Hola, aquí les dejo el tercer y último capítulo.
BOOMTOWN
Capítulo tres: RECOMPENSA.
El sol comenzó a meterse tras las montañas. La mansión, al igual que sus alrededores, fue iluminada por los faroles de afuera. Orihime permaneció en su habitación después de que la vistieron y peinaron.
Flashback
-Yo puedo hacerlo sola –exclamó.
-Por favor, señorita, el amo Grimmjow jamás lo permitiría –respondió Momo metiéndole el vestido por la cabeza y ajustándole el corsé.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo que usar uno. El vestido verde resaltaba sus grandes pechos y contrastaba con sus ojos grises y su cabello anaranjado. Isane le cepilló el cabello y le hizo un moño elegante que coronó con un adorno de plumas doradas. Los botines eran negros, a juego con el corsé y los listones del vestido.
Ninguna de las chicas se atrevía a preguntarle algo a Orihime. Sabían que algo había pasado con su amo ya que nunca llevaba mujeres a la casa a no ser que fuera una fiesta o recibiera personas importantes del gobierno. Orihime notó que se morían por decir una sola palabra y decidió contarles lo sucedido sin saber muy bien por qué se abría hacia estas personas que acababa de conocer. Supuso que le inspiraron confianza.
-Entonces, ¿el amo Grimmjow se va a casar? –exclamó Momo, emocionada.
-Esa es la idea.
-Es maravilloso. Estoy segura de que la hará muy feliz y usted también lo hará feliz a él.
-Pude notarlo en la forma en que la ve, usted es especial –corroboró Nanao.
-¿Cómo es él? –preguntó Orihime.
Dicen que si quieres conocer a alguien fíjate en cómo trata a sus subordinados, no a sus iguales.
-Es muy apuesto –dijo Momo con un suspiro. Isane le dio un codazo y Orihime ahogó una risita.
-Es muy rico también –dijo Nanao-. Probablemente el más rico a muchos kilómetros a la redonda. Mantiene buenas relaciones con gente importante de otros estados.
-Es amable, nunca nos ha tratado mal –agregó Isane-. Nos trata…pues, somos sirvientas, pero jamás nos ha faltado al respeto.
-Es muy inteligente también. Sabe muchas cosas de historia, contabilidad, agricultura, política, literatura…
-¿Cómo es que alguien así no se había casado antes? –preguntó atónita Orihime.
Si el hombre poseía todas esas cualidades seguramente tendría a todas las chicas del pueblo detrás de él. Bastaba con que señalara a una para hacer cumplir su voluntad. Tal y como hizo conmigo, pensó Orihime.
-Creo que no había conocido a la indicada.
-Es absurdo, ni siquiera me conoce a mí.
-Por eso le digo que es especial –repitió Nanao.
Terminaron de arreglarla y luego de hacer una reverencia salieron una por una de la habitación.
-Por favor no dude en llamarnos si se le ofrece algo –dijo Momo con una sonrisa.
Orihime les agradeció y las observó retirarse.
Fin del flashback
Harta de dar vueltas en la habitación decidió ir a conocer los jardines. Técnicamente nada se lo impedía, pero quiso estar atenta para cuando Grimmjow llegara. La tarde era cálida, una suave brisa movía su vestido con cada paso, en el camino se topó con varios sirvientes que inclinaron la cabeza en señal de saludo y de respeto. Tardaría un poco en acostumbrarse a aquellos tratos, pero si todos eran igual de amables que Nanao, Isane y Momo entonces no tenía nada de qué preocuparse.
Entonces pensó en Sora. ¿Qué estaría haciendo en ese momento? Esperaba que estuviera bien y no se hubiera metido en más problemas. Más tarde le preguntaría a Grimmjow si podía ir a visitarlo.
Y Kuukaku, a esas alturas todos ya se habrían enterado de lo sucedido, por lo que era probable que no la hubieran esperado para llegar a trabajar a la taberna. Era una lástima, le gustaba el ambiente y le gustaba hablar con Rukia.
