¡Buenas, buenas!
Aprovechando que es mi última semana de vacaciones, decidí actualizar lo antes posible. Como dije, es un fic corto ya que planeaba que fuese sólo un One-Shot. Este es un capítulo que considero bastante largo, ya que quería plasmar distintos sentimientos en cada personaje.
Espero de verdad que les guste y, si es el caso, pueden dejar su review que yo estaré encantada de recibirlo y por supuesto responderles (de ser posible) a la brevedad en que lo lea.
Besitos y saluditos.
Capítulo III: Esperanza de vida
Se paseaba por la sala de espera, estaba realmente exasperado y preocupado y, para agregar, la mirada de la Señora Higurashi lo mantenía incómodo. Era obvio que no era la persona favorita de ella en este momento, ya debía estar enterada de todo lo que había pasado entre Kagome y él, aún así, él no se movería de ahí hasta que le dijeran el estado de Kagome y su hija. Necesitaba saber que estaban bien si quería mantenerse cuerdo.
De una puerta blanca (como todo lo demás), salió el ginecólogo que atendía a su esposa con una carpeta en sus manos, donde supuso estaban los exámenes que le habían hecho.
-¿Cómo está Kagome?- se apresuró a preguntar la Señora Higurashi, lo cual agradeció, sentía que la voz no le saldría lo suficientemente tranquila para preguntar por ella.
-En estos momentos tanto ella como la bebé están estables. Kagome sufrió un leve desprendimiento del saco vitelino, lo cual pone en riesgo la vida de su hija.- dijo mirando de Inuyasha a la señora – Kagome debe quedarse hospitalizada hasta que confirmemos que con reposo absoluto, el embarazo pueda llegar a términos adecuados, mientras tanto, debe estar tranquila, no puede hacer esfuerzos de ningún tipo y siempre tomar los medicamentos recetados.
Inuyasha se golpeó mentalmente de nuevo. Todo esto era su culpa, él lo sabía. Toda la preocupación y desdicha que Kagome venía sufriendo desde hace siete meses era provocado por él y sus estúpidas decisiones y deseos de aventura. Se sentía miserable y solamente quería verla, asegurarse él mismo de que su esposa se encontraba bien.
-¿Puedo pasar a verla?- preguntó Inuyasha al doctor. En su rostro, a pesar de mantenerse serio y denotar tranquilidad, se veía la incertidumbre.
-Si, puedes entrar, pero en estos momentos ella está dormida. Si quieren, van a tomar un café y luego regresan, ella está bien cuidada y aquí estaremos al pendiente de cualquier eventualidad.- les aseguró el doctor con una tranquilidad que ellos en ese momento no sentían.
El doctor se despidió dejándolos en un silencio que a Inuyasha lo estremecía. No necesitaba ningún café, solo necesitaba verla. Se sentó en una de las sillas de la sala de espera, apoyó sus codos en sus muslos y sostuvo su cabeza con ambas manos. Estuvo muy cerca de perderlas, nuevamente. Todo esto sólo le reafirmaba que su vida era nada sin Kagome. Sin su hija, la hija de ambos.
Su familia, la que siempre había soñado junto a ella. Ahora ese sueño se le escurría como agua entre los dedos y no sabía cómo iba a reconstruir todo con Kagome.
Sintió que una mano se posó en su hombro. Supo inmediatamente que era la Señora Higurashi. Desde que su madre murió, ella se había convertido en su segunda madre cuando estaba solo, cuando su padre lo abandonó y se quedó sin nadie.
-No todo es tu culpa Inuyasha.- le dijo suavemente mientras tomaba asiento a su lado.
- Si lo es… yo le he causado mucho dolor, la he traicionado, he destruido todo lo que con esfuerzo y amor ambos construimos en cinco años de matrimonio. Ahora no sé…- levantó su mirada y enfocó sus ojos en la señora, que lo miraba con tristeza y pena. En otro momento Inuyasha le hubiera reclamado que lo mirara de esa manera, odiaba la lástima. Pero en este momento, eso era lo que él sentía hacia él mismo.
