3. Control descontrolado
Logan y Ororo caminaban al ritmo del hombre ebrio, se dirigían a donde Tormenta había parqueado su automovil.
Antes de llegar a la mansión llamaron por teléfono y le hablaron al profesor X sobre la visita de dicho invitado. El profesor Charles Xavier supuso que por la naturaleza de la misión llevarían a la mansión a uno de los morlocks lo que no estaba lejos de la realidad.
El viaje hacia la escuela de jóvenes talentos fue tranquilo. Daniel se durmió en el camino, y dentro del vehículo había un sentimiento común de "lástima".
Logan pensaba que posiblemente estaban perdiendo el tiempo. En su vida había conocido muchos perdedores como Daniel, personas que se entregaban al alcohol y a las drogas. Sus vidas eran una miseria porque ellos así lo habían elegido, sin embargo, debía aceptar que antes de conocer al profesor Xavier él mismo vivía perdido, y fue gracias a él que conoció el significado de "una familia". Posiblemente este indigente podría tener una oportunidad, pero él lo dudaba.
Tormenta por su parte sentía dolor por la situación de este mutante. Pocos sabían que ella había vivido en la pobreza extrema y que por ese motivo comprendía que era vivir con hambre. Lo que más le mortificaba de Daniel era ese señalamiento constante de no querer vivir, ella en algún momento se sintió igual. Ser mutante nunca fue fácil.
Llegaron a la mansión y Daniel salió del auto confundido. Bonito lugar aquél donde había llegado, nada comparado con las calles y los pisos llenos de ratas.
Entraron por una puerta lateral para no molestar a los alumnos, y de ahí a unos pasos llegaron a la cocina. Daniel tenía un temblor en las manos propio de su enfermedad.
Tormenta le ofreció una silla. En la cocina siempre había comida, alimentar tantos mutantes era tarea difícil, pero siempre había un desayuno, un almuerzo y una cena. Sacó un plato, y sirvió comida abundante: carne, vegetales, arroz y tubérculos.
Daniel cuando vio el plato tomo una cuchara y comenzó a comer con gran velocidad. Tenía hambre y sentía que si no comía ahora, posiblemente mañana lamentaría no haber comido.
Sin que él se diera cuenta desde la puerta lo estaba observando Bestia. El doctor Hank había llegado a servirse un bocadillo, encontrando que en la cocina había un hombre de un aspecto desvencijado que comía de manera desesperada.
-Daniel, hay más comida, no tragues tan rápido. Le dice tormenta de manera maternal
Logan no podía dejar de sentir pena por el fulano, pero prefirió salir de la cocina porque no era muy agradable verlo comer. En la puerta se encontró con Bestia.
-¿Quién es él?
-Un indigente que vio a los asesinos. Dice, con la típica actitud negativa que siempre lo acompañaba. Es un desastre andante, vive borracho, y cuando llegamos se estaba bebiendo un frasco de alcohol de farmacia. Dice con sorna. Le ofrecimos algo de comer a cambio de información
-Oh, mi Dios. Me gustaría exami...
Sin embargo algo ocurre que no le permite a Bestia terminar la frase, una especie de explosión ha ocurrido en la cocina.
Daniel comía de manera desaforada cuando de repente se queda quieto, suelta la cuchara y se queda mirando hacia un punto fijo en la cocina. Tormenta lo observaba curiosa, parecía como si se hubiera desconectado de su cuerpo, y en ese instante Daniel cierra y abre los ojos de manera temblorosa. De la nada un campo de fuerza hace que Tormenta sea empujada hacia la nevera, el sonido explosivo venia de aquel golpe.
Ella no podía acercarse a Daniel quien yacía en el piso convulsionando mientras platos, cubiertos y ollas flotaban a su alrededor.
Wolverine sacó sus garras y saltó adentro de la cocina para defender a tormenta, pero la fuerza del campo de fuerza era tal que fue arrojado en dirección contraria. Bestia trataba de igual forma entrar a la cocina pero era imposible.
