ahora
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-No puedes estar hablando enserio – el susurro de Edward es tan bajo que casi no se oye pero Isabella lo ha oído bien, ella mira el horror, la tristeza y la rabia en su mirada mientras se aleja de ella.
-No puedo simplemente jugar con esto, Edward. – musita bajo y suspira, ya no le teme al dolor ni al cansancio, no le teme al desgaste, tampoco a la muerte. Ha vivido para ver a su hija una última vez, eso es suficiente. Edward se muerde el labio inferior con fuerza y niega mientras las lágrimas comienzan a aglomerarse en sus ojos.
-No puedes… no… - toma aire y se agacha frente a ella, toma sus manos nervioso y angustiado – tienes tratamiento, verdad? Estás en tratamiento – afirma y asiente con la cabeza para creérselo – esto es solo una fase, tú… tú vas a salir de esto, lo sé. Tú…
-No, Edward. No creo que eso pase – musita con la voz entrecortada – he perdido mucho tiempo, tuve tratamiento al principio y sigo tomando medicinas pero… mis fondos se han ido y no… simplemente ya no puedo.
-No importa, yo pagaré todo, sabes que tengo como pagarlo. Bella nena, tenías que haber venido hace mucho, yo te habría ayudado y….
-No, Edward. No es solo el dinero… eso no me importa. Ya estoy… cansada, agotada de esto. De vivir así, no lo soporto más. – Aprieta los labios mientras la barbilla le tiembla debido al llanto que trata de contener – me rindo – susurra y él niega frenéticamente.
-No, Bella… no, tú no, nena. No, no puedes hacerme esto, no puedes hacernos esto. Llegaste hasta aquí para ver a Belli y luego irte? Abandonarnos? Echarte a morir en alguna parte? – pregunta con rabia y una inmensa melancolía que hace dolerle el corazón. – no, Isabella. No puedes.
-Por favor, Edward, solo…
-No! – grita poniéndose de pie, se siente agitado, desesperado, se pasa las manos por el cabello y mira alrededor reparando en Emmett que sigue serio mirándolos a ambos. – tú… - dice enseguida, iluminándose con la idea – tú eres doctor, tu puedes curarla, no?
-hermano, yo soy neurocirujano, tengo conocimiento de la medicina en general y sé cocer heridas pero no puedo curar un cáncer, no sé cómo. – Contesta con pesar – lo siento.
-Pero tienes este amigo tuyo… ham… - camina desesperado por el salón – Marcus, no? Él es oncólogo, el mejor de todo el maldito país.
-Sí, pero…
-Llámalo – ordena – pídele el favor, que vea a Isabella.
-Edward, para – Bella se levanta del sofá llamando su atención – no me gusta verte así, por favor, para. No hay más salida.
-No, no me resigno. Quiero verlo por mí mismo. – Isabella suspira cansada.
-Todos mis exámenes están en el auto – musita volviendo a sentarse y se pasa una mano por a frente, está sudando.
-Te sientes bien, Isabella? – pregunta Emmett agachándose frente a ella. Esta jadea buscando aire y niega mareada.
-Necesito mis… mis medi… medicinas… no puedo… - un segundo más tarde vuelve a desmayarse.
-Bella! – exclama Edward corriendo de nuevo a su lado – oh, joder! – gruñe tocando sus manos frías. – Emmett, por favor. Llámalo, quiero constatarlo por mí mismo. Ella no puede morir. – Emmett resopla mientras vuelve a revisar los signos vitales de Isabella y gruñe.
-Ve por las cosas de ella a su auto, los medicamentos y los malditos papeles – Edward se levanta rápidamente para salir corriendo – y Edward? – Este se detiene para ver a su hermano serio – ahora si vas a contarnos que mierda fue la que pasó hace diez años. – él aprieta los labios y asiente, les debe eso después de todo, sus hermanos le ayudaron con todo sin recibir ningún tipo de explicación a cambio.
