3.
-¿Dónde estuviste durante el recreo?- como única respuesta Bill se encogió de hombros.
-Por ahí, supongo- lo ocurrido la noche anterior ni siquiera había sido mencionado.
Por la mañana al despertar Bill se había encontrado solo en la cama, según su madre porque Tom había salido antes. Luego ya no le había visto hasta el examen, y no había podido hablar con él, así que ya pasaba. ¿Qué demonios quería Tom?
El mayor le miró lentamente, estremeciéndose al recordar las caricias de sus manos frías. No tendría que haberle dejado seguir, pero lo hizo. Fue un error del que no se hablaría a menos que Bill quisiera, y lo haría por él, porque el de rastas no tenía ni malditas ganas de sacar el tema. Pero el tema no salió ese día. Ni al siguiente, ni nunca.
Había algo distinto en el pelinegro. Era algo sexual y no eran imaginaciones de Tom. El rubio estaba seguro de que algo había cambiado en él. Habían mas miradas que lo seguían, mas rumores a sus espaldas,… Su hermano había cambiado. Seguía con las mismas camisetas con el mismo maquillaje con con el mismo tinte negro brillante pero Tom podía casi tocar las ganas generales de apretar a su gemelo contra la pared para arrancarle jadeos a base de besos, y caricias, empujones y arañazos. La inocencia de Bill había desaparecido para dar paso a una sensualidad casi pura que atraía a quien se sentaba a su lado mas de 10 minutos.
Y Bill sonreía y complacía con miradas que encendían algo dentro de Tom que casi no podía controlar. No podía evitar que Bill mirara a la gente, y no podía evitar que la gente le mirara porque él era el primero en hacerlo, en desearle, en preguntarse si el menor volvería a colarse entre sus sabanas algún día para acariciarle sin decir mas nada; él era el primero en retorcerse contra sus mantas, tratando de escapar para fundirse con las de su hermano evitando la espera y las preguntas, apartándolas para que nada que no fuese su cuerpo se atreviera a tocar el del moreno; en apretarle, morderle, poseerle, robarle el aire y la vida…el sudor y la esencia.
Y su hermano y él hablaban como siempre, o como nunca porque ya nada significaba nada. Cada palabra tenía menos significado que la anterior y albergaba diccionarios enteros entre cada una de sus letras si se comparaba con la siguiente.
Y Tom se preguntaba porque. Porque tenía que decir "¿ponemos una película?" cuando solo quería decir "besame", porque decir "salgamos fuera" cuando en su lengua se enredaba sílaba a sílaba "follame". Así, claro y rotundo. Follame. Con que fuerza sonaba la palabra cuando la dejaba salir libre en el resguardo de su habitación, la pronunciaba una y otra vez y se excitaba y se tocaba y se encogía, se hacía una bola, se odiaba, se buscaba, diciéndola una y otra vez, con su boca, con sus manos, con su alma para luego volver a guardarla en un pequeño cajón dentro de su boca, como un perro al que sacas a pasear para que no te destroce la casa.
Pero ese no fue el único cambio. Lentamente también cambiaron los rumores, y las voces a sus espaldas se hicieron mas fuertes, mas insinuantes, mas hirientes. E incluso cuando Bill no estaba, Tom las oía. Lo atacaban, lo agredían, lo desmembraban como perros rabiosos peleándose por un trozo de carne.
El menor le decía que no hiciera nada, y trató de obedecerle. Pero las voces eran mas y mas fuertes hasta el día en que no pudo mas. Y necesitó golpear a la voz. Y la voz tenía dueño, que le miraba desde el suelo con el labio partido
-Vaya, parece que el hermano del maricón se ha cabreado- tres chicos algo mayores ayudaron al del suelo a levantarse.- Tiene mas genio que su hermanita- el mas alto le habló al herido con una sonrisa burlona- pídele que te la chupe gratis a cambio del puñetazo. Seguro que lo hace tan bien como el zorrón de su hermano.
Tom palideció un instante.
-No digas mentiras sobre mi hermano, él no te ha hecho nada- todos rieron.
-Sí, si que me ha hecho, y muy bien hecho por cierto- las risas y risitas seguían- que pasa…¿eres el último en enterarte o que?
