Capítulo 3
Luego de haber salido de la enfermería, Sakuno caminó de regreso a casa con su mejor amiga, quien pese a que tenía muchas cosas qué hacer como siempre, había decidido acompañarla, teniendo en consideración que había recibido un golpe importante en la cabeza y la enfermera le había sugerido que no fuera sola a casa.
—Estoy bien, Tomo-Chan. —Sonrió, no quería que se preocupara por ella. —No necesito que me acompañes.
—Descuida, no tengo tantas cosas qué hacer hoy. Además, ya escuchaste a la enfermera. —Se cruzó de brazos. —No puedes irte sola. A menos que claro…apareciera el príncipe de tus sueños en este momento. —Miró a su alrededor fingiendo que buscaba a alguien. —Aunque parece que se ha marchado.
—¡Tomo-Chan! —Sakuno se sonrojó, Tomoka hablaba tan fuerte que temía que alguien más pudiera oírlas. —No necesito que nadie me acompañe.
—Eso es lo que tu crees. —Sonrió—Pero bueno, nada de lo que digas, me hará cambiar de parecer.
—Lo sé. —Suspiró, sabía que su amiga no se rendiría tan fácilmente con ese tipo de cosas.
—Además, si lo piensas bien. —Levantó el dedo índice hacia ella. —Hace tiempo que no nos vamos juntas a casa, así que éste es el momento perfecto para hacerlo.
—Sí, tienes razón.
—Pareciera que hubiera sido hace meses, no puedo creer que en sólo unos días hayan sucedido tantas cosas con Ryoma-Sama. —Sonrió con malicia, viendo como su amiga se sonrojaba nuevamente. —¿Y bien? ¿Cómo comenzó todo?
—No tuvo un comienzo, fue inesperado.
—¿Sólo así? Debe haber algo más.
—No, te lo he contado todo.
—No puedo creer que haya sido así ¿Porqué a mi no me pasan ese tipo de cosas?
—Ni yo comprendo cómo pasó.
—¿Quieres que te lo explique? Él se acercó a ti y…
—¡Ya sé como pasó! —Se ruborizó aún más.
—¡Era broma! —Rió, le gustaba molestarla.
—Me refiero a que no entiendo cómo realmente llegamos a eso.
—Lo sé. Pero bueno, sólo pasó y ya. Lo importante ahora es ¿Qué vas a hacer, Sakuno?
—¿Eh? ¿Con qué?
—Con lo que ha pasado, por supuesto.
—No entiendo a qué te refieres, Tomo-Chan. No creo que haya algo que se pueda hacer.
—Me refiero sobre tu relación con Ryoma-Sama ¿Seguirán de la misma manera? ¿O cambiará?
—No lo sé, no hemos hablado de eso. En verdad, ni siquiera lo había pensado. No creo que nuestra relación cambie, Ryoma-kun no es del tipo de personas que cambia por alguien.
—Quizás deberían hablarlo. Aunque si lo piensas bien, Ryoma-sama tampoco es del tipo de personas que expresa lo que siente y ahora si lo hizo.
—¿Y si lo hizo por lástima?
—¿Lástima? ¿De verdad crees que Ryoma-kun haría algo así por una persona?
—N-No, pero tal vez ésta vez si lo hizo, teniendo en cuenta de que estabamos hablando de los amores no correspondidos.
—Aún así, dudo mucho que lo hubiera hecho por eso. Él no es de ese tipo de personas.
—Lo sé, pero he pensado en eso…porque aún no puedo creer que hayamos vivido eso.
—Yo creo que lo mejor es que lo hablen.
—¿Tú crees? Pero ¿Y si él no quiere hacerlo? Tal vez no significó nada para él.
—Sí hubiera sido así, no te habría hablado del tema hoy.
—Pero…
—Mírame, Sakuno. —La tomó de los hombros. —Lo que viviste con Ryoma-Sama fue real, no lo soñamos ni nada parecido. Fue real, así que antes de que empieces a crear teorías sobre ello, deberías pregúntarle. Quizás no eres la única con éste tipo de cuestionamientos sobre lo que pasó.
