Hola.
Free! Iwatobi Swim Club / Eternal Summer no me pertenecen.
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Puntos extra por una receta de macarela
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Resumen: Ecología marina era como decir "Makoto y Haruka", porque Makoto era el mar y Haruka era lo que habitaba el mar. Estudiar ecología marina era como estudiar a Haru, ¿no?
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Puntos extra por una receta de macarela
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Capítulo III
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La decisión de regresar al curso de Cetáceos del profesor Nanase obligó a Makoto a filosofar sobre su vida.
No filosofó sobre los porcentajes que necesitaba para aprobar ni las tareas que tenía pendientes de otras materias; sino que analizó, con gran capacidad de introspección, su vida amorosa.
No había "amor romántico" en su vida, porque se reconocía a sí mismo como alguien bastante tímido, y había algo más profundo en lo que no le gustaba escarbar: las mujeres no le resultaban sexualmente atractivas. Siendo sinceros, no le gustaban, pero era demasiado tímido para atreverse a experimentar con otro hombre.
Su poca experiencia no quería decir que no hubiese fantaseado. Ahora, con varios cursos de sexualidad y conversaciones vulgares de sus amigos encima, podía decir con claridad que lo que él llamó admiración cuando era un niño, en realidad eran las señas de su primer amor. Makoto admiró al nadador olímpico Haruka Nanase. Makoto se enamoró de él hacía muchos años.
Haruka Nanase sorprendió al mundo en los Juegos Olímpicos Atenas 2004 cuando se llevó el oro olímpico en los 100 metros estilo libre, plata en Relevo 4X100 cuatro estilos y bronce en Relevo 4x100m estilo libre.
Por supuesto, Iwatobi no podía estar más orgulloso de su nadador, y fue por aquella época que la fiebre olímpica inspiró a muchos niños a nadar. Makoto no fue la excepción: a los siete años ingresó al Club de Natación. Nanase y su excepcional técnica de nado llevaron luz e inspiración a una ciudad pesquera afectada por la crisis económica, la escasez y las tormentas.
En Pekín 2008, Nanase consiguió oro en 50 y 100 metros estilo libre, rompió el récord mundial en los 100 metros, plata en 200 metros estilo libre, y sorprendió con un quinto lugar en 1500 metros estilo libre. Un nadador con velocidad y resistencia: todos estaban orgullosos de sus logros. Iwatobi tenía una verdadera fuente de inspiración, y Makoto no se perdía ninguno de sus eventos.
De esa época, recordaba la emoción de aprender a nadar, los buenos amigos que hizo en el Club de natación, lo feliz que era al nadar; y también recordaba su emoción al ver a Haruka Nanase tocar de primero la pared.
Sin embargo, al terminar los juegos olímpicos, Nanase se retiró. Dejó todo.
Los problemas para Iwatobi volvieron. El club de natación cerró, los recursos deportivos se destinaron a la Academia de Samezuka, pues alegaron que Haruka Nanase, a pesar de ser estudiante de Iwatobi, se había entrenado en sus instalaciones, junto al orgullo japonés Rin Matsouka, quien había sobresalido en el doble de eventos de Nanase: pues participaba en estilo libre, en mariposa, y cuando Haruka se negó a participar en los relevos, Matsouka sí participó.
Makoto recordaba mirar la casa vacía de su vecino Nanase y preguntarse si querría hablar con alguien sobre su decisión de abandonar su carrera deportiva.
Así que después de analizar sus últimos años a la luz de los eventos deportivos más importantes, Makoto podía decir con toda seguridad que su profesor le atraía.
Y como no podía ser diferente, Makoto tenía que ver a su objeto de interés.
Reconocía que le apenaba la situación, porque se consideraba un alma buena como para tener que sufrir tan temprano de desamor. Pero nada podía hacer contra ese deseo de estar al lado de su profesor, aunque nunca fuese correspondido. Le parecía suficiente, un gran logro en su vida, si se convertían en amigos.
Nanase al entrar se fijó que el asiento de Makoto estaba ocupado por su dueño, le hizo un gesto con la cabeza, e inició con su clase. Si bien, Makoto ya sabía que el profesor no les ofrecía ninguna preparación antes de recitar la materia, tardó varios minutos en concentrarse, pues ya estaban en invierno y el profesor solo llevaba un ligero abrigo.