Edward corre toda la entrada hasta la camioneta de Isabella, es una camioneta de segunda mano bien conservada, se mete en esta y mira que apenas hay un bolso en la parte de atrás, algunas carpetas en el piso y su cartera en el asiento del copiloto, el auto parece un campamento, dónde estabas, nena? Se pregunta mientras conduce de regreso a la casa, cuando está cerca ve a Emmett salir de la casa con Isabella en brazos, el corazón se le acelera más asustado y se baja enseguida.
-Abre atrás – le ordena Emmett y enseguida abre la puerta trasera.
-Qué pasó? – pregunta cuando ya están adentro.
-Arranca el puto auto a la clínica St James, no quiere despertar.
-Joder – un gruñido angustiado sale de su boca y derrapa en la entrada buscando salir de los confines de la casa, las verjas se abren antes de llegar y conduce lo más rápido que puede sin dejar de mirar la carretera, quiere ver a Isabella, mirarla por el retrovisor pero sabe que es una mala idea.
Quince minutos más tarde Emmett corre con Isabella en brazos por la entrada de emergencia de la clínica, Edward va detrás de él asustado viendo como los brazos de Isabella caen inertes a sus costados y su cabeza cuelga de los brazos de su hermano, no tiene su peluca, no se ve igual sin ella pero eso no le importa, la quiere a ella sana y salva.
-Espera aquí, Edward – gruñe Emmett y Edward se detiene en las puertas que llevan al ala de camillas, sabe que debe quedarse, ponerse histérico y pelear por querer ir con ella retrasaría todo y solo quiere verla despierta y bien. Dos minutos más tarde Emmett vuelve a aparecer – busca los medicamentos y los estudios de Isabella, no podemos diagnosticar nada sin saber que le pasa.
-De acuerdo – Edward corre de regreso al auto y saca todo, su cartera, bolso y carpetas, regresa a la sala de espera y le entrega la carpeta a Emmett la cual empieza a ojear enseguida, Edward busca en la cartera y el bolso de Isabella encontrando más de quince frascos de medicina – esto es… demasiado – musita sacando todo lo que encontró. Emmett hace una mueca con la boca al mirar los frascos y la carpeta llena de informes.
-No los suficientes, ella no está realmente bien. – Murmura y toma todos los frascos en sus manos – espera aquí. Iré a hablar con Marcus. Ya están estabilizando a Isabella.
-Cuando podré verla? – pregunta asustado.
-Cuando despierte podrás entrar. Deberías llamar a Jasper y ponerlo al tanto, Belli va a cenar sin nosotros.
-De acuerdo – Ve a su hermano desaparecer por las puertas de la sala de emergencia y suspira, saca su teléfono y lama a Jasper. Cuatro repiques después este le contesta.
-Donde están, Edward? hemos vuelto a la casa y no hay nadie!
-Donde está Isabel? – pregunta ansioso y nervioso.
-Ha subido a darse un baño. Que pasa, dónde están? – Edward escucha el jadeo de su hermano – y por qué hay una peluca en el mueble del salón?
-Jasper, necesito que ocultes esa peluca, que Belli no la vea. Estoy con Emmett en la clínica St James, Isabella se puso mal y… luego te lo explico todo pero no creo que volvamos por el resto del día.
-De acuerdo, solo… avísame como va todo, yo entretengo a Belli.
-Gracias – cuelga la llamada y comienza a caminar de un lado a otro por la sala de emergencias, está ansioso, asustado, frustrado, completamente impotente, no puede creer aunque ella haya aparecido, él estuvo buscándola un tiempo, estaba desesperado por respuestas, tenía que entender por qué estuvo distante, que le explicara por qué había escapado, intentaba no perder las esperanzas por él y por su hija, nunca dio con ella, ni siquiera los detectives privados habían podido localizarla.
