Mordí al pequeño niño haciéndolo jadear de placer a tiempo que sus juguetes caían de sus manos, después de beber hasta la última gota de su sangre observé como Edmundo me miraba con satisfacción en tanto la profesora Karp se ocupaba en deleitarse con la sangre de la hermana llorona del pequeño. Ambas dejamos caer los cuerpos inertes al mismo tiempo y me acerqué al espejo para comprobar que mi ropa o mi rostro no se hubieran manchado… por supuesto no fue así.
-Suelen ser los dhampirs o los humanos convertidos en Strigois los que tienen más problemas para beber – murmuró Edmundo como si hablara consigo mismo – los Moroi a fin de cuentas hemos sido educados para ser discretos, para ocultar los colmillos, para evitar ensuciarnos, para parecer humanos…
-¡No somos humanos! – Replicó la profesora – los humanos no deben preocuparse de que su especie se extinga poco a poco, y no deben aprender la magia… ellos no esperan sentados en un rincón con ojos anhelantes a que su elemento salga a la luz mientras que el resto de sus compañeros ya se han especializado…
-Y tampoco deben soportar la obscuridad del espíritu – añadí – no deben sentir emociones negativas, rencor ni depresión que no les pertenecen pero que fluyen como si fueran parte de su esencia.
Edmundo comenzó a reír de manera desmedida, como si nuestras palabras fuera algún tipo de gracia.
-Oh chicas no hablen como si envidiaran el género humano… si antes de despertar hubieran sido dhampirs sus palabras serían perdonadas, pero no se puede perdonar tal tipo de reflexión en los Morois… mucho menos en Morois reales, Vasilissa.
-¿Cuál es la ventaja de la realeza? – Pregunté repentinamente alterada – todos te miran en todo momento y no permiten que te diviertas, no tienes libertad, no tienes privacidad y todos te miran como si supieran todo sobre ti a pesar de que no te conocen en lo más mínimo… llega el momento en que te pierdes a ti mismo y comienzas a vivir no la vida que quieres sino la vida que ellos quieren para ti.
-La vida en la corte es una completa hipocresía, princesa. Créeme, yo lo sé.
-Oh, Edmundo Szelsky te creo porque sé que has vivido lo mismo que yo.
-Él negó casi paternalmente.
-No princesa, nuestras cargas son diferentes; tú eres la última de tu estirpe, la querida y respetada descendiente Dragomir… yo pese a ser de una familia real fui siempre marginado por mis ideas radicales.
-¿Ideas radicales?
-Querida Lissa, ya que tanto quieres a tu amiga Rose dime ¿son sus vidas iguales?
-No, ella no debe preocuparse por lo que la realeza opina de ella. Ella es fuerte y determinada, es hermosa y extrovertida y su seguridad en su propia persona siempre ha sido mi inspiración… a veces tengo la sensación de que Rose es capaz de triunfar aun donde todos los demás están destinados a fallar.
-Todo un techado de virtudes, por lo visto.
-No es perfecta, pero son esos pequeños defectos los que resaltan sus fortalezas.
-Claro, claro, y seguro es toda una líder que goza del respeto y estimación de sus profesores ¿no?
-No – reconocí de mala gana – los maestros dicen que es muy indisciplinada y creo que a estas fechas la habrían expulsado de no ser porque Dimitri ocasionalmente responde por ella.
-Eso no es extraño, después de todo no hay una razón real para que una dhampir tenga cualidades de liderazgo.
-¿Qué quieres decir?
-Te contaré una historia pequeña Lissa: yo tenía cinco años y mis padres eran ambos especialistas en fuego; jugaban con su magia y yo reía mientras mi padre hacía pequeñas lucecillas que flotaban por toda la habitación al tiempo que mi madre trazaba símbolos que se iluminaba sólo unos cuantos segundos antes de desaparecer… en esa época infantil yo tenía la ilusión de que mis padres eran los mejores y más poderosos Moroi sobre la tierra. Cumplí los 15 y mi madre me dijo que lo lamentaba mucho pero que tenían que asistir a un banquete en la corte y no podría pasar conmigo mi cumpleaños, yo lo acepté sin protestar pero pedí acompañarlos al viaje donde comprarían los regalos que iban a repartir, entonces uno de los guardianes de mi madre pidió permiso para llevar con nosotros a su sobrino (un año más chico que yo) en el viaje debido a que la madre del chico había fallecido hacía poco y no tenía con quien dejarlo; yo quedé impactado.
