Disclaimer: Inu Yasha pertenece a Rumiko Takahashi
"EL CASTIGO"
Por C. Weller Chan
Capítulo 2
La Petición
La familia Higurashi daba gracias a todos los dioses por el milagro. El hijo menor, Sota, de 15 años, había recuperado la conciencia después de permanecer en coma durante una semana.
En ese momento, cuando lo único que les importaba era la salud del chico, el señor Suikotzu Higurashi debía atender otras cuestiones. Su jefe, el señor Toga Taisho, propietario de la empresa donde laboraba, le había llamado por teléfono para preguntar por su hijo pero también para solicitarle que lo viera en sus oficinas ese mismo día.
Sin poder evitar preguntarse el motivo, Suikotzu se lo comentó a su esposa, Hiromi.
- ¿Qué crees que desee? – preguntaba la señora meditabunda. – Aunque se ha portado de manera espléndida con nosotros, no puedo evitar sentirme un poco aprensiva cada vez que llama- decía mientras era abrazada amorosamente por su marido.
- No creo que ocurra nada malo. Recuerda que desde un principio él se percató perfectamente de la situación y de quiénes eran los responsables. Dudo mucho que a estas alturas cambie de parecer. – La señora Higurashi suspiró y le sonrió a su esposo.
- Tienes razón. Lo único importante es que nuestro hijo ya está bien, sólo es cuestión de tiempo que salga del hospital. – luego de una corta pausa, continuó – Después de todo, parece que su preocupación por el estado de salud de Sota era genuino. – El señor Higurashi besó a su esposa en la frente y se levantó del sillón donde se encontraba sentado.
- Debo irme. La cita es dentro de media hora. Veré qué desea y regresaré a la casa para bañarme y cambiarme. Hoy en la noche me corresponde hacer guardia con Sota. – decía mientras se ponía el saco.
- Cariño, según lo que dijo el doctor ya no será necesario quedarnos en la noche en el hospital. Aparentemente, el peligro ya pasó… necesitas descansar, haz hecho guardias casi todas las noches. Me quedaré hoy. –
- Prefiero seguir como hasta ahora. No me pesa quedarme en la noche, me siento más tranquilo. – Suikotzu besó a su esposa fugazmente en los labios y se despidió con un ademán. Recorriendo los sombríos y largos pasillos del hospital dirigiéndose a la salida, el señor Higurashi aún se maravillaba de lo moderno que era ese nosocomio. Ni con el sueldo de un año podría pagar un hospital así. Agradecía que todos los gastos corrieran a cargo de su jefe, ya que fue precisamente la atención especializada lo que había salvado a Sota.
Después de un recorrido relativamente rápido en su pequeño automóvil, Suikotzu llegó al edificio donde trabajaba. La oficina del señor Taisho, al ser el dueño del lugar, se encontraba hasta el último piso. A medida que se acercaba a su destino, muchas personas lo detenían para preguntar por la salud de su hijo. El señor Higurashi era una persona amable y cálida, siempre dispuesto a ayudar y con un corazón de oro, por esos motivos era muy apreciado y estimado por sus compañeros y jefes.
- Buenas tardes señora Urasue. Tengo una cita con el señor Taisho. – dijo Suikotzu en cuanto llegó con la secretaria. La señora Urasue le sonrió con su rostro surcado de arrugas y después de preguntarle por Sota, le indicó que podía pasar a la oficina de su jefe. Luego de un llamado suave, pudo escuchar que le indicaban que entrara. Suikotzu entró y cerró la enorme puerta tras de sí. El señor Taisho se levantó de su asiento tras su escritorio para recibirlo y darle la mano con una sonrisa pintada en la cara.