Y Rukia…su primera amiga que la había ayudado cuando estaba en aprietos. ¿Qué pensaría de ella? Le prestó el poco dinero que tenía ahorrado para el regalo de su hermano y a fin de cuentas Orihime había aceptado en matrimonio al hacendado más rico del pueblo. Qué desgracia, se avergonzó de sí misma y de lo que probablemente estarían hablando a sus espaldas. Pero todo lo había hecho por Sora. Y lo volvería a hacer si fuera necesario.
Sin ser consciente llegó hasta la entrada del laberinto. Siempre le habían gustado los laberintos, aunque después de un rato de no encontrar ni el centro ni la salida comenzaba a desesperarse.
¿Qué más da?, pensó.
Se adentró en aquel espacio y recorrió cada metro a su gusto. La luz de las farolas iluminaba todos los caminos posibles, las bifurcaciones y el roble apostado justo en el centro. Ésa era su meta, tenía que llegar al árbol y después regresar.
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Grimmjow regresó a casa poco después del anochecer y subió directo a su habitación. La gente llegaría pronto y quería darse un baño antes, después de todo en esa cena iba a anunciar su nuevo compromiso. Del bolsillo sacó una pequeña cajita de terciopelo negro y la abrió. Dentro brillaba una sortija de plata con un diamante en el centro. Era pequeña, al igual que las manos de Orihime. Recordó aquel toque cuando la ayudó a subir al caballo y sonrió. La sortija de compromiso haría todo más formal, no podía esperar a arrodillarse frente a ella como indicaba la tradición.
Era una lástima que hubiera aceptado después de haber amenazado a su hermano, pero de ninguna forma podía dejar que se burlaran de él de ese modo. Tenía una reputación y debía conservarla a como diera lugar, sólo así funcionarían las cosas en Karakura.
El matrimonio era lo indicado para darle más estatus, era hora de sentar cabeza. No amaba a Orihime, ni siquiera la conocía, pero su actitud y forma de ser eran prometedoras. La chica había mostrado que tenía carácter y agallas, nunca antes había visto que una mujer se metiera de esa forma en problemas de hombres o de dinero, todas solían ser sumisas y obedecían lo que su marido les mandaba. Pero no Orihime, estaba seguro de que ella le supondría un reto tanto físico como emocional. Se preguntó cómo reaccionaría la noche de bodas, cuando la tuviera debajo de él gimiendo su nombre.
Por el espejo vio pasar a Isane y la mandó llamar para preguntarle por Orihime.
-La señorita salió a dar un paseo en el laberinto, amo Grimmjow.
-¿En el laberinto? –repitió Grimmjow.
Se asomó por la ventana que daba directo al patio principal y desde ahí vio su cabello anaranjado brillando tenuemente a la luz de las farolas. La chica daba vueltas y vueltas y no parecía encontrar la salida. Grimmjow conocía a la perfección aquel montón de arbustos, desde niño siempre le había gustado salir a jugar y perderse por horas hasta que lo llamaban a comer o a dormir.
Salió de la casa y se encaminó al laberinto. Por supuesto, Orihime no estaba al tanto de su llegada, por lo que sería una sorpresa cuando se topara con él. Recorrió a paso conocedor los metros que lo separaban del centro y sonrió al ver entre las estrechas ramas la figura de Orihime, todavía buscando la salida. Tomó un atajo y esperó en una esquina hasta que la pelirroja pasó al lado de él sin verlo y la tomó de la cintura.
Orihime pegó un grito y se tapó la boca de inmediato al ver que era Grimmjow. Forcejeó para liberarse de su agarre y retrocedió unos pasos.
-No muerdo –se burló el peliazul.
Orihime no respondió y se pegó al arbusto de atrás, esperando cualquier movimiento.
Entonces Grimmjow reparó en su aspecto. Se veía hermosa con aquel vestido verde y el peinado elegante. Un collar de cuentas doradas se perdía entre sus pechos remarcados por el corsé. Orihime se dio cuenta de la manera en la que la estaba viendo y se sonrojó. Grimmjow tragó saliva antes de tomarla fuertemente de la mano y guiarla hasta el centro del laberinto. El roble se erguía majestuoso frente a ellos, era un árbol bastante viejo, probablemente de cuatro o cinco generaciones.