"El guardia que hizo la solicitud se llamaba Dante al-Atasi y yo lo quería como un segundo padre; era él el que me cuidaba cuando mis padres estaban viajando, era él el que llegaba a la escuela siempre con quien quiera que se dignara a visitarme y era él quien conversaba conmigo y resolvía mis dudas cuando mis progenitores se ocupaban de dar una buena imagen ante la reina. Mi padre sin embargo se mostró reticente ante su solicitud pero yo le insistí, por lo que accedió de mala gana. El chico se llamaba Amin al-Atasi, lo recuerdo bien, íbamos en la misma escuela aunque jamás nos habíamos dirigido la palabra."
"No le daré más rodeos al relato: en algún momento diez humanos delincuentes nos rodearon y los tres guardianes que estaban con nosotros los combatieron valientemente… sin embargo los humanos llevaban armas y mientras unos caían otros disparaban. A veces mi padre en casa calentaba los objetos que no quería que yo tocara y así me obligaba a soltarlos pero en esta ocasión pudiendo hacer lo mismo para salvar a nuestros protectores, el miedo lo paralizó y no hizo nada… Dante y el resto de los guardianes murieron en consecuencia y los villanos trataron entonces de obligarnos a mis padres y a mí a subir a su vehículo pero, mientras mis padres eran sometidos Amin golpeó a uno de los agresores en la cara, tomó mi brazo y me jaló por un callejón, escuché los disparos a nuestras espaldas y pensé "este es el fin" pues con vergüenza admito que estaba tan asustado como lo había entado mi padre… en ese momento el chico a mi lado me empujó con fuerza y caí casi en los brazos de un guardia de seguridad. Eso me salvó la vida."
-¿Qué pasó con Amin? – lo pregunté no porque me importara en realidad, pero me sentí curiosa.
-Toda nuestra loca carrera él estuvo empujando tras de mí por lo que al cubrirme recibió un balazo en el hombro… pero se recuperó sin consecuencias permanentes y al regresar a la academia nos hicimos amigos inseparables.
-¿Se convirtió después en tu guardián? – si así había sido entonces hoy día seguramente estaba muerto.
-No, aunque físicamente no tenía problemas su tío era la única familia que le quedaba así que después de su muerte se descarrió por completo… terminaron expulsándolo un mes antes de su graduación – hizo una pausa teatral – pero a todo esto ¿te das cuenta pequeña Lissa de lo injusto que fue que nadie intentara comprenderlo o ayudarlo? Él era a fin de cuentas un guardián prometedor y, de hecho hoy día es un excelente guardián.
-¿Es un guardián? – eso sí me sorprendió ¿no acababa de decir Edmundo que no se había graduado?
-Algunos Moroi que no pertenecen a la realeza pero con mucho dinero contratan a guardianes no prometidos – intervino la profesora Karp – después de todo tienen el mismo entrenamiento que los que hacen la promesa.
-En fin – dije – ¿qué tiene todo eso que ver con nuestro negocio?
-Pequeña Lissa, mis padres murieron y sus funerales duraron tres días, pero entre los tres guardianes fallecidos lo mejor que se ganaron fue una misa y las burlas de muchos Moroi reales acerca de cómo los humanos pudieron vencerlos ¿eso era justo? A mí no me lo parecía. Por eso comencé mi divorcio con la corte; intenté pelear porque se reconociera la labor tan importante de los dhampirs y ¿sabes qué gané? Gané las burlas de mis "amigos" y de mis "primos"… sólo una vez Amin me buscó y con una sonrisa resignada aconsejó que me olvidara de él; "soy lo bastante fuerte para soportarlo" fueron sus palabras, pero yo veía en sus ojos lo mucho que las habladurías sobre su tío le dolían.
"Llegó el día en que mi guardián y yo fuimos sorprendidos por algunos Strigois y aunque luchamos mano a mano él murió y yo fui despertado… y por supuesto la inmortalidad es lo mejor que me ha pasado en la vida – añadió con una sonrisa – porque ahora soy libre de las hipocresías de los reales y del temor de ser asesinado… por eso es también que estoy contigo y con Sonya, pero eso ya lo has comprendido ¿verdad?"
Yo le respondí con una sonrisa.
-Nos necesitamos los unos a los otros para alcanzar nuestras metas; te infiltraste en el grupo de Galina y me despertaste para que pudiera ayudarte y esa fue la misma razón de que buscaras a Sonya; ahora vamos por Rose y Christian porque a comparación de nuestros planes futuros ellos son los más sencillos de alcanzar, y porque necesitaremos su ayuda… para poder destruir al consejo real.
