la mano contra su pecho-, otra vez no.
Se giró para confirmar sus sospechas, procurando no despertarla, y se encontró cara a cara con Ginny Weasley, que dormía por encima de las sábanas, completamente vestida de calle. Tenía el rimel corrido y el contorno de los ojos rojo, claras muestras de que había estado llorando.
Contuvo una maldición.
-¿Algún día dejarás de hacerte esto? - preguntó más para si mismo que para la chica.
Se quitó su brazo de encima y salió de debajo de las sábanas para arrodillarse a su lado y, con delicadeza, procedió a bajarle la cremallera de las botas que llevaba. Ella se dejó hacer, emitiendo un ruidito de protesta mientras hacía un mohín.
Cuando le hubo quitado el calzado, metió su brazo por debajo de sus rodillas y le alzó las piernas. Con la mano que le quedaba libre, deslizó las sábanas hacia abajo, para luego colocar las piernas de Ginny de nuevo encima del colchón y taparla con ellas. Con un suspiro ella se rebulló y se volvió boca arriba.
Harry maldijo por lo bajo al constatar el estado deplorable en el que se encontraba la chica, se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño para asearse un poco.
Después de lavarse los dientes, se quedó con ambas manos apoyadas a cada lado del lavabo mientras se enjuagaba con el elixir bucal los sesenta segundos que la etiqueta de "Pociones Potter" recomendaba para la máxima eficacia.
A la vez que movía el líquido por el interior de su boca, notando su sabor amargo pero refrescante, aprovechó para mirarse en el espejo y constatar que no tenía ningún derecho a tildar de deplorable el estado de Ginny, si el suyo no era mucho mejor.
Tenía una abundante y descuidada barba, y el cabello, desmadejado y desordenado, le llegaba más allá de los hombros. Pálido y con un tono de piel amarillo cetrino, casi enfermizo, parecía la viva imagen de Sirius el día que escapó de Azkabán, más que el joven y exitoso millonario que era.
No pudo reprimir una carcajada al pensar aquello, haciendo que el elixir saliese disparado manchándole toda la barba. ¿Joven?, quizás, aunque que más daba, pero... ¿exitoso?
Había sido Ginny quién le recomendó reinvertir en el negocio de sus hermanos, convirtiéndose en socio capitalista. También ella le instó a financiar el laboratorio de pociones que eran ahora las más usadas en el mundo mágico, y a revitalizar la industria de las escobas voladoras inyectando capital en la casi desahuciada marca Barredoras MS. No había tenido éxito más que en descuidarse a si mismo y casi matarse persiguiendo el objetivo que le obsesionaba desde hacía más de dos años.
Abriendo el grifo se lavó la cara, escurriéndose la barba, y luego se la secó con la toalla de mano que colgaba del lateral del lavamanos. Se volvió, abriendo el armario de la esquina, y cogió una de las toallas para la cara que tenía limpias en el estante de arriba.
Tras humedecerla levemente bajo el grifo, Harry volvió a la habitación y se acercó de nuevo a la figura de la chica que descansaba en su cama, envolvió su mano con la prenda húmeda, y se inclinó sobre ella para limpiarle la cara.
Para cuando acabó, la toalla estaba toda manchada de rimel y maquillaje y Ginny le miraba medio despierta y con ojos somnolientos.
-Lo siento Harry – murmuró con voz pastosa -, siento molestarte otra vez.
-Shh... tú nunca molestas pequeña – susurró el muchacho mientras apartaba unos cuantos mechones de pelo que se le habían quedado pegados en la frente -. Duerme un poco mientras te preparo algo de comer.
-Vale – alcanzó a decir ella, justo antes de volverse de lado, abrazar la almohada y dormirse otra vez.
¿Molestar?, aunque ahora vivía más o menos como un ermitaño, Ginny debía saber que siempre era bienvenida en Grimmauld Place. Al fin y al cabo había sido ella quién le había sacado de la espiral autodestructiva en la que había entrado después de la muerte de Hermione, y eso era algo que nunca terminaría de agradecerle.
Después de la batalla los que no le volvieron la espalda por llevar la lucha hasta el colegio, solo le buscaban para auparse en su fama. Al final Harry se había encerrado entre las cuatro paredes de su casa, lamentándose por su amiga y odiándola por haberle acompañado a la muerte.
