Capítulo 2: Demente (segunda parte)
… Lo siguiente que pasó, fue un dolor de cabeza… La verdad no sabía cómo afrontar la situación en la que estaba ahora ya que no me esperaba que hasta ahí llegó la mente rota de Celestia…
Estela despertaba poco a poco con un dolor de cabeza.
—Auch. Mi cabeza— se quejaba de dolor y abría los ojos lentamente. Veía borroso, pero poco a poco se le aclaraba la vista — ¿Eh? ¿D-dónde estoy?— tartamudeaba al mirar alrededor con un poco de miedo ya que estaba en una cocina. El lugar era tétrico, poco iluminado al tener solo un bombillo en el techo, aunque si se notaba los alrededores de la misma y también estaba sangriento el sitio debido a que había sangre en el suelo, en las paredes hasta en el techo. Se observaba que los gabinetes o estantes, tenían las puertas rotas o chuecas que pareciera que estaban a punto de caerse y se veía una cabeza dentro de esos gabinetes. Ella temblaba un poco e intentaba levantarse, pero no podía, se miraba en donde estaba acostada para ver con una expresión impactada — ¿Pero qué carajo?
Estaba encima de un mesón de la cocina boca arriba, que se encontraba cubierto de sangre hasta había partes de melenas y su pelaje blanco se manchó un poco de esa sangre. La alicornio estaba amarrada contra el mesón ya que sus pezuñas y cascos traseros estaban siendo sujetos por unas cuerdas, y cadenas para que no se soltara tan fácilmente. Estela nerviosa, intentaba hacer magia para desaparecer las ataduras, pero no podía al tener un anillo anti magia en su cuerno.
—Oh genial…— decía la susodicha un poco fastidiada y temblando de miedo. Intentaba forcejear para romper esas ataduras, pero eran muy resistentes y más que tenía esas cadenas encima de las cuerdas.
—Oh, veo que despertaste. Je, je, je— se escuchaba una voz femenina proveniente de la puerta de la cocina. La alicornio giraba su cabeza de golpe para ver que entraba nada menos que Celestia con una mirada de lunática y tenía puesto un delantal que estaba manchado de sangre.
… En ese momento, sabía lo que pasaría, no necesitaba preguntar, pero de igual forma, lo hice para estar segura… aunque era mejor no preguntar…
—C-Celestia ¿Q-que haces? P-por favor… S-suéltame— tartamudeaba Estela temerosa. La alicornio del sol se acercaba al mesón y pasaba su pezuña derecha por el casco trasero izquierdo de la alicornio con la melena rosada.
—Je, je. Estoy preparando mi cena. Je, je— se reía un poco Celestia maniática y pasaba su pezuña por el flanco de la yegua haciendo que se sonrojara mucho.
— ¿M-m-me vas a-a c-comer?— estaba asustada al oír eso.
—Oh no, mejor amiga. Es una palabra muy fuerte, es mejor decir que te conservaré dentro de mi igual que a todos. Ja, ja, ja, ja— se reía como una desquiciada.
—… Espera, entonces el por qué no había ponis por ningún lado, es que ¿T-te los comiste? Pero si son demasiados como para comerlos de toda una sentada— Estela estaba impactada y confundida.
—Je, je, je. Ay amiga. Si supieras que al principio tenía un hambre que no veas, me comí los postres que había hasta las ensaladas, pero esa hambre no se iba, no desaparecía y lo único que tenía eran los cuerpos de esos pobres y tontitos ponis. Je, je. Así que agarré a uno y lo cociné, y sabes que, me encantó muuuuuuuuucho esa carne. Je, je, je. Tan suaves y carnosos, tanto que quería seguir comiendo, comer más y más— decía la ex princesa con una gran sonrisa de maniática.
—… Oh rayos. No me esperaba que sea caníbal también— pensaba la aludida asustada y sentía como Celestia pasaba su pezuña por su vientre.