—Sé que debo hacerlo, pero…aún así, temo que no haya significado nada para él.
—Eso no lo sabemos. —Suspiró. —Pero ahora que lo pienso, mencionaste que te invitó a entrenar mañana ¿o no? —Al verla asentir, prosiguió. —Sí es así, ahí tienes una oportunidad para hablar con él.
—Pero ahora que lo dices, no quedamos en nada. —Murmuró, tratando de recordar las últimas palabras que habían intercambiado sobre ello. —No hablamos de hora ni de lugar.
—Entonces…deberías llamarlo.
—¿Eh? ¿A su casa?
—Sí, o si quieres más personal…como su móvil. —Sonrió con malicia. —Lo tienes ¿Verdad?
—S-Sí, pero no sé si es el mismo.
—No pierdes nada con intentarlo. —Le cerró un ojo. —Y sí no lo es, podrías preguntarle a tu abuela que de seguro debe tenerlo o podemos preguntarle a Momo-Sempai. —Pero antes de preguntarles a ellos, inténtalo.
—E-Está bien. —Su rostro palideció, si bien tenía su número, nunca antes se había atrevido a llamarlo y si lo hacía, no sabía cómo hacerlo.
Luego de que ambas dieran la conversación por terminada, Tomoka se marchó diciendo que tenía muchas cosas que hacer cuando llegara a casa, por lo que tenía que apresurarse en llegar. Sakuno en cambio, era la que menos quería llegar a su casa, teniendo en cuenta que tenía que llamar al ambarino y no se sentía preparada para hacerlo. Por ello, se tomó su tiempo para caminar a su casa, considerando que sólo quedaban dos cuadras para llegar, por lo que aún podía prepararse física y mentalmente para ese momento.
Sin embargo, pese a su esfuerzo de tomarse las cosas con calma y caminar con tranquilidad a su casa, no tardó demasiado en llegar. "Al fin llegas, Sakuno" Le había dicho su abuela, quien se encontraba sentada en en living, leyendo una revista de tenis. Su nieta asintió, excusándose que se había tardado porque se había ido con su mejor amiga.
—Me contaron que te desmayaste. —Comentó su abuela, bebiendo un poco de café.
—Ah sí, fue en la clase de deportes.
—Estoy al tanto de ello, me encontré con tu entrenadora en el pasillo y me dijo que estabas jugando como nunca.
—S-Sí, me había preparado mucho para ello. Pero entonces me caí.
—Lo sé, pero la entrenadora me dijo que pese a lo que te sucedió, estaba claro quien ganaba y quien perdía.
—Sí, ganamos. Pero aún así…no fue de la manera.
—No deberías pensar tanto en ello. Éstas cosas pasan, Sakuno. Lo importante es lo mucho que te esforzaste y luchaste por ganar. Así que no quiero escucharte decir que no merecían ganar.
—Está bien.
—En fin, debo hacer unas cosas, seguiremos hablando luego. —Bostezó Sumire, caminando a la mesa para escribir en su cuaderno.
—Sí. —Asintió pensativa, pese a que su abuela estaría ocupada, aún no se sentía preparada para hacer la llamada. —Abuela ¿Quieres que te ayude en algo? Veo que tienes mucho trabajo.
—¿Qué? ¿Esto? —Señaló asombrada. —No es nada, lo mismo de siempre. Descuida, estaré bien. Así que puedes ir a hacer tus deberes.
—Es que…no tengo. Así que si deseas más café, puedo hacerlo. O si quieres, puedo lavar los platos.
—No hay loza, ni necesito que me hagas un café. —Bufó. —Bueno, si no tienes deberes que hacer, deberías descansar. No es bueno que entrenes, si sufriste un golpe en la cabeza.
—¿Eh? Pero necesitaba hacerlo.
—mmm te comportas extraña ¿Hay algo que quieras decirme?