-Tal vez las cosas no han salido como siempre lo planeaste. Pero tienes otra oportunidad. Es difícil perdonar y sanar heridas tan profundas, sobre todo cuando hay tanto amor en medio y la confianza se ve traicionada.- Siempre tenía una manera de hacerlo entrar en razón, esta era una de ellas. – Estoy al tanto de todo y, debería alejarte de mi hija. Pero, simplemente no puedo porque ella te ama, me consta que ha sufrido todo este tiempo y que quiere perdonarte, pero necesita algo más. Demuéstrale que eres el mismo muchacho de 20 años que le enviaba flores por correo así vivieran en la misma calle, gánatela de nuevo, reconstruye esa confianza tan bonita que ambos se tenían. No te rindas Inuyasha. Ella te necesita ahora más que nunca. Esa bebé que viene en camino los necesita juntos, unidos y fuertes. No permitas que otra situación termine matando el amor que queda entre ustedes.
No dejaría que eso pasara, de eso estaba seguro.
Sentía un mareo e inmediatamente unas inmensas ganas de girarse a vomitar. Pero por alguna razón sentía la cabeza pesada y le costaba abrir sus ojos. De repente, como un rayo, recordó que había sentido un dolor muy fuerte en su vientre. De manera rápida abrió sus ojos y llevo sus manos a su estómago. A diferencia de ella, sentía a su bebé muy despierta y eso la tranquilizó.
Había sentido mucho miedo de perderla. Pero aún no sabía qué le había ocurrido. ¿Por qué de repente ese dolor? ¿Había riesgo de perder a su bebé?
Hizo el intento de levantarse pero en ese momento, escuchó que alguien entraba a la habitación. Luego notó que estaba en un cuarto de hospital, había una intravenosa en su brazo derecho y un brazalete con su nombre en el mismo.
-¿Qué estás haciendo? ¡No te atrevas a levantarte jovencita! – la regañó su madre. Recordó esos días de colegio cuando no quería levantarse a ir a clases. Que gracioso, en ese entonces su madre la apuraba a levantarse, ahora la obligaba a quedarse acostada.
-Mi bebé…- sentía la garganta seca y rasposa. ¿Cuánto tiempo había estado dormida?
-Está bien cariño. Tu bebé es fuerte y va a nacer sana y preciosa. Pero debes descansar y estar tranquila para que eso pase.- Su mamá puso sus manos en sus hombros obligándola a recostarse nuevamente.
-¿Inuyasha…?- Preguntó a su madre con un poco de temor. Recordaba haberlo llamado. ¿No estaba con ella? ¿Por qué? ¿Acaso no le importaba?
-Está afuera cariño, me permitió entrar primero. ¿Quieres que lo llame?- Pregunto su mamá con una sonrisa. Sabía que su hija quería verlo, pero a veces era muy terca para aceptarlo.
-N-no mamá, no quiero…- dijo cerrando sus ojos y tragando fuerte. Necesitaba tomar agua.- Quiero agua…
La Señora Higurashi le ofreció agua y luego la ayudó a acomodarse para que estuviera más cómoda.
-Debes hablar con Inuyasha, hija. No sé si abogar por él, pero puedo asegurarte que te ama. No hay justificación para un engaño, pero déjalo acercarse, deja que tu corazón te diga lo que quiere, y si él está todavía dentro de ti, no lo separes. El pobre muchacho anda angustiado…
-Tal vez… pero es difícil olvidar todo mamá. – La miró con lagrimas asomándose en sus ojos – Lo amo, y lo sabes. Desde siempre él… ha sido lo más importante de mi vida. Pero… ¿cómo pudo? ¿Cómo puedo confiar ahora?
-Puedes hacerlo, solamente si sientes que te ha demostrado que vale la pena.- sentía tristeza por esta situación, sobre todo por su nieta. Ese rayito de luz no merecía sufrir desde pequeña por no tener una familia unida.
-A veces pienso que sí. Otras veces muero de angustia por pensar que nuevamente pasará lo mismo…
-Estoy segura que él piensa eso y que ahora, sabe que fue un estúpido idiota.
Kagome miró a su mamá sorprendida, era raro que su siempre tranquila madre dijera cosas como esas.
-¿Qué? También sé insultar.- Dijo un poco risueña.- Llamaré a Inuyasha, quiere verte y sé que lo tranquilizará el saber que estás despierta.
No le dijo nada, se debatía entre verlo y decirle que la dejara sola. Pero, en su balanza mental, el querer verlo pesaba más.
-Kagome…-
Sintió inmediatamente como su bebé se movía inquieta. Ella reconocía la voz de su padre y al parecer, se alegraba mucho de que estuviera cerca. Eso le hizo sentir un leve calor en el pecho. Quería dejar de dudar, quería abrazarlo nuevamente…
Giró su cabeza y lo observó, venía vestido con un sweater negro y jeans.