La tomó firmemente de la nuca para besarla y Orihime volteó la cabeza. Grimmjow la tomó de la mandíbula y la obligó a mirarlo.
-Acostúmbrate a esto, preciosa, dentro de nada seremos marido y mujer.
-Entonces esperaremos hasta firmar los documentos –respondió Orihime al ver una vía de escape en sus palabras.
-¿Eres del tipo ortodoxo?
-Sí, al igual que mis padres.
-Ya veo. Entonces no me equivoqué contigo –Grimmjow caminó en círculos alrededor de ella-. Tengo un obsequio para ti.
El anuncio sorprendió a Inoue, un obsequio era lo último que esperaba.
-¿De verdad?
-Creo que de algún modo esto formaliza más las cosas.
Dicho esto sacó la cajita de su bolsillo y se arrodilló con una pierna frente a ella. Orihime se quedó pasmada. Esto no puede estar pasando, pensó. Grimmjow le sonrió de lado al tiempo que revelaba la sortija, era hermosa, era perfecta.
-¿Quieres casarte conmigo, preciosa?
Orihime vio retazos de todo lo que había sucedido desde su llegada. La taberna, la celebración del sheriff, Sora, el herrero, Nnoitra, Yammy, Rukia, el hijo del doctor, el costal con monedas, la cabalgata hasta la hacienda, la biblioteca, la conversación con las chicas, el laberinto, hasta ese preciso momento. Todo aquello en dos segundos. Esto es por Sora, se dijo.
-Sí –respondió.
Grimmjow le puso la sortija que entró sin problema alguno y se puso de pie. La respuesta estaba implícita, pero sonrió al escucharlo de su propia boca. Deseó besarla y consumar ahí mismo el matrimonio, pero decidió que era mejor esperar. No quería arruinar el momento.
La tomó de la cintura y salieron del laberinto sin problema alguno. A lo lejos vio que los sirvientes de la puerta comenzaban a recibir a los invitados y se dio prisa en asearse para recibirlos.
El corazón de Orihime latía a mil por hora, todas las sensaciones del mundo se agolpaban en su pecho. Cálmate, se dijo, sólo tienes que sobrevivir a la ceremonia y después todo habrá acabado. Con lo ocupado que está con sus asuntos ni siquiera te prestará atención.
Unos minutos más tarde Grimmjow tocó la puerta antes de entrar y le indicó que era la hora de bajar. Estaba usando un traje gris con corbata negra. Le ofreció el brazo y juntos bajaron hasta el gran salón.
El ambiente era excelente. Había música y comida, los invitados iban y venían por todos lados, conversando entre ellos mientras rellenaban sus copas de champaña. Orihime estaba cohibida, no veía ningún rostro familiar. Se separó de Grimmjow y caminó ella sola entre la gente. Luego de un rato de vagar sin rumbo fijo volvió a su lado y mantuvo su distancia.
Grimmjow le dijo que lo acompañara al centro del salón para hacer el gran anuncio. La música se pausó un momento y Orihime se puso roja al notar todas las miradas en ella.
-En primer lugar estoy muy agradecido de que todos pudieran venir. Quiero anunciar algo muy importante esta noche –hizo una pausa-. Mi compromiso con esta bella mujer que está a mi lado. Orihime Inoue.
Todos aplaudieron al escuchar la noticia, Grimmjow afianzó el agarre en su cintura.
-¿Quieres decir algo? –le susurró al oído. Orihime negó con la cabeza-. Eso creí –soltó una risita.
El resto de la noche Orihime no se separó de Grimmjow, ya la presentaba con sus amigos, ya la sacaba a bailar, ya conversaban con los invitados. Comieron y bebieron hasta que quisieron y después de la medianoche los invitados comenzaron a irse. Orihime se quedó rezagada mientras veía cómo Grimmjow se despedía de tanta gente. Una mano se posó en su cintura y la sobresaltó. Era Urahara.