—No, nada.
—Entonces ¿Porqué estás tan nerviosa?
—P-Por nada.
—¿Segura? —Examinó su rostro.
—Sí, segura.
—Está bien. —Suspiró. —Entonces ve a tu cuarto, yo haré mis cosas.
—Bueno.
Tras haber fracasado en su intento de retrasar la llamada, Sakuno caminó a su habitación con derrota, sabiendo que ya no tenía excusas para seguirla postergando. Suspiró, era ahora o nunca, tenía que hacerlo. Por ello, luego de haber dejado sus cosas en la cama, se atrevió a buscar el dichoso número de cierto sujeto que amaba secretamente. Tomó aire y trató de tranquilizarse, pero su corazón latía con tanta fuerza que le costaba respirar, incluso llegaba a sentirse mareada. "Tranquila, es sólo una llamada" pensó nerviosa, pero ni su propia voz lograba hacerla reaccionar, sus manos temblaban y comenzaba a sentir como le dolía el estómago producto de ello. Se sentía una cobarda en esos momentos, no entendía como algo tan simple, le resultara tan complejo de hacer. Sin embargo, no eran sólo sus nervios los que lograban sacarle de quicio, sino también sus pensamientos inseguros, en que se cuestionaba si estaba bien lo que estaba pensando hacer o sí sería mejor esperar su llamada. Negó con la cabeza, no podía tener miedo todo el tiempo, tenía que hacer algo al respecto, tal como le decía su amiga. Por ese motivo, en lugar de quedarse acostada mirando al techo pensando en qué debía hacer, decidió levantarse y hacer la maldita llamada de una vez, sabiendo que mientras más rápido lo hacía, más rápido podría salir de eso. "Bien, es hora de hacerlo" se dijo así misma, forzandóse a presionar el botón verde, pero aunque su dedo estaba a sólo centimetros del dichoso botón, sus manos temblaban tanto que se sentía incapaz de hacerlo. "No puedo hacerlo" Pensó, dejando el celular sobre el escritorio.
Además si lo pensaba bien, Ryoma no solía ser el tipo de personas que recordaba todo lo que prometía, generalmente tendía a olvidar las cosas, por lo que la gente se veía en la obligación de estarle recordando todo el tiempo de ello. Así que era muy probable que lo hubiera olvidado otra vez y quizás eso que a ella le inquietaba tanto saber, para él no fuera nada. Suspiró, sintiéndose incapaz de tomar una decisión, teniendo en cuenta que tanto llamarlo como no hacerlo, podría ser una mala idea. "¡Es suficiente! Debo hacerlo" Se dijo, estaba cansada de sobre pensar las cosas y no saber qué sucedía realmente. Entonces se atrevió a tomar su móvil y buscar el número otra vez, ahora si lo haría, no volvería a cuestionarlo más. Y sin dar más vueltas, su dedo presionó el botón verde de una vez por todas, no obstante la llamada se desvió, producto de que alguien más estaba tratando de contactarla. Su corazón latío a mil ¿Y si él la estaba llamando? No, eso era imposible, él no solía hacer esas cosas. Entonces miró el nombre de la persona que la llamaba y su ilusión se esfumó.
—¿Lo hiciste? —Preguntó Tomoka al otro lado de la línea.
—No, lo estaba haciendo ahora y justo llamaste. —Rió nerviosa.
—¡¿De verdad?! —Exclamó Tomoka. —¡Lo siento! si estás haciendo la llamada recién ahora, imagino lo mucho que te costó tomar la decisión. Te dejaré, me cuentas más tarde.
—Sí.