-Me alegra ver que estás bien…- le dijo al llegar a su lado, sin atreverse siquiera a tocarla. Ella estaba esperando que él hiciera algún movimiento, le dijera algo sobre volver con ella. ¿Quería ella que él siguiera insistiendo?
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Mi bebé está bien?- preguntó Kagome con aprehensión. Seguía temerosa. Necesitaba claridad en esta situación.
-Ella está bien. Sufriste un leve desprendimiento del saco vitelino. Ahora debes estar en reposo, mantenerte tranquila y asegurarte de cumplir con las indicaciones del doctor.- Habló Inuyasha mientras veía como Kagome acariciaba lentamente su abultado vientre. Él quería hacer eso, en lo que iba de embarazo él no había sentido a su hija ni una vez, pero no se arriesgaría a ser rechazado y que Kagome se entristeciera de nuevo. Su prioridad era la salud de ambas. Él… él quedaba después de eso.
Kagome sabía que él quería tocarla, pero… ¿Por qué no se acercaba? Sentía una leve presión en su pecho al pensar que él se haya rendido en querer que ella estuviera con él nuevamente.
-He estado pensado…- dijo Inuyasha y Kagome levantó su vista hacia él.- Deberías quedarte con tu mamá. No puedes estar sola en el departamento. No puedes usar el ascensor y están más que prohibidas las escaleras. Si estás en la casa de tu mamá estarás bien cuidada.
-Sí, entiendo…- Kagome quería saber que pasaba con él. Ya no la estaba mirando. Al parecer, observar cómo caía la gota en el pequeño envase que llevaba la solución a su brazo era más interesante que mirarla.- Inuyasha…
Él la miró y ella frunció el ceño. Vaya, para ella, él era un libro abierto, podría leerlo siempre casi a la perfección.
-¿Qué ocurre?- preguntó Kagome un poco inquieta.
-He decidido…- empezó Inuyasha y Kagome sintió que lo que sea que él dijera, no era lo que ella quería.- He decidido dejarte tranquila, Kagome.- Ella lo observó impasible, sus labios estaban entreabiertos y sentía como sus ojos se llenaban de lagrimas.
-¿Tranquila…?- no entendía, ¿tranquila en qué sentido? ¿Acaso… se divorciaría de ella?
-No puedo seguir insistiendo, todo esto es mi culpa. Tú no estarías así de no ser por las estupideces que he hecho, todo el daño que te he causado ha puesto en riesgo tu vida y la de nuestra hija. Moriría si algo les pasa. Por eso pienso que lo mejor, es que me haga a un lado, lo más importante eres tú y que la bebé nazca sana.
Sentía que algo se quebraba dentro de ella. Ella no quería esto… ella lo quería a él. Que le dijera que la amaba, que ahora iba a estar siempre con ella, que no iba a permitir que nada les pasara. Pero ciertamente lo entendía, estaba angustiado.
Ella no dijo palabra alguna, solo asintió lentamente y vio como el apretaba su mandíbula. Era una decisión difícil para ambos. Pero debían cuidar a su hija.
Unos días después ya ella estaba en la casa de su mamá, siempre acostada o sentada. Faltaba alrededor de mes y medio para poder dar a luz y que su niña naciera sin problemas. Inuyasha siempre estaba pendiente de lo que ella necesitara. Compraba sus medicinas, la ayudaba en los chequeos con el ginecólogo, llevaba cosas para la bebé que compraba y con entusiasmo hablaba de cuando la tuviera en sus brazos. Pero no volvió a acercarse a ella con intenciones de hablar acerca de la relación de ambos y de cómo solucionarían su matrimonio.
Habían acordado con el ginecólogo que lo mejor era una cesárea; con el riesgo de desprendimiento de saco no querían poner en peligro la vida de la madre y de la bebé al hacerla pasar por un parto normal, por más que la madre pudiera.
Faltaban dos días para la cesárea de Kagome. Estaba sentada en el sofá de la sala leyendo un libro que Inuyasha le había traído. El libro era de maternidad y de cómo en las primeras semanas de vida del bebé, los cuidados debían ser delicados y constantes.
Escuchó el timbre y luego los pasos de su madre en camino para abrir la puerta. Sabía que era Inuyasha. Venía a visitarla todas las tardes, pero se limitaba a preguntar sobre su estado de salud y cómo había estado su día.
