Capítulo 3
Ryuu
-¿De quién es el teléfono que está sonando? –Dijo irritada la tutora del departamento de arquitectura y no era para menos, el teléfono llevaba sonando ya un buen rato.
-¡Perdón! No me di cuenta, es mío. –era obvio que no estaba acostumbrada al tono de ese teléfono puesto que una sola vez marcó a ese teléfono para encontrarlo en su casa la primera vez que lo perdió (y una segunda vez, cuando lo olvidó en casa de Shizuru).
Esa llamada… sólo podía ser una persona.
Natsuki salió apresurada del salón y contestó la llamada.
-Soy Ryuu – dijo una voz masculina al otro lado de la línea. –usted ha tardado mucho en contestar ¿sabía usted que la vida de su padre y la de toda su familia dependen de esta llamada? –
Kuga sabía que su padre corría peligro… pero ¿toda su familia?
-Lo lamento, estaba en medio de una clase.
-Más importante que pedir disculpas, diríjase inmediatamente a la escultura del dragón que acaban de inaugurar. Resuelva el acertijo de la placa. -Así como así, terminó la llamada.
Siguiendo la orden de aquel extraño, Natsuki entró de nuevo al aula para luego salir una vez más con sus cosas, era imperioso hacer lo que ese hombre ordenaba... al parecer la vida de toda su familia pendía de un hilo.
-Hija… Natsuki… tu ¿sabes algo acerca del paradero de tu padre?-los años habían caído de pronto sobre aquella mujer de 34 años, parecía de más edad desde que comenzó la búsqueda de su marido.
-No… mamá… yo… realmente no sé nada.-dijo agachando la mirada.
Hacía ya casi seis meses que había desaparecido y la única persona buscando por su paradero era su esposa, y madre de Natsuki quien desde la desaparición prefiririó hacer oídos sordos a sus súplicas de buscar ayuda y localizar a Renji.
Un teléfono celular, esa era la única pista con la que contaba Natsuki… eso y la esperanza de que alguien llamado Ryuu algún día llamaría y daría (quizá) alguna pista del paradero de su padre.
Y aunque no supiera si tener esperanza en esa llamada le serviría de algo, ella seguía aferrándose a esa idea.
Entonces ¿porqué no ayudar a su madre en la búsqueda de Renji? No lo sabía a ciencia cierta, pero algo le decía que callarse cualquier detalle sería de más ayuda que tener a todo el personal de policía y bomberos buscando por su padre.
-Entiendo hija… no tenemos ninguna pista tu no me ayudarás a buscarlo. Siendo así me rindo.- dijo entristecida. Caminó hacia su recámara, ese lugar donde la mitad de la cama seguía vacía… donde una silla permanecía sola, donde lloraría una vez más la ausencia de su esposo.
Frente a la escultura, un montón de turistas se tomaban fotografías, era casi imposible para Natsuki llegar hasta la placa con tanta gente, además había poco tiempo.
-Disculpen ¿podrían permitirme pasar? Soy estudiante de Arquitectura y me gustaría recoger algunos datos acerca de este monumento para completar mi tesis. –de su cartera sacó su credencial que la acreditaba como estudiante universitario.
A pesar de la molestia que les ocasionaba, las personas alrededor del monumento se hicieron a un lado permitiendo que la peliazul pudiera acceder a la placa al pie del monumento.
El acertijo realmente era sencillo... pero había un serio problema para Natsuki y eso era que la placa estaba en chino LITERALMENTE.
"ahora sí salvaré a mi familia", pensó con ironía, bien podría buscar en el traductor de google, pero ¿cómo demonios iba a introducir esos confusos simbolitos con el teclado?
-te ves pálida ¿estás bien?
-No, no estoy bien, necesito traducir lo que sea que diga esta placa. –se mantuvo con la vista en la placa sin mirar a esa persona que le preguntaba por su estado.
-Su fuerza sólo puede ser igualada por el tigre... el equilibrio del mundo está en ambos-Inclinó la cabeza tratando de figurarse el verdadero significado. -si, me parece que eso es lo que dice, creo que se refiere al yin yang ¿algo más que pueda hacer por ti?
-no, muchas gracias. –levantó la mirada para agradecer a quien le había resuelto el acertijo.
Grande fue su sorpresa al encontrarse con una sonriente Shizuru, complacida por haberle sido útil por una vez en su vida.