-Orihime, qué gusto verte. No tuve la oportunidad de hablar contigo en toda la noche.
-Eh…hola –lo miró confundida, pues nunca lo había visto en su vida.
-Ah, pero qué torpe soy. No nos han presentado oficialmente. Soy Urahara Kisuke.
-Un placer –respondió la pelirroja sintiéndose incómoda todavía al sentir su agarre tan firme. Urahara pareció darse cuenta pero no hizo nada al respecto.
-En serio eres una belleza, no me sorprende que Grimmjow te quiera sólo para él.
-¿De qué habla?
-Ya sabes, supongo que querrá tenerte encerrada como una princesa en una torre. No lo culpo, hay muchos bandidos allá afuera que querrían robarte.
-E-Eso no…
-Tranquila, estoy jugando nada más –soltó una risita.
-Grimmjow está…
-Sí, ya hablé con él. Era contigo con quien quería hablar. Sólo quiero felicitarlos por su compromiso, y decirte que si hay algo que pueda hacer por ti, no dudes en pedirlo.
-No necesitará nada, Urahara, pero gracias por tu cortesía –exclamó Grimmjow detrás de él.
Urahara se apresuró a soltar a Orihime y volteó a verlo con una enorme sonrisa.
-Por supuesto, por supuesto, amigo. No me malentiendas, no quise insinuar que algo le faltaría estando contigo. Tú lo has dicho, es mera cortesía.
-¿Has hecho lo que te pedí? –prosiguió Grimmjow haciendo caso omiso a su lambisconería. Abrazó a Orihime y la pegó a su cuerpo, ella sólo se sonrojó y desvió la vista.
-La fecha ya está fijada. Será dentro de una semana. Es lo más pronto que conseguí, la agenda del juez estaba llena.
-Una semana está bien.
-¿De qué…? –comenzó Orihime.
-La fecha para la boda, querida. Grimmjow me pidió que fuera lo más pronto posible.
-Hablando de eso, si ves a Kensei camino al pueblo dile que venga mañana a mi oficina. Tengo unos cuantos pedidos.
Urahara asintió y se despidió de la pareja, era el último invitado que quedaba por irse. Los sirvientes ya se encontraban aseando la casa. Grimmjow jaló a Orihime escaleras arriba hasta la habitación de ella y cerró la puerta cuando entraron. Le quitó las plumas del peinado y observó su cabello caer en cascada por sus hombros. Orihime no sabía qué decir o cómo reaccionar. Grimmjow se quitó la corbata y el saco y los arrojó a una esquina de la habitación. Cargó a Orihime como los bomberos y la dejó caer sobre la cama.
-¡Espera!
Grimmjow la ignoró y empezó a desabrocharle el corsé, que terminó uniéndose a la pila de ropa en el piso. Luego le quitó las botas y la pelirroja retrocedió en la cama.
-Grimmjow, espera.
-Ya esperé demasiado, he querido hacer esto desde que te vi en el laberinto con este vestido –respondió el aludido.
-¿Qué hay de la boda? Te dije que soy ortodoxa, no voy a dejar que…
Grimmjow puso una pierna en la cama y se acercó a Orihime como si fuera un depredador. La lujuria brillaba en sus ojos. La apresó bajo su cuerpo y se acercó a su rostro, olfateando su perfume y viendo la piel de su clavícula erizarse por el contacto.
Orihime trató de empujarlo por el pecho pero fue en vano. Cerró los ojos fuertemente y se quedó tiesa como soldadito, a la espera. Grimmjow quería tomarla, quería devorar sus labios y recorrer cada centímetro de su piel, pero en cambio sólo le dio un mordisco en la nariz y bajó de la cama.
-Te veré mañana –anunció saliendo de la habitación sin voltear a verla.
Orihime estaba atónita. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. No esperó a que las sirvientas llegaran y ella sola se deshizo del resto de su ropa para ponerse la bata. Se sentó en la cama y abrazó sus piernas, sintiendo que las palabras se le atoraban en la garganta.