- Buenas tardes señor Higurashi. Es un placer verlo nuevamente. Tome asiento por favor. – El señor Taisho sujetaba con gentileza el brazo de Suikotzu guiándolo hacia un asiento frente al escritorio. Después de ofrecerle una bebida a su visitante, Toga habló: - Le agradezco que haya respondido a mi solicitud señor Higurashi. Comprendo que en estos momentos le es difícil apartarse del hospital donde está internado Sota. –
- No diga eso, señor Taisho. No puedo negarme a una petición suya. Después de todo, usted es quien está sufragando todos los gastos, lo cual, vuelvo a agradecerle infinitamente – respondió el señor Higurashi con una sonrisa y una inclinación de la cabeza. El señor Taisho suspiró con cierta vergüenza y dijo más para si mismo:
- Por favor, no es necesario agradecer nada. Tomando en cuenta que lo sucedido fue responsabilidad de los hijos de mis socios y los míos, es lo menos que podía hacer…. – recobrándose un poco del bochorno, Toga tomó asiento junto al señor Higurashi y continuó – El médico de Sota me comentó que su hijo estaba mucho mejor. Eso es grandioso. Es un alivio que dentro de poco pueda abandonar el hospital. –
- Así es señor Taisho. Sólo faltan unos estudios más para determinar si existe algún efecto secundario o algún daño que haya pasado inadvertido y entonces podremos llevarlo a casa. Los médicos se muestran muy optimistas. Estamos muy contentos de que por fin pueda volver – terminó Suikotzu con una sonrisa. Toga no pudo evitar corresponderle. La calidez del señor Higurashi era contagiosa, además de su obvia felicidad.
- Quería hablar con usted para comentarle algunos puntos. Hace unos momentos tuve una pequeña charla con el señor Onigumo Kagewaki y el señor Mushin Houshi, los padres de los otros chicos. De común acuerdo, hemos decidido el castigo que nuestros hijos tendrán por causarle ese perjuicio a Sota. – El señor Higurashi lo miró extrañado. Si bien el señor Taisho siempre había sido sincero y abierto con él, no le quedaba muy claro el por qué del tema.
-Estoy seguro que esos chicos no deseaban causarle un daño a mi hijo. Ni por un momento creí que lo sucedido fue a propósito – enfatizó el señor Higurashi. Toga suspiró otra vez y miró fijamente a los ojos a su interlocutor.
- Señor Higurashi, créame por favor que lo que le diré es la más completa verdad. En el mundo de los negocios donde yo me desenvuelvo, no es fácil encontrar a una persona en la cual confiar. Es muy peligroso dar a conocer información, porque cualquiera podría tomar ventaja de ello y perjudicarme. Hasta el más mínimo detalle podría servir para causarme un problema o tratar de chantajearme. – Toga se acomodó mejor en su asiento, sopesando lo que diría a continuación. – Una de las cosas que yo tengo que agradecerle, es la discreción con la cual usted decidió manejar este asunto. Prácticamente nadie sabe que los hijos de mis socios y mis hijos fueron los causantes de lo que le sucedió a Sota. Usted es una persona en extremo generosa señor Higurashi, y aún en medio de su dolor no permitió que nuestras vidas se volvieran un circo. Eso es algo que nunca terminaré de agradecerle. Estoy en deuda permanente con usted. – dijo Toga mientras inclinaba su cabeza ante su empleado.
- Por favor señor Taisho. En realidad, lo único que me interesaba en esos momentos era que mi hijo se salvara. Nunca tuve intenciones de perjudicar a nadie, y créame que nunca las tendré. Mi Sota ahora está bien, eso es lo único que me importa – decía con cierta tristeza en los ojos Suikotzu. Siendo padre él mismo, Toga sintió una fuerte empatía hacia su interlocutor, además de una fuerte consideración.
El señor Taisho siendo el hombre de negocios que era y por la naturaleza de la situación, no pudo menos que investigar un poco acerca de su empleado. No sólo lo sorprendió el hecho de descubrir que era altamente valorado entre sus subordinados y un excelente trabajador, sino también que la familia Higurashi era respetada y apreciada en su comunidad. Suikotzu y su esposa Hiromi eran bien conocidos por los actos de filantropía en los que siempre se involucraban, además de haber educado a sus hijos Kagome y Sota dentro de esa filosofía. El señor Higurashi era una persona en la cual se podía confiar sin recelos y el señor Taisho estaba completamente convencido de que sus palabras, en las cuales indicaba que lo único trascendental era la salud de su hijo, eran ciertas. No le interesaba sacar algún provecho de ello. Y esa era la razón de esa plática, se recordó Toga.