Al final se dio por vencido, ella le había dicho que algún día volvería a verlos pero no pensó que pasaría una década para que eso sucediera. Se sienta en la incómoda silla y en contra de sus principios comienza a revisar el bolso de Isabella, ahí tiene algo de ropa, más que todo ropa vieja, demasiado usada, abre los bolsillos más pequeños y en una encuentra una foto, los ojos se le llenan de lágrimas al verla, al reconocer ese recuerdo.
Solo ellos dos, sentados en una banca en el parque de Port Ángeles, era la primera vez que salían a pasear en su estado de gestación después de la amenaza de aborto. Ella estaba molesta y quería salir de la casa, quería caminar, quería aire fresco, él no pudo negarse, caminaron lo más lento posible hasta el parque más cercano y luego se sentaron a ver a las familias a sus alrededores, Isabella se veía preciosa con su hinchado vientre, él había comenzado a acariciar su estómago cuando la bebé comenzó a moverse. Ella tomó la foto.
Claramente se veía a ella sonriendo a la cámara con su lindo vestido blanco floreado, su enorme vientre y Edward acariciándole la prominente barriga mientras hablaba con su bebé, mientras le decía cosas dulces y le besaba cuando la sentía moverse bajo sus manos. Era perfecto, ellos eran perfectos. La foto estaba gastada y algo arrugada y aun así seguía mostrándole lo perfecta que fue su vida entonces.
Siguió revisando el bolso y encontró un sobre con una carta, no tenía remitente ni nada pero se veía vieja, decidió no tocarla, ya estaba invadiendo demasiado su privacidad. Siguió buscando y encontró la cadena de filigrana de oro que él le había regalado, tenía un dije en forma de corazón con circonio y detrás las iniciales de ambos. Se lo había dado hace tanto tiempo. Los recuerdos dolían pero era mejor que nada.
Cerró el bolso y comenzó a buscar en su cartera, ahí tenia lo básico que tienen todas las mujeres, cepillo para el cabello, maquillaje, labiales, toallitas húmedas, una libreta pequeña con números telefónicos y su monedero, lo abrió para ver otra foto, era la misma que vio hace un momento pero esta era más pequeña y estaba más conservada, encontró su identificación, su carnet de conducir y bastante dinero, demasiado dinero. Entre los compartimentos de las tarjetas encontró varias más y frunció el cejo confundido al encontrar un puñado de identificaciones falsas.
-Pero que… - se detuvo mientras las sacaba una a una.
Isabella Lowel, Mississippi
Isabela Baines, Montana
Isabella Resse, Illinois
Isabella Cotwell, Wyoming
Isabella Stratham, Louisiana
Isabella Smith, New York
Isabella Duncan, California.
Había un total de siete identificaciones falsas en su monedero, no había nada más, eso le estaba preocupando, por qué necesitaba ella siete identificaciones falsas? Por qué había viajado tanto? De qué se estaba escondiendo? Era solo una parte de las preguntas que Edward estaba haciéndose en su cabeza. Guardó todo dispuesto a hablarlo con sus hermanos y con Isabella luego y esperó.
-Edward – este levanta la mirada para encontrar a Emmett yendo hacia él, se pone de pie enseguida esperando noticias – ya está estabilizada, su estado es delicado y no tiene mucho tiempo de estar operada, las emociones de hoy y el haber montado a caballo le han hecho daño. Se le está administrando su tratamiento usual vía intravenoso y un suero para hidratarla.
-Ha despertado? – pregunta nervioso pero levemente menos asustado.
-Aun no, es complicado, los estudios que tiene han sido realizados en hospitales de bajos recursos, Marcus ha recomendado repetírselos para verificar o descartar algunas de las lesiones y enfermedades que muestran sus estudios.
-Enfermedades? – Pregunta atemorizado – cuantas tiene? No es solo el cáncer? – Emmett niega con pesar.
-Los últimos estudios que se realizaron después de la cirugía craneal muestran una rotura de un ligamento y meningitis. Y una falla de riñón.