—Mmmmmm. Estas un poco rellenita ¿no? Je, je, je. Con razón que tienes los flancos casi iguales que los míos. Je, je, je— la alicornio de la melena rosada se sonrojaba por lo que dijo la yegua loca.
—…Eso me pasa por comer un pastel tres leche antes de venir aquí…— se decía en su mente Estela avergonzada. Ahora la alicornio del sol pasaba su pezuña por su pecho.
—Mmmmmm. Sí, tienes una buena carne. Je, je, je. Creo que lo disfrutaré mucho. Je, je— se reía lunática para luego dejar de manosear a Estela y se iba a un lado de la cocina. La alicornio con la melena rosada la seguía con la mirada para ver que abría una gaveta, y sacaba con su magia un cuchillo de carnicero haciendo que Estela temblara de miedo.
… Si… éste es el matadero de Equestria que se inauguró hace poco… y Celestia es la carnicera… nunca he visto esto o puede que sí, en una ¿Creepypasta? Tal vez…
La alicornio loca examinaba el cuchillo para luego brillar su cuerno y sacaba de otra gaveta una barra de hierro que empezaba a usarlo para afilar dicho cuchillo. La yegua de la melena rosada muy nerviosa, pensaba desesperada para saber cómo salir de esa situación, miraba alrededor como buscando algo.
—… Estela piensa en algo… no quiero ser comida por ésta lunática…— decía en su mente desesperada. Celestia dejaba de afilar el cuchillo para acercarse al mesón. La alicornio atada veía eso y temblaba mucho de miedo. La ex princesa se ponía a un lado de ella y colocaba el cuchillo encima de uno de los cascos traseros.
—Je, je, je. Tienes un buen casco trasero igual que tus flancos. Je, je, je. Me encantará cocinarte mejor amiga. Je, je, je— se reía como desquiciada y elevaba el cuchillo para tenerlo en alto. Estela pensaba en algo desesperadamente, tenía su mente trabajando a máxima velocidad. La alicornio del sol iba a clavarle el cuchillo, pero fue detenida por la aludida que le gritaba.
— ¡Espera… amiga!— el cuchillo se detuvo a escasos centímetros de su casco trasero. Celestia miraba a Estela extrañada.
— ¿Qué sucede?— preguntaba sin quitar esa sonrisa perturbadora de su rostro.
—Emmmm. Esto… ¿Sabes algo? No puedes cortarme así. Emmmmm. Mi carne sabrá horrible si no m-me… das algo de tomar… Si eso— decía con una sonrisa nerviosa.
— ¿En serio? ¿Hay una forma de hacer que tu carne sea más sabrosa?— preguntaba la alicornio del sol echando un poco de baba mientras se lamía sus labios haciendo que Estela se asqueara un poco.
—Emmm. Sí, sí. Hay una bebida que hace que cuando comas la carne, te sentirás en el paraíso— mencionaba un poco sarcástica, aunque Celestia no lo notó. Ella emocionada, acercaba de golpe su cara pegando su nariz con la de ella.
—Pues, dime, dime, dime, mejor amiga ¿Qué cosa es para darte de tomar?— preguntaba la ex princesa de forma infantil.
—Pueeees es… leche con azúcar— decía la alicornio de la melena rosada con una sonrisa nerviosa.
—… ¿Leche con azúcar?— preguntaba Celestia cambiando su expresión a seriedad.
—Emmmm. S-si— Estela estaba asustada pensando que no se lo creía, pero en eso, la expresión de la alicornio del sol cambiaba de golpe por una gran sonrisa.
— ¡Que esplendida idea! Leche con azúcar ¿Por qué no lo pensé eso antes? Je, je, je, je. Además será muy sabrosa y será carne azucarada como a mí me gusta. Je, je, je. Bueno, amiga. No te muevas, buscaré la leche en el refrigerador. Je, je— decía Celestia con una mirada de locura, dejaba el cuchillo en la esquina del mesón para ir al refrigerador que estaba en la cocina. La aludida suspiraba un poco aliviada.