Christian Pov
Esperé a un lado de la puerta principal de la escuela con mi carta de baja aun en la mano. Sentía como si el tiempo no pasara a pesar de la tortuosamente lenta marcha de las manecillas del reloj… finalmente Rose y Dimitri hicieron su aparición uno de la mano de otro. Sus ojos se abrieron de la sorpresa al encontrarme.
-¿Christian? – preguntó Rose – ¿qué haces aquí?
-Lo mismo que tú, supongo – murmuré al ver que ambos sostenían bajo el brazo papeles similares a los míos.
-¡No puedes venir! – Decretó ella con tanta autoridad que me sorprendí a mí mismo al no retroceder de mi decisión – ¡es demasiado peligroso!
-Sí, bueno, no lo había pensado… ¡Dios Rose! ¿Piensas que quiero viajar contigo y tu novio? No voy porque tenga ganas de hacerlo sino porque… - porque Lissa está de por medio.
No dije las palabras en voz alta pero sé que ambos las entendieron perfectamente.
-Si en verdad vamos a irnos ahora es cuando – susurró Dimitri después de algún rato de silencio por nuestra parte.
Rose y yo asentimos en silencio y nos despedimos sin palabras del lugar que había sido nuestro hogar por… en mi caso unos años, en el caso de Rose toda una vida.
.
-¿Sólo una habitación? – la voz de la recepcionista tembló ligeramente cuando formuló la pregunta al tiempo que sus ojos se posaban en Dimitri, Rose, yo y de nueva cuenta Rose.
-Sí – reiteró Dimitri sin dar más explicaciones.
Aun con ligera incredulidad su mano se extendió para acerar a Dimitri el libro de registro del hotelucho de paso que él firmó bajo el nombre Ivan Moszhukin.
-Habitación 18 – murmuró entregando al guardián el juego de llaves.
Ni Rose ni yo hablamos, sólo nos dejamos llevar a la habitación y una vez que estuvimos dentro los dhampirs cerraron puertas y ventanas corriendo además las cortinas para que la luz del sol no pudiera entrar… mmm… tal vez que eran las cinco de la mañana era parte de la razón porque a la recepcionista le provocó tanta desconfianza rentarnos el cuarto… eso y que pensó mal pero bueno, hay que ser sinceros: si íbamos a un hotel Moroi los guardianes iban a comenzar a preguntarse a donde nos dirigíamos (cosa que no queríamos) y en un lugar como este Rose y Dimitri no iban a dejarme solo ni en broma (vaya que protesté e intenté que lo hicieran).
Una vez que la luz exterior ya no se filtraba Rose prendió la lámpara que había junto a la cama y yo comencé a analizar el lugar: había una cama cubierta con sabanas gastadas, una mesita de noche en donde descansaba la lámpara y una puerta que supuse era la del baño. El espacio no era ni mucho menos amplio o acogedor pero en fin, no era difícil imaginar que la mayoría de los clientes habituales no requerían cualquier otro tipo de mobiliario.
-Creo que Christian y tú pueden tomar la cama, camarada; el suelo se ve muy "acogedor".
Mmm ¿qué?
Autch… de mala gana caí en cuenta de que dormir los tres sobre el colchón sería más incómodo que no dormir en el colchón.
-Roza…
-Dormiré en la cama en cuanto sea tu turno de guardia, en tanto puedes descansar un rato.
-No dormiste nada anoche.
-Tampoco tú.
¿Cómo…? Olvídenlo. Por favor no me digan lo que estuvieron haciendo.
-Descansa primero, yo estoy acostumbrado a trasnocharme.
-Y yo tengo que aprender.
-La experiencia va primero.
-De acuerdo, así que es mejor que yo empiece a aprender ¿no?
-No, es mejor que descanses y guardes energía para cuando sea necesario.
-Camarada…
-Ya veo que lo que tienen en común Rose y el guardián Belikov es su terquedad, bien, felicidades pero honestamente fue suficiente por hoy a menos que quieran pasar el resto de la noche discutiendo sobre quien va a vigilar – saqué una moneda de mi bolsillo – bien Rose ¿cara o cruz?