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El resto de la semana apenas si vio a Grimmjow por la casa. A veces lo oía salir muy temprano y regresaba hasta bien entrada la noche. Desayunaba, comía y cenaba sola. Leyó varios libros de la biblioteca e incluso recorrió ella sola la casa sin perderse.
Una tarde se fue a caminar al viñedo y se quedó paseando hasta el anochecer. Uno de los sirvientes llamado Ggio la sacó de su ensimismamiento.
-El amo Grimmjow desea verla, señorita.
Orihime regresó a la casa seguida del sirviente. Subió hasta su habitación y vio que Grimmjow la estaba esperando sentado en su cama.
-Gracias, Ggio, puedes retirarte.
El sirviente cerró la puerta tras él y los dejó solos.
-Mañana es el gran día –dijo Grimmjow.
Orihime asintió en silencio.
-Sé que no estuve por aquí en toda la semana, tuve mucho trabajo y otros negocios que atender. Confío en que el personal de la casa te haya tratado bien.
Orihime asintió de nuevo. Grimmjow se puso de pie y se acercó a ella.
-Voy a pedirte que me respondas cuando te hablo, no me gusta que asientas nada más.
-Bien –respondió Orihime.
-Como sea, las chicas te van a preparar, la ceremonia será al mediodía. Sólo hay algo que quiero preguntarte, ¿estás de acuerdo en casarte conmigo?
Orihime pensó la respuesta. Había un doble sentido en sus palabras, podía sentirlo. Si le decía que no, era inevitable que su trato se rompiera y Sora pagaría las consecuencias. Si le decía que sí, era como estar de acuerdo en todo lo que vendría con el matrimonio.
-La verdad es que no lo sé. Estoy haciendo esto por mi hermano, pero nunca me planteé en serio la idea de casarme. Mucho menos con alguien que no conozco y que no amo.
-Amor –repitió Grimmjow-. Hace mucho que no me había planteado lo que era el amor. Habrá tiempo de sobra para conocernos después de casarnos. Sobre el amor, bueno, supongo que –acarició lentamente su brazo-, todo depende de nosotros.
-Supongo –fue lo único que dijo Orihime, pese a que quería decirle que sería muy difícil amar a alguien como él y que probablemente preferiría morir en el intento.
Grimmjow la tomó de la nuca suavemente y se acercó a sus labios, pero Orihime volteó la cabeza y se quedó mirando la ventana. Grimmjow sonrió y le dio un beso en la frente antes de salir de la habitación.
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El día de la boda por fin llegó y el ambiente en la casa se tornó bastante agitado. La ceremonia se iba a realizar en el viñedo, los invitados eran selectos al igual que los de la fiesta de la noche en que anunciaron su compromiso. Era bastante más privado.
Las chicas le colocaron a Orihime el velo encima del toque de perlas y acomodaron una vez más la cola del vestido. Sonrieron satisfechas cuando vieron el trabajo terminado. Orihime vio por la ventana que ya habían llegado muchos de los invitados y se lamentó porque no vería ni a Sora ni a Rukia. Definitivamente el matrimonio no era como ella esperaba, siendo entregada por su padre y en compañía de su familia. De igual forma no dejó menguar su ánimo y compuso una sonrisa. Ser esposa de Grimmjow podía ser estupendo u horrible dependiendo de la perspectiva, y sobre todo de ella misma.
Cuando hizo su aparición todos la miraron asombrados. Grimmjow ya estaba de pie frente al sacerdote y lucía muy apuesto con su esmoquin negro. Sonrió cuando la vio caminando hacia él y le ofreció el brazo cuando llegó a su lado. El velo cubría parte de su rostro, pero pudo ver que las chicas habían hecho un buen trabajo.
Orihime trató de concentrarse en la ceremonia pero el tiempo se le pasó volando, cuando menos lo esperaba ya le estaba poniendo la sortija a Grimmjow y viceversa. Dijeron sus votos (los cuales había ensayado toda la semana) y finalmente Grimmjow le levantó el velo para besarla. Fue un beso suave, sin lujuria, sin rudeza, el simple toque de sus labios. Cuando se separaron Grimmjow le susurró al oído:
-Ya eres mía, preciosa –Orihime se sonrojó al pensar lo que inevitablemente vendría a continuación.