—… Menos mal, aunque espero que haya leche o si no, ay sí, que estaré en problemas— pensaba preocupaba y giraba su cabeza para ver a la yegua loca que estaba de espalda mirando el contenido del refrigerador.
—Leche, leche, leche ¿Dónde está la leche? Mmmmmmm. Vaya, no hay— la ex princesa cerraba la puerta —Mmmmm. Oh espera— metía su pezuña en la melena para sacar un vaso de leche —aquí está. Je, je, je.
— ¿Eh? ¿C-como haces eso?— preguntaba Estela confundida de que le saliera un vaso de leche por la melena.
—No lo sé. Mmmm. Recuerdo que cuando me comí a Pinkie, saco cosas de mi melena. Je, je— mencionaba Celestia con una sonrisa maniática para luego levitar el vaso de leche y buscar por los gabinetes el azúcar.
—O sea ¿Te comes a Pinkie y rompes la cuarta pared?… que típico…— pensaba la alicornio atada rodando los ojos. La yegua del sol abría un gabinete, pero se cayó la puerta.
—Oh. Debo reparar ésta puertecita… algún día de estos. Je, je— decía la ex princesa para seguir buscando —Azúcar, azúcar, azúcar. Aja. Hay un potecito de azúcar— sacaba un pote con su magia para abrirlo y ver que tenía poca azúcar —Que gran día de suerte. Hay un poco. Je, je— echaba el azúcar que tenía en el pote al vaso de leche para luego arrojar el pote por ahí. Se acercaba a Estela moviendo sus flancos de un lado a otro.
—Muy bien, mi mejor amiga. Abre la boca que ahí viene el avioncito. Je, je— decía Celestia acercándole el vaso con su magia. La alicornio de la melena rosada abría un poco la boca para recibir el vaso en sus labios y lo empezaba a tomar —Eso es. Tómatelo todito. Je, je— la susodicha se lo tomó todo. La lunática alejaba el vaso para tirarlo por ahí y se escuchaba como se rompía — ¿Y bien? ¿Ya te sientes más sabrosa? Je, je— Estela no respondía, solo saboreaba la leche.
—… El azúcar sabe raro hasta la leche… pero esto servirá…— pensaba un poco asqueada —Sí, funcionó… ahora me siento…— antes de que terminara de hablar, el cuerpo de la yegua cambiaba de forma, pero de golpe en un "poof" y estaba de nuevo en su forma gata con su túnica rosada haciendo que se pudiera liberar de las ataduras por encogerse, y el anillo anti magia caía al suelo —Mucho más sabrosa— decía con una sonrisa sarcástica y desaparecía del mesón para aparecer al otro lado de la cocina lejos de la alicornio loca. Celestia estaba impactada ya que no se lo esperaba.
—Wow. Mi yegua, se convirtió en mi gata…— decía la yegua del sol sin quitar la expresión de sorpresa de su rostro.
—Escúchame Celestia— Estela aún seguía algo nerviosa —A mí nadie me come ¿oíste? Mejor confórmate con unos pasteles— mencionaba nerviosa. Celestia en vez de responder, le disparaba un rayo mágico a la gata. Ella reaccionó justo a tiempo para esquivarlo por un lado y miraba a la ex princesa que tenía una mirada perturbadora.
—…Yo no dejo que mi comida se burle de mi…— decía la ex princesa con una voz macabra. La felina al oír eso, se ponía nerviosa.
—Emmmm. Mira qué hora es, tengo que irme. Emmmm. Adiós— se despedía rápidamente para desaparecer con un chasquido y aparecía en el jardín del castillo, aunque estaba todo chamuscado el lugar. Se veía que era de noche, pero no se podía observar la luna, nada de nada —Muy bien. Tengo que abrir el portal y salir de aquí cuanto antes— iba a hacerlo, pero rápidamente, esquivaba otro rayo mágico que se había dirigido hacia ella y se volteaba para ver a Celestia que venía volando con el cuerno brillando.