Cuando Tomoka colgó, Sakuno se percató que llevaba cerca de 35 minutos tratando de hacer la llamada y sin contar todo el tiempo que intentó ahorrar en el camino y en su conversación con Sumire. Realmente estaba tratando demasiado, comenzaba a sentirse frustrada. Sin embargo, aún no podía rendirse. Respiró profundo, ahora si lo haría, tenía que hacerlo. Por ello, decidida revisó los contactos de su celular y buscó en la lupa central, el nombre del ambarino para seleccionarlo. "Ésta vez todo saldrá bien" Pensó la castaña decidida, tratando de prepararse física y mentalmente para hacer la llamada. No obstante, luego de presionar el botón verde, nuevamente la llamada se desvió como si alguien nuevamente la estaba llamando. Con lo ansiosa que era su amiga, no le sorprendía que se trataba de ella. Aunque sabía que Tomoka la mataría si le colgara, no le quedaba otra alternativa, ya que necesitaba hacer esa llamada lo antes posible. Así que sin pensarlo demasiado, le colgó y se preparó para intentar llamar nuevamente. Parecía que al tercer intento de presionar el botón, no era tan díficil como al principio. Así que esperó en línea, mientras escuchaba el sonido del teléfono dirigiendo la llamada. Sin embargo, para su mala fortuna, nuevamente la llamada fue desviada por la misma razón que antes, "llamada en la otra línea" vio en la pantalla. Suspiró, su amiga nunca se sentía, aunque ya no le extrañaba, solía ser así de perseverante. A veces incluso la agotaba.
—Tomo-Chan, aún no lo hago. —Gruñó. —Te avisaré en cuánto lo haga.
—¿Hacer qué? —Dijo una voz masculina al otro lado de la línea.
—Llamar a…¡Ryoma-Kun! —Susurró sorprendida, generando que su corazón comenzará a latir aún más. —¿Cómo conseguiste mi número? —Miró la pantalla para verificar que era el mismo número que tenía y así era.
—Tu abuela me lo dio hace un tiempo, cuando quería que te entrenara ¿lo recuerdas?
—Oh sí, recuerdo esa vez.
—Cuando fuiste a entrenar con Osakada.
—Sí.
—Bueno, hablando de entrenamientos. —Carraspeó. —No coordinamos nuestro encuentro de mañana.
—Lo sé, de hecho…estaba pensando llamarte por lo mismo.
—¿No puedes?
—N-No, no es eso. Sí puedo, es sólo que tampoco sabía dónde nos encontraríamos ni en qué horario.
—Juntemonos a las 11:30 en el parque de la otra vez.
—¿Te refieres el que entrenamos en ese entonces?
—Sí, pero ésta vez sólo nosotros.
—P-Por supuesto, Tomo-chan estará ocupada. —Se sonrojó ante esas palabras, había sonado como si le molestara que Tomoka estuviera ahí. —Y sobre ese parque…pensé que lo estaban reconstruyendo.
—Si bien están haciendo algunas remodelaciones, el terreno donde se encuentran las canchas sigue intacto, así que no tendremos problemas.
—Ah entiendo. Entonces estaré ahí.
—Bien, en eso quedamos. Hasta mañana, Ryuzaki.
—Hasta mañana, Ryoma-kun.
Luego de finalizar la llamada, Sakuno se sintió mucho mejor, eso que le había costado tanto llevar a cabo, Ryoma lo había hecho por ella. Se sintió avergonzada de sólo pensar en todo lo que había tardado en tratar de realizar esa llamada. Suspiró, ahora si Tomoka la llamaba, podría decirle que al fin lo había logrado, pese a que no fue iniciativa suya, ya que él la había llamado, pero al menos ya tenía claro cómo lo harían al día siguiente. Sin embargo, pese a que se sentía más tranquila por haber terminado con dicho martirio, aún así se sentía nerviosa de la reunión que tendrían. Ahora tenía otro problema con el cual lidiar y era con los sentimientos que comenzaban a aflorar en ella en esos momentos, tener que volver a estar con él a solas, le generaba taquicardia y un gran dolor de estómago.