-Oh, joder – susurra pasándose las manos por la cara intentando absorber todo – puede hacerse un trasplante de riñón no es así? – pregunta nervioso.
-Si se puede, pero de nada serviría, el consejo médico no aprobaría un trasplante si su tiempo de vida es limitado. Hay que descartar y reanalizar el examen de meningitis y la propagación de un cáncer.
-Por qué la operación fue craneal? – pregunta Edward cruzándose de brazos, quiere entender todo lo que puede.
-fue un tumor, Edward. Un tumor cancerígeno en su cerebro, fue una operación riesgosa, vi los informes y las tomografías y era un lugar difícil al cual acceder pero lo lograron, se supone que la quimio eliminan el resto o algún residuo pero fue un poco más complicado que eso.
-Entonces…
-entonces – continua Emmett – hay que rehacer los exámenes para saber si su calidad de vida es tan limitada como muestra estos exámenes anteriores. Le diré a Marcus que le dé prioridad a Isabella. Pero esto es algo que no podemos apresurar, de acuerdo?
-De acuerdo. – murmura Edward cansado, tiene demasiadas cosas en la cabeza, demasiado que asimilar, demasiado que pensar, su vida había sido tan monocromática durante su ausencia, lo único que le daba color era su hija, su pequeña nena tan igual a su madre y ahora no sabe qué va a pasar si ella muere y vuelve a abandonarlo.
-Bien, iré a ver cómo sigue y aprovecharemos de hacer varios de los exámenes mientras está inconsciente.
-Tu también lo harás? Pensé que Marcus lo haría – murmura Edward confundido. Emmett asiente levemente.
-Sí, lo sé. Pero su caso no es un cáncer leucémico o un cáncer de estómago, es un cáncer cerebral, la neurocirugía y la oncología van de la mano aquí. Y siendo el jefe de cirugía me doy el privilegio de vigilar todo de cerca. Deberías ir a casa, pasar un tiempo con Belli y volver mañana, esto va a ser algo complicado.
-Emmett, no creo que…
-No me contradigas, Edward – gruñe Emmett bajo. - Isabella no va a despertar hoy, se va a mantener dormida hasta que recupere fuerzas, el tratamiento la mantendrá demasiado débil. Apenas es medio día y Belli se va a preguntar que carajos pasa. Ve a casa, pasa tiempo con ella y mañana luego de que la dejes en el colegio vienes. – Edward suspira y asiente, sabe que Emmett tiene razón pero le asusta no volverla a ver.
-De acuerdo, pero avísame si sabes algo más y si despierta.
-Lo haré. Ahora vete.
Edward regresó a casa con la cabeza hecha un lio, todos sus sentimientos, esos que creyó haber encerrado bajo llave estaban volviéndolo loco, tantas preguntas estaban acumulándose en su mente, junto con los nervios por tener que hablar con sus hermanos. Estaba angustiado, asustado, triste y molesto, si ella se hubiera quedado con él, si ella no lo hubiera dejado como lo hizo, no entiende que fue lo que pasó, no entiende que la llevó a alejarse de él a último momento, quiere poder entender todo.
Necesita sacar el rencor que siente hacia Isabella de su sistema, lo ha guardado mucho tiempo, preguntándose contantemente "Acaso no somos suficiente motivo para ella?" estuvo listo para un enfrentamiento por los primeros cinco años, listo para pelear, para reclamarle, para gritarle todo lo injusta y mala que había sido con ellos al final pero luego ella nunca apareció, era como si hubiera muerto y toda la rabia de él se volvió tristeza y anhelo. Contantemente rezaba para que llegara a su puerta y así poder abrazarla y pedirle que nunca se fuera pero parece que llegó muy tarde.