—No dejaré que mi cena se escape. Ja, ja, ja, ja— se reía de forma lunática y empezaba a disparar rayos mágicos hacia Estela. La gata lo esquivaba sin mucha dificultad.
—Es en serio… ésta alicornio necesita urgente un psiquiatra… o mandarla a un manicomio…— pensaba la felina nerviosa esquivando los rayos hasta que dio un chasquido con una de sus garras para desaparecer de ahí.
Ahora aparecía en una tienda de ropa de Ponyhattan, aunque el lugar estaba lleno de escombros y la ropa rasgada, y regados por el suelo.
—Ok. No creo que llegue hasta aquí. Solo abro el portal y me voy— decía Estela un poco apurada. Iba a chasquear su garra, pero en eso, escuchaba un grito detrás de ella. Se volteaba rápidamente para ver a Celestia a lo lejos que volaba a toda velocidad hacia la gata, tenía una mirada de psicópata.
—Ja, ja, ja, ja, ja ¿¡A donde crees que vas!? ¡Regresa para que estés dentro de mi estómago! Ja, ja, ja, ja— gritaba la lunática sin dejar de reírse como desquiciada.
—Pero bueno ¿Qué tiene? ¿Un GPS?— se preguntaba la felina fastidiada y desaparecía rápidamente haciendo que la alicornio del sol se chocara de cara contra el suelo duramente, pero se levantaba como si nada y tenía la nariz sangrando, aunque no le importaba y aún tenía esa sonrisa espeluznante en su cara.
Estela aparecía en el salón del trono del castillo de cristal, aunque no tenía techo, dejando ver el cielo oscuro.
—Ok. No creo que aparezca aquí… está muy lejos— decía la gata insegura y fastidiada. Iba a abrir el portal nuevamente con un chasquido, pero de repente, aparecía Celestia frente a la gata sobresaltándola del susto y antes de que hiciera algo, la ex princesa la inmovilizaba con su magia haciendo que se asustara.
—Je, je, je. Eres una gatita muy traviesa. Je, je, je— decía la alicornio del sol entre risas. La levitaba para ponerla frente suyo —Je, je, je. Debes saber que mi comida no se escapa. Je, je. Ahora vamos de regreso a la cocina para terminar de prepararte. Je, je, je, je. No me importa si eres una gatita, serás igual de sabrosa. Je, je, je— empezaba a volar con Estela siendo sujetada por su magia.
— ¡NO! ¡No quiero regresar a ese lugar, no quiero que me coma!— gritaba en su mente desesperada mientras forcejeaba para liberarse de su magia, pero no tenía ningún resultado, luego pensaba una forma de salir de esa situación hasta que se le venía algo a la mente.
… La idea que se me ocurrió, pues… estaba insegura si lo lograría ya que mi hermano no le costó para nada hacer eso… pero para mí, me cuesta un montón, porque nunca lo he hecho la verdad…
—… Por favor… espero que funcione…— pensaba la gata llorando un poco por el miedo que sentía. Así que cerraba los ojos y se concentraba mientras seguía siendo llevada por la yegua loca. La ex princesa no se daba cuenta que la felina empezaba a brillar un poco.
Celestia había llegado al destruido Canterlot y entraba nuevamente a la sangrienta cocina del castillo para después poner a Estela en el mesón inmovilizada con su magia.
—Muy bien, mi mejor amiga. Es hora de seguir con tu preparación. Je, je, je— decía la ex princesa para mirar a la gata, pero cuando la miraba, se quedaba confundida. Acercaba su rostro para verla mejor y en vez de mirar a una gata de carne y hueso, veía a una gata de peluche igualita a la felina — ¿¡Pero qué!?— gritaba impactada y no se daba cuenta que la verdadera Estela estaba detrás suyo flotando y sujetaba en sus garras, una sartén de hierro blanco con bordes verdes.