La comida, el baile, las felicitaciones de los invitados y los regalos les llevaron toda la tarde. Comieron pastel y bebieron champaña. Grimmjow no se separó de ella en todo el día. Ya estaba por anochecer y la pareja recién casada entró a la mansión para consumar el matrimonio. Estaba más que implícito que era hora de que los invitados se retiraran para dejarlos en su intimidad. Después de unas cuantas felicitaciones más y deseos de buena suerte, Grimmjow la cargó en brazos hasta su propia habitación y cerró la puerta detrás de él.
En cuanto los pies de Orihime tocaron el piso se abalanzó a sus labios y los devoró con una impresionante avidez contenida desde hacía días. La pelirroja no logró seguirle el ritmo y respondió el beso torpemente, tratando de separarse por aire de vez en cuando. Grimmjow la tomó de la nuca y con su lengua pidió entrar a su boca. Era un beso apasionado, desesperado. Orihime obedeció y se maravilló con la ola de emociones que la ahogó. Le desabrochó el corsé y la guió hasta la cama para sentarse en la orilla.
-Desvísteme, amada esposa –ordenó Grimmjow con una sonrisa burlona.
Orihime obedeció y le quitó el saco, la corbata, desabrochó su camisa y sintió por primera vez su pecho desnudo. Sus músculos estaban duros, su piel suave y muy blanca. Grimmjow esperó paciente, pero al ver que se entretenía más de la cuenta la tomó de la cintura y la puso de espaldas sobre la cama, deshaciéndose de una vez por todas de la tela que se interponía entre ellos. Su miembro le dolía de la presión. Orihime se sentó en la cama y dejó que Grimmjow le quitara el vestido. Cubrió sus pechos cuando quedó expuesta, provocando un bufido por parte del peliazul.
-No sé por qué te tapas. Eres mi esposa, puedo verte desnuda cuando yo quiera –dicho esto tomó su mano y lamió sus dedos lentamente, causándole un gemido ahogado.
Orihime se sentía humedecer por la mirada intensa que recorría su cuerpo. Era cierto, ahora eran marido y mujer, por lo que tocarse y verse de ese modo estaba permitido; estaba bien. Grimmjow la tomó de la cintura y la hizo acostarse en la cama, deleitándose con la vista y sin saber qué quería tocar primero.
Se decidió por saborear la piel de su cuello antes que nada. Se inclinó hacia ella y apoyó ambos codos al lado de su cabeza. Orihime era hermosa y se veía excitante con ese sonrojo en sus mejillas. Se removió inquieta debajo de él cuando sintió sus labios muy cerca del lóbulo de la oreja. Dejó salir un gemido que había estado conteniendo y cerró los ojos para disfrutar mejor la sensación.
Grimmjow jadeó cuando Orihime flexionó su pierna izquierda y sin querer rozó su erección. Se deshizo del cinturón y desabrochó el botón para aliviar un poco la presión. Acarició sus pechos delicadamente y luego pellizcó sus pezones, provocando que arquera la espalda hacia él. Recorrió con sus dedos desde su cuello hasta su ombligo y Orihime movió las caderas suavemente, ansiando el contacto.
Grimmjow pasó un dedo por el borde de sus braguitas blancas y siguió su camino hasta el interior de sus muslos. Quería verla retorcerse de placer antes de continuar, aunque supuso que no duraría mucho ya que no creía posible aguantar más tiempo sin estar dentro de ella.
Se sorprendió un poco cuando Orihime tomó la iniciativa y acarició su pecho. Su toque era delicado, apenas con la yema de sus dedos. Lo tomó de la nuca y lo besó. Grimmjow se deshizo de su pantalón y del resto de la ropa de Orihime y acarició su monte de Venus con el dedo pulgar. Toda su abertura estaba mojada, el olor lo embriagó y comenzó a masturbarla.
-Ah…ah…G-Grimmjow –gimió contra su boca.