-Está sentada en el sofá. En un momento les llevo algo de tomar.- escuchó a su madre y giró su cabeza para ver a Inuyasha entrar a la sala. Su corazón latió rápido en su pecho, sentía que era la adolescente enamorada de antes y veía como pasaba delante de ella su amor platónico. Él siempre causaría esta reacción en ella.
-Buenas tardes, Kagome.- la saludó cordialmente. Estaba sentada pero llevaba una braga materna de color rosado, su vientre ya estaba mucho más grande, estaba feliz de que su bebé ya estaba por nacer y estaba creciendo fuerte.
-Buenas tardes, Inuyasha.- devolvió el saludo Kagome viendo como él se sentaba a su lado y posaba sus ojos en el libro que sostenía entre sus manos.
-Es muy interesante…- le dijo Kagome. Inuyasha asintió con una pequeña sonrisa.
-Nozomi…- dijo Inuyasha luego de unos instantes. Kagome lo miró extrañada y él supo que no le había entendido.- Nozomi, significa esperanza. Me gusta ese nombre para la bebé. Sólo si te gusta, claro…- Kagome veía como sus ojos estaban brillantes. Esperanza, él todavía tenía esperanza.
Ella también la tenía.
-Nozomi – repitió con ternura mientras miraba y acariciaba su vientre, notando como su hija se movía dentro de ella.- Es perfecto… y le gusta.- Miró a Inuyasha que sonreía mientras miraba su vientre con admiración.- ¿Te gustaría sentirla?
Inuyasha la miró esperanzado. Sería la primera vez. Ella no lo había dejado tocar su vientre. Él asintió y ella estiró su mano para tomar la de él, dejando ambas manos juntas esperando a que su bebé se moviera.
-Qué extraño, se movió hace un instante…- dijo extrañada de que su bebé se quedara tan tranquila.
-Puede que ya se…- el movimiento bajo su mano lo sorprendió y abrió sus labios olvidando lo que iba a decir. Era algo maravilloso sentir como ese pequeño regalo que la vida y Kagome le daban, se movía y él podía ser parte de eso.
-He notado que le gusta mucho tu voz… cuando hablas se mueve mucho.- Kagome sonreía como hacía tiempo no lo hacía. Tal vez, su esperanza la ayudaría a confiar nuevamente. Sabía que ya lo estaba haciendo.
Se despidió de Kagome viendo como la trasladaban en una camilla y se quedó con la Señora Higurashi fuera del quirófano. No lo habían dejado a entrar ya que cualquier eventualidad debían actuar rápido, y con un familiar dentro las cosas siempre se complicaban. Más si era el esposo-padre-obsesivo-terco-controlador que Inuyasha era.
Pasaron veinte minutos y no sabía nada de lo que pasaba con Kagome. No podía sentarse, se paseaba de extremo a extremo de la sala esperando noticias.
-Inuyasha, siéntate. Abrirás un agujero en el suelo. – le dijo su suegra mientras tranquilamente tejía una cobijita para su nieta.
-¿Cómo puede estar tan tranquila? Yo siento que moriré de angustia.- dijo Inuyasha sin dejar de caminar de lado a lado.
-Créeme, todo estará bien. Pasé por dos partos, sé de lo que habló.
No presto más atención a lo que ella decía porque escuchó un llanto. Un llanto que trajo lagrimas a sus ojos y una sonrisa de orgullo.
Su hija estaba bien. Había nacido sana.
Ahora necesitaba saber de Kagome.
Cuando el doctor salió del quirófano y se quitó su mascarilla azul, le indicó que todo estaba bien, que ambas estaban en perfectas condiciones y que pronto serian llevadas a una habitación. Que Kagome necesitaba reposo debido a que la recuperación de una cesárea era más tardía que un parto normal.
Media hora más tarde, pudo entrar a la habitación donde Kagome estaba. La Señora Higurashi le dejó el privilegio de ser el primero en ver a su hija. Cuando vio a Kagome, ella le sonrió a pesar de verse un poco pálida y débil. Ella levantó su mano y le hizo señas para que se acercara.
Él tenía un poco de miedo. Quería hacer las cosas bien esta vez.
La puerta de la habitación se abrió y llego una enfermera con una pequeña cuna, en la cual un bultito rosado se movía suavemente.
-Al parecer… hay una personita que extraña mucho a sus papás porque no ha dejado de llorar.- Les informó con una sonrisa la enfermera mientras dejaba frente a un paralizado padre la cuna con su hija en ella.