-no hay por qué agradecer.
-¿q-qué haces aquí?
-me preocupé al verte salir tan precipitadamente del aula, tú nunca haces eso… y pues te seguí hasta acá ¿por qué tanto interés en el monumento que fundó mi padre? O más bien ¿por qué necesitabas traducir el contenido de la placa?
-eso no te importa… te agradezco tu ayuda y tu preocupación pero ya puedes irte.
-entendido majestad, llámeme si me necesita – dijo cortésmente entregando una tarjeta con su número telefónico impreso.
Por compromiso, Natsuki tomó la tarjeta y la guardó en su cartera. La guapa castaña se dio la vuelta y se alejó del lugar donde la peliazul continuaba de pie.
Luego de quince minutos, nuevamente ese teléfono volvió a sonar.
-¿Diga? –contestó Natsuki.
-Soy Ryuu ¿resolviste el acertijo?
-Lo hice… -dijo aún con la duda de si era correcto- se refiere al yin yang.
-¿yin yang? -Sonó sorprendido... como si se hubiese saltado alguna obviedad- Supongo que tiene razón, tiene sentido… bien, entonces la siguiente tarea es infiltrarse en la mansión Fujino.
Lo que le faltaba...
-¿cómo dice?
-lo que acaba de escuchar: debe entrar en la mansión Fujino y recuperar una carpeta negra con una media luna impresa al frente, en esa carpeta se encuentran los datos de la empresa que hace siete años fundó el señor Renji Kuga y que la familia Fujino llevó a la ruina. Tienes 48 horas para conseguir esa carpeta.
Sin más detalles, finalizó la llamada. El asunto del tal Ryuu, empezaba a poner ansiosa a la ojiverde.
Un par de asuntos molestaban a Natsuki.
Primero: tenía que aguantarse su orgullo y llamar a Shizuru para lograr entrar a esa mansión. Cosa que sería sencilla aunque la peliazul no estaba consciente de eso.
Segundo: si entraba a casa de los Fujino ¿cómo conseguiría esa carpeta sin que nadie lo note?
Además esas misiones no tenían ni pies ni cabeza, realmente le parecía que estaba resolviendo misterios estúpidos, pero si eso era lo que tenía que hacer para devolverle una sonrisa a su madre y restablecer la felicidad de la familia, lo haría.
El minutero del reloj en su recámara anunciaba que el tiempo del que disponía era cada vez menor, eran 42 horas las que restaban para completar la misión que se le encomendaba para recuperar a su padre.
-Jaque. - Dijo Shizuru en tono triunfante al colocar la pieza del caballo en posición para terminar con el rey blanco.
-Te estás volviendo buena es estos juegos… esta es la tercera vez que dejas al rey en jaque, sin embargo . –movió al rey una posición hacia la derecha dejando a la chica sin oportunidad de terminar ese juego.
-Jaque- Volvió a decir Shizuru trasladando a la reina negra hasta dos casillas a la izquierda del rey blanco
-caíste – dijo sonriente el padre, pues tenía una torre cerca del rey negro y sólo la reina le impedía el paso. – jaque mate!
-Esto se vuelve aburrido ¿sabes? -dijo Shizuru.
-sería divertido si elaboraras estrategias y no lo dejaras a la suerte.
-no me gustan las estrategias… si elaborara estrategias sabría de alguna manera lo que va a suceder y eso no me gusta, no me gustan las predicciones, yo prefiero sorprenderme con cada situación que nos envuelva.
-yo entiendo lo que dices, pero si tu manera de pensar continúa así tendré que buscar a alguien más que se haga cargo de mis negocios, una administradora como tú seguramente nos llevará a la ruina a todos los Fujino.
-me valdré de la arquitectura… soy buena en eso, así que si tu fortuna se empieza desmoronar viviré de mi título.
-te recuerdo que aún no tienes ese título, aún faltan dos meses para que presentes tu tesis y otros tantos meses más para que te otorguen la licencia.
-Seré paciente.
-ya, me rindo, pero mientras consigas la licencia te pido que vengas conmigo a aprender el negocio ¿vale?
-De acuerdo. Oye ¿cuándo llega mamá?
-En una semana, ahora está en las provincias argentinas aprendiendo técnicas de los mejores viñedos.
-interesante, espero viajar a esos lugares algún día. Por cierto, papá…
-¿qué cosa?