-¿Nunca habías hecho esto? –su voz sonó ronca por la excitación.
-N-No –Orihime se aferró a las sábanas con fuerza mientras trataba de controlar las sensaciones, lo que era muy difícil debido al movimiento arrítmico de Grimmjow.
La manera en la que se movía debajo de él era excitante. Grimmjow no esperó más e introdujo un dedo en su abertura. Orihime se sobresaltó y retrocedió unos centímetros, pero Grimmjow la jaló de las piernas y la volvió a poner en su lugar. Sabía que estaba siendo cruel, pero no podía evitarlo, quería llegar al punto culminante cuanto antes. La besó apasionadamente una vez más antes de salir de ella y rozarla con su miembro. Las piernas de Orihime se abrieron un poco más con la expectación y su pulso se aceleró al sentir la punta en su entrada. Se sentía caliente, húmeda, lista para dejarlo entrar. Grimmjow se deleitó al ver su rostro contraído al momento que la penetró. Sintió la barrera romperse y sus paredes recibiéndolo y apresándolo con fuerza. Orihime sintió dolor al principio y Grimmjow esperó unos segundos antes de moverse. No quería hacerle daño, quería que lo disfrutara por haber sido su primera vez. Si bien no había amor entre ellos todavía, lo mínimo que podía ofrecerle era amabilidad y tacto. Totalmente opuesto a lo que quería hacer con ella.
Orihime gimió al sentirse llena por completo. El vaivén comenzó lentamente pero conforme la excitación crecía sus embestidas aumentaron la velocidad. Acompasó el ritmo de sus caderas y se agarró a su fuerte espalda, arañándolo en el proceso debido a la intensidad del momento. El cuarto se llenó de gemidos y jadeos seguido por los nombres de ambos mencionados entre cada embestida. El sudor comenzó a cubrir sus cuerpos, apenas una fina capa que hacía brillar su desnudez.
Grimmjow se giró en la cama y la dejó a horcajadas sobre él, haciendo que la penetración fuera más profunda y placentera. Orihime se movió arriba y abajo sin quitarle la vista de encima a su esposo, pero el placer en esa postura era tanto que lo único que quería era dejarse llevar y esperar a que el orgasmo la azorara. Grimmjow cerró los ojos y apretó los dientes, estaba en la gloria. Cuando Orihime se movió hacia arriba Grimmjow la tomó de las caderas para mantenerla en esa posición mientras se impulsaba con sus piernas y la embestía sin piedad. No podía hablar, no podía pensar, no podía parar.
Orihime echó la cabeza hacia atrás y sintió que Grimmjow la acariciaba desde sus piernas hasta sus pechos. Las ásperas manos le provocaron sensaciones nunca experimentadas. Percibía su dureza en el interior y gimió en voz alta cuando tocó su punto débil. Una, dos, diez veces. Estaba cerca, podía sentirlo.
Grimmjow contuvo la respiración al sentir las contracciones alrededor de su miembro, un poco más de presión y estaba seguro que se volvería loco. Redujo la velocidad y en cambio hizo sus estocadas más profundas, saliendo casi por completo para volver a entrar de golpe, lo que hizo que la cabecera de la cama chocara contra la pared. No le tomó importancia, pues sabía que toda la mansión estaba al tanto de lo que estaba ocurriendo.
Se apoyó sobre sus codos, embistió un par de veces más hasta que Orihime llegó al clímax y luego se corrió dentro de ella. Pasaron unos segundos tratando de acompasar sus respiraciones. Se tumbó a su lado y los cubrió con las sábanas. Grimmjow pasó su brazo por debajo de su cabeza y Orihime se acurrucó en su pecho.
-¿Te gustan los niños, preciosa? –le preguntó con una sonrisa de lado.
Fin
Como prometí en un principio, esta fue una historia relativamente corta, únicamente para sacarme la idea de la cabeza. Espero que les haya gustado, mis proyectos más largos vendrán muy pronto, así como la actualización del resto de mis historias. Gracias por leer, no se olviden de dejar un review. ¡Hasta la próxima!