Aparca la camioneta de Bella al lado de su auto, siempre le han gustado los autos costosos y de última generación, su última adquisición fue un SUB Luxury del año color negro, a Belli le encanta y es bastante seguro, él pensaba llenar a Isabella de regalos y lujos como ese pero ella nunca se dejó, él peleaba con ella por eso pero ahora piensa que hubiera preferido no darle lujos ni regalos con tal de tenerla a su lado.
-Papi, dónde estabas? – Edward sonríe hacia su hermosa princesa, tiene un lindo vestido rosa y converse, su cabello largo y suelto y una espectacular sonrisa, es el clon de su madre, tan idéntica a ella en todo, hasta en el gusto en zapatos. Cuando la tuvo en sus brazos y se fue de aquel hospital decidió que se iría para siempre, que no miraría atrás, había decidido llamar a su bebé "Zoe" era un nombre lindo y nada tenía que ver con Isabella o con el nombre que habían elegido para la bebé pero en solo un segundo, una pequeña fracción de segundo que pasó en cámara lenta pudo ver los ojos de Isabella en su hija. Sabía que iba a ser su tortura vivir con la niña pero si era lo único que tendría de Bella entonces lo atesoraría siempre.
-Lo siento, princesa. Isabella se puso enferma y con tío Emmett la llevamos al médico. – No podía mentirle a su pequeña, nunca le había mentido, quizás no le decía todas las verdades pero intentaba decirle lo más posible. Su bebé era su vida, o la mitad de ella al menos. Belli hizo una mueca triste enseguida.
-Pero se encuentra bien? – pregunta con cierto toque de preocupación. Edward intenta sonreírle y niega.
-No del todo. Está internada en el medico, no creo que salga de ahí en unos días. Tío Emmett se ha quedado a cuidarla.
-Oh, qué triste, papi – musita frunciendo la boquita – pero tío Emmett va a curarla, él siempre me cura las heridas – Edward asiente y sonríe, esperanzado de que pudiera ser así de fácil – podemos ir a visitarla más tarde? – Edward se tensa pero reacciona enseguida.
-Lo siento, hija. Pero Isabella no puede recibir visitas. Cuando tío Emmett nos diga cómo está veremos si podemos ir, de acuerdo?
-De acuerdo. – Isabel abraza a su padre y Edward suspira con cansancio y tristeza.
-Ya almorzaste, cariño? – pregunta besando su cabello.
-Sí, Tío Jasper y yo ya almorzamos. Weilon dejó tu comida y la de tío Emmett en la cocina, ha ido a descansar.
-Está bien, cariño. Gracias. Creo que iré al estudio, aun no tengo hambre. Que vas a hacer? – ella sonríe a su padre.
-Voy a preparar mi uniforme y mi bolso para mañana.
-De acuerdo. Hiciste toda tu tarea? Ayer no te vi tomar ninguno de tus cuadernos.
-Todo listo, papi. Weilon me ayudó el viernes en la tarde.
-De acuerdo – besa su cabello y le sonríe – igual repasa los cuadernos a ver si no tienes nada pendiente. Nos vemos en un rato, bien?
-Sí, papi – la pequeña sale corriendo escaleras arriba y Edward suspira. No comprende aun cómo lidiar con todo lo que está en su cabeza. Se pasa una mano por la cara con gesto cansado y suspira.
-Vamos al estudio – levanta la vista para ver a Jasper recostado en el umbral del salón, no lo había visto y no sabía cuánto tiempo llevaba ahí. Edward asiente y caminan por el final del pasillo y entran al despacho de Edward. El lugar es bastante serio y lúgubre, todo es de madera marrón rojiza y barnizada, muebles, estantes, escritorio, libreros, las paredes de un color beige y el piso es un alfombrado color verde pizarra, sus hermanos le decían que parecía el estudio de un catedrático.