-acabo de descubrir una de tus estrategias.
-¿qué descubriste?
-Que mientras tú gastas en monumentos inútiles en el país, mi madre busca la forma de mejorar nuestros vinos y con ello aumenta la fortuna familiar. –todo esto lo dijo en broma, pero el rostro de Ishiin se tornó pálido.
Lo que Shizuru había dicho era verdad. Ishiin no viajaba muy seguido como lo hacía Marina, su mujer con nombre occidental, tan sólo atendía algunos negocios dentro del país, y eso de vez en cuando. Él sólo era la imagen de la vinatería… el líder real era Marina.
De hecho, el mayor proyecto en cual se había involucrado era la inauguración de dos monumentos en un centro comercial, lo cual inesperadamente fue un acierto para su currículum, ya que el turismo había aumentado y con ello algunas remuneraciones caían en su bolsillo.
Y otro proyecto fue tumbar a la compañía de vinos y licores extranjeros que había fundado Renji Kuga, aunque ese asunto permanecería lejos del conocimiento tanto de su mujer, como de su hija, ya que sus movimientos no fueron precisamente legales y eso podría llevar a su propia mina de oro a la ruina.
-Papá ¿te sientes bien? ¿dije algo malo?
-N-no, no es nada, de pronto me dio una ligera jaqueca, ya se me pasará. Creo que es tarde hija, me voy a dormir.
-si, mejórate.
Era casi media noche cuando Shizuru decidió ir a su recámara a dormir. Subía con pereza los escalones, y de pronto escuchó que en su bolsillo sonaba el teléfono.
-buenas noches –dijo al contestar el teléfono.
-Ho-hola… soy amm Na...tsuki, lamento molestarte a estas horas.
-Natsuki-san ¿en verdad eres tú? –preguntó sonriente, incluso las ganas de ir a dormir habían desaparecido.
-No, mejor te llamo mañana, no es nada importante.
-¿nada importante? Si no es nada importante ¿por qué llamas a media noche?
-tienes razón… y etto... quiero saber si puedo ir a tu casa. Hay algo que perdí en tu casa el día de tu fiesta.
-¿algo más aparte de tu teléfono?
-exacto, y quiero ir a buscarlo.
-no creo que esté aquí lo que buscas. La servidumbre me habría informado si encontraron algo.
-no lo entiendes, es un objeto muy preciado para mí y fue en tu mansión el último lugar donde lo porté, debo buscarlo.-dijo desesperada buscando que su pretexto fuera creído por la ojirubí.
-De acuerdo- dijo dejándose llevar por el pretexto barato de Natsuki. –mañana después de clase te vienes conmigo, ahora hay que dormir porque tenemos tutorías a primera hora. Buenas noches.
-Buenas noches… y gracias.
Nunca se había visto a Shizuru tan contenta como ese día, nadie sabía la razón, sólo ella. Y es que este era el día en que Kuga, su amada peliazul la visitaría en su casa. No era una cosa del otro mundo, iba a buscar "quiensabequecosa" que había perdido en la mansión… pero qué importa, mientras pudiera estar cerca de esa chica que desde el primer año de instituto, la había flechado.
-hola ¿puedo sentarme aquí?-preguntó una tímida peliazul a una distraída chica de cabello castaño.
-ah sí, por supuesto. –contestó, apartando la mirada de la ventana, para ver la cara de la única persona que se le había acercado.
A pesar de notar que no se había sentado a su lado por voluntad, sino porque ya no había lugares disponibles, sonrió ante la presencia esa chica, la primera que se acercaba a ella en toda la vida.
Había una razón para eso: todos conocían a la castaña, sabían que su nombre era Shizuru Fujino y que era la chica más adinerada de todo el país. A pesar de que la compañía de su familia se dedicaba exclusivamente a la producción y exportación de vinos, ofender a cualquiera de los Fujino podía significar la ruina.
¿Qué cómo lograban ese poder?
Obvio. Comprando al mismísimo gobierno.
Eso estaba fuera del conocimiento de Shizuru, ella sólo pretendía ser una chica normal, estudiando en una escuela normal, pero… ninguno de sus compañeros le permitía cumplir ese pequeño deseo.
-hola, soy Shizuru Fujino – dijo sonriendo a esa chica que se sentaba a su lado.
-ya lo sé, no es necesario que te presentes, yo me llamo Natsuki Kuga.