La verdad es que no se podía decir que hubiese sobrellevado las fases del duelo de una manera muy sana. Se podía decir que había pasado por la ira, más o menos; primero contra los que la habían matado, luego contra ella y finalmente contra sí mismo, por no haberla protegido como debía.
También había habido negación aunque, por supuesto, no de la manera tradicional: durante el segundo mes había intentado sin éxito retomar su vida normal, diciéndose que podía superarlo para seguir adelante, sin ella; negando lo evidente.
Negándose a sí mismo, que había estado enamorado de Hermione toda la vida.
Todavía Harry se preguntaba qué habría pasado si ella no hubiese muerto ese día. Probablemente él habría vuelto con Ginny, Ron y Hermione hubiesen acabado saliendo juntos... y él se habría pasado la vida sin saber amaba a su mejor amiga.
Porque mientras tienes aire que respirar, un suelo sobre el que caminar, y un corazón que late en tu pecho, no tienes en cuenta lo importantes que son en tu vida. Pero ahora, a Harry le faltaba el aire las veinticuatro horas del día y por mucho que se pudiesen contar sus latidos, sentía un hueco en su pecho que indicaba que, el día que había muerto Hermione, se había quedado vacío.
Así pues, para cuando se cerraba el segundo mes después de la batalla, Harry ya había dejado de negar que amaba a su amiga. Había hecho falta que muriera para que él se diese cuenta de que esa "hermandad", esa necesidad de estar con ella, ese apego, esa lealtad y el insoportable deseo de verla feliz; todo eso, era lo que los demás llaman amor.
Y que él, en su absoluta necedad, había considerado amistad.
¿Alguna vez se había sentido tan cercano a Ron? Lo dudaba. Entonces, ¿por qué no se había dado cuenta antes?, ¿por qué no había intuido la realidad cuando sintió que el mundo se acababa al caer ella en el Departamento de Misterios?, ¿o cuando pensó que le abandonaría como había hecho Ron durante la caza de los horrocruxes?
Y finalmente llegó a la fase de aceptación.
La aceptación de que jamás podría superar la muerte de Hermione.
Los siguientes dos meses habían pasado en un borrón, llenos de autocompasión y whisky de fuego, hasta que Ginny había aparecido para sacarle de su burbuja. Gracias a ella había conseguido dejar de beber y pudo empezar a ver las señales que, perdido en las brumas del alcohol, hasta entonces había pasado por alto.
Suspiró y se dirigió a la puerta, saliendo de la habitación y cerrándola tras de sí. Con paso cansino recorrió el pasillo hacia las escaleras. Mientras bajaba a la cocina, miró su reloj de pulsera: las ocho; muy pronto todavía para levantar a Kreacher.
Si bien todavía se las arreglaba para mantener la casa limpia, en el último año el elfo había dado un bajón considerable y a Harry no le gustaba molestarle para algo que era capaz de hacer él solo.
Mientras desayunaba, se preguntó que podría cocinar a Ginny que le gustase. Probablemente llevaba sin comer desde hacía día y medio; cuando tenía uno de sus días malos no solía probar bocado. Al final se decidió por preparar una bandeja con café, freír unos huevos y panceta, y tostar un poco de pan.
Pero, cuando estuvo frente a la puerta de su cuarto, decidió darle a la chica un poco más de tiempo para descansar. Apoyó la bandeja que había subido con en una mesita que había en el pasillo, le hizo un encantamiento para que mantuviese el desayuno como recién cocinado y se dirigió a la puerta que había al final del pasillo. Su estudio.
Obviando la mesa en el centro de la habitación, cogió el oscuro volumen que llevaba estudiando casi dieciséis meses, se apoltronó en su sillón favorito para leer, y lo abrió por la parte más delicada, el hechizo. La poción la había practicado hasta la saciedad y el ritual no tenía mucho misterio. Pero el conjuro no podía practicarse, era un todo o nada en el momento de la verdad; una sola oportunidad.
Leyó con cuidado la teoría, escrita del puño y letra de Voldemort, mientras con la mano de la varita practicaba los movimientos buscando crear una memoria muscular perfecta. Absorbió las palabras una y otra vez a pesar de que ya se las sabía de memoria, y solo paró cuando su muñeca ya no podía más.