Jasper se va a la esquina cerca de la ventana que tiene vista al jardín lateral y sirve dos vasos con bourbon, le tiende uno a Edward que ya se ha sentado en su silla tras el escritorio y él ha ido hasta el sofá de cuero marrón, se sienta y bebe un sorbo mientras espera a que Edward diga algo pero este solo se encuentra mirando a la nada, perdido y angustiado. Jasper suspira y niega con tristeza, la última vez que vio a su hermano así fue hace cinco años cuando regresó de un viaje a américa.
-Edward, que ha ocurrido? – pregunta intentando sonar lo más tranquilo posible, el silencio de su hermano mayor lo está impacientando.
Edward mira a Jasper por un par de segundos, su cabeza duele a horrores. Lo ve calmado y tranquilo, de los tres, Jasper siempre ha sido el más sensato y serio a pesar de ser el menor. Él como el mediano era más impulsivo, aventurero, le gustaba tomar riesgos e improvisar sobre la marcha, Emmett por su parte siempre fue un tipo alegre pero lleno de responsabilidades, más inteligente que cualquiera y competitivo, excepto con sus hermanos, siempre iba a la par con ellos y los alentaba a ir por más.
-Isabella… - se detiene un segundo recordando como la había seguido a galope desde campo traviesa aterrorizado de que ella se marchara. – de desmayó mientras intentaba huir de aquí.
-De acuerdo – Jasper alarga la frase esperando a que diga mas pero Edward no lo hace – pasó algo más para que tuvieran que llevarla a la clínica? Tuvo que haber sido grave. – Edward no quiere explicar nada, está cansado y aturdido.
-Ella… - suspira con rabia porque no sabe cómo simplificarlo, no sabe cómo suavizar ese tipo de noticia. – demonios, Jasper. Ella tiene cáncer.
-Cáncer? – Pregunta en un susurro mientras deja el vaso de bourbon a medio camino de su boca – estás hablando en serio? – pregunta con asombro.
-Bueno, el hecho de que usa peluca, tiene medicinas para ello y un montón de estudios en carpetas en su camioneta, me dicen que sí. Si lo tiene – gruñe destilando sarcasmo y rabia.
-Pudo haberlos falsificado y…
-Emmett está con Marcus Vulturi haciendo todos los malditos estudios para descartar que tiene un tiempo limitado de vida, Jasper! – grita perdiendo la paciencia – no puede mentir sobre esa mierda!
-Bueno, no puedes culparme por dudar – murmura afincando sus codos a sus rodillas y lo mira expectante – si no mal recuerdo llegaste a casa de mamá hace diez años llorando con una bebé recién nacida en brazos, nunca dijiste nada sobre la madre y ahora resulta que una mujer, cuyo nombre es igual al de tu hija y es la viva copia de ella aparece en tu puerta y ahora tiene cáncer? Me suena a excusa barata!
-Basta! – Grita levantándose de la silla – entiendo la desconfianza, yo también lo hubiera pensado si me lo hubiera dicho, pero lo vi, Jasper, vi su cambio, vi la maldita cicatriz en toda su cabeza, la vi desmayarse frente a mi dos veces. Solo... – suelta el aire sintiéndose sobrepasado por toda la situación – es difícil, de acuerdo? Lo que pasé con ella fue… fue especial y sí, hay incógnitas que debo responderles a ustedes pero necesito que ella me responda otras a mí para entender que pasó hace diez años.
-Bien – Jasper se levanta del sofá y lo mira fijamente, son del mismo alto pero son increíblemente diferentes, Edward se parece a su madre mientras que Jasper se parece a su padre, aun así sus caracteres son iguales. – solo espero que la explicación sea razonable, una excusa barata no me hará perdonar el hecho de que haya abandonado a mi sobrina.
-De acuerdo – murmura este entendiendo. Él piensa lo mismo. Necesita saber qué fue lo que la impulsó a dejarlo con su hija recién nacida y desaparecer del mapa
hey!
les dejé mas incógnitas o ya están sacando sus propias conclusiones?
quiero saberlo!
volveré enseguida... publicaré antes de las 24hr
o 15hr.