Y de repente todo finaliza.
Las ollas, cubiertos y vajilla que flotaban alrededor de Daniel se quedan quietos, y son colocados en el piso de manera sincronizada. Nada se rompió, ni la taza más frágil.
Logan entra a la cocina dispuesto a matar pero no hay enemigo que lo enfrente, Daniel yace en el piso inconsciente, todavía convulsionando.
El doctor Hank salto hacia él, tomó una toalla de papel y se la metió a la boca.
-Hay que evitar que se trague la lengua. Dice a todos. ¿Ororo estás bien?
-Sí. dice ella levantándose con ayuda de Logan
-¿Qué demonios pasó? Pregunta de manera agria Wolverine.
-Buena pregunta. Dice Hank sin dejar de atender a Daniel. Parece que este amigo está muy enfermo.
Abrió los ojos y estaba en una cama de hospital solo vestido con una bata y cubierto por una sabana. Estaba inmovilizado de brazos y piernas. Trató de zafarse, pero fue imposible. Al poco tiempo de forcejear se rindió. Si iban a matarle le harían un favor al final de cuentas. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Tenía una intravenosa donde le estaban aplicando suero y otros medicamentos. Estaba lleno de cables y había equipos médicos que establecían lecturas y sonidos extraños.
Cerró sus ojos y las lágrimas se le escurrieron por la mejilla. Tenía mucha ansiedad, necesitaba beber alcohol, pero no podía, sentía como las manos le temblaban.
Dos figuras se le acercan desde una esquina.
-Buenas tardes señor Daniel. Dice Bestia de manera muy amable. Soy el Doctor Hank, y ella es la doctora Jean Grey, estamos atendiendo porque tuvo una crisis.
Daniel abrió los ojos y la tristeza se dibujaba en su rostro. No se alarmo por la presencia azul del médico.
-¿Mate a alguien?. En ese momento se dio cuenta que no sabía el nombre de aquella que lo había recogido. La mujer.. ehh
-No.... todo está bien, Ororo está bien. Daniel muestra estar aliviado con la respuesta
-No tengo plata para pagar un hospital...
-No se preocupe por eso. Dice Jean de manera clara. ¿necesita algo?
-Necesito orinar.
Hank le acerca una bacinica.
-No, al baño. Dice Daniel con angustia, no le gustaba la idea de orinar ahí.
-Lo lamento. Dice Bestia. Pero por ahora deberá ser ahí, luego podrá ir al baño.
Daniel se rinde y accede. No era muy cómodo que un desconocido le recoja la orina, pero él había perdido su dignidad hace mucho. Los médicos le entrevistaron y le examinaron hasta que Daniel nuevamente se quedo dormido. La pesadez en sus ojos era enorme, se sentía tan cansado. Hace tanto tiempo no dormía en una cama cómoda, pero ¿porque de repente unos desconocidos lo cuidan, o en apariencia muestran preocupación por él?. Daniel no sabía que pensar, nadie parecía quererle, sabía que podían estar tratando de manipularlo, no le gustaba la sensación de indefensión en la que estaba, sentía un miedo como sí ya hubiera pasado por ello.
Cuando dormía nunca soñaba. Dentro de su pesadez escuchaba una voz que le decía. "¿puedes despertar un momento, estas a salvo". Daniel luchaba por abrir los ojos y cuando al fin lo logró trató de moverse recordando inmediatamente que estaba inmovilizado. Hundió la cabeza en la almohada, mientras la luz le causaba una gran jaqueca. Necesitaba un trago con urgencia, necesitaba quitarse esa sensación espantosa.
-Bienvenido a mi mansión.
Daniel escucha eso, pero no se daba cuenta de quien le hablaba. Cuando por fin pudo focalizar su visión habia un hombre sentado que le hablaba.