Bajó el libro, dejándolo recostado contra el lateral del sillón, se levantó encaminándose a la puerta y la abrió solo para toparse con una Ginny Weasley recién levantada con el brazo alzado, a punto de golpearla. Rápidamente Harry salió del cuarto cerrandolo tras de sí.
-Algún día tendrás que dejarme entrar – comentó la muchacha.
-Si, quizás algún día – dijo. El día que quisiera que le llevasen a Azkaban.
Miró a su amiga con ojo crítico, parecía estar un poco mejor que hace algunas horas. Más descansada, más en paz.
-¡Vamos Harry! - bufó ella -, ¿te crees que viviendo con seis hermanos no me he topado más de una vez con unas cuantas revistas guarras?
-Muy graciosa... – sonrió de lado mientras se encaminaba pasillo abajo con Ginny en sus talones.
-Venga, ¿cuáles tienes? - rió a sus espaldas, picándole -, ¿Pure Witchery? A mi es la que más me gusta.
-Estás muy informada Ginny – dijo sarcástico mientras se daba la vuelta a la altura de su habitación y abría la puerta, indicandole con un gesto a la chica que entrase -, después de ti.
Tras retirar el encantamiento, cogió el desayuno de la mesita,y siguió a su amiga adentro. Ginny se sentó en la cama y aceptó la bandeja, colocándola encima de sus rodillas. Harry la observó de pie a su lado.
-Pareces estar mejor.
-Siempre me hace bien venir aquí – murmuró ella, ya con un pedazo de bacon en la boca -. Lo sabes.
Ginny parecía querer hablar, pero Harry decidió no presionarla y dejar que comiese a gusto; sobre todo que terminase todo. Casi siempre estaba demasiado delgada y cada vez se le notaba más que esos días de ayuno le pasaban factura. Así que se sentó a su lado en la cama y se limitó a verla comer.
Cuando quedaba todavía la mitad de la comida, Ginny apartó la bandeja y fue a dejarla en el suelo.
-Deberías comértelo todo – le reclamó Harry, sujetándola por la muñeca para detenerla -. Cada vez estás más delgada.
-No tengo más hambre – respondió ella, desafiante -. Además no voy a aceptar consejos nutricionales de ti. Debería darte vergüenza cuidarte tan poco.
-Pfff... - masculló él, dando por perdida esa batalla y arrebatándole la bandeja de las manos para dejarla encima de una de las mesillas.
Antes de un pestañeo Ginny se había acurrucado a su lado. Harry pasó un brazo por sus hombros, la estrechó contra sí y esperó a que ella hablase cuando estuviese preparada.
-Gracias por el desayuno – dijo pasado un tiempo.
-De nada – contestó lacónico.
Pasó otro rato hasta que Ginny por fín se soltó:
-Ayer Terry me dejó.
-Ya.
-Fue culpa mía, como siempre – siguió ella -. Estuve inaguantable todo el día. Ya sabes lo que me pasa, a veces me levanto por la mañana echándola de menos – explicó -, y esos días es como si no tuviese derecho a ser feliz...
Claro que sabía lo que le pasada. Al contrario que él, Ginny pensaba que había superado la muerte de su amiga, solo que no era verdad. Así que no paraba de engañarse a sí misma hasta que se daba de bruces con la realidad.
-...y arremeto contra todo y contra todos, no lo puedo evitar.
-¿Por qué no viniste aquí? - le preguntó, mirándola a los ojos. Había empezado a llorar -. Sabes que aquí estas bien, ¿por qué no viniste?
-Porque al final pienso que te vas a cansar de mí – susurró avergonzada -, no paro de darte problemas y... es decir, sé que... - tartamudeó –... se que tú me entiendes, tu eres el único que la añora tanto como yo... por eso me gusta estar contigo cuando me... me... cuando no puedo...
Finalmente Ginny empezó a sollozar de verdad y Harry la acunó contra su pecho para dejar que se desahogase; no pudo evitar recordar la primera vez que la había tenido así, deshecha y rota en sus brazos...