Cuando la enfermera se fue, Inuyasha pudo acercarse a ver a su hija. Era la visión más perfecta del mundo. Su pequeña Nozomi. Vio como Kagome sonreía cuando él la tomó entre sus brazos y la llevó a descansar al lado de su mamá. Verlas juntas lo llenó de un gozo que no podía explicar. En ese momento se sintió completo, y cuando Kagome le sonrió nuevamente, supo que sería capaz de dar su vida por ambas.
La bebe crecía fuerte, sana y con mucha, mucha energía. Tenía un hermoso cabello negro y sus ojos dorados enorgullecían a Inuyasha. Cada vez que su padre la visitaba en las tardes, no hacía falta asomarse para saber quién había llegado. Los gritos de euforia de la pequeña eran de admirar, y con sólo ocho meses de vida, ya ponía a su madre con los pelos de punta.
Inuyasha la consentía en todo, siempre jugaba con ella y le repetía que su papá siempre estaría ahí para cuidarla. A pesar de que la niña encontraba más interesante jugar con su reloj, su corbata, su cabello ó, en su defecto, babearlo.
Kagome sonreía cada vez que los veía juntos. Eran su razón de ser. Pero, Inuyasha y ella no habían vuelto a vivir juntos. Se preguntaba por qué Inuyasha en todo este tiempo no había tocado de nuevo el tema, tal vez pensaba que ya ella no lo quería.
-Inuyasha…- llamó Kagome mientras observaba como él levantaba a la bebé y le hacía cosquillas, mientras ella reía en un tono bastante alto y balbuceaba algo que nadie entendía.
-Dime…- respondió mientras fijaba sus ojos en ella. No había insistido más en la relación de ambos. Tal vez ella lo que más necesitaba era tiempo. Y él estaba dispuesto a dárselo. Le seguiría demostrando que la amaba, sólo a ella. Bueno, ahora también a su pequeña.
-Mañana hay que llevar a Nozomi a vacunar, ¿quieres acompañarme?
-Encantado.- Le respondió con una sonrisa de esas que la hacían sonrojar. Quería intentarlo nuevamente. Estaba segura de eso.
Era todavía muy temprano, ¿Por qué sentía que alguien le halaba el cabello? ¿Estaba soñando?. Un momento, el vivía solo… ¿Por qué alguien le estaba halando el cabello?
Abrió lentamente los ojos y luego de frotarlos por un segundo, alzó su cabeza de la almohada para ver a su pequeña hija trepando por las sabanas de su cama. Inmediatamente estuvo muy despierto y alerta. La tomó en brazos y con una sonrisa le dio un gran beso que hizo que la bebé riera y tomara entre sus manitos mechones de su cabello.
-Pensé que despertar así te gustaría.- Kagome estaba sentada en el taburete que estaba al lado de la ventana. La última vez que estuvo sentada ahí, había sentido como su mundo se venía abajo. Pero ahora no dolía, verlo con su hija en brazos era todo lo que necesitaba para olvidar las amarguras, confiaba en él. Lo amaba más que nunca.
-Menos mal que no cambié esas cerraduras.
-Pienso lo mismo.
Inuyasha se levantó de la cama con su hija en brazos y se acercó a ella. Coloco a Nozomi en los brazos de su madre y se acuclilló a sus pies.
-Kagome, se que yo…
-Shh…- lo calló colocando su mano en su mejilla.- No hace falta que digas nada. Estamos aquí. Y es aquí donde queremos quedarnos.
No había felicidad más grande que esta. Despertar y ver luz después de sentir que casi moría al no estar junto a su familia.
-Te amo.- Inuyasha colocó sus manos a cada lado de su rostro.- No te fallaré nuevamente, lo prometo.
-Lo sé, creo en ti. También te amo Inuyasha- Kagome sonrió y él se acercó a ella y depositó un beso en sus labios.
Serían una familia ahora. Y principalmente él, cuidaría de ellas y las amaría siempre.
Escuchó a su hija reír y la alzó en sus brazos viendo como los ojitos dorados de la pequeña se iluminaban con una nueva carcajada. Kagome también se puso de pie y él las abrazó a ambas.
No las perdería nuevamente.
Fin.
N/A: Particularmente me gustó mucho escribir este pequeño fanfic. Me gusta como siempre el amor busca la manera de triunfar sobre todo lo malo. También pienso que todo el mundo puede aprender de sus errores y recibir una segunda oportunidad. ¿Ustedes que opinan?
¡Dejen sus reviews! Son mi mejor paga.
Besitos y nos leemos pronto.