Makoto no podía dejar de pensar que tendría frío. Si hasta les daba clases con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.
Al finalizar la clase, hicieron una fila para entregar sus cuestionarios completos sobre la visita al Acuario.
—Me alegra que hayas regresado—le dijo su compañera que estaba delante—. Si necesitas apuntes, te puedo prestar los míos.
Makoto asintió, y cuando se dio cuenta el profesor les estaba quitando de las manos sus papeles.
—Profesor—dijo su compañera—. Tachibana y yo podemos trabajar juntos en el proyecto de dibujo.
Makoto levantó una ceja, preocupado, al escuchar "dibujo". Nanase solo dijo:
—No hace falta. Tachibana tendrá examen pasado mañana.
—¿La próxima clase? ¡Pero no me dará tiempo de estudiar!—gimió, medio desesperado.
—Puedo ayudarte a estudiar—intervino su compañera, el profesor se alzó de hombros.
—¡Tengo muchas dudas!—susurró Makoto, más para sí mismo, sacó apresurado su cuaderno, le prometió a su compañera que se verían al día siguiente después de almuerzo para estudiar y no dejó que el profesor se marchara hasta que le resumiera buena parte de sus lecciones. Él anotó todo.
.O.o.O.
—Perdón el retraso—le dijo su compañera, cuando se vieron en la biblioteca, dos horas después de la hora fijada—. El profesor no me dejaba irme—se quejó.
—¿Tenías clase? Espero no incomodar.
—Me refiero a Nanase. Como estamos trabajando en el proyecto de dibujo, nos dijo que nos llevaría a la tienda de suministros donde él compraba. Aprendí mucho sobre materiales y pinturas, pero jamás pensé que fuéramos a durar cinco horas. Tardó tanto ayudándome a escoger, fui de las últimas. Creí que no me esperarías—agregó, con una sonrisa.
—No hay problema… Adelanté un poco.
—Ya veo. Un examen con Nanase es lo peor. Lástima que no estés en el proyecto de dibujo. Nanase de verdad hace lo que quiere. Le deja a cada persona un trabajo distinto.
—Yo no dibujo muy bien.
—¿En serio? ¿Por qué matriculaste con Nanase? Pensé que a todos sus estudiantes nos interesaba la especialización en dibujo técnico. Tenemos compañeros de la facultad de Bellas Artes que lo soportan solo para aprender de dibujo.
—No sabía—murmuró Makoto, rascándose la mejilla con el borrador del lápiz. De nuevo, la voz de sus amigos le susurraba que matricular con Nanase era una mala idea.
Su compañera miró la ventana y con una sonrisa dijo:
—Llegué justo a tiempo. Acaba de empezar a nevar. Solo logramos que Nanase nos dejara libres cuando le dijimos que nevaría y tendríamos problemas para regresar. Creo que algunos chicos todavía están con él en la tienda.
Makoto miró hacia la ventana y vio copos de nieve cayendo, muchos. Se sintió intranquilo. Si Nanase tenía por hábito vestir poca ropa, era probable que en estos momentos estuviera camino a su casa o aula, cargando una bolsa o más con materiales, vestido con ropa ligera. Y justo en medio de una tormenta de nieve. Porque el montón de copos que veía, solo podía significar una tormenta.
—¿Tachibana?—lo llamó tímidamente la muchacha.
—Lo siento—repuso él—. Solo estaba pensando.
—Te ves preocupado—murmuró ella.
—¿Te puedo invitar a un café?—dijo él—. Parece que tienes frío, y no me parece justo que estés aquí conmigo cuando deberías estar en casa abrigada.
Makoto se sintió mal y se lamentó de sus palabras cuando las mejillas de la mujer se enrojecieron. Pero fue lo único que se le ocurrió para salir de ahí.
—¿Sabes? No tenemos que ir a ningún lugar, podemos comprar el café en la máquina. Después de todo, tienes examen mañana, y no quiero atrasarte.
Makoto asintió a la propuesta y antes de que la caída de nieve empeorara, se despidieron. De camino por un barrio comercial afueras del campus universitario, Makoto escuchó que lo llamaban. No tardó en ubicar a varios de sus compañeros del Seminario de Cetáceos apiñados en la puerta de una tienda de suplementos de pintura.