-gracias por sentarte hoy conmigo, al parecer todos aquí me tienen miedo.-dijo dejando ver su desconsuelo.
-debe ser envidia, sí debe ser envidia, todos quisiéramos vivir en una mansión como la tuya y que nos traigan hasta la escuela como a ti, pero en cambio, tenemos que usar el metro para llegar.
-si… -suspiró -yo quería llegar caminando hasta la escuela desde mi primer día de clases, pero mi padre no me lo permitió, dijo que si quería venir a esta escuela, por lo menos debía mostrar de qué familia vengo.
-¿y por qué estás estudiando en un instituto como este?
-Quiero una vida normal, quiero tener amigos, ir al cine con ellos… quisiera no ser tan Fujino.
-jajaja… mientras tú quieres tener la vida de cualquiera, nosotros queremos tener tu vida.
-bueno, es que todos deseamos lo que desconocemos.
-creo que me caes bien Shizuru Fujino-san. La verdad me daba cosita sentarme al lado tuyo, pero me alegro de haber llegado al final y poder sentarme a tu lado.
Fue un buen comienzo el de la amistad entre las chicas, incluso gracias a Natsuki, Shizuru logró amistarse con los chicos de la escuela, quienes la empezaban a ver no como la hija de un magnate, sino como la persona que era.
Pero 4 meses más tarde, la recién iniciada empresa de la familia Kuga quedó en bancarrota, a manos de un Fujino, quien no permitió que alguien llegara a hacer competencia. Fue entonces que la amistad entre las chicas desapareció de la nada.
-¡Hola Natsuki! ¿cómo estás? –saludó Shizuru al inicio del día.
-No vuelvas a hablarme en tu vida. – dijo dolida, pues el sueño de su padre se había hecho añicos por culpa de un Fujino, ni más ni menos.
-¿qué te ocurre ? – se sorprendió al escuchar por primera vez a la ojiverde hablarle en ese tono.
-¿no escuchaste? ¡No vuelvas a dirigirme la palabra!
En el salón de clase Nao, una chica de cabello rojo cambió lugar con Natsuki. Todos sabían de la reciente bancarrota de los Kuga, pero también sabían que Shizuru no tenía que ver con lo que acababa de suceder, así que le ofrecieron su apoyo a la Castaña.
Haciendo caso omiso a la petición de Natsuki, Shizuru la saludaba todos los días. Incluso la invitaba a varios eventos que organizaba en su mansión.
La última invitación precisamente había sido para el cumpleaños número 21, al que por primera vez había asistido la peliazul. En el que sucedió esa noche loca, misma que ambas fingían no recordar: una por orgullo; la otra para hacer que Natsuki confesara que lo habían hecho, además quería saber porqué había accedido a hacerlo.
Si bien era cierto que el día en que se descubrió a sí misma despertando al lado de Natsuki, Shizuru no recordaba nada, le bastó con descubrir esos arañazos en la cama y otros tantos indicios en su recámara, para recordar que su cumpleaños 21 había sido el mejor de su vida.
-Es hora de irnos Nat. ¿estás lista?
-Si. – "entre más pronto termine esta tortura, mejor"
Una motocicleta negra que transportaba a un par de chicas cruzó la reja de entrada de la gran mansión.
Primero bajó de ella una muy nerviosa peliazul. Luego una extremadamente feliz Shizuru.
Durante más de dos horas, Natsuki fingía buscar algo por varias áreas de la mansión, mientras, Shizuru la seguía con la mirada, simplemente no podía quitarle la vista de encima a esa bella chica.
-Señorita Fujino, tiene llamada de su madre.
-enseguida voy Haruka. – caminó con rumbo a la estancia. –ah, Natsuki, vuelvo enseguida, espero que encuentres ese objeto tan valioso.
En cuanto Shizuru desapareció de su vista, Natsuki se puso de pie para buscar lo que en realidad necesitaba: esa carpeta.
Pero había algo que nunca había contemplado, y eso era que no sabía la ubicación del despacho de la familia.
Aprovechó la aparente patética seguridad de la mansión y abrió cada habitación que podía, tuvo tiempo suficiente para abrir cada puerta y cuando por fin tenía la mano dando vuelta al pestillo de la última puerta…
-¿tienes algún asunto que resolver en el despacho de mi padre? - preguntó la castaña sorprendida de encontrar a Natsuki en ese lugar.