—Lo siento Celestia…— se disculpaba la gata. La alicornio del sol la escuchó, pero antes de que se volteara, fue recibida con un sartenazo en toda su cabezota. Celestia caía de cara al mesón y sus cascos traseros aún seguía parados, pero sus pezuñas estaban un poco inclinados. La felina suspiraba y desaparecía el sartén —No puedo creer que lo haya logrado…— pensaba respirando un poco agitada. Se acercaba flotando y se ponía de pie en el mesón al lado de la cabeza de Celestia. Con su garra derecha, agarraba la cabeza de la susodicha para que su cara estuviera de lado para comprobar si estaba inconsciente. Se veía sus ojos cerrados y con la lengua afuera —… Espero no haberla matado… aunque debería… para acabar con su ¿sufrimiento?... … — bajaba la mirada —… No lo sé. Yo no soy como mi hermano, pero…— observaba a la alicornio del sol y podía ver en su mirada, el sufrimiento que pasó y la completa soledad para luego entrar en un estado de locura —…— apuntaba con una garrita de su garra derecha a la cabeza de Celestia, precisamente en su frente y empezaba a brillar un poco, aunque su garra temblaba un poco, pero después su garrita dejaba de brillar para bajar su garra y miraba a otro lado —No puedo. No puedo. Ni siquiera puedo acabar el sufrimiento de alguien…— apretaba sus garras con impotencia —… Bueno, creo que sé qué hacer con la princesa… creo…
Había pasado unos minutos. Estela había decidido llevar a la princesa de Equestria al salón del trono y la sentaba en el trono en sus flancos, y recostaba su lomo en el espaldar para que no se cayera. La gata se le quedaba mirando un poco alejada de ella por unos segundos.
—Puede ser que no te mate para acabar tu sufrimiento, pero… puedo hacer que te sientas mejor… eso espero— decía la felina insegura. Abría su garra derecha que empezaba a brillar en blanco y se acercaba a la ex princesa para poner su pata en su frente. Estaba así un par de minutos hasta que alejaba su garra de la frente de la aludida. Retrocedía flotando hacia atrás para ver que el rostro de desquiciada o de lunática de la alicornio, cambiaba a una de tranquilidad y formaba una sonrisa en su rostro. No era de lunática, si no de felicidad.
—…Luna… Twilight… chicas… — decía Celestia dormida.
—…— Estela daba una pequeña sonrisa —Espero que disfrutes de tu sueño Celestia… yo… no me atrevo a matarte… a terminar tu sufrimiento… pero por lo menos, estarás feliz… soñando con tus seres queridos eternamente, aunque te morirás poco a poco, al pasar los días… supongo— comentaba la gata mirando a la princesa que dormía plácidamente, chasqueaba con su garra haciendo aparecer un portal detrás de ella —… Adiós Celestia, espero que vivas feliz en tus sueños— se despedía con una pequeña sonrisa de tristeza y daba media vuelta para entrar al portal, y se cerraba detrás de ella dejando a la alicornio sola en un mundo destruido, y sin vida, pero teniendo un hermoso sueño que nunca despertará, aunque vivirá feliz y morirá feliz.
… Cuando dejé esa dimensión, sentía un dolor dentro de mí por no hacer nada por Celestia… aunque intentara cocinarme o comerme… no la odio… ni la odio por lo que hizo en donde viví con mi hermano… aunque debería odiarla por lo que hizo, pero no puedo… además que ésta Celestia ha pasado en una gran soledad que vuelve loco a cualquiera, supongo y más si está más sola que la una… pero aun así, no me atreví a tomar su vida… yo… ella no se merece eso… pero tampoco merece vivir en un mundo muerto… bueno, ya que… después de ésta dimensión, le contaré otra dimensión que fui… aunque no sé si es peor que éste o más…
Continuará.