Nanase estaba con la ropa que Makoto se habría imaginado que tendría. Se acercó a ellos y, de uno en uno, conforme algún valiente o apresurado se atrevía, se fueron despidiendo hasta que quedó solo con Nanase.
—Los tríceps sirven de algo o son de apariencia.
El tiempo para Makoto se detuvo. Nanase, como siempre, soltó la frase, que ni parecía pregunta, de la manera más directa y normal. Sus ojos, examinadores, clavados en el cuerpo de su estudiante.
Cierta tensión se apoderó del cuerpo de Makoto. Él había sudado y sufrido el dolor que formar músculos implica. Desde niño, había practicado diferentes deportes, y él no era un tipo que solo alzaba pesas y no sabía lo que significaba un día de pierna.
Él era fuerte, sano, atlético… y sus músculos servían para algo.
Pero, por dentro, temblaba como una hoja, con el estómago revuelto y las piernas a segundos de derrumbarse. Se sentía tan temeroso de demostrarle al profesor sus atributos, le daba tanta pena que el profesor lo mirara…
Al final, se decidió por lo que parecía la acción más discreta, y dejó de darle vueltas a la idea insistente de que el profesor se fijaba en su cuerpo y que le prestaba atención. Así que tomó las bolsas que el profesor sostenía y se ofreció a cargarlas.
No eran -ni por asomo- pesadas. No deberían suponerle ninguna carga a su profesor. Con el estómago burbujeante, pensó si pedirle ayuda en algo que no necesitaba era una técnica de Nanase para pasar más tiempo con él.
Makoto observó la calle que les esperaba. Ahora que estaba con Nanase al lado, se dio cuenta de que realmente no era una tormenta. Él solía exagerar sus experiencias, como le decían sus amigos del colegio, y por eso encontraba tantas cosas a las cuales temer. Sin embargo, no quitaba que caían algunos copos de nieve, hacía frío y el profesor vestía un estilo medianamente veraniego.
Nanase miraba a los peatones, y parecía esperar que su estudiante hiciera el primer movimiento, para moverse él también. Lo que no podría saber era que Makoto estaba planeando cómo acercársele.
Makoto no se consideraba una persona que se aprovechara de su altura, más bien andaba por la vida, con un cuerpo que quizá era demasiado grande para su alma, pero movido por la necesidad de ofrecerle protección a Nanase contra las inclemencias del clima, aprovechó su altura para ponerle su bufanda al profesor.
Cuando Nanase trató de reaccionar, ya estaba demasiado atrapado en el calor de la bufanda alrededor de su cuello.
—¿Hacia dónde?—preguntó Makoto, ignorando lo que acababa de suceder y fuera del techo protector de la tienda.
No le sorprendió que Nanase lo guiara al mercado de pescado. Makoto esperó observador mientras Haruka compraba macarela en un puesto, el vendedor lo saludó alegre y Makoto pensó que las personas que rodeaban a Nanase siempre sonreían: aquel guarda del acuario, Kou, el vendedor de pescado, el conserje que le pedía que dejara el aula porque ya se había extendido su tiempo.
Nanase le tendió a Makoto la bolsa de papel con los filetes de pescado y continuaron su marcha silenciosa, por diferentes callejuelas, sin alejarse mucho del campus de la universidad. Haruka se detuvo frente a un edificio de dos pisos, el primero era una librería.
—Vivo arriba.
Makoto asintió, pero no pudo entregarle las bolsas, como planeaba, porque ya el otro estaba subiendo las escaleras. Lo siguió, hasta el zaguán del apartamento, donde las colocó, sin atreverse a entrar ni a mirar de más. Quería olvidar dónde vivía, porque sabía que inventaría excusas para pasar cerca.
Podía sentir los ojos azules de su profesor clavados en él, como si estuviera evaluándolo, o como si él fuera una macarela que caminaba.
—No deberías hacer esto—Makoto lo miró a los ojos, un poco sorprendido por las palabras elegidas. Solo esperaba un "gracias" y poder marcharse—. No deberías cargarle las bolsas a tus profesores—agregó Haruka.
—No es problema—murmuró Makoto y aunque trató de sonreír, no pudo.
—Pero mejor no lo hagas.