Ambos pusieron los ojos en blanco y tras la pequeña suerte resultó que el turno de guardia fue para Belikov… ellos aun intercambiaron un par de palabras más pero yo decidí concederles algo de privacidad y me sumí profundamente en mi sueño… un sueño relacionado con un día de campo en el que Lissa y yo paseábamos bajo la luz de la luna.
.
Christian.
La voz de Lissa me despertó a pesar de que aun me sentía con el aturdimiento del sueño. No abrí los ojos.
Christian.
Ahora mis ojos se abrieron y noté que la habitación estaba completamente a obscuras a pesar de que ya debía ser una hora muy avanzada del día.
Christian.
Volteé ligeramente y sobresaltado: Lissa estaba a los pies de la cama, portaba un vestido blanco de manga corta, ligeramente escotado pero aun así discreto y lo suficientemente sencillo como para resaltar su belleza angelical. El cabello dorado le caía sobre la espalda y sobre los hombros como un baño de oro y sus ojos azules parecían cálidos pese al anillo rojizo que los rodeaba. Estaba un poco más pálida de lo habitual pero eso no la hacía lucir menos atractiva…
-Christian – su voz suave me llamó una vez más – Christian, ven a mí… despierta conmigo.
Despierta con nosotros.
Las palabras que mi madre pronunció mientras luchaba en brazos de los guardianes se estrellaron entonces en la memoria como una bofetada… ¿Dimitri? ¿Dónde estaba Dimitri?
-¿Dimitri? – Llamé repentinamente alterado – ¿Dimitri dónde…?
Al sentarme en la cama fui capaz de verlo: justo a los pies de Lissa el cuerpo de Dimitri aparecía con una herida visible y sangrante en la garganta. Un grito escapó de entre mis labios.
-No – susurré – no…
Mi mano se movió ligeramente y noté algo viscoso en las sábanas. Lentamente la acerqué al rostro y noté entonces el líquido rojo que la empapaba…
Sin aliento volví el rostro para encontrar los ojos de Rose vacíos de vida y su cuerpo sangrando por una herida profunda… ¡sangre! el olor de la sangre de mis amigos llenaba la habitación.
-Pronto estarán despiertos – ronroneó Lissa con ternura – pronto estaremos juntos.
Un grito escapó de mi garganta cuando ella comenzó a acercarse hacía mí con ese paso lento y elegante tan propio de ella. Finalmente, cuando su rostro estuvo a pocos centímetros del mío sus labios se curvaron en una sonrisa angelical al tiempo que sus colmillos manchados de sangre sobresalían de manera siniestra…
La pesadilla terminó entonces.
Mis ojos se abrieron para encontrar a Rose ojeando el exterior del hotel en tanto Dimitri dormía calmadamente y dándome la espalda. No había sangre por ningún lado.
-¿Estás bien? – preguntó ella al notar la manera en que mi cabello se adhería a la piel empapada.
-Nada de lo que debas preocuparte.
-Vuelve a dormir – me indicó anormalmente amable – mañana será un largo día.
Seguro de que no podría conciliar el sueño después de una pesadilla así mejor me levanté y me dirigí al cuarto de baño a intentar lavar la transpiración de mi rostro. Cuando terminé mi mano alcanzó un borde del espejo y lo acarició lentamente.
¿Por qué? – Me pregunté – ¿por qué todas las personas que me importan terminan así?
Una lágrima escapó a mis ojos y yo la limpié avergonzado del momento de debilidad.
Libera a Lissa fue entonces el pensamiento que ocupó la totalidad de mi mente.
El día cayó después de algún rato plagado totalmente de estrellas. Era uno de esos días que podría resultar hermosos de no ser por la tristeza que nos quemaba por dentro. Empacamos deprisa y al salir del hotel la recepcionista volvió a Rose con desaprobación.
-Lo que ella piensa que estuve haciendo toda la noche realmente no es mi estilo – se quejó mi amiga con un tono de voz en el que sin embargo podría leerse que lo que se dijera de ella le daba igual – ahora ¿qué tan lejos estamos de Chester?
Dimitri soltó un suspiro y nos indicó una de las esquinas.
-Eso depende del autobús.
Janine Pov
Había estado dudando acerca de si debía o no hacer esta llamada, pero ahora que Rose se había fugado otra vez supongo que simplemente era inevitable tener que hacerlo…
-¿Bueno? – Preguntó al otro lado de la línea una voz dolorosamente conocida – ¿quién habla?
-Ibrahim – me apresuré a contestar tratando de no darme tiempo de arrepentirme – soy Janine… nuestra hija necesita ayuda.