Después de una larga noche de cuestionamientos, Sakuno se levantó agotada, Tomoka tenía razón pensaba demasiado las cosas. Luego de darse una ducha corta, caminó a zancadas hacia su habitación, gracias a sus inseguridades había dejado todo listo para esa mañana, así que sólo tenía que vestirse, tomar desayuno y salir. Si lo pensaba bien, hace mucho tiempo que no iba a ese lugar, esperaba no haber olvidado la dirección exacta. La última vez que había querido ir a entrenar ahí con Tomoka, había sido cerca de dos años y estaba en mantención. Y posterior a eso, su abuela le había comentado que lo estaban reconstruyendo, ya que con el paso del tiempo se había estado deteriorando y se había vuelto un lugar inseguro para los que iban a entrenar allí, incluso habían paredes rayadas, canchas en malas condiciones, árboles secos, entre otras cosas. Pero si Ryoma decía que seguía funcionando, entonces debía creerle.
Ryoma en cambio, se levantó tranquilamente, se fue a dar una ducha y se puso su ropa deportiva. No estaba nervioso ni nada parecido, pero si tenía que admitir que la noche anterior se había sentido extraño luego de haber hecho la llamada. Al principio no tenía deseos de hacerlo, pero después de pensarlo bien, sabía que no se encontrarían por arte de magia si no tomaba una decisión pronto. Así que se atrevió a hacerlo sin más, pese a que no estaba seguro si ese seguía siendo el número de la castaña, aún así lo hizo. Y se alivió que así fuese.
Cuando Ryoma llegó, Sakuno ya se encontraba ahí de espaldas mirando la enorme cerca que se encontraba rodeando el reciento junto a un letrero que decía "Cerrado por construcción". Suspiró, la última vez que había ido, eso no estaba así. Entonces sus ojos recorrieron el lugar, aunque se encontraba en construcción, no creía que las canchas de tenis se encontraran desmanteladas, por lo que si entraban por algún sitio, podrían entrenar ahí sin problemas.
—Oh Ryoma-kun. —Habló Sakuno sorprendida. —Estaba viendo el letrero y…
—Descuida, tengo otro plan.
—¿Cuál es? —Lo miró dudosa, viendo como en círculo.
—Aquí está. —Anunció, moviendo una parte de la cerca que estaba suelta.
—¿Eh? ¿Entraremos igual?
—Sí.
—Pero…ahí dice
—Lo sé, pero vine hace dos días y no creo que en este tiempo, hayan acabado con las canchas de tenis.
—Entonces ¿entraremos igual? —Se ubicó a un lado suyo nerviosa.
—Sí.
—¿Y si nos metemos en problemas?
—Ryuzaki ¿Confías en mí?
—P-Pues…—Se detuvo a mirarlo nerviosa, sus ojos eran tan hermosos que sentía como se perdía en ellos, no podía decirle que no. —Sí.
—Bien, entonces…—Abrió más la reja. —Pasa tú primero.
—Está bien. —Susurró y se atrevió a hacerlo.
—Bien, ahora entraré yo.
Si bien confiaba en el ambarino, debía admitir que ese tipo de cosas no le gustaba hacer y mientras más caminaban, más temía que fueran descubiertos, ya que todo lo que veía era escombros y más escombros, llegando a pensar incluso que podría estar equivocado en su cuartada. Suspiró, sólo esperaba que las canchas siguieran intactas tal cual como lo mencionaba. "Ten cuidado donde pisas, Ryuzaki" le había advertido Ryoma, teniendo en cuenta los cascotes que habían bajo sus pies. "Voy a adelantarme para ver si las canchas siguen ahí" Señaló el ambarino, dandole la espalda por primera vez. Ryoma caminó tan rápido que en cuestión de segundos, se había ido de su campo visual. Y lo que más le sorprendía es que no había tenido problema alguno de caminar sobre los hombros, ni había perdido el equilibrio. Quizás había entrenado con ese nivel de dificultad, su abuela le había comentado que el gran Nanjiro solía entrenar con Ryoma en las montañas y bajo mucha presión. Si alguien merecía ser entrenador, definitivamente era él, Ryoma tenía derecho a hacerlo después de todo lo que había vivido, además era muy bueno enseñando, pese a lo que decía Momo, ella sabía muy bien lo talentoso que era, sólo le faltaba demostrarselo al mundo. Porque si lo pensaba, el mundo conocía lo increible que era jugando tenis, pero aún no conocía ese lado que sólo ella había sido capaz de conocer, él como entrenador.