Makoto abrió la boca, no sabía ni para qué, ¿qué podría decirle? Ya entendía de qué se trató todo: Haruka lo había llevado a un lugar privado para salvarlo de una vergüenza pública. Haruka solo quería decirle que dejara de mirarlo tan intensamente, que dejara de fomentar sus conversaciones, de pasar tiempo con él fuera de clases, que respetara su relación de estudiante-profesor y de acosarlo.
—Entiendo—dijo Makoto.
Haruka se quitó, parsimonioso, la bufanda y se la entregó. Ambos se cuidaron de tocar la tela por sus extremos, de forma que se evitara cualquier roce de sus manos.
.O.o.O.
Makoto pasó el fin de semana recordando el sonrojo de su profesor cuando le halagó por su explicación del tiburón ballena. Se suponía que debía recordar su expresión fría cuando le dijo que "no debería cargarle las bolsas a sus profesores", porque la idea era olvidarse de Haruka y seguir con su vida, no sentir mariposas en el estómago.
Pero él, necio, recordaba la bonita expresión de su profesor -¡un adulto once años mayor que él!
Asistió a la clase de Nanase, solo porque le había prometido a su compañera que vería su proyecto de dibujo terminado, pero después de eso, dejaría el curso. Era vergonzoso que un profesor le pidiera que dejara de acosarlo. Y como no estaba tan seguro de poder controlar su mirada o su deseo de abrigarlo, mejor cortaba por las buenas.
O algo así eran sus pensamientos fatalistas. Pero conforme sus compañeros le enseñaban los dibujos empezó a olvidarse de esas razones, para plantearse otras que justificaban con igual fuerza su renuncia… Se permitió reír cuando su compañera, de una manera amable, llamó panda a la orca que le insistieron que dibujara.
Pobre Makoto, se reía con sus compañeros, mientras su decisión de abandonar el curso se afianzaba. Él no sabía dibujar, y sin ninguna habilidad más que responder con un setenta por cierto de acierto las preguntas de los exámenes de Nanase, no tenía nada qué ofrecer en ese curso.
Ya se estaba levantando para irse cuando vio entrar a Nanase acompañado de Rei Ryugazaki, uno de sus amigos del colegio, quien dígase de paso nada tenía qué hacer en ese edificio. Al verlo, Rei le sonrió y le hizo un gesto con la mano para que se acercara.
—Él es el estudiante que le comenté, profesor Nanase—explicó Rei, y Makoto pensó que su cercanía eran malas noticias para él—. Desde el colegio, tenemos la costumbre de estudiar juntos. Así fue como me enteré de su conocimiento...
—¿Rei, estás haciendo una investigación sobre cetáceos?—preguntó Makoto, con cuidado; sus ojos decían: ¿por qué me saltaste y acudiste de una vez al profesor lunático?
Sin embargo, Nanase fue quien respondió.
—Un pastel. Rei quiere que haga un pastel para sus amigos, ¿eso te incluye, Tachibana?
Las mejillas de Rei se enrojecieron y se tapó el rostro con la mano, mientras simulaba que acomodaba los lentes, un gesto de nerviosismo que Makoto le conocía bien.
—¿Por qué?—fue lo único que se le ocurrió decir a Makoto.
Rei fingió que tosía.
—¿Cómo sabes que hago pasteles? —le preguntó el profesor a su estudiante.
—Yo no sabía que hacía pasteles. No tengo nada que ver con esto. Rei solo me ayudó a estudiar para el primer examen.
—Yo lo averigüé—explicó Rei—. Después de ver la materia que entraba en el examen, tuve muchas dudas sobre su calidad como profesor y como Makoto se rehúso a darme su nombre, lo investigué. Recordé que hace muchos años usted había hecho un pastel con figuras en pasta australiana de un delfín y un tiburón.
—Oh, no. Rei, no—gimió Makoto, en voz baja.
Él también recordaba ese pastel: cuando estaban en primaria solían reunirse para mirar las actualizaciones del perfil de Tumblr de Rin Matsouka, el nadador. Nagisa se había emocionado mucho cuando Rin subió una fotografía de un pastel que supuestamente Haruka Nanase había horneado para él.
Nanase prefirió ignorar la historia de por qué Rei recordaba un evento tan superfluo que ocurrió hacía casi diez años.
—Y ahora quieres que yo haga otro igual con... ¿un pingüino, una mariposa y una orca?
—Así es, Nanase-san. Para mi mejor amigo. Será algo realmente especial para nosotros... Para celebrar nuestra amistad.