Soy Charles Xavier, director de la escuela para jóvenes talentos. Hablaba despacio, su simple voz tranquilizaba. ¿Cuál es su nombre?
-Daniel Giovanetti... quiero un trago, por favor. Ruega el hombre que estaba teniendo síndrome de abstinencia.
-Lo lamento, no puede beber, está muy enfermo a causa de su bebida. Nota que Daniel hace una cara de angustia tremenda.
-DEJEME SALIR DE AQUÍ. Grita Daniel ansioso pues la sensación que tenía era muy incómoda. NO ME TORTURE. Dice con mal genio. No es muy buena idea tenerme aquí, le advierto que soy muy peligroso.
-¿Por eso vivías con los morlocks?, ¿por eso te ocultas?
-¿usted que cree? Responde Daniel sorprendido por las palabras del hombre qué sin conocerlo había dado en el punto. ¿acaso no me cree cuando le digo que soy peligroso? grita. ¡Necesito un trago maldita sea! Dice temblando ansioso. El alcohol me tranquiliza, me ayuda, hace que los ataques se vuelvan menos frecuentes, me hace olvidar... Maldita sea. Dice llorando. Déjeme ir.. le seguro que no es buena idea tenerme aquí... se lo ruego, ¡deme algo de tomar!.
El profesor Charles Xavier deja que Daniel llore y se tranquilice. El temblor en todo el cuerpo era evidente.
-Te diré algo Daniel. Le dice Xavier. Te puedo ayudar, puedo brindarte la ayuda que necesitas, te puedo dar algo para el síndrome de abstinencia que te tiene ansioso y malhumorado, algo que te haga sentir mejor. Lo dice con total convencimiento. Puedo ofrecerte protección en mi casa, pero sólo si decides hacer algo por ti mismo y mejorar. Daniel lo mira con los ojos llenos de lágrimas. Estas sufriendo mucho Daniel, tanto, que quieres matarte, ¿es justo acaso?
-No creo que sea justo para nadie que viva.
-No es justo para ti que pienses así. Le responde claramente.
Un silencio se da en la conversación. Daniel se sentía extraño.
-Usted puede ayudarme a dejar de sentirme así.
-Sí puedo. Dice el profesor X
-No sé si usted es un hombre muy valiente o muy estúpido señor.
-A veces me critican por idealista. Reconoce Xavier. Pero prefiero trabajar por la paz que por la destrucción. Se le acerca con la silla de ruedas, en ese momento Daniel nota que el hombre no puede caminar. ¿eres telépata?
-No, yo conduzco la energía. Responde claramente
-¿cómo explicas que en las crisis muevas cosas?
-No lo sé señor. Responde Daniel con humildad. Lo único que se, es que en cada crisis siento cosas extrañas, y cuando despierto- Daniel se le nubla la mirada cuando dice eso- solo hay destrucción, personas lastimadas y caos. Suspira
-¿Qué sentiste en la cocina cuando convulsionaste?.
Curiosa pregunta la del profesor X, pudo preguntar otra cosa pero pregunto esa.
-Sentí muchas cosas. Daniel sonríe con tono lastimoso comienza a decir. 25 ollas, 45 cucharas grandes, 50 tenedores, 55 cuchillos, 34 tazas, 99 servilletas, dos arañas ocultas en el techo...
Dijo eso y más, describió el contenido de las encimeras, la cantidad de vegetales, hasta describió un postre consumido a la mitad que se había dejado en el refrigerador. Le dijo al profesor X la temperatura del aire, la temperatura de los electrodomésticos, y le aseguro que podía decirle, si se lo preguntaba la cantidad de sedimento de los tubos del lavabo. Toda esa información y más habían quedado en la mente de Daniel, quien en apariencia podía controlar su ambiente cercano y saber cada detalle sin tener él mismo control sobre sus emociones o su propio ser.
Daniel se desconectaba y se conectaba con una fuerza superior a él mismo, una fuerza tan poderosa que podría destruir y controlar el ambiente.