El día que había aparecido de nuevo en su vida le encontró borracho, así que lo metió debajo de una ducha fría y le tiró todo el alcohol que encontró. Él la echó a patadas llamándole de todo, pero ella volvió al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente; hasta que Harry se hartó y le gritó a la cara que no iba a volver con ella, que él estaba enamorado de Hermione y que no creía que pudiese querer a nadie nunca más.
Como había esperado, ella se abrazó a su pecho y se echó a llorar... pero no por lo que él había pensado. Entre balbuceos y sollozos le confesó que también echaba de menos a su amiga, que no sabía vivir sin ella y que no podía soportar haberla perdido.
Gracias a Merlin, Ginny no le culpaba de su muerte como había hecho Ron. Así que cualquier daño que Harry pretendiese hacerle al confesarle que amaba a otra chica, quedo totalmente eclipsado por el alivio que Ginny encontró al tener alguien que podía comprender lo mal que lo estaba pasando.
Porque si bien nunca olvidaría a Fred, tenía otros cinco hermanos para ocupar el hueco que había dejado. Pero igual que en el corazón de Harry, nadie podía ocupar el puesto de Hermione en la vida de Ginny: había sido su mejor amiga, su hermana mayor... su modelo a seguir.
Y fue gracias a apoyarse el uno en el otro, compartiendo un dolor que nadie más que ellos comprendía, que él había conseguido dejar de beber, serenarse, y empezar a ver las cosas con mayor claridad.
Con el tiempo Ginny se fue convenciendo de que había superado a Hermione, y empezó a hacer vida normal. Pero nunca duraba mucho, siempre llegaba el día en el que una canción, un olor o una frase le recordaban demasiado a ella, y se quebraba.
Harry no llevaba ya la cuenta de cuantos trabajos y novios había perdido así. En días como esos siempre acababa llorando en sus brazos. Las primeras veces había acudido a sus padres, pero al pasar los años estaba claro que ellos no la entendían.
Tranquilamente y sin ninguna prisa, Harry se dedicó la siguiente media hora a susurrarle cosas bonitas a su amiga mientras le acariciaba el pelo, esperando calmarla. Una vez cesaron los sollozos, Ginny siguió llorando un rato más, ya más relajada después de haberlo soltado todo.
-Al menos, espero que esta vez no hayas acabado en la cama con Malfoy – le dijo cuando llevaba un rato calmada -, otra vez.
-Ese maldito hurón... - maldijo ella.
-Sabes que pienso que lo que haces no es sano...
Y no lo era. Hacía más o menos un año, después de romper con el novio de turno, Ginny se había topado con Draco Malfoy en las Tres Escobas por casualidad y Harry no sabía si por el alcohol, la tristeza o la necesidad, había acabado en la cama con él; para luego sentirse terriblemente culpable.
La cosa se habría quedado así, si no se hubiese convertido luego en costumbre. Y tampoco podía culpar a Malfoy de aprovechado, porque Ginny le había confesado que era ella quien lo había buscado las siguientes veces.
No estaba claro si lo hacía para autocastigarse o porque encontraba algún tipo de consuelo también con él, pero definitivamente no era sano.
-... no dejas que los chicos con los que sales te toquen, y al final acabas metiéndote con él.
-Esta vez no pasó nada – dijo.
-¿Seguro? - inquirió.
-Sí, ¿y sabes por qué? - exclamo ella irguiéndose, todavía con lágrimas en las pestañas -. El muy cínico me dijo que no pensaba acostarse más conmigo si no aceptaba antes una cita con él.
-¿Com...?
-¡Arrogante hijo de puta! - explotó -, como si fuese a hacer alguna diferencia después de las veces que hemos follado.
-¡Ginny! - la reprendí.
-¡Qué! - bufó -, es verdad. ¿Qué sentido tiene que se haga el digno después de todo?
-No puedo creer lo que voy a decir – y de verdad, no se lo creía -, pero quizás deberías probar y salir con él.
-¡¿Qué?! - escupió furiosa, separándose de él para mirarle a los ojos -. Harry, no vengo aquí para que me digas con quién salir, y mucho menos si es con Malfoy. ¡Por todos los magos de la historia, en que demonios estás pensando!