Cuando quedaba sólo unos metros para llegar a las dichosas canchas, Sakuno comenzó a sentirse cansada, el sol era tan radiante que sentía como si su corazón se encontrara en su cabeza, sentía su palpitar y todo daba vueltas, quizás su abuela tenía razón y después del golpe que se había dado en la cabeza, no estaba preparada para entrenar todavía. Pero aún así, cuando se trataba de entrenar con Ryoma, el escenario cambiaba y creía que podía hacer incluso lo imposible, porque él de alguna manera la impulsaba a hacer esas cosas. "Ryuzaki ¿estás bien?" Le preguntó Ryoma, tomándola del brazo, si hubiera tardado más se habría desmayado. Ella asintió, incapaz de decir algo. "Ven, vamos a la sombra" Anunció, conduciéndola hacia un árbol cercano para que se sentaran bajo la sombra de un árbol.
—Bebe un poco de agua. —Le entregó su botella para que se hidratara. —Lamento haberme tardado, pero habían mucho más escombros allá.
—No te preocupes, no es nada. —Sonrió. —¿Y cómo estaban las canchas? ¿Podremos jugar ahí?
—No, están en muy mal estado. —Susurró cabizbajo. —Lo siento, Ryuzaki.
—No te disculpes, Ryoma-Kun. Si habías venido hace dos días, yo igual habría pensado que seguían en pie.
—Aún así, debería haberlo confirmado antes de traerte aquí.
—Pero
—No intentes defenderme, los hechos son muy claros y soy el culpable de esto. —Se quitó la gorra y se la puso sobre la cabeza. —Con esto, estarás mejor.
—¿Y qué hay de ti?
—Descuida, he tenido entrenamientos duros bajo el sol, ya estoy acostumbrado.
—Lo imaginaba, siempre tienes entrenamientos duros ¿verdad? —Se sentía tan débil que necesitaba afirmar su cabeza en el tronco del árbol.
—No te ves bien. —Tocó su rostro y sintió sus cálidas mejillas. —Claramente es insolación.
—S-Sí…—Sintió su rostro arder mucho más que antes, no podía creer que sus dedos habían hecho contacto con su rostro.
—Si quieres…puedes apoyarte. —Susurró el ambarino mirando hacia otro lado.
—¿Eh?
—Sabes a lo que me refiero, sí no tienes donde más hacerlo, puedes afirmarte en mí.
—G-Gracias…pero no creo que sea necesario. —Susurró, sintiéndose cada vez más mareada. Entonces sin siquiera ella verlo venir, su cabeza cayó sobre su hombro.
—¿Tú crees? —Se burló.
—No te burles, Ryoma-kun. —Fingió estar enfadada, pero en verdad no lo estaba. —mmm
—¿Qué?
—Tu shampoo tiene aroma a uvas.
—Ah sí. —Se sonrojó levemente. —No es mi shampoo habitual, pero hoy estaba ese.
—Ah ya veo. Aún así, hueles bien. —Sonrió.
Y entonces Sakuno cerró los ojos un momento, estaba tan cansada que sabía que si descansaba sobre su hombro, todo estaría bien. Porque confiaba en él y aunque estuvieran en el lugar menos indicado en esos momentos, aún así, se sentía feliz de estar a su lado.
Continuará…
Hola! Cómo están? Espero que bien. He decidido que el capítulo 5 y final, si no alcanzo a terminarlo hoy, es posible que lo suba mañana, teniendo en cuenta que pretendo hacer un capítulo más largo. Les estoy avisando en mi página de facebook Hinata-sakuno fanfiction
Espero que les guste y comenten!
Saludos