- Lo entiendo perfectamente señor Higurashi. Pero como padre, espero que usted también me comprenda. Mis hijos no son malos, pero lamentablemente los he criado dentro de un ambiente fácil y cómodo donde sus mínimos caprichos eran cumplidos. Como usted se ha dado cuenta, eso repercutió de manera negativa en sus personalidades. Están acostumbrados a hacer lo que quieren sin meditar muy bien en las posibles consecuencias que pudieran tener sus actos. – Luego de un tercer suspiro, continuó – Me causa terror pensar hasta dónde pudieran llegar mis hijos si no los detengo ahora. Como usted dice, fue un acto sin intención de perjudicar a Sota, de eso estoy seguro, pero sólo pensaron en su diversión sin tomar en cuenta a las personas que se encontraban alrededor. Deben entender que lo que hicieron está mal, y que de ninguna manera pueden seguir actuando como hasta ahora…. – Toga guardó silencio por un momento, como dudando de lo que diría a continuación.
- Tengo la impresión señor Taisho, que usted está tratando de decirme algo… - respondió Suikotzu a la extraña mirada de su jefe, comenzando a sentir un cosquilleo.
- Tiene usted razón señor Higurashi. Por favor, no crea que estoy tratando de aprovecharme de la situación, al contrario. Si usted me responde que no, yo entenderé perfectamente y por supuesto que seguiré pagando los gastos que genere la atención médica de su hijo hasta que esté restablecido por completo. Sólo le pido que me escuche, apelando a sus sentimientos de padre de familia… -
- ¿Qué es lo que desea usted de mí, señor Taisho? – preguntó intrigado el señor Higurashi. Toga se le acercó un poco más.
- Necesito su apoyo para que los hijos de mis amigos y los míos reciban su justo castigo y aprendan su lección. Necesito tener la seguridad de que mis hijos no seguirán actuando de esa manera tan despreocupada, soberbia y egoísta, o de lo contrario, no podré ver a la cara a mi padre cuando nos encontremos en el más allá. – El señor Higurashi tragó. La actitud ansiosa de su jefe estaba comenzando a ponerlo un poco nervioso.
- ¿Y cómo podría ayudarlo? – el señor Taisho lo miró con mayor intensidad.
- Usted tiene una hija de la edad de mi Inu Yasha, ¿cierto?... –
Final capítulo 2
Continuará…
Comentario de la autora: El motivo por el cual elegí a Suikotzu, uno de los miembros del Shichinintai o "Los Siete Guerreros" como el jefe de la familia Higurashi, es porque me atrajo su actitud hacia los niños justo antes que despertara su lado maligno. Me lo puedo imaginar perfectamente como padre de familia, más concretamente de Kagome y Sota. En cuanto a la mamá de Kagome, es el mismo personaje que todas conocemos, pero quise bautizarla puesto que nunca mencionan su nombre. Referirme a ella como "la mamá de Kagome" o "señora Higurashi" en todo momento no parece apropiado. El nombre Hiromi me pareció adecuado y bonito; me gustó.
Reviews:
shadowandsesshoumaru: ¡El primer review de esta historia! Gracias por tu tiempo, por leerla y por enviar tu comentario. Tienes razón, más adelante sabremos el motivo del castigo.
PaauLaa: Je je. Espero que en este capítulo la situación se vaya clarificando. Esto sucederá poco a poco, así que te pido un poquito de paciencia. Muchísimas gracias por tu review.
Favoritos:
la luissah:Gracias de verdad. ¡Me dejaste perpleja! O.O Me es difícil de creer que me hayas incluido en tus autores favoritos, me siento halagada.
FikiiTa: También para ti mi agradecimiento, por incluir a "El Castigo" en tus historias favoritas. Es un incentivo enorme.
Quisiera hacer extensiva mi gratitud para quienes leen esta historia y no dejan comentario. Gracias a tods y cada un de ustedes.
C. Weller chan