—Necesitaré los materiales.
—No, no, no—gimió Makoto. Con los ojos le decía a Rei que se detuviera, pero Rei ya había conseguido lo que quería y su determinación era fuerte, para muestra: pasó de ni siquiera saber flotar a dominar todos los cuatro estilos de natación. Nagisa tendría un pastel horneado por su héroe de infancia.
—No hay de qué preocuparse. Me encargaré de todo. Inclusive, solicité las instalaciones del laboratorio químico del edificio de biotecnología para que prepare el pastel en ese lugar.
—Para cuándo.
—Para el primero de agosto.
—Faltan nueve meses—indicó Haruka, con las cejas levantadas.
—Estoy consciente de eso.
—Rei... No le puedes pedir al profesor que haga un pastel.
—Puedo hacerlo hoy.
—No hace falta. El laboratorio estará listo el 31 de julio.
—Practicaré uno hoy.
—Vi su talento, estoy seguro de que será excepcional, aunque no practique cómo hacerlo.
Haruka suspiró, se giró hacia la clase. Rei ignoró la mirada de súplica de Makoto y le sonrió. Nagisa realmente se pondría muy contento.
—Lleven sus proyectos a la oficina de Kou en la facultad de Ciencias del Deporte—dijo el profesor, en voz alta—. Vean el documental estadounidense The Cove. Lo comentaremos la próxima clase.
Sus compañeros asintieron y empezaron a guardar sus caballetes y pinturas. Algunos se acercaron para pedirle consejos de dibujo.
—Makoto-sempai—murmuró Rei, mirando a la clase—. ¿Iremos a hornear un pastel, en este momento?
—Creo que sí.
—¿Ahora? No sé si el director me permita usar las instalaciones. Me costó mucho conseguir la autorización para el otro año.
—No puedo creer que hayas buscado a Nanase para cocinar un pastel.
—Lo increíble es que no nos hayas dicho que era tu profesor. No sé si Nagisa te perdonará que no le hayas contado—Lo miró acusador, Makoto le sonrió a modo de disculpa—. Además, deberías agradecerme por esta idea. Nagisa se alegrará mucho.
Un ruido de lapiceros cayéndose al suelo los interrumpió. Ambos se agacharon para ayudarle a una compañera a recogerlos.
—Gracias—dijo la muchacha, tímidamente—. Tachibana, me preguntaba si... si... el documental que el profesor dijo, ¿ya lo viste?
—The Cove—le aclaró Rei a Makoto, pues ni siquiera había prestado atención.
Makoto frunció un poco el ceño.
—Lo he visto.
—...
—¿Quería verlo con Makoto?—preguntó Rei, con una confianza y desvergüenza que normalmente no empleaba, pero de la misma forma en que se atrevió a interceptar al ex nadador olímpico Nanase para pedirle un pastel para un amigo, ayudaría a Makoto a conseguir pareja. Era un tema que había hablado con Nagisa y a los dos les preocupaba que Makoto aun fuera soltero. Se merecía una buena compañía.
La muchacha asintió.
—Pero solo... solo ¡si Nagisa no se enfada!
—¿Por qué Nagisa se enfadaría?
—¿A caso no es tu novia?—preguntó ella, con miedo.
—Nagisa es hombre—respondió Rei.
—Ah. Ya veo. Creí... como dijo que se enfadaría… No era mi intención escuchar.
—Somos amigos desde niños—dijo Makoto, restándole importancia.
—Vamos—los interrumpió el profesor. Ya la mayoría de estudiantes había salido, después de aclarar sus dudas.
—Sí, señor—exclamó Rei.
La muchacha miró curiosa al profesor, que a su vez, miraba a Makoto, a pesar de que Rei ya estaba emprendiendo la marcha. Makoto balanceó su peso de una pierna a otra, dudoso sobre qué hacer. Pero la mirada seria de Haruka, le quitó las dudas. Se despidió de Rei y se marchó junto con su compañera.
El plan era "dejar de hacer lo que estaba haciendo", como le había pedido el profesor. Así que aunque no estaba del todo seguro sobre qué pretendía hacer con el profesor, porque sus conversaciones y hasta sus silencios le parecía que fluían cómoda y naturalmente, Nanase le había pedido que dejara de hacerlo.