-¡Relajate! - levantó las manos, conciliador -. Deberías plantearte por qué lo buscas siempre, ¿si te hace bien estar con él, por que no explorar esa posibilidad?
-¡No entiendes nada! - gritó -, lo ves todo del revés – otra vez comenzó a llorar y Harry se reprendió mentalmente por ser tan patán y sacar el tema a colación.
-¡Ey, pequeña! - dijo, atrayéndola hacia su pecho -. Tranquila, sabes que puedes contarme cualquier cosa – comenzó otra vez el ritual para calmarla -. Dime, ¿qué es lo que no entiendo?
-Yo... yo no... no... – balbuceó entre sollozos -... no lo busco porque me haga sentir bien.
Inmediatamente Harry comprendió y la acercó más a él, adivinando lo que venía a continuación.
-Lo busco porque... - intentó seguir Ginny -... porque me hace sentir miserable, sucia... lo busco porque me hace sentir culpable... Lo busco porque me hace odiarme a mi misma – concluyó, rompiendo a llorar.
Y Harry no necesitó escuchar más. Ya se lo había dicho ella antes "...a veces me levanto por la mañana echándola de menos, y esos días es como si no tuviese derecho a ser feliz...". Suspiró, sintiendo lástima por Ginny, y siguió acariciándole el pelo hasta que se quedó dormida.
No supo en que momento la siguió a los brazos de morfeo, pero ya debía ser la hora del almuerzo cuando sus labios le despertaron. Sin siquiera abrir los ojos llevó la mano a la nuca de la chica y comenzó a besarla.
No era raro que pasase eso entre ellos. Harry sabía que era otro tipo de consuelo y que a veces Ginny lo necesitaba. Y aunque nunca habían llegado más lejos, debía admitir que la intimidad física con alguien con quién te sentías tan cercano, también a él le traía algo de paz.
Al poco rato Ginny rompió el beso y apoyó su frente contra la de Harry.
-Gracias – susurró –, no sé que haría si no pudiese venir aquí.
-Bueno, yo no sé que hubiese hecho si no hubieras venido aquí en primer lugar – ambos rieron y volvieron a abrazarse.
-Si con alguien me gustaría probar a salir -continuó ella al final -, sería contigo.
-Sabes que...
-¡Shh...! - lo interrumpió, poniendo un dedo en sus labios -, lo sé, tranquilo.
Pasaron un rato más así, hasta que al final, Harry se levantó de la cama dirigiéndose a la puerta.
-No sé tú, pero yo tengo hambre – señaló Harry -. Date una ducha si quieres, para estas horas Kreacher nos habrá preparado algo. Te espero abajo.
-De acuerdo – contestó cantarina Ginny, saltando de la cama y caminando hacia el baño.
-¡Tienes toallas limpias en el armario! - gritó Harry por encima del hombro mientras caminaba pasillo abajo en dirección a la cocina.
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Bueno, ha tardado y es un capítulo totalmente de transición, para echar un ojo a lo que nos va a deparar el fic más adelante.
Podemos ver que Harry y Ginny mantienen una relación bastante cercana y, aunque se hagan falta, no hay que ser un experto para ver que es una relación muy poco sana. ¿Quién podía pensar que el hecho de que Harry le confesase que amaba a otra les acabase acercando?
También me ha gustado explorar un poco a esta Ginny, alejándome de como se la suele pintar en este tipo de fics. Al fin y al cabo, nunca nos hemos parado a pensar qué era Hermione para la pelirroja. Ginny ha tenido dos modelos femeninos en su vida, su madre y su tía, y creo que la Ginny adulta se acerca más a querer parecerse a Hermione (con el carácter Weasley) que a cualquera de las dos.
Por otro lado está Harry, que obviamente no ha superado la muerte de Hermione y parece no querer seguir adelante. En este fic espero poder explorar un poco mi tipología del Dark Harry, al cual no imagino como se le suele pintar (que suele ser muy alejado del Harry real), sino como alguien que sigue teniendo buenas intenciones, pero que tiene una visión tan desviada de la vida que elige los caminos inadecuados para lograrlas.
También planeo que sea un poco más egoísta de lo que es el Harry del canon: ya sabe lo que es perder algo que anhelas, no va a dejar que le vuelva a pasar.