Makoto podía sentir los ojos del profesor clavados en su espalda, y que su compañera mientras salían mirara a Nanase con un gesto confundido solo confirmaba que el profesor lo continuaba viendo. Y Makoto estaba tan consciente de esa mirada, que se le olvidó ofrecerle el servicio de sus tríceps a su compañera .
.O.o.O.
En la tienda de alquiler de películas, se encontraron con dos de sus compañeros que habían aprovechado para alquilar la cinta, así que entre todos la alquilaron y escogieron un apartamento cercano para verla. No era la cinta favorita de Makoto y no tenía ganas de demostrarle a sus compañeros que tan sensible era, así que cuando vio que Rei lo llamaba, sonrió. Después se regañó mentalmente, Rei estaba con Nanase, así que probablemente eran pésimas noticias.
—Makoto—susurró Rei.
—¿Qué sucede? ¿Por qué hablas así?
—Tienes que venir—le dijo en el mismo susurro. Se escuchó una puerta que se cerraba cuidadosamente.
—¿Rei, dónde estás, estás bien, qué está pasando?
—¿Sucede algo, Tachibana-kun? —le preguntaron sus compañeros. Él trató de sonreírles, pero no era muy bueno fingiendo cuando realmente estaba preocupado.
—Tienes que venir. Ya compramos todo, pero Nanase no iniciará hasta que vengas.
—¿Qué?
—Prométeme que vendrás. Estamos en el laboratorio de biotecnología.
—Rei...
—Ven. Por Nagisa.
Veinte minutos, Makoto entró al laboratorio y se encontró con su profesor cocinando con Rei. Rei siempre había sido bueno para cocinar, pues preparaba todas sus comidas, pero pensó que debía sorprenderse de verlos llevarse bien. No le sorprendía, le parecía natural su cercanía.
Como si Nanase fuera un amigo más.
—Le dije que vendría. Makoto siempre cumple sus promesas—le dijo Rei a Nanase cuando Makoto entró.
Nanase asintió.
—Se necesitan tres personas para hacer esto.
Rei miró a Makoto ansioso, pidiéndole ayuda.
—¿Qué… qué necesitan que haga?—preguntó, suavemente.
—Que vigiles la puerta.
Makoto no entendió a qué se refería. Rei le insistió para que fuera a vigilar.
—Entramos sin permiso. Vigila.
—Oh, cielos. ¿Y si viene alguien qué se supone que haga?
—Decirnos—respondió Nanase, y miró los amplios escritorios—. Después, los tres nos escondemos.
—Esto es… ¡Viene alguien! Oh, pasó lejos. ¿Cuánto falta? No creo poder soportarlo. ¿La luz tiene que estar apagada? ¿Qué haremos con el olor? Terminaremos en prisión por allanamiento y destrucción de propiedad estatal. Santo cielo. Mis padres me matarán, seré el peor ejemplo para mis herman...
—Tachibana, concéntrate.
O.o.O.
Escondidos, bajo los escritorios del laboratorio de biotecnología, Makoto, con un mordisco, le arrancó la cabeza a una orca de pasta australiana. Nunca había probado algo tan rico, y eso que ya había terminado con su enorme porción de pastel.
—Para la próxima vez, haré un delfín—decidió Haru mientras se comía la cabeza del pingüino.
—Muchas gracias, Haruka-sempai—susurró Rei, con un verdadero sentimiento de afecto brillando en sus ojos.
Makoto sonrió, y Nanase ladeó el rostro para esconder su propia sonrisa.
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Continuará...
¡Hola!
Gracias por llegar hasta aquí. Un poco del pasado de Haru y Makoto, Rei y sus ideas, y Makoto siendo tonto respecto a su curso. Espero me puedan contar qué les pareció.
Los estudiantes no tienen nombre, porque me da pereza :p y básicamente he estado escribiendo sílabas que suena a apellido japonés para nombrarlos. Por otro lado, aun no sé cómo hacer que aparezcan Nagisa y Rin, pero creo que en el próximo veremos a la familia Tachibana en su máximo esplendor y a Kisumi.
Espero se hayan entretenido y si tienen algo de tiempo, pueden contarme qué opinan. Aprecio mucho su tiempo, opiniones e ideas.
Gracias por leer, guardar en favorito, alerta y comentar.
Nos leemos
